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lunes, 29 de diciembre de 2014

Mis 10 miniseries de 2014

10. 24: Live another day (FOX)
Volvió Jack Bauer y con él volvieron todas las contantes del formato 24: acción a raudales, malos malísimos, politiqueo de alcantarilla, topos y macro-conspiraciones. Tras una primera mitad bastante anodina dónde nos estuvieron enredando en un ataque islamista sin mucho nervio, pasamos a una segunda parte soberbia, al nivel del mejor 24. Nunca, jamás, te fíes de los rusos (primera mención).

9. The Spoils of Babylon (IFC)
Cuando hice mis Emmysalternatives ya dije que la gracia de esta miniserie residía en lo travieso que es su propio concepto. Hacer una parodia de las películas río- bigger than life, tipo Giant (Stevens, 1956), en formato miniserie/sitcom con capítulos de 20 minutos y humor muy absurdo. A mucha gente le parecerá basura. A mí me hizo llorar de risa. 

8. 1864 (DR)
Quizás estemos ante la serie que más se desinfló en el 2014. El equipo de (todos en pie) Borgen haciendo una enmienda a la totalidad de la historia reciente de Dinamarca, era desde luego un must see de este año. Hasta el 6 capítulo rayó a un nivel soberbio, sobre todo cuando reflejaba lo enfermos de poder que estaban los políticos daneses, que se creían bendecidos por el poder divino. “Y del cielo bajó la bandera danesa, somos el pueblo elegido”. Sin embargo cuando nos enfrascamos de llenos en la guerra prusiano-danesa la serie empezó a deshilacharse, básicamente porque el triángulo amoroso central era previsible y carecía de toda profundidad. Una pena. Aún así es una serie interesante porque abre muchos terrenos de debate ligados a la religión y sobre todo a los conceptos de nación y estado.

7. Sonic Highways (HBO)
Esta miniserie documental sigue a los Foo fighters a lo largo de 8 capítulos, en el proceso de grabar su nuevo álbum, por 8 de las ciudades americanas más importantes en el terreno musical. De Los Ángeles a New York, pasando por Chicago o Nashville. Es un viaje por la cultura musical yankee. En una hora de duración no se puede ahondar demasiado en el alma de cada ciudad y de la música que la recorre, aún así es una miniserie muy interesante. Mi capítulo favorito, claro está, el de New Orleans.

6. The Game (BBC America)
Otra historia de espías en la Guerra Fría. Y otra que vuelve a funcionar, sobre todo en sus 3 últimos capítulos. El formato parece ser eterno, y con el regreso de las tensiones entre Occidente y Rusia, está más vivo que nunca. Una conspiración soviética fina y elegante para apoderarse de UK. Oh sí.

5. Cosmos: A SpaceTime Odyssey (FOX)
Había ganas de ver el nuevo Cosmos, una serie documental de entretenimiento sobre lo que es la ciencia en nuestros días. Y por lo menos a un servidor, no lo defraudó. Una bonita e inteligente forma de acercar a las nuevas generaciones al fascinante campo de la investigación científica. ¡Qué inmenso es el universo y qué perdidos estamos en él!

4. P’tit Quinquin (ARTE)
Sin duda alguna, la miniserie de autor del año. La tan sublime como ridícula P’tit Quinquin, del casi siempre delirante Bruno Dumont, uno de los grandes enfant terribles del cine actual. Mi experiencia previa con Dumont era bastante mala tras ver ese despropósito de nadería que es Hors Satan y, ese policíaco imposible llamado L’humanité. En esta miniserie para el canal ARTE vuelven a estar todos los elementos habituales del cineasta: lo incomprensible, lo incómodo, lo feo, lo aleatorio de la vida en un ambiente rural muy enfermo. Pero salpicado por secuencias soberbias, como la del arranque o la de la misa. P’tit Quinquin a veces te hará reír, siempre te turbará.

3. The Normal Heart (HBO)
He aquí la pequeña trampa de la lista. The Normal Heart no es una miniserie, es un telefilme, pero no me parecía bien dejarla fuera de la lista, porque desde luego la película de Ryan Murphy para HBO ha estado entre lo mejor del año. Las luchas dentro de la comunidad gay sobre la estrategia a seguir para combatir la epidemia del SIDA en los 80 era un tema poderoso, pero también peligroso. The Normal Heart lo afronta con sensibilidad pero también con dureza. ¿Nos faltaron cojones? Seguramente sí.

2. The Honourable Woman (BBC/Sundance Channel)
Si hice esta lista, además de porque soy un jodido enfermo obsesionado con hacer listas, fue porque había dos miniseries que necesitaba mentar como lo mejor del año. La primera es esta coproducción entre BBC y Sundance Channel, escrita y dirigida por Hugo Blick (The Shadow Line). A través de 8 capitulos el thriller de espías, el thriller político, el drama psicológico y el drama familiar se van fundiendo hasta alumbrar una de las grandes sorpresas del año seriéfilo. La brutal historia de una mujer (Maggie Gyllenhall, descomunal) que lucha por conseguir la paz entre Israel y Palestina, mientras arrastra su terrible pasado, y se ve apaleada en medio de una guerra con intereses económicos y políticos de por medio. En The Honourable Woman no vemos un “buenos contra malos”. La política internacional es mucho más compleja que eso. Para lograr la paz hay que derramar mucha sangre antes.

1. Olive Kitteridge (HBO)


Una de las ficciones que más me han impactado este año. Por no decir directamente que esta miniserie dirigida por Lisa Chodolenko ha sido el drama que más me ha destrozado en 2014. La historia de una mujer incapaz de exteriorizar sus sentimientos y que emplea el cinismo como escudo. Triste, delicada, inteligente, dura, profunda. Todo eso es Olive Kitteridge, tanto la ficción como el propio personaje que en una especie de milagro interpretativo encarna Frances McDormand. La mejor interpretación femenina del año, con permiso de Julianna Margulies y la anteriormente mentada Maggie Gyllenhaal. Sin duda alguna una de las mejores miniseries que ha hecho HBO. Y eso son palabras mayores. Si yo votara en los Golden Globes, optaría por ella antes que por True Detective y Fargo. Sí, lo he dicho.

martes, 19 de agosto de 2014

Emmysalternatives 13/14 II: Miniserie y Telefilm

Telefilm

Enorme error ha cometido la Academia al volver a bifurcar la categoría de mejor miniserie/telefilm en dos. Si cuando las unió pesó la brutal escasez de miniseries, como contó Molitsanti en este post tan interesante, ahora la situación es a la inversa, hay mucho nivel de miniseries y ninguno en telefilms, puesto que más allá de las que produce HBO y alguna venida de UK, sólo canales de pésima calidad elaboran este tipo de productos.

5. Killing Kennedy
Este telefilm de National Geographic, que sigue la saga iniciada el año pasado por Killing Lincoln, no aporta nada nuevo a lo que mil y una vez nos han contado sobre el asesinato de John Fitzgerald Kennedy. Su mayor mérito es que se deja ver. Así de ínfimo es el nivel de los telefilms este año. A su favor también que visualmente no parece una baratija de las que asustan por su cutrez, como uno de los nominados en los Emmys: The Trip to Bountifiul


4. Burton and Taylor
Este telefilm es un duelo de 1 hora y media entre dos personajes tan abrasadores como Richard Burton y Elizabeth Taylor. La película no está mal escrita aunque es bastante superficial. Quizás su problema sea que Dominic West y Helena Bonham Carter no son ni parecen ser Burton y Taylor. No resultan creíbles en los papeles, y eso no quiere decir que estén mal, porque no lo están, pero es que no son ellos. Bonham Carter es una gran actriz pero no se parece en nada a Elizabeth Taylor, no tiene su magnetismo, ni su sensualidad, ni su aura de perdición y autodestrucción.


3. Muhammad Ali’s Greatest Fight
A mí me encantan los debates jurídicos, por eso disfruté mucho, por ejemplo, con las largas secuencias sobre debate constitucional de Lincoln, por eso creo que disfruté tanto de este telefilm de Stephen Frears, ese obrero del cine. Se me pasó volando, me pareció muy interesante, los actores veteranos están muy bien, tiene momentos que se apartan del Tribunal que quizás no funcionan. Pero aún así, merece la pena esta aproximación a la sentencia del Tribunal Supremo sobre la objeción de conciencia esgrimida por Ali para no participar en la Guerra de Vietnam. También pinta bastante bien el clima de agitación política que vivía USA al inicio de los 70.


2. Sherlock: His Last Vow
En una jugada astuta dada la fragmentación de la categoría en dos y el flojísimo nivel en la de telefilm, Sherlock ha pasado de considerarse miniserie a competir en telefilm sólo con su último capítulo de la temporada. Este His Last Vow es el mejor de los tres capítulos de esta tercera temporada, el más denso y poderoso dramáticamente y también el más parecido al formato de la serie. Te atrapa de principio a fin, te acorrala tanto como a sus protagonistas y termina con un cliffhanger muy poderoso. Podría haber sido un buen ganador.


1. The Normal Heart


Inteligente, tierna, agria, devastadora, apasionada. Todas esas cosas, y alguna más, es The Normal Heart, la aproximación de Ryan Murphy a la explosión de la epidemia del SIDA en la comunidad gay de Nueva York a comienzos de los 80. Es una película que te remueve las entrañas y además te hace pensar. Un film político más que un drama sobre enfermedades. Y aunque cuenta muy bien la parte emocional, la lucha contra la enfermedad, el lento desfile de muertes, es en la dimensión política donde The Normal Heart se convierte en una película realmente relevante. Hay algún exceso visual, pero lo cierto es que este es el Ryan Murphy más contenido que hayamos visto, y se agradece. Salvo sorpresa mayúscula ganará el día 25, y será muy justo, porque de verdad es una obra relevante.



Miniserie

5. The Spoils of Babylon
Una miniserie cómica con formato de sitcom que es una parodia del melodrama americano tipo Gigante. Esta es la propuesta que el tándem Piedmont-Steele (director y guionista de Casa de mi padre) le vendieron al canal IFC (cuyo buque insignia es Portlandia) con Tobey Maguire en un papel de protagonista-narrador que parece una parodia del que interpretó el año pasado en The Great Gatsby (Luhrmann, 2013), rodeado de Kristen Wiig, Tim Robbins, Will Ferrell y Haley Joel Osment entre otros. Y lo que pudo ser un estrepitoso fracaso, ha resultado ser una rara avis muy divertida que no sólo no reniega de su banalidad sino que hace apología de la misma. No busca trascender, sólo que nos echemos unas risas. Y lo consigue.


4. Luther
Aunque esta  entrega del detective más oscuro de Londres haya sido la más floja de las 3 que ha tenido, ha mantenido esa atmósfera abrasadora y ese correr hacia delante de su protagonista. Cada vez más arrinconado por sus propios pecados, John Luther se ha movido aún más como un elefante en una cacharrería. Los casos han estado bien, aunque ha dado la sensación de que la serie ha llegado a su final muy cansada, tirando de demasiados deus ex machina. Aún así, un placer, como siempre.



3. American Horror Story: Coven
Tras la monumental Asylum había muchas expectativas puestas en la aproximación del dúo Falchuk-Murphy (más el director Gomez Rejon… una bestia) al mundo de la magia y la brujería de New Orleans. Y creo que hay bastante consenso en que las expectativas no se vieron cumplidas. Frente a la densidad y del año pasado, éste optaron por un tono más ligero. Ante el guion medido al milímetro (salvo por lo de los aliens) de Asylum, que contó un relato que fue de menos a más, en esta temporada la historia se fue moviendo a trompicones, a golpe de ocurrencias. Dicho lo cual… yo me lo pasé como un enano. Cuando asumes que no estás ante una entrega que haya que tomar en serio, lo que queda es un gozoso desparrame wtfuckero, con diálogos punzantes, miradas de tiburón y secuencias entre lo absurdo y lo genial.



2. Fargo
Si la antología de Noah Hawley no se impone el 25 estaremos ante una de las grandes sorpresas de la noche. Unánimemente aplaudida, Fargo fue uno de los grandes estrenos televisivos de esta temporada. Visualmente espectacular y narrativamente redonda. Supo capturar el humor negro y el aire de fatalidad del universo Coen y crear algo autónomo, con alma e identidad propias. Pocos placeres más inmersivos he tenido este año. Ver Fargo era sentarse durante 50 minutos rodeado de una nieve densa que te atrapaba.



1. Treme


Aprovechando que esta última temporada de Treme, sólo tuvo 5 capítulos a modo de conclusión del relato, HBO la movió en los Emmys de las categorías de drama a las de miniserie y la jugada se ha saldado con nominaciones en dirección, guion y en la categoría principal. En mis Emmysalternatives le ha ido mejor, básicamente porque es una serie que me ha calado muy hondo, a la que tengo mucho cariño y respeto. Incluso diría que yo admiro Treme, su humanismo exacerbado, su furiosa denuncia de los problemas de la America urbana, su lacónica tristeza e incluso melancolía, pero también su capacidad de resultar optimista hasta en los momentos más oscuros. Para mí siempre New Orleans será Treme, y uno de los sueños de mi vida es pasar allí un Mardi Gras. Gracias, gracias por tanto, David Simon.

jueves, 29 de mayo de 2014

Historia de una derrota

THE NORMAL HEART




Este domingo HBO emitió The Normal Heart, tv-movie dirigida por Ryan Murphy (creo que no hace falta presentarlo a estas alturas) y adaptada, a partir de su propia obra, por el dramaturgo Larry Kramer. La película, ambientada entre 1982 y 1983, narra el estallido del SIDA en la comunidad gay de Nueva York a través de activistas e infectados, de hombres luchando (o no tanto) por su supervivencia. El protagonista es Ned Weeks (Mark Ruffalo, camino del Emmy) un escritor que tras intentar luchar contra su homosexualidad en su juventud, vive ahora completamente fuera del armario y en lucha constante contra la comunidad gay neoyorkina, por sus opiniones con respecto a la liberación sexual.

“La política gay es política sexual” Primera puñalada. Nos habían hablado ya  de los terribles años en los que el SIDA surgió en forma de epidemia devoradora, engullendo a parte de una generación de homosexuales, posiblemente la primera en Estados Unidos en vivir con cierta libertad. Lo más interesante de The Normal Heart no es tanto el retrato que hace de la enfermedad, es decir, el plano íntimo, como afecta a los enfermos, como los consume lentamente hasta matarlos, o como consume también a sus seres queridos hasta drenarles las ganas de vivir. No. Eso también está en la película, y funciona, e incluso conmueve (esos increíblemente azules de Matt Bomer apagándose...), pero no aporta nada nuevo. Lo que realmente hace valiosa a esta obra es su dimensión política, el retrato del activismo, de la lucha por lograr la atención de las autoridades. Si en Philadephia (Demme, 1993) se hablaba de discriminación y en Dallas Buyers Club (Vallée, 2013) del papel de las farmacéuticas, en The Normal heart Murphy y Kramer entran a reflexionar sobre el entramado asociativo que montó la comunidad gay para suplir la falta de apoyo del gobierno en la lucha contra la enfermedad. Y así volvemos al inicio de este párrafo, la agenda del activismo gay estaba únicamente centrada en la liberación sexual. No había un movimiento asociativo que reclamara derechos o visibilización del colectivo. Esto provocó que cuando tuvieron que afrontar la amenaza mortal que supuso el SIDA no estaban preparados. No tenían ni los medios, ni la experiencia y ni el valor. A gran parte de los líderes gays les faltó valor. Segunda puñalada.

En The Normal Heart se plantean dos formas antagónicas de alcanzar objetivos desde fuera de las esferas de poder. Puedes cambiar al sistema colaborando con él. O puedes cambiar al sistema enfrentándote a él. Mientras Weeks apostaba por lo segundo, usando cualquier plataforma para lanzar sus polémicos mensajes (“el Gobierno de Estados Unidos está dejando morir a los homosexuales”), el resto de sus compañeros en la lucha, creían en que debían mantener un perfil bajo, no incomodar al poder para así, finalmente, obtener su apoyo en la búsqueda de soluciones para frenar la epidemia. Esta dicotomía está presente en todos los actores que buscan tener cierta dimensión pública. Atacar o colaborar. Aquí mismo, ahora, en este país, en estos tiempos convulsos el asociacionismo está viviendo una época de efervescencia sin precedentes. Al final lo que hacía Ned Weeks no es muy diferente de lo que hizo estos últimos meses el hombre que esté en boca de todos en España actualmente, el eurodiputado electo Pablo Iglesias. La televisión como altavoz. Como medio para un fin político. Este agrio retrato político, de una dureza inusual con el activismo gay, es lo que aporta de novedoso e interesante The Normal Heart, una especie de Milk (Van Sant, 2008) escrita desde el reproche. Pudisteis hacerlo mejor.

Murphy (uno de los gays más poderosos de la Industria) y Kramer escriben así un ajuste de cuentas con  los líderes gays de los 80. The Normal Heart es ante todo la crónica de una derrota. Al final de la película no hay ni siquiera una pequeña victoria moral para el protagonista como sí las había en Philadelphia, Dallas Buyers Club y Milk. Queda sumido en una honda soledad. Derrotado frente al sistema externo (los poderes públicos) y al sistema interno (el resto de activistas). Solo ante el peligro. Un peligro llamado SIDA. Le ha salido una película cruda a Ryan Murphy, la obra más desoladora de su carrera. También la más dramática (aunque tiene esos pequeños estallidos de humor corrosivo marca de la casa) y la más ambiciosa. No es una película perfecta, sigo creyendo que Murphy no acaba de cuajar como director, que le falta estilo, orden, coherencia. Pero es una película muy bien interpretada (salvo Jim Parsons el casting está bien elegido), funciona muy bien narrativamente y sobre todo resulta interesante por ser tan incómoda, por lo oscuro que es su mensaje. Ayer mismo recibió 5 nominaciones en los Critic’s Choice Awards y será una de las producciones con más nominaciones y posibilidades de victoria en los Emmy. Mark Ruffalo, Julia Roberts (en el único personaje femenino, una doctora), Matt Bomer, Joe Mantello e incluso Taylor Kitsch pueden cazar nominación e incluso premio. A HBO le ha salido otra vez una jugada redonda. Su gran rival a priori será la Fargo de FX.

PD: Más de 30 años después, cada día se infectan de SIDA 6000 personas nuevas. La enfermedad sigue siendo una de las primeras causas de mortalidad en todo el planeta. Sobre todo en África, claro, ellos no tienen activistas que luchen por sus vidas, ni medios de comunicación que sirvan de altavoz, ni organismos públicos con capacidad de inversión, ni, claro, farmacéuticas interesadas en mercados de bajísimo poder adquisitivo.