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domingo, 10 de abril de 2016

Crimen, raza y ¿castigo?

AMERICAN CRIME STORY: The People v. O.J. Simpson




American Crime Story aterrizó en la televisión estadounidense en medio de intensos debates sobre el racismo que aún impera en la sociedad americana y en su sistema político-legal. Estados Unidos sigue siendo un país dónde las tasas de mortalidad y de encarcelamiento de los hombres negros son muy superiores a las de los hombres blancos.  Tras el asesinato a manos de la policía de un joven negro desarmado en Ferguson (Missouri) en el verano de 2014 y los disturbios que dicho asesinato desataron, el problema del racismo ha vuelto a ser una prioridad nacional, recordando a todos los estadounidenses que la elección del primer Presidente negro no había cambiado ni las mentalidades de las personas, ni los procedimientos legales y de seguridad, ni los condicionantes socio-económicos. La televisión ha intentado reflexionar sobre el racismo en medio de este clima de tensión racial creciente. Ya sea de forma episódica, como The Good Wife o Scandal, ya sea a través de la comedia, como The Carmichael Show, o ya sea colocándolo en el corazón mismo de su relato, como en American Crime. Así, la televisión le ha ganado limpiamente la partida a su hermano mayor, el cine, dónde los negros siguen siendo invisibilizados por una industria gobernada por hombres blancos. American Crime Story: The People v. OJ Simpson, ideada y escrita por el tándem Scott Alexander y Larry Karaszewski, guionistas de The People v. Larry Flint, otro relato judicial mediático y mediatizado, bajo el auspicio del hombre-marca Ryan Murphy, aquí productor y director, ha venido a continuar y amplificar las reflexiones que todas estas series habían llevado a cabo antes, convirtiéndose en una de las ficciones más interesantes y trascendentes de este 2016.

(A partir de aquí se hablará abiertamente de lo acontecido durante el caso O.J. Simpson)

O.J. Simpson, un famoso jugador retirado de la NFL (la Liga de fútbol americano) es acusado de haber asesinado a su ex-mujer y a un hombre que se encontraba con ella en el momento del crimen. Tras darse a la fuga antes de ser detenido, y volver finalmente para entregarse, es sometido a un proceso judicial televisado en vivo y en directo para todo el país, llegándose a producir altercados en torno al mismo. A partir de esta jugosa premisa, Alexander y Karaszewski desarrollan un fantástico estudio de personajes, pero sobre todo elaboran un riquísimo estudio social de un país fragmentado y que no ha sabido enfrentarse a su doloroso pasado.

En el último capítulo de la ficción, el décimo, ya en su media hora final, tras darse a conocer el veredicto del jurado, el abogado principal del Dream Team de O.J. Simpson (Cuba Gooding Jr.), Johnnie Cochran (un inmenso Courtney B. Vance) se acerca, magnánimo en la victoria, al segundo de abordo del equipo de la fiscalía, Christopher Darden (Sterling K. Brown). Ambos son, además del propio O.J., las dos únicas personas negras relevantes en el relato, además, claro está, de los miembros de un jurado mayoritariamente compuesto por negros. Toda la secuencia transcurre en el interior de los juzgados, en un piso completamente vacío y entre claroscuros. Cochran, tras reconocer el inmenso trabajo llevado a cabo por Darden, le dice que una vez que las aguas se apacigüen, le encantaría ayudarlos para que vuelva “a formar parte de la comunidad”. La comunidad negra. A la que siguiendo las tesis de Cochran, Darden había traicionado al trabajar para unos aparatos legales y policiales, la Fiscalía y la policía de Los Ángeles, dominados por blancos, para encarcelar a un ciudadano negro. No a un ciudadano negro cualquiera, sino a un ciudadano negro famoso y respetado, al que Cochran, con su estrategia a lo largo del juicio, transformó en un símbolo del racismo sistemático contra los negros. Darden, que a lo largo del juicio había sucumbido una y otra vez a la manipulación que Cochran hizo de sus propios sentimientos, empujándolo hacia la traición a su propia raza, mantiene en esta secuencia una templanza que no había demostrado hasta el momento. Ya no tenía nada que perder, porque la sentencia del caso O.J. había destruido todo en lo que creía: una justicia igual para todos, basada en la verdad y no en la raza.

-    - Bueno, nunca me marché. ¿Crees que no entiendo la situación? La entiendo. Es venganza. O.J. es el primer acusado negro de la historia en librarse porque es negro.
-    - La gente verá quién es la policía en realidad...
-   - Y también lo bien que sabes darle la vuelta al sistema. No hay ningún escalón hacia los derechos civiles. La policía de este país seguirá arrestándonos, pegándonos, matándonos. No has cambiado nada para la gente negra aquí. Excepto, por supuesto, que eres uno rico y famoso en Brentwood.



Esta conversación resume a la perfección qué pretende contar la primera entrega de esta antología criminal. Cómo Cochran convirtió el caso O.J. en un juicio mediático masivo en torno a la corrupción de la policía y el racismo del sistema, sacando a la luz las heridas abiertas de un país que había vivido salvajemente la esclavitud y la segregación y dónde 25 años antes había sido asesinado Martin Luther King. O.J. un hombre negro, exitoso deportista y celebrity, que vivía en un barrio de clase alta, y por lo tanto blanco, rodeado de blancos, como su mejor amigo Robert Kardashian (David Schwimmer), y de espaldas a esa comunidad negra de la que hablaba Cochran, termina convirtiéndose en la última esperanza de dicha comunidad, en el hombre que encarna las ansias de venganza de millones de personas aplastadas por un sistema en el que no se ven representados. 

El juicio a O.J. Simpson y su sentencia exculpatoria, sacudieron a un país que a mediados de los 90, vivía una calma aparente, bajo la que supuraban el odio, el racismo, la violencia y el machismo. De hecho, destacaría fundamentalmente tres aspectos de ACS: su dibujo del racismo, no sólo de blancos hacia negros, sino también a la inversa, dibujando a un país profundamente dividido; la panorámica socio-cultural de los Estados Unidos pre-11-S y pre-masificación de internet, a través de la televisión cómo gran teatro del mundo; y en tercer lugar, cómo ahonda en la violencia, física, simbólica, laboral y mediática que genera el machismo. La fiscal Marcia Clark (la mejor Sarah Paulson desde AHS: Asylum) se convierte así en la protagonista del relato, teniendo a Cochran como antagonista. El sensacional y complejo dibujo que hace la serie de una mujer luchando contra terribles dinámicas de poder machistas es sensacional. Y alcanza su culmen en el maravilloso Marcia, Marcia, Marcia (1x06), en el que la fiscal tiene que lidiar a la vez con sus problemas familiares, la estrategia destructiva de su rival, el acoso mediático y sus propios miedos e inseguridades. El capítulo es un sensacional retrato del acoso al que se ven sometidas muchas mujeres en situaciones de poder en un sistema controlado por hombres. Junto con el último episodio y el antepenúltimo, el del jurado (sus prácticamente nulas deliberaciones en la finale son oro), uno de los episodios más vibrantes y lúcidos de una ficción que viajado a los 90 para reconstruirnos aquello años y demostrarnos que la sociedad americana no ha cambiado tanto, que sigue, como ya se veía en su hermana American Crime, acosada y fracturada por problemas muy similares.

jueves, 23 de enero de 2014

Un sí para el aquelarre

AMERICAN HORROR STORY. COVEN


Demasiadas zorras para tan pocas gallinas

Tras el entusiasmo inicial, muchos espectadores se sintieron decepcionados con el devenir de la tercera entrega de la antología American Horror Story, Coven (aquelarre). Si en Asylum cuanto más se sumergía uno en la historia más claro veía el plan maestro detrás del circo, en Coven pasó un poco como en la primera temporada, que la historia avanzaba a trompicones, como si las tramas fueran escritas sobre la marcha. Entiendo, por lo tanto, el desencanto de parte de la audiencia. Pero, yo he disfrutado tanto este recorrido lleno de baches y tramos cortados por obras, que no puedo negar que a mí Coven me entusiasma. Es obvio que no es Asylum, no tiene esa gravedad, esa entidad narrativa, esa complejidad, esa oscuridad malsana. Coven es puro hedonismo, diversión arrojada a calderos, duelos de zorras multirraciales (gracias), sangre y agujeros de guion muchas veces insalvables (las brujas a veces son muy poderosas y otras veces parece que no tienen ningún tipo de poder). Ah, y Jessica Lange reafirmándose en su título de GMILF definitiva.

Teniendo en cuenta esta vocación ligera, a veces incluso banal, no se le puede negar a Coven que ha sabido salpimentar los múltiples asesinatos y resurrecciones wtfuckeros con alguna reflexión interesante sobre el empoderamiento de la mujer, la aceptación (y la negación) de la muerte y la importancia de las tradiciones socio-culturales. Coven viene a profundizar en esa construcción audiovisual del sur de Estados Unidos como un lugar mágico y tenebroso, de tradiciones arraigadas, quizás frente a un norte carente de un poso tradicional marcado, industrial, urbano.

Interesante resulta también como trata la cuestión del arrepentimiento. En el penúltimo capítulo, Go to Hell (3x12, esa puta locura) Madame LaLaurie (que es un personaje histórico real) escupe que el arrepentimiento no existe, que las personas que dicen arrepentirse sólo se arrepienten de que las hayan pillado haciendo lo que no debían. Sólo se arrepienten de su propia estupidez. Es una visión muy oscura del ser humano. American Horror Story construye (como únicamente la lapidaria Black Mirror de Charlie Brooker diría yo) el retrato de una humanidad condenada a sobrevivirse a sí misma, a sus más bajos instintos. Atrapada en un círculo sin fin de fatalidad (aquí es dónde se viene a situar la cuestión racial y la esclavitud). Es imposible no ver el “la historia es una pesadilla de la que intento despertar” de James Joyce en esas pobres almas atrapadas en su propia inmortalidad.


Helen Mirren, I WIN

Volviendo al inicio, sí, Coven no ha sabido muy bien qué hacer con sus personajes, cómo dirigirlos, o más bien simplemente dirigirlos, ha jugado demasiado la carta del deus ex machina, ha dado la sensación de quedarse ensimismada en su propia mitología, atascada. Pero ha sido un producto divertidísimo, lleno de locura, muchas veces frívolo, sí, pero no hueco. Yo no me he aburrido ni un solo capítulo y en todos me he reído unas cuantas veces. El The Name Game de Asylum apuntaba a que AHS tenía mucho humor en sus cimientos que explotar. Y lo ha hecho, desde la secuencia de la motosierra a la paródica aparición de Stevie Nicks, pasando por Madame LaLaurie viendo Raíces. Ha sabido ser elegante y burda a la vez, gracias a sus actrices (todas extraordinarias, sí, hasta Precious) y a un trabajo de dirección que ha forzado una vez más los límites de la lógica visual. No sé como nadie le ha dado aún a Alfonso Gomez-Rejón una película de terror o un thriller psicológico en Hollywood para que lo dirija. Si a alguien le quedaba alguna duda de su talento, Go to Hell (el golpe sobre la mesa que necesitaba Coven para reafirmarse como un producto de primera) deja claro que Gomez-Rejón aún no ha tocado techo, o tierra, porque sus planos nunca nos dejan ver dónde tiene los pies... y la cabeza.