Mostrando entradas con la etiqueta Eva Green. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Eva Green. Mostrar todas las entradas

miércoles, 1 de octubre de 2014

Persiguiendo a un fantasma

WHITE BIRD IN A BLIZZARD


Shailene haciendo un Sharon Stone 2.0

De los realizadores que nacieron al calor de esa corriente del cine indie americano que se dio por llamar New Queer Cinema, dos son los que han trascendido y han dejado atrás aquellos años primigenios de cine de guerrilla para expandir sus universos cinematográficos. Hablamos de Gus Van Sant y Todd Haynes. Desde Mala Noche y Poison, respectivamente, han virado hacia el drama experimental (y el cine comercial) uno, y una especie de revisión del melodrama el otro. Al contrario que ellos, el otro gran autor del New Queer Cinema que surgió a finales de los 80 y principios de los 90, se ha mantenido fiel a las reglas y mundos de la corriente. Hablamos de Gregg Araki, que este año estrena White Bird in a Blizzard, adaptación de una novela de Laura Kasischke, protagonizada por una de las actrices del momento, Shailene Woodley


Cuatro años han pasado desde que estrenara su último film, Kaboom, un torrente de energía, que se volvía más fascinante cuanto más degeneraba su trama. Un compendio de su mundo rodado a la velocidad de la luz que funcionaba por mera acumulación. Más atrás en el tiempo, exactamente una década, queda Mysterious Skin, su obra maestra, un drama social y psicológico disfrazado de sci-fi. Una película hipnótica de principio a fin, preñada de una especia de oscuro realismo mágico que la hacía especial. Lejos del realismo, Araki hablaba de la pederastia desde el género. Mezclando realidad y sueño para construir una pesadilla. White Bird in a Blizzard es una mezcla descompensada de ambos filmes. Por un lado pretende trascender, ser un drama psicológico sobre la maternidad como trauma vital. Por el otro lado, se deja gobernar por las explosiones de hedonismo propias del Araki más desenfadado, construyendo a la madre que de pronto un día desaparece (una soberbia Eva Green), más como una caricatura que como un personaje real. 



Así, la película no termina nunca por decantarse entre el drama adolescente, el familiar o el thriller. Mientras que en Mysterious Skin el misterio era palpable y todas las tramas caminaban hacia su resolución, en White Bird in a Blizzard Araki se olvida de él hasta el tercio final del film. El resultado es que ha dado a luz una historia que en lugar de discurrir va dando tumbos, tan perdida en sí misma como su protagonista (Woodley, es una intérprete valiente). No ayudan a crear una atmósfera insana unos secundarios que no están a la altura (sobre todo Meloni interpretando al padre) y unas secuencias oníricas rodadas con desgana. Si en Mysterious Skin las ensoñaciones con el pasado funcionaban a la perfección porque eran turbias y emocionalmente potentes, aquí naufragan. No es capaz de establecer Araki una conexión entre la protagonista y el espectador. Llegados a la recta final nos da igual qué pasó con la madre y hacia dónde irá la vida de esa adolescente convertida en adulta. Estamos ante una película fría que debía quemarnos las entrañas. Los flashbacks protagonizados por la madre y contados como si de un cuento de hadas (deformado, malsano) se tratara funcionan, pero el presente narrativo no acaba de hacerlo. Woodley intenta construir un cuadro general de su tormentosa madre y logra pintarlo más gracias a sus recuerdos que a sus pesquisas. No es una mala película, al verla uno respira el cine de Gregg Araki, pero sí es una pequeña decepción, pudo haber creado otra obra maestra y sin embargo ha dirigido una cinta que a ratos captura tu atención haciéndote olvidar el mundo exterior, pero que otras veces es simplemente fallida. Aún así, es un placer ver que el último superviviente del New Queer Cinema sigue empeñado en no cambiar.

martes, 1 de julio de 2014

Eva Green que estás en los infiernos...

PENNY DREADFUL - Primera Temporada


El pasado duele

Una de mis películas favoritas españolas es un drama intimista que dirigió Pilar Miró en 1981, cuya protagonista absoluta es Mercedes Sampietro en el papel de una periodista perdida en la soledad. La película tiene el maravilloso (por no decir milagroso) título de Gary Cooper, que estás en los cielos... Recuerdo que la cacé ya hace mucho tiempo una noche en La 2 (¿dónde si no?). Y a partir de ahí me obsesioné tanto con ella como la protagonista con Gary Cooper. O como el personaje principal de Penny Dreadful, Mrs. Ives, con los demonios exteriores… e interiores. Este domingo, a la vez que HBO lanzaba su estreno del verano, The Leftovers, Showtime, la otra gran cadena de cable premium, ponía punto y final a la primera temporada de su nueva ficción primaveral, el drama gótico Penny Dreadful, creado y escrito por el guionista John Logan.

La propuesta de Logan se cimenta en mezclar la tradición de los relatos terroríficos de cuestionable calidad con las grandes obras literarias inglesas del S.XIX de corte fantástico. Poner a bailar a hombres lobos con Dorian Gray. El reto de Penny Dreadful era hacer un producto con una esencia de serie B, pero rodado con la elegancia de un drama de qualité. Y lo logra. Más allá de si uno compra o no compra el relato fantástico (y fantasmagórico) que la serie presenta, la apuesta formal es formidable. Desde los dos primeros capítulos, dirigidos por J.A. Bayona, la serie ha tenido un empaque visual espectacular. Hermosamente lúgubre. De una belleza lánguida, como la de su protagonista, Eva Green. Este drama victoriano no nos ha descubierto nada que muchos ya supiéramos desde hace 10 años, pero aún así, guau Eva Green, guau.

En el año 2003, Bernardo Bertolucci, uno de los cineastas europeos vivos más relevantes, estrenó The Dreamers, una historia ambientada en el 68 parisino, que giraba en torno a tres temas: el cine, la política y el sexo. Y que tenía a su vez tres protagonistas, los desconocidos hasta ese momento Louis Garrel, Michael Pitt y Eva Green. Como es, no sólo una de mis películas favoritas, sino también una de las películas de mi vida, he arrastrado durante todo este tiempo mi amor por ellos. Sobre todo por Green. Recuerdo las primeras veces que vi la película siendo un adolescente que cuando ella estaba en el plano, no había nada más, era turbadoramente deslumbrante. Esa luminosidad juvenil ha dejado paso a un halo de misterio que impone. Impone mucho. Por eso mismo, Penny Dreadful le ha llegado a Eva Green en el momento adecuado de su carrera. Ya tiene la entidad dramática necesaria como para afrontar a Mrs. Ives, o más que a Mrs. Ives a los múltiples monstruos que la habitan. Así, la serie es ante todo el show de Eva Green, la mayor exhibición interpretativa de una actriz en la televisión actual (sólo superada por las Maslany de Orphan Black). Muy fácilmente se podría haber estrellado en todas las secuencias de posesión que tiene, que no son pocas precisamente, incluido el 1x07, un episodio totalmente poseído, y oh, milagro, no sólo no lo hace, sino que se recrea en su éxito, en su osadía. Penny Dreadful es ante todo un salto interpretativo sin red, un papel de esos que marcan una carrera, de esos que agotan a un actor, que necesitan que este ponga todas las cartas sobre la mesa. Sólo por disfrutar de la fragilidad y la fiereza, la rabia, el derroche, que imprime a su Mrs. Ives, vale la pena la serie. No hacía falta nada más.

El retrato de Dorian Gray

Pero siendo justos, y aunque lo mejor de la ficción de Showtime sea Eva Green, en Penny Dreadful hay muchas más cosas. Un mundo interesante, un grupo de hombres asediados por sus errores pasados (que se lo digan al Dr. Frankenstein que interpreta Harry Treadaway), unas secuencias de acción sucias, y una viscosa sensación de que el mal está en todas partes y en todas las personas. Me gusta especialmente ese dibujo que hace de la sociedad victoriana como una sociedad enferma, truculenta, desde las apuestas de perros que asesinan a ratas (¡vaya secuencia!) hasta el tratamiento de las relaciones sexuales, violentas, asépticas, inhumanas. Como si el sexo fuera un hechizo. Cuestión que se ve muy bien en la secuencia de música y absenta en la casa de Dorian Grey (Reeve Carney, no tiene el magnetismo necesario) en el 1x04.

También es importante señalar que Penny Dreadful crece cuando tira de flashbacks o de posesiones. Cuando juega a ser más sueño que realidad. Por eso el mejor capítulo es el 5, Closer than sisters, que nos explica quiénes son Mrs. Ives y Sir. Malcolm (Timothy Dalton cumple), por qué buscan a la hija de éste y como han llegado hasta el punto en el que arranca el relato. Y también por eso todo lo que rodea a La Criatura (Rory Kinnear, irreconocible) es tan fascinante, porque tiene ese halo de ciencia ficción clásico, de cuento gótico, de miedo y maravilla. Sin embargo, han sabido dotar de complejidad a aquellos sectores de la ficción menos fantásticos, sobre todo al Ethan Chandler de Josh Hartnett (no será el mejor actor del mundo, pero este personaje lo clava), un pistolero de poca monta que podría haber quedado en mero esbozo y que sin embargo es un personaje atormentado muy interesante. A modo de conclusión, aunque la season finale la noté un poco falta de energía, de fuerza, de impacto, el balance final es muy positivo. Siendo sinceros no me esperaba nada de esta serie y sin embargo ha demostrado ser una ficción consistente, a veces incluso hipnótica. Con los personajes y las reglas de juego ya planteadas, su segunda temporada puede ser aún más interesante.

martes, 6 de mayo de 2014

Penny Dreadful y el rumbo de Showtime

Eva Green, aunque tú no lo sepas,
te amo desde que vi Soñadores siendo un teenager

La semana pasada Showtime puso a disposición de los espectadores el primer capítulo de su nueva serie, Penny Dreadful, siguiendo con una estrategia (la de filtrar semanas antes de emitir sus premieres) que ellos creen que les ha dado, y les sigue dando, muy buenos resultados porque genera ruido en las redes sociales antes del inicio de las temporadas de sus ficciones. Penny Dreadful será la última serie nueva que estrene en la temporada 2013-2014 la otra gran cadena americana de cable Premium (cuán duro es vivir a la sombra de HBO). Antes vieron la luz Ray Donovan en el verano pasado y Masters of Sex en la época más prolífica del año, el competitivo otoño. Estos tres dramas vienen a consolidar el viaje que ha emprendido el canal en los últimos años desde la dramedia como seña de identidad (Weeds, Tara The Big C…) hacia el drama de 50 minutos.  Que el estreno de Penny Dreadful vaya a coincidir con el final de Californication será la imagen perfecta de cambio de ciclo. Aunque Showtime siga teniendo dramedias (Episodes, House of lies y Nurse Jackie están renovadas) e incluso pueda estrenar alguna más en los próximos tiempos (aún hoy he leído que Spike Lee está trabajando en una adaptación de su película She’s gotta have it para el canal), pasaran de ser el ingrediente principal, a mero condimento.

En este proceso de dramatización de la cadena, Penny Dreadful supone un giro de mayor calado aún. ¿Por qué? Porque se asoma al género fantástico, algo que no había hecho hasta ahora. Si Ray Donovan sigue la estela de Dexter, por ejemplo, y Masters of Sex lleva al drama ciertas constantes de sus dramedias femeninas, Penny Dreadful es algo completamente nuevo. Sabíamos que Showtime podía hacer series de época y juguetear con la religión de forma muy liviana a través de ellas, como ya hizo en The Tudors y The Borgias, pero montar un drama fantástico ambientado en la Inglaterra de finales del XIX es un salto cualitativo dentro de su modelo de televisión. Un salto que realiza después de que sus grandes rivales en el cable de calidad lo hayan acometido bastante antes. HBO con True Blood y Game of Thrones, sus dos series con mejores audiencias desde The Sopranos; AMC con The Walking Dead, la serie con mejor audiencia de toda la televisión americana, sea de cable o no; y FX con American Horror Story. Era cuestión de tiempo que se atrevieran a sumergirse en el género, por fin lo han hecho, y visto el primer capítulo de esta serie, pueden tener entre manos una serie digna y divertida.

La serie, que interconecta personajes de la literatura fantástica como el Doctor Frankenstein o Dorian Grey, ha sido creada por John Logan (guionista con 3 nominaciones a los Oscar en su haber por Gladiator, The Aviator y Hugo) y está protagonizada por Eva Green, Timothy Dalton y Josh Hartnett. Tendrá una primera temporada corta compuesta por 8 episodios, de los cuales J.A. Bayona ha dirigido los dos primeros, marcando así las líneas maestras sobre todo en el terreno visual de la serie. El primer capítulo, que tiene un aspecto muy cuidado, se dedica a envolver a sus protagonistas en una niebla de misterio y a pintar la atmósfera entre grisácea y azulona de un Londres lleno de peligros en el que el mundo de los muertos y el de los vivos y lo paranormal y la ciencia se mezclan hasta confundirse. 50 minutos que se pasan volando y que dejan con ganas de saber más. Objetivo cumplido por lo tanto. Sinceramente no creo que estemos ante un drama de primera pero sí que creo que puede ser un producto muy entretenido y que le reporte al canal audiencia y visibilidad, más que premios.

Justamente, en el apartado de premios, Showtime tiene un problema. Tras un lustro metiendo a uno de sus dramas en la categoría reina de los Emmys, serie dramática, se encuentra ante la posibilidad de ceder su plaza y quedar muy rezagada con respecto a HBO y AMC. Primero con Dexter y después con Homeland ha ido manteniendo su status en los premios, logrando la victoria en la categoría reina por fin con la primera temporada de Homeland. Ahora, tras la convulsa y ampliamente cuestionada tercera temporada de su drama de espionaje, se encuentra ante el peligro de quedarse fuera de la lucha por el título. Penny Dreadful como dije antes no va a ser su pasaporte para conservar su plaza entre las grandes. Ellos lo saben, están nerviosos y por eso han decidido mover a Masters of Sex al verano. La estrategia es clara, Masters of Sex es su serie con mejores opciones de cara a los próximos Emmys pero se emitió en otoño y su paso débil por los Globos de Oro (2 nominaciones, 0 premios) y los premios de los gremios a principios de año la han sacado de la conversación frente a algunas de sus hipotéticas rivales. Así que emitiendo su segunda temporada durante el proceso de votación de los Emmy esperan conseguirle mucha visibilidad y lograr que se cuele en las categorías importantes. El año pasado el furor que originaron los últimos 8 capítulos de Breaking Bad lograron que la serie ganara el Emmy por la emisión de los 8 anteriores. Teniendo en cuenta que Breaking Bad (AMC), True Detective (HBO), Game of Thrones (HBO) y House of Cards (Netflix) tienen todo a su favor para lograr la nominación en mejor serie dramática, sólo quedan dos plazas a repartir. Lo lógico es que Mad Men (AMC) ocupe una y que por la otra se peleen a cara de perro la extraordinaria The Good Wife (CBS), la idolatrada en USA Downton Abbey (PBS) y Masters of Sex. Así que Showtime está mutando, su camino es incierto, pero como espectador de casi todas sus series, espero que el viaje sea largo y lleno de calidad y entretenimiento.