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martes, 9 de diciembre de 2014

Un campo de minas. The Newsroom 3x05

THE NEWSROOM - Oh Shenandoah


Spoilers a mansalva hasta el 3x05 de The Newsroom

Este domingo HBO emitió el penúltimo capítulo de The Newsroom, última parada antes de llegar al destino final… ¿la derrota? Este Oh Shenandoah (3x05) es un batiburrillo de lugares ya recorridos por Aaron Sorkin en su obra magna, sí The West Wing. Soy consciente de que en cada recap termino mentándola, pero Sorkin no me pone fácil evitarlo. Su eco está en todas partes. El eco de un tiempo mejor, de una serie mejor, de un guionista mejor. Maggie y Jim son la versión “rebajas histéricas de grandes almacenes” de Josh y Donna. Charlie es la versión hiperbolizada y encocada de Leo, infarto incluido (aunque esto sucedió en el The West Wing post-Sorkin). Y el drama paterno filial de Will McAvoy (Jeff Daniels) no deja de ser una sombra poco trabajada del sensacional complejo de inferioridad insuflado por su padre a Josiah Bartlet. Todo, absolutamente todo, lo que cuenta este capítulo, fue relatado antes por su guionista. Y de una forma muchísimo mejor. The Newsroom, ahora que se precipita hacia su final, confirma que es la obra menor de un autor mayúsculo. Un greatest hits pasado de rosca. Pero su problema no es tanto volvernos a contar lo que ya nos había quedado claro, su problema es no estar a la altura de las expectativas, esas cabronas. O lo que es peor, no estar a la altura de uno mismo. Parecer una mala copia de tu propio genio. En su defensa cabe decir que esto le pasa hasta a los más grandes. Este fin de semana vi Magic in the moonlight de Woody Allen, una película muy ligera, llena de lugares comunes de su filmografía que palidece ante sus referentes.

Nosotros somos nuestra propia cárcel
Tras haberme desahogado, quiero dejar claro que no creo que este capítulo sea malo, simplemente es que me da rabia notarle tanto los engranajes, que lo que me cuente sea tan obvio, tan poco sutil o comedido. Más allá de todo lo dicho, el capítulo ha causado bastante controversia por una trama en concreto, quizás la que mejor funciona, en mi opinión. Estoy hablando de la trama de Will McAvoy y su compañero de celda. Cuando en los últimos 5 minutos de secuencia musical nos alternan el infarto de Charlie (Sam Waterston) y la salida de prisión del protagonista, a la vez que nos desvelan que no existía ningún compañero, que era su propio padre, mucha gente se ha sentido estafada, o lo que es peor, ha creído que era una tomadura de pelo, un mal chiste. Cuando ayer leí en Twitter las críticas furibundas, y una de mis mejores amigas(talifán de The West Wing y que fue incapaz de disfrutar de The Newsroom) me escribió preguntándome qué coño había pasado, me imaginé algo peor. Me imaginé la redacción de ACN volando por los aires a lo Homeland Season 2. O a Will McAvoy colgándose en la celda. Y locuras aún peores. Pero no, simplemente fue un “Let Sorkin, be Sorkin”. No quiero ir de “qué inteligente soy” pero no hubo ni un solo segundo en el que creí que el compañero de celda existía y no era su terrible padre. Quizá jugó en ello que estoy muy bregado en sorkinismo. Pero la verdad es que no creo que fuera tramposa en absoluto esa trama. El capítulo empieza con el guardia diciéndole a McAvoy que en esa celda sólo mete a gente encerrada por desacato. Saltamos 2 meses en el tiempo y tenemos allí a un tío encarcelado por maltratar a su mujer que habla de los judíos como un señor de los años 50. Hasta el actor escogido y la forma en que está rodada la secuencia parecen sacados de otra época. Otra cuestión es juzgar si era pertinente meter este conflicto justo antes de llegar a la meta y de una forma tan atropellada. Lo que en The West Wing se contó a lo largo de muchos capítulos tirando de flashbacks, psicólogo y un duelo brutal con Toby Ziegler, aquí se cuenta a través de un duelo imaginario y en unos pocos minutos. Obviamente sé cuál de las dos opciones es la adecuada, aún así no creo que esta trama haya sido el enorme despropósito que mucha gente cree.

Sálvame Diario
Mientras Will McAvoy está en la cárcel por proteger a su fuente, y Maggie y Jim (Alison Pill y John Gallagher Jr.) persiguen el rastro de Edward Snowden en Moscú, a la vez que consuman por fin su cansino romance, el resto de personajes luchan contra la conversión de ACN en un Huffington Post meets Sálvame. Que Sorkin hiperbolice tendencias reales dentro de las empresas mediáticas, no hace que pierda la razón. Quizás si fuera más sutil su mensaje sería, paradójicamente más potente, pero aún a gritos tiene razón. La deriva sensacionalista empieza a dar miedo. Sobre todo cuando entran en juego los avances tecnológicos. Una aplicación que nos dice dónde están los famosos y qué hacen puede parecer inofensiva, pero es algo totalmente kafkiano, una sociedad 100% controlable a través de infinitas herramientas de vigilancia y seguimiento. Parece que Sorkin en su serie y yo en mi blog anunciamos el advenimiento del Apocalipsis, pero es que resulta realmente inquietante. Obviamente esta denuncia se podría hacer de otra forma, como hizo, por ejemplo, The Good Wife al entrar a cañón contra el funcionamiento de la NSA en su temporada anterior. Nadie cuestionó esa trama tan brillante, en cambio mucha gente cuestiona las de Sorkin. Ambas pretenden llegar al mismo punto, la diferencia está en que The Good Wife se mueve en claroscuros y en The Newsroom todo es negro o blanco. Muchas veces, Aaron Sorkin, gritar no es la mejor forma de lograr que te escuchen. Sin embargo, no puedo dejar de aplaudir la entrevista de Sloan (Olivia Munn, esa Diosa).



Sobre la violación
La misma amiga que me escribió preguntándome sobre qué había hecho Sorkin al final del capítulo, me contó, cuando estaba terminando este post, que se había montado mucha polémica en torno a la trama de la violación. La misma consiste en que Don (Thomas Sadoski) intenta convencer a una chica que denuncia haber sido violada (Sarah Sutherland, hija de Kiefer en la vida real y de Selina Meyer en Veep) para que no acuda a su programa a enfrentarse con su violador. La polémica se montó, en el plano intra-narrativo, en torno a la insistencia de Don de no airear el asunto en su programa, tanto por miedo a que ella sufra como a estigmatizar a un presunto violador que sin embargo no ha sido condenado; y  en el plano extra-narrativo, porque una guionista de la serie mostró su desacuerdo con dicha trama en Twitter y porque la emisión ha coincidido en el tiempo con un caso similar en la vida real. No voy a entrar en las cuestiones externas a la trama, porque tampoco creo que den más de sí. Pero sí lo haré en el análisis de la trama. Y creo que hay una de cal y una de arena. Denunciar los peligros de la amarillización de un problema tan grave como las violaciones en general, y en los campus en particular, me parece pertinente, así como cuestionar la validez del enjuiciamiento público, vía TV de cable. Sin embargo, silenciar la lacra de las violaciones que difícilmente pueden ser probadas y condenadas, me parece un mensaje muy peligroso. La presunción de inocencia no debe eclipsar la defensa de unos valores cívicos y de un código moral, por parte de los periodistas. La presunción de inocencia no implica la desaparición del compromiso profesional. Al igual que la objetividad o la neutralidad, no creo que sea un mantra que permita al periodista escabullirse de cuestiones peliagudas. Don podría haberle pedido a la chica que no acudiera a su programa porque lo único que harían en él sería escarbar en la carroña, pero aconsejarla hacerse oír por otras vías, en otros atriles. La solución era investigar a fondo el caso, investigar a fondo esa lacra social. Incidir en que miles de mujeres la sufran. Visibilizar el problema, no esconderlo. Tapar el hecho es revictimizar a la víctima. Dicho esto, que este capítulo de la serie haya abierto tantos debates, es algo muy valioso, aunque Sorkin haya podido estar muy errado (o no, que las opiniones están muy enfrentadas). 

jueves, 4 de diciembre de 2014

Un día para ser pesimistas. The Newsroom 3x04

THE NEWSROOM - Contempt


Spoilers hasta el 3x04 de la última serie de Sorkin



Hemos cruzado ya el ecuador de este último tomo de The Newsroom, ya sólo quedan dos capítulos por delante, y todas las cuestiones por dirimir se pueden clasificar en dos apartados. Por un lado, el futuro de ACN y Will McAvoy (y del periodismo en general, así, en plan mesiánico). Por otro lado, la suerte que correrán las diversas relaciones afectivas que hay en la serie (esa boda <3). Let Sorkin be Sorkin.

Aaron Sorkin es consciente, en mi humilde opinión, de que es un tipo analógico en un mundo digital. Y no tiene ningún problema en reconocerlo. De hecho se siente orgulloso de ello. The Newsroom en su totalidad, desde el ya famoso speech inicial de Will McAvoy en el 1x01, hasta su final, ha tenido como idea-fuerza que hay que recuperar los valores. No en un plano carca, sino en un plano ligado al honor, a la integridad, a la ética. El periodismo debe ser Woodward y Bernstein no TMZ. La política debe ser idealista no oscurantista. Desde los inocentes (e inconscientes) años 90, ambas esferas han evolucionado tanto como la distancia que hay entre The West Wing y House of Cards US. Todo este cinismo que ves, antes era monte. Vivimos tiempos, efectivamente oscuros. El Estado nos espía, la política internacional es una ciénaga, la doméstica con sus crisis concatenadas aún peor, los tweets y los capitales circulan a la velocidad de la luz por todo el planeta… Vivimos en la era del frenesí. Del espectáculo 24 horas al día, 7 días a la semana. Sorkin, aquí encarnado por el Will McAvoy de Jeff Daniels, es ese hombre a ratos estoico a ratos enfurecido, que grita en medio de la multitud “¡que alguien para el mundo!”. El problema es que el mundo no va a parar jamás. Estamos en una espiral en la que cada vez la maquinaria del sistema necesita ir más rápido para seguir funcionando. Todo esto se ve en este 3x04: Contempt. Tenemos a McAvoy aceptando ir a la cárcel con tal de no revelar su fuente y mantener la integridad del periodismo. Tenemos a los Mark Zuckerberg del mundo, encarnados en el personaje de BJ Novak, dispuestos a descuartizar esa integridad en el mismo tiempo en que le doy a “me gusta” a una publicación de Facebook. Tenemos también al Estado paranoico que ve enemigos en todas partes, sobre todo en sus entrañas. Y por último tenemos a las grandes multinacionales moviendo miles de millones de dólares en cuestión de segundos, como quién va al super a comprar una barra de pan. Este es el mundo en el que vivimos. Sorkin nos lo ha resumido maravillosamente en menos de 1 hora. Pero mientras él cree, Ave Maria mediante, que hay esperanza, yo creo que estamos muy pero que muy jodidos.

No juzgarás
La relación entre Jim (John Gallagher Jr.) y Hallie (Grace Gummer) se ha desmoronado definitivamente. Teniendo en cuenta que desde el primer episodio de la serie sabemos que Jim terminará con Maggie (Alison Pill), era algo que tenía que pasar, ahora que nos precipitamos hacia el final. Lo interesante no ha sido por lo tanto el qué, sino el cómo. Vamos, como en la vida misma. Hallie no ha podido soportar estar con alguien que se pasa el día juzgándola y sentenciándola (por amarillista) y Jim no ha sido capaz de amar a alguien cuyo trabajo desaprueba. ¡Era la ética, estúpido! En el meollo de esta ruptura nos encontramos con la espinosa cuestión de “¿puede el amor vencer al juicio personal?”. ¿Juzgar es una forma de amar? ¿una retorcida forma de amar?. O por el contrario, ¿amar es no juzgar al otro?, amarlo tal como es, no según nuestros propios código de lo que está bien y lo que está mal, lo que es importante y lo que no. Seguramente, como en todo, no sea una cosa o la contraria, blanco o negro, sino que una relación bajo estas circunstancias funcionará en la escala de grises. Aún así es algo que me perturba, no creo que pudiera estar con alguien que no entendiera lo que hago. Y teniendo en cuenta que soy investigador en ciencias sociales, me encuentro a menudo con personas que no entienden lo que hago, o lo que es peor, creen que no es en absoluto importante. El síndrome de “No estás curando el cáncer”. Justamente The Newsroom viene a señalarnos que hay tantos problemas en nuestros sistemas sociales, políticos, económicos y comunicativos, que las ciencias sociales sí que son importantes. El ser humano no es un mero ensayo-error, blanco o negro, y así volvemos a la escala de grises. Somos una especie que lucha por flotar en un mar de grises.

jueves, 27 de noviembre de 2014

El fin de la justicia y el fin del mundo. The Newsroom 3x03

THE NEWSROOM - Main Justice


Siempre te quedará protagonizar la mejor saga de la historia del cine, Jeff



The Newsroom ha terminado ya la primera mitad de su última temporada. Definitivamente, sólo seis capítulos no saben a nada. Se pasan más rápido que un walk & talk por la redacción de ACN. Definitivamente Aaron Sorkin ha llevado la serie hacia una zona bastante oscura, de espionaje, seguridad nacional y responsabilidad profesional. Con su viaje a Washington, su fiesta de gala y su reunión con la fiscalía casi parece que Sorkin ha viajado en el tiempo y está volviendo a escribir The West Wing. Sería bonito (¡joder si sería bonito!), pero no. La jugada recuerda a cuando en esta serie Sorkin nos iba anunciando que se avecinaba tormenta. La citación final es la guinda del pastel. ¿Gran jurado a nosotros? Ya hemos estado ahí Sorkin. Pero gracias por emplear lo que ya sabes que funciona. Y sí, este Main Justice (3x03), ha sido un capítulo vibrante.

La justicia
No voy a volver a hablar de Kafka, porque eso ya lo hice en el post anterior sobre la winter finale de The Good Wife, pero casi todo lo dicho allí es aplicable a lo que está pasando en The Newsroom con el caso de esta temporada. Es curioso ver cómo la preocupación de los americanos por su sistema legal ha pasado, en el terreno audiovisual, de un juego entre realismo/idealismo en, por ejemplo, To Kill a Monckingbird (Mulligan, 1962), por citar al clásico de los clásicos; al pesimismo de la actualidad. Un fenómeno que se viene gestando desde el 11-S y la subsiguiente aprobación de la Patriot Act. Cuando hablé del capítulo anterior de la serie, ya dije que The Newsroom (y Studio 60) era una enmienda a la totalidad de las políticas de seguridad y vulneración de derechos que se emprendieron durante la Administración Bush y se han mantenido durante la de Obama. En esta denuncia del poder como mordaza, The Newsroom brilla, sobre todo en esa maravillosa secuencia en la Fiscalía en Washington. El speech de Will McAvoy (Jeff Daniels ha estado muy bien en este capítulo) al final, desnudando toda la estrategia del fiscal y haciendo una lista de los errores de dicha estrategia, es una delicia. Uno de esos golpes de genio de Aaron Sorkin.

Brillan también las secuencias en la fiesta de gala, desde la absurda conversación entre Charlie (Sam Waterston) y ese magnate treinteañero (B.J. Novak, Ryan en de The Office), que podría ser el propio Mark Zuckerberg (gracias por este momento tan meta y autoconsciente Aaron), hasta la tensísima conversación entre McKenzie (Emily Mortimer) y “la fuente” (Clea DuVall) de Neal, esa mujer tan peligrosa para “la seguridad nacional”. Sorkin ha sabido construir una trama de espionaje a lo Snowden, sin sobrecargarla pero logrando que sea de verdad enigmática. No es sólo una herramienta para elaborar su discurso sociopolítico, esta historia tiene nervio, y al colocar a su protagonista en el centro de la misma hace que adquiera más relevancia. Neal (Dev Patel) era un peón, el jaque al rey McAvoy, eleva la apuesta narrativa.

El mundo
En el capítulo anterior Maggie (Allison Pill), tras un debate ético consigo misma, renunciaba a usar unas declaraciones de política marrullera, y a cambio conseguí un informe de la EPA (la agencia yankee del medioambiente) que denunciaba que los seres humanos estamos a punto de hacer que el planeta sea inhabitable. Además conseguía una entrevista para hablar del informe con el director adjunto de la EPA, interpretado por Paul Lieberstein (Toby en The Office, ¡Toby!). Pues bien, esa entrevista, hilarante, surrealista y apocalíptica, ha sido el momento más divertido de este capítulo y también el más terrible. Cambiar el funcionamiento del sistema legal es posible, no se hará, pero se puede hacer; pero cambiar el rumbo de la humanidad hacia su destrucción nos viene a decir Toby (le voy a llamar así, no puedo llamarlo de otra forma, es ¡el puto Toby!) que no, que hace 10 años quizás sí, pero que hemos cruzado ya el punto de no retorno.

Escribir una secuencia tan desternillantemente trágica tiene mucho mérito. Conciliar diversión con denuncia. Ese difícil y fino equilibrio que en The West Wing manejaba tan bien Sorkin y que quizás en The Newsroom a veces ha resultado ser demasiado obvio. Lo que al final acaba por hacer el capítulo es una defensa/denuncia de las acciones que llevamos a cabo los seres humanos. Somos capaces de lo mejor y también somos capaces de lo peor. Y quizás en los últimos años, susurra Sorkin, nos hayamos decantado más por lo segundo. Hay que recuperar la dignidad y la ética humanas, podría ser la conclusión del discurso.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Nos siguen tirando piedras. The Newsroom 3x01

THE NEWSROOM - Boston


El sermón de Will McAvoy

Este domingo HBO estrenó la tercera y última temporada de The Newsroom, la cuarta serie de Aaron Sorkin, y quizás la última. Al calor de dicho estreno Sorkin ha anunciado que no volverá a escribir para televisión porque 3 de sus 4 series han sido un fracaso. Obviamente el gran éxito de su carrera televisiva (y en general) es The West Wing. La serie sobre el equipo del presidente Bartlet tuvo 7 temporadas (Sorkin estuvo a los mandos durante las 4 primeras), mientras que sus otras 3 series suman en total sólo 6 (3 The Newsroom, 2 Sports Night y 1 Studio 60). Cuando Sorkin habla de fracaso se refiere a audiencias y recepción por parte del público. Aunque hay que añadir que no pocas ostias han recibido Studio 60 y The Newsroom, sobre todo esta última. Había puestas muchas expectativas en la unión Sorkin-HBO, quizás demasiadas, y la serie ha decepcionado, incluso a los talifanes de caverna (servidor incluido). The Newsroom es Sorkin en estado puro, sin filtros, sin barreras y quizás la serie resulte por ello demasiado intensa. La principal etiqueta que se le ha puesto a este drama periodístico ha sido la de condescendiente. Sorkin, como ser moralmente superior, regañando a los periodistas americanos por hacer las cosas mal. Asociado a esto, se acusó a Sorkin (con razón) de ventajista. Es fácil señalar lo que se hizo mal a posteriori cuando ya conoces todos los hechos.

Más allá de lo que ha sido la recepción y el recorrido de The Newsroom durante estos 3 años, ahora que llegamos al final, he decidido hacer recaps de sus últimos 6 capítulos, como ya hice el año pasado (más o menos por estas fechas) con otra serie de HBO fundamental para mí, Treme. Soy muy crítico con The Newsroom pero ello no impide que la disfrute como un niño pequeño. Entiendo casi todas las críticas que se le hacen pero a pesar de ello,es una serie que valoro y que me hace muy feliz. Este recap será mi forma de despedirme de ella y quizás del Sorkin televisivo. The West Wing es mi serie favorita, o incluso podría decir que es “mi serie”, así que me parece justo intentar desgranar los entresijos de este desenlace.

La información en los tiempos de Twitter
Si en la primera temporada de la serie sus periodistas eran demasiado inteligentes y lo hacían todo demasiado bien, en la segunda la trama arco (además de la carrera presidencial del 2012) fue que la cagaban a lo grande tragándose una conspiración inexistente. Ahora, en este arranque de la tercera temporada, pagan los platos rotos en el segundo curso mientras intentan volver a ser los del primer año. La rehabilitación profesional de los protagonistas seguirá los 3 actos de Eurípides como le cuenta MacKenzie (Emily Mortimer) a Will (Jeff Daniels): primero persiguen a los protagonistas hasta un árbol, después les tiran piedras y al final ellos consiguen bajar del árbol por sí mismos, de forma catártica. Más allá de los dramas de los personajes o las dosis de americanismo, este primer capítulo, centrado en el atentado en la maratón de Boston, plantea un debate interesante: ¿pueden los medios de comunicación de masas ser pacientes en la era de las redes sociales? ¿deben renunciar las empresas informativas a ser las primeras en anunciar acontecimientos frente a Twitter o Facebook?. Lo que Sorkin viene a sostener es que los medios deben asumir que en los tiempos de la inmediatez a golpe de clic y cámara en el móvil ya no pueden ser la primera fuente de información pero que sí deben ser la fuente veraz de información. Es mejor ser el último en dar la noticia pero estar seguro de que esa noticia es veraz, que está contrastada. Más que inmediatos los medios tienen que ser profundos, tienen que explicarnos la realidad, no soltarnos “noticias” de 140 caracteres.

Si Sorkin defiende esta postura, al final del capítulo nos dice que el público no lo hace. Que al público le interesa el aquí y el ahora, en la era de la sobreinformación, las audiencias (en plural) se quedan en la superficie de las historias porque tienen demasiados frentes que cubrir. Esto provoca que sepamos muchas cosas pero en realidad lo desconozcamos casi todo sobre ellas. Nuestras cabezas son un cúmulo de titulares. Esto es peligroso para el propio sistema democrático representativo occidental, y es por lo tanto uno de los factores que inciden en la crisis del mismo. El hombre occidental vive desinformado en un mar de información, perdido en sí mismo y en el mundo que lo rodea. Y los medios quizás sean las herramientas adecuadas para luchar contra ello, aunque por ahora (y cada vez más) se dediquen a fomentarlo. Veremos cómo progresa la temporada (sobre todo la trama wikileaks de fondo), pero no ha sido un mal arranque, siempre es de agradecer que la televisión te haga reflexionar, aunque sea a golpe de sermón.