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jueves, 17 de septiembre de 2015

Emmysalternatives 14/15 XII: Series de Drama

10. Justified (FX)
¿Lo legal o lo correcto? Lo más apasionante de Justified es que desarrolla un código moral propio. Eso y que coge los códigos del western y los adapta al mundo actual. Todo en Justifed está ligado a las raíces. A un mundo que desaparece. A las minas y las peleas ancestrales entre familias. Esa es la base del relato. A partir de ese caldo de cultivo te cuentan la historia de dos chavales, uno es un US Marsahall y el otro un capo criminal. Ninguno de los dos es bueno. Ambos son conscientes de ello. Sobre Justified: Harlan en el retrovisor.

9. The Leftovers (HBO)
Los dos primeros episodios fueron dubitativos. El tercero una genialidad. A partir del sexto (inclusive) una serie sensacional y turbadora. Así fue la primera temporada de The Leftovers, un relato perturbador sobre lo que le pasa al mundo cuando de pronto desaparecen millones de personas. Una distopía escalofriante. A Lindelof lo que es de Lindelof, esta vez sí. Sobre The Leftovers: Sólo podíamos caer.


8. Halt and catch fire (AMC)
¿Cómo era la informática personal a principios de los 80? Como el lejano oeste, un territorio por descubrir. En la hipnótica Halt and catch fire seguimos a unos pioneros en la búsqueda del éxito personal y del progreso tecnológico. Inteligente, a ratos brillante, siempre interesante. Así es Halt and catch fire, una serie a la que la audiencia no ha sabido querer como se merecía. Es refrescante, sin duda alguna. Sobre Halt and catch fire: Destruir y construir

7. The Killing (Netflix)
¿The Killing? Sí, The Killing. Se emitió dentro del plazo de estos Emmys y sus últimos seis capítulos fueron sensacionales. Así de claro. Una historia terrible con un colegio militar en el punto de mira, concatenada con las peligrosas consecuencias del final de la tercera temporada. Linden y Holder se han despedido para siempre entregando su temporada más redonda y compacta. El último capítulo, dirigido por Jonathan Demme, es una excelente radiografía de sus rostros y de su amistad. Un regalo para los fans. Sobre The Killing: Aunque no para de llover.

6. Homeland (Showtime)
Y Homeland resurgió de sus cenizas. Tras la fallida tercera entrega (ojo, fallida, no mala), la serie de Gansa y Gordon volvió a ser un inmenso thriller de espías/terroristas. Con sus conspiraciones, dramas humanos, miserias políticas y dobles verdades. Crónica del estercolero que es la política internacional americana post-11 S (bueno, en realidad desde la II GM). Homeland es una serie necesaria, porque aborda temas muy espinosos en un país al que le gusta creer que siempre es el impoluto bueno de la película. Pakistán, uno de esos aliados líquidos de los estadounidenses era un escenario perfecto. Lo han vuelto a bordar. Una temporada adictiva e inteligente. Sobre Homeland: Formas distintas de bajar el telón.

5. House of Cards (Netflix)
Siempre describo al thriller político de Beau Willimon como un elefante en una cacharrería. Ocupa el quinto puesto en el ranking pero es la serie cuya presencia en el mismo podría ser más cuestionable. Muy pocas ficciones disfruto hoy en día como House of Cards. La devoro. Es diversión en estado puro para mí (repitamos: para mí). Tiene momentos brillantísimos y sin embargo está tan pasada de rosca que entiendo las críticas. La visión que tiene de la política americana es demasiado bestia. Tiene diálogos fabulosos pero las tramas se desparraman hasta puntos delirantes. Los dos grandes ejes de esta temporada han sido America Works (un completo sinsentido, aunque deliciosa) y la Paz en Oriente Próximo con Rusia como escollo. Ambas han sido muy divertidas pero completamente irreales. Si quieres observar la política estadounidense ves las obras de Simon (a no ser que seas un idealista y te pongas a Sorkin) y si quieres sumergirte en el conflicto entre Israel y Palestina, ponte The Honourable Woman. House of Cards entra en todos los conflictos a cañón, eso hace que sea un espectáculo total, pero también que no te la puedas tomar demasiado en serio. Sobre House of Cards: Los tres combates de Frank Underwood.

4. The Americans (FX)
Prácticamente sin hacer ruido, The Americans se ha convertido en uno de los dramas más densos y fascinantes de la televisión actual. Lenta pero segura. Cocinándose a fuego lento. Sin dar pasos en falso en su relato sobre dos espías rusos sumergidos en la América de Reagan. El matrimonio, la familia, la patria, la moral, la guerra o la política son temas fundamentales en la serie. De hecho es posible que sea la ficción actual más rica en debates morales. No existen el bien y el mal, sólo una resbaladiza escala de grises. Elizabeth y Philip están contra las cuerdas. Ya no sólo están amenazados por el mundo exterior, ya tienen a la amenaza en su propio hogar. Apasionante. Sobre The Americans: Los USA de The Americans y Reagan: nucleares, desiguales e intervencionistas y La verdad os hará prisioneros.

3. Game of Thrones (HBO)
El gran fenómeno televisivo se metía este año en terreno peligroso al comenzar a narrar los peores libros (o eso dicen sus lectores) de la saga. Si a ellos unimos el hecho de que en algunas tramas la serie ya ha adelantado al libro, el reto era mayúsculo. Podría haber salido muy mal y sin embargo Game of Thrones ha vuelto a ser una serie descomunal. Sí, siempre hay tramas que no funcionan tan bien como otras, pero aún así la amplia panorámica que pintan sobre esta lucha de poder es fascinante. Pocas series dejan a sus espectadores tantas veces con la boca abierta como ésta. Posiblemente estemos hablando del gran espectáculo televisivo del último lustro. Además de un sentido de la acción y la tensión brillantes, la serie se caracteriza por estar muy bien escrita e interpretada. No es perfecta pero a menudo es la más lista de la clase. Sobre Game of Thrones: La mayoría y La estrategia del caos.

2. The Good Wife (CBS)
A estas alturas nadie niega que la sexta temporada de The Good Wife no ha sido tan buena como la quinta. Dicho lo cual, a mí me ha vuelto a parece inmensa. Es cierto que la primera parte de la temporada, con Cary acorralado tuvo más tensión que la segunda, centrada en la carrera política de Alicia. Sin embargo la forma en que la serie retrató las esferas de poder en Chicago me pareció brillante, realista y dura. The Good Wife sigue siendo una de las series mejor escritas de la televisión y con más capas de lectura, mezclando con éxito la esfera personal y la profesional. Sobre The Good Wife: La respuesta, ¡No hagas bromas!, Cómo ser Alicia Florick y Los engranajes de la mente y del poder.

1. Mad Men (AMC)
Mad Men es una de mis series favoritas de todos los tiempos. Hemos pasado casi 10 años juntos. 10 años en los que me convertí en seriéfilo. He llegado a sentir los dramas de sus personajes como propios. La serie me ha inoculado la desasosegante sensación de estar perdido en la vida, de no saber quién eres y a dónde te diriges. Mad Men habla de lo duro que es no tener clara tu propia identidad y nadar en un mar de soledad. Lo duro que es sentirte vacío. La insatisfacción vital es un tema recurrente en el audiovisual de las últimas décadas. Y Mad Men, con sus guiones modélicos lo ha abordado como nadie. Quizás sea la serie más sensible de la televisión y una de las de mayor calado emocional. Esta última tanda de siete capítulos ha sido redonda. Siete episodios emocionantes, hermosos y devastadores. Un final redondo para un gran relato humano. Mad Men se ha acabo pero nos volveremos a ver. Las obras maestras son inagotables.

martes, 15 de septiembre de 2015

Emmysalternatives 14/15 X: Actrices de Drama

Actriz de reparto

6. Christine Baranski por The Good Wife
No hay mujer más elegante en la televisión. Ni tampoco ninguna persona con una risa más maravillosa que la suya. Unes esas dos características de Baranski, le añades hondura, sensibilidad y presencia y tienes como resultado un trabajo modélico. Una auténtica dama de la interpretación.


5. Kerry Bishé por Halt and catch fire
¿Es posible no enamorarse de Kerry Bishé? Su Donna es, a la vez, una mujer insatisfecha en un matrimonio que hace aguas y una intrépida pionera en busca de aventuras. Todo en uno. Inteligente, graciosa, dura, profunda. Y muchas cosas más. Bishé es un vendaval.




4. January Jones por Mad Men
Jones tiene una secuencia, en esta última temporada de Mad Men, en la consulta de un médico que es escalofriante. Su rostro es un poema. Un canto triste, que diría Lluís Llach. Mientras dos hombres arreglan su vida ella de deshace como un azucarillo, con la cámara pegada. Será una actriz limitadísima, pero lo que ha hecho con Betty Draper es un trabajo descomunal. Qué dignidad le acaba dando a esa mujer al final de este inmenso relato. Su último plano, sentada en la mesa, con Sally a su lado fregando, es otra joya, tanto de dirección como de interpretación.

1. Carrie Coon por The Leftovers
No, no me he olvidado de cómo se cuenta. Saltamos del 4 al 1, directamente. Un triple empate, algo que debe ser altamente improbable en los Emmys. Pero es que no puedo elegir entre estas tres mujeres. No puedo hacerlo. La recién llegada, la que está en la cresta de la ola y la que ya se retira. Y como no puedo elegir y total esto no son más que listas que hago por amor al arte, no he elegido. Los Emmys tendrán que escoger entre las otras dos actrices que acompañan, en lo más alto de esta lista, a la descomunal Carrie Coon. Hace 15 meses no sabía ni que existía, ahora, tras The Leftovers y Gone Girl, no puedo dejar de pensar en ella. Su Nora es desgarradora. La entereza con la que la interpreta, el cariño que arroja en esa mujer que de la noche a la mañana perdió a toda su familia es escalofriante. Impacta. Mucho.

1. Lena Headey por Game of Thrones
Vaya clase maestra de interpretación la que dio este año Lena Headey sufriendo como nunca. Eso sí, manteniendo toda su dignidad. Cersei nunca estuvo más contra las cuerdas y Headey lo aprovechó para adueñarse de la temporada. Uno no puedo más que levantase, aplaudir y arrodillarse. Larga vida a la borracha Reina Madre.


1. Christina Hendricks por Mad Men

Aún parece increíble a día de hoy que Hendricks no lograra el Emmy por la temporada de The Other Woman (T5). Pero así fue, Hendricks, como todos los actores de Mad Men, sigue sin Emmy. Esta es su última bala y ¡vaya bala! Tras dos años en el dique seco, Weiner se acordó de ella en la recta final y le entregó tramas maravillosas. De hecho, la colocó, de nuevo, en el mismo punto que estuvo en The Other Woman, pero esta vez su comportamiento fue completamente diferente. Y ahí fue cuando nos demostró que efectivamente es una actriz con un magnetismo, una fuerza y una clase mayúsculos. Es imposible no mirarla y admirarla.

Actriz

6. Taraji P. Henson por Empire
No pude evitarlo. Me he reído tanto este año gracias a Henson que he tenido que meterla en esta lista. Ella es la actual reina de la televisión trash. Una máquina que lo devora todo. Si tiene que arrastrarse por los suelos, se arrastra, si te tiene que quedar en bragas “sexys” se queda, si tiene que insultar, insulta. Y así todo el rato. Cookie Lyon es el personaje más descacharrante de la televisión. Y hay que ser muy valiente para interpretarlo. Ni Viola Davis, ni Kerry Washington, las otras dos grandes estrellas afroamericanas de la ficción actual, podrían haber hecho este personaje. Tiene un mérito increíble. De verdad.

5. Robin Wright por House of Cards
¡Qué elegante y fría es Robin Wright! ¡Qué voz! ¡Qué forma de susurrar ostiazos verbales! Su interpretación de la sibilina, retorcida y torturada Claire Underwood es tan sutil como fascinante. Economía de recursos. Muchas veces menos es más. En esta ocasión, sin duda alguna.


4. Ruth Wilson por The Affair
Ni la ganadora del Globo de Oro sobrevivió al vacío que le hicieron los Emmys a The Affair, el drama contado desde dos puntos de vista diferentes de Showtime. A diferencia de Lizzy Caplan, que el año pasado sí logró entrar en los Emmys a pesar del ninguneo a Masters of Sex, la sensacional y turbadora Ruth Wilson no ha podido conseguir la nominación en una categoría muy apretada. Desde luego la merecía, es un trabajo fascinante, sobre todo, obviamente, cuando la serie está contada desde su punto de vista. Consigue que la entiendas aunque no seas capaz de creerla de todo. Darle verdad pero mantenerla entre las tinieblas.

3. Keri Russell por The Americans
¿Madre americana o espía soviética? Ha llegado el momento en que Elizabeth ya no puede seguir compatibilizando ambas facetas de su vida. No es machismo, su marido está en la misma situación, pero ella lo lleva peor, la relación materno-filial en este caso es mucho más compleja. ¡Es tan valiente lo que hace Keri Russell en The Americans! Se nota muchísimo que ella cree en el proyecto y que se pone a su completo servicio. No busca nunca el momento de lucimiento, lo importante es el relato. Y aún así se luce porque construye un personaje riquísimo que intenta todo el rato esconder sus verdaderos sentimientos y/o ideas. Matthew Rhys es mucho más transparente que ella. Es fascinantemente indescifrable.

2. Julianna Margulies por The Good Wife
Ha pasado. Julianna Margulies en el número 2. No creía ni yo que fuera a hacer esto. No es que haya estado peor Margulies este año, de hecho en su capítulo psicotrópico o en Winning Ugly dio un auténtico recital, simplemente es que tenía que saldar una cuenta pendiente. Sigue siendo la actriz que más me maravilla de la televisión actual.


1. Elisabeth Moss por Mad Men
Siempre digo que la objetividad no existe, la imparcialidad sí. Y yo, desde luego, no soy imparcial con Elisabeth Moss. Si Moss fuera la típica chica guapa y/o graciosa en la vida real tendría ya unas cuantas nominaciones a los Oscar. Pero como no lo es no tiene tantos fans. Eso sí, somos fans acérrimos. A lo mejor sólo es cosa mía, pero espero que los que lean esto sientan también que se encuentran en una fase vital que huele a viejo. Que están listos para avanzar. Eso es lo que le pasa a Peggy Olson, y Moss lo borda. Clava esa insatisfacción, esa soledad, esa impotencia. Y a la vez, nos muestra que siempre hay espacio para la esperanza. El viaje vital de Peggy ha sido apasionante, Moss la ha exprimido al máximo, el final ha sido precioso. Dale una uña a Moss y te devorará el cuerpo. Es una actriz total.

martes, 18 de agosto de 2015

Las series del verano 2015

Ahora que ya estamos a mediados de agosto, y por lo tanto ya tenemos 2/3 del verano a nuestras espaldas, es el momento de repasar cuales han sido (o están siendo) las series más interesantes de la estación más desahogada del año en cuanto a consumo de ficciones televisivas se refiere. Mi noción del verano es amplia, así que tengo en cuenta una serie que se puso a disposición de los espectadores a principios de junio, cuando el calor ya apretaba. Si hubiera unos Emmys del verano, éstas serían mis nominadas a mejor serie:

7. Hannibal (NBC)
La serie moribunda más ilustre de la televisión americana. Desde que NBC anunció su cancelación, estamos asistiendo al via crucis de una ficción que estaba condenada a morir desde sus inicios. Demasiado esteta para este mundo. Este año, además, parece que Fuller, Natali y demás implicados se hayan empeñado en que esa condena se llevara a cabo. La tercera temporada del drama psicológico entre Will Graham y el doctor Hannibal Lecter ha sido un “para lo que me queda en el convento, me cago dentro” en toda regla. Hannibal ya no es una ficción narrativa, ha ido un paso más allá, simplemente es una experiencia sensitiva. Ya da igual el relato, lo único que importa es la cruel belleza de sus imágenes. No hay nada igual en la televisión, por eso es tan terrible que se vaya a terminar, no ya sólo para sus espectadores, sino también para el medio, para las series de televisión como arte y como producto cultural.

6. BoJack Horseman (Netflix)
Vi la primera temporada de BoJack Horseman a finales de mayo, por recomendación de un amigo que me aseguró que me iba a encantar. Y sí, lo hizo. A otro amigo se la ha definido esta mañana como “una The Comeback más oscura”. O más que oscura, pesimista. BoJack Horseman es una de esas series, como Mom, por ejemplo, con la que me río muchísimo pero que a la vez me hace mucho daño. Su protagonista es un actor caballo que triunfó en los 90 con una sitcom familiar tipo Padres forzosos o Los problemas crecen, y que ahora, emocionalmente devastado, vive rodeado de alcohol e insatisfacción. Pero no nos llevemos a engaño, BoJack Horseman es una gran comedia, cínica, meta, oscura y retorcida, pero una comedia al fin y al cabo. Una crítica a la totalidad del lado más oscuro de Hollywood, o en el mundo de la serie, Hollywoo. Es la pareja perfecta de la serie de la que hablo a continuación.

5. Unreal (Lifetime)
Quizás ésta haya sido la serie más comentada del verano. Y no me extraña. Unreal es lo que podríamos llamar una devastadora y descacharrante “ensalada de ostias”. La serie gira en torno al rodaje de un programa tipo ¿Quién quiere casarse con mi hijo?. Está basada en The Bachelor, un programa de ABC en el que trabajó una de sus dos creadoras. Las protagonistas son dos mujeres, la productora ejecutiva (la jefa de todo esto que diría Lars von Trier) y una productora con problemas de conciencia (y de crisis mental y emocional), interpretadas, magistralmente, por Constance Zimmer y Shiri Appleby. En medio de sus diversos juegos de manipulación de la realidad, el teórico creador del programa, el “tronista”, las pretendientas y el cámara. A veces Unreal parece ¡Qué ruina de función! con sus enredos de cama y su comedia disparatada, y otras un despiadado drama sobre las vergüenzas de la televisión que grita ¡Network vive!

4. Mr. Robot (USA Network)
¿Una serie de USA Network con Christian Slater? No me acerco a “eso” ni con un puntero láser. Error. Craso error. Mr. Robot no sólo es buena, sino que ha venido a sacudir el panorama de la ficción televisiva actual. Además de brillante es imaginativa. Un informático con serios problemas de conexión emocional y para relacionarse socialmente acaba metido en una conspiración de hackers que pretenden destruir a una macro-corporación que se dedica a corromper todo lo que toca, de ahí que se llame, sin ambages, Evil Corp. Entre el drama íntimo y el thriller psicológico, Mr. Robot es una serie en la que cada capítulo aporta una cara nueva a los diversos personajes y conflictos de la serie. Lejos de resolver nada, cada vez sus personajes están más atrapados. Ya sea el héroe imposible, su mejor amiga o su némesis, ese delicioso y perturbado directivo de Evil Corp. Al igual que Nightcrawler (Gilroy, 2014), Mr. Robot parece la evolución natural de los thrillers urbanos oscurísimos que produjo el cine americano en los 70. Palabras mayores.

3. Halt and catch fire (AMC)
Tras lograr una renovación in extremis, este verano volvió a AMC este drama sobre los pioneros del PC en la década de los 80. Precisemos, Halt and catch fire ya no tiene esa premisa, ahora habla sobre emprendedores en los albores de la era de internet. Y si el año pasado sus protagonistas eran los hombres, pegados al hardware, este año lo fueron las mujeres, y su control del software y de las potencialidades de la red. En esencia Halt and catch fire se ha rebooteado a sí misma. Algo que ya es, per se, muy novedoso. El resultado ha sido otra temporada sensacional, inteligente, vibrante y magnética. A pesar de ello, seguimos en vilo a la espera de saber si AMC le dará una tercera entrega a pesar de sus pésimas audiencias. Donna y Cameron son una de las parejas femeninas más fascinantes de la televisión. Si el año pasado Kerry Bishé y McKenzie Davies fueron capaces, desde sus puestos de secundarias, de robarles la serie a Lee Pace y Scott McNairy, este curso, como protagonistas se han adueñado completamente de la misma. Lo mejor de esta temporada han sido ellas y sus momentos compartidos en esa selva caótica que fue Munity. Lo peor las tramas de un McNairy desconectado de la trama principal y desaprovechado. Halt and catch fire es una de las series con más personalidad de la televisión actual.

2. Sense8 (Netflix)
La inclusión de Sense8 es la trampa que he colado en esta lista (por no perder las buenas tradiciones). Netflix la puso a disposición de sus clientes a principios de junio, por lo tanto, técnicamente no es una serie veraniega. Sin embargo su sentido del espectáculo, su tono y sus reflexiones sobre el amor la convierten en un producto 100% veraniego. Además, gran parte de sus espectadores la han consumido durante los últimos meses, extendiendo el impacto de la misma hasta el anuncio de su renovación, el 8 de agosto (la misma fecha en la que nacieron los protagonistas de la serie). Sense8 es una serie a ratos fascinante y a ratos delirante. Un producto en el que sus creadores, J. Michael Straczynski y los Wachowski, volcaron toda su creatividad, sin filtros, lo cual lo dota de una vitalidad y una pasión desmedidas. Cuatro mujeres y cuatro hombres, cada uno en un lugar del mundo, están conectados mentalmente entre sí. Todos ellos tienen muchos problemas, pero esa conexión les permite ayudarse los unos a los otros a hacerles frente. No me digáis que no es bonita la premisa. Sense8 no es una serie de matices, es un tren que circula destrozándolo todo a su paso, sin detenerse. Más allá de sus fallos (sobre todo los diálogos, el abuso de tópicos y la trama conspiranoica), estamos ante una serie que es puro hedonismo, diversión sin límites, y que además ha construido un grupo de personajes con los que el espectador puede conectar. Un grupo de personajes que te hacen sentir. Y eso es hermoso.

1. Rectify (Sundance Channel)
La semana pasada se emitió el último episodio de esta temporada de Rectify, la serie con la que Ray McKinnon está llevando el paradigma de la slow tv a un nuevo nivel. Este drama sigue la salida de presión de un condenado a muerte por un crimen que no sabemos si cometió, y la repercusión en forma de terremoto emocional que todo ello provoca en su familia. Tras 3 años podemos decir que Rectify es mejor cuanto más se centra en el plano emocional y en las relaciones entre sus personajes, y peor cuanto más insiste en desvelar la verdad tras el crimen por el que fue culpado el protagonista. Brilla con luz propia cuando habla del rabioso presente, pero no deslumbra tanto al analizar el pasado. Es un drama sensible pero también oscurísimo. Me recuerda en la aproximación que hace a sus personajes, a su alma, a In treatment, otra obra fundamental de la slow tv. Un auténtico placer. Está renovada ya para una cuarta temporada.

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Sobre Unreal S01: Hacer buena televisión
Sobre Sense8 S01: Sensibilidad y ¡acción!


sábado, 27 de diciembre de 2014

Mis 10 rookies de 2014

Ha sido muy difícil hacer esta lista, porque quizás 2014 ha sido el año televisivo con mejores estrenos que he vivido jamás. Me he dejado fuera varias series que me encantan, como Happy Valley, The Missing y sobre todo, You're the worst, entrañablemente irónica.


10. Looking (HBO)
A mucha gente Looking le pareció una decepción mayúscula. A mí no. Es verdad que sus primeros capítulos son bastante mediocres, pero desde el episodio embotellado de Jonathan Groff y Raul Castillo la serie se convirtió en una ficción muy interesante, y sobre todo, sensible. Esta historia de unos amigos gays en San Francisco fue, para mí, un lugar calentito donde acurrucarme y pensar en mi vida. Pensar en los miedos, las frustraciones, los sueños… La disfruté un montón.

9. The Knick (Cinemax)
Este drama médico de época dirigido por Steven Soderbergh es casi como una sacudida violenta al panorama seriéfilo. Arriesgado y gélido tanto formal como narrativamente.  A ratos repulsivo y a ratos hipnótico. Esta serie es como un bisturí que se adentra en nuestro cuerpo sin ningún miramiento. Cortando y punzando. A mí a veces me sacaba del relato, o yo me salía. Hacía que me sintiera muy perdido. En cambio en otras ocasiones no podía quitar los ojos de la pantalla. Es una fascinante y sucia aproximación a la medicina avanzada en tiempos primitivos. Pero también al problema racial, por ejemplo.

8. Gomorra (Sky Italia)
El mundo seriéfilo se rige por un aplastante anglocentrismo, en el que el 90% de series que vemos son o yankees o british. Por eso cuando una serie no anglófona irrumpe en dicho mundo, muchos nos lanzamos a verla con la nítida intención de quererla. Antes fueron series escandinavas como Bron/Broen o Borgen, o series francesas como Les Revenants, este año la gran serie de habla no inglesa, por lo menos en repercusión, fue sin duda Gomorra, que aún así es una producción de un canal subsidiario de Robert Murdoch. Esta historia de un clan mafioso en Nápoles ha sido, sin duda alguna, un placer. El poder lo abrasa todo.

7. Broad City (Comedy Central)
En mi afán por demostrarme a mí mismo que puedo contenerme, devoré Broad City en dos días, en lugar de en una madrugada. Conecté al instante con esta versión en modo despiporre on de las Girls de Lena Dunham. Sin duda alguna fue la serie con la que más me reí este 2014. Las aventuras y desventuras de Abbie e Ilana, unas veinteañeras a la deriva, en el New York de las 1000 oportunidades, son un placer de ver y disfrutar. Jamás olvidaré la secuencia de "he meado un condón".

6. The Affair (Showtime)
Ella dijo, él dijo, posiblemente ambos mintieran. Este drama sobre dos matrimonios en crisis que implosionan por un affaire de verano, ha sido la gran revelación de este otoño seriéfilo. Un juego narrativo en el que en el espectador nunca sabe dónde está, si algo de lo que le cuentan es cierto, si ha caído en la trampa. Además, The Affair es un relato desolador sobre las grandes y pequeñas fracturas que nos van transformando lentamente. A nosotros mismos y a las personas a las que amamos. Esperemos que no se les vaya de las manos, por ahora es una serie notable.

5. The Leftovers (HBO)
Había bastantes ganas de fustigar a Damon Lindelof y sin embargo, tras un inicio tibio, The Leftovers terminó convirtiéndose en un drama soberbio sobre lo herida que está nuestra sociedad. En un segundo desaparecen millones de personas y los que quedan en el mundo, los restos, se sumen en una honda crisis. Este drama de personajes nos muestra a un grupo de zombies sociales vagar lenta e inexorablemente hacia la desesperación. Sin rumbo, solos incluso cuando están acompañados. Si es que somos tan frágiles…

4. Halt and catch fire (AMC)
Aunque la serie anterior terminó por eclipsarla, en cuanto a exposición tanto en medios como en redes, este drama sobre los pioneros de la informática personal en los años 80, fue mi gran placer del verano seriéfilo. Una serie fascinante sobre hombres y mujeres que ante ponen sus ideas y su ambición ante todo. Una ficción sobre la pasión por inventar algo nuevo, por avanzar hacia el horizonte. Formalmente soberbia, con un reparto y una galería de personajes muy interesantes, Halt and catch fire fue todo un placer. Le ha costado a AMC, pero ha vuelto a dar a luz a una serie buena de verdad.

3. Transparent (Amazon)
Por fin Amazon dio con la tecla adecuada gracias Transparent, una comedia dramática de autor sobre una familia peculiar que se ve sacudida por la decisión del padre de ser lo que siempre quiso ser: una mujer. La serie de Jill Soloway aborda con mucha sensibilidad los miedos y esperanzas de una mujer encerrada en el cuerpo de un hombre durante toda su vida, y las consecuencias que ello tiene no sólo en su vida, sino también en las de sus hijos. Es una aproximación brillante tanto a la familia como a la sexualidad.


2. Fargo (FX)
¿Coger lo mejor del mundo de los Coen, hacerlo tuyo y crear una historia completamente diferente pero que mantenga lazos respetuosos con su relato padre? Guau Noah Hawley, te has lucido. La primera temporada de Fargo ha sido adictiva y brillante, ha ido de menos a más hasta desembocar en una traca final de episodios de una tensión increíble. Ha generado un grupo de personajes llamados a ser recordados durante décadas. Yo era muy escéptico, pero no podía estar más equivocado, Fargo es una serie descomunal. Un regalo para los que disfrutamos con las buenas historias tanto como con los productos visualmente cuidados al milímetro.


1. True Detective (HBO)


Tras el boom inicial que la elevó a obra maestra instantánea, se ha ido consolidando una corriente que le resta méritos a la serie de Nic Pizzolatto, como respuesta a ese sobre-dimensionamiento. Ni tanto ni tan poco. True Detective no es el mesías que la televisión esperaba, pero desde luego sí es una gran serie. Oscura, enigmática, profunda, adictiva. Yo vi sus ocho capítulos en estado de trance. Es verdad que la disfruté más al principio que al final, al contrario que Fargo, pero aún así me parece una apuesta, tanto formal como narrativamente, espectacular.

domingo, 9 de noviembre de 2014

El matrimonio no marcha bien

Te hiero tanto


Es curioso como en estos últimos meses el cine y la televisión nos han bombardeado con matrimonios a la deriva. Desde el de The Leftovers o el de Halt and catch fire, en el verano seriéfilo, hasta el de Gone girl y los de Relatos Salvajes, en el otoño cinéfilo. Las cosas no están funcionando. De hecho Showtime ha estrenado hace un mes The Affair, una serie que gira en torno a dos personas que se embarcan en una aventura, y sobre cómo sus respectivos matrimonios se van resquebrajando en el proceso. Es curioso como las crisis matrimoniales en estas obras no se abordan desde la premisa “se nos rompió elamor”, se ha agotado, ya no nos amamos. Es decir, desde una perspectiva romántica. Si no que más bien sus matrimonios se han convertido en agujeros negros de problemas que no compensan el amor que se puedan profesar. Los cuernos, la anulación de la otra persona, el abandono, la nula dedicación, la monotonía. Hay una amplia gama de problemas. ¿Es en sí mismo el matrimonio un problema? Cuando la Amy Dunne de Gone girl viene a decir que el matrimonio no es el amor correspondido, sino el agarrarse mutuamente en la caída, nos damos cuenta de que efectivamente el futuro es lúgubre.

Sostienen muchos artistas argentinos (de todas las áreas) que entre las ruinas del corralito surgió una vitalidad artística extraordinaria. Los problemas agudizan el ingenio. Quizás esté pasando eso ahora al calor de las crisis concatenadas que padecemos (económica, social, política, ¿moral?). El arte está cuestionándolo todo, porque todo ha sido puesto en duda. Y el matrimonio, tan pegado al día a día y a la esfera más íntima del ser humano, debe ser escrutado sin miramientos de ningún tipo.

De ese escrutinio que están realizando muchas obras audiovisuales en los últimos tiempos como las que he mencionado antes, podemos concluir que el matrimonio es una cárcel, pero es nuestra cárcel. Casi como si fuera un Síndrome de Estocolmo vital e institucionalizado socialmente. Alguien te secuestra y no quieres liberarte de ese secuestro, o más bien, no puedes liberarte. Todo esto lo refleja sobre todo Gone girl, por eso es una película tan relevante, tan aguda. No es que los matrimonios sean como el de los Dunne, ni como el de ninguno de las otras obras que he señalado. El matrimonio medio no está sometido a esas condiciones extraordinarias. No. Se encuentra dentro de un ambiente “normal”, por eso nuestros padres no se odian/aman al borde de la esquizofrenia. Los matrimonios “normales” no están tan jodidos. Pero algunos de los problemas que se diagnostican en los Dunne están, quizás en estado de hibernación, en la mayoría de los matrimonios. Sobre todo, la frustración. Y aquí vuelvo a la situación de crisis en  la que vivimos, porque las crisis entre otras muchas cosas generan frustración. Y la crisis matrimonial más que ninguna otra, porque es la impotencia reducida a los 120 cm de una cama. Relatos Salvajes, esa sátira sobre la corrupción, es una película plagada de personajes frustrados. En Halt and catch fire o The Leftovers pasa otro tanto. También en The Affair con esa madre de luto y ese escritor de una sola novela. Y desde luego en Gone girl. Si en el cambio de milenio el hombre estaba en crisis consigo mismo, por no ser capaz de comprenderse, ahora el hombre está en crisis con todo lo que le rodea, porque no es capaz de comprender qué es lo que va mal. En el primer caso quería arreglarse a sí mismo para arreglar su vida, ahora, queremos arreglar nuestra vida, para así, arreglarnos a nosotros mismos. Al fin y al cabo, el hombre es ese animal que está constantemente construyéndose y destruyéndose a sí mismo. A esa frase quizás haya que añadirle: y a su pareja.

miércoles, 23 de julio de 2014

Destruir y construir

HALT AND CATCH FIRE


Midiendo los planos al milímetro

Hablé por primera vez de Halt and catch fire hace unas semanas, tras ver su quinto capítulo. Este último domingo AMC emitió ya el octavo, el que ha marcado el inicio de la recta final de la temporada. A falta de la traca final, dos últimos capítulos que se prevén muy tensos, vuelvo aquí para decir que mi amor por la serie ha ido a más. Sí, era posible. Esta aventura dramática de unos pioneros del PC se ha ido enfangando tanto, que todos sus protagonistas chapotean en el barro, moviéndose entre el éxito más absoluto y el fracaso más desolador. La apuesta era arriesgada, a la serie le ha salido bien, a los personajes… ya veremos.

Cuando en el último capítulo emitido, The 214s (1x08), Cameron (Mackenzie Davis) le escupe a la cara a Joe (Lee Pace) eso de “tú no eres capaz de construir nada, sólo destruyes” verbaliza el motor de toda la serie, de todos los personajes. Esa dolorosa dicotomía entre edificar algo nuevo, rompedor, brillante, un salto en el terreno de la informática, y destruirse a sí mismos y a lo que los rodea en el proceso. Para cazar la excelencia hay que asomarse al precipicio. Por eso cuanto más cerca está de alcanzar su sueño, menos control sobre sí mismo tiene Gordon (Scoot McNairy). Cuando se aproxima a la cálida luz del éxito comienza a cavar su hoyo, literalmente en este caso. Desde el fantástico capítulo de la tormenta, Landfall (1x06), la serie se ha precipitado hacia una oscuridad que antes simplemente intuíamos. Sabíamos que sus protagonistas masculinos estaban jodidos, pero no sabíamos que su camino hacia la perdición sería tan duro. Incluso ese CEO (Toby Huss) fascinado por el empuje de las nuevas generaciones acaba por inmolarse por la causa. Un texano de bien, un hombre de éxito, con familia, que navega en una balsa 100% estable, decide tirarlo todo por la borda, apropiándose indebidamente fondos de su compañía para mantener vivo el sueño de una panda de fascinantes tarados. Quizás merezca la pena sacrificar el presente para conquistar el futuro. Los personajes de Halt and catch fire, o avanzan o se desintegran.

Frente a la estampa de la familia perfecta (o más bien, falsamente perfecta) de suburbio con una apacible y aburrida vida, la que aquí forman Gordon y Donna (Kerry Bishé) es todo lo contrario. Podrían ser así pero han decidido que no. Cuando en el último capítulo él le pida a ella ser dos locos juntos, algo se rompe en el espectador. En la última temporada de The West Wing un personaje le dice a otro “si a mí me van a echar y tú te vas a ir, ¿por qué no nos agarramos en la caída?”. Donna coquetea toda la temporada con la idea de tener una relación con su jefe. Un hombre estable y que está fascinado por su magia, por su forma de ser. Sin embargo al final deshecha la tentación y se embarca otra vez en la espiral de locura y genialidad de su esposo. Y ésta es una idea rompedora. Estamos acostumbrados a ver a mujeres suburbiales sumidas en vidas vacías, sin embargo Donna es muy ambiciosa, para ella nada es suficiente, tiene grandes sueños. Y mientras esas otras mujeres tienen la tentación fuera de casa, ella la tiene dentro del hogar, la tentación es su marido y el sueño compartido de crear algo grande, algo que trascienda.

Este juego de construcción y deconstrucción de los personajes, de confrontación entre el camino fácil y el que está lleno de curvas, es dónde Halt and catch fire se eleva hasta convertirse en uno de los mejores estrenos de 2014. Usamos muy a menudo (y muchas veces de forma errada) la etiqueta de “serie de personajes” pero es que sin duda ésta lo es. Por eso cuánto más nos metemos en sus psiques, mejor ficción es. Y al final de tanto bucear en sus dudas y certezas, miedos y anhelos, acabamos embobados. Ver un capítulo de Halt and catch fire para mí es como estar 42 minutos en trance. La forma está al servicio del fondo. Construyen un producto visualmente muy interesante (y elegante) que logra transmitir ese caos de ideas y sentimientos que han ido hilando los personajes a su alrededor. Los planos amplios en espacios cerrados que te muestran a todos los actores que hay en escena (y toda la distancia física que hay entre ellos) me resultan fascinantes, porque justamente son las relaciones (y confrontaciones) entre los personajes lo que hace avanzar a las tramas. Los personajes y la puesta en escena como motor, más que los giros de guion. Y esto se debe a que como puede pasar en Mad Men, no son las tramas las que te atrapan al sillón, sino los personajes, como la vida se cuela dentro de ellos y los dota de alma, de interés humano.

viernes, 4 de julio de 2014

Las expectativas veraniegas

Salvo Showtime, que estrenó Penny Dreadful en primavera y ha guardado para el verano sus dos estrenos más sólidos de la temporada pasada, Masters of Sex y Ray Donovan, las otras 3 grandes cadenas del cable de calidad: HBO, FX y AMC, se han reservado nuevos ases para la temporada estival. Queda así claro que en el cable todas las estaciones son campos de batalla. HBO emitirá este verano las últimas temporadas de True Blood (hallelujah) y The Newsroom (soy de los que sufren por ello), y el domingo pasado estrenó la nueva serie de Damon Lindelof (Lost), que adapta una novela de Tom Perrotta (Little Children), The Leftovers, que vendría a significar en castellano “los restos”. Antes, en el mes de junio, AMC puso en marcha Halt and catch fire, una serie ambientada en los años 80 en los albores del PC y la universalización de la informática. Mientras que FX ya ha emitido dos capítulos de Tyrant, la nueva serie de Gideon Raff (el creador de la serie israelí original que adaptó Homeland) y Howard Gordon (uno de los showrunners de Homeland, precisamente), ambientada en una dictadura pro-occidental en un país árabe (Egipto, Libia, etc.). Y aún tiene en la sala de espera, The Strain, drama paranormal de Guillermo del Toro. Teniendo en cuenta todo esto, voy a hablar de los tres primeros grandes estrenos del cable para este verano.

El malo: Tyrant

Querido papá
Con una premisa tan golosa: “el hijo de un dictador árabe afincado en USA vuelve a casa justo en el momento en el que el régimen de su padre empieza a derrumbarse”, Gideon Raff y Howard Gordon han engendrado un despropósito. Una serie en la que todos los personajes, salvo el protagonista (Adam Rayner tiene la presencia necesaria para el papel), son delirantes, sobre todo la mujer, uno de los personajes femeninos más naif que se han escrito últimamente en la televisión americana. Más que recordar a Homeland, a lo que recuerda Tyrant es a Kings, el problema es que Kings sabía usar los elementos de culebrón a su favor, para dotar a los personajes de profundidad dramática, mientras que en Tyrant todo es artificiosamente fallido. Las expectativas que la serie había generado no han ayudado. Cuando se anunció el proyecto se dijo que Ang Lee (ni más ni menos) iba a dirigir el piloto, el taiwanés acabó abandonándolo por “problemas de agenda” (ahora ya sabemos por qué) y ficharon a David Yates (el director de las últimas 4 entregas de Harry Potter) en su lugar. Y se estrellaron. No sólo los guiones y el reparto fallaron, visualmente el piloto no puede ser más anodino. La serie que tiene en su interior un enorme potencial, sobre todo para reflexionar sobre la dicotomía dictadura-orden vs. democracia-caos, que no podría estar más en boga hoy en día en los países de la Primavera árabe (Egipto está volviendo a girar hacia un régimen militar autoritario, por ejemplo). Sin embargo les falta valentía, hondura, y les sobran conflictos personales manidos. No ayuda a ver la serie que todos los personajes hablen en inglés, aunque sean terroristas islámicos o niños de barrios pobres. Cuando en la propia FX tenemos a The Americans en la que los rusos hablan en ruso, ver a un líder árabe dirigirse a su país en inglés escama. La seguiré viendo porque me entretiene y tengo la esperanza de que sepan meter el dedo en yagas políticas muy feas, pero desde luego Tyrant no es una buena serie, es una ficción fallida.

El neutro: The Leftovers

¿Por dónde se va a Mulholland Drive?
En el caso de esta serie las expectativas generadas no eran per se buenas, había gente que tenía ganas de verla por ser de Damon Lindelof, había otras personas que tenían ganas de destrozarla por ser de Damon Lindelof, y después estábamos otros espectadores que no terminábamos de posicionarse en cuanto a lo que había que esperar de la serie y de su creador. En cierta forma le ha pasado lo mismo que le pasó a Sorkin cuando estrenó The Newsroom hace dos veranos. Lindelof es una figura tan polémica desde el final de Lost y el estreno de Prometheus (el guion es suyo) que su figura enturbia el visionado y análisis de la serie. Estamos prácticamente ante un presidente del Gobierno que presenta su programa y pide la confianza del Congreso. Y posiblemente seremos los no-alineados los que decantaremos la balanza a su favor o en su contra, puesto que si no te gusta Lindelof, no te gustará The Leftovers, una serie fiel a su creador. Dicho todo esto, la serie parte de una premisa high-concept, “un día desaparece el 2% de la población mundial”, para, tras un salto en el tiempo de 3 años, desembocar en un drama de personajes que tienen que lidiar con las consecuencias de lo acontecido en un mundo ligeramente distópico. Justamente ahí reside el interés de la serie, teniendo en cuenta que sólo hemos visto el piloto. Ese mundo levemente estropeado, deformado, es la gran baza de la serie.

La desaparición del 2% de la población ha creado un caldo de cultivo en el que emergen sectas, líderes carismáticos y una fractura en los códigos morales de los supervivientes. Si los personajes por ahora no resultan especialmente interesantes, el ambiente en que se mueven sí lo es. Por ejemplo, esa fiesta a la que acude la hija del protagonista, un policía interpretado por Justin Theroux, en la que el sexo es banal y sucio, tiene mucha fuerza, es muy perturbadora. Y lo mismo se puede decir de la secta de fumadores liderada por Ann Dowd. Precisamente, para recrear ese mundo tan turbio, hubiera sido necesario contratar a un director con capacidad para incomodar y atreverse con una apuesta formal arriesgada, y desde luego Peter Berg no es ese director. En año de True Detective o Fargo, una dirección meramente funcional no es suficiente. El piloto de The Leftovers no me ha entusiasmado, pero la seguiré viendo porque creo que tiene elementos interesantes, pero al final, la clave estará en si Lindelof es capaz de dotar a los personajes de complejidad o no. Ahí es dónde se juega el partido.

El bueno: Halt and catch fire

Cómo componer un plano
Siendo justos, hay que precisar que el nuevo drama de AMC juega con ventaja frente a sus rivales porque ya ha emitido 5 capítulos, y por lo tanto tenemos una radiografía de la serie mucho más nítida. Habiendo apuntado ese dato, me atrevo a decir que Halt and catch fire es lo mejor que ha estrenado AMC desde Rubicon. De hecho tiene un tono, entre misterioso y parsimonioso, muy similar a la gran serie de espías (analistas, en realidad) que AMC canceló cuando creía que se iba a comer el mundo. Ahora, con el gigantesco éxito en audiencias que es The Walking Dead, y con sus dos grandes dramas, Breaking Bad y Mad Men, de retirada, quizás esta serie de informáticos ante la incertidumbre corra mejor suerte que Rubicon, y más teniendo en cuenta que Hell on wheels o Turn han sido renovadas por muy desapercibidas que pasen. Esta ficción está centrada en una empresa pequeña de informática texana que se mete de lleno en la carrera por desarrollar los PC, enfrentándose contra el gigante IBM. Pero más que esta premisa, lo relevante es, al contrario que en las dos series de las que hablé antes, sus personajes. Sobre todo sus mujeres, más que sus hombres. Tanto la joven Cameron (Mackenzie Davis tiene un magnetismo brutal), una especie de genio caótica, como Donna (Kerry Bishé se come la pantalla cada vez que aparece en un plano), una mujer abocada a vivir a la sombre de su marido, son dos personajes femeninos monumentales. Llenos de matices, sólidos, complejos. Ellas son el corazón de la serie, frente a ellos, que aunque son muy interesantes son tan narcisistas que es difícil cogerles cariño. Esos hombres son Joe (Lee Pace es un tipo raro y este papel le va como anillo al dedo), un sociópata obsesionado con triunfar, camelador profesional y profundamente torturado que lleva la parte comercial de la aventura informática, y Gordon (Scoot McNairy), el marido de Donna, y el jefe del tinglado informático, un hombre frustrado y obsesivo, que vive enfadado con el mundo por no haber logrado el éxito que cree merecerse (ojo, muy Walter White, pero sin cáncer y cambiando la metanfetamina por el hardware).

Y más allá de mostrarnos a un grupo de personajes interesantes danzando con varios conflictos a la vez, Halt and catch fire acierta en tono, ritmo (¡viva la slow-tv!), recreación de una época (¡la música!) y dirección. Frente a los casos anteriores, AMC contrató a un gran director, Juan José Campanella, para dirigir los dos primeros capítulos y establecer las constantes de puesta en escena de la serie, el resultado es una serie magnética, atractiva y que funciona como un reloj, sobre todo cuando empuja a sus personajes hacia territorios incómodos. Cuando me siento a verla me emboba como me emboba Mad Men, como si el cuerpo se me durmiera y mi cabeza se sumergiera en el ritmo de la serie, como si sincronizara con ella. Cuando se ponen técnicos (y lo hacen mucho) no me entero de nada, pero da igual, porque aquí sí, aquí lo importante son los personajes y su camino de empoderamiento en la industria informática.