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lunes, 28 de diciembre de 2020

Mis series favoritas del 2020 I [del 40 al 21]

40. Little Fires Everywhere (Hulu | Amazon Prime Video)

El mejor culebrón del año enfrenta a una mujer blanca de clase alta llena de buenas intenciones con las que ahogar sus prejuicios frente a una mujer afroamericana torturada por su pasado que huye de ciudad en ciudad con su hija adolescente. Ambas se van arrojando a sus respectivos hijos a la cara mientras sus vidas se van yendo inexorablemente a la mierda. Además de entretenidísima, Little Fires Everywhere emplea los modos del culebrón familiar para ahondar en la cuestión racial a tumba abierta, señalando la estigmatización y los privilegios. Ser mainstream no implica renunciar a construir un discurso crítico con el estatus quo.

39. Ted Lasso (Apple TV)

Un entrenador de fútbol americano es fichado por una dirigente de un club de la Premier League para destruir al equipo desde dentro y vengarse de su exmarido. La premisa no es una genialidad. Sin embargo, la serie está construida con tanta bondad que resulta irresistible. En un mundo cada vez más oscuro y retorcido en el que priman el dinero y la productividad, que una serie defienda que lo más importante son las personas y no lo que puedas sacar de ellas para tu beneficio propio se asemeja a un abrazo audiovisual. El mundo del fútbol, el mundo en general, no es como el de Ted Lasso. Más bien todo lo contrario. Y eso es mierda.

38. The Great (Hulu | Starzplay)

El guionista detrás de La favorita (Lanthimos, 2018) continúa su labor de reírse de la realeza europea y sus delirantes y maquiavélicos juegos de poder en la divertidísima The Great, sobre el asalto al trono de Rusia de Catalina la Grande. Aunque a Tony McNamara le interesa más bien poco ser fiel a los acontecimientos históricos, logra construir una gran sátira sobre lo que es la ambición desmedida y como nos conduce a obsesionarnos con dominar a nuestros enemigos y controlar todo lo que sucede a nuestro alrededor.

37. Escenario 0 (HBO)

Escenario 0 recoge la herencia del histórico Estudio 1, la tamiza por el filtro del posmodernismo audiovisual (y sociológico) y ofrece un conjunto de obras lisérgicas que bucean en la hipocresía de nuestra sociedad actual, corroída por la codicia, aventurándose al abismo de un capitalismo moribundo. En este sentido, la más poderosa de todas las obras que conforman el proyecto es Mammon, la historia de una no-obra de teatro a través de la vorágine en la que se embarcan sus creadores para poder financiarla. Pero HermanasJuicio a una puta y Los mariachis también valen mucho la pena. 

36. Raised By Wolves (HBO Max | TNT España)

En un mundo apocalíptico, devorado por la guerra entre las religiones y el ateísmo, dos robots, Madre y Padre, tienen la misión de criar a un grupo de niños que erigirán una nueva humanidad sin religiones, en un planeta potencialmente habitable para el ser humano. La premisa suena bien. El caso es que la serie es tan loca que al finalizar el primer capítulo ya la ha quemado. De hecho con las tramas de esta primera temporada otros autores tendrían para diez entregas. Raised By Wolves atrapa al espectador en su vorágine narrativa y no lo suelta. Es una serie que se devora y que plantea mil enigmas y unas cuentas reflexiones morales y filosóficas de interés. 

35. Westworld (HBO) 

La serie de Jonathan Nolan y Lisa Joy ha salido del parque de atracciones y, en el camino, se ha dejado parte de su atractivo. Parecía que al extender la revolución de los robots a todo el planeta, Westworld ganaría en profundidad y empaque, pero ha perdido parte de su magia y abandonado un escenario fascinante por otro global y anodino. La importancia de los lugares que representamos. Aún así, la serie sigue siendo intrigante y ambiciosa. El reparto es sensacional y la capacidad de sorprender al espectador sigue intacta. 

34. 30 monedas (HBO)

Álex de la Iglesia y Jorge Guerricaechevarría han levantado, HBO mediante, su proyecto más ambicioso, 30 monedas, una serie sobre cómo la salvaje lucha por el poder en el Vaticano, termina por salpicar a un pueblo castellano. Por el medio, la religión, la brujería, el satanismo y la magia se mezclan para convertir a la ficción en un circo de pista múltiple. 30 monedas es divertidísima, café para los muy cafeteros de Álex de la Iglesia y que pide que dejes al lado durante una hora semanal la credulidad y los sinsentidos narrativos. A cambio ofrece un derroche de imaginería visual apabullante. La serie podría ser muda, que seguiría siendo igual de fascinante. 

33. Mira lo que has hecho (Movistar +)

En la última temporada de su serie, Berto Romero ahonda, más que nunca, en los dos elementos centrales de la misma: las relaciones paterno-filiales y la meta-comedia. En ambos aspectos sale airoso. La exploración de cómo nuestros padres, su forma de ser y de criarnos nos condiciona en la vida duele porque se siente palpable y real. La reflexión sobre qué es realidad y qué es ficción y cómo ambas se constituyen en vasos comunicantes cuando uno es un artista no es tan universal, puesto que la mayoría de personas no somos creadores culturales pero es brillante. Lo que sí es universal es que no podemos aspirar a que las diferentes esferas que componen nuestra vida no se contaminen. Es una utopía. Para finalizar, hay que elogiar su capacidad para analizar una cuestión tan difícil y polémica como la de los límites del humor con tanta franqueza. Romero expone y defiende su punto de vista con unas vehemencia y honestidad remarcables.

32. La madición de Bly Manor (Netflix)

Mike Flanagan, uno de los pocos autores a los que la industria de Hollywood aún le financia obras adultas, regresa a la televisión con La maldición de Bly Manor, la enésima adaptación de una de las novelas cumbres del terror, Otra vuelta de tuerca de Henry James. Al igual que pasaba con La maldición de Hill House, la serie apuesta, ante todo, por sus personajes, almas torturadas atrapadas en torno a un espacio bello, gótico y asfixiante. Y en esa apuesta, gana. Los personajes te importan, te emocionan y te hacen sufrir. Aunque no alcance las cuotas visuales de su predecesora (se nota que Flanagan no la dirige entera) y no dé mucho miedo, vale mucho la pena.

31. Valley of Tears (Kan 11 | HBO)

El género bélico ha mostrado su fortaleza en el cine en los últimos años, con obras como las grandilocuentes Dunkerque (Nolan, 2017) o 1917 (Mendes, 2019), pero también con películas provenientes de cinematografías no anglófilas, como Land of Mine (Zandvliert, 2015). Sin embargo, esta pequeña era dorada del género no se ha trasladado a la televisión. En este sentido, Valley of Tears es una rareza. Una serie bélica israelí, ambientada en la Guerra del Yom Kippur, que huye de la espectacularidad de las grandes obras cinematográficas para ofrecer un exquisito retrato psicológico de los soldados, en la estela de la serie bélica canónica, Band of Brothers (Stephen Ambrose, 2001), y plantar en el espectador un temor constante a que alguno de dichos soldados muera. De fondo, un contexto sociopolítico riquísimo, un país en guerra con todos sus vecinos y lastrado por la desigualdad interior. 

30. Parliament (France TV | Filmin)

A la luz de las últimas noticias sobre orgías en Bruselas, con eurodiputados involucrados, incluido uno del partido de Viktor Orbán, esta coproducción televisiva entre Francia, Bélgica y Alemania (es decir, la Europa de verdad) se queda corta en su sátira sobre el Europarlamento. La comedia, protagonizada por un asesor novato de un eurodiputado liberal, francés, vago y sin ambición, brilla en su retrato de la delirante burocracia de la Unión Europea, la maraña legislativa, el circo que son los grupos políticos y el peso de los asesores y los lobbystas en el entramado de poder de Bruselas. Patina, en cambio, cuando se mueve hacia territorios convencionales, como la relación romántica. Por suerte hay bastante más de lo primero, que de lo segundo. Ojalá haya una segunda temporada de Errejón en Bruselas. Esta serie es servicio público.

29. El Ministerio del Tiempo (TVE)

Cuando pienso en qué RTVE me gustaría, El Ministerio del Tiempo surge, rápidamente, como el tipo de obras por las que una televisión pública debería apostar. Una serie inteligente y que, lo que es más importante, considera al espectador-ciudadano como una persona inteligente. Que a pesar de las carencias de medios, no renuncia a hacer ciencia ficción de primer nivel. Y que, sobre todo, busca poner en valor la cultura de un estado complejo y recuperar la memoria histórica de un país con demasiados traumas recientes a sus espaldas. Vamos, una ficción audiovisual que es puro servicio público.

28. Cuando el polvo se asienta (DR | Filmin)

La amenaza terrorista ha sido una constante de la Europa del S.XXI. Una cuestión que ha envenenado y emponzoñado las sociedades europeas, sobre todo las del norte, lo que desde este país segundomundista llamamos el primerísimo primer mundo. El paraíso danés del bienestar ha sido mirado con envidia desde el sur europeo. Una sociedad abierta, diversa, con impuestos altos y servicios públicos excelentes. Y siendo verdad algunas de estas cuestiones, sobre todo las dos últimas, no lo es menos que la sociedad danesa se ha visto tensionada por el auge de la extrema derecha y el racismo. Ni eran tan abiertos ni sabían gestionar tan bien la diversidad. Cuando el polvo se asienta retrata cómo gestionan las víctimas de una masacre terrorista la tragedia y los miedos y las pulsiones a las que tienen que hacer frente. Solo con humanismo, comunicación y justicia podrán sobrevivir nuestros sistemas democráticos.

27. The New Pope (Sky Italia-HBO | HBO)

Paolo Sorrentino cierra la historia del papa Pío XIII siendo en todo momento fiel a sí mismo y a su personalísimo estilo. No le interesa retratar tanto la hipocresía de la curia vaticana, aunque no pierde ocasión en hacerlo, o analizar una posible revolución en la Iglesia, aunque algo de eso hay, como regodearse en la fascinación que le producen sus protagonistas y proponer una cierta espiritualidad para el S.XXI, pop y trash, frente a la lenta muerte de la espiritualidad de las grandes religiones. Precisamente esto convierte a los popes de Sorrentino en una de sus obras más ambiciosas. Y también de las más interesantes.

26. La innegable verdad (HBO)

A esta terrible historia sobre dos hermanos gemelos profundamente desgraciados se la tildó, desechándola, de pornografía del sufrimiento humano. Quizás se pueda llegar a pensar al ver los dos primeros episodios, pero una vez que entras en su mundo de desgracias entiendes que es un retrato incluso hermoso sobre personas que sufren. ¿Y quién no lo hace? Derek Cianfrance y Gina Prince acaban por componer un relato que, rozando el realismo mágico en su extraordinario capítulo flashback, dibuja cómo el dolor, al igual que el dinero, se hereda. 

25. The Investigation (SVT1-TV2 | Movistar +)

El nordic noir conquistó medio mundo hace una década con obras como Forbrydelsen (Sveistrup, 2007-2012) o Bron/Broen (Rosenfeldt, 2011-2018) como punta de lanza. Desde aquellas, la industria audiovisual nórdica se ha consolidado como un espejo en el que mirarse. En este contexto, The Investigation es una serie que destaca por sus arriesgadas decisiones narrativas. Por una parte, la serie que cuenta la investigación de un asesinato real cometido por un ciudadano danés contra una periodista sueca en el pequeño submarino del primero, sitúa al asesino en off, en un fuera de campo permanente. Nunca jamás vemos al asesino, a pesar de que el mismo está detenido. Una decisión audaz y más teniendo en cuenta que el autor detrás de la obra, Tobias Lindholm, viene de trabajar en Mindhunter (Joe Penhall, 2017-2019), una serie que descansa, en gran medida, sobre los asesinos a los que analizan sus protagonistas. Por otra parte, The Investigation opta por una narración decididamente pausada, aproximándose a cómo son, en realidad, las investigaciones policiales, a lo complicado que es armar un caso que pueda ser llevado a juicio por un fiscal de forma exitosa. Lo importante no es cazar al asesino, es conseguir demostrar fuera de toda duda que lo es. Y, de paso, rendir tributo a la víctima y a su familia.

24. HIT (TVE) y Rita (TV2 Danmark | Netflix)

Resulta curioso, cuanto menos, lo poco que el arte audiovisual ha reparado en el hecho educativo y en el sistema de enseñanza-aprendizaje. A pesar de que el audiovisual USA se ha centrado en los institutos como espacios a los que representar de forma bastante habitual, la educación no ha sido, por lo general, el motor de las obras. La industria audiovisual que más caso ha hecho al proceso educativo ha sido la francesa. Desde el cine de Truffaut al de Tavernier, pasando por toda una ganadora de la Palma de Oro como La clase (Cantet, 2008). 
Teniendo en cuenta este background es muy estimulante que este año hayan coincidido dos series tan buenas como la española HIT y la danesa Rita que, a partir de sendos profesores carismáticos y disruptivos, exploran numerosos debates candentes sobre cómo estamos educando a las nuevas generaciones, qué le pasa a los anquilosados sistemas educativos o por qué los padres renuncian a educar a sus hijos. Además, Rita y HIT se complementan la una a la otra, puesto que la primera está centrada en la educación de pre-adolescentes y la segunda en cómo lidiar con esa etapa tan convulsa y compleja del crecimiento de las personas. Nadie tiene la receta secreta para transformar los sistemas y procesos educativos pero está claro que algo está fallando. Las sociedades, las tecnologías y nuestra forma de vivir y relacionanlos han cambiado, la educación debe hacerlo también.

23. Star Trek: Discovery (CBS All Access | Netflix)

Discovery
es junto a The Expanse la gran space opera de la última década. Una actualización de los valores profundamente humanistas del universo Star Trek. Frente a la premisa apocalíptica de la temporada anterior, ésta está siendo mucho más pausada y analítica. Se agradece. Siempre resultan más interesantes los debates morales que los giros y cliffhangers, por mucho que los segundos dejen a uno con la boca abierta. Visualmente sigue siendo exquisita y su aproximación a esa Federación en decadencia nos remite, irremediablemente, a nuestra Unión Europea, paralizada por su sobredimensión e incapaz de afrontar los ataques de los enemigos exteriores y, sobre todo, interiores.

22. The Good Fight (CBS All Access | Movistar +)

En su obsesión por analizar la actualidad, los King a veces derrapan. The Good Fight, siempre divertidísima, me interesa menos cuando se obsesiona por escrutar los Estados Unidos de Trump, que cuando desarrolla dilemas morales-legales interesantes o entra más al fondo de las entrañas del sistema político-institucional estadounidense. Por ejemplo, en el último episodio de la temporada, se pone a jugar con el caso Epstein y aunque resulte muy entretenido no deja de ser puro efectismo vacío de contenido. No es el mejor capítulo de una temporada que ha vuelto a resultar apasionante, pero quizás sí sea el más vistoso.

21. Gambito de dama (Netflix)

Creo que no resulta exagerado afirmar que Gambito de dama es el fenómeno seriéfilo del año. Un rotundo éxito del boca oreja que hasta provocó que se dispararan la venta de tableros de ajedrez en todo el mundo. La globalización era esto. En términos estrictamente artísticos, la serie es una delicia. Un drama adulto clásico sobre una niña huérfana que encuentra en el ajedrez su tabla de salvación en medio de una vida miserable y que tiene que lidiar, ya de adulta, con sus adicciones y sus traumas, mientras intenta convertirse en la mejor del mundo. Anya Taylor-Joy está inmensa.

martes, 29 de diciembre de 2015

Mis 50 ficciones televisivas de 2015: del 50 al 26

50. Bloodline (Netflix)
El equipo detrás de Damages, volvió al mundo seriéfilo de la mano de Netflix para contarnos la historia de una familia, cuya estabilidad salta por los aires al regresar a casa la oveja negra de la misma. Bloodline es un drama familiar que se cuece a fuego lento, pero que va increscendo hasta llegar a tres capítulos finales sensacionales. Su mejor baza es un reparto fabuloso. Su principal hándicap que requiere paciencia. Slow tv en estado puro.

49. Deutschland 83 (RTL/Sundance Channel)
Pocas veces el mundo del audiovisual ha reflexionado sobre la Guerra Fría desde la perspectiva de los alemanes (tanto occidentales como orientales). Deutschland 83 lo hace, completando, en cierta forma, el retrato que construye The Americans en USA a través de los puntos de vista americano y ruso. Deutschland 83 sigue los pasos de un joven espía de la RDA que se hace pasar por un militar en la RFA. A través de sus relaciones personales y profesionales vamos descubriendo cómo era la Alemania de la Guerra Fría y cuán cerca estuvo de saltar por los aires. Para todos aquellos interesados en la historia contemporánea será una delicia.

48. Okkupert (TV2)
USA desarrolla una forma de auto-abastecerse energéticamente, se terminan las reservas de petróleo y Noruega, que acaba de aupar a un Primer Ministro preocupado por los efectos del cambio climático, paraliza la extracción de crudo, a pesar de las amenazas de la Unión Europea y Rusia. Ante tamaña crisis energética, Rusia, con el beneplácito de la UE, ocupa pacíficamente Noruega, poniendo a su gobierno en una terrible situación. Okkupert nos ofrece una distopía que huele a presente. Plausible y peligrosa. Gobiernos secuestrando la voluntad popular de países que no son los suyos. Creo que esto ya lo hemos vivido.

47. Community (Yahoo)
La sexta y última temporada de Community tuvo momentos brillantes (el cap de la mano gigante y, sobre todo, la series finale) pero también tuvo capítulos muy anodinos. La irregularidad congénita de la serie de Dan Harmon se agudizó, aunque los golpes de genio de sus guionistas permitieron que la serie siguiera siendo interesante. No vimos a la mejor Community, pero aún así siguió siendo una de las comedias más ingeniosas de la televisión. 

47. Rick and Morty (Adult Swim)
De una serie de Dan Harmon, a otra. La animación permite a la sci-fi explorar mundos e ideas que en imagen real, por cuestiones presupuestarias y/o técnicas, son difíciles de llevar a cabo. Rick and Morty aborda temas complejos, acercándolos al espectador medio y construyendo, a la vez, una comedia negrísima. Dejad volar a vuestra imaginación y a vuestra risa.


45. Togetherness (HBO)
La crisis de la mediana edad puede ser muy dura. Sobre todo cuando descubres que estás insatisfecho con tu vida. Tanto a nivel profesional como emocional. Eso es lo que les pasa a los cuatro protagonistas de Togetherness. No les gustan sus vidas y eso hace que sufran y que hagan sufrir a los que los rodean. Esta comedia dramática resulta enternecedora porque consigue transmitir la terrible sensación de estar completamente perdido.

44. Unbreakable Kimmy Schmidt (Netflix)
La comedia con el opening más pegadizo y la canción más descacharrante (Pinor Noir) del año, tenía que estar en esta lista. Unbreakable Kimmy Schmidt sigue los primeros pasos por NYC de una chica que estuvo durante años encerrada en un búnker por el líder de una secta. Con una premisa tan bestia, cabría esperar que la serie fuera más ácida y salvaje, pero no, Kimmy Schmidt es entrañable y dulce. Risas garantizadas.

43. Mom (CBS)
La sitcom tragicómica protagonizada por Anna Faris y Allison Janney sigue siendo una de las series más graciosas de la televisión. A mí siempre me hace reír. Combina con maestría las carcajadas con las puñaladas emocionales. Tras un chiste sobre drogas o vaginas (o ambas cosas) da un giro dramático y te deja al borde de la lágrima. Tiene ese don.


42. Girls (HBO)
Aunque no haya sido mi temporada favorita de la serie de Lena Dunham (ni mucho menos), Girls sigue siendo una de las series que más me interesan de la televisión, incluso cuando no me la creo. Dunham es una autora relevante porque tiene una voz propia y una forma estimulante de ver el mundo, o más bien, de vernos a nosotros, veinteañeros a la deriva.  Tengo muchas ganas de enfrentarme al quinto asalto.

41. El Ministerio del Tiempo (TVE)
El gran logro de El Ministerio del Tiempo es demostrarnos que en España se puede hacer una serie para el público masivo inteligente, divertida y didáctica. Éste es el camino que debería seguir nuestra televisión pública. Nuestra historia y nuestra cultura son dos minas de oro que no han sido aún suficientemente explotadas. Y no podemos entender el mundo en el que vivimos sino reflexionamos primero sobre nuestro pasado.

40. American Crime (ABC)
El oscarizado guionista de 12 years a slave, John Ridley, ha alumbrado en ABC una lúcida, compleja e inteligente reflexión sobre el racismo, la violencia y el dolor que éste produce. En American Crime no hay buenos, ni malos, sólo personas intentando sobrevivir en circunstancias extremas. American Crime ha sido, sin duda alguna, una de las apuestas más arriesgadas de las networks americanas este año.

39. Jordskott (SVT)
Lo policíaco, lo paranormal y la denuncia, se dan la manos en Jordskott, una serie que gira en torno a la desaparición de unos niños en un pueblo rural de Suecia, dónde la contaminación y la destrucción de la naturaleza provoca estragos. Jordskott podría haberse estrellado, y sin embargo, es todo un triunfo en todos y cada uno de los planos en los que juega. Quizás sea demasiado fría, pero logra que el espectador se zambulla en el micro-mundo que crea.

38. Downton Abbey (ITV)
Y Downton Abbey llegó a su fin. Tras 6 temporadas y varias décadas narrativas, los Crawley y su servicio se han despedido de los espectadores. Termina así el gran culebrón de qualité de la televisión. Un drama salpicado de comedia que lograba hacer que te sintieras como en casa al sentarte a verlo. Julian Fellowes se propuso contarnos el paso de la sociedad inglesa de la época victoriana a los preámbulos de la II Guerra Mundial. Y lo consiguió. Downton Abbey es, en el fondo, la crónica de la decadencia de la nobleza británica.

37. Catastrophe (E4)
Dos cuarentones se acuestan repetidas veces durante un viaje de trabajo de él a Londres. Ella se queda embarazada. Ambos tienen que lidiar con las consecuencias y afrontar la madurez vital juntos. Catastrophe es una de las series más genuinamente graciosas de la televisión de este año. Nada es fingido en ella. Las personas somos así: somos lo peor, por eso nos queremos los unos a los otros.

36. The Knick (Cinemax)
Un drama médico/racial (ojo al concepto) en la Nueva York de principios del S.XX. Eso es The Knick. Pero lejos de ser una serie de época, es una de las obras más modernas, arriesgadas y extremas de la televisión actual. Hipnótica, escalofriante e intensa. Drogas, vísceras y violencia se cruzan en una serie que te atrapa en su mundo sórdido y frío. Visualmente hay pocas series más estimulantes hoy en día. Steven Soderbergh es un maestro.

35. Inside Amy Schumer/Amy Schumer Live at the Apollo (Comedy Central/HBO)
2015 es el año en que el schumerismo implosionó salpicándolo todo. La cómica americana ha sabido construir a través de su programa de sketches, su rom-com de Hollywood y sus apariciones públicas una reflexión sobre el machismo imperante en la sociedad. Si bien es cierto que Trainwreck no deja de ser un film tradicional que se cree mejor, y más transgresor, de lo que es, Inside Amy Schumer ha sido capaz de edificar un discurso feminista muy poderoso que ha sido capaz de hacer reír y hacer reflexionar.

34. Silicon Valley (HBO)
En un mundo en el que las grandes empresas tecnológicas cada vez son más poderosas, era imprescindible rodar una sátira que nos explicara sus entresijos y nos mostrara lo salvaje que es esa industria. Silicon Valley es esa sátira. Es una serie graciosa, aguda e inteligente. Tiene una larga vida por delante, porque hay mucha tela que cortar en el universo de las multinacionales tecnológicas.

33. Unreal (Lifetime)
¿Cómo son las entrañas de un programa de un reality? Incluso más nauseabundas que su apariencia. Unreal nos muestra cómo se manipula la realidad para construir un relato televisivo adictivo. Y al hacerlo se convierte ella misma en adictiva. La diferencia radica en que Unreal es televisión de calidad sobre televisión basura, y Everlasting (la copia nada disimulada de The Bachelor) es sólo eso: basura.

32. 1992 (Sky Italia)
Esta serie es, quizás, uno de los mejores y más completos retratos de la corrupción que se han hecho en televisión. 1992 narra el colapso del sistema político italiano, noqueado por una devastadora corrupción que gangrena las entrañas de sus principales partidos, noqueando a la todopoderosa Democracia Cristiana. Un caldo de cultivo que llevaría a la llegada al poder de Silvio Berlusconi. Todo ello está contado a través de diversos personajes, cuyas vidas se ven afectadas por el clima sociopolítico. 1992 es una serie demasiado desequilibrada (personajes muy interesantes, frente a otros que no lo son) pero no por ello deja de ser interesante. Y más cuando en nuestro Estado estamos viviendo algo similar.

31. Better Call Saul (AMC)
No era fácil rodar un spin-off de una de las mejores series de la televisión, Breaking Bad, y salir airoso. Pues bien, Better Call Saul no sólo es respetuosa con el universo de la serie madre, sino que además es una obra independiente sensacional. No se mueve en las coordinadas de peligro constante de Breaking Bad, pero aún así resulta apasionante. Una sensacional forma al servicio de un relato que va de menos a más, explicándonos como el pobre Jimmy se convirtió en el caradura Saul. Todo un éxito.

30. Cucumber (E4)
Las insatisfacciones que vamos acumulando a lo largo de nuestras vidas pueden terminar estallando llevándose todo por delante. En Cucumber, una pareja, a priori sólida, salta por los aires  enseñándonos que lo que parecía amor y confianza, escondía frustración y rencor. Cucumber es una comedia negrísima (God save UK) y un drama terrible. Tiene además una de las secuencias más impactantes del año, presidida por el La la la de Massiel.

29. Halt and catch fire (AMC)
Si en la primera temporada de Halt and catch fire vimos la expansión de los PC, en la segunda nos mostraron el inicio de las redes sociales. Quizás perdió parte del factor sorpresa que la hizo tan hipnótica en su primer curso, pero Halt and catch fire volvió a ser una de las series más sorprendentes (y con más personalidad) de la televisión. Larga vida a Donna y Cameron, esas pioneras en un mundo de hombres.

28. Bron/Broen (SVT/DR)
Con su tercera temporada Bron/Broen ha revalidado su título de “la gran serie nórdica”. Es difícil estar a su nivel, básicamente porque pocas series a nivel mundial leen tan bien la sociedad que retratan. Bron/Broen se sumerge en las miserias de las, a priori, paradisíacas sociedades nórdicas, mostrándonos que no es oro todo lo que reluce. Las pacíficas y avanzadas sociedades nórdicas también tienen desequilibrios, problemas, integrismos y peligros. En esta temporada han sacado a relucir la proliferación de postulados de extrema derecha. Y lo han bordado. Otro caso adictivo.

27. Parks and Recreation (NBC)
Tras dar un salto hacia el futuro en el final de su penúltima temporada, Parks and Recreation, una de las mejores sitcoms de la historia televisión, se despidió con una entrega rodada por y para los fans. Entrañable hasta el coma diabético. Graciosa, preciosa y emotiva. Leslie Knope y sus compañeros del servicio municipal de parques de Pawnee han tenido una gran vida. Tan grande como la serie, que será considerada con el paso de los años un clásico de la comedia televisiva.

26. Wolf Hall (BBC)
¿Hasta qué punto es real la historia que nos inseminan desde niños? Si la historia la cuentan los que ganan, cómo sabemos que los que pierden están justamente representados. Wolf Hall viene a cuestionar el dibujo que ha hecho la historiografía inglesa de Thomas Cromwell, mano derecha de Henry VIII, que siempre ha sido dibujado como un animal sediento de poder. En la piel del gran Mark Rylance, Cromwell se vuelve un personaje fascinante. Un superviviente en las entrañas del poder. 

jueves, 12 de marzo de 2015

Cambiar la historia

EL MINISTERIO DEL TIEMPO


Ese clásico giro de "You know nothing Jon Snow"

Esta semana La 1 ha emitido el tercer capítulo de El Ministerio del Tiempo, la serie creada por los hermanos Javier y Pablo Olivares. Este drama (sci-fi por su concepto, de aventuras por su ejecución) con toques de comedia, tiene como premisa la existencia de un Ministerio secreto encargado de gestionar una serie de puertas que al atravesarlas te conducen al pasado. A la vez, tiene que evitar que otras personas, ajenas a la institución, usen puertas que no están bajo su control, para alterar la historia, tanto de España como de la humanidad. Y así seguimos a tres funcionarios recién reclutados: un soldado de los Tercios de Flandes, una de las primeras mujeres universitarias de la Barcelona de finales del S.XIX y un enfermero del SAMUR de la actualidad (dos castellanos y una catalana, seamos políticamente correctos, y fieles a los dos centros de poder de España, no vaya a ser). Estos tres personajes, interpretados por Nacho Fresneda, Aura Garrido y Rodolfo Sancho, respectivamente, se dedican a luchar (junto a los veteranos y a los dirigentes del Ministerio) contra la alteración histórica. Precisamente mantener el rumbo de la historia pase lo que pase es la premisa fundamental sobre la que se asienta tanto el propio Ministerio, como la serie en sí misma. Pero... ¿y si nuestra historia es una mierda?

En los dos primeros capítulos, o unos villanos intentaban alterar la historia en su propio beneficio y/o esta sufría el riesgo de transformarse al ponerse en riesgo relevantes y beneficiosos acontecimientos del pasado (como el Siglo de Oro). Lo cual nos dirigía hacia un esquema en el que los buenos pretenden mantener el status-quo y los malos, aprovecharse de la manipulación de la historia. Sin embargo en este tercer episodio (centrado en los nazis y la reunión en Hendaya entre Franco y Hitler), muy superior a los anteriores y uno de los mejores que ha producido la ficción televisiva española, este esquema se vuelve más complejo. En una secuencia fabulosa entre Aura Garrido y Natalia Millán (una "enemiga" recurrente de los protagonistas), se plantea un nuevo escenario. ¿Y si hay gente que quiere cambiar la historia por el bien común? ¿Fue bueno para España, como recuerda el personaje de Millán, ganar la Guerra de Independencia (que centraba el primer episodio) contra Francia, permitiendo el regreso de los Borbones al poder? Fernando VII derogó la Constitución de Cádiz y volvió a sumir al país en el absolutismo. ¿Qué hubiera sido de España si no hubiera sido asesinado Prim? ¿Y si Franco hubiera muerto antes del alzamiento militar? ¿Y si?

Obviamente todo ello son teorías dentro de una historia que no pasó, y más allá de que El Ministerio del Tiempo juegue con estas ideas, la mera reflexión en torno a la idea de cambiar nuestra historia es interesante. ¿Por qué los humanos estamos tan orgullosos de nuestra historia, cuando la misma está bañada en sangre y destrucción (entre nosotros y del planeta)? Pero la cuestión va mucho más lejos. Más allá de la ciencia ficción, ¿no vivimos una constante reformulación de nuestra historia? Miguel-Anxo Murado publicó en Debate un libro muy interesante a este respecto titulado La invención del pasado: verdad y ficción en la historia de España. En este libro, Murado, disecciona la historia de España, o más bien, la historia que nos han contado de España, y descubre cómo la misma está alterada y manipulada a través de acontecimientos y discursos producidos en los dos últimos siglos, de cara a crear una historia unitaria de España que no tuvo lugar. Historiadores, pintores o literatos han contribuido a fijar en el imaginario colectivo acontecimientos que o no ocurrieron (la rendición de Breda) o han sido manipulados o idealizados (la propia existencia de España como una nación y un estado unitario desde los Católicos). La cultura es un arma muy poderosa, crea verdades, fija conceptos. La propia El Ministerio del Tiempo, cambiará para algunas personas la historia, aunque su premisa sea la no-alteración de la misma, básicamente porque al contárnosla, al reflexionar sobre ella (gracias TVE por llevar a cabo por fin una de tus labores como servicio público), estará generando un discurso producido desde un determinado punto de vista. Es lo hermoso, mágico y terrible que tiene la historia: cada uno la contamos según nos conviene ("cada quen fala da feira segundo lle foi nela", que diría mi abuela). Por eso El Ministerio del Tiempo más allá de ser una serie divertidísima, bien hecha, bien interpretada, con diálogos brillantes, y una clara apuesta por poner en valor nuestra cultura, es una serie tan interesante, e incluso relevante, más allá de su calidad como ficción televisiva y como entretenimiento de primera.