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martes, 29 de septiembre de 2015

América Latina: 10 años peleando por el lugar que se merece en los Oscar


En el último Festival de Venezia, la venezolana Desde Allá ganó el León de Oro y el argentino Pablo Trapero logro el León de Plata al mejor director por El clan. Antes, a comienzos de año, la chilena El club se había alzado con el Gran Premio del Jurado y la también chilena El botón de nácar con el premio a mejor guion en el Festival de Berlín. Entre medias, el mexicano Michel Franco logró, también, el premio al mejor guion con Chronic, una coproducción entre USA y México. 2015 ha sido, por lo tanto, un gran año para el cine latinoamericano. Un año que ha coronado un excelente lustro en el que su presencia y relevancia en el panorama internacional ha ido en aumento. Desde El secreto de sus ojos a Relatos Salvajes, desde Después de Lucía a Gloria. Dicho salto del cine latinoamericano ha fructificado en 6 nominaciones al Oscar a la mejor película de habla no inglesa en la última década, frente a las 0 conseguidas por el cine español. Poniendo estos datos en perspectiva, cabe señalar que España a lo largo de la historia de este galardón ha optado al mismo en 19 ocasiones y los países latinoamericanos en 22 (8 México, 7 Argentina, 4 Brasil, 1 Cuba, 1 Chile, 1 Perú). Frente a las 4 victorias conseguidas por España, América Latina sólo suma 2, ambas argentinas, la de la sensacional La historia oficial en los 80 y la de El secreto de sus ojos en 2009 (la gala se celebró en 2010). Este año sus mejores bazas para colarse en los Oscar parecen, a priori, la chilena El club y, sobre todo, la argentina El clan, sin embargo no podemos descartar que alguna otra cinta latina pase el corte inicial de la categoría. El cine latino vive un momento apasionante.

Si cuando hablamos del cine español, decíamos que sus problemas en los últimos años eran el aumento de países que presentan candidatas, la ausencia en los tres grandes festivales europeos y el calendario, para hablar del cine latinoamericano podemos emplear los tres argumentos, pero a la inversa. En Latinoamérica se está produciendo más cine, desde más países y con mayores presupuestos. Se han consagrado definitivamente sus mejores autores (ahí están los mexicanos dominando Hollywood o Campanella trabajando en la tv yankee o Trapero a punto de dar el salto a LA) y se han encumbrado nuevos cineastas de gran prestigio internacional (Michel Franco, Pablo Larraín…). Como consecuencia de ello, en casi todas las últimas ediciones de los festivales de Cannes, Berlín y Venezia ha habido cineastas latinoamericanos. Mientras, el cine español ha estado ausente, colando alguna película fuera de competición o en secciones paralelas a la oficial. Viviendo, básicamente, de Donostia. Frente a esa dependencia de nuestro festival de clase A, principal escaparate de nuestro cine, el latino no ha dependido, en absoluto, de su único festival de clase A, el argentino Mar del Plata. Por ejemplo, este año ha habido films de cineastas latinos en la sección oficial de Berlín (3), Cannes (1), Venezia (2), Donostia (1) y Locarno (1). Y en todos han logrado algún premio, salvo en Locarno.

Es importante señalar que el aumento de países participantes en los Oscar se ha hecho notar en América Latina. Por ejemplo, Panamá se presentó a los Oscar por primera vez el año pasado y en la presente edición repite. Este hecho nos lleva a observar un fenómeno más amplio. En primer lugar, las grandes potencias cinematográficas latinas: Argentina, México y Brasil (sobre todo las dos primeras) han consolidado su presencia en el panorama internacional, el prestigio de su cine y la carrera de algunos de sus mejores artistas. Y han sabido, además, tender puentes con España y Estados Unidos para producir sus films. Casi todas las películas latinas nominadas al Oscar en los últimos años contaban con capital español detrás (El secreto de sus ojos, Relatos Salvajes, Biutiful, El laberinto del fauno…). En segundo lugar, países medianos y con menos cine a sus espaldas han dado un salto tanto de calidad como, sobre todo, de visibilidad. A este respecto cabría destacar a Venezuela y, sobre todo, a Chile. Autores chilenos como Pablo Larraín (No, El club), Sebastián Silva (La nana) o Sebastián Lelio (Gloria) han colocado al cine chileno como un referente del cine de autor a nivel global. Precisamente Larraín logró con No la primera nominación al Oscar de Chile en toda su historia y este año luchará por repetir la gesta con El club, película reverenciada allí por dónde ha pasado hasta el momento. Venezuela, por su parte, logró la Concha de Oro en Donostia con Pelo malo hace un par de años, este año el León de Oro con Desde allá y en la última edición de los Oscar logró pasar el corte de la categoría de habla  no inglesa con la macro-producción El libertador. En tercer lugar, los países pequeños de la región comienzan a hacer cine, ya hemos hablado de Panamá, pero podríamos destacar también a Perú, que logró su primera nominación al Oscar con La teta asustada. Además, aún falta por ver el despegue del cine colombiano, la implosión del cubano, con el fin del embargue americano en el horizonte, y que Argentina y México sigan generando tanto films como profesionales de primera división.


Muchos artistas argentinos han sostenido que al calor del corralito y de la enorme crisis social, política y económica que vivió Argentina, fructificó una vitalidad creativa inusitada. El dolor agudiza el ingenio. La rabia fomenta el pensamiento crítico. Quizás el audiovisual español está caminando por esa misma senda en esta crisis sistémica en la que estamos instalados. Pero aún no somos conscientes de ello. Tenemos mucho que aprender del cine latinoamericano y seguir fomentando la interacción tanto artística como económica entre las dos orillas del Atlántico es el camino a seguir. Les deseo mucha suerte a Loreak, El club, El clan y las demás películas seleccionadas de habla hispana y portuguesa. 

miércoles, 9 de septiembre de 2015

España: una década de ausencia en los Oscar


Desde hace 11 años ninguna película española ha estado nominada al Oscar de habla no inglesa. La última que lo logró fue Mar Adentro de Alejandro Amenábar, que además consiguió el cuarto Oscar español en esta categoría, tras los logrados por Volver a empezar, Belle Époque y Todo sobre mi madre. 11 largos años de sequía. Durante esta década la que más cerca ha estado de la nominación ha sido Icíar Bollaín con También la lluvia, que logró entrar en la preselección de 9 films, aunque no consiguió una plaza en el quinteto final. Tras dos años en los que enviamos películas sin ningún tipo de opción, 15 años y un día y Vivir es fácil con los ojos cerrados, este año la preselección de la Academia ha generado esperanzas. Magical Girl de Carlos Vermut, obra de culto instantáneo de nuestra cinematografía, parte como favorita frente a la fabulosa Loreak y a la última película de Gracia Querejeta, Felices 140, para lograr ser la seleccionada por la Academia española. En una competición en la que participan decenas de películas de todo el mundo es fundamental tener una película diferente, especial, atrevida, que se marque a fuego en la memoria y que pueda generar ruido y Magical Girl es esa película, sin duda alguna.

Pero, ¿por qué es importante lograr la nominación al Oscar? Nos guste más o menos los Oscar son el gran escaparate anual del cine. Por eso es fundamental lograr que nuestras películas se cuelen y sobre todo que así puedan acceder al mercado norteamericano. El tándem Festival de Toronto – Carrera por los Oscar es, junto a los grandes festivales competitivos (Cannes, Berlín, Venecia), el gran centro de promoción de nuestro cine más allá de nuestras fronteras. Magical Girl, que puede estar en la carrera por el Oscar este año, ya se presentó el año pasado en Toronto, al igual que La isla mínima, y este año se verá allí ma ma. Es la gran puerta a la distribución en el resto del mundo.

¿Por qué el cine español ha estado tan ausente en la última década en la carrera por el Oscar?

En primer lugar, porque cada vez más países envían sus films a la Academia americana. Para que nos hagamos una idea, entre 1959 y 1987, España logró 13 nominaciones al Oscar. Entre 1988 y 2014, ha logrado 7, prácticamente la mitad. Es decir, durante las décadas en que en España se hacían muy pocas películas y había poco autores (Berlanga, Armiñán, Saura, Garci…) la presencia de nuestro cine en los Oscar era muy superior a la obtenida en las últimas tres décadas, en las que la producción de films ha aumentado, así como el número de cineastas y los focos de producción (ya no sólo se produce en Madrid, también Catalunya, País Vasco, Andalucía o Galicia producen films).

En segundo lugar, porque el calendario nos perjudica. El gran escaparate del cine español es el Festival de Donostia. Allí se estrenan año tras año gran parte de los mejores films españoles del curso. Este año, por ejemplo, competirán allí Cesc Gay con Truman o Agustí Villaronga con El Rey de La Habana. Y tendrán sus premieres mundiales los últimos films de Alejandro Amenábar, Álex de la Iglesia e Imanol Uribe. El año pasado compitieron en Donostia La Isla Mínima, Magical Girl y Loreak, sí, la ganadora del Goya y dos de las tres preseleccionadas para el Oscar. Pero más importante que todo ello, las tres mejores películas españolas del 2014. Establecida la importancia de Donostia, su situación en el calendario es terrible para la carrera por los Oscar. El festival se celebra después de la preselección y el resultado de ésta se anuncia durante el mismo. ¿Qué implica esto? Que las películas que vayan a competición en el festival tienen que lograr la preselección sin haber sido aún exhibidas públicamente. Es decir, mediante pases privados para académicos. Lo cual dificulta mucho que logren colarse en la terna. Justamente eso fue lo que le pasó a La isla mínima el año pasado. El film era elegible, puesto que se iba a estrenar en cines antes del plazo máximo (30 de septiembre), todo el mundo que la había visto en los susodichos pases privados hablaba maravillas del film, pero no logró entrar. Después triunfó en Donostia y en la taquilla y todo el mundo se echó las manos a la cabeza. Pero es normal que esto pase. ¿Un académico, aunque le guste una película, se va a arriesgar a votarla cuando aún no se ha estrenado y no sabe cuál será la reacción de la crítica y el público, y por lo tanto el empuje que pueda tener de cara a los premios? Yo no creo que lo hiciera a no ser que estuviera totalmente seguro de su éxito. Este año ni Truman ni El Rey de La Habana eran elegibles, ambas películas competirán en Donostia pero se estrenarán en octubre, tras el cierre del plazo. Con lo cual es posible que nos encontremos a alguna de ellas en la preselección del año que viene, 12 meses después de su estreno, con su carrera comercial finalizada. Desde hace unos años se debate la posibilidad de que Donostia cambie de fechas, no por esta cuestión, que al fin y al cabo es secundaria para el Festival, sino por su coincidencia en el tiempo con Venecia y Toronto. Si esto sucediera la preselección española para el Oscar podría verse beneficiada.

En tercer lugar, la ausencia de nuestro cine en las secciones oficiales de Cannes, Berlín y Venecia. Si Donostia se ha convertido, prácticamente, en el único escaparate internacional del cine español es porque año tras año ninguna película española logra estar en las secciones oficiales de los tres grandes festivales europeos. Más allá de Almodóvar en Cannes y alguna agradable sorpresa como Balada triste de trompeta en 2010 en Venecia, nuestro cine pasa completamente desapercibido. Y nos guste más o menos de estos tres festivales, sobre todo de Cannes, obviamente, salen todos los años los principales films de habla no inglesa, y por lo tanto los que se pelearán por conseguir la nominación al Oscar. No siempre es así, sin ir más lejos Ida no se había estrenado en ninguna de estas tres citas, pero se fue labrando una carrera internacional y un aura de film de culto que le permitió llegar a los Oscar y ganar. Si Magical Girl es finalmente la seleccionada por nuestra Academia desde luego éste es el ejemplo. A estas alturas del año parece claro ya que la húngara Son of Saul, que ganó el premio al mejor director Gran Premio del Jurado en Cannes, tiene ¾ del Oscar de habla no inglesa en el bolsillo. Esto demuestra la importancia de estar presente en estos festivales. Pero aún tenemos más pruebas. De las 7 películas españolas nominadas al Oscar desde el 88, sólo 2, las de Garci (Asignatura aprobada y El abuelo), no estuvieron en la tríada Cannes-Berlín-Venecia. En la Croissette, compitió Todo sobre mi madre de Pedro Almodóvar. En la Mostra, Mujeres al borde de un ataque de nervios, también de Almodóvar y Mar Adentro, de Alejandro Amenábar. Y en la gélida Berlín, Belle Époque de Fernando Trueba y Secretos del corazón de Montxo Armendáriz. Esto no quiere decir que no se pueda estar en los Oscar sin competir en estos festivales, ahí están Ida o El secreto de sus ojos, que se había estrenado en Donostia, para demostrarnos que no tiene por qué ser así, pero desde luego ayuda, y mucho. Ojalá la enviada española tenga suerte este año. Ojalá sea la inmensa, impactante y demoledora Magical Girl de Carlos Vermut (aunque Loreak también me parece una película maravillosa, conste en acta).

*Actualización 29/09/2015: La Academia española seleccionó a Loreak como su representante en los Oscar. 

sábado, 31 de enero de 2015

No es país para tanta oscuridad

LOS OSCAR 2014 / 2


El hombre perdido en la propia niebla que genera

Si en el anterior post sobre los Oscar de este año, hablé sobre la representación de las minorías, hoy vengo a pronosticar que cuando echemos la vista atrás, recordaremos 2014 como un gran año para los dramas americanos que cuestionan al dichoso sueño americano. Y esta enorme cosecha no está justamente representada en los Oscar. Nightcrawler, Gone Girl y A most violent year suman entre las tres, 2 nominaciones (Pike y el guion de Gilroy). Foxcatcher ha logrado 5 nominaciones, incluidas director, actor, secundario y guion, pero se ha quedado fuera de mejor película. Sólo Whiplash, el sueño americano convertido (literalmente) en sangre, sudor y lágrimas, he llegado a la categoría reina, aunque su director, el nuevo niño talento que ha surgido en el cine USA, Damien Chazelle, no ha logrado la nominación. Frente a ellas, la Academia ha nominado hasta 4 (es decir, la mitad) films que observan el pasado con benevolencia: American Sniper (la Guerra de Irak), The Imitation Game (la II GM y la posguerra), The Theory of Everything (la segunda mitad del S. XX) y The Grand Budapest Hotel (la Europa pre - I GM). Completan el Big 8, Birdman, una mirada incisiva sobre el mundo del espectáculo en particular, y nuestras sociedades en general; Selma, un buen estudio de caso sobre la lucha por los derechos civiles en los años 60 en Estados Unidos; y la favorita, Boyhood, que nos habla de la turbulenta década pasada en Estados Unidos, tanto en el plano cultural como en el sociopolítico, desde una perspectiva crítica pero optimista, luminosa.

Que la Academia haya decidido minusvalorar a los grandes thrillers americanos del año, y en cambio se haya volcado con películas cuquis, no debería sorprendernos. El año pasado fue un oasis en el desierto. Es verdad que en los últimos Oscar venció un drama muy crudo sobre la esclavitud y que entre las nominadas había filmes bastante duros, como The Wolf of Wall  Street, sobre los excesos del mundo financiero o Dallas Bayers Club sobre el SIDA, la homofobia, el Gobierno, y las farmacéuticas. Pero en la edición anterior, la complaciente Argo se impuso a películas bastante complejas o críticas, como Zero Dark Thirty o Django Unchained; y en la de 2011, la de The Artist y Hugo, la selección de films nominados no podía ser más blanca, más allá de The Tree of life, que aún así no era un thriller desesperanzador, ni mucho menos. Teniendo en cuenta esto, no deberíamos estar sorprendidos. Sin embargo, yo lo estoy. Por un lado, porque estas películas de la América sucia me han gustado mucho, han conseguido capturar mi atención, hacerme pensar. Y por otro lado, porque The Imitation Game me da mucha rabia, como ya había dicho anteriormente, The Theory of Everything me parece una película muy menor (lo cuqui-británico no me representa), y creo que American Sniper es una película fallida y maniquea, que evita meterse en todos los charcos y que ni siquiera trata la cuestión de los veteranos con hondura.

La frustración aumenta también porque esta cosecha de thrillers psicológicos (en mayor o menor medida todos lo son), me recuerda mucho al cine de los años 70. De hecho Nightcrawler y A most violent year huelen más a Scorsese que gran parte de las últimas películas que el maestro ha dirigido. A nadie se le escapa que quizás la década de los 70 fuera la más rica y viva del cine americano. Aquella década de la generación que cambió Hollywood, que diría Peter Biskind, compuesta por el propio Scorsese, Coppola, Cimino, Hooper, Bogdanovic, Friedkin, Spielberg o Lucas. En aquellos años, lograron el Oscar a la mejor película los dos primeros Godfather, The French Connection, The Deer Hunter (la comparación con American Sniper es terrible para el film de Eastwood) y One flew over the cuckoo’s nest. Y entre las nominadas estuvieron films como Network, Taxi Driver, All the President’s Men (las tres perdieron frente a Rocky, todo sea dicho), Apocalypse Now, Dog day afternoon, Norma Rae, Coming home, Nashville, Jaws, The Last Picture Show o All that jazz, por citar sólo algunas películas americanas nominadas en aquella época (ya no voy a incluir a Cries and Whispers o A Clockwork Orange). Esto no quiere decir que no hubiera en aquella época películas cuquis o menores nominadas, claro que las había, films como A touch of class (¿quién dijo cuqui-británico?). Pero los thrillers oscurísimos no se veían arrinconados. Las películas valientes, osadas, tenían tanta presencia como los filmes más clásicos, más tradicionales. Quizás esté cayendo, paradójicamente, en la misma estrategia que le critico a la mitad de películas nominadas este año: ser demasiado benevolente con el pasado, pero de verdad creo que es preocupante que la Academia corriera más riesgos en 1979 que en 2015.

Aquel terriblemente hermoso New York, New York

Dicho todo esto, quiero dejar claro que no niego el avance que ha hecho la Academia en los últimos tiempos. Es obvio que en la última década, las películas nominadas al Oscar han sido más oscuras, complejas, arriesgadas y relevantes que sus homónimas de décadas pasadas (los 80 y los 90). Que la mayoría aplastante de filmes academicistas de antaño ha dejado paso al cine independiente y al cine de autor. En los 80, No country for old men y The Departed no hubieran ganado el Oscar a la mejor película. Whiplash no hubiera logrado 5 nominaciones, incluida mejor película, y ni Boyhood ni Birdman serían las favoritas de cara a la victoria en 1997. Cuando critico las ausencias del resto de grandes thrillers americanos del año, no quiero decir que yo los hubiera nominado. Sí hubiera metido, sin duda, a Gone Girl y Foxcatcher (además de a Whiplash, claro) y quizás a la aséptica A most violent year, pero no creo que Nightcrawler sea una de las 10 mejores películas del año. Sin embargo, sí creo que es mejor y más interesante que las tres películas nominadas que critiqué brevísimamente antes. Y sobre todo, sin ser una gran película, sí que arroja una visión punzante sobre nuestro tiempo. Últimamente reflexiono mucho sobre esto último, lo valioso que resulta poder ver buenas películas que nos ayuden a explicar en qué punto de la historia nos encontramos, cómo son nuestras sociedades, hacia dónde nos dirigimos. Y creo que los Oscar también deberían servir para eso. Para que cuando en 2050 miremos a las nominadas de 2014, podamos ver nítidamente cómo éramos por aquel entonces, y lo jodidos que estábamos.

jueves, 22 de enero de 2015

Los Oscar, la industria y las minorías

LOS OSCAR 2014 / 1



Estados Unidos está viviendo en el último año un extraordinario e inquietante rebrote del racismo. Policías blancos asesinando a negros en circunstancias muy turbias. Grandes jurados con mayoría de blancos absolviéndolos. Voraces protestas callejeras. Hay en Estados Unidos, como en todo el mundo occidental, una desigualdad creciente que recorre el país de costa a costa, pero sobre todo en sus ciudades, cada vez más bipolares. Y allí, el país multirracial y de inmigrantes, la tierra del sueño americano, esta desigualdad torna en racismo. En este convulso contexto social (y político y económico), el ninguneo a Selma en las nominaciones de los Oscar (sólo mejor película y mejor canción) y el hecho de que los 20 intérpretes nominados en las categorías de interpretación sean blancos, han caído como bombas, provocando un gran ruido mediático. 

Hemos pasado de la posibilidad de ver a la primera mujer afroamericana nominada al Oscar a la mejor dirección (Ava DuVernay) a una cosecha muy pobre para esta minoría. Sin embargo, no es la única minoría que debería sentirse infrarrepresentada en estos Oscar. Más preocupante que la poca diversidad racial de los premios, es el hecho de que por primera vez desde 2005 ninguna de las películas nominadas en la categoría reina esté protagonizada por una mujer. Algunos sostendrán que The Theory of Everything está coprotagonizada por una, la mujer de Stephen Hawking, interpretada por la nominada al Oscar, Felicity Jones. Sin embargo el film gira en torno a él. Ella es un apoyo, toda su construcción como personaje gira en torno a su marido (o en torno al personaje de Charlie Cox).

Por lo tanto, en estas 10 últimas ediciones de los Oscar, en 2 ocasiones no ha habido ningún film protagonizado por mujeres en la categoría de mejor película (2005 y 2014). En el caso de los afroamericanos ha pasado en 4 ocasiones (contando a Crash, un film sobre el racismo, como film protagonizado por negros), aunque sólo una de ellas tuvo lugar desde que la categoría se amplió a más de 5 nominadas (2010, el año de The King’s Speech). Testeemos ahora la representación de otras minorías, dejando claro que hablamos de minorías en lo relativo al (ejercicio del) poder, no a la cantidad de personas que forman parte de las mismas. Los homosexuales también han protagonizado alguna película nominada a mejor film del año en 5 años de los últimos 10, si bien en 2014 esa película es The Imiatation Game, justamente acusada de restarle importancia al hecho de que Alan Turing se suicidara tras ser condenado por homosexual. Los latinos ni una sola (aunque en Babel y Crash andan por el medio). Los asiáticos han protagonizado varias películas nominadas, e incluso una ganadora, Slumdog Millionarie, sin embargo siempre estamos hablando de asiáticos en Asia, no en Estados Unidos (o en otro país occidental). Por su parte, los ancianos (un colectivo cada vez más numeroso), más allá de The Queen, Benjamin Button y Frost/Nixon, dónde se nos muestran a ancianos que no tienen una vida de ancianos, sólo han estado en mejor película en las dos anteriores ediciones, 2012 (Amour) y 2013 (Nebraska y Philomena). Mientras que en lo que respecta a la infancia/juventud casi todos los años hay películas protagonizadas por niños o menores de 30 años, nominadas, en 2014, Boyhood y Whiplash. Lo cual tiene bastante sentido porque los jóvenes son una minoría en el terreno del poder, pero el principal público objetivo de las industrias culturales.

En un país que ha elegido dos veces a un presidente afroamericano gracias al apoyo de las minorías (mujeres, negros, latinos, jóvenes, homosexuales), frente a la mayoría que siempre ha ostentado el poder (el hombre blanco heterosexual de clase media o alta), es paradójico ver como esto no tiene un reflejo adecuado en su producción cultural de masas, ejemplificada aquí en los premios de la Academia de Cine. Claro está que no es que los Oscar discriminen a las minorías, es la propia industria y el propio público los que lo hacen. Los Oscar son un mero reflejo de un hondo problema sistemático.

Obviamente algo está cambiando, sobre todo en la televisión. Los dos estrenos de lo que va de temporada televisiva con mejores audiencias han sido dos series protagonizadas por mujeres negras (How to get away with murder y Empire). Sin embargo sigue siendo difícil ver grandes películas (ya sea en cuanto a calidad o en cuanto a dimensión) protagonizadas por mujeres, por afroamericanos, por homosexuales, por ancianos o por latinos. Muy curioso resulta el último caso, teniendo en cuenta que cada vez hay más latinos en USA, cada vez viven mejor, cada vez tienen más poder y por lo tanto cada vez consumen más. Quizás por ello, Jane the Virgin ha levantado tanto entusiasmo entre críticos, redes sociales y premios (no así entre la audiencia), y quizás también por esto mismo se están preparando cada vez más series protagonizadas por latinos y orientadas al mercado latino.


No creo que de estas nominaciones a los Oscar haya que extraer un mensaje de alarma, pero desde luego es un toque de atención. Estos Oscar no reflejan la diversidad actual de las sociedades occidentales, ni tampoco (pero de eso hablaré en otro post), la diversidad y efervescencia de las industrias cinematográficas, tanto la americana como las extranjeras. En 2010, 4 de las 10 películas nominadas al Oscar al mejor film estaban protagonizadas por mujeres: Black Swan, The Kids are all right, Winter’s Bone y True Grit, es decir, una bailarina con una enfermedad mental, dos madres de familia, una lesbiana y la otra bisexual, una chica white trash y una niña en el salvaje Oeste. Pero incluso en aquel interesantísimo año tanto en el aspecto extra-cinematográfico como en el puramente cinematográfico (con Fincher, Aronofski y los Coen nominados en mejor dirección), no hubo diversidad racial (aunque sí social) y al final el Oscar lo ganó una película sobre un Rey británico y su director recién llegado se impuso a 4 (o 3, sí consideramos a los Coen como una unidad) de los cineastas americanos más relevantes de las últimas décadas. 

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Vivir es difícil con estos mínimos plazos


Esta mañana la Academia española de cine ha dado a conocer la terna de 3 películas que lucharán por ser el film preseleccionado por España para la categoría de mejor película de habla no inglesa en los próximos Oscars. Las elegidas han sido la última vencedora en los Goya, Vivir es fácil con los ojos cerrados de David Trueba, la triunfadora en el último Festival de Málaga, 10.000 km, ópera prima de Carlos Maqués-Marcet, y El niño, actual número 1 en la taquilla española, un thriller de Daniel Monzón. Una terna, por lo tanto, bastante lógica y coherente (no como el año pasado con el querejetazo), y más conociendo el consevadurismo académico. Sin embargo, las primeras críticas no se han hecho esperar. La principal de todas ellas gira en torno a la ausencia de La isla mínima, de Alberto Rodríguez en el grupo de seleccionables. El thriller, que es una de las películas más esperadas del cine español de este año, se estrenará en Donostia en unos días, y aunque fue visionada por académicos en pases especiales, no ha logrado colarse. Obviamente, sin haber visto la película, es difícil criticar la decisión de la Academia con argumentos, en realidad estamos ante una indignación construida sobre un futuro hipotético: el de que la cinta sea tan buena como muchos esperamos. Desde principios de año tanto La isla mínima como Magical Girl de Carlos Vermut, eran las dos películas españolas que con más ansia esperaba, por ello no verlas en la preselección española me decepciona, pero aún no sé si la Academia erró o no. Por un lado quiero creer que sí, por otro, prefiero pensar que no. Lo cierto es que en los últimos años, sólo una vez, la película enviada al Oscar en septiembre fue la misma que terminó vendiendo en febrero en los Goya: Blancanieves de Pablo Berger.

A cinco años vista

2010
Preselección Oscar: El baile de la victoria
Goya Mejor Película: Celda 211 (terna Oscar año siguiente)

2011
Preselección Oscar: También la lluvia
Goya Mejor Película: Pa Negre (terna Oscar año siguiente)

2012:
Preselección Oscar: Pa Negre
Goya Mejor Película: No habrá paz para los malvados

2013:
Preselección Oscars: Blancanieves
Goya Mejor Película: Blancanieves

2014:
Preselección Oscar: 15 años y un día
Goya Mejor Película: Vivir es fácil con los ojos cerrados (terna Oscar año siguiente)

En el último lustro, 4 de las 5 películas ganadoras del Goya al mejor film han competido en el Festival de Donostia. Sólo la taquillera Celda 211 no lo hizo. Mientras que de las preseleccionadas por España para los Oscar, sólo 2 se estrenaron también en Donostia. Siendo curioso el caso de Pa Negre que fue seleccionada al año siguiente de su estreno tras su rotunda victoria en los Goya, algo que le puede pasar también este año a Vivir es fácil con los ojos cerrados, film que no poca gente ve como el favorito a ser el nombre que se anuncie el próximo día 25 de septiembre.

Por otra parte, mientras Pa Negre o Vivir es fácil, entraron en la terna del año siguiente, otras películas que se estrenaron también en Donostia, como Blancanieves o Caníbal, lo hicieron en su mismo año. Gracias a pases previos a los académicos, envío de dvd’s etc. Quizás la Academia debería poner orden en esta cuestión. Establecer unas reglas más claras, favorecer que las películas, especialmente las que aún no se han estrenado porque competirán por la Concha de Oro, puedan competir en igualdad de condiciones a pesar de tener el hándicap de no poderse haber estrenado aún.

A nuestro cine le conviene que en su festival más importante compitan algunas de las mejores cintas del año, pero también poder elegir para enviar a los Oscar entre lo mejor que hemos producido en cada hornada de cine. Sin embargo, a pesar de los problemas (y amiguismos en un mundo tan pequeño) del proceso de selección (de los que también adolecen los propios Goyas), es verdad que el proceso está fuertemente condicionado por dos causas. Por un lado Donostia no puede adelantarse en el calendario, al verse precedida por Venecia, Toronto y Telluride. Y por otro lado, y sobre todo, los estrictos y reducidos plazos de la Academia americana para recibir las propuestas enviadas para competir por el Oscar de habla no inglesa. Este año, por ejemplo, el plazo termina el 30 de septiembre. 3 meses antes de que termine el año. Y esto genera una serie de problemas en las grandes cinematografías de habla no inglesa (Francia, Italia, Alemania, España, Canadá, los países escandinavos, México, Argentina, Brasil…), los productores tienen que decidir si les compensa estrenar sus películas antes para contar con más opciones de ser seleccionadas por sus países, o estrenar a lo largo del otoño, cuando las posibilidades de sus films en las taquillas nacionales son más halagüeñas. El año pasado, la favorita al premio de mejor film de habla no inglesa, La vie d’Adèle, no pudo ser seleccionada por Francia porque sus productores se negaron a adelantar el estreno del film, considerando que les traería menos beneficios esa nominación (e incluso victoria) que el dinero que pensaban que harían en la fecha de estreno establecida.

Además, estos plazos enturbian los procesos de selección, al escoger los países películas que a menudo aún no se han visto en sus cines o en sus festivales nacionales frente a otras que sí. Debido en gran parte a que estos films han triunfado en festivales internacionales como Cannes, Berlín o Venecia. Aquí, en los últimos 5 años ha pasado, 2 veces con El baile de la Victoria y También la lluvia. Y en nuestro caso, pueden votar todos los académicos, pero en otros países seleccionan las películas comités, y no es la primera vez que se denuncian amaños o interferencias gubernamentales. Por lo tanto, el actual proceso de selección de las nominadas a los Oscar, no causa problemas sólo a España, aunque aquí tengamos el añadido de que el Festival de Donostia sea posterior a la primera selección y que transcurra antes y durante la ronda final. Es un problema global que en última instancia perjudica a la propia categoría, al nivel de la misma.

Frente a los argumentos de los países para justificar que se alargara el plazo de selección. Desde Estados Unidos, la Academia puede esgrimir que los comités que forma para ver y escoger la terna de 9 films que lucharán por la estatuilla necesitan todo ese tiempo para realizar su trabajo. Que la cantidad de films que les llega cada año es más ingente. 76 films el año pasado. Sin embargo, si constituyen 3 comités, que vean entre 20-30 films cada uno, ¿no pueden elaborar la terna durante el mes de diciembre? Se nos dice que estos académicos son gente mayor que no trabaja a menudo y que por lo tanto tiene tiempo libre para dedicarse a ello. Si es así, ¿no les pueden pagar la estancia en un balneario 10-15 días y proyectarles 2 films cada día? Teniendo así la terna preparada para el inicio de las votaciones de las nominaciones al Oscar. ¿No ganaríamos todos con un proceso con unos plazos más amplios y menos rígidos? Sin embargo, va a ser bastante complicado que llegue a pasar. ¿Por qué la Academia americana va a invertir más dinero, recursos y complicarse más a la hora de llevar a cabo el proceso en la única categoría que su cine no puede competir? Y en esas estamos, quizás en un callejón sin salida de cara a mejorar la lucha por este premio.


PD: Tanto porque es la que más me gusta como porque creo que es la mejor opción de cara a los Oscars, yo votaría a 10.000 km.

jueves, 4 de septiembre de 2014

La Academia que no ama a una generación de directores americanos

De los últimos 5 ganadores del Oscar al mejor director sólo una es americana, Kathryn Bigelow, la primera mujer en conseguirlo. Bigelow pertenece a una generación de cineastas norteamericanos que comenzaron a dirigir a finales de los 70 y principios de los 80, como los hermanos Coen (a medio camino entre esta generación y la siguiente), Ron Howard, Jonathan Demme, James Cameron, Robert Zemeckis o Oliver Stone. Todos ellos ganadores del Oscar. Sin embargo la Academia ha evitado reconocer a los directores americanos que comenzaron sus carreras a finales de los 80 y a lo largo de los 90. Salvando los particulares casos de Mel Gibson y Kevin Costner, sólo uno, Steven Soderbergh ha ganado el máximo premio de dirección.

Toda una generación brillante de cineastas yankees que han llevado a la filmografía del país al nuevo milenio espera reconocimiento. Algunos de los directores que entran en este grupo son Quentin Tarantino, David Fincher, Paul Thomas Anderson, Wes Anderson, Richard Linklater, Darren Aronofski o Alexander Payne. De hecho el vacío que les ha hecho la Academia va más allá de los premios, hasta llegar a las propias nominaciones. De los que he nombrado el que más ha conseguido como director hasta ahora es Alexander Payne que suma 3 (Sideways, The Descendants y Nebraska), le siguen con 2, Tarantino (Pulp Fiction e Inglorious Basterds), Fincher (The curious case of Benjamin Button y The Social Network) y el único ganador, Soderbergh, que consiguió sus dos nominaciones el mismo año (Traffic, por la que venció, y Erin Brockovich). Paul Thomas Anderson sólo tiene una (There Will Be Blood), al igual que Darren Aronofski (Black Swan), mientras que Richard Linklater aún no ha sido nominado, siendo uno de los favoritos para entrar en el quinteto este año gracias a Boyhood. Por todo esto, este 2014 quizás sea el año en que por fin la Academia se rinda a un cineasta americano que haya irrumpido en los últimos 25 años.

De hecho, al abarcar un periodo de tiempo tan grande, más que hablar de una generación, deberíamos hablar de varias generaciones que se han superpuesto en la vanguardia del cine estadounidense. A la generación de los autores de los que he hablado antes, hay que sumarle la de los cineastas que comenzaron a dirigir en torno al año 2000 y en el primer lustro del nuevo milenio. Directores como Spike Jonze (1 nom), M. Night Shyamalan (1 nom), Jason Reitman (2 nom), Bennett Miller (2 nom), Sofia Coppola (1 nom) o incluso George Clooney (1 nom). Es más, podríamos ir más allá y perfilar a un nuevo grupo de directores que ha comenzado su carrera en los últimos años, gente como Jeff Nichols, J.C. Chandor, Cary Fukunaga, Benh Zeitlin (1 nom) o desde otras coordenadas Ben Affleck que aunque logró que su Argo se llevara el máximo galardón hace dos años él no fue ni nominado a mejor director.

La falta de reconocimiento por parte de la Academia a estos artistas es más sangrante si tenemos en cuenta que en los últimos 20 años sí que ha premiado a directores extranjeros coetáneos a los cineastas de los que acabamos de hablar. Ang Lee tiene 2 Oscars en su estantería (Brokeback Mountain y Life of Pi), mientras que Danny Boyle, Alfonso Cuarón, Tom Hooper, Sam Mendes, Michel Hazanavicius, Anthony Minghella y Peter Jackson poseen uno cada uno. El balance es demoledor. Así se entiende también lo apuntado al inicio, que sólo una de los 5 últimos vencedores sea americana.

En cambio, por su labor de guionistas, estos cineastas sí que han tenido una fuerte presencia en los Oscar, llegando a ganar unas cuantas estatuillas en la última década. De hecho el año pasado Spike Jonze venció por Her en guion original aunque no fue nominado (injustamente) como director. Payne ha ganado 2 veces (Sideways y The Descendants), Tarantino otras 2 (Pulp Fiction y Django Unchained), Coppola una (Lost in translation). Mientras que cineastas como Paul Thomas Anderson, Jason Reitman, Richard Linklater o Wes Anderson han sido nominados varias veces en algunas de las dos categorías de guiones. Dicho lo cual y centrándonos en este año, voy a hacer un repaso de cuáles son los directores con opciones de romper el bloqueo de la Academia y cuáles son sus principales rivales, con permiso de algún veterano como Clint Eastwood. Todo ello teniendo en cuenta que pueden aparecer en la carrera films que hoy por hoy están en el aire como A most violent year de J.C. Chandor.


Los conductores suicidas

Richard Linklater por Boyhood
Contó Quentin Tarantino en el pasado Festival de Cannes que él creía que Almodóvar aún tenía que parir su mejor película, pero que siempre que hablaba con sus amigos del tema, siempre pronunciaban dos nombres de los cuales esperaban aún su gran obra maestra: David Fincher y Richard Linklater. El director de la saga Before… se encuentra este año ante su gran posibilidad de ser nominado al oscar al mejor director del año, gracias a Boyhood. La película, que retrata el crecimiento de un chico a lo largo de 12 años hasta desembocar en la Universidad es uno de esos proyectos que valida toda una carrera. Estrenada en la Berlinale, Linklater se alzó con el premio al mejor director del festival y tiene a toda la crítica americana rendida a sus pies. Boyhood parece que será el gran film netamente de autor de 2014.


David Fincher por Gone Girl
El hombre que parió dos iconos del cine como Seven y Fight Club, construyó la soberbia Zodiac y dirigió esa obra maestra que retrata a la perfección un tiempo, el nuestro, llamada The Social Network, estrena este año la adaptación de un best-seller, Gone Girl. Reincide por lo tanto en su género, el thriller, contando la historia de un matrimonio perfecto que tras la desaparición de ella en su 5º aniversario de bodas empieza a mostrar todas sus costuras. Se estrenará en el Festival de New York, y las expectativas, por lo menos las mías, están por las nubes. Fincher ha sido nominado 2 veces al Oscar, por The Curious Case of Benjamin Button y por The Social Network. En ambas ocasiones llegó segundo a la meta, siendo derrotado por los británicos Danny Boyle y Tom Hooper respectivamente.


Paul Thomas Anderson por Inherent Vice
El hombre que a finales de los 90 parió esas dos obras maestras sobre vidas a la deriva llamadas Boogie Nights y (sobre todo) Magnolia, tuvo que esperar hasta 2007 para alcanzar su primera, y hasta ahora única, nominación como director por There Will Be Blood, siendo derrotado por dos de los cineastas americanos más influyentes de las últimas décadas: los Hermanos Coen. Después de perecer en la carrera de hace 2 años con The Master, este año vuelve a estar en el radar de los Oscar por Inherent Vice, un noir cómico (ojo) basado en una novela de Thomas Pynchon que protagoniza Joaquin Phoenix y se estrenará en el Festival de New York. Uno de los directores con la mirada más personal y magnética del cine actual.


Wes Anderson por The Grand Budapest Hotel
Tras ganar el Gran Premio del Jurado en la Berlinale y recaudar más de 170 millones de dólares en todo el mundo, The Grand Budapest Hotel puede darle a Wes Anderson su tercera nominación como guionista en los Oscar. Más difícil tendrá el filme colarse en mejor película y sobre todo en mejor director. Pocos autores del cine actual han construido un mundo y un imaginario más peculiar que el de Anderson. En The Grand Budapest Hotel están todas las constantes de su estilo: la obsesión por la simetría, el ritmo desenfrenado, el colorido y su inagotable capacidad para crear preciosas estampas. 


Bennett Miller por Foxcatcher
Miller busca, con su tercera película de ficción, su tercera nominación, y quién sabe, quizás la victoria. Llega al inicio de la carrera con el premio al mejor director en Cannes, dónde su película gustó mucho y cosechó muy buenas críticas. A priori es uno de los favoritos, y al contrario que la mayoría de sus rivales, su película ya se ha exhibido y por lo tanto se sabe que efectivamente es un film de calidad. Si es nominado, podríamos decir que Bennett Miller es el Stephen Daldry yankee. En sus anteriores nominaciones fue derrotado por Ang Lee y Michel Hazanavicius.


David Ayer por Fury
El guionista de Training Day, debutó en el cine como director en 2005 con Harsh Times y se ha hecho un nombre como uno de los grandes renovadores del género policíaco de los últimos años. En lo que puede ser su salto a las grandes ligas, Fury, se enfanga en el cine bélico siguiendo a un escuadrón americano en el final de la II Guerra Mundial liderado por Brad Pitt. El tráiler, el reparto y la temática han creado grandes expectativas en torno a la cinta. Ahora habrá que ver si Ayer tiene o no madera de gran director.


Jason Reitman por Men, Women and Children
Tras lograr dos nominaciones consecutivas a mejor director y mejor película, gracias a Juno y Up in the air, parecía que Reitman se iba a comer el mundo. Se había erigido en el gran cineasta de la dramedia americana junto a Alexander Payne. Sin embargo la fría acogida que recibió la agria Young Adult y esa traición a su propio mundo que fue Labor Day, un melodrama errado de principio a fin, han puesto en duda su talento. Con Men, Women and Children, una mirada negrísima a los suburbios de clase media a golpe de redes sociales, intenta volver a sus temas habituales y reconducir su carrera. A este humilde pringado el tráiler le ha encantado. Pero habrá que ver, habrá que ver.


Angelina Jolie por Unbroken
Tras ensayar como quién pelotea antes de un partido de tenis, con su primer film, Jolie se embarca en una de esas historias bigger than life ambientada en la II Guerra Mundial, que sería la favorita indiscutible a los Oscar en los 80 y los 90. Con un equipo técnico de primera (Deakins en la foto, Desplat en la música), una historia emocionante y presupuesto para llevarla a cabo, la clave residirá en si Jolie es capaz de imprimirle al film un toque personal. Si su trabajo como directora es reconocible. A priori, va a por todas.



El enemigo está ahí fuera

Christopher Nolan por Interstellar
A pesar de ser británico (por eso lo incluyo aquí), lo cierto es que todo lo dicho sobre los anteriores cineastas, es aplicable a Christopher Nolan, al que la Academia se ha negado a nominar al Oscar al mejor director, aunque como a sus coetáneos americanos, sí que ha nominado 2 veces como guionista. Si Nolan venciera por Interstellar, casi casi, sería una victoria que apuntarle a la generación americana de Fincher y cía. Poco se sabe de su viaje por el espacio, todo lo que tenemos son tráilers, el espectacular casting y equipo técnico del film y hype, mucho hype. Si la película es tan buena como todos creemos que será, la Academia tendrá difícil negarle la nominación a Nolan. Pero todos sabemos también como se las gastan y por dónde se pasan las deudas históricas.


Jean-Marc Vallée por Wild
Tras estrenarse el año pasado en el cine americano con Dallas Buyers Club y rozar la nominación (que el film optara a mejor montaje no deja lugar a dudas), el canadiense Jean-Marc Vallée repite este curso, esta vez con Reese Witherspoon como estrella absoluta de una historia de superación personal y búsqueda de uno mismo sobre una mujer que se entrega al camino. Vista ya en el Festival de Telluride, tanto la película como la labor de Vallée han recibido muy buenas críticas. Sí, el director de la sublime C.R.A.Z.Y. está en la carrera.


Alejando González Iñárritu por Birdman
Tras separarse de su pareja creativa, el guionista Guillermo Arriaga, y sólo dirigir un film en los últimos tiempos, Biutiful, González Iñárritu ha vuelto a la primera división con una comedia negra que experimenta con el plano-secuencia (y el trucaje), centrada en un actor a la deriva que interpreta el muy a la deriva Michael Keaton. Hace unos días inauguró la Mostra de Venecia y la recepción crítica no pudo ser mejor. Casi todos los cronistas señalan que la primera hora del film es lo mejor que ha rodado nunca el mexicano. Iñárritu tiene en su haber una nominación anterior a mejor director por Babel. Fue derrotado por Martin Scorsese, ni más ni menos.


Morten Tyldum por The Imitation Game
The Weinstein Company cogió a un prácticamente desconocido director islandés y le entregó un guion en el que hay muchas expectativas puestas, y que cuenta la historia del influyente matemático Alan Turing que fue decisivo para ganar la II Guerra Mundial y perseguido por ser homosexual en el propio Reino Unido. Estrenada en el Festival de Telluride, la película ha cosechado grandes críticas, sobre todo para su protagonista, Benedict Cumberbatch. Pero saber si Tyldum tiene opciones, habrá que ver si fue capaz de salirse de la sombra de Harvey Weinstein y dotar al film de un estilo propio, o simplemente entrega un trabajo funcional al servicio de una historia poderosa.

miércoles, 5 de marzo de 2014

El fin de la carrera


Ganar mola

Con la entrega de los Oscar termina la carrera de premios cinematográficos de 2013. Todo el pescado está ya vendido. La bicefalia entre 12 years a slave y Gravity ha terminado siendo la tónica dominante. Se acabó el mambo hasta Cannes, en la Croisette se verá seguramente ya alguna de las películas llamadas a protagonizar la temporada de premios. Ojalá dentro de un año la Academia reconozca por fin a alguno de los grandes directores norteamericanos de los últimos 20 años. ¿Quién ha dicho David Fincher o Paul Thomas Anderson? Para poner punto y final a este cuento voy a soltar tres apuntes de cierre:

1. Liza, otra vez
Más allá de los memes sobre Leonardo DiCaprio (algunos de ellos obras maestras de la comedia negra) Liza Minnelli ha sido la gran sensación cómica de estos Oscar, desde las pullas de Ellen (“eres el mejor imitador de Liza Minnelli que he visto en mi vida”) a sus problemas de altura para colarse en el ya famoso selfie de record. Ocupó un lugar prominente en la ceremonia por el homenaje a The Wizard of Oz, la película que marcó para siempre la carrera de su madre, Judy Garland. Sin embargo su presencia fue una especie de presentimiento-recordatorio durante y después de los Oscar: la historia es un bucle del que estamos intentando escapar. Hace 41 años los Oscar fueron bastante similares a los de este año. La ganadora de mejor película obtuvo 3 estatuillas (como 12 years a slave, incluida también guion adaptado), la otra vencedora de la noche 8 (1 más que Gravity, y al igual que esta obtuvo mejor director, montaje y fotografía). Sus nombres eran The Godfather y Cabaret. Ambas han pasado a la historia del cine. ¿El otro factor en común? Liza Minnelli era la protagonista absoluta de Cabaret, la película que le dio su Oscar y la que marcó para siempre su carrera.

2. A movie for all seasons
Si las dos triunfadoras de 1972 han sobrevivido intactas al paso de los años, mi apuesta personal es que las dos grandes de 2013 también lo harán. A lo mejor me equivoco, pero no creo que 12 years a slave caiga en el olvido. Se rompería así una racha de ganadoras intrascendentes que se extendía desde 2007, año en que venció No country for old men de los hermanos Coen, cineastas fundamentales para entender el cine americano de las últimas décadas. ¿Quién se acuerda de The Hurt Locker, Slumdog Millionarie, The King’s Speech, The Artist y Argo? Nadie. Son películas que se agotan tras su consumo. The Hurt Locker era un bélico sin alma ni garra, Slumdog Millionarie un drama pseudo-social hipertrófico y hueco, The King’s Speech cine de entretenimiento de primera, dulce, divertida, pero nada más (ni menos), The Artist un bonito homenaje al cine mudo americano, pero que no aporta nada propio, y Argo era un thriller adulto jodidamente entretenido, pero también una película hinchada por el agravio a su director. En cambio creo que 12 years a slave se recordará con el paso del tiempo, tanto como recordamos por ejemplo al The Pianist de Roman Polanski. Es una película con intención de hacer historia, de marcar un punto de inflexión en la forma en la que el cine ha abordado la esclavitud en los Estados Unidos. 12 years trascenderá, al igual que lo hará Gravity, en este caso no por los temas que aborda sino por su virtuosismo técnico y la labor de exploración de los límites visuales de ese arte llamado cine que emprendió Alfonso Cuarón.

3. Un Oscar en diferido en forma efectivamente de simulación
El domingo pasado Cate Blanchett ganó su segundo Oscar y Matthew McConaughey, Jared Leto y Lupita Nyong’o su primera estatuilla. Pero dos de  los derrotados son en cierta forma ganadores. Ni Amy Adams ni Leonardo DiCaprio van a estar mucho más tiempo sin un Oscar. La quinta derrota de ella y la cuarta de él los acerca un poco más al premio. Ambos están en el mejor momento de su carrera, trabajan con quien quieren, como quieren y cuando quieren, y eso no va a cambiar en el próximo lustro. Este año no pudo ser, tanto Cate Blanchett como Matthew McConaughey eran rivales demasiado destacados desde el inicio de la carrera y ambos llegaron a la nominación tras un complicado recorrido. El mero hecho de terminar siendo las principales alternativas a los favoritos tras haberse colado por los pelos en sus ternas es un buen indicativo de las ganas que hay de darles el Oscar. Años mejores vendrán, y la deuda hacia con ambos empieza a ser demasiado clamorosa. Hay derrotas más dulces que otras. 

miércoles, 19 de febrero de 2014

Películas que están bien, películas que son relevantes

OSCARS 2013 - Big 9



Después de las vacaciones y con las nueve películas de los Oscar (el Big 9 para los amigos) vistas creo que ha llegado el momento de escribir sobre ellas, aunque ya haya hablado con anterioridad de 12 years aslave y American Hustle. Quiero dejar claro que esta es mi opinión, que defiendo la influencia de la esfera personalísima en la percepción de las películas, y que las dos categorías en las que divido a las nueve películas nominadas a mejor film de 2013 en los Oscar pueden ser consideradas un error, e incluso una ofensa, aunque no es mi intención en absoluto. Tiendo a hacer listas con todo, listas y categorías, cuando terminé de ver Philomena y comencé a pensar en los nueve films en su conjunto, rápido llegue a la conclusión de que había dos grupos. Las películas que me parecieron que estaban bien, que me resultaron entretenidas, incluso interesantes, y las películas que me llegaron de verdad, que por múltiples razones creo que recordaré cuando pasen los años, esas películas que sé que volveré a ver varias veces en mi vida. En el primer grupo he metido a American Hustle, Captain Phillips, Dallas Buyers Club y Philomena. En el segundo a las otras cinco, 12 years a slave, Gravity, Her, Nebraska y The Wolf of Wall Street.

Mi película favorita en 2010 fue The Social Network, en 2011 The Tree of life, en 2012 Zero Dark Thirty, las tres estuvieron nominadas a mejor film en sus respectivas ediciones. Este año, la película que más me cautivó no llegó a los Oscar, La vie d’Adèle. De las cinco nominadas que he catalogado como relevantes, para mí, claro, cualquiera me parecería una digna vencedora. Quizás en mi papeleta preferencial pondría a la película de Scorsese de primera, pero cualquiera de las otras cuatro son películas que me importan. A veces mi relación con el cine es una relación cuasi personal, que gira en torno a si la película me importa o no. Tiendo a sobrevalorar las películas, a enrocarme en mi cariño a ellas, no es algo que esté bien, pero es algo que tampoco puedo evitar si nace un vínculo entre ellas y yo.

Películas que están bien

El par de motivos de Amy Adams para justificar que American Hustle está bien

Ninguna de estas cuatro películas me parece cine insignificante. Le agradezco a Philomena que trate con delicadeza la cuestión de la compra de niños; a Dallas Buyers Club que se aproxime al drama del SIDA en el sur de Estados Unidos y no en NYC o Frisco; a Captain Phillips que nos hable de la piratería en pleno S. XXI; y a American Hustle que ponga el foco sobre la corrupción y el arte del engaño, aunque sea de una forma tan blanda. Pasé un buen rato con estas cuatro películas. Salí encantado del cine con Captain Phillips, me divertí mucho con American Hustle, me emocioné con Philomena y Dallas Buyers Club me resultó interesante. 

Pero tan pronto como llegaron se fueron. Estas películas no han perdurado en mi cabeza. No han crecido en el recuerdo, sino más bien todo lo contrario, me gustaron más cuando terminé de verlas que con el paso de las horas, de los días. No me han empujado a reflexionar y a darles mil y una vueltas. Son cine volátil, de mero impacto. No necesito volver a verlas. Ese es el problema que les encuentro, que no me empujan a revisionarlas, que no me aportan lo suficiente. Seguramente dentro de cinco años me cueste recordar el nombre de la película por la que Matthew McConaughey y Jared Leto ganaron un Oscar.

Películas que son relevantes

Esta es mi escopeta, sino te gusta tengo otra

Frente al grupo anterior, han llegado al final de la carrera de premios cinco obras que han tenido una influencia en mí, que han permanecido en mis entrañas revolviéndolo todo. 12 years a slave, el relato de un hombre libre que un día fue esclavizado, me pareció tras salir del cine una buena película. Cine sólido, denso, contundente, pero es verdad que no me apasionó, fue con el paso de los días, de las vueltas y vueltas que fue dando en mi cabeza que comenzó a hacerse grande. Llegado un punto necesité verla, esta vez por fin en versión original y ahí sí, todo lo que había ido apuntando en mi lista mental, todos los detalles que necesitaba revisar estaban ahí. 12 years a slave no pretende ser la película definitiva sobre la esclavitud, pero es por el momento la que mejor la ha abordado, con más crudeza, de forma más analítica, mérito del guion y sobre todo del medidísimo trabajo de Steve McQueen.

Her, refleja cómo la incomunicación urbana empuja a un hombre ahogado en melancolía y soledad a encontrar el cariño, la cercanía, la compañía, el amor, en una máquina. Es una película que me emocionó y entristeció.. Es una película que duele. Una película rodada con mucho tacto, escrita con mucha inteligencia, con mucha paciencia, con mucho cariño. En lugar de escupirnos nuestros miedos, nuestras dolencias comunicativas, Spike Jonze nos las susurra. Her es una película delicada.

Gravity, la odisea espacial de una doctora sola ante la adversidad, es a la vez la opción comercial y la opción artística de esta carrera. Alfonso Cuarón rodó una carta de amor a la imagen, al plano como elemento básico cinematográfico, y por ello mismo, una carta de amor al cine como arte audiovisual. El guion de Gravity es mínimo y tiene un par de añadidos sentimentaloides innecesarios. Sin duda. Pero es que en Gravity la forma es forma y fondo. Es casi un tratado cinematográfico. Como si volviéramos al inicio del cine. Pura exploración e incertidumbre. ¿Dónde está el límite del arte?

Like father, like son

La road-movie es un género típicamente americano que no ha tenido nunca mucha repercusión en los Oscar. Un género que ha explorado bastante en los últimos tiempos el indie, o el pseudo-indie (el Off-Hollywood). A Alexander Payne, a su mundo, a su humor, a su humanismo, le viene como anillo al dedo. A la mayoría de la gente la película que más le emocionó del Big 9 fue Her, o por lo menos esa es la impresión que tengo, a mí quizás fue Nebraska, a lo mejor también porque la sentí más próxima, más palpable. Una película que cada día que pasa me gusta más (algo que también me pasa con Her, pero menos), que danza entre la ironía y amabilidad, entre la frase letal y el abrazo, sin perder nunca el equilibrio. Payne no es el rey de la comedia dramática actual por casualidad. Es un autor con tanto talento, tacto y clase que lo único que puedo hacer es rendirme una vez más ante él. Nos hacemos mayores y a cada paso que damos nos cuesta un poquito más cargar con nuestras vidas, con nuestro pasado, con nuestras responsabilidades.

Llegó tarde y eso sin duda lastró sus opciones. Su tono hiperbólico y descacharrante tampoco ha ayudado. The Wolf of Wall Street, el auge y caída de un poderoso capo de las finanzas, es el regreso de Martin Scorsese como cronista del exceso. La evolución natural de The Goodfellas y Casino. El retrato de un mundo a la deriva manejado por depredadores de vidas lujosamente vacías. Que Scorsese es uno de mis directores favoritos es algo que todo aquel que me conozca sabe. Que me encanta Leonardo DiCaprio también. Que yo le tenía muchas ganas a este proyecto desde que se puso en marcha, sin duda. Por todo ello era muy fácil que me sintiera decepcionado. Y no. No me decepcionó este Scorsese desenfrenado (la secuencia de las drogas caducadas es ya de las mejores de su carrera) pegado, una vez más, a la realidad del mundo actual. Estamos aquí (en esta crisis, o más bien en estas múltiples crisis concatenadas) por toda esta banalidad devoradora. De aquellas fiestas privadas y robos de lo público, estos lodos.

jueves, 16 de enero de 2014

Protagonistas secundados

OSCARS


Pelucas, Señor, Jefazo, Chiwi, Slim Mateo

Hoy se dieron a conocer las nominaciones a los Oscars tras meses de especulaciones, premios, trapicheos, rumores y quinielas. Hemos llegado otro año más al borde de la locura pero aquí estamos, en la recta final. Estas nominaciones han sido un pequeño varapalo para 12 years a slave (se le han escapado nominaciones técnicas, sobre todo foto y música, que nadie esperaba que no tuviera) y un respaldarazo para American Hustle, que hizo pleno en las categorías interpretativas como el año pasado la anterior película de su director, David O’Russell, Silver Linings Playbook. Como tercera en discordia se mantiene Gravity, ese golpe de genio de Alfonso Cuarón. Más allá de las tres candidatas a batir, unas reforzadas The Wolf of Wall Street, Nebraska y Dallas Buyers Club (me sangran los ojos con su nominación en montaje), la reflexión sobre la soledad en la ciudad contemporánea de Spike Jonze, Her, la película british de rigor, Philomena, y una muy tocada Captain Phillips.

Cerrado el resumen, una de las cosas que más me han llamado la atención es ver que 4 películas han metido a su actor protagonista y a su secundario de más peso en las nominaciones. Ha apostado la Academia por tándems interpretativos masculinos. Así, por Dallas Buyers Club están nominados Matthew McConaughey y Jared Leto, por American Hustle, Christian Bale y Bradley Cooper, por 12 years a slave, Chiwetel Ejiofor y Michael Fassbender y por The Wolf of Wall Street, Leonardo DiCaprio y Jonah Hill. Esta situación es aún más curiosa si observamos que pudo darse el pleno, porque la gran ausencia en la categoría de actor protagonista fue Tom Hanks, cuyo principal respaldo en Captain Phillips, Barkhad Abdi sí se metió en secundario, y por otro lado, y viendo el respaldo de la Academia a Nebraska, Bruce Dern pudo verse acompañado en mejor actor de reparto por su hijo en la película, el chico SNL, Will Forte.

Pero lo relevante de este hecho es que las relaciones entre los personajes que interpretan estos actores son en gran parte el motor de sus películas. Esta reflexión se observa muy fácilmente en Dallas Buyers Club, película que se eleva cuando comparten plano McConaughey y Leto. Pero es válida para cualquiera de las otras tres. En 12 years a slave, el violinista esclavizado interpretado por Chiwetel Ejiofor encuentra en Michael Fassbender a su antagonista, a la colma de su zapato, a la peste definitiva en su desgraciada existencia. Por su parte, American Hustle se abre con una pelea entre Bale y Cooper, y la tensión constante entre ambos, cada uno a un lado de la ley, es en gran parte el motor de la película, y sus secuencias juntos suelen ser las que tienen más relevancia e interés. Y en último lugar, en The Wolf of Wall Street, el protagonista interpretado por DiCaprio encuentra en el personaje de Hill el perfecto aliado para sumirse en la espiral de drogas, sexo y dinero defraudado que plasma con maestría Martin Scorsese (desde hoy el segundo director más nominado de la historia, sólo por detrás de William Wyler).

Hambre, Coca, Dios, Paja Barbacoa, Dorian Grey

¿Qué consecuencias tendrá en los Oscar esto? ¿Los académicos votarán al pack o harán justamente lo contrario, evitando premiar a dos actores por la misma película? ¿Al ser trabajos tan interrelacionados sería injusto que un actor ganara pero su compañero no? De los 10 nominados, sólo me queda ver a Bruce Dern, justo uno de los dos singles de estas batallas. Del resto, mi voto sería DiCaprio protagonista, Fassbender secundario. Pero Ejiofor protagonista y Hill secundario no me parecería injusto, ni la victoria de los packs de ambas películas, claro. Pero creo que yo intentaría repartir, a pesar de que creo que no se pueden entender unos trabajos sin los otros, para poder así reconocer a interpretaciones diferentes entre sí, pero igualmente impresionantes.