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miércoles, 19 de febrero de 2014

Películas que están bien, películas que son relevantes

OSCARS 2013 - Big 9



Después de las vacaciones y con las nueve películas de los Oscar (el Big 9 para los amigos) vistas creo que ha llegado el momento de escribir sobre ellas, aunque ya haya hablado con anterioridad de 12 years aslave y American Hustle. Quiero dejar claro que esta es mi opinión, que defiendo la influencia de la esfera personalísima en la percepción de las películas, y que las dos categorías en las que divido a las nueve películas nominadas a mejor film de 2013 en los Oscar pueden ser consideradas un error, e incluso una ofensa, aunque no es mi intención en absoluto. Tiendo a hacer listas con todo, listas y categorías, cuando terminé de ver Philomena y comencé a pensar en los nueve films en su conjunto, rápido llegue a la conclusión de que había dos grupos. Las películas que me parecieron que estaban bien, que me resultaron entretenidas, incluso interesantes, y las películas que me llegaron de verdad, que por múltiples razones creo que recordaré cuando pasen los años, esas películas que sé que volveré a ver varias veces en mi vida. En el primer grupo he metido a American Hustle, Captain Phillips, Dallas Buyers Club y Philomena. En el segundo a las otras cinco, 12 years a slave, Gravity, Her, Nebraska y The Wolf of Wall Street.

Mi película favorita en 2010 fue The Social Network, en 2011 The Tree of life, en 2012 Zero Dark Thirty, las tres estuvieron nominadas a mejor film en sus respectivas ediciones. Este año, la película que más me cautivó no llegó a los Oscar, La vie d’Adèle. De las cinco nominadas que he catalogado como relevantes, para mí, claro, cualquiera me parecería una digna vencedora. Quizás en mi papeleta preferencial pondría a la película de Scorsese de primera, pero cualquiera de las otras cuatro son películas que me importan. A veces mi relación con el cine es una relación cuasi personal, que gira en torno a si la película me importa o no. Tiendo a sobrevalorar las películas, a enrocarme en mi cariño a ellas, no es algo que esté bien, pero es algo que tampoco puedo evitar si nace un vínculo entre ellas y yo.

Películas que están bien

El par de motivos de Amy Adams para justificar que American Hustle está bien

Ninguna de estas cuatro películas me parece cine insignificante. Le agradezco a Philomena que trate con delicadeza la cuestión de la compra de niños; a Dallas Buyers Club que se aproxime al drama del SIDA en el sur de Estados Unidos y no en NYC o Frisco; a Captain Phillips que nos hable de la piratería en pleno S. XXI; y a American Hustle que ponga el foco sobre la corrupción y el arte del engaño, aunque sea de una forma tan blanda. Pasé un buen rato con estas cuatro películas. Salí encantado del cine con Captain Phillips, me divertí mucho con American Hustle, me emocioné con Philomena y Dallas Buyers Club me resultó interesante. 

Pero tan pronto como llegaron se fueron. Estas películas no han perdurado en mi cabeza. No han crecido en el recuerdo, sino más bien todo lo contrario, me gustaron más cuando terminé de verlas que con el paso de las horas, de los días. No me han empujado a reflexionar y a darles mil y una vueltas. Son cine volátil, de mero impacto. No necesito volver a verlas. Ese es el problema que les encuentro, que no me empujan a revisionarlas, que no me aportan lo suficiente. Seguramente dentro de cinco años me cueste recordar el nombre de la película por la que Matthew McConaughey y Jared Leto ganaron un Oscar.

Películas que son relevantes

Esta es mi escopeta, sino te gusta tengo otra

Frente al grupo anterior, han llegado al final de la carrera de premios cinco obras que han tenido una influencia en mí, que han permanecido en mis entrañas revolviéndolo todo. 12 years a slave, el relato de un hombre libre que un día fue esclavizado, me pareció tras salir del cine una buena película. Cine sólido, denso, contundente, pero es verdad que no me apasionó, fue con el paso de los días, de las vueltas y vueltas que fue dando en mi cabeza que comenzó a hacerse grande. Llegado un punto necesité verla, esta vez por fin en versión original y ahí sí, todo lo que había ido apuntando en mi lista mental, todos los detalles que necesitaba revisar estaban ahí. 12 years a slave no pretende ser la película definitiva sobre la esclavitud, pero es por el momento la que mejor la ha abordado, con más crudeza, de forma más analítica, mérito del guion y sobre todo del medidísimo trabajo de Steve McQueen.

Her, refleja cómo la incomunicación urbana empuja a un hombre ahogado en melancolía y soledad a encontrar el cariño, la cercanía, la compañía, el amor, en una máquina. Es una película que me emocionó y entristeció.. Es una película que duele. Una película rodada con mucho tacto, escrita con mucha inteligencia, con mucha paciencia, con mucho cariño. En lugar de escupirnos nuestros miedos, nuestras dolencias comunicativas, Spike Jonze nos las susurra. Her es una película delicada.

Gravity, la odisea espacial de una doctora sola ante la adversidad, es a la vez la opción comercial y la opción artística de esta carrera. Alfonso Cuarón rodó una carta de amor a la imagen, al plano como elemento básico cinematográfico, y por ello mismo, una carta de amor al cine como arte audiovisual. El guion de Gravity es mínimo y tiene un par de añadidos sentimentaloides innecesarios. Sin duda. Pero es que en Gravity la forma es forma y fondo. Es casi un tratado cinematográfico. Como si volviéramos al inicio del cine. Pura exploración e incertidumbre. ¿Dónde está el límite del arte?

Like father, like son

La road-movie es un género típicamente americano que no ha tenido nunca mucha repercusión en los Oscar. Un género que ha explorado bastante en los últimos tiempos el indie, o el pseudo-indie (el Off-Hollywood). A Alexander Payne, a su mundo, a su humor, a su humanismo, le viene como anillo al dedo. A la mayoría de la gente la película que más le emocionó del Big 9 fue Her, o por lo menos esa es la impresión que tengo, a mí quizás fue Nebraska, a lo mejor también porque la sentí más próxima, más palpable. Una película que cada día que pasa me gusta más (algo que también me pasa con Her, pero menos), que danza entre la ironía y amabilidad, entre la frase letal y el abrazo, sin perder nunca el equilibrio. Payne no es el rey de la comedia dramática actual por casualidad. Es un autor con tanto talento, tacto y clase que lo único que puedo hacer es rendirme una vez más ante él. Nos hacemos mayores y a cada paso que damos nos cuesta un poquito más cargar con nuestras vidas, con nuestro pasado, con nuestras responsabilidades.

Llegó tarde y eso sin duda lastró sus opciones. Su tono hiperbólico y descacharrante tampoco ha ayudado. The Wolf of Wall Street, el auge y caída de un poderoso capo de las finanzas, es el regreso de Martin Scorsese como cronista del exceso. La evolución natural de The Goodfellas y Casino. El retrato de un mundo a la deriva manejado por depredadores de vidas lujosamente vacías. Que Scorsese es uno de mis directores favoritos es algo que todo aquel que me conozca sabe. Que me encanta Leonardo DiCaprio también. Que yo le tenía muchas ganas a este proyecto desde que se puso en marcha, sin duda. Por todo ello era muy fácil que me sintiera decepcionado. Y no. No me decepcionó este Scorsese desenfrenado (la secuencia de las drogas caducadas es ya de las mejores de su carrera) pegado, una vez más, a la realidad del mundo actual. Estamos aquí (en esta crisis, o más bien en estas múltiples crisis concatenadas) por toda esta banalidad devoradora. De aquellas fiestas privadas y robos de lo público, estos lodos.

jueves, 2 de enero de 2014

Jugar con mugre sin ensuciarse las manos

AMERICAN HUSTLE


Redefiniendo el loco loco loco mundo del cabello

La nueva película de David O’Russell (peor persona viva) narra, a grandes rasgos, cómo un agente del FBI (Bradley Cooper, lo más divertido de la función) monta junto a dos timadores (Christian Bale y Amy Adams, solventes, como casi siempre) una operación policial de ilusionismo para desmantelar una red de corrupción que implica a políticos y empresarios de la mafia. Todo ello tras una larga introducción de 30 minutos trenzada en torno a las asfixiantes voces en off de los protagonistas que nos explica como estos tres personajes tan dispares acaban trabajando juntos. Hay que reconocerle, en primer lugar, a American Hustle ser una película ágil, divertida, contada con ritmo gracias a la labor del espectacular reparto y sobre todo al trabajo de dirección de O’Russell. Nunca creí que iba a decir esto pero me ha gustado mucho la puesta en escena, con esos movimientos de cámara hacia delante, como si la película fuera una constante huida, como si el devenir de los acontecimientos se abalanzara sobre los personajes.

El problema de American Hustle es que David O’Russell se estrella otra vez contra Martin Scorsese. Si la convencional dirección de The Fighter (2010) palidecía ante el vals sobre el ring de Raging Bull (1980), en esta ocasión y a pesar de que me parece su trabajo como director más inspirado, más consistente y elegante, la pulcritud, la falta de vísceras con la que se cuenta una historia a priori sórdida y turbia, cae por comparación ante Goodfellas (1990) y Casino (1995), y, aunque aún no la haya visto, seguramente (lo que es aún peor por ser del mismo año) ante The Wolf of Wall Street. En American Hustle, O’Russell entrega un Scorsese para todos los públicos, sin sexo, sin violencia, sin sangre ni muerte, sin cocaína. Estamos ante una película tímida, demasiado correcta teniendo en cuenta que sobrevuela algo tan apestoso como la corrupción y la mafia. No ayuda el empeño de O’Russell en renunciar a darle un potente empaque visual a sus películas, la fotografía de Linus Sandgren no podría ser más anodina, carecer de menos intención.

¡Quién me va a decir a mí que no puedo poner metal en un microondas!

Hay que reconocerle, eso sí, los estallidos de humor marca de la casa(todas las secuencias entre Louis C.K. y Cooper funcionan), el preciso retrato, una vez más, del chonismo histérico de extrarradio (Jennifer Lawrence, excesiva y fantástica) y la inteligencia de construir una película divertida y dinámica sin entregarse a un montaje esquizofrénico, dirigiéndola con estilo, O’Russell no es Scorsese, pero este trabajo es un salto cualitativo en su carrera. Quizás el principal problema, además de la limpieza con la que está contada y la idealización de unos personajes moralmente muy cuestionables (esto también es marca de la casa), es que American Hustle nunca estalla. Te pasas toda la película esperando a que todo y todos salten por los aires y eso nunca llega a pasar, es un coito sin orgasmo, como si en Argo (Affleck, 2012) (no sé por qué son dos películas que me resultan similares) nos dejaran sin la secuencia del aeropuerto (y antes sin la del bazar). Es un trabajo muy entretenido pero jamás llega a ser tenso, y eso en un thriller de estas características es un problema, quizás no tanto de dirección como de guion. Incluso cuando la trama se resuelve y la operación termina lo único que sientes es normalidad, el gran giro se queda a medio camino, no hay pico (en todos los sentidos), simplemente se abalanza el final, te lo has pasado bien, pero no ha sido una noche redonda.