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martes, 19 de agosto de 2014

Emmysalternatives 13/14 II: Miniserie y Telefilm

Telefilm

Enorme error ha cometido la Academia al volver a bifurcar la categoría de mejor miniserie/telefilm en dos. Si cuando las unió pesó la brutal escasez de miniseries, como contó Molitsanti en este post tan interesante, ahora la situación es a la inversa, hay mucho nivel de miniseries y ninguno en telefilms, puesto que más allá de las que produce HBO y alguna venida de UK, sólo canales de pésima calidad elaboran este tipo de productos.

5. Killing Kennedy
Este telefilm de National Geographic, que sigue la saga iniciada el año pasado por Killing Lincoln, no aporta nada nuevo a lo que mil y una vez nos han contado sobre el asesinato de John Fitzgerald Kennedy. Su mayor mérito es que se deja ver. Así de ínfimo es el nivel de los telefilms este año. A su favor también que visualmente no parece una baratija de las que asustan por su cutrez, como uno de los nominados en los Emmys: The Trip to Bountifiul


4. Burton and Taylor
Este telefilm es un duelo de 1 hora y media entre dos personajes tan abrasadores como Richard Burton y Elizabeth Taylor. La película no está mal escrita aunque es bastante superficial. Quizás su problema sea que Dominic West y Helena Bonham Carter no son ni parecen ser Burton y Taylor. No resultan creíbles en los papeles, y eso no quiere decir que estén mal, porque no lo están, pero es que no son ellos. Bonham Carter es una gran actriz pero no se parece en nada a Elizabeth Taylor, no tiene su magnetismo, ni su sensualidad, ni su aura de perdición y autodestrucción.


3. Muhammad Ali’s Greatest Fight
A mí me encantan los debates jurídicos, por eso disfruté mucho, por ejemplo, con las largas secuencias sobre debate constitucional de Lincoln, por eso creo que disfruté tanto de este telefilm de Stephen Frears, ese obrero del cine. Se me pasó volando, me pareció muy interesante, los actores veteranos están muy bien, tiene momentos que se apartan del Tribunal que quizás no funcionan. Pero aún así, merece la pena esta aproximación a la sentencia del Tribunal Supremo sobre la objeción de conciencia esgrimida por Ali para no participar en la Guerra de Vietnam. También pinta bastante bien el clima de agitación política que vivía USA al inicio de los 70.


2. Sherlock: His Last Vow
En una jugada astuta dada la fragmentación de la categoría en dos y el flojísimo nivel en la de telefilm, Sherlock ha pasado de considerarse miniserie a competir en telefilm sólo con su último capítulo de la temporada. Este His Last Vow es el mejor de los tres capítulos de esta tercera temporada, el más denso y poderoso dramáticamente y también el más parecido al formato de la serie. Te atrapa de principio a fin, te acorrala tanto como a sus protagonistas y termina con un cliffhanger muy poderoso. Podría haber sido un buen ganador.


1. The Normal Heart


Inteligente, tierna, agria, devastadora, apasionada. Todas esas cosas, y alguna más, es The Normal Heart, la aproximación de Ryan Murphy a la explosión de la epidemia del SIDA en la comunidad gay de Nueva York a comienzos de los 80. Es una película que te remueve las entrañas y además te hace pensar. Un film político más que un drama sobre enfermedades. Y aunque cuenta muy bien la parte emocional, la lucha contra la enfermedad, el lento desfile de muertes, es en la dimensión política donde The Normal Heart se convierte en una película realmente relevante. Hay algún exceso visual, pero lo cierto es que este es el Ryan Murphy más contenido que hayamos visto, y se agradece. Salvo sorpresa mayúscula ganará el día 25, y será muy justo, porque de verdad es una obra relevante.



Miniserie

5. The Spoils of Babylon
Una miniserie cómica con formato de sitcom que es una parodia del melodrama americano tipo Gigante. Esta es la propuesta que el tándem Piedmont-Steele (director y guionista de Casa de mi padre) le vendieron al canal IFC (cuyo buque insignia es Portlandia) con Tobey Maguire en un papel de protagonista-narrador que parece una parodia del que interpretó el año pasado en The Great Gatsby (Luhrmann, 2013), rodeado de Kristen Wiig, Tim Robbins, Will Ferrell y Haley Joel Osment entre otros. Y lo que pudo ser un estrepitoso fracaso, ha resultado ser una rara avis muy divertida que no sólo no reniega de su banalidad sino que hace apología de la misma. No busca trascender, sólo que nos echemos unas risas. Y lo consigue.


4. Luther
Aunque esta  entrega del detective más oscuro de Londres haya sido la más floja de las 3 que ha tenido, ha mantenido esa atmósfera abrasadora y ese correr hacia delante de su protagonista. Cada vez más arrinconado por sus propios pecados, John Luther se ha movido aún más como un elefante en una cacharrería. Los casos han estado bien, aunque ha dado la sensación de que la serie ha llegado a su final muy cansada, tirando de demasiados deus ex machina. Aún así, un placer, como siempre.



3. American Horror Story: Coven
Tras la monumental Asylum había muchas expectativas puestas en la aproximación del dúo Falchuk-Murphy (más el director Gomez Rejon… una bestia) al mundo de la magia y la brujería de New Orleans. Y creo que hay bastante consenso en que las expectativas no se vieron cumplidas. Frente a la densidad y del año pasado, éste optaron por un tono más ligero. Ante el guion medido al milímetro (salvo por lo de los aliens) de Asylum, que contó un relato que fue de menos a más, en esta temporada la historia se fue moviendo a trompicones, a golpe de ocurrencias. Dicho lo cual… yo me lo pasé como un enano. Cuando asumes que no estás ante una entrega que haya que tomar en serio, lo que queda es un gozoso desparrame wtfuckero, con diálogos punzantes, miradas de tiburón y secuencias entre lo absurdo y lo genial.



2. Fargo
Si la antología de Noah Hawley no se impone el 25 estaremos ante una de las grandes sorpresas de la noche. Unánimemente aplaudida, Fargo fue uno de los grandes estrenos televisivos de esta temporada. Visualmente espectacular y narrativamente redonda. Supo capturar el humor negro y el aire de fatalidad del universo Coen y crear algo autónomo, con alma e identidad propias. Pocos placeres más inmersivos he tenido este año. Ver Fargo era sentarse durante 50 minutos rodeado de una nieve densa que te atrapaba.



1. Treme


Aprovechando que esta última temporada de Treme, sólo tuvo 5 capítulos a modo de conclusión del relato, HBO la movió en los Emmys de las categorías de drama a las de miniserie y la jugada se ha saldado con nominaciones en dirección, guion y en la categoría principal. En mis Emmysalternatives le ha ido mejor, básicamente porque es una serie que me ha calado muy hondo, a la que tengo mucho cariño y respeto. Incluso diría que yo admiro Treme, su humanismo exacerbado, su furiosa denuncia de los problemas de la America urbana, su lacónica tristeza e incluso melancolía, pero también su capacidad de resultar optimista hasta en los momentos más oscuros. Para mí siempre New Orleans será Treme, y uno de los sueños de mi vida es pasar allí un Mardi Gras. Gracias, gracias por tanto, David Simon.

sábado, 4 de enero de 2014

Siempre nos quedará New Orleans. Treme 4x04 - 4x05

TREME - Sunset on Louisianne / ... To miss New Orleans


El último plano, el último suspiro

Cuando termino una serie que me importa de verdad siempre siento un vacío, no un vacío en el estómago, físico. Es un vacío que no se definir muy bien, quizás se podría decir que siento una especie de aflicción. Me pone triste terminar un recorrido que había disfrutarlo, saber que es el final de ese trayecto, que aunque la vuelva a ver ya nunca será lo mismo. La magia de la primera vez. La primera vez que uno va a New Orleans debe ser especial también, se debe sentir una especie de magia en el aire. Treme me ha mitificado la ciudad para siempre. Me he prometido a mí mismo que algún día iré, que recorreré el corazón del jazz, que bailaré y comeré, y beberé… mucho. Y que seré feliz, porque a pesar de todas las fatalidades, la New Orleans que dibuja David Simon en Treme es una ciudad hecha para ser feliz a pesar de estar sumida en un amarguísimo túnel histórico. Siempre he dicho que Treme es una serie dicotómica, el retrato de eso que hay entre los extremos, de la vida. Cuando decimos que es una serie contemplativa, slow tv, en realidad lo que estamos diciendo es que es una precisa aproximación al mundo de la vida, a diferencia del resto de series, aquí no importan las tramas, solo el discurrir vital de unos personajes sumidos en un mundo complicado. ¿Cuál no lo es?

Treme es también una serie circular. Al final muchas veces nuestra vida es un bucle del que no podemos escapar. Como decía Marina Such de El diario de Mr. MacGuffin, el primer capítulo de la serie se llamaba Do you know what it means..., y el último ...To miss New Orleans, formando así el título de esta estremecedora canción que cierra la serie (maravillosa la dirección de esa secuencia de la gran Agnieszka Holland, que también dirigió el piloto de la serie). Por muchas vueltas que des en la vida, al final siempre puedes anclar tu barco en ese puerto al que llamas hogar. Las raíces son importantes. Treme es una apología de la esencia (de las personas, de las cosas, de las ciudades) como fundamento de la vida. Como dice Annie en la season finale, una cosa es ceder para avanzar, otra cosa es acabar cediendo tanto que dejes de ser tú mismo. El difícil equilibrio entre cambiar para sobrevivir (o progresar) y seguir siendo la misma persona es algo que ha sobrevolado siempre esta serie, a esta galería de personajes rica y compleja como pocas.

La última frase de Simon
Me acabo de dar cuenta de que he escrito los dos párrafos anteriores escribiendo en presente, como si Treme no estuviera cerrada, como si no hubiera visto el final, como si no estuviera triste y conmovido. La negación, esa etapa del duelo. Los dos últimos capítulos de la serie también son una reflexión sobre el final de la vida. La muerte se nos muestra en el campo físico como algo natural, sin estridencias, uno simplemente deja de respirar. En cambio, la muerte en el plano sentimental es algo de una complejidad que muchas veces no tenemos en cuenta. Es difícil explicar lo que significa ver una vida desaparecer ante tus ojos, esfumarse. Es sobre todo difícil explicar como la vida sigue aunque una vida se acabe. En la season finale, Simon y Overmyer captaron muy bien esto, ese momento en el que a la negación y el duelo sigue el seguir hacia delante. Avanzar no significa olvidar, porque, repito, el puerto que llamamos hogar siempre seguirá ahí, no podemos (ni debemos) escapar de nosotros mismos, y los que ya no están son parte de nosotros mismos.


Este cierre de Treme es también el párrafo final de un manifiesto sobre el estado actual de América. En estos dos últimos capítulos están presentes todos los temas que David Simon lleva analizando toda su carrera: la corrupción (política, policial, económica), la violencia, el colapso del sistema educativo público, la especulación urbanística, la transformación de la geografía urbana, el periodismo de guerrilla… Todo está en estas dos horas. Y lo más importante es que está colocada de forma indeleble, trenzado al milímetro, escrito con una sutileza que asusta. El talento de Simon para poner el foco en la América que América no quiere enseñarnos siempre me ha dado miedo la verdad. Es un don que acojona. He decidido escribir esto sin espoilers, no es tanto un recap como un adiós, un análisis como un ejercicio de autoayuda. Pero creo que lo que importa está aquí, quizás todo salvo la desoladora hermosura de la música de New Orleans. La música de New Orleans no es como el resto de música, no como la música de Nashville que diría Annie, es una música que sangra. David Simon, vuelve pronto, la televisión te necesita, yo te necesito.

domingo, 29 de diciembre de 2013

Mis series de 2013 (I)

10. Bron/Broen


En verano vi The Bridge, la adaptación yankee de esta serie sueco-danesa (<3) y como me gustó mucho y todo el mundo (entiéndase mi TL) me bombardeó con lo buena que era la origina, decidí hacer trampa y ponerme a ver directamente la segunda temporada. Sí, soy un chico muy malo. El resultado es que Bron/Broen me encantó. El caso (con un poso de terrorismo medioambiental y crítica al sistema productivo occidental) me parece muy interesante, la imposible pareja protagonista también y sobre todo me pareció brillante como son capaces de construirles un mundo y una personalidad compleja a todos los personajes accesorios de la trama criminal. Ole. Nos llevan años de ventaja.

9. The Killing


Si arriba escogí la original sobre la copia, ahora me quedo con la copia porque la original, la danesa (<3) Forbrydelsen, no la he visto aún, aunque le tengo muchas ganas a su segunda y tercera temporadas. Yo soy de esas personas que defendió siempre a The Killing perdonándole las trampas baratas de guion por la atmósfera y la química de los protagonistas. Esta tercera temporada ha elevado el tono (salvo por el derrape final) yendo a lo importante del caso y al fondo de la psicología de Linden y Holder. Netflix la ha resucitado por segunda vez para una última temporada. Gracias.

8. Shameless US


Otro remake yankee, en este caso de una serie británica de culto. Mi gran lugar feliz. Los Gallagher me alegran el corazón mientras se enfangan en el lodo descongelado de Chicago. Hay risas, hay amor, hay humor negro, sexo, muerte, drogas y pobreza cool. No se puede pedir más. Bueno sí, que Fiona e Ian encuentren a alguien que los quiera y los cuide como ellos se merecen.

7. Treme


Última temporada de una de mis series favoritas, Treme, una panorámica del New Orleans post-Katrina bañada en música. Una de las series que más me duelen y que más disfruto. Pocas galerías de personajes tan rica y trabajada hemos visto en televisión. Tiene ya un lugar entre las grandes. David Simon, sigue así.

6. House of Cards


Esta terrible trama político-criminal lideró mi clasificación de rookies, aquí se conforma con el sexto puesto, ya se sabe, hay que respetar a nuestros mayores. Pocas series me han atrapado tanto este año, la devoré cual hiena comiendo la carne de su víctima. Frank Underwood estaría orgulloso de mí, no hay ni un solo depredador en la televisión actual a su nivel.

martes, 24 de diciembre de 2013

Acabando el año. Treme 4x03

TREME - Dippermouth Blues


La "magia" del cine

Llegamos al final del año 2008. Entre las celebraciones del año nuevo, la esperanza, se cuela una terrible y húmeda sensación de derrota, de cansancio. Sobrevivir cansa. Perder una y otra vez y aún así tener que levantarse, también. A nuestros personajes les falta dinero pero se mantienen firmes en su esencia, en la esencia de si mismos, de su ciudad, de su forma de vida. Frente a la corrupción de dentro y las injerencias de fuera, frente a la adversidad, lo único que les queda es ser fieles a sí mismos. Sí, la defensa de la esencia, es uno de los anclajes de New Orleans como mundo de vida y de Treme como serie.

A partir de aquí, alguna pincelada de las tramas hasta el 4x03
La muerte es un tema que el cine y la televisión (y por supuesto todas las artes en general) han tratado profusamente a lo largo de los años. Es normal, la muerte es un elemento fundamental de nuestras vidas. El fin. El fin de verdad para los que se van y un fin de ciclo, de época, de estado emocional para los que se mueven a su alrededor, para los satélites del planeta que implosiona. Treme que siempre ha sido un relato centrado en el discurrir de la vida de un grupo de personas, ha jugado con la muerte desde su primera temporada con el suicidio de uno de sus protagonistas. Si aquella vez vimos la destrucción mental y emocional de un hombre, ahora vemos la destrucción física de un hombre que no está preparado para morir. "Cuando caer es todo lo que nos queda, claro que importa como cae un hombre" es una frase que siempre me ha parecido fascinante aunque soy incapaz de recordar dónde la la leí o escuché. El Jefe Lambreaux quiere caer sin arrodillarse, seguir siendo fiel a sí mismo, sacando a su banda de indios en el Mardi Gras por las calles de New Orleans. No puede hacerlo, pero morirá en el intento, porque caer es todo lo que le queda, por eso cose, impasible ante su deterioro físico. No puedo arreglar su cuerpo pero sí puede mantener su alma en pie. 

El imparable camino hacia la muerte del Jefe Lambreaux y sus seres queridos está siendo el motor de esta última temporada de Treme. La secuencia en la que su hijo y su mujer embarazada (con plano incluido a la barriga creciente de esta) se cruzan con un funeral (al estilo New Orleans, con música y un grupo de gente bailando) me revolvió el estómago. No pude no pensar en Stroheim y Greed (1924), y esa secuencia de la boda de los protagonistas con una marcha fúnebre colándose por una ventana. ¡Vaya maestro del encuadre! Pero lo que allí era una advertencia del destino (o incluso una condena) aquí no es más que el recordatorio de que la vida se acaba para unos y sigue para otros, que una vida es un mundo pero que el mundo no es una vida, aunque se construye sobre estas.

Su vida es lo que DJ Davis quiere emplear para mantener en pie el mundo al que ama. Sí, la esencia de ese mundo. Si malvivir dentro del sistema no lo cambia quizás haya que convertirse en el sistema. Ante la muerte de los locales de música de New Orleans, habrá que luchar por abrirlos de nuevo. La música no solo es hacer música, ni tocarla, la música es también luchar porque otros la hagan y la toquen. La vida no es solo vivirla, es también generar nueva vida, no en el sentido estricto de engendrar hijos, de la reproducción, sino en el sentido de afectar otras vidas generando sentimientos. Al Jefe Lambreaux apenas le queda cuerpo, pero está cosiendo un traje lleno de sentimientos.

lunes, 16 de diciembre de 2013

En esta ciudad. Treme 4x02

TREME - This city


Esta secuencia fue puro amor

El segundo capítulo de la última temporada se llama This city. Como la canción de Steve Earle que es el gran hit de Annie y su banda en la serie. Una canción perfecta para hablar de la New Orleans post-Katrina. Ha sido un capítulo duro. Yo no he podido parar de repetirme todo el rato en mi cabeza "en esta ciudad", haciendo un mix con el "en este país" de Larra que tan bien conocemos y padecemos día tras día. En esta ciudad la corrupción galopa a sus anchas y a las personas les llega el agua hasta la barbilla. En el mejor de los casos. En esta ciudad nada funciona, el sistema está quebrado. En esta ciudad todo lo que queda es luchar día tras día por sobrevivir.

Red lights! Algún que otro espoiler hasta el 4x02 de Treme anda suelto
El jefe Lambreaux se está muriendo. Si en el anterior capítulo parecía (he aquí la clave) que la vida le sonreía por fin, nos han dado el mazazo en este capítulo, justo al inicio, un golpe seco, rotundo. Su cáncer es incurable, deja la quimio y emprende el trayecto final de su vida. A lo largo del capítulo lo acompañamos en un hermoso paseo por su pasado, por su infancia, por su matrimonio, por una New Orleans que ya no existe... El tacto, la delicadeza, el cariño con el que han tratado el tema ha sido un gustazo, un gran éxito narrativo, una vertiente del relato muy emotiva y conseguida.

El otro golpe emocional del capítulo es el que sufre Antoine con el asesinato de una de sus alumnas. Un desolador retrato de la violencia, de la miseria humana. La criminalidad en New Orleans siempre ha sido uno de los elementos que con más dureza ha mostrado la serie, y esta muerte sin sentido (se produce tras una concatenación de malentendidos en un mundo violento) lo evidencia. Ver a Antoine, el corazón y la alegría de la serie, destrozado, hundido en el pesimismo, produce un gran impacto en el espectador. Es lo maravilloso de una serie que ha cuidado a sus personajes como ninguna otra. Los ha dotado de tantas capas que son palpables, y sus miserias también. Sus miserias se acurrucan a nuestro lado.

Para terminar, y volviendo un poco al inicio, voy a destacar en tercer lugar cómo la corrupción sistemática de la policía resquebraja no solo la ciudad, sino las vidas humanas. Todo marchaba bien entre Toni y Terry, y sin embargo la corrupción con la que tienen que luchar día tras día acaba entrando en su hogar, en su corazón, en sus pensamientos, nublándolo todo, hasta el cariño. Siempre me ha maravillado como Treme muestra la corrupción como un monstruo que arrasa todo a su paso, que lo enfanga todo hasta convertir, sí, a esta ciudad, New Orleans, en una ciénaga dónde las personas buenas tienen que malvivir porque no se les permite que encuentren la salida a su laberinto de problemas. Ha sido un capítulo duro y triste, sentido y bello. A ver que nos depara el 4x03 que emitió ayer HBO. 

lunes, 9 de diciembre de 2013

No podemos, pero seguimos intentándolo. Treme 4x01

TREME - Yes we can can


New Orleans celebrando la victoria de Obama en 2008

Cuando pensé en hacer el blog la verdad es que no contemplé la posibilidad de ponerme a hacer recaps, básicamente porque tampoco suelo leer esa clase de post, pero como soy una veleta que se mueve por impulsos he decidido que los últimos cuatro capítulos de Treme se merecen el esfuerzo. Obviamente este recap llega tarde, ayer se emitió ya en HBO el segundo episodio, pero es que no he podido verlo antes por entre otras cosas, la segunda temporada de Bron/Broen, que me ha enganchado cosamala. Venga, al lío.

Treme nunca se ha caracterizado por construir prólogos pre-opening muy definidos, sino que simplemente presentaba un par de secuencias iniciales introductorias. Todo muy sencillo. Eso lo han rompido en esta season premiere, cuyo título, Yes we can can, no podía ser más preciso, David Simon y compañía utilizan los primeros 7 minutos de capítulo para contar, sin estridencias (faltaría más hablando de Treme) el desarrollo de la jornada electoral en la que el primer negro de la historia fue proclamado presidente de los Estados Unidos de América. Acompañamos a los personajes a las urnas (o no, en el caso del Jefe Lambreaux, desilusionado, descreído, que intenta vivir a pesar y al margen del sistema) y a las fiestas espontáneas de celebración. Visto este prólogo con la perspectiva que nos da el tiempo, no podemos dejar de observar lo naif que fuimos, lo inocentes... Millones de americanos creyeron que estaban cambiando el sistema, pero era el sistema el que se estaba apoderando de sus ansias de cambio. Como siempre en Treme, todo es un juego de optimismo/desilusión, derrota/esperanza.

Red lights! Puede haber algún espoiler sobre como les va la vida a mis chicos de New Orleans tras la victoria de Obama
Despachada la elección de Obama, que funciona también como coordenada temporal para los espectadores, nos encontramos con los personajes más o menos en el mismo punto en el que los dejamos, anclados en esa ciudad paralizada post-Katrina, o más bien en el paso siguiente, la derivación lógica de lo visto en la season 3. La chef Janette (que ha sido siempre mi debilidad personal) ha abandonado la pesadilla-franquicia en la que se había embarcado la temporada anterior para volver al inicio del relato, a abrir un pequeño restaurante en un barrio especialmente deprimido. DJ Davis, tras romper todos los puentes con los jefes, las emisoras, los patronos, va artística y profesionalmente a la deriva. Annie se debate entre la satisfacción que le producen su banda y su música y la ambición de aspirar a algo más. El constructor (y especulador) tejano Nelson Hidalgo ha perdido millones con la caída de Lehman Brothers y la crisis financiera, pero aún sigue intentando medrar entre las ruinas de las catástrofes y su gusto (musical, culinario) sigue intacto. La pareja Toni Bernette - Terry Colson sigue luchando, desde la abogacía ella y desde la policía él, contra la podredumbre del sistema, solos (acompañándose el uno al otro) ante el peligro, o más bien, ante el silencio del poder. Sonny vive felizmente casado con su chica coreana, pero la tentación que supone la música sigue revoloteando por su cabeza. El músico Antoine sigue siendo Antoine, es a la vez el ancla y el alivio cómico de la serie, muchas cosas pueden pasar en las calles mal asfaltadas de New Orleans, pero Antoine Batiste será siempre fiel únicamente a sí mismo. LaDonna sigue empeñada en agarrarse a una vida que ya no existe, a su bar, a su ciudad, cueste lo que cueste, aunque eso implique abandonar a sus hijos a cargo de su ex-marido.

Y, llegados a este punto, el único al que la vida le va claramente mejor es al Jefe Lambreaux. De entre un mar de personajes intrínsicamente optimistas, justamente al más negativo es al que mejor le van las cosas. Aparentemente el cáncer está remitiendo, tiene trabajo, su grupo de indios se mantiene al pie del cañón, a sus hijos les sonríe la vida (Desmond va a ser padre y NYC sigue reclamando su regreso), y oh, sorpresa (la única que los guionistas plantan intencionadamente en el capítulo, dejándola para los minutos finales), LaDonna y él están juntos, más allá de la diferencia de edad, han solapado sus soledades para crear una relación muy tierna, muy sincera, muy intensa. Esto obviamente no viene de la nada, se ha ido preparando a fuego lento a lo largo de toda la tercera temporada, por eso ahora, con la relación en marcha nos sentimos tan a gusto, era algo que nuestros corazones deseaban tanto como los suyos, porque al fin y al cabo no ha habido personajes más escupidos por la vida en Treme que LaDonna y Lambreaux.
Fin de los posibles espoilers

Dos hombres, dos discursos

Ya para terminar, esta serie sobre distintas personas deambulando (el verbo no está escogido al azar) por New Orleans podría por mero concepto ser una historia de vidas cruzadas al modo de la fundacional Short Cuts (Altman, 1993), y sin embargo aquí las interacciones entre los personajes son mucho más orgánicas y a la vez más indelebles, puesto que no marcan profundamente el devenir del relato, están ahí pero casi no se notan, son completamente naturales, alejadas de una gran trascendencia dramática (ej: pequeños encuentros que cambian una vida). Y creo que el inicio de la recta final ha influido en esta cuestión, puesto que en este capítulo hemos tenido muchas interacciones, algunas de ellas primerizas, aunque el tono ha sido el mismo. De entre todas me quedo con la relación imposible entre dos personas tan extremas como DJ Davis y Nestor Hidalgo. Ambos se conocen en el debate ciudadano sobre la pertinencia de un museo-auditorio del jazz en Treme y la preocupante desaparición de los clubs del barrio. Nestor está metido en el proyecto urbanístico del museo, Davis totalmente en contra, pero en vez de enfangarse en una discusión irresoluble, Davis se lleva a Nestor a conocer los clubs, a vivir los clubs, los lugares de donde emerge la melodía de New Orleans. Simon enarbola así una apasionante defensa de la comunicación como principal herramienta para conocernos, para encontrarnos en nuestros desencuentros. Hay que seguir intentándolo.