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domingo, 2 de febrero de 2020

Los No Oscar 2019: Dirección, Fotografía y Montaje

Montaje


5. Evan Schiff por John Wick: Capítulo 3 - Parabellum
La tercera película de John Wick es mejor, más grande y más alocada. Pero sobre todo está mejor hecha. La fotografía y el montaje son una gozada. Desde luego tiene en su haber las mejores y más bellas secuencias de pelea del año. Pero además Schiff sabe manejar muy bien el ritmo de un film que alterna secuencias velocísimas con pausas muy medidas, que atrapa sin agotar.

4. Jennifer Lame por Historia de un matrimonio
Como bien nos enseñó el famoso video en el que se compara el (apabullante) guion de Baumabach con el resultado final de la película, nada en Historia de un matrimonio se dejó al azar, quizás sea la obra más calculada del año. Teniendo en cuenta esto, la tarea de Lame era cuadrar todos los elementos para que, efectivamente, la película fuera segundo a segundo como Baumbach la tenía en su cabeza. El resultado es brillante.

3. Fred Raskin por Érase una vez en... Hollywood
Érase una vez en... Hollywood es la primera película de Tarantino tras el fallecimiento de la montadora de todas sus películas, Sally Menke. Por ello el reto que tenía Raskin ante sí ya era, de partida, enorme. Pero el mismo se complica aún más porque su principal misión es poner orden en el guion más deslavazado de Tarantino, que combina de forma anárquica las historias de los protagonistas, Rick y Cliff, con la de su personaje histórico de referencia, Sharon Tate. Y aunque las secuencias funcionen mejor en el plano interno (cada una es sensacional por sí misma), que relacionadas entre sí, es justo reconocer el trabajo de Raskin. De hecho su ausencia en los Oscar fue una de las pocas sorpresas de las nominaciones.



2. Ronald Bronstein y Benny Safdie por Diamantes en bruto

El triángulo creativo Safdie's-Bronstein escribe, dirige y monta una de las películas más oligofrénicas del año, un viaje desquiciado por una ciudad, Nueva York, no menos desquiciada, en el que un adicto al juego tiene que saldar las múltiples deudas que ha contraído, mientras es incapaz de superar su adicción y sus acreedores lo persiguen. 


1. Louise Ford por El faro

La perturbadora y magnética El faro se asienta sobre tres pilares: sus actores, las poderosísimas imágenes que crean Robert Eggers y Jarin Blaschke y el montaje de las mismas, a cargo de Louise Ford. Precisamente en cómo esas imágenes están montadas radica el mayor logro del film de Eggers, ese ritmo de delirio, asfixiante, sudoroso, opresivo que eleva la película en su segunda hora a un terreno casi lynchiano



Fotografía



5. Dan Laustsen por John Wick: Capítulo 3 - Parabellum
El director de fotografía de las últimas películas de Guillermo del Toro, lleva la fotografía de la saga Wick a un territorio más complejo, en el que se combinan luces y escenarios muy diversos sin perder nunca la homogeneidad ni la personalidad de una propuesta muy vistosa y sensorial. Si ver a Keanu Reeves repartir estopa resulta tan hipnótico como en la saga Matrix en parte es gracias al brillante trabajo de Laustsen.

4. Pawel Pogorzelski por Midsommar
Frente a algunas de las propuestas de esta lista que se hacen grandes en la nocturnidad y en juego con la oscuridad, el trabajo de Pogorzelski se sustenta sobre el manejo de un día casi perpetuo, en las proximidades del Polo Norte. El bukkake de luz al que nos someten Ari Aster y su director de fotografía impresiona. Midsommar es gélida, hermosa e inquietante.

3. Claire Mathon por Atlantique
De todos los campos cinematográficos, la dirección de fotografía es uno de los que han estado (y continúan estando) más vedados a las mujeres. Por eso mismo la explosión este año de Claire Mathon es algo que debemos remarcar. En Atlantique se pone a las órdenes de Mati Diop para crear una pequeña fantasía pesadillesca, en la que la durísima realidad (cientos de miles de personas arriesgan a diario su vida por llegar a Europa) se mezcla con una premisa sci-fi escurridiza para hablar, finalmente, de la dominación, de la resistencia y del amor. Mathon logra crear imágenes imposibles con un uso de la luz prodigioso, casi alienígena. 

2. Hoyte van Hoytema por Ad Astra
El director de fotografía que surgió del frío (Déjame entrar, 2008; El topo, 2011) y mejoró la plasticidad de las películas de Christopher Nolan (Interstellar, 2014; Dunkerque, 2017) firma su trabajo más poético e impactante a las órdenes de James Gray en Ad Astra. En este viaje al corazón de las tinieblas espacial, la fotografía juega un papel capital: las imágenes, aderezadas por la voz en off, te van sumergiendo en el viaje emocional, mental y, casi, ideológico de Brad Pitt en busca de su padre y del sentido de la vida. van Hoytema se confirma como uno de los grandes cinematógrafos de la actualidad.

1. Claire Mathon por Retrato de una mujer en llamas
¿Cómo puede ser que este trabajo no esté nominado al Oscar? Demuestra un conocimiento profundo de la historia del arte y se erige en sí misma en una obra de arte. Es pintura en movimiento. Lleva a cabo un uso de los elementos (el mar, el fuego) sobrecogedor para retratar, nunca mejor dicho, las emociones y pasiones de dos mujeres atrapadas en su tiempo. Mathon logra captar toda la belleza de este mundo. La natural y la humana. Es fascinante.



Dirección


5. Greta Gerwig por Mujercitas
Con su primera película como directora, Lady Bird, Gerwig confirmó su talento para construir personajes femeninos y para entender el mundo millenial. Con su segunda obra, la enésima adaptación audiovisual de Mujercitas, dos novelas clásicas estadounidenses, ha demostrado que ha llegado para quedarse. Su Mujercitas es, posiblemente, la mejor adaptación que se ha hecho de la(s) obra(s) hasta el momento y también una película más ambiciosa y, en mi opinión, mejor que la anterior. Al alternar las dos novelas, combinando los tiempos mediante el uso de flashbacks, Gerwig ha logrado construir una película con un ritmo endiablado, que siempre raya alto, en lo emocional y en lo cinematográfico. 

4. James Gray por Ad Astra
La película más ambiciosa de James Gray es la continuación lógica de su anterior obra, La ciudad perdida de Z. En su epopeya espacial están presentes, también, la fascinación por el descubrimiento, la necesidad de saber quiénes somos, de dónde venimos y a dónde vamos, las relaciones paterno-filiales y la imposibilidad de volver a atrás. Y al igual que en aquella, pone todo su talento visual al servicio de su historia. Sin duda Gray es uno de los grandes autores del cine actual.

3. Céline Sciamma por Retrato de una mujer en llamas
La segunda película de Céline Sciamma tiene muchas secuencias prodigiosas, pero hay una, quizás no tan excelsa en el terreno visual, que me fascina especialmente. Marianne está pintando a Héloïse. Mirándola. Escrutándola. Y nosotros con ella. Pero Héloïse se revuelve, no le parece justa la relación de poder que esto implica. Y la cámara de Sciamma, de forma muy sutil, se gira y nos muestra de verdad por primera vez a Marianne y logra que a partir de ahí ninguna de las dos nos parezcan iguales. Sciamma tiene talento de sobra para ser una de las grandes autoras francesas de nuestro tiempo.

2. Noah Baumbach por Historia de un matrimonio
A pesar de que al final no consiguió la nominación al Oscar a la mejor dirección y que es muy improbable que gane el Oscar al mejor guion original, Historia de un matrimonio ha supuesto la consagración definitiva de uno de los grandes cineastas del indie estadounidense de las últimas tres décadas. Esta película es la obra más redonda de Baumbach, tanto en términos de escritura como sobre todo en lo relativo a la dirección. Un trabajo de puesta en escena sutil pero excelente, que maneja a la perfección los encuentros y desencuentros de dos personas que se quieren pero que se duelen. 


1. Pedro Almodóvar por Dolor y Gloria
Tras varias películas en las que lo estético devoraba, un poco, a los relatos (Los abrazos rotos, La piel que habito, Julieta), ha vuelto el Almodóvar que siempre pone la cámara al servicio de la historia. Su historia, para ser más exactos. De tal forma que Dolor y Gloria brilla, sobre todo, en los momentos más íntimos, en los que la mirada de Almodóvar se centra en sus personajes, dibujando con nitidez las relaciones que existen entre ellos, ya sea la materno-filial, la de ex-amantes, o la de ex-colaboradores artísticos. En cambio, cuando rueda una película dentro de la película (su infancia), los planos son más amplios, el espacio resulta más libre y las imágenes desprenden más poesía. Ambas películas son fascinantes y ambas van en la misma dirección: la deconstrucción del hombre detrás del artista.

viernes, 22 de febrero de 2019

Los No Oscar 2018 y VI: Películas

10. Can you ever forgive me?
La nueva película de Marielle Heller (The Diary of a Teenage Girl) se disfraza de dramedia irónica para contar una historia que supura tristeza, melancolía e impotencia por los cuatro costados. Una escritora fracasada, con talento, pero sin la determinación necesaria para triunfar, asfixiada por las deudas, se lanza al negocio de la falsificación de cartas escritas por autores famosos. Esta premisa sirve a Heller para explorar la desidia vital y la frustración que la misma genera en una mujer y en su nuevo mejor amigo, otro perdedor alcoholizado, sin condescendencia. Por ello Can you ever forgive me? se convierte en una obra original y universal, porque cuenta la historia de dos personas que no son capaces ni de perdonarse a sí mismas.

9. The Death of Stalin
Esta película es una gran sátira política pero ante todo es una gran comedia. Y desde luego hay que reivindicar más la complejidad que tiene hacer una comedia que funcione: chistes graciosos, diálogos ingeniosos, personajes bien dibujados y una historia interesante que contar. Y The Death of Stalin cumple en todos esos ámbitos con su recreación cómica de las luchas por el poder que se desencadenaron entre los principales cargos de la URSS tras la muerte del dictador Iósef Stalin. Ianucci hilvana el film a través de una lluvia torrencial de críticas despiadadas a la enfermiza necesidad de ejercer el poder, mostrando el lado más patético de aquellos que luchan por conseguirlo. Es imposible no reírse ante el horror que nos muestra.

8. Shoplifters
No hay nada en Shoplifters que Koreeda no haya expuesto y desarrollado con anterioridad en su consistente filmografía. Y sin embargo pocas veces ha tratado sus temas recurrentes (la familia, el amor, la pobreza, la crisis social, el sistema judicial) de una forma más redonda. Quizás por eso Shoplifters se haya convertido en su película más internacional, perfecto muestrario de sus filias, fobias y obsesiones. La historia de una familia pobre que sobrevive con trabajo precarios, pensiones de jubilación y pequeños hurtos es conmovedora, tierna y graciosa, a pesar de ser un gran drama.

7. Isle of dogs
Tiene mucho mérito crear una fábula distópica como la que construye Wes Anderson en esta película, en la que un político demagogo y autoritario, usa a los perros para crear alarma social y los encierra a todos en un campo de concentración en una isla cercana a su ciudad. A menudo se destaca de su cine, su capacidad plástica, su don para crear imágenes únicas, rebosantes de belleza. Sin embargo, lo más interesante de las películas de Anderson, un humanista irredento, son sus personajes y la forma que tienen de ver el mundo, su mundo. Isle of Dogs, una película siempre atenta al detalle, tierna e incisiva, traslada al terreno de la infancia, inocente, descreído, algunas de las derivas más peligrosas de las democracias occidentales. Uno de los guiones más equilibrados de un cineasta mayor.

6. First Man
A Damien Chazelle, el niño bonito del novísimo Hollywood, le jugaron en contra, en primer lugar, las expectativas creadas en torno a su acercamiento a un héroe americano como Neil Armstrong y, en segundo, los enemigos que se ha ganado dentro del universo cinéfilo por el éxito de sus dos películas anteriores, Whiplash y, sobre todo, La la land. Estamos ante el clásico caso de "le tenían ganas". Así, First Man ha sido ninguneada durante toda la carrera de premios y, finalmente, en las nominaciones al Oscar. Sin embargo, First Man, sin ser tan adictiva como Whiplash, ni tan importante como La la land es una gran película americana. Subrayo lo de americana porque al igual que sus antecesoras habla, ante todo, de Estados Unidos, del sueño americano y de la necesidad, casi espiritual, casi enfermiza, de ser el mejor, de anteponer tu vida profesional a tu vida personal. Quizás con los años veamos en Chazelle a un cineasta que escrutó una de las derivas de las personas en nuestras sociedades capitalistas: el impulso irrefrenable de llegar más alto que nadie... de triunfar, más que de vivir.

5. The Ballad of Buster Scruggs
El western es ese género que los expertos y la industria llevan décadas enterrando y se resiste a morir. En The Ballad of Buster Scruggs, que en principio iba a ser una miniserie de seis episodios para Netflix y que ha terminado convirtiéndose en un largometraje compuesto por seis historias independientes, los Coen repiensan el género. En un panorama audiovisual en el que la hibridación de géneros es la tónica general, los Coen deciden experimentar con diversos géneros (la comedia, el terror, el drama, la fantasía...) para demostrar que en la hibridación el western tiene un brillante futuro. Quizás sea el género más netamente estadounidense de todos y la fascinación que produce el Oeste, lo inexplorado, lo salvaje, sigue funcionando en pantalla tan bien como hace 100 años. Aunque haya pasado algo desapercibida, The Ballad of Buster Scruggs es una película importante.

4. Burning
La gran obra cinematográfica asiática del año es Burning, adaptación de una novela del escritor más famoso de Asia, Haruki Murakami. La nueva película de Lee Chang-dong consigue trasladar a imágenes la atmósfera ensoñada de Murakami, así como su peculiar universo. Por eso Burning es una de las adaptaciones literarias más estimulantes de los últimos años. Además, la película logra cocinar a fuego lento un thriller profundamente enigmático en el que ni el protagonista, ni el espectador, sabe nunca lo que está pasando. Una desaparición misteriosa, una reaparición aún más enigmática, un joven niño rico caprichoso y peligroso y un desenlace brutal. Burning deconstruye el cine negro para abordar, en realidad, la lucha de clases. Tremendo.

3. Cold War
Dos amantes condenados, a lo largo de las décadas, a quererse y odiarse al mismo tiempo. Sentenciados a no poder estar juntos y ser felices. Cold War es un drama romántico pasional y desmedido, un cambio de tercio interesante en la filmografía de Pawel Pawlikowski tras el drama espirituoso Ida. Con la Guerra Fría como telón de fondo, Pawlikowski sigue analizando el pasado de su país, bajo la dominación soviética, para sacar a la luz las miserias de aquellos años, lo que hicieron unos y lo que permitieron que hicieran otros. Duele como duele el amor cuando te desgarra por dentro. Cuando amas y sabes que hacerlo te hace daño. Cuando el hecho de amar es puro suicidio.

2. First Reformed
El ser humano está destruyendo el planeta y Dios no está haciendo nada para evitarlo. Entonces... ¿de verdad existe Dios? y si existe... ¿cómo puede desentenderse de forma tan obvia del sino de su creación? En First Reformed, Paul Schrader vuelve a abordar la importancia y el sentido de la fe en un mundo descreído, a través de un párroco sumido en dudas de fe y que adquiere, paulatinamente, conciencia de los problemas que están destruyendo a nuestro mundo. Así, First Reformed es a la vez cine espiritual y político. Una obra radical de un cineasta incómodo. Una película demoledora.

1. If Beale Street Could Talk
Tras la victoria sorpresa (y accidentada) de Moonlight en los Oscar de hace dos años, Jenkins ha regresado adaptando a un gran autor afroamericano, James Baldwin y abordando la discriminación racial existente en Estados Unidos. Un joven es detenido y encarcelado por una violación que no ha cometido, víctima de la corrupción policial y los perniciosos engranajes de un sistema judicial infinitamente injusto. Y a partir de esa premisa, Jenkins compone una sinfonía urbana que sitúa al amor y a su poder curativo en el centro del relato, al mostrar la lucha de su novia y la familia de ésta por demostrar su inocencia. If Beale Street Could Talk es tan triste y dura, como hermosa, pura poesía... una película hermosa.

lunes, 18 de febrero de 2019

Los No Oscar 2018 II: Guiones

Guion adaptado

5. Ian McEwan por On Chesil Beach
El sexo juega un papel importante en las relaciones. Hablar sobre sexo también. El sexo no puede ser nunca un tabú o una carga. En On Chesil Beach, McEwan, uno de los novelistas vivos más importantes de la literatura inglesa, explora como el sexo puede dinamitar una pareja que a priori se ama. On Chesil Beach es una película que escama y que está escrita con la precisión de un cirujano que abre en canal a su paciente para encontrar donde se encuentra el problema, qué es lo que provoca que el cuerpo esté a punto de colapsar.

4. Alex Garland por Annihilation
Tras triunfar con su ópera prima, Ex Machina, Alex Garland, uno de los guionistas de ciencia ficción más reputados y solventes de las últimas décadas, se enfrenta a un reto aún mayor en esta adaptación de la novela homónima de Jeff VanderMeer. Una obra ambiciosa narrativamente y exigente visualmente, que aborda cuestiones netamente metafísicas sobre la creación, la evolución, la destrucción y la reconstrucción de los seres vivos. Garland siempre se ha movido bien en el terreno de la reflexión ética en el ámbito científico y aquí es capaz de convertir un survival en un tratado, si bien, hubiera hecho falta más desarrollo de la historia, puesto que la idea central es tan poderosa que aún podría crear más reflexiones.

3. Zoe Kazan y Paul Dano por Wildlife
Que una pareja afronte la adaptación de una novela como Wildlife tiene algo de suicida. La historia de un matrimonio condenado a romperse porque está conformado por dos personas que no se entienden, no se hablan y no se respetan, es muy agria y muestra demasiadas taras de la vida en pareja y de los sacrificios que la misma exige. Kazan y Dano logran construir una historia comedida pero compleja, en la que los tres personajes centrales, la madre, el padre y el hijo, tienen aristas y son comprensibles. No esa película agradable, pero sí una película verdadera.

2. Lee Chang-dong y Jungmi Oh por Burning
Adaptar a un escritor tan conocido y reconocible como Murakami no es fácil. Sin embargo, Chang-dong y Oh han salido airosos gracias, en parte, a un guion que maneja con maestría los discursos de sus personajes y, lo que es más importante, sus silencios. Así, este thriller atípico logra dosificar la información, generando con el paso de los minutos una sobrecogedora sensación de desasosiego y fascinación. Ni siquiera en su final se permite resultar obvia o explicativa. Este guion, huidizo y atmosférico, deja al espectador jugar con su propia imaginación.

1. Armando Iannucci, David Schneider, Ian Martin y Peter Fellows por The Death of Stalin
Primero, Armando Iannucci desnudó a la política británica (The Thick of It, In the Loop), luego arrastró por el suelo a la estadounidense (Veep) y ahora se atreve a reírse de los tejemanejes y las salvajes guerras de poder en la extinta URSS tras el fallecimiento del todopoderoso Iósif Stalin. Si el thriller político es un género a reivindicar, la sátira política es uno a bendecir. Nadie en el audiovisual de hoy en día es capaz de mostrar con tanta mordacidad e ingenio la banalidad e insustancialidad de la alta política. Es el poder. Todo por okuparlo. Aunque luego no se sepa qué hacer con él.

Guion original

5. Tamara Jenkins por Private Life
La ternura con que Jenkins retrata a sus personajes no se ve todos los días. El ansiado regreso de la cineasta, tras la excelente The Savages, es otra dramedia emotiva y honesta sobre dos personajes en crisis existencial. En este caso, un matrimonio de mediana edad a la deriva, que no consigue tener un hijo. La premisa permite a Jenkins explorar las frustraciones que vas acumulando con el paso de los años y cómo éstas afectan a las personas a las que queremos. Private Life es una clase maestra de construcción de diálogos y personajes.

4. Boots Riley por Sorry to bother you
El momento estelar de Riley en esta carrera de premios fue su polémica con Spike Lee, al que acusó de haberse adocenado al adaptar la historia real en la que está basada BlacKkKlansman. No es un conflicto baladí. Porque es verdad que la película de Lee ofrece una reflexión domesticada (ergo apta para blancos no especialmente concienciados) sobre el conflicto racial que arrastra Estados Unidos. En cambio, Sorry to bother you, no contenta con entrar a degüello en la cuestión, se mete en el fango de la guerra de clases, de la lucha entre las grandes corporaciones y los trabajadores precarizados y la (des)unión de estos. Todo ello encapsulado en un thiller cómico de ciencia ficción. Este guion es una patada en la boca y una bocanada de aire fresco. Habrá que seguirle la pista a Riley.

3. Diablo Cody por Tully
Cody es una de las guionistas que más pasiones enfrentadas levanta hoy en día. Su nueva colaboración con el director Jason Reitman y la actriz Charlize Theron se aproxima, de una forma distinta, más dulce, más cariñosa, al tema central de su antecesora, la corrosiva Young Adult: la madurez. ¿Cómo lidiamos con la madurez? o más bien ¿cómo lidiamos con el fracaso de nuestras expectativas vitales? ¿nos hemos traicionado a nosotros mismos? Todas estas preguntas y muchas más pululan sobre la historia de una madre de familia colapsada y que se siente (y está) profundamente sola. Más allá de las trampas que nos tiende Cody, es innegable el talento que tiene para manejar los conflictos humanos y para sacar humor de situaciones dramáticas. Para bien o para mal, es una guionista importante.

2. David Robert Mitchell por Under the Silver Lake
La segunda película de Mitchell, tras el enorme éxito cosechado por It Follows, lo ratifica como uno de los cineastas más interesantes del panorama actual. Poniéndonos en la piel de un nini, un chaval sin presente ni futuro, Mitchell nos sumerge en un viaje lisérgico por la cultura pop, una deconstrucción de Los Angeles como ciudad-símbolo del capitalismo cultural y una aproximación delirante a la pulsión conspiranoica que mueve nuestras sociedades. El resultado es una película profundamente irregular, críptica y tremendamente estimulante. Una de las obras más extrañas y personales del año, un bukkake metarreferencial inabarcable.

1. Hirokazu Koreeda por Shoplifters
A estas alturas, el papel central que ha jugado Koreeda en el cine del nuevo milenio es incontestable. Este año, además, ha ganado el premio más importante al que puede aspirar un autor: la Palma de Oro y ha conseguido su primera nominación al Oscar (en la categoría de mejor película de habla no inglesa). Todo ello gracias a Shoplifters, la historia de una familia pobre que sobrevive como puede en la inmensa e impersonal Tokyo. Al igual que su maestro y referente más obvio, Yasujiro Ozu, Koreeda ha dedicado su filmografía a reflexionar sobre la familia, institución social básica para entender nuestro mundo de la vida. Y al igual que Ozu, la ha escrutado desde un humanismo militante, desde la calidez y la bondad, dos de las mejores virtudes que podemos tener los seres humanos. El guion de Shoplifters no es perfecto, pero retiene entre sus líneas algunos momentos de poderosa belleza.

domingo, 17 de febrero de 2019

Los No Oscar 2018 I: Montaje y Fotografía

Por sexto año consecutivo hago estas breves listas intentando repasar aquellos trabajos que no han logrado la nominación al Oscar pero que a mí me gustaron, me conmovieron, me hicieron pensar o me resultaron estimulantes. Las únicas normas son que no estén nominados al Oscar y que pudieran haberlo estado, es decir que sus películas sean unas de las 347 elegibles en esta edición de los Oscar.

Tras el escándalo surgido tras el anuncio por parte de la Academia de que las categorías de Montaje, Fotografía, Maquillaje y Cortometraje de ficción no iban a ser anunciadas en directo, resulta más imprescindible que nunca reivindicar el trabajo de los montadores y los directores de fotografía. Sin montaje y fotografía no existe el cine, son dos elementos nucleares en la construcción de las películas.

Montaje

5. Ethan y Joel Coen por The Ballad of Buster Scruggs
Los Coen ejercen un control total sobre sus obras. Desde la propia confección del guion hasta el montaje. Ensamblar una película es un proceso dialéctico. Por eso generalmente los directores no montan sus películas directamente, puesto que es preciso que otra persona cuestione sus decisiones e ideas, confrontándolas de cara a destilar el mejor producto(/obra artística) posible. Los Coen tienen a su favor ser dos personas que mantienen un constante diálogo desde que comienzan a escribir sus películas. The Ballad of Buster Scruggs los lleva a un género que ya habían trabajo anteriormente como es el western pero les exige encontrar el estilo narrativo y visual pertinente para cada una de las seis historias que conforman la película. Salen airosos. El tiempo situará a esta película como una de sus obras más importantes.

4. Eddie Hamilton por Mission: Impossible - Fallout
Hamilton se ha ganado a pulso su actual estatus de montador de referencia en el cine de acción. X-Men: First Class (la X-Men buena), Kingsman y las dos últimas entregas de Mission: Impossible acreditan su talento para dotar de sentido y claridad las espectaculares secuencias de acción pensadas por cineastas como Matthew Vaughn o Christopher McQuarrie. Fallout es un festival de secuencias imposibles y giros aún menos probables, uno de los grandes divertimentos de 2018 y una obra de acción plagada de ideas visuales interesantes.

3. Joi McMillon y Nat Sanders por If Beale Street Could Talk
McMillon y Sanders vuelven a ayudar a Barry Jenkins a imprimirle ese ritmo pausado tan característico de su cine, combinando la cámara lente, la recreación en el rostro humano y las estampas urbanas. Al igual que en la mágica Moonlight firman un trabajo sensacional, que ayuda de forma decisiva a construir el microuniverso que plantea Jenkins y a asentar su peculiar estilo visual y narrativo. El inteligente diálogo que establecen entre pasado y presente para explicar al espectador la profunda historia de amor entre lo protagonistas y la terrible discriminación racial que padecen, funciona a las mil maravillas.

2. Tom Cross por First Man
El montador de Damien Chazelle, ganador por Whiplash y nominado al Oscar por La la land, acompaña al cineasta en su salto al drama espacial (y familiar). La colaboración entre ambos vuelve a resultar deslumbrante, sobre todo en las inmersivas secuencias de despegue y aterrizaje espacial. First Man es más de una película y Cross sabe imponerle el ritmo necesario a cada una de ellas, tanto al drama familiar, al thriller y a la aventura espacial. Es un gran trabajo, una de las ausencias más clamorosas de First Man en las nominaciones de los Oscar.

1. Alfonso Cuarón y Adam Gough por Roma
Roma es una obra tan radicalmente personal que Cuarón se ha encargado de la producción, escritura, fotografía, dirección y montaje de la misma. Ha usado su infancia burguesa para hablar de los cuidados, de las personas que nos cuidan y a las que cuidamos, de la hipocresía social, de la desigualdad, de la lucha, o más bien de la ausencia de, clases y, finalmente, de su país, del momento en que comenzó a romperse. Todo ello está en Roma, la película más perfectamente planificada del año. Una pequeña obra de orfebrería en la que cada secuencia encaja a la perfección, en la que todo plano aporta, en la que narración y engranaje visual se retroalimentan. Es inaudito que no esté nominada al Oscar a mejor montaje.

Fotografía

5. Bruno Delbonnel por The Ballad of Buster Scruggs
Delbonnel es uno de los grandes directores de fotografía de las últimas décadas. Sus cinco nominaciones al Oscar (infructuosas) lo constatan. Tras dar el salto a la primera división mundial con Jean-Pierre Jennet gracias a Amelie y Un long dimanche de fiançailles, se ha hecho un hueco en la industria del cine trabajando a este y al otro lado del océano. En The Ballad of Buster Scruggs, su segunda colaboración con los Coen tras la sensacional Inside Llewyn Davis, Delbonnel sale airoso del reto de dotar una coherencia visual a cada una de las 6 historias que componen la película, ahondando en la personalidad de cada una de ellas a la vez que le coherencia estética a toda la obra. El western, por su reconstrucción del espacio salvaje y la frontera, siempre ha sido un género visualmente estimulante. Delbonnel no lo desaprovecha y firma otro trabajo impecable.

4. Kyung-Pyo Hong por Burning
¿Sueñan los humanos con invernaderos ardiendo? Burning, la adaptación cinematográfica de una obra de Haruki Murakami, es una película ensoñada. Un film donde el protagonista nunca tiene claro si lo que está viendo es real o solo es producto de su imaginación. Gran parte de la fascinación que ha producido la película entre muchos cinéfilos, entre los que me incluyo, se debe a su arquitectura visual, a un gran número de imágenes que se te clavan en los ojos. Kyung-Pyo Hong ilumina uno de los atardeceres más bellos y poéticos que jamás haya visto.


3. Sayombhu Mukdeeprom por Suspiria
El tailandés Mukdeeprom tiena a sus espaldas construir las atmósferas mágicas de cineastas tan radicales como su compatriota Apichatpong Weerasethakul o el portugués Miguel Gomes. Su encuentro con Luca Guadagnino en la sensorial y cálida Call me by your name nos dejó algunas de las secuencias más hermosas del cine reciente. En su segunda colaboración, la relectura de Suspiria de Dario Argento, ofrece un trabajo más imperfecto, pero también más radical. Como ya pasaba con la película de Argento, la Suspiria de Guadagnino es, ante todo, una experiencia visual. La reconstrucción del Berlin de los 70, salvaje, peligroso, que comenzaba a despertar de un largo letargo, permite a Weerasethakul jugar con la luz y los tonos para construir un relato profundamente inquietante.

2. Linus Sandgren por First Man
Tras ganar el Oscar con La la land, Sandgren vuelve a ponerse a las órdenes de Damien Chazelle para iluminar la oscuridad del espacio y jugar con las sombras de un hombre traumatizado por el fallecimiento de su hija, con una familia a punto de implosionar y entregado a su trabajo, creyendo que solo eso lo puede salvar de la autodestrucción. Es importante explicar esto porque Sandgren tuvo que integrar su recreación visual de la infinidad espacial con los grises de una serie de espacios (la casa, la NASA) profundamente anodinos. El resultado es deslumbrante,

1. James Laxton por If Beale Street Could Talk
Laxton dio el salto a las grandes ligas hace 2 años de la mano de Jenkins con la maravillosa fotografía azulada de Moonlight. En la nueva película de Jenkins confirma su talento para jugar con los colores y construir atmósferas hipnóticas con el manejo de la luz. Precisamente hipnosis y plasticidad son las dos palabras que se me vienen a la mente cuando pienso en su trabajo, una maravillosa construcción de estampas de la vida cotidiana, pasadas por un filtro de belleza y delicadez. Consigue captar lo hermoso en lo cotidiano, algo al alcance de muy pocos artistas visuales. Es incomprensible que un trabajo tan hermoso y luminoso como éste no esté nominado al Oscar. Una obra de arte.

viernes, 2 de marzo de 2018

Los No Oscar 2017 III: Actrices


ACTRIZ DE REPARTO

5. Elisabeth Moss por The Square
¿Qué hace Elisabeth Moss es una película sueca? A una de las mejores actrices de su generación (y de nuestros tiempos) la televisión y el cine indie (el de verdad, no el que cuesta 19 millones de dólares para poder competir en los Spirit) se le han quedado pequeños. En The Square brilla con sólo un puñado de minutos en pantalla. Gracias a su trabajo, entre inocente, desencantado y kamikaze, la película nos regala dos de sus mejores secuencias: un incomodísimo coito y una, no menos incómoda, conversación posterior, entre su personaje y el del protagonista.

4. Kirsten Dunst por The Beguiled
Hay un grupo reducido de actrices que me resultan siempre fascinantes. Kirsten Dunst, desde The Virgin Suicides, es una de ellas. The Beguiled tiene un reparto femenino en estado de gracia, sin embargo la actriz que me impacta en la película es Dunst, tan frágil (en apariencia), tan enclaustrada, tan enferma de soledad




3. Lois Smith por Marjorie Prime
Hacer un retrato tan preciso de la demencia senil en medio de una fábula de ciencia ficción, tiene mucho mérito. Lois Smith está inmensa en Marjorie Prime. Aquellos que hemos visto la peor cara de la senectud en personas a las que queríamos, podemos dar fe de que Smith clava ese estado de inconsciencia consciente, en el que las certezas se difuminan y el pasado y el presente se confunden.

2. Bria Vinaite por The Florida Project
El descaro, la energía y el desencanto con el que Bria Vinaite interpreta a su personaje en The Florida Project, hacen que esta historia de una madre y una hija que sobreviven de mala manera en las delirantes proximidades de Disney World sea creíble. Vinaite es un vendaval de aire fresco. Su trabajo es intenso, excesivo y, finalmente, doloroso. Tiene un buen puñado de secuencias memorables.


1. Holly Hunter por The Big Sick
Holly Hunter, una de las ganadoras del Oscar a la mejor actriz más indiscutibles de la historia por su icónico papel de The Piano, rozó este año la nominación gracias a su versatilidad interpretativa. Hunter está sensacional en las secuencias dramáticas de la película, relacionadas con la enfermedad de su hija y sus crisis matrimonial. Pero aún está mejor en las cómicas, devorándose al protagonista y revelándose como una gran lanzadora de one-liners.

ACTRIZ

5. Haley Lu Richardson por Columbus
Una de las miradas (y de las sonrisas) más puras, transparentes y creíbles del 2017. Richardson desprende sensibilidad en cada una de sus secuencias en Columbus, logrando que el espectador vea a ese niña que tuvo que crecer demasiado pronto para lidiar con una madre compleja. Y cómo ello le provocó una herida que no deja de supurar. Ojalá le espere una gran carrera, será un placer verla.

4. Emma Stone por Battle of the Sexes
Un año después de ganar el Oscar, Emma Stone firma una de sus mejores interpretaciones en Battle of the Sexes, encarnando a la tenista Billie Jean King. Stone liftea en el terreno cómico y lanza un buen puñado de golpes ganadores en el dramático, mostrando a una mujer comprometida e imperfecta, en estado de constante frustración. Una mujer icónica para el feminismo sumida en dos guerras, una contra el menosprecio patriarcal al tenis femenino, otra contra el rechazo a la homosexualidad de la sociedad... y su incapacidad personal de asumir quién es.

3. Jennifer Lawrence por mother!
Hay algo mágico en la capacidad de los intérpretes de entregarse por entero a la película que están haciendo. En mother! Lawrence pone en el asador hasta el último centímetro de su piel y se nota. Es un trabajo kamikaze, de un nivel de implicación personal y emocional asfixiante. Muy alejada de la dramedia de David O'Russell, demuestra que es una actriz de una versatilidad inconmensurable.

2. Jessica Chastain por Molly’s Game
Recitar a Aaron Sorkin durante más de 2 horas tiene, ya de por sí, muchísimo mérito. Lograr que su aluvión de  palabras no te ensombrezcan, más aún. Chastain es una estrella, quizás no una estrella popular, pero sí una cinematográfica. Puedes echarle encima lo que quieras, porque conseguirá transpirar carisma por los cuatro costados. Pocas actrices tienen la presencia que tiene ella. Se come la pantalla.


1. Vicky Krieps por Phantom Thread
Menuda bestia. Vicky Krieps y su cara hermosamente anodina, neutra y gélida, se devoran a uno de los mejores actores del mundo, Daniel Day-Lewis. Como si no pasara nada. Con una parsimonia pasmosa, con una sutileza desasosegante, Krieps va transformando a su Alma en uno de los personajes más retorcidos e hipnóticos de los últimos años. El arte de actuar tiene que ser esto. Es increíble que no esté nominada al Oscar. Carne de interpretación icónica.