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domingo, 22 de febrero de 2015

Los No-Oscar 2014 VII: Película

10. Obvious Child
El film de Gillian Robespierre me hizo reír a carcajadas pero también me emocionó de una forma muy extraña. Pensaba que iba a ver una comedia ácida y me encontré con un film que me dejó tocado durante un par de días. Una comedia que subvierte las normas de la romcom, para acabar construyendo un film rotundamente romántico y optimista. El problema no es el género, es cómo lo usas, ¡estúpido! Además es a la vez una mirada crítica a los veinteañeros sin rumbo entre los que me incluyo, y en cierta forma un film que denuncia ciertos valores conservadores que pululan por los productos culturales que consumimos, de forma aparentemente inofensiva.

9. Pride
Teniendo en cuenta el actual clima sociopolítico, Pride es una película muy pertinente. No porque hable de los derechos de los homosexuales o de la lucha por su supervivencia de los mineros. Sino porque afronta ambas cuestiones desde una óptica casi de clase. O más que de clase, de poder. La unión de los actores que actúan en los márgenes del sistema, de cara a construir una mayoría que pueda defenderse contra los actores que actúan en los centros de poder. En ese sentido la dulce, amorosa y combativa Pride, parece ideada por el mismísimo Gramsci. Más allá de la dimensión política del film, estamos ante una película tierna, que maneja muy bien las emociones y los elementos cómicos y que, sobre todo, crea una maravillosa galería de personajes.

8. Winter Sleep
Hay películas que cuando las estás viendo, las disfrutas intensamente, pero que al salir del cine y empezar a correr las horas, se diluyen en la memoria, hasta quedar reducidas a pequeños y borrosos recuerdos. En el otro extremo, estarían situadas aquellas películas que mejoran con el paso de los días, de las semanas, de los meses. Un buen ejemplo de estas últimas es Winter Sleep. Estar durante 3 horas y 15 minutos sentado en una butaca incómoda hizo que mirara muchas veces el reloj e intentara que mi escoliosis no me diera demasiado la lata. Cuando salí del teatro (durante 10 min antes de meterme entre pecho y espalda otras 2 h y 15’ de Mr. Turner) estaba un poco decepcionado. Me había gustado, tenía conversaciones realmente fascinantes y era un tratado de lo terrible que es ser pasivo-agresivo con las personas a las que quieres. Pero se me había hecho pesada, creía que le sobraban bastantes minutos y alguna trama (los hermanos endeudados). Sin embargo con el paso del tiempo me gusta más. No sólo porque he olvidado el dolor de espalda, sino sobre todo porque es una película que he necesitado madurar para poder apreciar en toda su grandeza. Los seres humanos muchas veces queremos lo que no podemos tener y dañamos lo que tenemos, y en ese proceso nos desgastamos lentamente, consumiéndonos en nuestra propia frustración. Somos terrible y mágicamente incomprensibles, incluso (o sobre todo) para nosotros mismos.

7. A most violent year
Comenzó con muy buenas críticas, pero rápidamente se disolvió en la carrera de premios. Quizás apurar su estreno no fue una buena idea. Quizás Cannes 2015, como hizo este año la película de la que hablaremos a continuación hubiera sido una buena idea. Pero más allá de esto, A most violent year es una película muy interesante, oscura, seca, fría. Un relato preciso de cómo funciona la corrupción, de cómo nuestras ciudades languidecen sumidas en el crimen. Su discurso era válido para los años 80 y sigue siendo válido hoy. JC Chandor se confirma como uno de los nuevos cineastas americanos más interesantes.

6. Foxcatcher
Tras su exitoso paso por Cannes, Foxcatcher se convirtió, de inmediato, en una favorita clara de cara a los Oscar, pero en otoño comenzó a desaparecer de las apuestas y al final, aunque está presente en las grandes categorías, no logró colarse en Mejor Película. No será porque no tenga nivel para estarlo. Es un gran drama psicológico de autor, rodado con mucha personalidad (y autoconsciencia, ojo), frío, asfixiante, hipnótico. La caída de tres hombres que se van destrozando mutuamente hasta precipitarse irremediablemente hacia la tragedia. La tragedia de la ambición, de la necesidad de triunfar, aunque te lleve a la locura (Whiplash y Nightcrawler van, precisamente por esta misma línea). El sueño americano abrasa.

5. Relatos Salvajes
Hacer de la corrupción una comedia descacharrante, de la desesperación, carcajada. Esa es la idea básica de Relatos Salvajes. Su ambicioso objetivo que cumple con creces. Tan crítica, inteligente y ácida como divertida y graciosa. Necesitamos más comedias de nivel y necesitamos más cine crítico. Relatos Salvajes, una demostración retorcida de cine social en clave de thriller y comedia negra, es todo esto y más. Una de las grandes películas del año a nivel mundial. Una demostración de que desde lo local se puede hablar de lo universal, de que en el mundo globalizado casi todos tenemos los mismos problemas sistémicos.

4. Deux jours, une nuit
Una mujer tiene un fin de semana para salvar su puesto de trabajo convenciendo a sus compañeros para que renuncien a su bonus, recomponerse a sí misma y curar a su malherido matrimonio. Todo ello durante dos días y una noche tortuosas en las que los Dardenne, a través de la mejor Marion Cotillard que yo ha haya visto, nos escupen a la cara lo terrible que se ha vuelto el mundo en el que vivimos. Pero el encanto del film está justamente en su humanismo. Podría dibujar este sistema como una opresión constante en la que comes o te comen. Podría ser Hobbes y no lo es. A pesar de todas las cosas malas que le pasan a la protagonista, hay esperanza, hay gente buena que se cruza en su camino. No todo es negro. No todo está perdido. Aún podemos tener fe en el ser humano.

3. Interstellar
Pongo a Interstellar en esta posición porque más allá de los problemas que tiene (para mí, como siempre en Nolan el principal son los personajes), o de que haya sido una ligera decepción, la disfruté muchísimo. Fueron casi 3 horas en el cine de puro gozo. Este año hubo 5 películas que vi en el cine que me hicieron muy feliz. Dos se van a jugar el Oscar (Boyhood y Birdman) y las otras tres ocupan este pódium. De todas ellas, Interstellar me parece la peor, o más bien la más criticable, la que teniendo metas más altas, comete más fallos o llega menos lejos en sus objetivos. Pero eso no quiere decir que el viaje interestelar de Christopher Nolan no me parezca puro cine. Diversión en estado puro. La película tiene esas ansias de impresionar, de maravillar, de innovar. Y a mí esas ansias me lo compensan todo. El cine como evasión, como un viaje trepidante por mundos que jamás veré.

2. Mommy
La quinta película de Xavier Dolan fue el film de 2014 con el que más conecté emocionalmente. A pesar de que en absoluto cuenta historias que me hayan pasado a mí o presente personajes que pueda reconocer en mi vida. Conecté con ella porque está cargada de sentimientos muy bien presentados y explicados. Es una película de una rabia y una sensibilidad especiales. He hablado (y escrito) tanto sobre ella que ya no sé qué añadir. Es una película que radiografía con mucho tacto y personalidad lo que implica ser adolescente e hijo, pero también adulta y madre, en un mundo cada vez más desconectado y volátil. Un mundo en el que nuestras conexiones se debilitan, en el que hemos dejado de vivir en nuestras calles y casas, para vivir dentro de nosotros mismos, intentando escapar de nuestros problemas nos hemos obligado a vivir parapetados en ellos. Mommy es un canto a la esperanza porque nos dice que no hay que tener miedo a vivir.

1. Gone Girl

Frente a la sensibilidad de Mommy, David Fincher y Gillian Flynn proponen un viaje a un mundo en el que nos hemos vuelto insensibles. En el que la frustración nos ha corroído, y lo único que nos hacemos es daño a nosotros mismos y a los que nos rodean. Al calor de la crisis económica, la superficialidad de los barrios suburbiales, la telebasura y la corrupción moral, nos presentan la historia de un matrimonio que se hace daño mutuamente, desangrándose en una guerra sin final a la vista, permaneciendo encadenados el uno al otro, odiando a las personas en las que se han convertido. Gone Girl nos relata cuán perdidos estamos, pero no nos propone ninguna salida. Por eso es una película tan agria, tan pesimista. Fincher se confirma como el cronista de un mundo occidental cada día más oscuro, lastrado por problemas sistémicos irresolubles. Nos susurra, otra vez más, que estamos rotos por dentro.

miércoles, 18 de febrero de 2015

Los No-Oscar 2014 III: Guion original y Guion adaptado

GUION ORIGINAL

5. Mark Heyman y Craig Johnson por The Skeleton Twins
Cuando vi esta película dije algo así como que sería el tipo de guion que yo escribiría si tuviera talento. Más allá de lo descacharrante que es como comedia dramática, lo que me gusta de este guion es esa complicada mezcla entre ser muy crítico con sus personajes pero a la vez muy indulgente. Casi todo el film es una sucesión de bofetadas dadas con cariño. Caricias que hacen daño pero que reconfortan. Estos dos hermanos distanciados se aman haciéndose daño. O más que haciéndose daño, diciéndose las verdades de la forma más hiriente posible. Esto provoca que el film sea una sucesión de catarsis emocionales. Una constante explosión de risas y sentimientos. Me hizo sentirme muy feliz y muy triste. Es una película con unos diálogos y unos chistes fantásticos.

4. Gillian Robespierre por Obvious Child
Hacer una romcom crítica e inteligente es un reto muy ambicioso, y Gillian Robespierre no sólo no se estrella sino que ha firmado uno de los hitos cinematográficos de mi año. 80 minutos de ironía, cinismo, reflexión y amor. Robespierre trata con mucho cariño a sus personajes, escriba unas frases muy agudas y tiene la valentía de hacer girar una romcom en torno a un debate tan espinoso como [SPOILERS] el del aborto. Es una versión acelerada y descacharrante del estilo de comedia dramática de Girls. Me reí a mandíbula abierta y también me emocioné. Es una película inteligente.

3. Damián Szifrón por Relatos Salvajes
Escribir la película más ácida y graciosa del año es algo digno de ser aplaudido. Aunque no todos los relatos funcionen igual de bien, o estén escritos con la misma elegancia o precisión, todos aportan una nueva arista a ese sistema al que Szifrón le presenta a una enmienda a la totalidad. Hacer que situaciones trágicas resulten hilarantes, y que aún así sigan siendo muy duras, muy amargas, es complicadísimo. Una película tan arriesgada, casi kamikaze, como Relatos Salvajes pudo haberse caído con todo el equipo, y sin embargo es el film de este año que más pueden disfrutar todo tipo de públicos. Estamos corrompidos hasta el tétano, quizás reírnos de ello sea una buena forma de afrontarlo.

2. Jean-Pierre y Luc Dardenne por Deux jours, une nuit
Los Dardenne se alejan del exceso de catastrofismo de sus películas anteriores (esto, obviamente, es una opinión meramente personal), y salvo un giro dramático catártico pero innecesario (y que aún así funciona), dibujan una película que es todo fluidez y naturalidad. En un año en el que las redes sociales nos han sometido cinematográficamente a la frase “es la vida”, desde luego Deux jours, une nuit es la vida. O más que la vida es la Europa en la que nos hemos convertido. La crónica de la muerte anunciada del Estado del Bienestar. Estoy seguro que dentro de unos años se reflexionará sobre el arte que se hizo en el marco de la crisis económica, y que esta película será una obra capital dentro de esa ¿corriente?. Deux jours, une nuit no tiene grandes frases, soberbias declaraciones de intenciones, speechs brillantes, simplemente es el via crucis de una pobre mujer intentando mantener su puesto de trabajo mientras intenta recomponerse a sí misma. No hay nada de impostura en esta película. Su naturalidad, su cercanía, ser un film tan palpable, es lo que la hace una película tan buena.

1. Xavier Dolan por Mommy

En un mundo en el que el diagnóstico masivo de enfermedades como el TDAH se ha vuelto una herramienta de control (Dios, Foucault, ¿qué has hecho conmigo?) de la juventud, Mommy es una película ya no sólo necesaria, sino urgente. Más allá de la idea inicial, y de los debates que plantea sobre la maternidad, la adolescencia, la soledad o la importancia de la familia y el amor, más allá de todo eso, la gran baza de Mommy es su sensibilidad. Ya no es sólo lo que cuenta sino cómo lo cuenta. El Xavier Dolan guionista ha adquirido una profundidad a la hora de escribir que antaño no tenía. Escribir emociones es un reto muy complejo. Manejar las micro-explosiones de unos personajes a punto de romperse también. El guion de Mommy es una delicia.

GUION ADAPTADO

5. Richard Glatzer y Wash Westmoreland por Still Alice
El gran mérito del guion de Still Alice es no caer en dramatismos y estridencias innecesarios. Si la película se sustenta en su totalidad en la interpretación de su actriz protagonista, el guion es la arcilla con la que esta puede trabajar, y los diálogos y situaciones naturales y razonables que proponen se vuelven grandes armas en manos de Julianne Moore. No es una película ingeniosa, ni tampoco especialmente profunda, es el relato de una persona que se va olvidando de existir, de ser ella misma. Su sencillez es su gran mérito y en el año más flojo que recuerdo de guiones adaptados, es suficiente para que la ponga en esta lista.

4. James Gunn y Nicole Perlman por Guardians of the Galaxy
No es que yo sea el mayor fan de Marvel y su plan de dominio cultural global. De hecho, más bien soy de los que aplaudió las ostias que le asestaron Iñárritu y compañía en Birdman. Partiendo de esta base, Guardians of the Galaxy ha sido, de lejos, la película del imperio que más me ha gustado hasta ahora. Mezcla con solvencia acción, humor y referencias culturales (la BSO es genial). Hay gags que son demasiado infantiles, pero tiene diálogos chispeantes y la historia es muy entretenida.

3. Andrew Bovell por A most wanted man
Adaptar a Le Carré no es un reto fácil de superar con buena nota. Por un lado, por la complejidad de sus tramas/misterios y por la frialdad de sus personajes; por otro lado, por la dificultad de estar a la altura de adaptaciones anteriores del mismo autor, como The Spy Who Came In from the Cold, The Constant Gardener o Tinker, Tailor, Solider, Spy. Y sin ser la mejor adaptación de Le Carré, ni conseguir librarse de esa sensación de frío que desprende el material, estamos ante un buen thriller de espías post-11 S. El misterio está bien hilado y el personaje interpretado por Philip Seymour Hoffman funciona a las mil maravillas.

2. Bong Joon-ho y Kelly Masterson por Snowpiercer
Un tren que no puede detenerse cruza un mundo helado cargando con los restos de una humanidad estratificada socialmente en los vagones del mismo. Con una premisa tan jugosa como peligrosa, Snowpiercer ha sido una de las películas más especiales y curiosas de 2014. Podría haber sido un despropósito, y si es cierto que el tramo final casi llega a descarrilar, estamos ante uno de los grandes divertimentos del año cinéfilo. Ácida, inventiva, ingeniosa, llena de acción y con pequeñas pullas y hasta cierto nivel de crítica social (no demasiado elaborada, conste), desde luego estamos ante una buena película, de esas que deberían producir los grandes estudios de Hollywood.

1. Gillian Flynn por Gone Girl

Junto a la ausencia de The Lego Movie en la categoría de animación, que Gillian Flynn no estuviera nominada al Oscar por adaptar su propio best-seller fue el gran shock del anuncio de las candidatas a los Oscar 2014. Tiene muchísimo mérito hacer un film salvajemente comercial que a la vez sea terriblemente cínico, crítico, oscuro y tenga mil capas de lectura y genere una gran cantidad de debates: desde la crisis matrimonial, la caída del hombre blanco de clase media, el crash del sistema económico, la banalización de los medios de masas o la momificación de la vida suburbial. Gone Girl es un brutal retrato de nuestro tiempo, de nuestras sociedades occidentales. Y además es un thriller adictivo, que corre siempre hacia adelante, a golpe de giro narrativo. Es el mejor ejemplo de drama adulto de masas, sobre el que se debería cimentar la industria cinematográfica. Flynn maneja muy bien la tensión y escribe unos diálogos cargados de acidez. Un gran trabajo. El mejor guion adaptado del año, con mucha diferencia.

sábado, 7 de febrero de 2015

Las 5 (-1) películas de los Goya 2014

2014, el año de La Isla Mínima


Esta noche se entregan en Madrid los premios de la Academia de Cine Español, esos cabezudos con el rostro del que quizás sea el mayor maestro de la luz y las sombras de la historia de España, Francisco de Goya. Estos días en la prensa hemos podido ver cómo nos han bombardeado hablando del gran año en taquilla de un cine español que cual Astérix y Obélix ha resistido el ataque del enésimo año de crisis económica y el salvaje aumento del IVA. Lo cierto es que estamos ante un año claramente distorsionado por ese éxito descomunal que fue Ocho apellidos vascos, que es verdad que películas como El niño, La Isla Mínima o Relatos Salvajes, han cosechado muy buenas cifras, pero que de todas formas seguimos ante un panorama sombrío. En España no existe una industria cinematográfica. El dinero cosechado por Ocho apellidos vascos no se va a traducir en la apuesta por nuevas producciones de menor tamaño. Mediaset lo invertirá en su próxima producción megalómana. Están en su derecho, obviamente. Si aquí hubiera una industria, los grandes éxitos económicos servirían para financiar films más pequeños, más arriesgados, retroalimentando al sistema. Si aquí hubiera una industria no habría tantos profesionales en el paro, malviviendo. Ni casi todo el entramado cinematográfico se sostendría sobre el apoyo de las subvenciones y TVE. En los buenos tiempos, aquellos de la bonanza económica, se perdió la oportunidad de poner los cimientos a un verdadero entramado industrial sobre el que asentar nuestro audiovisual (incluyo aquí también a la televisión). Ahora, en una época de crisis, ya no global, sino del propio sector cinematográfico, ya es tarde, lo que puede hacer el cine español es sobrevivir, y desde luego este año ha sido un gran año en esa tarea.

Al entrar a hablar del binomio taquilla/calidad, creo que este año confirma, como pocos, que el género cinematográfico principal de nuestro cine debe ser el thriller. Más allá de grandes éxitos cómicos esporádicos (este año Ocho apellidos vacos, el enésimo Torrente y Mortadelo y Filemón) y de algún gran drama de autor consagrado, el thriller es el género que mejor conciencia, en España, el éxito económico y el artístico. 4 de las 5 películas nominadas este año al Goya a la Mejor Película son thrillers (Relatos Salvajes es un thriller/comedia negra). Sorprende, dado el respaldo que ha tenido el género tanto público como crítico, que de las últimas 10 ganadoras del Goya, sólo 2 hayan sido thrillers, Celda 211 (2009) y No habrá paz para los malvados (2011). Si en aquellos dos años, la Academia, reconoció el trabajo de dos maestros del género como Daniel Monzón y (sobre todo) Enrique Urbizu, este año, salvo monumental sorpresa, será el turno de otro de los grandes cineastas españoles de la última década, Alberto Rodríguez. Su La Isla Mínima está llamada hoy a arrasar, pudiendo llegar sus premios hasta los dos dígitos. Lo cual, no acabará por reflejar el fantástico año (creativamente hablando) del cine español. Pocas veces han estado nominadas a Mejor Película tres obras del nivel de La Isla Mínima, Relatos Salvajes y Magical Girl.

La Isla Mínima es un thriller brillante sobre el caldo de cultivo socio-político, que se ha ido cociendo poco a poco en este país hasta explotar en esta crisis sistémica que vivimos. De aquella España post-franquista, oscura, turbia, plagada de secretos y concesiones terribles, estos lodos de corrupción en los que andamos enfangados. Rodríguez mezcla esa España negra de los crímenes que quedan envueltos en una nebulosa, es decir, la España de las niñas de Alcáser, con una reflexión sobre ese monstruo que no hemos diseccionado correctamente llamado franquismo, y lo que obtiene es un film de primer nivel, sólido, visualmente fascinante (la fotografía de Alex Catalán posiblemente sea una de las mejores que se han hecho jamás en nuestro cine), que tiene algún altibajo narrativo (está mejor hecha que contada, en mi humilde opinión), pero que captura tu atención durante todo su metraje. No aporta nada nuevo, pero sigue puliendo ese thriller español tan necesario, a medio camino entre la autoría y la taquilla.

Relatos Salvajes ha sido una de las grandes sensaciones entre el público cinéfilo del último año. Los argentinos tienen un don para hacer films que obligatoriamente tienen que gustarle a todo el mundo (en mayor o menor medida). Si hace unos años parieron (también con dinero español) esa pequeña  y delicada maravilla llamada El secreto de sus ojos, este año nos traen una de las mejores comedias negras de los últimos años, a nivel global. Los brutales, desternillantes y demoledores relatos de Damián Szifrón, pintan un panorama de su país, esa Argentina en la que la corrupción es la norma, con la que espectadores de todo el mundo, y sobre todo nosotros, podemos sentirnos identificados. Ese estado de corrupción política y económica, pero también social y moral, se parece terriblemente al que nosotros padecemos cada día con más intensidad. En cuanto a los relatos en sí, en mi opinión van en un genial increscendo, de menor a mayor calidad, calado y diversión. El último, esa boda de niños bien, me ha regalado los minutos más graciosos y lapidarios del cine que he visto en 2014. Érica Rivas, esa diosa.

Magical Girl es la niña bonita de Twitter (y del Festival de San Sebastián, dónde ganó la Concha de Oro y el premio al mejor director), la película más valiente, radical y osada del año. Para los que ya conocíamos a Vermut gracias a la aún más salvaje y kamikaze Diamond Flash, ha sido la confirmación de que estamos ante el que será uno de los cineastas españoles más importantes de las próximas décadas. La consolidación de un genio con un mundo propio retorcido y fascinante. Este puzle de personajes rotos que se van rompiendo aún más los unos a los otros, que juega con las elipsis narrativas con esa brillantez que sólo la mala ostia y el respeto total por la inteligencia (y la imaginación) del espectador pueden proveer, es, sin duda, mi película española favorita de 2014 y una de mis películas favoritas del año en general.

El niño ha sido sin duda alguna el gran bluff del cine español de 2014. El equipo de Celda 211 rodeado por uno de los repartos más apabullantes de los últimos años (Tosar, Fernández, López, Lennie) acercándose a ese micro-mundo tan fascinante como peligroso de la frontera afro-española. Era un must see del año. Telecinco lanzó una descomunal campaña publicitaria durante el Mundial de Fútbol y la audiencia respondió, pero, más allá de los alardes técnicos (las secuencias marítimas son fantásticas), El niño es una película bastante vacía, con mecanismos de guion muy tópicos, muy descompensada en la densidad de sus dos tramas principales y que no termina de enganchar, más allá de las secuencias de acción y de los momentos más íntimos con Tosar, Fernández y Lennie de por medio. No es una mala película, simplemente es fallida, y no debería estar nominada en Mejor Película, dejando fuera a, por ejemplo, 10.000 km o Hermosa Juventud.

Me gustaría hablar ahora de Loreak, pero no me han dejado verla. No llegó a los cines más allá del País Vasco y las grandes ciudades estatales, no me la trajeron a Cineuropa (supongo que por indisponibilidad de copias) y en Filmin no se estrena hasta la semana que viene (¡qué decisión más inteligente!). Voy  a intentar no hablar de política. Pero son estos pequeños detalles los que indican que algo no funciona en España a nivel ya no sólo político, sino cultural. Loreak y A Esmorga (que se estrenará más allá de Galicia a partir de marzo (deduzco que más allá de Galicia significa Madrid)) son la demostración práctica de que todo aquel cine que no está hablado en castellano o catalán e impulsado desde Madrid o Barcelona, no existe. La eterna tensión sobre la que se ha construido el Estado de las Autonomías entre Madrid, como CCAA castellana más importante, y Cataluña, no deja sitio para nada ni nadie más, ni para ningún tipo de debate sosegado. No hay aire que respirar. Esto sin entrar en la vomitiva (no se me ocurre ninguna palabra mejor) cuestión del doblaje de las cintas españolas no habladas en castellano. ¿Es tan difícil asumir que España es un país tan rico, diverso y complejo? ¿Cuándo va a parar el proceso de castellanización de todo el país? España es un estado políticamente descentralizado, pero culturalmente centralista. Es muy triste, me jode y sí, al final he entrado en política.

Para terminar, tanto La Isla Mínima como Relatos Salvajes serían grandes ganadoras, pero al igual que el año pasado fui acérrimo defensor de La herida, este año lo soy de Magical Girl. Ahora, en verde mis apuestas y en rojo lo que yo premiaría:

Película: La Isla Mínima / Magical Girl
Director: Alberto Rodríguez por La Isla Mínima / Carlos Vermut por Magical Girl
Actor: Javier Guitiérrez por La Isla Mínima / Luis Bermejo por Magical Girl
Actriz: Bárbara Lennie por Magical Girl / Bárbara Lennie por Magical Girl
Guion original: Carlos Vermut por Magical Girl / Damián Szifrón por Relatos Salvajes
Guion adaptado: Javier Fesser, Claro García y Cristóbal Ruiz por Mortadelo y Filemón contra Jimmy el cachondo / Carlos Asorey e Ignacio Vilar por A Esmorga
Actor de reparto: José Sacristán por Magical Girl / José Sacristán por Magical Girl
Actriz de reparto: Carmen Machi por Ocho Apellidos Vascos/ Carmen Machi por Ocho Apellidos Vascos
Fotografía: Alex Catalán por La Isla Mínima / Alex Catalán por La Isla Mínima
Montaje: José M. G. Moyano por La Isla Mínima / Pablo Barbieri y Damián Szifrón por Relatos Salvajes
Música original: Julio de la Rosa por La Isla Mínima / Julio de la Rosa por La Isla Mínima
Dirección novel: Carlos Marques-Marcet por 10.000 km / Carlos Marques-Marcet por 10.000 km
Actriz revelación: Nerea Barros por La Isla Mínima / Natalia Tena por 10.000 km

Actor revelación: Dani Rovira por Ocho Apellidos Vascos / David Verdaguer por 10.000 km

domingo, 9 de noviembre de 2014

El matrimonio no marcha bien

Te hiero tanto


Es curioso como en estos últimos meses el cine y la televisión nos han bombardeado con matrimonios a la deriva. Desde el de The Leftovers o el de Halt and catch fire, en el verano seriéfilo, hasta el de Gone girl y los de Relatos Salvajes, en el otoño cinéfilo. Las cosas no están funcionando. De hecho Showtime ha estrenado hace un mes The Affair, una serie que gira en torno a dos personas que se embarcan en una aventura, y sobre cómo sus respectivos matrimonios se van resquebrajando en el proceso. Es curioso como las crisis matrimoniales en estas obras no se abordan desde la premisa “se nos rompió elamor”, se ha agotado, ya no nos amamos. Es decir, desde una perspectiva romántica. Si no que más bien sus matrimonios se han convertido en agujeros negros de problemas que no compensan el amor que se puedan profesar. Los cuernos, la anulación de la otra persona, el abandono, la nula dedicación, la monotonía. Hay una amplia gama de problemas. ¿Es en sí mismo el matrimonio un problema? Cuando la Amy Dunne de Gone girl viene a decir que el matrimonio no es el amor correspondido, sino el agarrarse mutuamente en la caída, nos damos cuenta de que efectivamente el futuro es lúgubre.

Sostienen muchos artistas argentinos (de todas las áreas) que entre las ruinas del corralito surgió una vitalidad artística extraordinaria. Los problemas agudizan el ingenio. Quizás esté pasando eso ahora al calor de las crisis concatenadas que padecemos (económica, social, política, ¿moral?). El arte está cuestionándolo todo, porque todo ha sido puesto en duda. Y el matrimonio, tan pegado al día a día y a la esfera más íntima del ser humano, debe ser escrutado sin miramientos de ningún tipo.

De ese escrutinio que están realizando muchas obras audiovisuales en los últimos tiempos como las que he mencionado antes, podemos concluir que el matrimonio es una cárcel, pero es nuestra cárcel. Casi como si fuera un Síndrome de Estocolmo vital e institucionalizado socialmente. Alguien te secuestra y no quieres liberarte de ese secuestro, o más bien, no puedes liberarte. Todo esto lo refleja sobre todo Gone girl, por eso es una película tan relevante, tan aguda. No es que los matrimonios sean como el de los Dunne, ni como el de ninguno de las otras obras que he señalado. El matrimonio medio no está sometido a esas condiciones extraordinarias. No. Se encuentra dentro de un ambiente “normal”, por eso nuestros padres no se odian/aman al borde de la esquizofrenia. Los matrimonios “normales” no están tan jodidos. Pero algunos de los problemas que se diagnostican en los Dunne están, quizás en estado de hibernación, en la mayoría de los matrimonios. Sobre todo, la frustración. Y aquí vuelvo a la situación de crisis en  la que vivimos, porque las crisis entre otras muchas cosas generan frustración. Y la crisis matrimonial más que ninguna otra, porque es la impotencia reducida a los 120 cm de una cama. Relatos Salvajes, esa sátira sobre la corrupción, es una película plagada de personajes frustrados. En Halt and catch fire o The Leftovers pasa otro tanto. También en The Affair con esa madre de luto y ese escritor de una sola novela. Y desde luego en Gone girl. Si en el cambio de milenio el hombre estaba en crisis consigo mismo, por no ser capaz de comprenderse, ahora el hombre está en crisis con todo lo que le rodea, porque no es capaz de comprender qué es lo que va mal. En el primer caso quería arreglarse a sí mismo para arreglar su vida, ahora, queremos arreglar nuestra vida, para así, arreglarnos a nosotros mismos. Al fin y al cabo, el hombre es ese animal que está constantemente construyéndose y destruyéndose a sí mismo. A esa frase quizás haya que añadirle: y a su pareja.