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sábado, 21 de febrero de 2015

Los No-Oscar 2014 VI: Montaje y Dirección

MONTAJE

5. Spencer Averick por Selma
El gran reto de Selma es mezclar la esfera íntima, pequeña, como las reuniones políticas o las discusiones matrimoniales, con la esfera pública, los discursos, la iglesia, las manifestaciones. Y el montaje logra congeniar perfectamente ambas escenas, hacer la transición entre los dos mundos de forma muy natural. Obviamente dónde brilla (al igual que la dirección o la fotografía) es en las secuencias de las manifestaciones, que están montadas con una elegancia y una fuerza increíbles.

4. Lee Smith por Interstellar
A estas alturas sabemos que montar las películas de Christopher 1 millón de planos Nolan, tiene un mérito increíble. Es una lucha titánica contra al ego de Nolan y la ingente cantidad de material que rueda. En Interstellar, Smith vuelve hacer un trabajo de primera poniendo orden narrativo en el caos de ideas (tanto argumentales como visuales) del director. Todas las secuencias de acción espacial están muy bien resueltas y las tramas espacio-temporales distanciadas están bien atadas. Otra vez ningunean su trabajo, aunque este año había demasiados rivales de altura.

3. Douglas Crise y Stephen Mirrione por Birdman
Si primero la discusión giró sobre la persistente batería de Antonio Sánchez, luego la misma se trasladó al montaje del film. ¿Si el falso plano-secuencia son 12 planos cosidos podría decirse que Birdman tenía un gran montaje? Si consideramos la planificación como parte del montaje, es decir, que Birdman es una película montada antes de ser rodada, sí. Si no, pues posiblemente su no nominación al Oscar sea lógica. Yo soy del primer grupo, creo que Birdman es una película en la que dirección, fotografía y montaje tuvieron que concebirse al unísono, como una actividad conjunta. Y desde luego el trabajo es brillante.

2. Jay Cassidy, Stuart Levy y Conor O’Neill por Foxcatcher
El montaje de Foxcatcher es, en gran medida, el “culpable” de que el film sea lo gélido que resulta ser. Y sin embargo es un montaje muy fluido, las distintas secuencias no están cosidas de forma abrupta, sino que te van conduciendo unas a otras en una sucesión de pequeños puñetazos, de pequeñas roturas. Miller monta un puzzle y lo van rellenando pero sin tener la menor intención de completarlo nunca. El montaje de Foxcatcher juega con eso precisamente. Con lo que no nos  muestra entre secuencia y secuencia, lo que se ha producido entre fundido a negro y fundido a negro.

1. Kirk Baxter por Gone Girl

Tras ganar dos Oscar con las dos anteriores películas de Fincher al lado de Angus Wall, Baxter se ha quedado fuera de la nominación por su excelente trabajo en Gone Girl, ese juego de máscaras, mentiras y medias verdades, en el que el montaje es tan importante de cara a estructurar el relato como indeleble a la hora de narrarlo. Mérito doble, pues. La secuencia de la huida y el descubrimiento del macro-engaño, la del sexo sanguinario, la de la entrevista… Gone Girl está plagada de secuencias que más allá de lo bien dirigidas que están, cuentan con un montaje brillante. Algún día caerá el tercer Oscar. Seguro.

DIRECTOR

5. Ava DuVernay por Selma
Si con Damien Chazelle ya iba convencido de que me encontraría con un director con un estilo personal muy marcado y estimulante, he de reconocer que con DuVernay, creía que me iba a encontrar con un trabajo solvente pero impersonal. Craso error. Lo que eleva a Selma de drama sociopolítico interesante a film poderoso es la dirección de DuVernay (y la fotografía, el montaje y la banda sonora). Incluso aquellos a los que Selma no les ha gustado aplauden el pulso y el estilo con el que DuVernay rodó las secuencias de las manifestaciones. Pero Selma y el trabajo de su director es mucho más que eso, es un drama consciente de que las imágenes son tan poderosas como las palabras. Lejos de confiar en que la fuerza de Martin Luther King sostendría la película, DuVernay se esfuerza por elaborar una puesta en escena muy potente. Buen trabajo, sus imágines emocionan.

4. Christopher Nolan por Interstellar
Poco que decir a estas alturas sobre Christopher Nolan. En la vorágine de amor/odio a la que nos empujan los nolanistas y los antinolanistas, es difícil esgrimir argumentos razonables. A mí me gustan mucho las películas de Nolan, me parecen diversión en estado puro y aplaudo su ambición, sus ganas de forzarnos a pensar, de desafiarnos, Interstellar como perfecto ejemplo de todo ello. Creo que es capaz de construir secuencias de acción fabulosas, pero también soy muy crítico con la sobresaturación de planos a la que nos somete. ¿Por qué usar diez plano cuando te llega con uno? En ese debate interno me encuentro. Nolan sí o Nolan no. Aún no he llegado a una conclusión. Por ahora, Nolan sí, pero con peros.

3. Damien Chazelle por Whiplash
Chazelle abordó su trabajo partiendo de la base de que el guion es un lienzo casi en blanco en el que poder pintar infinidad de imágenes. Lo que logró fue una película adrenalínica con un don extraordinario para escupir planos extraordinarios, de esos que impactan tanto que sientes como la saliva, el sudor y la sangre te mojan. Chazelle tiene una desbordante capacidad de pensar en imágenes, de sumergirnos en la historia, de insuflarnos frenesí. Una auténtica pena que se quedara fuera de los Oscar frente al impersonal trabajo de Morten Tyldum. He aquí una estrella en ciernes.

2. Xavier Dolan por Mommy
En su quinta película, Dolan confirma lo ya observado en la anterior, Tom a la fèrme, ha madurado como director de una forma extraordinaria. El manierismo de antaño ha dado paso a una preciosa obsesión por el rostro humano. Esos planos cortos, epidérmicos, se combinan con imágenes preciosas del espacio como territorio liberador. Nosotros somos nuestra propia cárcel, lo que nos rodea es la constante posibilidad de liberarnos de nosotros mismos. Por eso en la que es sin duda una de las secuencias del año cinematográfico, el protagonista abre literalmente el plano. Rompamos con lo que nos atrapa. Seamos libres. El Xavier Dolan director es más libre que nunca. Y tiene un extraordinario don para producir sentimientos a través de sus imágenes.

1. David Fincher por Gone Girl

Si partimos de la base de que David Fincher es (con permiso del maestro Scorsese) mi director favorito del cine actual, era bastante predecible que lo colocara en el primer puesto por su excelente trabajo en Gone Girl. Entre los dos planos circulares poderosísimos que abren y cierran la película, Fincher compone un thriller-cebolla, en el que debajo de cada secreto hay otro secreto más. Mueve la cámara por esa capa gris que cubre a los protagonistas, apuntando en sus rostros todas las miserias que esconden debajo de la piel. La cámara los escruta hasta desnudarlos. Es un trabajo sutil. Preciso. Casi quirúrgico. Nadie maneja la tensión y el humor negro como él. Por eso es el gran autor del thriller americano de las últimas décadas. Obviamente, en mi humilde opinión.

viernes, 10 de octubre de 2014

Rotos por dentro

GONE GIRL





Estamos jodidos. La televisión escupe basura mientras nosotros escondemos nuestras miserias debajo de la cama. Pero llega el día en que hemos acumulado tanta miseria que se escapa de su escondite y entonces, de repente, nos convertimos en esa basura que los medios de masas nos inyectan en el cerebro. Sí, estamos jodidos. Si en The Game y Fight Club, David Fincher buceaba en la incertidumbre y la soledad en la que se hallaba el hombre ante el cambio de milenio, y en The Social Network retrataba las relaciones humanas tras dicho cambio, en Gone Girl vuelve a firmar una precisa radiografía del tiempo que nos ha tocado vivir. Una radiografía que nos muestra que el cáncer somos nosotros. Vuelve, con esta adaptación de la novela homónima de Gillian Flynn (que escribe el guion) el Fincher más insano, crudo y retorcido. También el más cínico. Y a la vez el más indeleble. Como ya hiciera en The Social Network, juega a disolverse en la historia. Se puede ser un autor de primera sin estarlo gritando en cada plano. Fincher, antes que autor, se ha convertido en algo más valioso, en un comunicador excepcional. Un gran cronista de las perturbaciones cerebrales en tiempos complejos. Algo así como la versión americana y para el gran público de Michael Haneke.

Dentro de unos años hablaremos de un conjunto de películas que nacieron al calor de la crisis económica (y sociopolítica) de principios de la década de los 10, al igual que hoy en día hablamos de las obras post-11S. No es tanto que esta historia que comienza con la desaparición de una mujer el día de su aniversario de boda, hable de la crisis, que aparece de fondo, sino más bien que nos muestra lo que supura esa herida. La crisis es el detonante que hace que los peores sentimientos y pensamientos de este matrimonio salgan a la luz. Tras el fin del romance sólo queda hacerse daño. El matrimonio al igual que el film, es una espiral insana de fatalidad. Sí, desde luego le ha salido una película cínica y pesimista a Fincher. Ni un rayo de esperanza hay en Gone Girl. Y lejos de ser un drama solemne, implacable, estamos ante un film de diálogos chispeantes, mordaz, que te saca la carcajada tras pegarte una patada en la boca del estómago. Hay algo de comedia hasta en los rincones más oscuro de nuestra psique. Fincher ha vuelto a hacer un drama adulto, ambicioso, arriesgado, pero a la vez muy comercial. ¿Una cinta de autor puede ser un blockbuster? Sí, sí puede. Aunque nos digan constantemente lo contrario, los espectadores no somos niños pequeños. No necesitamos que nos cuiden, lo que necesitamos es que nos desafíen. Y Gone Girl lo hace. Durante su visionado, este thriller psicológico (casi psico-sexual) ,que tontea con el policíaco y el cine negro, te atrapa sin remedio, y cuando sales del cine sigue pegado a ti. Primero te entretiene, después te hace reflexionar. Llevo dándole vueltas horas y horas. Y sé que será una película que veré muchas veces a lo largo de mi vida. No es una película perfecta, tampoco pretende serlo, es una película demasiado salvaje, la historia es demasiado arriesgada, el show que monta el matrimonio Dunne es demasiado rocambolesco. Al fin y al cabo es difícil hacer una película perfecta que gire en torno a lo más imperfecto que hay en el mundo: los seres humanos.

Dentro de su filmografía Gone Girl es más Seven que Zodiac. Más fuego camina conmigo que un thriller impermeable. También es, tras Fight Club, la que penetra más hondo en sus protagonistas. Pero si en aquella el final era optimista, catártico, aquí nos quedamos colgados de un hilo, como en The Social Network, todo ha cambiado para seguir igual. Igual de jodido. Fincher acertó de lleno a la hora de contratar a Ben Affleck para retratar a ese hombre normal. A ese buen americano. Simple, obtuso, mentiroso, patético y corriente ciudadano. Sin duda alguna la mejor interpretación de su carrera. A su lado, moldeándolo, una Rosamund Pike extraordinaria. La Asombrosa Rosamund Pike. Pura voracidad interpretativa. La mujer de las mil caras, una relectura negrísima de la femme fatale clásica. Un retrato complejo de nuestros miedos, nuestras taras, nuestros terrores. Y envolviéndolos un reparto muy ecléctico en el que sobresalen una sobria Kim Dickens como detective al frente del caso y una irónica Carrie Coon como la hermana del protagonista, quizás los dos personajes menos enfermos en una maraña de mentiras, odio y frustración. Y así volvemos al inicio, Fincher, otra vez, nos habla de lo frustrados que estamos con nuestras vidas, y cómo esa frustración nos puede conducir hacia la destrucción. Sí, ha quedado claro, estamos muy jodidos.

jueves, 18 de septiembre de 2014

Este otoño mi cabeza será la casa de verano de David Fincher



Cuando yo era pequeño en mi casa sólo teníamos una cinta de VHS. Se7en (1995). Había venido un domingo de regalo con el As. En aquellos lejanos tiempos en que mi padre compraba el As los domingos para leer antes de ir a misa. Ahora ya no va a misa y en cambio lo lee todos los días desde su móvil. Y quizás ahora haya saltado de Se7en a The Social Network sin solución de continuidad. Pero volviendo al inicio, como era la única película que tenía en posesión, vi Se7en muchas veces. De hecho profané mi infancia viéndola. Y profané las de mis primos cuando alguna noche de verano se quedaron a dormir en mi casa. Era una película hipnótica. No acababa de entenderla del todo, pero siempre me sentaba delante de la tele y la veía como quién estuviera asistiendo a un espectáculo de magia. Recuerdo incluso cómo olía la caja que resguardaba la cinta. Y el proceso de rebobinar. Y asustarme siempre cuando llegaban al pecado de la gula. Yo, obviamente, no sabía quién había dirigido aquello. De hecho creo que no tenía ni la noción de dirección clara en mi cabeza. Pues bien, aquella película la dirigió un tal David Fincher. Y casi 15 años después es uno de mis directores favoritos.

Por el camino disfruté de la solvente (e infravalorada) Panic Room (2002), un entretenimiento de primera a la vez que una reflexión sobre la obsesión con la seguridad que azota a las ciudades contemporáneas. Vi Alien 3 (1992), y me llevé una ostia de esas que no se olvidan. Me encanta la saga Alien (es decir, la 1 y la 2) y cuando vi la tercera entrega me llevé un chasco. Muy poquito en ella hay del David Fincher que yo conozco. Quizás las secuencias que comparten Ripley y la criatura, muy bien planteadas, o un primer acto que funciona bastante bien. Más allá de eso, la nada. Pero la historia nos ha contado (o más bien él extendiendo la historia) que carecía de control creativo, que simplemente hacía lo que le mandaban. Una ópera prima bajo el yugo.

Antes de su Alien, vi The Game (1997), esa extraña película emparedada entre las dos obras más icónicas de su filmografía, Se7en y Fight Club (1999). Quizás el eslabón débil de la Trilogía del Giro Final porque es un film descontrolado. Liberado de toda atadura, rabioso, incluso más que Fight Club. Una película que supura frenesí y una apuesta visual absorbente. Pero no deja de ser una especie de ensayo para la siguiente, ese retrato del hombre perdido en su propia miseria y de una sociedad enferma en las inmediaciones del nuevo milenio. De todas las películas de Fincher diría que hay dos que me han marcado mucho más que el resto. Una es Fight Club, la otra, The Social Network. Y creo que ambas capturan la esencia del hombre en un punto concreto de la historia. Y que de esta forma retratan también los cambios y transformaciones que los condicionan, que los atan a una especie de egocéntrica y cuasi-maniática soledad. Hay mucha gente que odia su adaptación de la novela de Palahniuk. No yo, desde luego.

Toda esta divagación sobre mi relación con el cine de Fincher, viene a cuento de que el maestro del thriller americano contemporáneo (este título corre de mi cuenta y riesgo) regresa  los cines (y posiblemente a los premios) este año. Lo hace volviendo, una vez más, sus lugares comunes (muerte, podredumbre moral, sociedades enfermas, miedo, secretos) con Gone Girl, adaptación de un best-seller de Gillian Flynn (que se ha encargado también del guion), que tiene como punto de partida la desaparición de una mujer (Rosamund Pike)  el día de su quinto aniversario de boda. Siendo pronto señalado su marido (Ben Affleck) como el principal sospechoso. La historia está contada a través de saltos en el tiempo, siendo a la vez un thriller psicológico y un policiaco. El film se estrenará en octubre en el New York Film Festival (NYFF) y después en las salas de cine de medio mundo.

Hasta ahora, además de todas las críticas positivas de la gente que ha leído el libro que adapta, hemos visto dos tráilers. Yo, que soy más de que me sugieran que de que me muestren, me quedo con el primero. Un teaser de montaje desenfrenado y con She de Elvis Costello de hilo conductor. No eres nada retorcido ¿eh David? Plantear la historia de la desaparición de una mujer en su aniversario de bodas siendo su marido el principal sospechoso, y poner de fondo She. Cuadrados los tiene el cabrón. Y claro, funciona. Llevo todo el verano deseando ver la película. Sé que la veré en octubre y la defenderé a capa y espada. Con todos los ingredientes que maneja, ¿cómo no voy a defenderla? Es imposible. No es hype, es otra cosa, es simple y llanamente devoción. Me pueden fallar muchas personas en la vida. De hecho lo hacen. Pero Fincher dirigiendo un thriller es imposible que lo haga. No quiero vivir en un mundo en el que no me guste una película de David Fincher. Soy capaz de hasta defender un poquito su Alien 3 (como hice antes). O cómo ser más fincherista que Fincher.


El cineasta texano tiene el don (uno de los múltiples dones que tiene) de parir los mejores trailers del mundo cinéfilo actual. Así de rotundo me pongo. En 2010, yo ya amaba The Social Network (2010) desde que comenzó el rodaje. Uno de mis directores favoritos dirigiendo un guion de uno de mis escritores audiovisuales favoritos (Aaron Sorkin) sobre el nacimiento de Facebook. ¿Cómo no iba a amar esa película? Después llegó el primer teaser con Creep de Radiohead (una de mis canciones favoritas) de banda sonora. Y el amor se hizo fanatismo. Y después vi la película, y gocé de todos y cada uno de sus segundos. Desde el teaser hasta que Hooper venció a Fincher en los premios del sindicato de directores (DGA), viví en una nube, y con el móvil anclado en Creep todo el otoño. The Social Network, como dije antes, es el retrato del hombre hiperconectado y a la vez radicalmente solo. De una época de capitalismo salvaje, globalización, redes sociales, ambición desmedida y desconexión en cuanto a las relaciones afectivas se refiere. Dentro de 50 años la película de Fincher y Sorkin seguirá siendo relevante porque será una panorámica de cómo éramos en los primeros años de la Era Global.

Mientras que un año después, Fincher regresó al thriller puro y duro, con una adaptación de la primera novela de Millenium (2011). El primer teaser, era básicamente la cámara recorriendo el camino hasta llegar a la casa de la familia protagonista. Pura nieve, pura atmósfera. Y sonaba una versión del Inmigrant song de Led Zeppellin. Y volvió a pasar lo mismo. Me obsesioné todo el otoño con la canción. Disfruté de la película y eché sapos contra su no-nominación a mejor film en los Oscar. No es que Millenium sea una de sus mejores películas, pero es un thriller en clave nórdica de primer nivel, rodado con una elegancia y una sabiduría que muy pocos directores poseen. Es además, y como casi todas sus películas, adictiva. Necesitas seguir hacia adelante, entrar con la cámara en la boca del lobo.


Tanto The Social Network como Millenium las vi en el cine, sumido en la oscuridad. Antes, tuve la suerte de hacer lo mismo con sus dos anteriores películas, The curious case of Benjamin Button y Zodiac. De hecho Zodiac (2007) fue el primer film de Fincher que vi siendo adulto, y por lo tanto también el primero que vi en el cine. Encerrado en una sala pequeña, de asientos incómodos. Atrapado también en su tela de araña, en ese thriller asfixiante. Zodiac es quizás la película más autoral de Fincher, no tanto porque sea más él de lo habitual, sino porque es una película que no hace concesiones, que tiene un estilo narrativo pausado que no es habitual en su cine, que siempre va a la carrera. En cambio, la segunda película suya que vi sentado en una butaca, fue la que todo el mundo señala como su película más impersonal. The curious case of Benjamin Button (2008), una película-río, un cuento fantástico, sobre un hombre que nació viejo y rejuvenece a cada segundo que pasa. Más que impersonal, yo diría que es una película que está muy lejos de las coordinadas habituales en su cinematografía. Todas sus películas son agrias, oscuras, cínicas incluso. En cambio Benjamin Button es tierna, dulce, optimista a pesar de ser un dramón. Una película sobre el amor parida por un director especialista en la frustración o el miedo humanos.

Pd: He escrito esta entrada durante varios días haciendo, destruyendo y rehaciendo, con She en bucle sonando a todo trapo. Lo ha vuelto a conseguir. Ya tengo melodía mental para este otoño.

jueves, 4 de septiembre de 2014

La Academia que no ama a una generación de directores americanos

De los últimos 5 ganadores del Oscar al mejor director sólo una es americana, Kathryn Bigelow, la primera mujer en conseguirlo. Bigelow pertenece a una generación de cineastas norteamericanos que comenzaron a dirigir a finales de los 70 y principios de los 80, como los hermanos Coen (a medio camino entre esta generación y la siguiente), Ron Howard, Jonathan Demme, James Cameron, Robert Zemeckis o Oliver Stone. Todos ellos ganadores del Oscar. Sin embargo la Academia ha evitado reconocer a los directores americanos que comenzaron sus carreras a finales de los 80 y a lo largo de los 90. Salvando los particulares casos de Mel Gibson y Kevin Costner, sólo uno, Steven Soderbergh ha ganado el máximo premio de dirección.

Toda una generación brillante de cineastas yankees que han llevado a la filmografía del país al nuevo milenio espera reconocimiento. Algunos de los directores que entran en este grupo son Quentin Tarantino, David Fincher, Paul Thomas Anderson, Wes Anderson, Richard Linklater, Darren Aronofski o Alexander Payne. De hecho el vacío que les ha hecho la Academia va más allá de los premios, hasta llegar a las propias nominaciones. De los que he nombrado el que más ha conseguido como director hasta ahora es Alexander Payne que suma 3 (Sideways, The Descendants y Nebraska), le siguen con 2, Tarantino (Pulp Fiction e Inglorious Basterds), Fincher (The curious case of Benjamin Button y The Social Network) y el único ganador, Soderbergh, que consiguió sus dos nominaciones el mismo año (Traffic, por la que venció, y Erin Brockovich). Paul Thomas Anderson sólo tiene una (There Will Be Blood), al igual que Darren Aronofski (Black Swan), mientras que Richard Linklater aún no ha sido nominado, siendo uno de los favoritos para entrar en el quinteto este año gracias a Boyhood. Por todo esto, este 2014 quizás sea el año en que por fin la Academia se rinda a un cineasta americano que haya irrumpido en los últimos 25 años.

De hecho, al abarcar un periodo de tiempo tan grande, más que hablar de una generación, deberíamos hablar de varias generaciones que se han superpuesto en la vanguardia del cine estadounidense. A la generación de los autores de los que he hablado antes, hay que sumarle la de los cineastas que comenzaron a dirigir en torno al año 2000 y en el primer lustro del nuevo milenio. Directores como Spike Jonze (1 nom), M. Night Shyamalan (1 nom), Jason Reitman (2 nom), Bennett Miller (2 nom), Sofia Coppola (1 nom) o incluso George Clooney (1 nom). Es más, podríamos ir más allá y perfilar a un nuevo grupo de directores que ha comenzado su carrera en los últimos años, gente como Jeff Nichols, J.C. Chandor, Cary Fukunaga, Benh Zeitlin (1 nom) o desde otras coordenadas Ben Affleck que aunque logró que su Argo se llevara el máximo galardón hace dos años él no fue ni nominado a mejor director.

La falta de reconocimiento por parte de la Academia a estos artistas es más sangrante si tenemos en cuenta que en los últimos 20 años sí que ha premiado a directores extranjeros coetáneos a los cineastas de los que acabamos de hablar. Ang Lee tiene 2 Oscars en su estantería (Brokeback Mountain y Life of Pi), mientras que Danny Boyle, Alfonso Cuarón, Tom Hooper, Sam Mendes, Michel Hazanavicius, Anthony Minghella y Peter Jackson poseen uno cada uno. El balance es demoledor. Así se entiende también lo apuntado al inicio, que sólo una de los 5 últimos vencedores sea americana.

En cambio, por su labor de guionistas, estos cineastas sí que han tenido una fuerte presencia en los Oscar, llegando a ganar unas cuantas estatuillas en la última década. De hecho el año pasado Spike Jonze venció por Her en guion original aunque no fue nominado (injustamente) como director. Payne ha ganado 2 veces (Sideways y The Descendants), Tarantino otras 2 (Pulp Fiction y Django Unchained), Coppola una (Lost in translation). Mientras que cineastas como Paul Thomas Anderson, Jason Reitman, Richard Linklater o Wes Anderson han sido nominados varias veces en algunas de las dos categorías de guiones. Dicho lo cual y centrándonos en este año, voy a hacer un repaso de cuáles son los directores con opciones de romper el bloqueo de la Academia y cuáles son sus principales rivales, con permiso de algún veterano como Clint Eastwood. Todo ello teniendo en cuenta que pueden aparecer en la carrera films que hoy por hoy están en el aire como A most violent year de J.C. Chandor.


Los conductores suicidas

Richard Linklater por Boyhood
Contó Quentin Tarantino en el pasado Festival de Cannes que él creía que Almodóvar aún tenía que parir su mejor película, pero que siempre que hablaba con sus amigos del tema, siempre pronunciaban dos nombres de los cuales esperaban aún su gran obra maestra: David Fincher y Richard Linklater. El director de la saga Before… se encuentra este año ante su gran posibilidad de ser nominado al oscar al mejor director del año, gracias a Boyhood. La película, que retrata el crecimiento de un chico a lo largo de 12 años hasta desembocar en la Universidad es uno de esos proyectos que valida toda una carrera. Estrenada en la Berlinale, Linklater se alzó con el premio al mejor director del festival y tiene a toda la crítica americana rendida a sus pies. Boyhood parece que será el gran film netamente de autor de 2014.


David Fincher por Gone Girl
El hombre que parió dos iconos del cine como Seven y Fight Club, construyó la soberbia Zodiac y dirigió esa obra maestra que retrata a la perfección un tiempo, el nuestro, llamada The Social Network, estrena este año la adaptación de un best-seller, Gone Girl. Reincide por lo tanto en su género, el thriller, contando la historia de un matrimonio perfecto que tras la desaparición de ella en su 5º aniversario de bodas empieza a mostrar todas sus costuras. Se estrenará en el Festival de New York, y las expectativas, por lo menos las mías, están por las nubes. Fincher ha sido nominado 2 veces al Oscar, por The Curious Case of Benjamin Button y por The Social Network. En ambas ocasiones llegó segundo a la meta, siendo derrotado por los británicos Danny Boyle y Tom Hooper respectivamente.


Paul Thomas Anderson por Inherent Vice
El hombre que a finales de los 90 parió esas dos obras maestras sobre vidas a la deriva llamadas Boogie Nights y (sobre todo) Magnolia, tuvo que esperar hasta 2007 para alcanzar su primera, y hasta ahora única, nominación como director por There Will Be Blood, siendo derrotado por dos de los cineastas americanos más influyentes de las últimas décadas: los Hermanos Coen. Después de perecer en la carrera de hace 2 años con The Master, este año vuelve a estar en el radar de los Oscar por Inherent Vice, un noir cómico (ojo) basado en una novela de Thomas Pynchon que protagoniza Joaquin Phoenix y se estrenará en el Festival de New York. Uno de los directores con la mirada más personal y magnética del cine actual.


Wes Anderson por The Grand Budapest Hotel
Tras ganar el Gran Premio del Jurado en la Berlinale y recaudar más de 170 millones de dólares en todo el mundo, The Grand Budapest Hotel puede darle a Wes Anderson su tercera nominación como guionista en los Oscar. Más difícil tendrá el filme colarse en mejor película y sobre todo en mejor director. Pocos autores del cine actual han construido un mundo y un imaginario más peculiar que el de Anderson. En The Grand Budapest Hotel están todas las constantes de su estilo: la obsesión por la simetría, el ritmo desenfrenado, el colorido y su inagotable capacidad para crear preciosas estampas. 


Bennett Miller por Foxcatcher
Miller busca, con su tercera película de ficción, su tercera nominación, y quién sabe, quizás la victoria. Llega al inicio de la carrera con el premio al mejor director en Cannes, dónde su película gustó mucho y cosechó muy buenas críticas. A priori es uno de los favoritos, y al contrario que la mayoría de sus rivales, su película ya se ha exhibido y por lo tanto se sabe que efectivamente es un film de calidad. Si es nominado, podríamos decir que Bennett Miller es el Stephen Daldry yankee. En sus anteriores nominaciones fue derrotado por Ang Lee y Michel Hazanavicius.


David Ayer por Fury
El guionista de Training Day, debutó en el cine como director en 2005 con Harsh Times y se ha hecho un nombre como uno de los grandes renovadores del género policíaco de los últimos años. En lo que puede ser su salto a las grandes ligas, Fury, se enfanga en el cine bélico siguiendo a un escuadrón americano en el final de la II Guerra Mundial liderado por Brad Pitt. El tráiler, el reparto y la temática han creado grandes expectativas en torno a la cinta. Ahora habrá que ver si Ayer tiene o no madera de gran director.


Jason Reitman por Men, Women and Children
Tras lograr dos nominaciones consecutivas a mejor director y mejor película, gracias a Juno y Up in the air, parecía que Reitman se iba a comer el mundo. Se había erigido en el gran cineasta de la dramedia americana junto a Alexander Payne. Sin embargo la fría acogida que recibió la agria Young Adult y esa traición a su propio mundo que fue Labor Day, un melodrama errado de principio a fin, han puesto en duda su talento. Con Men, Women and Children, una mirada negrísima a los suburbios de clase media a golpe de redes sociales, intenta volver a sus temas habituales y reconducir su carrera. A este humilde pringado el tráiler le ha encantado. Pero habrá que ver, habrá que ver.


Angelina Jolie por Unbroken
Tras ensayar como quién pelotea antes de un partido de tenis, con su primer film, Jolie se embarca en una de esas historias bigger than life ambientada en la II Guerra Mundial, que sería la favorita indiscutible a los Oscar en los 80 y los 90. Con un equipo técnico de primera (Deakins en la foto, Desplat en la música), una historia emocionante y presupuesto para llevarla a cabo, la clave residirá en si Jolie es capaz de imprimirle al film un toque personal. Si su trabajo como directora es reconocible. A priori, va a por todas.



El enemigo está ahí fuera

Christopher Nolan por Interstellar
A pesar de ser británico (por eso lo incluyo aquí), lo cierto es que todo lo dicho sobre los anteriores cineastas, es aplicable a Christopher Nolan, al que la Academia se ha negado a nominar al Oscar al mejor director, aunque como a sus coetáneos americanos, sí que ha nominado 2 veces como guionista. Si Nolan venciera por Interstellar, casi casi, sería una victoria que apuntarle a la generación americana de Fincher y cía. Poco se sabe de su viaje por el espacio, todo lo que tenemos son tráilers, el espectacular casting y equipo técnico del film y hype, mucho hype. Si la película es tan buena como todos creemos que será, la Academia tendrá difícil negarle la nominación a Nolan. Pero todos sabemos también como se las gastan y por dónde se pasan las deudas históricas.


Jean-Marc Vallée por Wild
Tras estrenarse el año pasado en el cine americano con Dallas Buyers Club y rozar la nominación (que el film optara a mejor montaje no deja lugar a dudas), el canadiense Jean-Marc Vallée repite este curso, esta vez con Reese Witherspoon como estrella absoluta de una historia de superación personal y búsqueda de uno mismo sobre una mujer que se entrega al camino. Vista ya en el Festival de Telluride, tanto la película como la labor de Vallée han recibido muy buenas críticas. Sí, el director de la sublime C.R.A.Z.Y. está en la carrera.


Alejando González Iñárritu por Birdman
Tras separarse de su pareja creativa, el guionista Guillermo Arriaga, y sólo dirigir un film en los últimos tiempos, Biutiful, González Iñárritu ha vuelto a la primera división con una comedia negra que experimenta con el plano-secuencia (y el trucaje), centrada en un actor a la deriva que interpreta el muy a la deriva Michael Keaton. Hace unos días inauguró la Mostra de Venecia y la recepción crítica no pudo ser mejor. Casi todos los cronistas señalan que la primera hora del film es lo mejor que ha rodado nunca el mexicano. Iñárritu tiene en su haber una nominación anterior a mejor director por Babel. Fue derrotado por Martin Scorsese, ni más ni menos.


Morten Tyldum por The Imitation Game
The Weinstein Company cogió a un prácticamente desconocido director islandés y le entregó un guion en el que hay muchas expectativas puestas, y que cuenta la historia del influyente matemático Alan Turing que fue decisivo para ganar la II Guerra Mundial y perseguido por ser homosexual en el propio Reino Unido. Estrenada en el Festival de Telluride, la película ha cosechado grandes críticas, sobre todo para su protagonista, Benedict Cumberbatch. Pero saber si Tyldum tiene opciones, habrá que ver si fue capaz de salirse de la sombra de Harvey Weinstein y dotar al film de un estilo propio, o simplemente entrega un trabajo funcional al servicio de una historia poderosa.