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jueves, 23 de abril de 2020

La amenaza fascista

THE PLOT AGAINST AMERICA



Durante las últimas seis semanas, HBO ha emitido o, más bien, teniendo en cuenta que vivimos en la era del streaming, "ha puesto a disposición de sus clientes" (esa frase tan prefabricada y tan preñada de neoliberalismo) la última ficción de uno de los mayores enemigos de este último, David Simon, que junto a Ed Burns, su socio en The Wire y Generation Kill, ha adaptado en formato audiovisual la soberbia novela de Philip Roth, The Plot Against America. Tanto la novela como la serie, una adaptación absolutamente fiel de la primera, están ambientadas en unos Estados Unidos que aún seguían abogando por el aislacionismo y que se resistían a entrar en la II Guerra Mundial y... que no entraron en la misma. En este contexto ucrónico, una familia judía de New Jersey irá experimentando en sus propias carnes cómo el nacionalismo y el odio al diferente pueden corromper a todo un país

La miniserie, compuesta por seis episodios de una hora de duración, va analizando cómo el fascismo se infiltra en la sociedad y lo emponzoña todo. Las relaciones familiares, laborales, comunitarias y, por supuesto, políticas. Absolutamente todo nuestro mundo de la vida pasa a estar condicionado por la amenaza fascista, por sus modos de proceder, al principio sibilinos, luego directamente violentos. Así, cada episodio se vuelve más opresivo y aterrador que el anterior. Analizar la gangrena poniendo el foco de atención en una familia de clase media-baja, en su día a día, en la cotidianidad en tiempos en absolutos cotidianos es, precisamente, lo que permite que la obra se sienta tan cercana, tan plausible. Podría ser nuestra familia. Podríamos ser nosotros.

Roth publicó la novela en el 2004, tres años después del 11-S, en unos Estados Unidos embarcados en una war on terror global, que devastó países, estigmatizó a los musulmanes y sirvió de coartada para la deriva autoritaria del neoliberalismo durante la Administración Bush, con la Patriot Act recortando derechos y libertades en nombre de la seguridad nacional. Su adaptación audiovisual llega, también, en el último año del primer mandato de un presidente republicano, Donald Trump, cuyas políticas, apoyadas desde el nacionalismo de derechas, han puesto en el punto de mira a los inmigrantes y a las potencias exteriores, como culpables de que Estados Unidos dejara de ser grande. No pocas personas han criticado a David Simon y Ed Burns por construir, en The Plot Against America, una metáfora demasiado obvia y demasiado partidista sobre el trumpismo. Sin embargo, no hay nada en la miniserie que no estuviera en la novela de Philip Roth. El discurso contra la alt-right nacionalista no está en la serie, sino en la propia opinión pública de las democracias occidentales. La serie no nos habla del presente, sino que nos invita a reflexionar sobre el mismo, sobre la deriva de nuestras sociedades. Precisamente la idea de deriva moral, ética, social, política, es uno de los motores discursivos de la obra y lo que hace que se vaya volviendo cada vez más oscura, sin embargo, The Plot Against America es, sorprendentemente, la obra más optimista de Simon. 


En su díptico sobre Baltimore (The Corner, The Wire) nos mostraba cómo era imperativo combatir algunos de los postulados hegemónicos de nuestro sistema social, político y económico, pero que lo único a lo que podíamos aspirar era a lograr pequeñas victorias, que funcionaban como cuidados paliativos para un sistema de muerte. En Treme, más luminosa pero también más trágica, sucedía otro tanto de lo mismo. Las comunidades, golpeadas una y otra vez por los efectos del neoliberalismo combatían diariamente por sobrevivir. En Show me a hero, un modesto plan de des-ghettificación urbana se llevaba por delante a la clase política local y evidenciaba algunas de las heridas más sangrantes del país: el racismo, el clasismo... No había en ninguna de ellas demasiada esperanza en la capacidad de transformar el sistema de forma significativa. El juego siempre estaba amañado. Sin embargo, The Plot Against America muestra más confianza en el sistema y en su capacidad de proteger a la ciudadanía frente a la barbarie. Quizás porque en las anteriores ficciones de Simon el enemigo era el neoliberalismo depredador, mientras que en esta serie el enemigo es el fascismo. En las primeras había que combatir contra el sistema, en la última hay que protegerlo. La democracia liberal, cada vez más porosa al poder y con menos capacidad de redistribuir la riqueza está podrida pero siempre será mejor que un estado fascista. En The Wire o Treme nos encontrábamos en un estadio socioeconómico malo pero The Plot Against America nos recuerda que podemos estar en uno aún peor. Casi como si Simon y Burns hicieran suyo el chiste del pesimista y el optimista. El pesimista dice "no podemos estar peor" y el optimista le replica "sí, claro que podemos". Por eso, en su última ficción parece que los autores, Roth mediante, nos vienen a decir que sí, el neoliberalismo sigue siendo tan nocivo como lo era hace 20 años pero no debemos olvidarnos de que el fascismo es aún peor. El primero deteriora nuestro mundo de la vida pero el segundo es, en sí mismo, una negación de la vida, un elogio de la muerte.

martes, 30 de junio de 2015

Las noches de verano en HBO


A lo largo de este mes ha terminado la temporada televisiva 14-15 y arrancando la nueva temporada 15-16. Netflix ha estrenado la tercera entrega de Orange is the new black y la primera de Sense8, AMC ha lanzado el regreso de Halt and catch fire y el estreno de Humans,  NBC ha recuperado Hannibal para decirnos que la matará al terminar este curso. Y en HBO se han despedido hasta el año que viene Game of Thrones (su actual buque insignia), Veep y Silicon Valley. El espacio dejado en la parrilla por estas tres ficciones lo han venido a cubrir la segunda temporada de True Detective y dos nuevas comedias, The Brink y Ballers. La recepción crítica ha sido tibia, por no decir decepcionante, algo a lo que no está muy acostumbrada HBO. En Metacritic, una web que recoge las principales críticas de Estados Unidos y elabora un ránking a partir de las mismas, Ballers cosecha un 65 sobre 10, True Detective un 63 y The Brink un pobre 51. Para poner estas puntuaciones en contexto, debemos señalar que las tres series de primavera de HBO lograron 91 (Game of Thrones), 90 (Veep) y 86 (Silicon Valley) puntos. Estamos hablando de una caída de 30 puntos de un estación a otra. Teniendo en cuenta ese dato vamos a hacer un repaso a estas tres ficciones, tras la emisión de los dos primeros capítulos de cada una de ellas.

Ballers
Cuando vemos una serie nueva tendemos a compararla con productos anteriores, sobre todo de cara a presentársela a los demás. De Ballers se ha dicho que es una mezcla entre Ray Donovan y Entourage. Esta comedia (nada graciosa, en mi opinión) sigue a un ex-jugador de fútbol americano, interpretado por Dwayne 'The Rock' Johnson, que se dedica a asesorar a jugadores en activo. Su trabajo nos recuerda al drama de Showtime pero su protagonista y la relación que tiene con sus clientes pretende ir por la línea de la antigua comedia de HBO. A mí, que Ray Donovan no ha terminado de engancharme, y que no he visto Entourage entera, Ballers no me está interesando lo más mínimo. No creo que sea mala, ni siquiera fallida, creo que es una serie menor, sin pretensiones, que no destaca en nada. Un pan sin sal.

The Brink
Dado el éxito de crítica y premios de Veep (no así de audiencias), parecía lógico que HBO apostara por producir otra comedia negra ambientada en el mundo de la política (que además está en alza televisivamente hablando). Sin embargo, más allá del género, The Brink no se parece en nada a su predecesora. De hecho, no le llega ni a la suela de los zapatos. La serie narra cómo se produce un golpe de estado en Pakistán (uno de los países con bomba nuclear más inestables del mundo) y las consecuencias que ello conlleva. La historia está contada desde tres puntos de vista, el del secretario de Estado de USA (Tim Robbins, lo mejor de la función), el de un funcionario de bajo nivel de dicho departamento en el país (Jack Black haciendo de sí mismo) y el de un militar americano destinado en la zona (Pablo Schreiber). Mientras la trama política en Washington tiene algún momento inspirado (los rifirrafes entre el secretario de Estado y el Veep), las otras dos resultan rotundamente fallidas. Yo no soy el público objetivo de Ballers, no me interesa el fútbol americano, los agentes deportivos o el humor de bros. Pero sí debería ser el público objetivo de The Brink. Me encantan las sátiras y consumo prácticamente cualquier contenido audiovisual ambientado en el mundo de la política. De hecho tengo el listón tan bajo que aún sigo viendo ese delirio llamado Tyrant, otra de las series del verano. Sin embargo, The Brink me ha dejado frío. Pretende ser graciosa, ácida e inteligente y no lo logra. Le daré margen pero tiene que mejorar demasiado.

True Detective II


Ha vuelto la serie de Nic Pizzolatto 15 meses después de haber finalizado su primer relato, aquella caza del asesino en serie a través de las décadas en una Louisiana tenebrosa. Este año Pizzolato, sin la dirección de Cary Fukunaga, se adentra en las entrañas de la corrupción urbanística en una California podrida de cemento. Los protagonistas son tres agente de la ley (Colin Farrell, Rachel McAdams y Taylor Kitsch) y un mafioso local (Vince Vaughn). La historia pivota en torno al asesinato de un socio del segundo y las ramificaciones del mismo. Tras sólo dos episodios es difícil valorar la temporada pero a mí me está gustando. Es cierto que tanto a nivel formal como interpretativo la serie es inferior a su primera temporada. Pero ello no quiere decir que Justin Lin (que no se encargará de la puesta en escena de todos los capítulos) no haya dirigido bien los dos primeros episodios (la secuencia final del 2x02 es magnífica) ni que los actores no estén haciendo un buen trabajo. Simplemente el listón estaba demasiado alto. Lin no tiene la capacidad de generar atmósfera e imágenes poderosas de Fukunaga, mientras que Farrell y compañía no tienen la presencia de McConaughey y Harrelson. Así las cosas, este año la serie se lo jugará todo a su historia, a su guion. Liberado (o más bien desnudado) del hechizo formal de Fukunaga y la densidad que le imprimían a los personajes McConaughey y Harrelson, Nic Pizzolatto tendrá que demostrar que es el gran escritor noir que nos hizo creer que era. Todo o nada. Pizzolatto ha decidido ofrecer una serie más desnuda, más puramente narrativa, y tendremos que ver si la apuesta le ha salido bien. Por ahora, he aquí un espectador satisfecho.

martes, 14 de enero de 2014

Tiempos de persecución

TRUE DETECTIVE



Tras meses de espera (y hype) HBO por fin ha estrenado True Detective, una de sus apuestas más ambiciosas de los últimos años. Un policíaco sub sección caza al asesino, que tendrá (si es renovado) una estructura a lo American Horror Story, narrando cada temporada un caso diferente protagonizado por actores también diferentes, ofreciendo así al espectador historias cerradas de antemano, garantizando que no le harán en la season finale un Veena Sud en The Killing (entiéndase giros tróspidos para alargar el misterio innecesariamente). Curiosamente, su creador y showrunner, Nic Pizzolatto, proviene de esa serie, lo cual se nota en dos de los pilares de esta nueva serie: la atmósfera y la compleja relación entre los dos detectives protagonistas, interpretados (muy muy bien) por Matthew McConaughey y Woody Harrelson.

Teniendo en cuenta que el caso discurre a lo largo de dos décadas, y a priori parece que será bastante complejo, el otro gran anclaje que muestra True Detective en su primer capítulo es la valiente apuesta por una compleja estructura narrativa. Estamos acostumbrados a los flash-backs y a los flash-forwards en televisión (Lost y Damages los convirtieron en señas de identidad), pero no a una secuenciación temporal tan caótica e indeleble. Normalmente cuando en los productos televisivos juegan con el tiempo marcan mucho los saltos para garantizar que el espectador no se pierda. En cambio, en True Detective la sucesión de secuencias no sigue ninguna linealidad, no hay una línea temporal principal clara y saltos hacia el futuro o el pasado. A nivel macro el capítulo se mueve entre el año 95 y el año 2012 (muy bueno el trabajo de peluquería y maquillaje), sin embargo dentro del propio año 95 la serie va dando saltos hacia delante y hacia atrás, jugando con la narración de los hechos que los dos protagonistas van haciendo desde el año 2012. Una presentación de las coordenadas temporales muy compleja, quizás las más compleja que recuerdo haber visto en televisión (otra paso más en la aproximación la narración televisiva a la cinematográfica). Y sin embargo logran ser sutiles y a la vez muy claros, gracias a un guion muy trabajado, a unos actores en estado de gracia y a una labor de dirección impecable.

Dirige este primer capítulo, y en realidad toda la temporada (lo cual es muy poco usual), Cary Fukunaga, director de la mexicana Sin nombre (2009) y la adaptación de Jane Eyre que en 2011 protagonizaron por Mia Wasikowska y Michael Fassbender, confirmando lo que ya apuntaba en aquellas películas, la plasticidad de sus imágenes y la relevancia visual y narrativa del paisaje. Aún siendo una primera toma de contacto las sensaciones que deja True Detective no podrían ser mejores: una serie cuidada, escrita con mucha inteligencia, sostenida sobre las espaldas de dos actores en el mejor momento de su carrera, dotada de mucha personalidad y con un los suficientes mimbres para desarrollar ya no un caso complejo e interesante, sino sobre todo para explorar el lado más oscuro de la mente humana, quizás más en la línea de la insana Hannibal que en la de la analítica y sociológica Bron/Broen.