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martes, 22 de marzo de 2016

American Crime y las vergüenzas de nuestras sociedades

AMERICAN CRIME – Temporada 2



Cuando ABC estrenó American Crime, una historia americana sobre el racismo, las expectativas estaban por todo lo alto, porque el proyecto venía firmado por el guionista John Ridley, que un año atrás había ganado el Oscar por 12 years a slave. ¿Quién mejor que el hombre que había adaptado la terrible historia de Solomon Northop para hablarnos del racismo actual, mucho tiempo después de la abolición de la esclavitud en Estados Unidos? Aquella primera temporada de American Crime fue una sucesión de calculados golpes al riñón de un país en el que la herida de la esclavitud sigue supurando en forma de racismo. Con un estilo narrativo seco, una puesta en escena sucia y urbana, y un ramillete de personajes llenos de prejuicios, la serie se situó entre lo más estimulante de la televisión estadounidense de la temporada pasada. A pesar de sus bajísimas audiencias, ABC le dio una segunda temporada a esta antología, que más que criminal, es, sobre todo, americana. Tras ver la segunda temporada, podemos afirmar que Ridley ha planteado American Crime como un mosaico de las vergüenzas latentes de Estados Unidos, y qué es lo que pasa cuando dejan de estar latentes y se visibilizan en forma de explosión violenta, de odio.

De la California teóricamente cosmopolita, liberal e interracial de la primera temporada, hemos pasado a Indiana, en el corazón del Midwest, dónde la cuestión racial, que sigue siendo relevante, porque al fin y al cabo lo es en todo el país, comienza a tener una importancia creciente. Sin embargo, aquí el racismo deja paso al clasismo y a la homofobia. Un joven denuncia, tras intentar ocultarlo, haber sido violado en el transcurso de una fiesta del equipo de baloncesto de un instituto privado. A partir de ahí salta por los aires la paz aparente que reinaba en la comunidad. Concatenándose dos crisis, la social y la familiar. A la cada vez más amplia brecha entre las clases acomodadas y las desfavorecidas, se une un creciente desapego entre lo que los padres quieren para sus hijos y lo que sus hijos sienten, necesitan, temen o anhelan.

A partir de aquí, posibles spoilers

Esta segunda temporada de American Crime bucea en las fracturas sociales, familiares y personales de nuestras sociedades occidentales. En el plano social, retrata cómo el mundo es manejado por las personas que detentan el poder. A través de la manipulación masiva que hace de la historia de la violación la directora del instituto, interpretada por una gélida Felictiy Huffman, una de esas villanas terribles, tanto por lo que hace, como por lo plausible que resulta. Como vemos a diario en las noticias, esas personas que controlan el tablero siempre acaban cayendo de pie, por muy graves que sean las acciones que cometen. American Crime visibiliza así la corrosiva corrupción que nos asola. Ya sea institucional o moral.

En el plano familiar, American Crime reincide en una idea que ya sobrevolaba en la primera temporada: no conocemos a nuestros seres queridos. En la era de la comunicación global, instantánea y constante, nos hemos convertido en seres profundamente incomunicados. Ya otras series como The Leftovers han abordado este drama de primera magnitud. En la serie de Ridley se ven las dos caras de esa moneda. Por un lado, la hiperconexión, con los mensajes que se mandan los adolescentes implicados entre sí. Mensajes llenos de violencia, de dolor, de deseos que avergüenzan al que los tiene, de pulsiones inconfesables cara a cara. De hecho la diferencia entre cómo es uno a través de las redes “sociales” y cómo es uno en persona está en el centro de la trama. ¿Y si en el fondo nuestro yo de las redes sociales se parece más a nuestro yo interior que al que dejamos ver exteriormente? Ouch.

Por otro lado, tendríamos la incomunicación. Entre parejas, entre amigos y, sobre todo, entre padres e hijos. Así tenemos a cuatro madres que han sido incapaces de leer a sus hijos. En primer lugar la madre de la supuesta víctima, interpretada por una desgarradora Lili Taylor, el rostro roto de la impotencia y de la culpabilidad. En segundo lugar la madre del cabecilla del equipo de baloncesto, interpretada por una rabiosa Regina King, más preocupada en el éxito de su hijo que en su propio hijo, y que emplea todas sus armas de persona acomodada y con buenas conexiones, para que éste salga indemne.  En tercer lugar, la madre del presunto violador, a la que da vida una viscosa Emily Bergl, que decidió esfumarse de la vida de sus hijos, evadir responsabilidades y encerrarse en sus miedos, prejuicios y taras. Y en cuarto lugar, la madre de la hija del entrenador, a la que encarna la siempre sensacional Hope Davis, que paralizada por sus propios problemas, es incapaz de evitar que su hija cometa los suyos.  Resulta interesante observar cómo son las madres las que cargan con la culpa de no conocer a sus hijos. Los padres se disuelven en la tragedia. Son ellas el motor de la historia, por sus acciones o por sus omisiones. Incluso aunque los padres estén presentes, sus actos son hacia afuera, jamás hacia adentro. En cambio, las interacciones entre madres e hijos nos dejan vislumbrar qué no ha funcionado en esos hogares, qué estaba roto. Ellas asumen, tras el estallido de la crisis, que sus casas están en llamas y que el incendio lo provocaron más los padres, que los hijos. Ellos no.



Si hasta ahora hemos hablado de los personajes adultos que pululan por la historia, es en el plano personal dónde podemos bucear en los sentimientos de los adolescentes que la protagonizan. El logro más extraordinario de esta segunda temporada de American Crime es, sin duda, el dibujo que hace de la psique de los teóricos antagonistas del relato, si es que este fuera un relato clásico: el adolescente presuntamente violado, interpretado por un frágil y destrozado Connor Jessup, y el presunto violador, al que da vida un turbador Joey Pollari. American Crime es un drama social, un drama familiar, pero sobre todo, un asfixiante drama psicológico. Durante los 10 capítulos que dura esta segunda entrega, perseguimos a estos dos chavales autodestructivos a los que la soledad, la tristeza y la incomprensión (de los demás, pero también de sí mismos) les han destrozado la vida. Ridley y su equipo podrían haberlos juzgado, y haber condenado al presunto violador, sin embargo no lo hacen. Lo fundamental no es saber si efectivamente se produjo la violación, sino indagar en las causas y en las consecuencias que tuvo para ambos, para sus familias y para su comunidad. Lo cierto es que los problemas de ambos no comenzaron con la violación, su camino hacia la destrucción había empezado mucho antes. Quizás por ello, y aunque a muchos espectadores los haya dejado insatisfechos, la decisión de Ridley de optar por un final bastante abierto es congruente con el relato. Ni sus problemas comenzaron con la violación, ni sus problemas terminarán con la resolución judicial de la misma y del posterior asesinato cometido por el personaje de Jessup, tras ser apaleado y amenazado por los compañeros de equipo de su agresor. Como bien podemos ver en el último plano de Pollari, no hay catarsis, sigue igual de destrozado, subiéndose a coches de desconocidos, buscando en su tacto unas emociones que no encontrará. Intentando diluirse en la piel de hombres que sólo buscan sexo fácil y hueco. En cierta forma Pollari toma el testigo del Joseph Gordon-Levitt de Mysterious Skin. Sobre todo en la terrible secuencia en la que uno de esos desconocidos lo golpea e intenta violarlo. No hay salida del laberinto. Ambos están irremediablemente rotos. Y esa es la parte del relato más aterradora y pesimista. Un relato que quizás en su recta final se dispersó intentado ocupar (ideológicamente) demasiados temas: la vigilancia en la era de internet, las armas, los asesinatos en institutos, el sistema judicial... Aún así, American Crime: Segunda temporada, es, ante todo, el letal retrato de una sociedad enferma.

martes, 29 de diciembre de 2015

Mis 50 ficciones televisivas de 2015: del 50 al 26

50. Bloodline (Netflix)
El equipo detrás de Damages, volvió al mundo seriéfilo de la mano de Netflix para contarnos la historia de una familia, cuya estabilidad salta por los aires al regresar a casa la oveja negra de la misma. Bloodline es un drama familiar que se cuece a fuego lento, pero que va increscendo hasta llegar a tres capítulos finales sensacionales. Su mejor baza es un reparto fabuloso. Su principal hándicap que requiere paciencia. Slow tv en estado puro.

49. Deutschland 83 (RTL/Sundance Channel)
Pocas veces el mundo del audiovisual ha reflexionado sobre la Guerra Fría desde la perspectiva de los alemanes (tanto occidentales como orientales). Deutschland 83 lo hace, completando, en cierta forma, el retrato que construye The Americans en USA a través de los puntos de vista americano y ruso. Deutschland 83 sigue los pasos de un joven espía de la RDA que se hace pasar por un militar en la RFA. A través de sus relaciones personales y profesionales vamos descubriendo cómo era la Alemania de la Guerra Fría y cuán cerca estuvo de saltar por los aires. Para todos aquellos interesados en la historia contemporánea será una delicia.

48. Okkupert (TV2)
USA desarrolla una forma de auto-abastecerse energéticamente, se terminan las reservas de petróleo y Noruega, que acaba de aupar a un Primer Ministro preocupado por los efectos del cambio climático, paraliza la extracción de crudo, a pesar de las amenazas de la Unión Europea y Rusia. Ante tamaña crisis energética, Rusia, con el beneplácito de la UE, ocupa pacíficamente Noruega, poniendo a su gobierno en una terrible situación. Okkupert nos ofrece una distopía que huele a presente. Plausible y peligrosa. Gobiernos secuestrando la voluntad popular de países que no son los suyos. Creo que esto ya lo hemos vivido.

47. Community (Yahoo)
La sexta y última temporada de Community tuvo momentos brillantes (el cap de la mano gigante y, sobre todo, la series finale) pero también tuvo capítulos muy anodinos. La irregularidad congénita de la serie de Dan Harmon se agudizó, aunque los golpes de genio de sus guionistas permitieron que la serie siguiera siendo interesante. No vimos a la mejor Community, pero aún así siguió siendo una de las comedias más ingeniosas de la televisión. 

47. Rick and Morty (Adult Swim)
De una serie de Dan Harmon, a otra. La animación permite a la sci-fi explorar mundos e ideas que en imagen real, por cuestiones presupuestarias y/o técnicas, son difíciles de llevar a cabo. Rick and Morty aborda temas complejos, acercándolos al espectador medio y construyendo, a la vez, una comedia negrísima. Dejad volar a vuestra imaginación y a vuestra risa.


45. Togetherness (HBO)
La crisis de la mediana edad puede ser muy dura. Sobre todo cuando descubres que estás insatisfecho con tu vida. Tanto a nivel profesional como emocional. Eso es lo que les pasa a los cuatro protagonistas de Togetherness. No les gustan sus vidas y eso hace que sufran y que hagan sufrir a los que los rodean. Esta comedia dramática resulta enternecedora porque consigue transmitir la terrible sensación de estar completamente perdido.

44. Unbreakable Kimmy Schmidt (Netflix)
La comedia con el opening más pegadizo y la canción más descacharrante (Pinor Noir) del año, tenía que estar en esta lista. Unbreakable Kimmy Schmidt sigue los primeros pasos por NYC de una chica que estuvo durante años encerrada en un búnker por el líder de una secta. Con una premisa tan bestia, cabría esperar que la serie fuera más ácida y salvaje, pero no, Kimmy Schmidt es entrañable y dulce. Risas garantizadas.

43. Mom (CBS)
La sitcom tragicómica protagonizada por Anna Faris y Allison Janney sigue siendo una de las series más graciosas de la televisión. A mí siempre me hace reír. Combina con maestría las carcajadas con las puñaladas emocionales. Tras un chiste sobre drogas o vaginas (o ambas cosas) da un giro dramático y te deja al borde de la lágrima. Tiene ese don.


42. Girls (HBO)
Aunque no haya sido mi temporada favorita de la serie de Lena Dunham (ni mucho menos), Girls sigue siendo una de las series que más me interesan de la televisión, incluso cuando no me la creo. Dunham es una autora relevante porque tiene una voz propia y una forma estimulante de ver el mundo, o más bien, de vernos a nosotros, veinteañeros a la deriva.  Tengo muchas ganas de enfrentarme al quinto asalto.

41. El Ministerio del Tiempo (TVE)
El gran logro de El Ministerio del Tiempo es demostrarnos que en España se puede hacer una serie para el público masivo inteligente, divertida y didáctica. Éste es el camino que debería seguir nuestra televisión pública. Nuestra historia y nuestra cultura son dos minas de oro que no han sido aún suficientemente explotadas. Y no podemos entender el mundo en el que vivimos sino reflexionamos primero sobre nuestro pasado.

40. American Crime (ABC)
El oscarizado guionista de 12 years a slave, John Ridley, ha alumbrado en ABC una lúcida, compleja e inteligente reflexión sobre el racismo, la violencia y el dolor que éste produce. En American Crime no hay buenos, ni malos, sólo personas intentando sobrevivir en circunstancias extremas. American Crime ha sido, sin duda alguna, una de las apuestas más arriesgadas de las networks americanas este año.

39. Jordskott (SVT)
Lo policíaco, lo paranormal y la denuncia, se dan la manos en Jordskott, una serie que gira en torno a la desaparición de unos niños en un pueblo rural de Suecia, dónde la contaminación y la destrucción de la naturaleza provoca estragos. Jordskott podría haberse estrellado, y sin embargo, es todo un triunfo en todos y cada uno de los planos en los que juega. Quizás sea demasiado fría, pero logra que el espectador se zambulla en el micro-mundo que crea.

38. Downton Abbey (ITV)
Y Downton Abbey llegó a su fin. Tras 6 temporadas y varias décadas narrativas, los Crawley y su servicio se han despedido de los espectadores. Termina así el gran culebrón de qualité de la televisión. Un drama salpicado de comedia que lograba hacer que te sintieras como en casa al sentarte a verlo. Julian Fellowes se propuso contarnos el paso de la sociedad inglesa de la época victoriana a los preámbulos de la II Guerra Mundial. Y lo consiguió. Downton Abbey es, en el fondo, la crónica de la decadencia de la nobleza británica.

37. Catastrophe (E4)
Dos cuarentones se acuestan repetidas veces durante un viaje de trabajo de él a Londres. Ella se queda embarazada. Ambos tienen que lidiar con las consecuencias y afrontar la madurez vital juntos. Catastrophe es una de las series más genuinamente graciosas de la televisión de este año. Nada es fingido en ella. Las personas somos así: somos lo peor, por eso nos queremos los unos a los otros.

36. The Knick (Cinemax)
Un drama médico/racial (ojo al concepto) en la Nueva York de principios del S.XX. Eso es The Knick. Pero lejos de ser una serie de época, es una de las obras más modernas, arriesgadas y extremas de la televisión actual. Hipnótica, escalofriante e intensa. Drogas, vísceras y violencia se cruzan en una serie que te atrapa en su mundo sórdido y frío. Visualmente hay pocas series más estimulantes hoy en día. Steven Soderbergh es un maestro.

35. Inside Amy Schumer/Amy Schumer Live at the Apollo (Comedy Central/HBO)
2015 es el año en que el schumerismo implosionó salpicándolo todo. La cómica americana ha sabido construir a través de su programa de sketches, su rom-com de Hollywood y sus apariciones públicas una reflexión sobre el machismo imperante en la sociedad. Si bien es cierto que Trainwreck no deja de ser un film tradicional que se cree mejor, y más transgresor, de lo que es, Inside Amy Schumer ha sido capaz de edificar un discurso feminista muy poderoso que ha sido capaz de hacer reír y hacer reflexionar.

34. Silicon Valley (HBO)
En un mundo en el que las grandes empresas tecnológicas cada vez son más poderosas, era imprescindible rodar una sátira que nos explicara sus entresijos y nos mostrara lo salvaje que es esa industria. Silicon Valley es esa sátira. Es una serie graciosa, aguda e inteligente. Tiene una larga vida por delante, porque hay mucha tela que cortar en el universo de las multinacionales tecnológicas.

33. Unreal (Lifetime)
¿Cómo son las entrañas de un programa de un reality? Incluso más nauseabundas que su apariencia. Unreal nos muestra cómo se manipula la realidad para construir un relato televisivo adictivo. Y al hacerlo se convierte ella misma en adictiva. La diferencia radica en que Unreal es televisión de calidad sobre televisión basura, y Everlasting (la copia nada disimulada de The Bachelor) es sólo eso: basura.

32. 1992 (Sky Italia)
Esta serie es, quizás, uno de los mejores y más completos retratos de la corrupción que se han hecho en televisión. 1992 narra el colapso del sistema político italiano, noqueado por una devastadora corrupción que gangrena las entrañas de sus principales partidos, noqueando a la todopoderosa Democracia Cristiana. Un caldo de cultivo que llevaría a la llegada al poder de Silvio Berlusconi. Todo ello está contado a través de diversos personajes, cuyas vidas se ven afectadas por el clima sociopolítico. 1992 es una serie demasiado desequilibrada (personajes muy interesantes, frente a otros que no lo son) pero no por ello deja de ser interesante. Y más cuando en nuestro Estado estamos viviendo algo similar.

31. Better Call Saul (AMC)
No era fácil rodar un spin-off de una de las mejores series de la televisión, Breaking Bad, y salir airoso. Pues bien, Better Call Saul no sólo es respetuosa con el universo de la serie madre, sino que además es una obra independiente sensacional. No se mueve en las coordinadas de peligro constante de Breaking Bad, pero aún así resulta apasionante. Una sensacional forma al servicio de un relato que va de menos a más, explicándonos como el pobre Jimmy se convirtió en el caradura Saul. Todo un éxito.

30. Cucumber (E4)
Las insatisfacciones que vamos acumulando a lo largo de nuestras vidas pueden terminar estallando llevándose todo por delante. En Cucumber, una pareja, a priori sólida, salta por los aires  enseñándonos que lo que parecía amor y confianza, escondía frustración y rencor. Cucumber es una comedia negrísima (God save UK) y un drama terrible. Tiene además una de las secuencias más impactantes del año, presidida por el La la la de Massiel.

29. Halt and catch fire (AMC)
Si en la primera temporada de Halt and catch fire vimos la expansión de los PC, en la segunda nos mostraron el inicio de las redes sociales. Quizás perdió parte del factor sorpresa que la hizo tan hipnótica en su primer curso, pero Halt and catch fire volvió a ser una de las series más sorprendentes (y con más personalidad) de la televisión. Larga vida a Donna y Cameron, esas pioneras en un mundo de hombres.

28. Bron/Broen (SVT/DR)
Con su tercera temporada Bron/Broen ha revalidado su título de “la gran serie nórdica”. Es difícil estar a su nivel, básicamente porque pocas series a nivel mundial leen tan bien la sociedad que retratan. Bron/Broen se sumerge en las miserias de las, a priori, paradisíacas sociedades nórdicas, mostrándonos que no es oro todo lo que reluce. Las pacíficas y avanzadas sociedades nórdicas también tienen desequilibrios, problemas, integrismos y peligros. En esta temporada han sacado a relucir la proliferación de postulados de extrema derecha. Y lo han bordado. Otro caso adictivo.

27. Parks and Recreation (NBC)
Tras dar un salto hacia el futuro en el final de su penúltima temporada, Parks and Recreation, una de las mejores sitcoms de la historia televisión, se despidió con una entrega rodada por y para los fans. Entrañable hasta el coma diabético. Graciosa, preciosa y emotiva. Leslie Knope y sus compañeros del servicio municipal de parques de Pawnee han tenido una gran vida. Tan grande como la serie, que será considerada con el paso de los años un clásico de la comedia televisiva.

26. Wolf Hall (BBC)
¿Hasta qué punto es real la historia que nos inseminan desde niños? Si la historia la cuentan los que ganan, cómo sabemos que los que pierden están justamente representados. Wolf Hall viene a cuestionar el dibujo que ha hecho la historiografía inglesa de Thomas Cromwell, mano derecha de Henry VIII, que siempre ha sido dibujado como un animal sediento de poder. En la piel del gran Mark Rylance, Cromwell se vuelve un personaje fascinante. Un superviviente en las entrañas del poder. 

martes, 1 de septiembre de 2015

Emmysalternatives 14/15 II: Actrices en Serie limitada/Telefilm

Actriz de reparto

6. Rosemarie DeWitt por Olive Kitteridge
Siento debilidad personal por Rosemarie DeWitt, es una actriz que me fascina desde que la vi en Rachel Getting Married. En Olive Kitteridge encarna a una madre depresiva que no es capaz de lidiar con su vida y de cuidar y proteger a su hijo. Es un papel tristísimo y ella lo dota de esa melancolía que desprende su rostro, incluso cuando está sonriendo. Me dejó, como siempre, con ganas de más.

5. Janet McTeer por The Honourable Woman
Pocas presentaciones necesita una actriz con dos nominaciones al Oscar a sus espaldas como McTeer. La veterana actriz inglesa vuelve a demostrar que es una fabulosa actriz de reparto, exprimiendo al máximo el complejo y escurridizo papel de jefa del servicio secreto que le regalan en The Honourable Woman. Se mantiene siempre en la retaguardia, haciéndonos dudar. El infinito poder de la duda.

4. Claire Foy por Wolf Hall
Hemos visto, a estas alturas, a muchas Anne Boleyn, y aún así Foy logra que creamos que es la primera vez que vemos a esta mujer. Ella y su sensualidad perversa, casi malsana. Es peligrosa e hipnótica. Foy ha construido una gran villana. Y las villanas en el audiovisual son pura gasolina.



3. Zoe Kazan por Olive Kitteridge
Deliciosamente odiosa. Así es el personaje de Kazan y, sobre todo, así lo logra ella transmitir, con su sonrisa y su bondad infinita. Kazan consigue que nunca estemos seguros del todo de si su personaje es así de inocente como nos hace creer o tiene un fondo oscuro. Podría resultar extremadamente simple y sin embargo no lo es, es un subidón de azúcar que viene a enrarecer la relación entre la pareja protagonista.

2. Regina King por American Crime
Fabulosa. King está fantástica como la hermana de un hombre negro detenido por haber asesinado, teóricamente, a dos blancos. Religión y conflicto racial se dan de la mano en un personaje frío como el hielo, enfurecido, completamente desencantado. King le imprime una rabia que impresiona. Huffman o Hutton están muy bien pero la auténtica reina del casting de American Crime es ella. Si alguien puede evitar que Sarah Paulson gane el Emmy que la Academia le debe desde hace tiempo es ella.

1. Lubna Azabal por The Honourable Woman

Todos aquellos que hayan visto Incendies, el terrible drama con el que Denis Villeneuve se dio a conocer en todo el mundo, saben ya que Lubna Azabal es una actriz monumental. Pues bien, en esta miniserie británica viene a confirmárnoslo, al encarnar otro papel extremo, imperturbable en su demolición interior. Una mujer maltratada por la vida, por un conflicto, el árabe-israelí, terrible, que le ha robado todo, incluso los sentimientos.

Actriz

6. Queen Latifah por Bessie
Para no pocos analistas de los Emmys si hay alguien que puede arrebatarle la victoria a Frances McDormand es Queen Latifah, gracias a su salvaje interpretación de la cantante de blues Bessie Smith. A su favor tiene que el telefilm está hecho para su completo lucimiento, en su contra, que dicho telefilm no está a su altura, lo cual termina por deslucir, un poco, su trabajo. De todas formas no se le puede negar entrega y carácter.

5. Kerry Godliman por Derek Special
Ella es la voz de la cordura en esa comedia negrísima, a la par que entrañable, que es Derek. En el capítulo de despedida de la serie, Godliman es todo amabilidad y cariño. Funciona tanto en su vertiente dramática como en la cómica y eso que su personaje haces las veces de “straight man” (straight woman, por lo tanto) en el show de Ricky Gervais y David Earl.



4. Felicity Huffman por American Crime
Tiene mucho mérito enfrentarse a un personaje tan desagradable, con el que resulta tan difícil de empatizar, de sentimientos tan inaccesibles y tan obstinado. Y eso es lo que hace Huffman al construir a esta dolorosa madre a la que le han asesinado a su hijo. Y lo hace con entereza, madurez y pasión. Mis respetos a una de las grandes actrices de la televisión americana.


3. Frances O’Connor por The Missing
De madre en duelo a madre en duelo. Si a Huffman le asesinaron a su hijo, el de O’Connor ha desaparecido. Y tras esa desaparición llega la ruptura de su matrimonio y el intento de levantar una nueva vida, lejos del dolor. Sin embargo el pasado regresa para volverla a poner contra las cuerdas. Frágil y rabiosa, O’Connor borda un personaje que navega por una catarata de sentimientos. Un trabajo que le permite lucirse.

2. Maggie Gyllenhaal por The Honourable Woman
Encabezan esta lista dos de las mejores interpretaciones televisivas de la temporada. En el segundo puesto he colocado a Maggie Gyllenhaal. La extraordinaria Maggie Gyllenhaal de The Honourable Woman. La actriz interpreta a una empresaria británica de origen israelí que se ve atrapada en medio del conflicto entre Israel y Palestina, con Estados Unidos y Reino Unido maniobrando en la sombra. Es una interpretación tan sutil como desgarradora. Quizás el mejor papel de su carrera. A mí su entereza, dignidad y traumas me dejaron roto.

1. Frances McDormand por Olive Kitteridge
No menos impactante emocionalmente es la Olive Kitteridge que construyó Frances McDormand en la miniserie homónima de HBO. De hecho creo que es uno de los personajes más densos sentimentalmente que he visto en mucho tiempo. Esta profesora incapaz de exteriorizar sus sentimientos, que está siempre a la defensiva, agazapada en su ironía es devastadora. Tras Fargo es lo mejor que le ha pasado a McDormand en toda su carrera. Un trabajo sensacional. Que se nota que está ejecutado desde las entrañas. McDormand entiende a Kitteridge y la abre en canal ante nuestros ojos.