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jueves, 19 de febrero de 2015

Los No-Oscar 2014 IV: Actores

ACTOR DE REPARTO

5. Bill Nighy por Pride
Nighy es uno de esos fantásticos secundarios veteranos que produce el Reino Unido que siempre mejoran, con su mera presencia, la obra de la que forman parte. Jamás veréis a Bill Nighy firmando una mala interpretación, está siempre bien, siempre al servicio de la historia. En Pride regresa a un género que maneja a la perfección, la comedia dramática (de Love Actually a About time, por citar dos), y lo hace con otro personaje cargado de secretos y sentimientos. Pero en esta ocasión está incluso más sensible que de costumbre. Su voz, sus caras y sus movimientos físicos despiertan una tristeza inmensa, la de un hombre que ha vivido con miedo a ser él mismo toda su vida.

4. Michael Fassbender por Frank
Gracias a la marciana Frank podemos decir ya que Michael Fassbender está bien hasta con careta. También podemos decir que tiene talento para la comedia. Y confirmar lo que ya sabíamos, su talento no tiene límite y sus agallas tampoco. En Frank interpreta a un genio de la música con serios trastornos mentales que vive con una cabeza de cartón sobre su cabeza. Estamos ante una interpretación entre delirante y fascinante. Un trabajo muy físico y que desde luego es completamente diferente a todo lo que había hecho Fassbender hasta ahora. Por no decir que es completamente diferente a cualquier interpretación que hayamos podido ver este año. Bordea el ridículo para terminar siendo sensacional.

3. Alfred Molina por Love is strange
Al principio de la carrera de premios se especuló con la posibilidad de que Alfred Molina pudiera colarse en los Oscar gracias a este profesor que echan de su trabajo por casarse con su novio de toda la vida y que tiene que hacer frente al hecho de tener que vivir alejado del mismo mientras encuentran un piso más económico dónde vivir. Entre la resignación, la frustración y el dolor, Molina compone un personaje lleno de matices y que desborda sentimientos. Todas sus secuencias con John Lithgow son maravillosas, de una ternura que te desarma. Es uno de esos trabajos en los que ya no ves a un personaje, sino a una persona real.

2. Dominic West por Pride
Alejándose de sus papeles habituales de dandy de mediana edad, West se atreve aquí a interpretar a un homosexual desinhibido y carismático. Podría haberse estrellado pero en cambio firma una de las interpretaciones más divertidas y sensibles de su carrera. Sin cortés, sin ataduras, Dominic West insufla a la pantalla de una enorme vitalidad. Fantástico en el terreno cómico pero también tierno y rotundo en el dramático. Ha sido toda una sorpresa verlo de esta forma.

1. Channing Tatum por Foxcatcher

Si bien es cierto de que Tatum fue promocionado como actor protagonista por el film de Bennett Miller, digo que es el mejor secundario que se ha quedado fuera de los Oscar este año, partiendo de la base de que creo que la primera hora de Foxcatcher es un Tatum vs. Carrell y la segunda, Carrell vs. Ruffalo. Si bien al principio el relato gira en torno a él, se va diluyendo hasta convertirse casi en una sombra, en un alma en pena que transita por los planos. Tatum conduce a su personaje desde la inocencia, la jovialidad, el entusiasmo, del inicio del film, hasta la derrota del final, hasta ese hombre casi deshumanizado, consumido, desesperanzado. Los prejuicios que se tienen contra Channing Tatum no deberían impedir ver que aquí hace una interpretación fantástica.

ACTOR PROTAGONISTA

5. Antoine-Olivier Pilon por Mommy
Mommy necesitaba a un actor principal capaz de saltar de la rabia y la alegría desbordada a la sensibilidad y la ternura. Que fuera a la vez enérgico y taciturno. Pilon lo logra con creces. Dolan ha dado un paso atrás en su tarea como actor para crecer como autor. No podría haber acertado más. Ni en un millón de años él hubiera podido componer este personaje. Pilon es transparente, capta todos los sentimientos del personaje y los retiene en su rostro. Su trabajo es algo precioso de ver.

4. Miles Teller por Whiplash
La ópera prima de Damien Chazelle pivota en torno al antagonismo visceral entre dos monstruos obsesionados con el arte, con el éxito. Si JK Simmons es el trueno, Miles Teller es la tormenta. Simmons no sólo no se lo come, sino que es capaz de medirse a él, conformando el dúo cinematográfico más estimulante del 2014. Whiplash confirma el talento innato de Teller para bucear por las entrañas de chavales obsesionados con sus sueños, y lo ratifica como el mejor actor de su generación. Ahí es nada.

3. Timothy Spall por Mr. Turner
Desde su victoria en Cannes sobre el nominado al Oscar Steve Carrell, Spall estuvo en todas las quinielas de premios. El poco respaldo cosechado por Mr. Turner en su propio país, frente a The Theory of Everything y The Imitation Game, ambas protagonizadas por dos de los actores británicos más en boga, lo dejaron pronto fuera de la terna. Que ello no nos lleve a engaño. Timothy Spall hace un trabajo enormemente sutil como el taciturno J.M.W. Turner, el maestro de la luz. Más allá de la imitación física, con esos escupitajos y esos ruidos guturales, hay un precioso trabajo de construcción de un hombre sensible y sencillo. Enamorado del mundo que lo rodeaba, de la potencia de las imágenes que la naturaleza y el hombre podían crear juntos.

2. Jake Gyllenhaal por Nightcrawler
Otra vez Jake Gyllenhaal se ha quedado a las puertas de la nominación al Oscar. Sin embargo, Nightcrawler lo ha elevado a la categoría de actor de culto, y estrella absoluta del cine indie americano. En los márgenes de la industria, Gyllenhaal está construyendo una carrera llena de títulos y autores interesantes. En Nightcrawler se zambulle en un personaje tan alucinado como repulsivo, transforma su voz y su rostro hasta hacernos olvidar que es él el que está detrás de la bestia. Un trabajo apabullante, de esos que estremecen.

1. Oscar Isaac por A most violent year

El Al Pacino de los 70 se ha reencarnado en un tal Oscar Isaac, que a finales de año se convertirá en una de las personas más conocidas de la industria gracias a esa bomba taquillera (y cultural) que será Star Wars Ep. VII. Isaac lleva un lustro cocinando su condición de actor indie a tener muy en cuenta. Yo personalmente lo descubrí en el Ágora de Alejandro Amenábar, pero como todos, imagino, me enamoré de él en Inside Llewyn Davis. Sacar adelante ese protagonista agrio, autodestructivo, complejo, era una labor titánica, pero Isaac lo bordó. 

jueves, 16 de enero de 2014

Protagonistas secundados

OSCARS


Pelucas, Señor, Jefazo, Chiwi, Slim Mateo

Hoy se dieron a conocer las nominaciones a los Oscars tras meses de especulaciones, premios, trapicheos, rumores y quinielas. Hemos llegado otro año más al borde de la locura pero aquí estamos, en la recta final. Estas nominaciones han sido un pequeño varapalo para 12 years a slave (se le han escapado nominaciones técnicas, sobre todo foto y música, que nadie esperaba que no tuviera) y un respaldarazo para American Hustle, que hizo pleno en las categorías interpretativas como el año pasado la anterior película de su director, David O’Russell, Silver Linings Playbook. Como tercera en discordia se mantiene Gravity, ese golpe de genio de Alfonso Cuarón. Más allá de las tres candidatas a batir, unas reforzadas The Wolf of Wall Street, Nebraska y Dallas Buyers Club (me sangran los ojos con su nominación en montaje), la reflexión sobre la soledad en la ciudad contemporánea de Spike Jonze, Her, la película british de rigor, Philomena, y una muy tocada Captain Phillips.

Cerrado el resumen, una de las cosas que más me han llamado la atención es ver que 4 películas han metido a su actor protagonista y a su secundario de más peso en las nominaciones. Ha apostado la Academia por tándems interpretativos masculinos. Así, por Dallas Buyers Club están nominados Matthew McConaughey y Jared Leto, por American Hustle, Christian Bale y Bradley Cooper, por 12 years a slave, Chiwetel Ejiofor y Michael Fassbender y por The Wolf of Wall Street, Leonardo DiCaprio y Jonah Hill. Esta situación es aún más curiosa si observamos que pudo darse el pleno, porque la gran ausencia en la categoría de actor protagonista fue Tom Hanks, cuyo principal respaldo en Captain Phillips, Barkhad Abdi sí se metió en secundario, y por otro lado, y viendo el respaldo de la Academia a Nebraska, Bruce Dern pudo verse acompañado en mejor actor de reparto por su hijo en la película, el chico SNL, Will Forte.

Pero lo relevante de este hecho es que las relaciones entre los personajes que interpretan estos actores son en gran parte el motor de sus películas. Esta reflexión se observa muy fácilmente en Dallas Buyers Club, película que se eleva cuando comparten plano McConaughey y Leto. Pero es válida para cualquiera de las otras tres. En 12 years a slave, el violinista esclavizado interpretado por Chiwetel Ejiofor encuentra en Michael Fassbender a su antagonista, a la colma de su zapato, a la peste definitiva en su desgraciada existencia. Por su parte, American Hustle se abre con una pelea entre Bale y Cooper, y la tensión constante entre ambos, cada uno a un lado de la ley, es en gran parte el motor de la película, y sus secuencias juntos suelen ser las que tienen más relevancia e interés. Y en último lugar, en The Wolf of Wall Street, el protagonista interpretado por DiCaprio encuentra en el personaje de Hill el perfecto aliado para sumirse en la espiral de drogas, sexo y dinero defraudado que plasma con maestría Martin Scorsese (desde hoy el segundo director más nominado de la historia, sólo por detrás de William Wyler).

Hambre, Coca, Dios, Paja Barbacoa, Dorian Grey

¿Qué consecuencias tendrá en los Oscar esto? ¿Los académicos votarán al pack o harán justamente lo contrario, evitando premiar a dos actores por la misma película? ¿Al ser trabajos tan interrelacionados sería injusto que un actor ganara pero su compañero no? De los 10 nominados, sólo me queda ver a Bruce Dern, justo uno de los dos singles de estas batallas. Del resto, mi voto sería DiCaprio protagonista, Fassbender secundario. Pero Ejiofor protagonista y Hill secundario no me parecería injusto, ni la victoria de los packs de ambas películas, claro. Pero creo que yo intentaría repartir, a pesar de que creo que no se pueden entender unos trabajos sin los otros, para poder así reconocer a interpretaciones diferentes entre sí, pero igualmente impresionantes.

domingo, 15 de diciembre de 2013

Heridas que no se cierran

12 YEARS A SLAVE


Fassbender - Ejiofor, un duelo interpretativo de primer nivel

Muchos creyeron que la elección del primer presidente negro de los Estados Unidos ayudaría a borrar la aberración que fue la esclavitud, sin embargo, lo que hizo fue mostrar al país, a través de cientos de comentarios y actos racistas, que la herida negra seguí abierta, y aún supuraba. Quizás haya heridas que nunca se cierran porque son tan hondas ni todos los puntos del mundo pueden hacer que cicatricen. Todo el debate sobre el racismo que trajo consigo la elección de Obama ha saltado al cine en los últimos tiempos. Si el año pasado el Lincoln de Spielberg  y el Django Unchained de Tarantino, dos cineastas blancos, ponían la cuestión sobre la mesa, este año recogen el testigo dos películas dirigidas por cineastas negros como Lee Daniel’s The Butler y la favorita a día de hoy para ganar el Oscar a la mejor película, 12 years a slave, que se ha estrenado este viernes en España. Un film duro, contundente, rodado con elegancia por el británico Steve McQueen (Hunger, Shame), de una textura muerta muy insana (esos árboles oscuros, ese cielo apagado), aséptico y analítico, con diálogos medidos al milímetro, que perdurará en la memoria por su relevancia ya no solo estrictamente cinematográfica si no también sociocultural.

El film narra la historia de Solomon Northup (un fantástico Chiwetel Ejiofor), un hombre libre, violinista, ciudadano del estado de New York, que es raptado y vendido a un terrateniente sureño. Durante 12 años, un hombre no fue nada más que un objeto, una propiedad, una situación amparada por el derecho creado por los hombres (no toda ley por el hecho de ser ley es democrática, un debate muy actual) escudándose en la falsa voluntad de Dios. Y a su alrededor, antes y después de él, cientos de miles de humanos nacieron, malvivieron y murieron siendo esclavos, sin ser capaces de escribir su destino, reducidos física y metafísicamente. Y los blancos que no estaban de acuerdo miraron hacia otro lado, y los negros libres también miraron hacia otro lado, (la secuencia de Solomon y su familia en la tienda es una buena muestra de ello, por mucho que él defienda tímidamente al esclavo que irrumpe en la tienda ante su amo). Aquello que dijo Roosevelt de que sólo hay que tener miedo al miedo mismo. Nadie hacía nada porque todo el mundo tenía miedo.

A este respecto, McQueen y el guionista John Ridley plantean, inteligentemente, un juego de espejos entre la esclavitud negra en América y el exterminio judío en Europa. A los judíos los asesinaban en cámaras de gas, a los negros los asesinaban lentamente días tras día, hasta alcanzar una muerte por asfixia vital en forma de agotamiento o enfermedad a causa de las pobres condiciones de vida. Esto ha llevado a que no poca gente hable de 12 years a slave como “la película definitiva sobre la esclavitud” o “La Schindler’s list de la esclavitud” o (quizás la más acertada de todas) “La The Pianist  de la esclavitud”. Puestos a buscar similitudes del cine de McQueen casi mejor que con Polanski que con Spielberg (y no es una crítica velada al cine de Spielberg, uno de los más grandes directores vivos). A ambos los une esa idea de que “el diablo está dentro de uno mismo”. Y aquí es cuando saltamos al personaje más interesante de la película, el esclavista Edwin Epps, que encarna con vehemencia Michael Fassbender, que no deja de ser un pobre diablo corroído por la confrontación entre sus deseos y sus creencias. Es un buen ejemplo de la banalidad del mal (la secuencia de la pelea-persecución con Fassbender revolcándose en el barro junto a los cerdos como perfecta recreación simbólica del concepto) de la que hablaba Hannah Arendt al abordar el nazismo. El sistema esclavista no se sustentó en grandes y perversos hombres, si no en gente así, de ideas cortas, de miedos profundos.

La conformidad de los hombres buenos permitió que la ira de los malos cosificara a seres humanos, reduciéndolos a unidades de producción e intercambio comercial, que hacían funcionar a un sistema económico, el esclavista, tecnológicamente rudimentario (Solomon planteando la circulación a través de barca para ahorrar costes temporales frente a la estrechez de miras del personaje de Paul Dano), anclado en la inmovilidad absoluta que castigaba a aquel que destacara (todos sus compañeros advierten a Solomon de que si quiere sobrevivir debe jugar a ser uno más de la manada, no demostrar ningún tipo de nivel intelectual), porque ¿cómo va a ser una cosa más valiosa que su amo?


La guerra de secesión americana terminó en 1865. 90 años después Rosa Parks se negó a ceder su asiento en un autobús a un ciudadano blanco. En 2008 un negro ganó las elecciones presidenciales. Y sin embargo sigue habiendo racismo en América y el dolor por los terribles hechos del pasado. Y aquí aún hay cargos públicos que tienen fotografías del Caudillo en sus despachos y muertos en cunetas, y mucho odio y mucho miedo en nuestros corazones. Quizás debamos de dejar de creer en que todas las heridas cierran con el tiempo, quizás sea el momento de analizarlas hasta lo más hondo, como hace Steve McQueen en 12 years a slave, para, desde el conocimiento y la proximidad, poder convivir con ellas, y así convivir entre nosotros.