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miércoles, 14 de octubre de 2015

El shondismo se expande, el murphysmo se contrae


Más allá de los grandes autores televisivos (Simon, Weiner, Sorkin, Gilligan, Ryan, Winter…) y de una nueva generación de creadores (Esmail, McKinnon, Dunham…), hay dos nombres que acumulan hoy por hoy mucho poder e influencia en la televisión estadounidense: Shonda Rhimes y Ryan Murphy. La primera reina plácidamente en el territorio dramático de las networks, el segundo, trabaja a caballo entre el cable y la televisión en abierto. Ambos, al igual que la mayoría de los autores del cable que hemos mentado anteriormente, trabajan siempre con las mismas cadenas, Rhimes con ABC, Murphy con el conglomerado FOX (con la network del mismo nombre y con su canal de cable, FX). A pesar de que no despiertan la unanimidad crítica de otros grandes nombres y que tampoco ejercen un control tan férreo sobre sus series, es innegable la autoría de ambos sobre sus producciones. Su influencia es tal, que me voy a tomar la licencia de emplear los conceptos shondismo y murphysmo (perdón si puede resultar sexista usar el nombre de ella y el apellido de él, pero Shonda es Shonda y Ryan es un nombre muy random). Lo haré para analizar los caminos que ambos están emprendiendo. Para ello, parto de la teoría de que mientras Rhimes se abre cada vez más a todo tipo de públicos y su influencia ha desbordado a su propia productora, Murphy hace series para sus seguidores, cada vez más inaccesibles para otro tipo de espectadores, profanos en su mundo.

Shonda’s ABC

La actual programación de ABC podría dividirse en dos tendencias, por un lado las series familiares (Once upon a time, Modern Family, The Middel, Blackish, Fresh off the boat…) y por otro, los dramas culebronescos, que estén o no producidos por Shondaland (la productora de Rhimes) son, en su práctica totalidad, puro shondismo. Así, tenemos el bloque de la noche de los jueves en el que se emiten las tres series de Shondaland: la veterana, Grey’s Anatomy, la canónica, Scandal (Escándalo para los amigos) y la aperturista, How to get away with murder. Pero también series que se mueven por parámetros parecidos, como la veterana Nashville, con sus peleas de bitches, sus corruptelas y sus líos empresariales, o la debutante Quantico. Si el estreno la temporada pasada de HTGAWM, marcaba una nueva fase de expansión en el universo Shonda, al ser una serie de su productora pero en la que ella no escribe ni ejerce de jefa, Quantico supone la confirmación de que el shondismo se ha apoderado de ABC. La serie, que se centra en una agente del FBI acusada injustamente de cometer un atentado terrorista, es una especie de Homeland pasada por el filtro del shondismo, con sus líos de alcoba, sus torsos sudorosos y, sobre todo, sus giros de guion loquísimos. La serie está contada desde dos líneas temporales, por un lado el pasado, en la academia del FBI, que recuerda, inevitablemente a Grey’s y Murder. Por otro lado, el presente, que va más en la línea de serie conspiranoica pura, que tanto gusta en USA, y con la que juega de forma muy efectiva Scandal. Lejos de anquilosarse, el shondismo sigue abriéndose a nuevos géneros y temas, adaptándolos desde un estilo narrativo claro y que mezcla diversión sin prejuicios, incluso mamarracha, con seriedad (otra cosa es que al espectador le parezca seria la mezcla). En la midseason llegarán a ABC, una nueva serie de Shondaland, The Catch, y otro drama conspiranoico con una guionista, salida de esta factoría, detrás, The Family.

Sólo escribo para mí

Si el shondismo se expande y no exige fidelidad(espectadores que no ven Grey’s en cambio se acercan a Murder, por ejemplo), el murphysmo se contrae y se vuelve casi una religión. Su nueva serie, Scream Queens, no deja de ser la fusión de las dos principales ramas de su universo: la teenager (Popular, Glee) y la “adulta” (Nip/Tuck, American Horror Story). No hay nada nuevo. Es el Murphy de siempre elevado a la máxima potencia. Por eso Scream Queens está llamada a enamorar a su público objetivo y resultar chirriante para todos los demás. Ryan Murphy y Brad Falchuk escriben, únicamente, series para sí mismos. Si te gustan bien, sino, vete a otro lugar. Su universo funciona por contracción, casi como si estuvieran destilándose a sí mismos, persiguiendo la esencia última de su obra. Esto se ve en Scream Queens pero también en American Horror Story: Hotel. Si el shondismo aplica su fórmula base a nuevos productos, intentando seducir a nuevos espectadores, el murphysmo reutiliza tanto géneros como fórmulas para seducir a los ya seducidos. Una corriente busca cazar al público generalista, la otra se enfoca a su público nicho, y si de paso incorpora nuevos espectadores, mejor, pero no es prioritario. Así, Scream Queens es vista (y defendida) por los seguidores más fieles, no son muchos pero son ruidosos y están entregados a la causa. Las bajas audiencias se ven compensadas por la alta repercusión social. En cambio Hotel, ha arrancado con muchos espectadores, entre los cuales hay convencidos y escépticos. Estos últimos no son nuevos espectadores, y aquí está el quid de la cuestión, sino antiguos convencidos que hoy se acercan a la marca AHS y universo de Murphy con cautela. ¿Por qué? Porque en su afán ser cada vez más excesiva, mamarracha, esteta, banalmente violenta y pura, la serie ha terminado por expulsar a los seguidores que no creen en el estilo narrativo del tándem Murphy/Falchuk a pies puntillas. AHS comenzó siendo una serie de terror (más bien un thriller psicológico) con toques de humor netamente murphyanos, para convertirse en un show murphyano con trazos, dejes y reminiscencias del thriller psicológico y del cine de terror. El cambio ha sido lo suficientemente grande como para disminuir el número de fans entregados, pero a la vez aumentar la entrega de los mismos. Por ahora seguiré viendo Hotel, pero ya me he bajado de Scream Queens, no es una serie para mí. Eso sí, no han engañado a nadie, Coven, Freak Show, Hotel y Scream Queens han dado lo que prometían: Ryan Murphy en vena.

martes, 6 de octubre de 2015

Winter is coming: el otoño seriéfilo americano

The Leftovers, una serie fascinante

El tiempo nos ha anunciado en los últimos días que el verano ha llegado a su fin. En perfecta sincronía con el clima, la televisión americana lleva un par de semanas bombardeándonos con el estreno de nuevas ficciones y con el regreso de series que nos enamoraron en temporadas anteriores. Es hora de sacar el paraguas y la manta, arroparse cuando salimos a la calle y disfrutar delante de una pantalla cuando estamos en casa. Cada día el cielo se apaga más temprano y nuestras pantallas están más horas encendidas. Ha llegado el otoño, winter is coming.

El estado de las networks
Quantico, el terrorismo en los tiempos de Shonda

Llevamos mucho tiempo hablando de la crisis de las networks, ya no sólo en términos de calidad, sino también en cuanto a audiencias (y por lo tanto dinero) se refiere. La remesa de estrenos otoñales no va a marcar un cambio en el lento e inexorable declive de las networks. Pocos estrenos han funcionado bien en audiencias. Antaño los 2 puntos en demográficos (2% de la población americana entre 18 y 49 años ven tu serie) era la cifra a la que debería aspirar toda serie, hoy en día es más un anhelo que una realidad, puesto que gran parte de las series no logran dicha cifra. Por ejemplo, en FOX sólo lo logra Empire (y Rosewood, por ahora y al calor de la misma). ¿Ya no ven los americanos las series de las network? Sí, claro que las ven, simplemente que muchos de ellos no lo hacen a través de la televisión en su primera emisión. Así, las cifras mejoran sustancialmente si tenemos en cuenta el visionado de los capítulos durante el día del estreno y los 3 días posteriores a su emisión. Muchos americanos consumen sus series favoritas a través de plataformas de streaming o grabando los episodios. Así, el episodio de la semana pasada de Nashville logró un mediocre 1.1 en demos, sin embargo en datos Live +3 subió a un 1.8, aumentando en un 60% su audiencia. Mientras que la rompe-ratings Empire, el gran éxito actual de las networks, pasó de un 5.5 a un 7.7. De su capacidad de adaptarse a los cambios en el mercado y a las mutaciones en el consumo de productos audiovisuales, dependerá la supervivencia del modelo actual de las networks.

En cuanto a las ficciones en sí mismas, destacaría, de entre los estrenos, Quantico, ese circo mitad trash, mitad en serio, de ABC sobre una agente del FBI acusada de un atentado terrorista que no cometió. Homeland bajo las normas del shondismo (aunque, sorprendentemente, Shondaland no produce esta serie). Tanto en audiencia como en repercusión la serie ha sido un éxito. Es una ficción muy entretenida, capaz de captar y mantener la atención. ABC consolida un modelo que combina sitcoms familiares con dramas más o menos adultos y más o menos oscuros a la par que ligeros. La otra serie que más está dando que hablar es Scream Queens, con datos mediocres en su emisión en directo, pero que cosecha buenos resultados con el paso de los días y genera mucho ruido en las redes sociales. La nueva serie de la factoría Ryan Murphy es tan mamarracha como cabría esperar. Sus fans la aman, sus detractores la aborrecen. Yo me sitúo en un punto intermedio, entiendo qué quiere hacer, pero no acaba de divertirme demasiado. Da lo que promete. Por lo demás algunas sitcoms bienintencionadas que funcionan mejor (The Muppets, Life in pieces) o peor (The Grinder, Grandfathered) y que se dejan ver. Y series de cuestionable calidad y/o que huelen a cancelación (Minority Report, por ejemplo). En lo tocante a las series veteranas, The Good Wife ha regresado este domingo con un episodio sólido, aunque no fascinante. Veremos cómo manejan los King el nuevo tablero de luchas de poder en Chicago. Lo mejor, por ahora, está siendo Eli Gold, ese personaje inagotable. Las series Shondaland han regresado a pleno rendimiento, quemando trama y repartiendo golpes de guion a diestro y siniestro, sobre todo en How to get away with murder. Rhimes sigue siendo la reina del cotarro.

Al cable también se le caen las hojas
The Affair, la serie que nos recuerda que La Verdad no existe

A la espera de que regresen dentro de una semana Fargo, The Knick y Manhattan, con sus segundas temporadas, Showtime y HBO estrenaron los tres dramas de cable que más estimulantes me resultan, junto a Fargo, de este trimestre: The Leftovers (HBO), The Affair y Homeland (Showtime). Las tres series han presentado, en sus primeros capítulos, nuevos escenarios muy interesantes, que si son llevados con la misma destreza que en sus respectivos arranques, generarán tres de las ficciones más apasionantes del curso. En The Leftovers, Mimi Leder rodó 10 sensacionales minutos mudos, un arranque crudo e hipnótico. Además Lindelof y su equipo nos trasladan a un nuevo escenario, nos presentan a un pueblo texano aún más roto que el neoyorkino en el que nos había sumergido en la primera temporada y nos meten de llenos en las dinámicas internas de una familia que esconde muchos problemas.

En The Affair, el esquema él dijo/ella dijo, ha mutado a una historia contada desde cuatro pares de ojos, los de los amantes y los de sus cónyuges. Parecía difícil que pudieran mantener la serie tras los acontecimientos de la primera entrega, pero el arranque ha sido prometedor. Explorar el relato desde nuevas perspectivas va a ser todo un éxito. Antes tenía mis dudas, tras el primer episodio tengo esperanza. Un sentimiento del que precisamente adolece Homeland, una mirada oscura y (bastante) crítica a la política exterior y de seguridad (ya son indistinguibles) de Estados Unidos. Saltamos de Pakistán a Alemania para seguir buceando a las miserias de la primera potencia militar del mundo y en sus complicadas relaciones tanto con sus enemigos como con sus amigos. El escenario internacional es un estanque cubierto por una densa niebla que no deja ver absolutamente nada. Carrie ha dejado la CIA para trabajar en una fundación humanitaria, pero sigue metida en el meollo de los problemas. Homeland continúa estando pegada a la actualidad como pocas ficciones actuales, por no decir ninguna: Siria, ISIS, espionaje, terrorismo internacional, filtraciones, ciber-ataques, legalidad vs. seguridad nacional (ese concepto)… y un sinfín de temas y debates candentes. La quinta temporada tiene todos los elementos necesarios para estar al nivel de la soberbia cuarta entrega. Para otro día dejo la última temporada de Downton Abbey y, sobre todo, el regreso de dos de las series europeas más prestigiosas y fascinantes del último lustro: la francesa Les Revenants y la nórdica Bron/Broen.

domingo, 23 de noviembre de 2014

Ya es Navidad en Shondaland

Me encantaría poder decir que yo hice esto en el paint, pero no, es, de verdad, la imagen de la productora


Este jueves ABC emitió las winter finales (los yankees generando conceptos a la velocidad de la luz) de sus tres dramas producidos por Shondaland, la compañía de la todopoderosa Shonda Rhimes. Tras años buscando una serie que lograra sostener el inicio de esta noche en el horario de 8 a 9, la cadena de Disney descubrió que la solución llevaba una década en antena: Grey’s Anatomy. Adelantó de esta forma las dos series de Rhimes y en el hueco dejado por Scandal en el horario de 10 a 11, en el que las networks programan dramas (adultos, se supone), confió en otra serie de su factoría, aunque no esté escrita por la propia Shonda: How to get away with murder. Le han entregado así una noche entera de su programación, confirmando su posición de poder dentro de la industria televisiva, y a la vez han logrado que esta misma noche de los jueves, la más competitiva de la televisión americana, sea en la que mejores audiencias cosechan. Jugada redonda. Gana Disney y gana Shonda. Es lo que tiene el poder, que no suele perder nunca.

How to get away with murder o Ser más shondista que Shonda
Empiezo por Murder porque es la novata y porque al fin y al cabo es una sangre sucia dentro del shondismo. He de decir que era muy escéptico con ella. Sobre todo tras los primeros 4-5 capítulos. Los principales problemas que le veía eran: una protagonista que no era capaz de cargar con la serie, un coro de niñatos poco interesante a su alrededor (salvo el gayer turbio), y unos casos mal hilados con la trama principal. Y sus principales virtudes: la estructura a medio camino entre Revenge y Damages, su atmósfera nocturna y la inmoralidad de personajes e historias. Llegados a este parón de Navidad y a falta de sólo 6 capítulos, me bajo del carro de los escépticos y me sumo al de los convencidos. Murder es una serie que lleva el shondismo a territorios más oscuros. Dijo mi sestra, mientras veíamos el último capítulo, que el sexo en esta serie le resulta asqueroso. Yo no iría tan lejos, pero está claro que el sexo en esta serie es algo sucio. En realidad el sexo es poder en Murder. Y está desposeído de afecto. De hecho el principal problema que le veo ahora a la serie es que no me creo sus relaciones afectivas (salvo el affaire gayer turbio-chinorri riquiño). Algo que ya le pasaba a Scandal, y que desde luego no le pasa a Grey’s, que cuida mucho más los sentimientos. En el fondo Murder es la profundización del modelo Scandal: mugre, giros y poder. Pero aquí sin restos de moralidad. Lo cual se agradece. El último capítulo, el que nos describe cronológicamente qué pasó la noche del crimen con el que empezó la serie, es desde luego, el mejor emitido hasta el momento. Con los giros justos y necesarios, con una mejor presentación de los personajes y con las dosis de oscuridad y oyoyoyoy necesarias. Nos quedan 6 capítulos de infarto. En ABC han aprendido del error que han cometido con Revenge y la decisión de que la temporada tenga sólo 15 capítulos no podría ser más acertada. Así sí.

Scandal o La coca nunca es suficiente (con spoilers)
Esta temporada de Escándalo empezó de una forma bastante dispersa, con las piezas del tablero bastante desperdigadas, y con el cansino triángulo amoroso Olivia-Jake-Fitz en el centro de la acción. Sus principales aciertos fueron colocar a Abby como secretaria de prensa de la Casa Blanca e introducir al personaje de Portia de Rossi como gran villana de este curso. Después, claro, reincidieron en errores del pasado: la agencia ultrasecreta del ultraperverso padre de Olivia; darle poca cancha al mejor personaje de la serie (Mellie); Huck y todo lo que tiene que ver con él; y la trama del puto de Cyrus, que junto con el conflicto en el imaginario West Angola nos recuerda que, de verdad, Shonda sigue creyendo que está haciendo The West Wing. Pero, como siempre, y a pesar de todos los fallos, Escándalo sigue siendo jodidamente divertida, sobre todo cuando se centran en la banalidad de la política en vez de en el ultraespionaje. Los guionistas manejan muy bien el ruido mediático y los golpes bajos de Washington, e incluso las conspiraciones más grandes que la vida misma, pero el espionaje les queda muy grande. En la winter finale, por fin, esa dispersión de las tramas se ha terminado. Ya tenemos un dibujo completo del mapa. Fitz escoge tan bien a las mujeres como a los Veeps. Las cartas están sobre la mesa y la protagonista a la intemperie tras intentar apagar la luz de ese sol de cocaína que era su todopoderoso padre. Ahora sí, que empiece el show. Sofá, palomitas y vino blanco preparados.
                                                                                                                                                            
Grey’s Anatomy o Eran las relaciones, ¡estúpida! (con spoilers)
A lo mejor esta impresión es algo que sólo tengo yo, pero a mí este arranque de temporada me está pareciendo lo mejor que ha hecho Greys en varios años. Tras las estúpidas tramas de “arruinamos el hospital”, “compremos el hospital” y “gestionemos el hospital”, creo que han recordado cual es el punto fuerte de la serie, las relaciones afectivas entre sus personajes. Así, hemos tenido dos capítulos que me han parecido fantásticos: el de Meredith buceando en su memoria de niña y el de la terapia matrimonial de Callie y Arizona. Y la winter finale camina en esa dirección, dejándonos un montón de frentes abiertos en el plano personal para después de navidades. El más importante, que venía gestándose desde la temporada anterior, es el ligado a la crisis matrimonial de Meredith y Derek. Como una ola que ves avecinarse pero crees que no te romperá encima. Se veía venir esta trama pero creíamos que no se atreverían. Pues bien, se han atrevido. Y la decisión es muy acertada porque Derek hace varias temporadas que no juega ningún papel en la serie, que como Owen, es un mero florero, y sobre todo porque necesitamos reconectar con Meredith. Tienes un problema grande cuando la protagonista de tu serie se ha vuelto insufrible, y eso pasó con Meredith el año pasado en su enfrentamiento a Cristina y ha vuelto a pasar este con su enfrentamiento con Derek y su nueva hermana. Greys necesita ayudarnos a entenderla, ayudarnos a que recobremos el cariño por su victimismo. No será fácil, pero si la tratan con cariño, estamos ante una trama que puede dar mucho de sí. Al igual que la de April/Avery, la de Geena Davis o la de Callie/Arizona. Greys es la primera serie que veo los viernes, creo que es el mejor indicativo de lo mucho que la estoy disfrutando.

lunes, 27 de octubre de 2014

Una colección de otoño decepcionante



Aunque aún hay algún estreno pendiente para las próximas semanas, como por ejemplo esa versión loquísima (aún más) de Homeland en clave marujil que será States of Affairs de NBC, podríamos decir que casi todo el pescado está vendido. Y por desgracia la cosecha de estrenos ha sido muy decepcionante. Las networks prosiguen su camino hacia la irrelevancia mientras que las cadenas de cable han optado este otoño por programar series veteranas, tras el alud de estrenos de la temporada estival. Si antes el otoño era el cuatrimestre más potente para un seriéfilo y el verano el más flojo, quizás podamos decir que este año se han invertido las tornas. El cable (+ las plataformas) sólo nos ha ofrecido dos estrenos relevantes: The Affair en Showtime y sobre todo Transparent, en Amazon; a la espera de que BBC America estrene el 5 de Noviembre, su drama de espías The Game.

Mientras que en las networks, la serie más esperada, Gotham, está siendo una decepción, y da la sensación de que a la cadena que mejor le han funcionado sus nuevas ficciones es a (redoble de tambores) la CW (!!!), con The Flash y Jane the Virgin. Mientras, en ABC pueden estar contentos por haber logrado por fin un bloque de comedias familiares sólido y por el exitazo de audiencias que es La Noche en Shondaland de los jueves. Sin embargo sus comedias románticas se han caído con todo el equipo y más allá de miércoles-jueves tienen serios problemas todas las noches. A CBS le ha funcionado Scorpion, pero la enésima serie de Kevin Williamson, Stalker, no. Madam Secretary ha recibido unas cuantas ostias, todas ellas muy merecidas, pero a mí me entretiene (es una serie sobre política, era imposible que no lo hiciera). A FOX sólo le ha funcionado Gotham, pero sus audiencias caen semana a semana y su calidad sigue sin aparecer. Por lo demás es una cadena en ruinas con audiencias vergonzosas más allá de la noche de comedia de los domingos. Y ya en último lugar tenemos a NBC, arrastrando sus problemas de siempre. De sus estrenos me quedo con A to Z, la única sitcom que he comprado este otoño, a falta de ver Marry me, también de la cadena y que ya ha emitido dos episodios.

Teniendo en cuenta lo dicho, he aquí las series que me he agenciado en estos dos meses de estrenos otoñales, en rojo las que aún no he decidido si me voy a quedar o no, en naranja las que seguiré viendo sí o sí aunque no sean nada del otro mundo y en verde las que me atrevería a recomendar, porque de verdad son relevantes.

- A to Z (NBC)
Hablé de A to Z hace muy poco, así que no me voy a extender mucho. Lo mejor que tiene son sus dos actores protagonistas (Milioti y Feldman) y su idea/macro-estructura: contar la evolución de un noviazgo desde que nace (A) hasta que termina (B). Lo peor, todo lo que no es el centro amoroso, porque no saben disimular que está ahí para llenar los 20 minutos de cada episodio. Las audiencias están siendo terribles así que es posible que NBC la cancele.

- Gotham (FOX)
Había muchas expectativas en torno a Gotham y la mayoría de ellas se han ido por el coladero. No es que sea una mala serie, es que es un drama sin garra, temeroso de ser más arriesgado. Es verdad que SHIELD o Arrow necesitaron muchos capítulos para pegar un salto de calidad (o eso es lo que dicen los que las siguieron viendo), y por lo tanto quizás Gotham también necesite plantar los cimientos antes de crecer. Emitirse a las 8 de la tarde hace que sea mucho menos oscura de lo que debería. Y el formato procedimental es un gran error. Ojo, no tengo nada en contra de los procedimentales, de hecho a continuación hablaré de dos series que lo son (más o menos) y a las que les viene bien serlo (a una más que a la otra). Simplemente creo que a Gotham no le viene bien. Sería más interesante hacer temporadas de 16 capítulos, partidas por la mitad, desarrollando una trama central en torno a un gran villano en cada en cada una de esas mitades. Por ahora, lo mejor han sido los malos con vocación de continuidad (sobre todo el Pingüino y Fish Mooney) y lo peor unos casos sosísimos (desde el señor de los globos, hasta el último a lo Fringe, pasando por el pica-ojos).

- Jane the Virgin (CW)
Una médica le inyecta accidentalmente la muestra de semana que su hermano guardó antes de que le extirparan sus testículos por culpa del cáncer, a una joven latina que había prometido llegar virgen al matrimonio. Esta no es la premisa inicial de la nueva comedia de 40 minutos de CW. No, es sólo una pequeña parte de la misma. El piloto nos escupe todos los clichés del culebrón, formando una mezcolanza loquísima que lo único que puede provocar en el espectador es un gozoso y constante oyoyoyoyoyoyoyoy. Pero lo importante es que el monstruo de Frankestein funciona. La serie es divertida, sobre todo si la ves en compañía para ir comentando cada uno de los detalles. No sé si la vería yo solo, pero con amigos y alcohol delante, es un buen plan nocturno.

- Madam Secretary (CBS)
Ser la pareja de baile de la mejor serie en antena (The Good Wife) puede ser una putada o una bendición, dependiendo de si estás o no a la altura de las circunstancias. Madam Secretary no lo está porque la invaden los lugares comunes (sobre todo en la esfera familiar) y porque sus casos no nos están contando nada que no nos hubiera contado ya The West Wing. Sí, tiene una buena protagonista en esa secretaria de Estado con buenas intenciones interpretada por Téa Leoni, y es una serie razonablemente entretenida, pero no es una gran serie. A mí me gusta porque me gusta mucho la política americana pero no es una serie que recomendaría, demasiado blandita, demasiado God bless America. Además, habrá que ver si la trama conspirativa de fondo cobra protagonismo y si son capaces de desarrollarla sin hacer el ridículo.

- How to get away with murder (ABC)
HTGAWM o simplemente Murder (cada cual la llama como le parece), ha venido a completar la noche de los jueves de ABC producida por Shondaland y a expandir el shondismo, incluso más allá de la propia Shonda Rhimes, que no escribe este drama ¿judicial?, sino que simplemente la produce. Y lo ha hecho hacia territorios más oscuros y locos creando una serie con tantas influencias que es imposible ponerse de acuerdo en las mismas. Yo la definiría como un Damages meets thrillers teenagers de los 90. Sí, estamos ante algo así de loco. Obviamente la gente la compara, además de con Scandal, con un amplio ramillete de dramas que va desde The Good Wife hasta Revenge. Un batiburrillo encocado. Y como con Scandal, funciona. En este caso más es, efectivamente, más. Murder es jodidamente divertida y delirantemente absurda. Sus mayores hándicaps residen en que Viola Davis no llena un personaje que debería ser majestuoso (aunque cada vez que aparece sin peluca dan ganas de aplaudir) y que más allá del gayer, los pupilos son muy poco interesantes. A su favor juega que hace un retrato muy sucio del sexo, que tiene un caso de fondo razonablemente interesante (sin ser Damages, claro) y que dibuja una galería de personajes que no sólo son malas personas, sino que también son conscientes de que lo son (cosa que no pasa en Scandal).

- The Affair (Showtime)
O cómo contar una aventura romántico-sexual extra-conyugal desde los dos puntos de vista y en flashbacks. Lo que hace a The Affair una serie muy interesante es sobre todo su estructura. Cada capítulo está dividido en dos, la primera parte nos cuenta la versión de él (Dominic West) y la segunda la de ella (Ruth Wilson, la actriz que más brilla) de los mismos acontecimientos, todo ello relatado por cada uno frente a un detective en el presente, muy a lo True Detective, sí. Hasta ahora sólo se han emitido dos episodios, pero desde luego estamos ante un drama muy interesante, sobre todo si bucea en la sexualidad y la culpa.

- Transparent (Amazon)
En mi anterior post hice un repaso a esta primera temporada de la comedia dramática de Jill Soloway. Poco tengo que añadir a lo ya dicho. Transparent es una serie maravillosa. Inteligente, crítica, irónica y sensible. Cuando la ves te hace pensar y te hace sentir. No se le puede pedir más a una obra audiovisual. Debemos dar las gracias porque una serie así haya salido adelante, hace que la televisión (aunque sea producida por una plataforma de streaming) avance como arte.