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miércoles, 13 de mayo de 2015

Los engranajes de la mente y del poder

THE GOOD WIFE - Sexta temporada


¡Spoilers sueltos!

Ha terminado la sexta temporada de The Good Wife, uno de los dramas más fascinantes y complejos del último lustro televisivo. Con la ansiada renovación garantizada por CBS para un séptimo año que empieza a oler a que será el último, es hora de hincarle el diente a la sexta entrega de la historia de Alicia Florick (Julianna Margulies, la mejor actriz de la televisión), escrita por el matrimonio King, los guionistas más incisivos e inteligentes de la televisión actual. En mi humilde opinión, claro.

The Good Wife siempre giró en torno al poder. Desde sus inicios tuvimos equilibrios de poder dentro de los bufetes y refriegas políticas. Sin embargo, esta temporada ha sido la que más se ha aproximado al mismo, radiografiándolo y vomitándonos una imagen del poder que da mucho miedo. El poder en su dimensión más abrasiva. El viaje de empoderamiento personal de Alicia desde ser la buena esposa, madre amantísima, dueña de su hogar, a presentarse para Fiscal del Estado, ha sido apasionante, y algo más importante que eso, consecuente y lógico. Alicia Florick no dejó de ser la buena esposa de un día para otro, si no que se zambulló en las aguas del poder poco a poco. Dejándose mecer por las mismas. Sin embargo, llegados al punto clave, su asalto a un cargo público, se desmoronó por un crimen, amañar las elecciones, que no había cometido. Alicia Florick, como tantos otros ciudadanos con buenas intenciones chocó contra un muro que separa, en nuestras democracias representativas, a la ciudadanía de sus instituciones. Un muro llamado El Partido. Los intereses de Alicia y de los ciudadanos que la votaron, cayeron ante los intereses del Partido Demócrata por encubrir el amaño masivo de las elecciones legislativas, usando a Florick como carnaza para las hienas, a modo de distracción y encubrimiento.

Por ello, y por el terrible arranque de temporada, en el que nos zambulleron en el via crucis judicial de Cary Agos (Matt Czuchry nunca estuvo mejor), esta temporada de The Good Wife ha sido, posiblemente, la más oscura de todas. Si la anterior fue la más triste y desoladora en el plano sentimental, ésta lo ha sido en el plano profesional, en una Alicia Florick sufrió el dolor de sentirse sola, del amor perdido, y en la otra ha sufrido como personaje público, como ciudadana que pretendía cambiar las cosas, y como mujer ambiciosa que pretendía alcanzar mayores cotas de poder. Tanto el sufrimiento ligado a la pérdida de un ser querido, como la violencia con la que están plagadas las relaciones de dominación, son cuestiones que se escapan a nuestro control. Nos mantenemos en un equilibrio cada vez más imposible en las manos del azar y del sistema. Poca esperanza nos ofrece The Good Wife. Muy poca. Y aún así la season finale, Wanna Partner? (6x22), nos recuerda una idea-fuerza muy de los King: aún cuando parece que no hay salida, siempre se abre una puerta. ¿Louis Canning (Michael J. Fox) es el futuro de Alicia Florick para mantenerse en pie un día más, para luchar un día más? Quizás sí, quizás no, pero lo importante es que aunque ya no esté Will y aunque le hayan robado su cargo de Fiscal del Estado, siempre hay una salida. Una nueva oportunidad.

Un último chupito con Kalinda

Más allá de este doloroso cuadro que están pintando los King sobre cómo funciona el poder, cómo son sus mecanismos, sus engranajes, sus puntos ciegos, cómo se articula, cómo nos manipula en nuestra vida diaria. Más allá de todo ello, que desde luego no es poco, están contándonos el recorrido vital de una persona, Alicia Florick, y cómo ella reacciona ante los acontecimientos que van sacudiendo su vida. Además de una amplia reflexión sobre el poder, The Good Wife se ha convertido en un estudio sobre la mente humana. ¿Por qué hacemos lo qué hacemos? Nadie escribe, hoy por hoy, en televisión, con la sutileza y capacidad de aproximación a nuestra psique que exhiben Michelle y Robert King. Nadie. Tampoco nadie bucea en el pasado como ellos. Ni muchos menos interrelaciona tan bien nuestros pensamientos con nuestros recuerdos. Mind’s Eye (6x14) fue un capítulo muy polémico, sin embargo, a mí me pareció un ejercicio narrativo apasionante. Ese viaje a la tumultuosa cabeza de Alicia Florick fue toda una exhibición de escritura. Pero más allá de ese episodio, The Good Wife ha estado jugando toda la temporada con los pensamientos de Alicia, como por ejemplo en el penúltimo capútuo, Don’t Fail (6x21), en el que Alicia se confrontaba mentalmente con su yo del pasado, con la Buena Esposa.

Es precisamente ese retrato psicológico tan hondo que realiza esta ficción sobre sus personajes el que permite que los dilemas morales-éticos-ideológicos-personales a los que estos se enfrentan sean tan ricos. The Good Wife ha descuidado los casos este año, es algo tan evidente que no creo que nadie vaya a negarlo. Sin embargo, los dilemas han seguido ahí. Sobre todo en la recta final con la introducción del republicano hiper-millonario interpretado por Oliver Platt y que mantuvo apasionantes enfrentamientos con Diane Lockhart (Christine Baranski, esa diosa). A veces, cuando nos enfrentamos a un tema peliagudo, nos traicionamos a nosotros mismos, o más bien, una esfera de nuestra mente piensa una cosa, y otra, la contraria. Y de ese dilema interno surge nuestra postura para lidiar con los dilemas externos. A pesar de lo dura que ha sido la temporada, The Good Wife sigue siendo una serie que cree en el ser humano. Dije antes que poca esperanza nos ofrecía la serie este año, pues quizás me equivoqué, quizás que Alicia Florick siga en pie y dispuesta a dar guerra es la mayor de las esperanzas. Otra temporada soberbia más. Gracias por todo Kings. 

Sobre esta temporada de The Good Wife:


sábado, 14 de marzo de 2015

Cómo ser Alicia Florick

THE GOOD WIFE - Mind's Eye


Spoilers hasta el 6x14 de The Good Wife

En (el ya lejano) 1999, Spike Jonze debutaba como director, y nos descubría al guionista Charlie Kauffamn, por medio de Being John Malkovich (Cómo ser John Malkovich en castellano), un fascinante viaje por la psique de un Malkovich ficcionado. En aquel film, el protagonista se metía literalmente en la cabeza del famoso actor. Más de 15 años después, Michelle y Robert King (¿quiénes sino?) nos sumergen a nosotros, sus fieles espectadores, en la cabeza de la protagonista de su serie, The Good Wife (¿en cuál sino se haría algo así?). Eso sí, esta vez, el viaje por los engranajes mentales de una persona, no es literal. No nos metemos en la cabeza de Alicia (Julianna Margulies, esa bestia), sino que vemos como ésta funciona, cómo se producen sus pensamientos, cómo recrea los hipotéticos estados vitales en los que se puede ver envuelta. Al fin y al cabo los King no son Charlie Kauffman, ni Robert (que dirige el episodio) es Spike Jonze.

El capítulo, Mind’s Eye (6x14), se articula en torno a dos tramas (mitad mentales, mitad reales), por un lado, Louis Canning intentando sangrar económicamente a Lockhart, Florick y Agos, por otro, Alicia preparándose para una entrevista que le harán los editores de un poderoso periódico conservador de Chicago. Y en él vemos cómo las ideas de Alicia para salir bien parada de ambos envites, se enfrentan a los escenarios posibles, y van mutando, según se van topando con frenos e inconvenientes. Casi como si Alicia estuviera haciéndose un DAFO (debilidades, amenazas, fortalezas y oportunidades) a sí misma. Porque, no nos engañemos, ambas tramas no son más que una excusa para reflexionar sobre el punto vital en el que se encuentra Alicia Florick. All About Alicia. A una semana de las elecciones, cada día más apartada de la dirección de su bufete, deslizándose por la cuesta abajo moral que supone ascender por la escalera del poder, estamos ante una protagonista perdida en sí misma. De hecho, Alicia está tan perdida que el hecho de que su hija crea en aquello en lo que ella no puede creer, es un pilar al que agarrarse en la caída. Teniendo en cuenta todo esto, dedicar un capítulo entero a observar cómo intenta salir de sus propios laberintos es tan oportuno y fascinante.

Alicia con Will Gardner, o JFK, vete tú a saber

En realidad, Alicia no ha superado aún lo que pasó en Dramatics, your Honor (5x15). Posiblemente no lo supere jamás, a pesar de ese "Good Bye Will" que pronuncia al final del episodio. La figura de Will Gardner se mitifica a cada paso que damos. Básicamente porque su recuerdo no es un recuerdo real, es un recuerdo en potencia. La mera posibilidad de haber sido felices juntos. No el hecho palpable de que eran felices, porque incluso cuando estuvieron juntos, al inicio de la tercera temporada, su situación era tan precaria, que ni si quiera podemos hablar de que fueran felices. Entonces todo se reduce a ¿y si simplemente te hubiera amado? La reflexión sobre Gardner era pertinente, pero emplear a un actor que no era Josh Charles para recrear visualmente el encuentro en la cabeza de Alicia fue un error descomunal. ¿Tanto le costaba a Charles rodar un par de secuencias? ¿No se dieron cuenta de que la introducción de un doble tan cantoso rompía por completo el hechizo del capítulo? Porque en cierta forma, Mind’s Eye funciona como un trance. Te envuelve en su nebulosa de juegos mentales durante 43 minutos. Todo es tan real, todos los razonamientos de Alicia tan consecuentes con su forma de ser, y todos los escenarios que plantea tan verosímiles, que al final, aunque no sea de forma literal, sí que parece que estamos metidos en su cabeza. Que somos Alicia Florick. Este capítulo es la enésima demostración de que los King son unos de los autores con más personalidad y talento de la televisión (y que en CBS les permiten hacer lo que les venga en gana mientras no implique sexo y violencia), y de que The Good Wife es la mejor serie en emisión. 

martes, 25 de noviembre de 2014

¡No hagas bromas!

THE GOOD WIFE


La trampa reside en que no se puede salir del laberinto por donde se ha entrado






Spoilers hasta el 6x10 a gogó 
El pasado domingo CBS emitió la winter finale del mejor drama de la televisión actual, The Good Wife. Estos diez primeros capítulos de la sexta temporada de la serie del matrimonio King, han sido un caleidoscopio de la frustración. Tanto Alicia Florick como Cary Agos han estado estrellándose contra diversos muros todo el tiempo. La vida es lo que transcurre entre obstáculo y obstáculo, tanto si los saltamos como si nos damos de bruces contra ellos. Si hasta ahora, tanto uno como el otro no habían hecho más que medrar profesional y personalmente, quizás hayan llegado a un punto en el que progresar se paga caro. Tanto el crimen como la política (que cada vez más parece un subtipo de crimen) son demasiado peligrosos tanto moral como judicial o mediáticamente hablando. Cuánto más alto subes, más frío puedes llegar a sentir y más dura será la caída.

El proceso de Cary A.
"Alguien debió de haber calumniado a Josef K., porque sin haber hecho nada malo, una mañana fue detenido". Así empezaba El Proceso de Franz Kafka, la historia de un hombre que se ahoga en un mar de burocracia y poder gélido como el témpano. Y su eco resuena desde el arranque de la temporada hasta el plano final del décimo capítulo, The Trial (6x10). La historia de un hombre utilizado por actores más poderosos que él. Desde el capo de la droga hasta el FBI, pasando por la fiscalía. Culpable de un delito que no ha cometido, ¿no? Cuando en ese plano final Cary Agos asume su derrota y se declara culpable estamos ante la claudicación definitiva. El sistema ha ganado, los ciudadanos han perdido. Más allá del plano personal-sentimental, dónde Matt Czuchry hace un trabajo descomunal, sin levantar la voz, interiorizando esa frustración y esa resignación final, ese cansancio ante un proceso que lo va carcomiendo poco a poco. Más allá de eso, decíamos, este arco argumental es interesante por las múltiples lecturas político-sociales que puede tener. Por lo agrio que es su pesimismo y por lo inteligente y desafiante que es su discurso. No es un “la justicia es ciega”, es algo mucho más complejo. No es que el sistema judicial sea injusto, es que el sistema está moldeado por las estrategias de poder y lastrado por la burocracia, que puede llegar a ser delirante (véase la asistente de la condicional o cuando Cary sale medio kilómetro de Illinois). Nada es blanco o negro, por muy oscura que sea la espiral en la que se ve atrapado Cary. El poder actúa así, generando normas a la velocidad de la luz para enredarnos en nuestro desconocimiento de las mismas, hasta que llegamos a un punto en el que ya ni nosotros mismos recordamos que, efectivamente, nunca llegamos a hacer nada malo.

Banalpolitik
Vivimos en tiempos muy banales. Sobre todo en el terreno de la política. Mucha gente sostiene que este fenómeno tiene su explosión (sobre todo mediática) a raíz de las mamadas presidenciales de Lewinsky a Clinton en el Despacho Oval, en los inconscientes años 90. Lo que empezó entre saliva y pellejo ha germinado un alud de cargos públicos diciendo sandeces o lo que es peor, no diciendo nada en absoluto. La palabra o se ha transformado en exabrupto o se ha vaciado por completo. El resultado de todo ello es que nuestros cargos públicos no son capaces de decir nada que no sean eslóganes prefabricados aptos para todos los públicos, de escuchar y olvidar, consumibles en el periódico gratuito en el metro o entre broma telefónica y broma telefónica en los programas matinales de radio. En este terrible mundo nos estamos zambullendo por completo este año en The Good Wife. La campaña de Alicia Florick (Julianna Margulies en el 6x09 firma una de sus mejores interpretaciones) para convertirse en Fiscal del Estado está siendo un divertidísimo viaje a las cloacas de la nadería. 

Llegados ya al capítulo 10, ¿sabemos qué propone Alicia Florick, más allá de que quiere jugar limpio y no quiere una administración corrupta? No, y los ciudadanos que la van a votar tampoco. Y no lo sabemos porque no importa nada en absoluto. Vivimos en la sociedad del espectáculo. Show must go on. Lo importante es si Alicia es cristiana o si su rival (un fantástico David Hyde Pierce) es homosexual. Si su marido se acuesta con una vieja amiga (ouch, el 6x09, Sticky Content) o si su rival salta del Partido Republicano al Demócrata según le convenga. Un mundo en el que es más influyente Buzzfeed (los test de Buzzfeed >>> Nosotros, los mortales) que el NYTimes (léase esto mientras uno se imagina a Perez Hilton meando sobre un ejemplar de All President’s Men). La banalización global de la política, que ha pasado de ser un instrumento de cambio, de transformación, a ser un mero entretenimiento del circo mediático. Un entretenimiento que premia los golpes bajos: ver como Alicia y su rival se ven empujados (o quizás, no tanto) a echarse basura a la cara ha sido una de las pequeñas tramas redondas de lo que va de temporada. Y aún más, lo políticamente correcto. ¡No hagas bromas! Alicia, no seas graciosa, no seas ingeniosa, no seas mordaz, no seas interesante, sé un robot. Suelta promesas que no valen nada y eslóganes que no dicen nada. ¿Quién quiere votar por una persona inteligente, graciosa y que se cuestiona determinados comportamientos sociales o la vigencia de nuestros derechos? Nadie. Todo el mundo quiere votar a “la buena esposa”, el problema reside en que, como ya hemos dicho, Alicia Florick ya no es esa buena esposa. Sí, The Good Wife ha comenzado el curso consolidando su liderazgo en las ficciones en emisión. 

miércoles, 8 de octubre de 2014

La respuesta

THE GOOD WIFE


La pregunta
Spoilers a mansalva hasta el 6x03
La mejor serie que hay en antena se ha tomado 3 capítulos para llevar a su protagonista desde una pregunta incómoda a una respuesta lógica. Esa serie es The Good Wife. La pregunta era ¿por qué no te presentas a Fiscal del Estado de Illinois? La respuesta ha sido, con toda la coherencia narrativa del mundo, sí. Y todo ello es lo que hace que The Good Wife sea la mejor serie en antena (no digo viva porque Mad Men sigue siendo Mad Men). 3 capítulos en los que Michelle y Robert King hilando con calma el eje central, la respuesta, e imprimiendo a la narración de un ritmo vertiginoso. Como si para lograr las metas de la slow tv emplearan herramientas del thriller más desenfrenado. El mérito es aún mayor si tenemos en cuenta que para empujarnos hacia la pregunta que Eli (Alan Cumming, chispeante como siempre, ultra-teñido como nunca) le hizo a Alicia (Julianna Margulies es la actriz más convincente de la televisión) en el final de la quinta temporada, emplearon la mitad de la misma. El destino político de Alicia Florick nació el mismo día en que los King escribieron la muerte de Will Gardner (y el surgimiento de Finn Polmar). En mi post sobre la season finale escribí que The Good Wife había hablado en el tramo final de la temporada sobre cómo tras perder a un ser querido, y tras el shock inicial, avanzar es lo único que nos queda. Y eso está haciendo Alicia Florick. En el mundo sin Will, los King nos han contado que el destino de Alicia es progresar en su carrera profesional a través de la política. Hasta aquí la introducción de la temporada. Con la respuesta queda sellado el prólogo. Ahora es cuando empieza de verdad el libro.

Los nuevos Diane y Will
Desde que nació en Alicia y Cary la idea de montar un nuevo bufete gobernado por ambos, allá por la lejana temporada 4, ambos jugaban con la idea de ser “los nuevos Diane y Will”. Pues este arranque de temporada nos ha venido a decir que sí, que lo han logrado. Aunque no por las vías que ellos esperaban. Al usar la frase, al imprimir la idea cual dogma en sus cabezas, ellos se referían a la construcción de un bufete poderoso desde sus cimientos. Sin embargo, Cary ha llegado a Will a través de problemas legales y morales. A través de la atracción por el poder, para ser exactos. Y Alicia se ha convertido en Diane (no se puede tener más clase y señorío que Christine Baranski) a través de la ambición profesional dentro del mundo legal, y con la cuestión de género revoloteando por su cabeza. Si Will quería tener uno de los bufetes más poderosos de América, Cary se niega a que la llegada de Diane y los demás abogados de Lockhart & Gardner le quiten poder. Si Diane aspiraba a ser jueza de la Corte Suprema de Illinois, Alicia sueña, entre viajes psicotrópicos feministas, llegar a ser jueza del Tribunal Supremo de Estados Unidos. El futuro ya está aquí. Sin darse cuenta se han convertido en lo que aspiraban, aunque las consecuencias sean la persecución judicial o la guerra política.

El peso de Cary Agos y la temporada que nos espera
Muchos seguidores de The Good Wife llevábamos mucho tiempo reclamando que los King le dieran más peso a Cary. Matt Czuchry se lo había ganado. Y al final, cuando todos teníamos en mente un arranque de temporada completamente distinto, ha pasado. Si a lo largo de las últimas temporadas habían dotado a Agos de varias capas hasta convertirlo en un personaje muy interesante, ahora se ha producido la explosión del mismo. Su viacrucis judicial como víctima de una guerra de poder tanto política como ligada al narcotráfico, lo han dotado definitivamente de hondura. Hemos aprendido más sobre Cary en estos 3 episodios que en las 5 temporadas anteriores. Ha madurado ante nuestros ojos en estos 130 minutos de televisión. Y en el genial (y delirante) arbitraje religioso del 6x03, se nota. Si en el 5x22 era puro nervio y furia, ahora es un tipo reflexivo. 

Cómo mostrarlo todo sin enseñar nada

Además de cimentarlo como personaje fundamental de la serie, la, aún inconclusa, trama de Cary siendo perseguido (un arquetipo muy americano el del acusado injustamente) ha funcionado como dispositivo narrativo para resolver las 2 tramas que había dejado abiertas el final de la temporada anterior. Por un lado, ha facilitado la llegada de Diane y sus abogados y clientes a Florick & Agos, y ha permitido a los Kings contar de formas muy curiosas (flashbacks, multiperspectivismo, saltos en el tiempo, elipsis) dicho proceso. Y por otro lado, ha supuesto el empujón final para conducir a Alicia hacia su carrera política. La buena esposa siempre quiso presentarse a las elecciones, sólo necesitaba que las eficientes excusas para no hacerlo (aún estaba montando su propio bufete, no quería meterse en el barrizal político) fueran eclipsadas por motivos muy poderosos e ineludibles. Y estos fueron que el actual Fiscal del Estado es un villano sin ideales de manual, que además pretende destruirla, que el mundo, casi se podría decir que el destino, la empuja hacia ello, y que ha interiorizado el problema de la ausencia de mujeres en cargos de poder. La cuestión del empoderamiento de la mujer sobrevuela la serie desde su inicio, y ahora, que se sumerge en las sucias aguas de la política, es aún más interesante. Estas son las piezas, así está el tablero. Ahora empieza la temporada más política de The Good Wife.

La respuesta

martes, 20 de mayo de 2014

Cuando avanzar es lo único que nos queda

THE GOOD WIFE - Quinta Temporada


¿Qué?

Terminó este domingo en CBS la quinta temporada de The Good Wife, el drama legal (qué cortita le queda esta etiqueta en realidad) del matrimonio compuesto por Michelle y Robert King. Y con ese último capítulo, el frenético (hasta la taquicardia) A weird year (5x22), termina un año que más que raro fue sublime. Esta quinta temporada, ya terminada pero aún palpitante, ha supuesto la entrada de The Good Wife en el selecto grupo de las mejores series de la historia. Obviamente, in my opinion. Ya se sabe, ese dónde reposan, entre otras, The Wire, The Sopranos, Twin Peaks, The West Wing (sí, todas con T), Breaking Bad u otra que no ha terminado (pero a la que sólo le quedan 8 episodios y 1 año de vida), como Mad Men. Series para la historia. Esta entrega de la ficción centrada en Alicia Florick (Julianna Margulies, la actriz más completa y compleja de la televisión) ha sido una apología intensa, rotunda, redonda, del atrevimiento como motor creativo. Del salto sin red al vacío. Una y mil veces. Volar los esquemas preestablecidos las veces que haga falta. The Good Wife este año no ha revolucionado su status-quo interno una, ni dos, sino tres veces. Tres veces la serie ha abierto nuevos y complejos escenarios. Sólo por la osadía… Guau.

A partir de aquí, spoilers a cascoporro de toda la temporada
En Hitting the fan (5x05), los King destrozaron Lockhart-Gardner para partir la serie en dos bandos enfrentados, por un lado Diane (Christine Baranski tiene que ganar este año el Emmy, sublime es decir poco) y Will (Josh Charles fue pura garra) intentando devorar a sus crías, por otro, Alicia y Cary (Matt Czuchry ha estado fantástico) matando al padre con la construcción de su propio bufete, Florick-Agos. En Dramatics, Your Honor (5x15), nos asestaron un puñal en el corazón con la sorpresiva, irracional, caótica y demoledora muerte de Will. Dejando a Diane y a Alicia sumidas en las tinieblas. Congeladas en la fatalidad. En último lugar, en la season finale, dieron otros dos giros de calado a la historia. Por un lado, Diane tocando a la puerta de Florick-Agos, cansada de luchar y abocada a perder, frente a ese glorioso eje del mal compuesto por David Lee (Zach Grenier, siempre divertido) y Louis Canning (¡qué personaje tan viscoso en su maldad agresiva ha levantado Michael J. Fox!). Por otro, el que no se veía venir, o por lo menos yo no vi venir (aunque no puede ser más lógico, más orgánico), Alicia colgando del fundido a negro… otra vez (así terminó la finale de la season 4). Entre restos de lasaña quemada y nadando en la soledad del nido vacío, Eli Gold (¡qué bueno eres Alan Cumming!) suelta la bomba que ya anunciaban sus ojos - ¿Alicia? -Sí - ¿Te gustaría presentarte a Fiscal del Estado? Boom.

Tras una temporada amarga, gris oscura casi negra, triste, bañada en una implacable melancolía, lo que nos esperó al final del camino no fue reposo, fue frenesí. No fue estabilidad en las líneas maestras dibujadas tras el fallecimiento de Will y la lenta recuperación anímico-profesional de Alicia y Diane. Fue otro game change. Si en The Good Wife los juegos de poder siempre se practicaron tanto en el terreno del derecho (los bufetes) como en el de la política, el escenario que se abre ahora se entrega definitivamente al duopolio. Por ambición (y otras drogas) Alicia traicionó al hombre que amaba. ¿Cómo iba a conformarse con poner punto y final a su proceso de empoderamiento con la consolidación de Florick-Agos? Alicia es, como diría Woody Allen hablando de las relaciones sentimentales, como un tiburón, si no avanza constantemente muere, o en su caso se sume en un hondo letargo. El salto a la política es un paso lógico. Aún más teniendo en cuenta que en 2016 Hilary Clinton, la good wife primigenia puede convertirse en presidenta. Y no hablemos ya del placer de poder ver a Alicia y a Eli codo con codo remando en la misma dirección. Será profundo y será cómico. Vamos, como la serie en sí misma.

Justamente, el humor es un elemento muy importante, aunque no se le tenga demasiado en cuenta, para explicar el éxito de The Good Wife. Como ejemplo, esta season finale, con el juego entre pantallas, el Gran Hermano y las cámaras ocultas amenizando las encarnizadas luchas de poder. Muchos críticos al hablar de dramas políticos recientes como Boss o House of Cards, les achacan un exceso de solemnidad. Una solemnidad que llega a resultar asfixiante. No hay respiro para el espectador. Todo es denso. Todo es agrio. No hay en la vida nada más que aire viciado. Esa renuncia al humor como arma de evolución dramática y narrativa hace que el relato resulte más artificial. Nadie se pasa las 24 horas del día tenso. El humor forma parte de la vida, incluso en los momentos más terribles de la misma. Por eso en la depresión post-muerte de Will, en la miserable existencia de Alicia se colaba aquella serie de televisión que parecía una parodia de True Detective. Los King han entendido, como también lo ha hecho, por ejemplo, Game of Thrones, que salpicar su serie con humor no hace que sea menos densa dramáticamente. De hecho, todo lo contrario, porque suelen aprovechar las situaciones cómicas para lanzar dardos envenenados y poner a sus protagonistas ante conflictos complejos (en la finale el derecho o no a espiar conversaciones ajenas).

La mejor risa del mundo, sin duda

En el plano exterior esta temporada ha supuesto una defensa cerrada de que una serie no debe nunca acomodarse, sino avanzar, precipitarse irremediablemente hacia el final lógico para sus personajes, aunque eso implique volar muchos puentes, realizar muchos sacrificios, arriesgarse constantemente. Mientras que en el plano interior ha entrelazado un discurso idéntico a través de Alicia, Diane y Cary (cuantos enteros dramáticos ha ganado este personaje). En la vida hay, ante todo, que seguir avanzando, porque el mundo no se detiene… nunca. Ante la posibilidad de la fusión Cary se niega en redondo a aceptarla porque no está dispuesto a volver a atrás, a retroceder el camino que tan arduamente fue construyendo para sí mismo. Este Cary ya no es el mismo que el que estaba en Lockhart-Gardner. Ha crecido. Ha madurado. Y su ambición, sus necesidades, sus prioridades lo han hecho con él. No hay vuelta atrás. Mientras que Alicia y Diane, noqueadas tras la muerte de Will, varadas a la deriva, si rumbo ni dirección, sí se han permitido jugar con la posibilidad de que el mundo se parara, con la posibilidad de desandar lo andado, de enmendar los errores cometidos, de volver a empezar. Sin embargo, la realidad les ha ido enseñado que eso no es posible. No, volvamos a decirlo, no hay vuelta atrás. Cuando hemos perdido a alguien tan importante en nuestras vidas, de tal forma que las mismas quedan profundamente heridas, al final descubrimos que avanzar es lo único que nos queda. Por eso Diane ha decidido desprenderse de su criatura, de su bufete, que no era ya nada más que una rémora para ella y por eso Alicia se encuentra, fundido a negro mediante, ante la posibilidad de saltar al terreno de la política.

Un año raro. Un año sublime. Un año para ser recordado. Una temporada de una perfección y una osadía pocas veces vista. The Good Wife se ha hecho mayor. Ahora ya puede mirar a la cara a los grandes dramas televisivos y no tener miedo de parecer inferior. La ambición y la creatividad de los King no conocen límites... aún. El relato de la buena esposa cansada de ser buena y de ser una mera esposa no entiende de conformismos ni relajaciones, sólo de la narración audiovisual como arte capaz de contar historias que agitan las ideas y los sentimientos que uno tiene alojados en su interior.

Sí, he escrito mucho sobre The Good Wife este año, quizás demasiado. ¡Qué cojones! No, nunca es demasiado.

martes, 25 de marzo de 2014

Un golpe seco

THE GOOD WIFE


No entraba en mis planes volver a hablar de The Good Wife hasta el final de su quinta temporada. Claro, que yo no sabía que me iban a obligar a hacerlo. A partir de aquí, un mar de spoilers para hablar sobre lo que ha pasado en el 5x15.


Si con el memorable Hitting the fan (5x05), The Good Wife había mutado de forma para captar el mismo fondo, en este Dramatics, Your Honor (5x15), la serie del matrimonio King vuelve a estirar el formato, la clave estará en si tras tanto giro de calado acabará por romperse el juguete. Si la primera vez se había producido la ruptura entre Alicia-Cary y Will-Diane, ahora ha pasado algo de mayor profundida emocional y de carácter irreversible. Will Gardner ha muerto. Constantemente mueren personajes en las series, pero Will no era un personaje más, era el segundo personaje más importante de esta serie tras Alicia. Desaparecido él las dos tramas de fondo de adquirirán un rumbo nuevo. ¿Y cuáles son esas tramas? Por un lado el plano emocional de Alicia Florick, por otro su progresivo empoderamiento nadando en un mundo de tiburones. En ambas dimensiones Will era una pieza fundamental, por un lado encarnaba al amor insostenible y por otro al mentor convertido en rival, y que además estaba situado en el epicentro de la actual trama política (el amaño de las elecciones). Todo eso se ha ido. Ni Alicia ni su vida volverán a ser las mismas. Hemos sobrepasado ya el punto de no retorno, o nos mantenemos en el aire rumbo a nuestro destino o nos estrellamos nada más despegar, no hay más escenarios posibles.

Ayer tras acabar el capítulo todos nos hicimos, aturdidos, dolidos, la misma pregunta ¿Por qué? ¿Por qué ha muerto Will Gardner? Josh Charles les dijo hace un año a los King que quería dejar la serie. Hay veces que desde fuera no se pueden entender algunas decisiones personales que se toman. Me da rabia que Charles se vaya, pero tendrá sus motivos y al final trabajar en una serie no deja de ser eso, un trabajo, por muy relevante que sea la dimensión artística del mismo (que en este caso lo es, Will y The Good Wife es lo mejor que le ha pasado y que ha hecho en su carrera). Rodar una serie de 22 capítulos de 40 minutos por temporada no es fácil. Es una ardua tarea que consume una inmensa cantidad de tiempo vital. Dicho esto, surgen dos preguntas, ¿por qué lo han matado? y ¿por qué ha sido tan repentino? Si seguir o abandonar una serie es una decisión personal, decidir hacia donde conduces tu obra también lo es. En el comunicado que hicieron público Michelle y Robert King tras la emisión del capítulo hablan de como todo el mundo a lo largo de su vida experimenta la muerte de cerca y que querían abordar la cuestión en su serie, porque no creen que haya sido tratada suficientemente en televisión hasta el momento. Las creaciones artísticas son parte de sus autores y por eso están preñadas de sus ideas y sentimientos.

Contestada la primera pregunta, nos queda la segunda, por qué ha sido tan repentino, ¿tan a quemarropa? Porque la muerte muchas veces surge de esta forma, tan repentina, tan inconcebible segundos atrás. Antes de que el personaje interpretado por Hunter Parrish (ay Silas Botwin, con lo que yo te he querido…) le disparara, Will bromeaba distendidamente con el juez y el fiscal. ¡Qué jodida es esta vida nuestra, qué jodida y qué endeble! De todas las cosas que oí y pensé en el peor día de mi vida hay una frase que me dijo mi tía que me quedó marcada en la cabeza “siempre creemos que estas cosas sólo le pasan a los demás”. Es verdad, sabes que las cosas malas ocurren, pero sorprendentemente nunca esperas que te ocurran a ti, nunca está uno preparado para estos golpes… secos. La muerte de Will Gardner puede parecer a primera vista un acontecimiento narrativo artificial, nada orgánico, y sin embargo… ¡qué real es, qué palpable! Al final la vida no es más que un cúmulo de coincidencias que se agolpan unas sobre otras. En palabras del matrimonio King "es terrorífico como un perfecto día normal y soleado puede de repente explotar por una tragedia". Pudieron construir la marcha de Josh Charles de la serie de otra forma, y sin embargo, lo hicieron así, con esta rotundidad gélida. Cuando digo que la muerte fue repentina no quiero decir que fue improvisada. No es normal en The Good Wife que un caso quede en el aire, suspendido y proyectado hacia un futuro incierto. Por eso el caso que protagonizó Hunter Parrish en The next week (5x07) (por cierto vaya manejo de la duda) resultaba tan extraño. Esa falta de cierre en una serie que se caracteriza por atar todas las tramas y a todos los personajes tan bien en el relato central sí que resultaba abiertamente artificial. Sembraron la trama, crearon la identificación y la cercanía personal entre asesino y víctima, y en el momento adecuado, cuando Will y Alicia habían terminado la guerra tras el Hitting the fan, echaron la bomba. Ahora sí, trama cerrada.


Para saber si el salto mortal que ha dado la serie será un éxito habrá que ver los próximos capítulos, habrá que ver de qué forma tratan la muerte, la hondura con la que nos presenten el tema. Pero sobre todo habrá que ver hacia donde gira el relato, hacia dónde va Alicia Florick, ahora que todo ha cambiado para siempre. Habrá que ver como encajan el golpe Diane y Kalinda y el crecimiento de Cary tras ser elevado a personaje masculino con más peso de la serie. Y sobre todo tendremos que observar si una nueva Alicia puede dinamitar la calma chicha en la que se encontraba en su plano emocional y cómo la trama política cada vez más sucia evolucionará a partir de ahora… cabe esperar que poder y sentimientos se fundan aún más entre ellos. ¡Qué golpe más seco! Y cuántas nuevas posibilidades nos abre… The Good Wife, la serie que no se cansa de crecer.

miércoles, 12 de marzo de 2014

Oír y escuchar

THE GOOD WIFE


No es el botox, es el vértigo a la caída

Puede haber algún que otro spoiler hasta el 5x13
Tras un largo parón de invierno (que quizás no fue tan largo, pero que se nos hizo eterno) ha vuelto The Good Wife, esa serie que iba sobre una buena esposa, madre y abogada, y que ahora va sobre cómo de bien esa misma señora se mueve por el fango de las corruptelas, las traiciones y los embustes. Lo ha hecho con un capítulo, Parallel Construction, bitches (5x13), centrado fundamentalmente en colocar las fichas sobre el tablero en el que los protagonistas se jugarán su futuro en el tramo final de la temporada. Para seguir con las comparaciones con Game of Thrones que se iniciaron con Hitting the fan (5x05), la famosa Boda Roja de TGW, podríamos decir que en el juego de poder de Chicago, you win or you die. Y que Alicia, Cary, Will, Diane y el resto de personajes van a tener que prepararse pronto para una serie de batallas previsiblemente cruentas. Si en la primera parte de la temporada teníamos que elegir entre #teamLockhartGardner y #teamFlorickAmos, en esta segunda que comienza ahora se caracterizará por ser un sálvese quien pueda.

La relevancia del capítulo de cara a introducirnos en la recta final de la temporada se ha notado en lo poco cuidado que ha estado el caso. Es más, diría que en 5 años de serie ha sido uno de los más flojos, una mera excusa, algo a lo que Michelle y Robert King no nos tienen acostumbrados, sí, lo importante son las tramas de fondo, pero los casos siempre resultan interesantes. Pero esta vez no, de hecho el caso se presenta y desarrolla en cuatro pinceladas, y se finiquita en una y media. Lemond Bishop y sus drogas se emplean solo como el detonante para que lo que ha estado de fondo durante mucho tiempo salte al primer plano narrativo de la serie: las escuchas de la NSA. Y justo aquí era dónde yo, que amo al matrimonio King como sólo un devoto convencido puede hacer, también quería llegar.

Estamos bastante acostumbrados a que el audiovisual americano ponga su foco de atención, y a veces incluso también su bisturí, sobre la CIA y el FBI. Son las dos agencias del entramado de seguridad americano que conocemos desde siempre. Sin embargo, en los Estados Unidos post 11-S, la NSA (National Security Agency) ha adquirido un papel fundamental como el ojo que todo lo ve y sobre todo como el oído que todo lo escucha. Las democracias europeas post II Guerra Mundial se cimentaron sobre la libertad y la igualdad, manteniendo ambas un complicado equilibrio. Mientras que en Estados Unidos su democracia siempre ha pivotado en torno a la libertad del individuo (de ahí por ejemplo la oposición a las reformas sanitarias). Creen que son la tierra de la libertad y que por ello su presidente es “el líder del mundo libre” (en Scandal lo dicen 5 veces por episodio, y cada vez resulta más desternillante). Por todo esto, que el gobierno escuche a sus ciudadanos valiéndose muchas veces del embuste y las tropelías tiene una gran relevancia ideológica en el país, ya que pone en tela de juicio al propio sistema democrático estadounidense. De ahí que la trama de la NSA en The Good Wife sea tan relevante.

La serie de los King siempre se ha caracterizado por estar al pie del cañón, pegada a la actualidad de su país y del mundo como ninguna otra. Buceando por las aguas de la corrupción con bastante osadía y explorando los límites del sistema judicial americano hasta sus últimas consecuencias. Pero la trama de la NSA eleva la apuesta sociopolítica de la serie. La NSA distorsiona sus propias reglas y cede información a otras agencias del gobierno aunque esto supere su radio de actuación legítimo. Así nace la construcción paralela, bitches, o cómo agencias como la DEA construyen vías de investigación artificiales en las que vierten la (a priori confidencial) información conseguida vía NSA sin revelar la actuación de la misma, salvaguardando las escuchas. La coartada de la seguridad nacional frente al terrorismo globalizado ha devenido en una monstruosa organización destinada a controlar a sus ciudadanos. El conflicto entre seguridad y libertad que ha presidido la política americana de la última década está próximo a saltar por los aires, el caso Snowden sólo fue un primer aviso.

La valentía de la serie al presentar los peligros derivados de las actuaciones muchas veces arbitrarias de la NSA es digna de ser aplaudida. The Good Wife no es un producto independiente, una pequeña película financiada con un par de millones de dólares. Es una serie de network que se emite en el prime-time de los domingos. Pero más allá de la valentía a la hora de abordar este problema, voy a destacar otras dos cosas. En primer lugar, la gama de grises en la que siempre se mueve la serie se traslada también a esta cuestión. No nos encontramos con un discurso de “pobre Alicia por ser escuchada, es una víctima inocente que sobrevive en medio de la podredumbre que la rodea”, no, Alicia no es inocente, no es una víctima, lo fue en algún momento, al inicio de esta aventura  que es The Good Wife, pero ya no. Que las triquiñuelas de la NSA vulneren la libertad de los ciudadanos no excusa a esos mismos ciudadanos de los crímenes cometidos. "Pobre Alicia, está siendo espiada a través de una distorsión de la legalidad", sí, pero no es una víctima inocente, ella sabe que durante las elecciones que ganó su marido hubo cambiazo de urna. Llegamos a un punto en el que los grises son cada vez más oscuros, y en lugar de hablar de buenos y malos, víctimas y verdugos, la serie presenta a una serie de actores intercambiándose golpes en un juego de poder, en un juego de tronos.

La trama espejo

La otra cuestión que me fascina de esta trama de la NSA es de características meramente narrativas, de mecanismo de guion. Dicha trama podría haberse presentado en la serie de forma solemne, con esa gravedad que maneja por ejemplo House of Cards, sin embargo los King la implantan en la narración tirando de comedia. El manejo del humor y la ironía siempre ha sido uno de los fuertes de The Good Wife, y aquí lo demuestran una vez más. Vemos el devenir de las escuchas de la NSA a través de los ojos y oídos de dos analistas de la NSA que tras meses de escuchas, observan a los personajes que por ellas pululan como si de personajes de ficción se trataran, preocupándose por sus vidas, sobre todo por la de Alicia.

Por un lado la trama es un El Show de Truman en los USA post 11-S, incidiendo una vez más en la cuestión de la libertad del ciudadano. Y por otro lado, la serie logra incluirnos a nosotros, los espectadores, en la propia trama. Estos dos analistas freaks y alocados somos nosotros, eso espectadores que llevamos 5 años viendo como Alicia Florick se zambulle en esa espiral de mierda que es la lucha de poder en la eternamente mafiosa Chicago. El asunto torna tan meta que parece escrito por el Dan Harmon más inspirado (Troy and Abed in the Government). Pero no, son los King los que están detrás de este ingenioso (hasta el aplauso) mecanismo de narración, que ayuda a descongestionar una serie que se precipita hacia una negrura cada vez más asfixiante. Sí, The Good Wife sigue siendo la serie con los guiones más punzantes y medidos de la televisión. Una barbaridad, una maravillosa obra televisiva. Gracias por volver a nuestras vidas.