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lunes, 1 de junio de 2015

Estoy viejo para esta mierda

LOUIE - Quinta temporada


Divertirse y ser feliz no es lo mismo

En los últimos meses hay una frase que se ha repetido de forma recurrente en mi vida: “estoy viejo para esta mierda”. Como si fuera Clint Eastwood en un thriller policíaco, justo antes de escupir contra el suelo. Estoy viejo para salir, para ligar, para estar de resaca, para beber como bebía antes, para vivir dónde vivo. Estoy en ese punto en el que quiero saltar a otro paso vital (un piso pequeñito para mí solo, un trabajo en el que cobre más que 290 euros, pareja, un gato para comenzar a ser el loco de los gatos, invitar amigos a cenar a casa, aprender de vino, etc.) pero la realidad dice que no. Que siga esperando. Y en esa disociación es cuando siento que estoy viejo para toda esa mierda, esa mierda llamada “mi vida”. Teniendo en cuenta todo esto a lo mejor he tergiversado la gran idea-fuerza de la última temporada de Louie, que ha terminado esta semana, pero para mí en estos 8 capítulos, CK ha hablado de que Louie (el personaje) está viejo para esa mierda. Para una novia que lo trata como a un colega, para fingir que alguien le cae bien cuando no es así, para el humor de pedos y pollas, para ponerse chaqueta en una actuación, para los sucios moteles de carretera. Para todo eso y mucho más. Louie necesita una vida que no tiene. Louie se siente muy solo. Si en la (descomunal) cuarta temporada habló de la incomunicación en la vida urbana, en esta nos ha mostrado las consecuencias que ella acarrea: la frustración.


No es que Louie tenga una mala vida, de hecho tiene una buena vida de clase media holgada. Vive en un buen piso en Nueva York, es un artista y tiene dos hijas inteligentes. Pero está solo y frustrado. Quizás porque a veces nos imaginamos una vida para nosotros mismos y la realidad nos noquea abocándonos a otra bien distinta. No ayuda a todo ello que vivamos en una sociedad que oculta lo que más le gusta. En el penúltimo capítulo, The Road. Part 1 (5x07), Louie traza un monólogo sobre ello. Hemos convertido el sexo en tabú aunque sea una de las cosas que más disfrutamos. Pero… ¡si el sexo está en todas partes! Sí y no. En todas partes está una reproducción banalizada del sexo. Tetas, pollas y culos. Le echaba un buen polvo. Pero no el sexo de verdad como acción en la que se acumulan una cantidad sin fin de sentimientos y emociones. Del placer a la felicidad. No sé en qué punto la humanidad decidió que el sexo giraba en torno a los genitales y que nos íbamos a sumergir en una espiral de exhibición/ocultación de los mismos. En dicho monólogo Louie dice que si nos pusiéramos una cinta adhesiva que tapara nuestros genitales podríamos entrar sin ropa en la Casa Blanca. Es una coña pero tiene mucho de verdad. Los genitales son el enemigo. Los soviets de nuestro cuerpo. Y a la vez todo nuestro mundo parece girar alrededor de ellos. Cuando el deseo va mucho más allá de la carne y el pellejo. ¿Por qué ocultar o disfrazar nuestros deseos? Eso no hace más que crearnos una insatisfacción que nos abrasa lentamente. Ese miedo a exponernos a los demás y que estos vean nuestras debilidades. Lo que hay detrás del - ¿Qué tal te va la vida? - Pues no me puedo quejar.



Precisamente de ello habla el que quizás sea el capítulo más comentado de esta temporada, Cop Story (5x03), en el que Louie se encuentra con su excuñado, un policía fracasado de Nueva York, al borde del colapso emocional, interpretado por un soberbio Michael Rapaport. ¿Qué pasa cuando llegas a una edad en la que todo el mundo a tu alrededor parece que ha llegado más lejos que tú? Y así volvemos al principio de este artículo. Esta temporada de Louie habla de lo difícil que es asumir que no tienes la vida que deseas, que las cosas no han salido como esperabas, y que ello te duele, obviamente, y te hace daño. La serie de Louis CK es tan poderosa porque es capaz de capturar los sentimientos de los adultos de nuestra época y hacer arte a partir de ellos. Hacer arte con nuestras miserias, sin perder el sentido del humor. Quizás reírnos de nosotros mismos es la mejor forma que tenemos de sobrellevar nuestras frustraciones diarias. De combatir aquello que no nos gusta de nosotros o de nuestras vidas. De seguir en pie otro día más. Louie me conmueve y me hace daño, pero también me hace reír a mandíbula abierta y me da ganas de vivir. Nadie tiene la vida que le gustaría, no existe la vida perfecta, tampoco somos completamente dueños de nuestro destino, simplemente debemos de jugar con las cartas que tenemos. A veces pierdes, a veces ganas, unas veces sufres, otras disfrutas, pero lo importante es seguir en la partida. Y reírte de tus miserias. Sobre todo reírte, porque hacer cosas para sentirte mal contigo mismo es destrozarte desde las entrañas. Y disfrutar de los chistes de pedos, porque efectivamente, nunca fallan.


miércoles, 20 de agosto de 2014

Emmysalternatives 13/14 III: Actores de Comedia

Actor de reparto

6. Jesse Tyler Ferguson por Modern Family
No es fácil en un reparto lleno de actores con personajes muy vistosos, destacar cuando interpretas al más normal de todos. O por lo menos yo creo que no debe serlo. El mérito de Jesse Tyler Ferguson es estar siempre bien, que sus tramas cómicas funcionen perfectamente y sobre todo dotar al personaje de una humanidad y unos sentimientos que muchos de los demás personajes de la serie no tienen. La trama de final de temporada con su padre, como muestra del talento que tiene.


5. Noel Fisher por Shameless
Si hay un personaje en Shameless que ha crecido esta última temporada ha sido Mickey. Suyos han sido los momentos más cómicos (“no soy el Lincoln de las putas”) y también los que han tenido mayor carga romántica con la evolución que ha tomado su relación con un Ian roto. Noel Fisher tiene el carisma, el descaro y la gracia necesarios para que nos creamos que es un hijo de puta, pero que a la vez sepamos que es nuestro hijo de puta.


4. Raúl Castillo por Looking
La suya es una interpretación sobre todo emocional. Entre amplias sonrisas y caras de tristeza, Castillo logra que conectemos con este chico sin muchas ambiciones en la vida que sólo busca que lo quieran. Logra transmitir la desesperación que genera estar embarcado en una relación con una persona que no tiene claro hacia dónde se dirige. Me tocó la patata, por eso está aquí.


3. Ty Burrell por Modern Family
Que la familia Dunphy es el motor de Modern Family no es ninguna novedad a estas alturas del partido. Que la vis cómica de Ty Burrell y esa inocencia tan pura que logra transmitir es uno de sus mayores reclamos, tampoco. Su mayor mérito es lograr que Phil sea un personaje tan entrañable e inconsciente como el primer día. Que no haya perdido la chispa.


2. Jeremy Allen White por Shameless
Esta temporada, en la que Lip ha llevado el timón de la familia Gallagher, le ha permitido a Jeremy Allen White lucirse como en ninguna de las anteriores. Lejos quedan ya las pajas mentales de antaño, Lip ha madurado hasta convertirse en un hombre. Eso lo ha dotado de una carga dramática que antes no tenía y Jeremy Allen White ha bordado el papel, manteniendo el tono pícaro cuando hacía falta y dotando al personaje de la seriedad y la carga emocional necesaria cuando lo requería.


1. Adam Driver por Girls


Si Adam Driver bordaba el papel cuando su Adam vagaba a la deriva, este año, que por fin ha evolucionado personal y profesionalmente, y que su relación con Hannah ha adquirido un grado de complejidad y madurez que antes no tenía, ha dado el do de pecho. No ganará el día 25, pero no será porque no lo merezca. Este año ha demostrado que puede ser un soberbio actor dramático que no descuida la vertiente cómica de sus personajes. Sin ser un actor muy expresivo, es capaz de transmitir muchos sentimientos, o más que sentimientos, ideas. Se está labrando una gran carrera, ojalá que le vaya bonito.


Actriz de reparto

6. Aubrey Plaza por Parks and Recreation
La reina de la maldad entrañable siempre tendrá un huequecito reservado en mi corazón. No ha sido su año más lucido (ni el de ella ni el de la serie ni el de ninguno de sus actores) pero ver a Aubrey Plaza haciendo el bien cuando parece que hace el mal es siempre un placer. Las frases que dice están sobre el guion, pero hay que clavar la forma de decirlas, la forma de moverse del personaje, es una composición mucho más compleja de lo que parece a simple vista. Una de las actrices que más me hace reír, sin duda.


5. Laura Prepon por Orange is the new black
Al interpretar a Alex Vause, Laura Prepon se lo jugaba todo a ser capaz de conseguir resultar lo suficientemente carismática y atractiva como para que entendiéramos la atracción fatal que la protagonista siente hacia ella. En la credibilidad de esa relación se jugaba Orange is the new black el éxito de su primera temporada. Viendo la marabunta de shippers que generaron, sin duda Prepon lo consiguió. Sexy, peligrosa, inteligente, a ratos buena, a ratos destructiva. Un personaje lleno de contradicciones y matices, que siempre oculta unos cuantos ases debajo de las mangas de su mono naranja. Es un trabajo bastante sutil el que hace Laura Prepon. Sutil y bueno.


4. Allison Williams por Girls
Este año Lena Dunham le ha dado menos cancha a Marnie y aún así cada secuencia de Allison Williams ilumina la serie. Perdida en sí misma, en una vida que no es la que cree merecer, Marnie ha dado unos bandazos que todos aquellos que somos veinteañeros a la deriva podemos entender e incluso vernos reflejados en ellos. Allison Williams desprende el encanto y la fatalidad, la tentación de autodestruirse, necesarios para afrontar este papel. A mí me fascina. Mucho.


3. Julie Bowen por Modern Family
Mientras Modern Family esté en antena yo pondré a Bowen entre mis actrices cómicas favoritas del año. Lo que yo siento por ella es una devoción sin límites. Su capacidad de generar comedia descontrolada desde un personaje tan controlador me chifla. Todo está bajo control salvo su cara que es una catarata de expresividad. Hace las muecas más maravillosas de la televisión. Punto.


2. Allison Janney por Mom
Quizás deba empezar diciendo que Allison Janney posiblemente es mi actriz de televisión favorita de todos los tiempos. Que mucho antes de ser seriéfilo, cuando a escondidas veía la televisión hasta tarde y me quedaba fascinado viendo The West Wing ya la amaba profundamente. Que Allison Janney es razón más que suficiente para ver algo, ya sea una serie o una película. Que por ella me tragué Mr. Sunshine, y que por ella me la volvería a tragar. Por eso cuando supe que estaría con Anna Faris en Mom me tiré de cabeza, aún sabiendo que era una serie de Chuck Lorre. Y desde luego Mom no es ninguna genialidad (esos chistes manidos y ese aspecto cutre no, lo siguiente, marca de la casa) pero ha sabido compensar sus carencias con mucho amor y con el enorme talento de una Janney desencadenada, liberada de todo corsé, entregada a la causa. Pocas actrices hoy en día (sea en cine o en tv) son capaces de moverse tan bien entre la comedia y el drama. Muy pocas. El Emmy a priori parece estar entre ella y la actriz que viene a continuación, ambas serían justas ganadoras.


1. Kate Mulgrew por Orange is the new black


La interpretación de Kate Mulgrew, como la carismática y peligrosa Red, tiene de todo. Cambio de acento, espiral descendente, rabia, momentos muy cómicos… Un personaje tan complejo, con tantas aristas, necesitaba a una actriz de la fuerza de Kate Mulgrew, veterana intérprete muy bregada en la televisión. Ser la actriz más brillante en un reparto femenino tan mayúsculo como el de Orange is the new black bien merece un Emmy. En todas las secuencias en las que aparece Red, Mulgrew se apodera de la serie, convirtiéndola en su show particular. Una auténtica fiera.


Actor

6. William H. Macy por Shameless
El salto de Shameless de las disputadas categorías de Drama a las más accesibles de Comedia en los Emmys, ha tenido como única recompensa la nominación del respetado William H. Macy. Aunque su personaje esta temporada ha estado un poco a la deriva, totalmente desconectado del resto de su familia, H. Macy se ha podido lucir como nunca al tener que retratar el deterioro físico de un Frank al borde de la muerte.  Como siempre, ha sabido combinar los momentos de mayor carga dramática con los chascarrillos y el teatrillo constante de este caradura.


5. Adam Scott por Parks and Recreation
El Ben de Adam Scott sigue siendo el freak más entrañable y amable de la televisión. Scott es capaz de dotar a un personaje mucho más normal que el resto de los que le rodean, de tanta personalidad, de tanta identidad propia, que logra que nos identifiquemos constantemente con él. Muchas veces sus miradas de “¿qué hace un chico como yo en un sitio como éste?” reflejan nuestros pensamientos ante el maravilloso desparrame cómico que es Pawnee.


4. Jonathan Groff por Looking
Al principio creí que Groff no iba a ser capaz de escarbar en su personaje hasta llevarnos a algo más profundo que la superficialidad y el egoísmo drama-queenero de los primeros capítulos. Pero me equivoqué. Consiguió pasar de los estereotipos hasta edificar un personaje muy humano, muy palpable en sus miedos, en sus deseos un poco autodestructivos, en sus tentaciones… El miedo a ser feliz y la impotencia ante el auto-boicot se reflejan muy bien en su cara de niño bueno.


3. Chris Messina por The Mindy Project
El gran mérito de Messina es interpretar a un tipo muy serio que a la vez es jodidamente gracioso e ingenioso. Un derroche de carisma ermitaño. Su Danny está en constante lucha entre lo que piensa y lo que siente. Entre sus miedos y sus deseos. Esta última temporada de The Mindy Project se entregó definitivamente a gestionar la tensión amorosa entre Danny y Mindy. La química y la comicidad entre ambos son la gran fortaleza de la serie. Pero además Messina resulta gracioso en todas y cada una de las situaciones en las que interviene y funciona bien con todos los personajes, su seriedad, repito, crea comedia de la buena.


2. Andy Samberg por Brooklyn Nine-Nine
De entre las sorpresas de las nominaciones de los Emmys quizás la más desagradable fue no ver a Andy Samberg entre los nominados. Desagradable e increíble, porque Samberg es una bestia cómica y en esta serie lo confirma. Inocente, engreído, infantil, tierno, egocéntrico… El detective Jake Peralta es uno de los personajes con los que más me he reído en esta última temporada televisiva. Y aunque los diálogos están ahí, muchos de sus gags son físicos, comedia corporal, y Samberg, excesivo para bien, lo borda. Es el actor perfecto para el papel.


1. Louis C.K. por Louie


Mucha gente dice que la interpretación de Louis C.K. no tiene mérito porque se interpreta a sí mismo. En primer lugar, Louis C.K. no se mueve en las coordinadas vitales de Louie. Y en segundo lugar: ¿y? El gran mérito de Louie es transpirar tanta verdad, tanto mundo de la vida, ser tan real en lo que cuenta. No hay hoy por hoy en la televisión un rostro que me transmita tanto como el de C.K. Ni uno sólo. Básicamente porque no sólo me transmite su soledad o su felicidad, su miedo o su esperanza. No sólo hace eso, también me las pega. Me destroza, me hace feliz, hace que me identifique tanto en este hombre maduro perdido en medio de la ciudad y en las aguas mansas de la mediana edad. Lo más hermoso que puede conseguir una serie (o una película) y sus actores, es llegar a lo más hondo del interior de los espectadores. Y joder, Louis C.K. me cala hasta los huesos.


Actriz

6. Mindy Kalling por The Mindy Project
Kalling es una mujer que no tiene miedo a hacer el ridículo, a ponerse a sí misma en situaciones embarazosas, a bromear sobre su cuerpo, a explotar su vena más egoísta y maligna. Todo por el humor. Esa entrega a su trabajo, esa pasión suya por mostrar el mundo desde su especial punto de vista sin tener miedo a ser criticada es lo que hace que su serie y su protagonista sean tan divertidas de ver. Ojalá viviéramos en un mundo que premia mejor a la gente con agallas.

5. Amy Poehler por Parks and Recreation                
 A estas alturas poco se puede decir sobre Amy Poehler y su Leslie Knope que no se haya dicho. Lograr que un personaje que fácilmente podría resultar irritante no sólo no lo sea, sino que además sea entrañable, divertido, carismático, cercano y muy especial, tiene un mérito acojonante. Ese doble juego de interpretar a un personaje controlador descontrolado sigue funcionando igual de bien con el paso de los años. El año que viene será el último de Leslie Knope en nuestras vidas… habrá que amarla muy fuerte.

4. Abbi Jacobson por Broad City
Patética, egoísta, frustrada y sobre todo una auténtica perdedora a la deriva en medio de NYC. Así es el personaje que interpreta Jacobson en Broad City, una serie que es un auténtico placer de risas y situaciones embarazosas non-stop. Todo lo que dije sobre Mindy Kalling antes se puede aplicar a Abbi Jacobson, añadiendo además, que en su caso, logra que nos podamos identificar con su personaje, consigue a pesar de lo excesivo de sus situaciones vitales, que veamos en ella mucho de nosotros mismos. Esos chistes pasados de rosca que muchas veces no nos atrevemos a pronunciar o esos pensamientos malignos que guardamos en nuestro interior. En su boca suenan como si estuviera metida en mi puta cabeza.

3. Taylor Schilling por Orange is the new black
No pocas ostias ha recibido Schilling por dar vida a la reclusa Chapman. Un caso claro de gente que no es capaz de diferenciar entre personaje e intérprete. Más allá de lo censurables que sean los actos y los métodos de Chapman, que lo son y mucho, y por eso mismo es un personaje tan interesante, lo cierto es que Schilling la borda. Construye muy bien esa mezcla entre encanto y turbación que necesita el personaje. Esa cara de incredulidad ante lo que le acontece y esos movimientos corporales a ratos refinados a ratos salvajes, son sus grandes bazas. Chapman tenía que ser sexy y transmitir con la mirada que es una bomba de relojería. Y Taylor Schilling logra transmitir eso.

2. Julia Louis-Dreyfuss por Veep
La protagonista de Veep, una de las más relevantes actrices cómicas americanas de los últimos 30 años, va con paso firme hacia su tercer Emmy consecutivo por interpretar a la demencial Selina Meyer. Su gran mérito es interpretar a una mujer que se pasa el día interpretando, ser una persona que a la vez juega a ser otras persona cuando está rodeada de desconocidos o adversarios políticos. Su interpretación es tan soberbia porque es un constante juego de apariencias, pullas, humor negro, tacos, gags físicos y secuencias que requieren una gran contención y otras que necesitan que esté pasada de rosca. Un trabajo complejísimo y digno de estudio.


1. Emmy Rossum por Shameless


#EmmyForEmmy. Tras años usando esta frase como mantra, sólo faltaría que no ocupara esta posición la amiga Emmy Rossum. No por ser totalmente previsible su ausencia de las nominaciones de los Emmys es menos dolorosa. Es una de las actrices más sensibles de la televisión actual, también una de las más luminosas, de las que respira y transpira más vida, más pasión por lo que hace. Pocas actrices hay más comprometidas con su papel que Rossum con Fiona Gallagher. Este año, en su temporada más dramática y truculenta ha vuelto a estar extraordinaria. Cuando Fiona sufre, los espectadores sufrimos con ella, tal es el grado de empatía creado por esta actriz de ojos brutalmente expresivos y sonrisas que descolocan. Lo único que siento por ella es cariño, admiración y gratitud.

viernes, 27 de junio de 2014

Es real. Es la puta vida.

LOUIE - Cuarta Temporada


No quiero desnudarme ante ti, no quiero estar expuesto

Una de mis mejores amigas tiene en su portátil una carpeta que se llama “Canciones para reír y llorar” y cuando tiene un día mariconero o mariano, la abre y de ella salen desde Luz de luna de Chavela Vargas a Bobby Womack versionando California Dreamin’. Y se hace la luz. Yo no tengo una carpeta así, pero tengo a Louie. Louis C.K. me hace reír por fuera y llorar por dentro. No soy una persona que llore viendo películas o series, pero sí que sufro a menudo, y pocas obras audiovisuales me conmueven y conmocionan tanto como Louie que terminó su cuarta (y más consistente) temporada la semana pasada en FX (It’s not TV, it’s not HBO, it’s better). Como estaba de vacaciones no he podido escribir antes. 10 días después de ver Pamela parte 2 y 3 (4x13-14) es el momento de sentarme aquí, con mi taza de café y empezar a escupir elogios.

Como todos los años y a calor de los Emmy se debatirá sobre si Louie es una comedia o un drama. En mi opinión es otra cosa. La serie más radicalmente autoral de la televisión actual. Louis C.K. (que dirige, escribe, protagoniza y produce todos los capítulos) es un humorista corrosivo con una sensibilidad para el drama cotidiano que te desarbola. Lo que él hace en Louie no es una obra que se pueda circunscribir en un género, es más bien un tratado sobre el mundo de la vida que diría Habermas (#postureo) centrado en un hombre blanco, liberal (en el sentido americano), heterosexual de clase media. Louie habla por un lado de esa crisis, la de ese prototipo de hombre, algo que trató con puntería certera Cesc Gay en la infravalorada Una pistola en cada mano (2012). Y por otro, de la incomunicación y la soledad urbanas, en la línea de, por ejemplo, la Her (2013) de Spike Jonze. Al superponer ambas crisis de carácter vital, lo que C.K. entona es un canto triste. El del hombre intentando mantenerse conectado a un mundo que cada vez entiende menos.  Y esa conexión con el mundo tiene que materializarse forzosamente por dos vías, la familia (siempre la familia) y el amor. Por eso esta temporada de Louie es la más anclada en la esfera emocional y también la que tiene unos hilos conductores más definidos.

Si las temporadas anteriores de Louie tenían una estructura más difusa en la que se mezclaban capítulos soberbios con otros menos memorables, ésta ha estado mejor empaquetada. Uno de los grandes temas de la temporada fue Louie bregando con sus problemas familiares, por un lado su relación con su ex-mujer, por otro lado los problemas crecientes con sus hijas (también crecientes) que han tenido mucho más peso e interés que en las temporadas anteriores. El otro gran tema fue el de Louie persiguiendo el amor, ahora que se acerca a la cincuentena y lo único que hay en su piso es soledad. Primero conocimos en el ya icónico 4x03, a la Fat Lady (Sarah Baker, vaya bestia cómica y dramática), que nos dejó el mejor monólogo (rodado en plano-secuencia, por cierto) de la televisión americana de esta temporada (sí, mejor que cualquiera de True Detective, Game of Thrones o Fargo). Después a la vecina húngara, interpretada por Eszter Balint (4x04-09), que sirvió para que el discurso sobre la incomunicación humana y urbana de C.K. se sublimara hasta llegar a lo más hondo, hasta la raíz de nuestra soledad en este mundo globalizado. Y en el último lugar nos reencontramos con una vieja conocida, la badass Pamela (Pamela Adlon, siempre un placer). Y justo ahí, cuando estábamos preparados para el final de la temporada, vimos al Louis C.K. más expuesto, más abierto en canal. También al más indefenso, al más vulnerable. Louie sólo quiere amar y ser amado, pero oh, el funcionamiento del mundo no es tan sencillo. Ya se sabe, you can’t always get what you want.

La vida no es sueño

Frente a la reflexión sobre la satisfacción profesional que acompañó a la tercera temporada, en esta, todo ha girado sobre los sentimientos de Louie. Más sobre el vacío que genera la soledad que sobre la insatisfacción laboral. Si los flashbacks han sido siempre marca de la casa, este año han sido más relevantes aún. De aquellas tormentas, estos lodos, parece decirnos C.K. Si antes la mirada al pasado era sobre todo anecdótica (que no irrelevante). Ahora se posa sobre momentos trascendentales. Y agrios. El discurso parece ser un “se cometieron errores” que diría el Jonathan Franzen de Libertad (2010). De tal forma que nos enseña el momento en que decidió dar por terminado su matrimonio, la claudicación definitiva en un hotel de mala muerte (el desolador 4x07). La derrota. Y en el maravilloso capítulo doble, In the Woods (4x11-12), su viaje al lado oscuro de la fuerza en la adolescencia, entroncando con la llegada de su hija mayor a la misma. Precisamente, si el problema hasta ahora era que el protagonista se hacía mayor, ahora el problema es que se hace aún más mayor y que sus hijas también se están haciendo grandes y comienzan a tener problemas serios. Las secuencias más angustiosas de este año, la del metro (4x04) y las de la tormenta (4x09), han versado sobre Louie intentando proteger a sus pequeñas. La paternidad como estado de sitio constante, como angustia, el amor como miedo. Pasan cosas malas ahí fuera (más allá de la familia) y yo no puedo protegeros, porque no soy capaz ni de protegerme a mí mismo. Ouch.

Llegados a este punto, espero que haya sido capaz de explicar por qué Louie me ha parecido una de las mejores series de este temporada. Así, en general, sin distinguir entre dramas, comedias, miniseries, antologías etc. Espero haber sido capaz de plasmar por qué me ha hecho tanto daño mientras me sacaba tantas risas. Louie me duele porque es de verdad, porque hace que me vea a mí mismo, a mi yo presente y a mi yo futuro, y eso hace que me ría de mí mismo pero que también me entristezca. Ese doble juego es brillante. Por eso esta serie habla tanto y tan bien de la vida, porque la vida es así, cómica y dramática a la vez. Maravillosa… casi siempre.