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martes, 16 de diciembre de 2014

En mañana. The Newsroom 3x06

THE NEWSROOM - What kind of day has it been?


Y ¡corten!

En el final de The West Wing, Abbie Bartlet le preguntaba a Jed Bartlet “¿en qué piensas?” y él contestaba “en mañana”. Y lo que siguió a esa frase final, que miraba hacia el futuro, fue un fundido a negro que cerraba siete años de una de las mejores series de la historia de la televisión. Aaron Sorkin, su creador, se había ido de la misma al final de la cuarta temporada. Por lo tanto, ese diálogo no es suyo. Pero podría haberlo sido. The Newsroom echó el cierre el pasado domingo en HBO mirando, también, hacia el futuro con optimismo. Termina así una serie que nunca estuvo a la altura de las expectativas creadas a su alrededor, que siempre caminó sumida en un mar de críticas furibundas y que generó numerosos y encendidos debates. Quizás ese sea el gran legado de The Newsroom, habernos empujado a tratar temas relevantes del mundo en el que vivimos, de los medios de “comunicación” que padecemos, del tipo de ciudadanos que somos. Para mucha gente en casi todas las ciénagas en las que Sorkin se zambulló lo hizo de la forma equivocada. Sobre todo en lo relacionado con la mujer. La mujer como tema. Yo creo que a veces acertó y otras muchas, efectivamente, no fue capaz de leer el mundo en el que vivimos. Sorkin cree en un mundo que ya no existe, o lo que es peor, en un mundo que posiblemente nunca existió. No tuvo la sensibilidad y la agudeza necesarias para hablar sobre las discriminaciones que sufren las mujeres, y en cambio le sobró condescendencia para hablar de lo que hacen mal los medios. Más allá de todo ello, quizás el gran problema de The Newsroom fue la ausencia de grises. En un mundo tan convulso como el actual el “esto es bueno y esto es malo” ya no sirve. The Newsroom no debió habernos gritado su discurso, debió habernos germinado con el bien de la duda. Generó enormes debates, pero si hubiera sido menos obvia, más sutil, más compleja, hubiera generado muchos más.

Spoilers del final de la serie 
El final feliz
Estaba claro que The Newsroom iba a terminar con un final esperanzador. Daba igual lo torcidas que estuvieran las cosas. Tenía que acabar bien. El humanismo idealista/buenista de Sorkin se iba a imponer. Y así sucedió. No se molestó demasiado en trabajar la resolución de los conflictos. Ha sido su último “porque lo digo yo”. En el mundo real MacKenzie no sería ascendida y ACN no volvería a ser una cadena que cree en la televisión como servicio público. Esas cosas no pasan. Las grandes empresas mediáticas caminan irreversiblemente hacia la banalización total. Leed El País, ved la CNN. El viejo periodismo ya no es periodismo. Sinceramente no sé lo que es. Y lo peor es que los que lo practican tampoco lo saben. Pero Sorkin nos dice que sí. Que hay esperanza. Que una gran televisión puede ejercer su función de servicio público, que puede facilitar el ejercicio del derecho a la información de los ciudadanos. Ojalá yo pudiera ser tan optimista. Sí creo que el periodismo no está muerto. Simplemente se ha refugiado en otros medios. Entendiendo medios no como empresas mediáticas sino como herramientas, plataformas, espacios. Un debate que organiza una asociación sobre vulneración de los derechos de los jóvenes, por ejemplo, puede ser gran periodismo, pegado a la realidad. Una revista cimentada sobre reportajes y entrevistas en profundidad a expertos en diversas áreas puede ser gran periodismo. Una web con artículos bien documentados e ideas atrevidas sobre política, sobre cultura, sobre economía… puede ser gran periodismo. Y así hasta el infinito. En estos tiempos en los que el ciudadano se ve bombardeado por una cantidad inasumible de información, la profundización y la especialización son las salidas. Ésta, obviamente, es mi opinión. Lo bueno de vivir en un mundo con tantas posibilidades comunicativas a nuestro alcance es, precisamente, que cada uno podemos lanzar nuestras ideas y confrontarlas con las de los demás.

Devoto fan de esta pullita final

Había empezado a escribir este texto nadando en pesimismo y, sin embargo, aquí estoy, diciendo que no todo es negro. Supongo que al final, todos tendemos hacia el optimismo. Por eso le perdono a Sorkin lo inocente que ha sido este 3x06, What kind of day has it been (título de capítulo que está en todas sus series). Will (Jeff Daniels) y MacKenzie (Emily Mortimer) van a tener un hijo. Maggie (Alison Pill) y Jim (John Gallagher Jr.) por fin van a estar juntos y los dos haciendo lo que quieren en el terreno profesional y Sloan (Olivia Munn) y Don (Thomas Sadoski) también están encantados con sus vidas compartidas. Los informativos van a seguir siendo profundos. La web de ACN también volverá incidir en esa profundidad. Y un largo etc. El sacrificio de Charlie (Sam Waterston) valió la pena. Al final, todo ha salido bien. La magia de la ficción. Sorkin no ha pretendido nunca ser realista, aunque la masilla con la que construyera su serie fuera la realidad. Pretendía, y consiguió, ser idealista. Hablar de la realidad desde una visión idealizada de la misma. Puede ser criticable. Sin duda. De hecho yo prefiero a un David Simon (The Wire, Treme) que es capaz de imprimirle a la realidad optimismo, que a un Sorkin que intenta bañar el optimismo en realidad. Pero posiblemente ambos sean necesarios. Sorkin no tiene por qué ser Simon. Me da mucha pena el final de The Newsroom, porque me gustaba que me recordara que el mundo podía ser mejor, que la profesión periodística podía ser mejor. Me gustaba, además, que azotara con tanta vehemencia a las empresas mediáticas, aunque al final acabara siendo bastante dócil con las mismas. Me gustaba porque a pesar de los mil y un defectos, me gusta que Sorkin sea optimista, ya que yo no lo soy por lo menos que lo sea él. Let Sorkin be Sorkin.

martes, 9 de diciembre de 2014

Un campo de minas. The Newsroom 3x05

THE NEWSROOM - Oh Shenandoah


Spoilers a mansalva hasta el 3x05 de The Newsroom

Este domingo HBO emitió el penúltimo capítulo de The Newsroom, última parada antes de llegar al destino final… ¿la derrota? Este Oh Shenandoah (3x05) es un batiburrillo de lugares ya recorridos por Aaron Sorkin en su obra magna, sí The West Wing. Soy consciente de que en cada recap termino mentándola, pero Sorkin no me pone fácil evitarlo. Su eco está en todas partes. El eco de un tiempo mejor, de una serie mejor, de un guionista mejor. Maggie y Jim son la versión “rebajas histéricas de grandes almacenes” de Josh y Donna. Charlie es la versión hiperbolizada y encocada de Leo, infarto incluido (aunque esto sucedió en el The West Wing post-Sorkin). Y el drama paterno filial de Will McAvoy (Jeff Daniels) no deja de ser una sombra poco trabajada del sensacional complejo de inferioridad insuflado por su padre a Josiah Bartlet. Todo, absolutamente todo, lo que cuenta este capítulo, fue relatado antes por su guionista. Y de una forma muchísimo mejor. The Newsroom, ahora que se precipita hacia su final, confirma que es la obra menor de un autor mayúsculo. Un greatest hits pasado de rosca. Pero su problema no es tanto volvernos a contar lo que ya nos había quedado claro, su problema es no estar a la altura de las expectativas, esas cabronas. O lo que es peor, no estar a la altura de uno mismo. Parecer una mala copia de tu propio genio. En su defensa cabe decir que esto le pasa hasta a los más grandes. Este fin de semana vi Magic in the moonlight de Woody Allen, una película muy ligera, llena de lugares comunes de su filmografía que palidece ante sus referentes.

Nosotros somos nuestra propia cárcel
Tras haberme desahogado, quiero dejar claro que no creo que este capítulo sea malo, simplemente es que me da rabia notarle tanto los engranajes, que lo que me cuente sea tan obvio, tan poco sutil o comedido. Más allá de todo lo dicho, el capítulo ha causado bastante controversia por una trama en concreto, quizás la que mejor funciona, en mi opinión. Estoy hablando de la trama de Will McAvoy y su compañero de celda. Cuando en los últimos 5 minutos de secuencia musical nos alternan el infarto de Charlie (Sam Waterston) y la salida de prisión del protagonista, a la vez que nos desvelan que no existía ningún compañero, que era su propio padre, mucha gente se ha sentido estafada, o lo que es peor, ha creído que era una tomadura de pelo, un mal chiste. Cuando ayer leí en Twitter las críticas furibundas, y una de mis mejores amigas(talifán de The West Wing y que fue incapaz de disfrutar de The Newsroom) me escribió preguntándome qué coño había pasado, me imaginé algo peor. Me imaginé la redacción de ACN volando por los aires a lo Homeland Season 2. O a Will McAvoy colgándose en la celda. Y locuras aún peores. Pero no, simplemente fue un “Let Sorkin, be Sorkin”. No quiero ir de “qué inteligente soy” pero no hubo ni un solo segundo en el que creí que el compañero de celda existía y no era su terrible padre. Quizá jugó en ello que estoy muy bregado en sorkinismo. Pero la verdad es que no creo que fuera tramposa en absoluto esa trama. El capítulo empieza con el guardia diciéndole a McAvoy que en esa celda sólo mete a gente encerrada por desacato. Saltamos 2 meses en el tiempo y tenemos allí a un tío encarcelado por maltratar a su mujer que habla de los judíos como un señor de los años 50. Hasta el actor escogido y la forma en que está rodada la secuencia parecen sacados de otra época. Otra cuestión es juzgar si era pertinente meter este conflicto justo antes de llegar a la meta y de una forma tan atropellada. Lo que en The West Wing se contó a lo largo de muchos capítulos tirando de flashbacks, psicólogo y un duelo brutal con Toby Ziegler, aquí se cuenta a través de un duelo imaginario y en unos pocos minutos. Obviamente sé cuál de las dos opciones es la adecuada, aún así no creo que esta trama haya sido el enorme despropósito que mucha gente cree.

Sálvame Diario
Mientras Will McAvoy está en la cárcel por proteger a su fuente, y Maggie y Jim (Alison Pill y John Gallagher Jr.) persiguen el rastro de Edward Snowden en Moscú, a la vez que consuman por fin su cansino romance, el resto de personajes luchan contra la conversión de ACN en un Huffington Post meets Sálvame. Que Sorkin hiperbolice tendencias reales dentro de las empresas mediáticas, no hace que pierda la razón. Quizás si fuera más sutil su mensaje sería, paradójicamente más potente, pero aún a gritos tiene razón. La deriva sensacionalista empieza a dar miedo. Sobre todo cuando entran en juego los avances tecnológicos. Una aplicación que nos dice dónde están los famosos y qué hacen puede parecer inofensiva, pero es algo totalmente kafkiano, una sociedad 100% controlable a través de infinitas herramientas de vigilancia y seguimiento. Parece que Sorkin en su serie y yo en mi blog anunciamos el advenimiento del Apocalipsis, pero es que resulta realmente inquietante. Obviamente esta denuncia se podría hacer de otra forma, como hizo, por ejemplo, The Good Wife al entrar a cañón contra el funcionamiento de la NSA en su temporada anterior. Nadie cuestionó esa trama tan brillante, en cambio mucha gente cuestiona las de Sorkin. Ambas pretenden llegar al mismo punto, la diferencia está en que The Good Wife se mueve en claroscuros y en The Newsroom todo es negro o blanco. Muchas veces, Aaron Sorkin, gritar no es la mejor forma de lograr que te escuchen. Sin embargo, no puedo dejar de aplaudir la entrevista de Sloan (Olivia Munn, esa Diosa).



Sobre la violación
La misma amiga que me escribió preguntándome sobre qué había hecho Sorkin al final del capítulo, me contó, cuando estaba terminando este post, que se había montado mucha polémica en torno a la trama de la violación. La misma consiste en que Don (Thomas Sadoski) intenta convencer a una chica que denuncia haber sido violada (Sarah Sutherland, hija de Kiefer en la vida real y de Selina Meyer en Veep) para que no acuda a su programa a enfrentarse con su violador. La polémica se montó, en el plano intra-narrativo, en torno a la insistencia de Don de no airear el asunto en su programa, tanto por miedo a que ella sufra como a estigmatizar a un presunto violador que sin embargo no ha sido condenado; y  en el plano extra-narrativo, porque una guionista de la serie mostró su desacuerdo con dicha trama en Twitter y porque la emisión ha coincidido en el tiempo con un caso similar en la vida real. No voy a entrar en las cuestiones externas a la trama, porque tampoco creo que den más de sí. Pero sí lo haré en el análisis de la trama. Y creo que hay una de cal y una de arena. Denunciar los peligros de la amarillización de un problema tan grave como las violaciones en general, y en los campus en particular, me parece pertinente, así como cuestionar la validez del enjuiciamiento público, vía TV de cable. Sin embargo, silenciar la lacra de las violaciones que difícilmente pueden ser probadas y condenadas, me parece un mensaje muy peligroso. La presunción de inocencia no debe eclipsar la defensa de unos valores cívicos y de un código moral, por parte de los periodistas. La presunción de inocencia no implica la desaparición del compromiso profesional. Al igual que la objetividad o la neutralidad, no creo que sea un mantra que permita al periodista escabullirse de cuestiones peliagudas. Don podría haberle pedido a la chica que no acudiera a su programa porque lo único que harían en él sería escarbar en la carroña, pero aconsejarla hacerse oír por otras vías, en otros atriles. La solución era investigar a fondo el caso, investigar a fondo esa lacra social. Incidir en que miles de mujeres la sufran. Visibilizar el problema, no esconderlo. Tapar el hecho es revictimizar a la víctima. Dicho esto, que este capítulo de la serie haya abierto tantos debates, es algo muy valioso, aunque Sorkin haya podido estar muy errado (o no, que las opiniones están muy enfrentadas). 

jueves, 4 de diciembre de 2014

Un día para ser pesimistas. The Newsroom 3x04

THE NEWSROOM - Contempt


Spoilers hasta el 3x04 de la última serie de Sorkin



Hemos cruzado ya el ecuador de este último tomo de The Newsroom, ya sólo quedan dos capítulos por delante, y todas las cuestiones por dirimir se pueden clasificar en dos apartados. Por un lado, el futuro de ACN y Will McAvoy (y del periodismo en general, así, en plan mesiánico). Por otro lado, la suerte que correrán las diversas relaciones afectivas que hay en la serie (esa boda <3). Let Sorkin be Sorkin.

Aaron Sorkin es consciente, en mi humilde opinión, de que es un tipo analógico en un mundo digital. Y no tiene ningún problema en reconocerlo. De hecho se siente orgulloso de ello. The Newsroom en su totalidad, desde el ya famoso speech inicial de Will McAvoy en el 1x01, hasta su final, ha tenido como idea-fuerza que hay que recuperar los valores. No en un plano carca, sino en un plano ligado al honor, a la integridad, a la ética. El periodismo debe ser Woodward y Bernstein no TMZ. La política debe ser idealista no oscurantista. Desde los inocentes (e inconscientes) años 90, ambas esferas han evolucionado tanto como la distancia que hay entre The West Wing y House of Cards US. Todo este cinismo que ves, antes era monte. Vivimos tiempos, efectivamente oscuros. El Estado nos espía, la política internacional es una ciénaga, la doméstica con sus crisis concatenadas aún peor, los tweets y los capitales circulan a la velocidad de la luz por todo el planeta… Vivimos en la era del frenesí. Del espectáculo 24 horas al día, 7 días a la semana. Sorkin, aquí encarnado por el Will McAvoy de Jeff Daniels, es ese hombre a ratos estoico a ratos enfurecido, que grita en medio de la multitud “¡que alguien para el mundo!”. El problema es que el mundo no va a parar jamás. Estamos en una espiral en la que cada vez la maquinaria del sistema necesita ir más rápido para seguir funcionando. Todo esto se ve en este 3x04: Contempt. Tenemos a McAvoy aceptando ir a la cárcel con tal de no revelar su fuente y mantener la integridad del periodismo. Tenemos a los Mark Zuckerberg del mundo, encarnados en el personaje de BJ Novak, dispuestos a descuartizar esa integridad en el mismo tiempo en que le doy a “me gusta” a una publicación de Facebook. Tenemos también al Estado paranoico que ve enemigos en todas partes, sobre todo en sus entrañas. Y por último tenemos a las grandes multinacionales moviendo miles de millones de dólares en cuestión de segundos, como quién va al super a comprar una barra de pan. Este es el mundo en el que vivimos. Sorkin nos lo ha resumido maravillosamente en menos de 1 hora. Pero mientras él cree, Ave Maria mediante, que hay esperanza, yo creo que estamos muy pero que muy jodidos.

No juzgarás
La relación entre Jim (John Gallagher Jr.) y Hallie (Grace Gummer) se ha desmoronado definitivamente. Teniendo en cuenta que desde el primer episodio de la serie sabemos que Jim terminará con Maggie (Alison Pill), era algo que tenía que pasar, ahora que nos precipitamos hacia el final. Lo interesante no ha sido por lo tanto el qué, sino el cómo. Vamos, como en la vida misma. Hallie no ha podido soportar estar con alguien que se pasa el día juzgándola y sentenciándola (por amarillista) y Jim no ha sido capaz de amar a alguien cuyo trabajo desaprueba. ¡Era la ética, estúpido! En el meollo de esta ruptura nos encontramos con la espinosa cuestión de “¿puede el amor vencer al juicio personal?”. ¿Juzgar es una forma de amar? ¿una retorcida forma de amar?. O por el contrario, ¿amar es no juzgar al otro?, amarlo tal como es, no según nuestros propios código de lo que está bien y lo que está mal, lo que es importante y lo que no. Seguramente, como en todo, no sea una cosa o la contraria, blanco o negro, sino que una relación bajo estas circunstancias funcionará en la escala de grises. Aún así es algo que me perturba, no creo que pudiera estar con alguien que no entendiera lo que hago. Y teniendo en cuenta que soy investigador en ciencias sociales, me encuentro a menudo con personas que no entienden lo que hago, o lo que es peor, creen que no es en absoluto importante. El síndrome de “No estás curando el cáncer”. Justamente The Newsroom viene a señalarnos que hay tantos problemas en nuestros sistemas sociales, políticos, económicos y comunicativos, que las ciencias sociales sí que son importantes. El ser humano no es un mero ensayo-error, blanco o negro, y así volvemos a la escala de grises. Somos una especie que lucha por flotar en un mar de grises.

jueves, 27 de noviembre de 2014

El fin de la justicia y el fin del mundo. The Newsroom 3x03

THE NEWSROOM - Main Justice


Siempre te quedará protagonizar la mejor saga de la historia del cine, Jeff



The Newsroom ha terminado ya la primera mitad de su última temporada. Definitivamente, sólo seis capítulos no saben a nada. Se pasan más rápido que un walk & talk por la redacción de ACN. Definitivamente Aaron Sorkin ha llevado la serie hacia una zona bastante oscura, de espionaje, seguridad nacional y responsabilidad profesional. Con su viaje a Washington, su fiesta de gala y su reunión con la fiscalía casi parece que Sorkin ha viajado en el tiempo y está volviendo a escribir The West Wing. Sería bonito (¡joder si sería bonito!), pero no. La jugada recuerda a cuando en esta serie Sorkin nos iba anunciando que se avecinaba tormenta. La citación final es la guinda del pastel. ¿Gran jurado a nosotros? Ya hemos estado ahí Sorkin. Pero gracias por emplear lo que ya sabes que funciona. Y sí, este Main Justice (3x03), ha sido un capítulo vibrante.

La justicia
No voy a volver a hablar de Kafka, porque eso ya lo hice en el post anterior sobre la winter finale de The Good Wife, pero casi todo lo dicho allí es aplicable a lo que está pasando en The Newsroom con el caso de esta temporada. Es curioso ver cómo la preocupación de los americanos por su sistema legal ha pasado, en el terreno audiovisual, de un juego entre realismo/idealismo en, por ejemplo, To Kill a Monckingbird (Mulligan, 1962), por citar al clásico de los clásicos; al pesimismo de la actualidad. Un fenómeno que se viene gestando desde el 11-S y la subsiguiente aprobación de la Patriot Act. Cuando hablé del capítulo anterior de la serie, ya dije que The Newsroom (y Studio 60) era una enmienda a la totalidad de las políticas de seguridad y vulneración de derechos que se emprendieron durante la Administración Bush y se han mantenido durante la de Obama. En esta denuncia del poder como mordaza, The Newsroom brilla, sobre todo en esa maravillosa secuencia en la Fiscalía en Washington. El speech de Will McAvoy (Jeff Daniels ha estado muy bien en este capítulo) al final, desnudando toda la estrategia del fiscal y haciendo una lista de los errores de dicha estrategia, es una delicia. Uno de esos golpes de genio de Aaron Sorkin.

Brillan también las secuencias en la fiesta de gala, desde la absurda conversación entre Charlie (Sam Waterston) y ese magnate treinteañero (B.J. Novak, Ryan en de The Office), que podría ser el propio Mark Zuckerberg (gracias por este momento tan meta y autoconsciente Aaron), hasta la tensísima conversación entre McKenzie (Emily Mortimer) y “la fuente” (Clea DuVall) de Neal, esa mujer tan peligrosa para “la seguridad nacional”. Sorkin ha sabido construir una trama de espionaje a lo Snowden, sin sobrecargarla pero logrando que sea de verdad enigmática. No es sólo una herramienta para elaborar su discurso sociopolítico, esta historia tiene nervio, y al colocar a su protagonista en el centro de la misma hace que adquiera más relevancia. Neal (Dev Patel) era un peón, el jaque al rey McAvoy, eleva la apuesta narrativa.

El mundo
En el capítulo anterior Maggie (Allison Pill), tras un debate ético consigo misma, renunciaba a usar unas declaraciones de política marrullera, y a cambio conseguí un informe de la EPA (la agencia yankee del medioambiente) que denunciaba que los seres humanos estamos a punto de hacer que el planeta sea inhabitable. Además conseguía una entrevista para hablar del informe con el director adjunto de la EPA, interpretado por Paul Lieberstein (Toby en The Office, ¡Toby!). Pues bien, esa entrevista, hilarante, surrealista y apocalíptica, ha sido el momento más divertido de este capítulo y también el más terrible. Cambiar el funcionamiento del sistema legal es posible, no se hará, pero se puede hacer; pero cambiar el rumbo de la humanidad hacia su destrucción nos viene a decir Toby (le voy a llamar así, no puedo llamarlo de otra forma, es ¡el puto Toby!) que no, que hace 10 años quizás sí, pero que hemos cruzado ya el punto de no retorno.

Escribir una secuencia tan desternillantemente trágica tiene mucho mérito. Conciliar diversión con denuncia. Ese difícil y fino equilibrio que en The West Wing manejaba tan bien Sorkin y que quizás en The Newsroom a veces ha resultado ser demasiado obvio. Lo que al final acaba por hacer el capítulo es una defensa/denuncia de las acciones que llevamos a cabo los seres humanos. Somos capaces de lo mejor y también somos capaces de lo peor. Y quizás en los últimos años, susurra Sorkin, nos hayamos decantado más por lo segundo. Hay que recuperar la dignidad y la ética humanas, podría ser la conclusión del discurso.

jueves, 20 de noviembre de 2014

Las buenas prácticas. The Newsroom 3x02

THE NEWSROOM - Run


¡Y yo que pensaba que Danny Boyle me hacía la vida imposible!


Ayer tuve que montar (= a cargar una pértiga durante 2 horas) un grupo de discusión con periodistas para hablar de la vulnerabilidad en los medios de ciertos grupos sociales (mujeres, migrantes, infancia/juventud y personas con diversidad funcional). Al arranque de la sesión los cuatro periodistas (una de radio pública, otro de radio privada, otra de prensa y otra de medio digital) reconocían que en sus medios no existen manuales de buenas prácticas. No hay un librito que te diga como debes tratar ciertas cuestiones peliagudas, ni como debes informar, por ejemplo, sobre cuestiones de infancia, para evitar vulnerar los derechos de las personas. Quiero suponer que en las empresas mediáticas grandes sí que hay este tipo de manuales ético-operativos.

Puedo haber algún que otro spoiler sobre el 3x02 de la serie que le dio el Emmy a Jeff Daniels
Precisamente sobre cuestiones éticas gira el último capítulo de The Newsroom. De hecho, si dejamos de lado la trama romántica entre Sloan y Don (y el buffet libre), las otras cuatro giran en torno a qué debe hacer un periodista en momentos complicados, cómo de relevante es el derecho a la información y cómo se gestiona el mismo cuando los derechos de otras personas entran en juego. Por un lado tenemos a Maggie grabando la conversación privada (pero en lugar público) de un alto cargo de la EPA (si habéis visto la peli de Los Simpson ya sabréis que es la agencia medio ambiental yankee); por otro lado tenemos a la hija de Meryl Streep cometiendo una clásica metedura de pata en twitter; en tercer lugar, la negociación sobre la venta de la compañía y el concepto de televisión como servicio público; y en el centro de la acción, la trama principal: el acto de espionaje en el que colaboró Neal y el debate entre el derecho a la información y el sacrificio personal.

En el fondo, Aaron Sorkin aboga por una ennoblecimiento del periodismo (y de la política) norteamericana, por un restablecimiento de las buenas prácticas. Este vendría a ser en gran tema de The Newsroom, que junto a Studio 60 constituyen una enmienda a la totalidad a la América post 11-S, esa de la Patriot Act, la NSA, etc. La legislación es pos del control 24 horas del ciudadano y la basura que escupen las tertulias políticas han secuestrado al país, reteniéndolo en tiempos oscuros. Por eso Sorkin cree que es pertinente hablar del restablecimiento de la ética en el centro de la vida pública. El capítulo funciona porque está muy bien hilado, y está cargado de significados. 50 minutos de reflexión. ¿Estamos dejando que las normas aprobadas por el miedo estén secuestrando la democracia? ¿A los medios les interesa más el escándalo que los acontecimientos realmente relevantes? ¿Tiene la libertad de expresión barreras infranqueables? ¿Hacia dónde nos dirigimos como sociedad? Quizás, gran parte de las críticas a Sorkin vienen de que no se limita a hacer estas preguntas, si no que muchas veces las contesta. En la trama de Maggie, por ejemplo, nos deja claro qué se debería hacer. Nos alecciona. Y a mucha gente no le gusta que la aleccionen. Creo que es pertinente que lo haga, pero también entiendo que es injusto, que el mundo es más complejo que lo que el idealismo sorkiniano (conceptaco) quiere reconocer, más banalmente complejo, añadiría. Sin embargo, las demás tramas quedan en esta ocasión más abiertas. El debate legalidad vs. información sigue en pie. Al fin y al cabo estamos jugándonos si queremos una sociedad controlada por el poder o un poder (poderes, más bien) controlado(s) por la sociedad.