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jueves, 24 de abril de 2014

Episodio V: Dan Harmon contraataca

COMMUNITY – Quinta Temporada


¿Quién dijo meta?

Tras su airado despido al final de la tercera temporada, Dan Harmon, creador y showrunner de la sitcom más meta y referencial de la televisión, Community, volvió a tomar los mandos de la misma tras el descalabro que supuso la cuarta entrega. Estos 13 nuevos episodios rodados bajo el mando de Harmon, han devuelto la serie a sus esencias y la han reconciliado con los fans decepcionados con la cuarta temporada. Harmon ha hecho borrón y cuenta nueva, sin por ello dejar de lanzar pullas al hiato que supuso su ausencia. Si Amy Sherman-Palladino aseguraba que ella no había visto la última temporada de Gilmore Girls, que se rodó tras su marcha de la serie, no has quedado claro que el badass de Dan Harmon si vio la season 4 de Community y no le hizo ni puta gracia. Community era y vuelve a ser una serie de microhistorias embasadas en 20 minutos (a veces 40), no una serie de personajes. Los responsables de la cuarta temporada decidieron que, visto que no iban a poder seguir haciendo la serie de Harmon sin Harmon, que no podían jugar en su personal y caótico mundo, la llevarían hacia una sitcom de personajes. No era a priori una mala solución, el problema es que los personajes de Community no son entrañables, ni te puedes identificar con ellos ni tienen una gran dinámica grupal. Es una sitcom de autor, de tramas, de ideas, no de personajes, de sentimientos.

El contraataque de Harmon en su regreso triunfal ha consistido en eliminar a la oposición interna (su relación con Chevy Chase era terrible) y olvidar las tramas centradas en personajes para volver a las tramas sustentadas sobre conceptos. El resultado ha sido volver al formato natural de la serie en la que se mezclan, a lo largo de la temporada, tres clases de capítulos. Por un lado, los mediocres, puro relleno que aburre a cualquiera. De esos hemos tenido 3 o 4 este año. A medio camino, los interesantes, como los de Dragones y mazmorras o G.I. Joe (5x10 y 5x11) que sin ser brillantes, son capítulos notables, sustentados sobre buenas y originales ideas. Y en el otro extremo, los brillantes, esas pequeñas obras maestras del humor, edificadas sobre la vasta cultura audiovisual americana. Este grupo estaría formado por el capítulo de homenaje-parodia (ese eterno binomio que eleva a esa ficción) al cine de David Fincher (Basic Intergluteal Numismatics, 5x03), el de la lava (Geothermal Escapism, 5x05), el de la aplicación social (App Development and Condiments, 5x08) y la season finale, culmen de la identificación Greendale-Community (Basic Sandwich, 5x13). De todos ellos, el de Fincher y el de la aplicación formarían parte de mi selección de capítulos favoritos de la serie. El primero, en parte porque como fan del cine de Fincher me lo pasé como un enano con la investigación inconclusa sobre un criminal que se dedicaba a poner monedas en las rajas de los culos. Y el segundo porque esa distopía a lo Black Mirror me pareció que está fantásticamente escrita y que tiene un discurso que sin ser nada complejo sí que es muy interesante. ¿Y si Charlie Brooker y Dan Harmon hicieran una serie juntos? ¿Implosionaría el planeta de juntar tanta mala ostia y tanta pluma bien afilada?

La trama de fondo de la temporada (en la que además de Chase se fue Donald Glover) fue la necesidad de salvar a Greendale, evolucionando el grupo de estudio en un grupo de salvamento. Dicha premisa adquirió peso en los dos últimos capítulos, en que tras por fin conseguir que la universidad cumpliera unos mínimos estándares de calidad tuvieron que hacer frente a su venta. El mensaje fue claro. Harmon volvió a la quinta temporada para reformar su serie (tituló ni corto ni perezoso, a la season premiere como Repilot), que estaba en ruinas tras la cuarta, y tras lograrlo quiere que NBC le dé la deseada sexta temporada. Cumpliendo el famoso grito de guerra #SixSeasonsAndAMovie. Con un capítulo que nos ha dejado un gran sabor de boca, con el ingenio (pero también la irregularidad) de su creador intacto, con la cadena en crisis y con la posibilidad de sindicar a la serie en el horizonte, la renovación no parece imposible. Sí, sus audiencias son malas, pero es que NBC más allá de The Voice, The Blacklist y el fútbol americano no tiene en su parrilla de prime-time ningún programa que arroje grandes datos de audiencias. Habrá que esperar para ver cuál es el veredicto, pero ojalá, ojalá, ojalá, tengamos más Community en 2015.

miércoles, 5 de febrero de 2014

Cadenas de favores

PARKS AND RECREATION / COMMUNITY

El último golpe

El pasado jueves Parks and Recreation y Community, la dos sitcoms de NBC, y para mí las más en forma de la televisión ahora mismo, tuvieron una trama principal bastante similar. Ambos capítulos giraron en torno a una cadena de favores. En el episodio de Parks, Leslie y Ann tenían que ir trenzando favores para conseguir entrar en el terreno (futuro parque) que hizo que se conocieran para cerrar el círculo ante la marcha de Rashida Jones de la serie. Mientras que en el capítulo de Community, Annie y el profesor que interpreta Jonathan Banks (Mike de Breaking Bad) tienen que enfangarse en el entramado institucional de Greendale para ir subiendo en la cúspide de poder y conseguir colocar un tablón de anuncios en la cafetería.

Dos tramas similares, dos puntos de vista, o más bien dos formas de tratarlas completamente diferentes. En Parks and Recreation se toman las corruptelas de la cadena de favores con dulzura, centrándose sobre todo en la relación personal de los dos personajes, justo antes de que sus vidas tomen caminos separados. La trama de Parks es pura melancolía. La importancia está en los personajes, en el cariño que se tienen Leslie y Ann, en su química, y en el cariño que le tenemos nosotros, los espectadores. La cadena de favores solo es una excusa para recordarnos alguna de sus aventuras pasadas y sobre todo para regalarnos una última aventura de ambas. Es una despedida, graciosa, emotiva, bonita. A mí, que Ann y Chris no me gustaban especialmente, incluso diría que eran los personajes a los que menos cariño les tenía, su marcha me conmovió. Pocas series saben moverse en el mundo de la emotividad cómica como la serie de Michael Schur.

Annie oliendo el hedor del poder

En cambio en Community lo relevante era la trama en sí misma, las pullas con la que la salpicaron, el mensaje. Si en Parks la cadena de favores era dulce, en Community es oscura, una crítica mordaz (y desternillante) a la corrupción del sistema y de las personas que se mueven en las esferas de poder. Annie, que cada día es más Lisa Simpson, entra en la cadena de favores con la mejor de las intenciones y sin embargo acaba completamente corrompida. Algo que es una constante en el personaje. Annie es la brújula moral de Community, y constantemente se ve tentada por el lado oscuro de la fuerza, como Lisa en Los Simpson. En la espiral de favores, acaba olvidando cual fue el motivo que la llevó a meterse en la misma. Al final, lo único que importa es seguir escalando, consiguiendo cada vez más y más poder. Una metáfora política negrísima en medio de una sitcom. Por eso la serie de Dan Harmon es grande. Así, mientras Parks and Recreation apela a la emoción, Community tira de ironía (la fiesta de los bedeles con congresistas y generales de por medio fue un recital de ostias y carcajadas). Un mismo esqueleto puede dar como resultado productos muy diferentes, en función de cómo los vistas. Dos estilos, dos series, dos maravillas.

domingo, 12 de enero de 2014

Dan Harmon ha vuelto, bitches!

COMMUNITY


En este ojete se va a escribir un crimen

Dan Harmon es ese señor que hace que Matthew Weiner (Mad Men) o Kurt Sutter (#PutoSutter, Sons of Anarchy) parezcan abrazables abuelitas que hacen cocido o fabada los domingos para comer. Posiblemente sea el showrunner televisivo con peor fama de los últimos años. Un badass que hace de su capa un sayo. Su irascible carácter y su maniático control lo llevaron a salir de su propia serie, Community, a golpe de escándalo tras el final de la tercera temporada. Su talento y personalidad lo han traído de vuelta tras una cuarta temporada de la serie que no estuvo a la altura de la Era Harmon. Y es una buena noticia. Tras los dos flojitos capítulos que abrieron la nueva etapa de Community, el tercero ha dado la campanada. Sí, Dan Harmon ha vuelto, y lo ha hecho homenajeando/riéndose (el eterno binomio de esta serie) del cine de David Fincher. A mí, que soy un talifán de Fincher (otro que tiene fama de ser una persona muy maja) no pudo gustarme más, desternillante e inspirado, desvergonzado y muy trabajado (esa fotografía a lo Cronenweth!!!, ese final abierto a lo Zodiac), con versión loca de Creep incluida para arrancar la fiesta.

Estos tres primeros capítulos vienen a confirmar lo ya aprendido, la Community de Harmon es una montaña rusa en la que se mezclan capítulos mediocres con obras maestras metacómicas (#conceptaco) de 20 minutos. Como siempre, Community se vuelve buena de verdad cuando ofrece capítulos temáticos que le meten mano a la cultura audiovisual contemporánea. En cambio, cuando es una sitcom normal la serie no termina de funcionar, quizás porque sus personajes nunca han logrado desarrollar la química necesaria para resultar divertidos e ingeniosos per se. Community no es Modern Family o Cougar Town, no puede funcionar a través del carisma de sus personajes, su motor tienen que ser las tramas y sobre todo los conceptos detrás de las mismas. Por definición esta sitcom tiene que ser más ingeniosa que ninguna otra, porque si no es ingeniosa no es divertida. Es, como Louie, por ejemplo, una serie conceptual, una obra de autor, por eso mismo la Community sin Harmon no era una gran serie, simplemente era una sitcom correcta que se esforzaba en ser algo más sin conseguirlo. No se puede hacer una serie de autor sin el autor.

Harmon ha hecho borrón y cuenta vieja, y con un par de chistes se ha reído de sí mismo y ha presentado una enmienda a la totalidad de la temporada anterior (hasta para ser maligno y rencoroso tira de ingenio el jodío). La serie que nos propone es la Community de antaño, esa serie a veces sublime y a veces anodina, capaz de hacer el mejor episodio cómico del año pero también de torturarnos con un buen puñado de entregas de relleno. No hay mejoras, no hay arrepentimientos, Dan Harmon tiene claro que serie quiere (/puede) hacer y todas las críticas recibidas se las pasa por dónde el criminal en serie del capítulo de Fincher mete las monedas. Ya se sabe como son los genios, en sus desquiciadas y asombrosas cabezas creen que siempre llevan la razón.