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martes, 11 de agosto de 2015

Nic Pizzolatto, un hombre devorado por su ego

TRUE DETECTIVE - Segunda temporada


Sin spoilers

Ha terminado ya la segunda entrega de True Detective, la serie-antología que dejó con la boca abierta a muchas personas a principios de 2014. Yo soy una de esas personas. Un año y medio después, su autor, Nic Pizzolatto, dilapidó todo el crédito que había acumulado con la primera temporada de su ficción detectivesca. Auge y caída de un hombre devorado por su ego.

Tras el éxito conseguido por la primera temporada, aquel drama denso, malsano, interpretado por Matthew McConaughey, Woody Harrelson y Michelle Monaghan; dirigido por Cary Fukunaga y escrito por el novelista Nic Pizzolatto; HBO quería una entrega más. En una cadena para la que la marca lo es todo, True Detective era, más allá de sus defectos (fue de más a menos, por ejemplo), una serie fundamental. Una obra de culto instantánea, con sus fans enfebrecidos y sus críticos con ganas de sangre. Por ello la decisión de pedirle a Pizzolatto una segunda entrega era una decisión lógica. Tras el anuncio de la renovación nos embarcamos en meses de especulación sobre el hipotético nuevo reparto (#TrueDetectiveSeason2 es la mejor no-campaña promocional de la historia), sobre el argumento, sobre el peso de las mujeres y sobre la dirección.

El reparto final y la decisión de contar con varios directores para rodar los 8 episodios enfriaron en cierta forma las expectativas. Yo creía que ni uno, ni lo otro, era a priori malo. Colin Farrell y Taylor Kitsch no son, obviamente, McConaughey y Harrelson, pero apostar por extender la historia a través de más personajes les iba a quitar peso sobre sus espaldas y ambos podían cumplir, sin duda. Vince Vaughn era una elección extraña como (teórico) villano, pero ¿por qué no? Y para Rachel McAdams era una oportunidad de oro, la posibilidad de reivindicarse. Vista la serie las tres elecciones masculinas fueron un error rotundo, sin paliativos. Aún así el problema fundamental no fueron los intérpretes sino sus personajes, escritos con desidia, a los que se le fueron colgando dramas personales mal presentados, banales, artificiosos. En cuanto a lo relativo a la dirección, que hubiera varios responsables de la misma no tenía que restarle personalidad a la propuesta visual. Ahí está la primera temporada de Fargo para demostrarlo. Rodada por varios directores tiene, aún así, una personalidad visual apabullante. El problema de la segunda temporada de True Detective es que ha carecido de eso, de personalidad. Ha sido rodada de forma eficiente, sin más. Ha tenido alguna secuencia poderosa (los finales de los capítulos 2 y 4), pero no ha sido capaz de crear una atmósfera poderosa, inmersiva. Ambas decisiones me llevan a pensar que Pizzolatto decidió enfrentarse él solo al mundo y fracasó. Buscó, premeditadamente, ser la estrella de la función, confiarlo todo a sus guiones y se estrelló. Básicamente porque, ante todo, la segunda temporada de True Detective está mal narrada. La serie camina sin rumbo durante todo el relato, moviéndose sólo a base de fogonazos esporádicos, aturdida. Si la primera temporada de True Detective era hipnótica, la segunda es caótica. Como si a Pizzolatto no le llegara con expulsar a los fantasmas de Fukunaga, McConaughey y Harrelson sino que nos quisiera también expulsar a nosotros, espectadores, haciendo que nos perdiéramos constantemente en tramas que no iban a ningún sitio, carreteras sin salida. Pizzolatto quiso demostrar que era un genio, que ni los actores  ni la apabullante apuesta audiovisual de la primera temporada tenían el mérito de la grandeza de la misma. Y no pudo. Una pena, porque los temas sobre los que pivota la historia son muy interesantes. Corrupción, crimen organizado, violencia, explotación sexual, especulación urbanística… Había buen material, falló la escritura. Por encima, HBO ha programado Show me a hero, el regreso de David Simon (The Wire, Treme), 7 días más tarde, una miniserie que vendrá a hablar de lo mismo, aunque situándose en otra época. Conociendo a Simon, va a doler, Nic.


A la luz de los acontecimientos, está claro que HBO y Pizzolatto se equivocaron. Tomada la (obvia) decisión de continuar con la serie, escogieron la peor de las opciones que tenían sobre la mesa. La antología podría haber contado con otro escritor para su segunda temporada. Hay muchos autores de novela negra, como Pizzolatto, que matarían por tener a HBO produciéndoles sus historias. Podrían haber creado así una antología de narradores contemporáneos, bajo la supervisión del creador de la serie. Descartada esa opción, básicamente porque Pizzolatto no iba a ceder una marca que lo ha catapultado al éxito, podría haberse rodeado de un equipo de guionistas si, como finalmente sucedió, tenía que escribir todos los capítulos en un corto periodo de tiempo para que la serie regresara pronto a las pantallas. O podría haberle dicho a HBO que necesitaría tiempo para concebir una nueva historia en su totalidad. El impacto de True Detective ha sido tan grande que aunque hubieran pasado dos años, la serie seguiría generando unas enormes expectativas. También podrían, HBO y el autor, haber optado por adaptar alguna de las historias presentes en las obras literarias de Pizzolatto (Galveston y Between Here and the Yellow Sea), así éste no tendría que construir de cero toda la historia. Sin embargo, decidieron acelerar los plazos, optar por un relato completamente original y que todo el peso de la ficción recayera sobre Pizzolatto, que tras haber tenido problemas con Fukunaga decidió, además, contratar a varios directores, para que la forma no eclipsara al fondo que él estaba escribiendo. Se equivocó. El ego lo cegó. No se dio cuenta de que empeorar su serie para resaltar su escritura era boicotearse a sí mismo y a su obra. Si aprende de los errores cometidos, True Detective puede volver a ser una serie de referencia. El concepto es poderoso, los temas que sobrevuelan su cabeza son interesantes y tiene a su disposición los mejores medios para llevarlos a cabo.


martes, 30 de junio de 2015

Las noches de verano en HBO


A lo largo de este mes ha terminado la temporada televisiva 14-15 y arrancando la nueva temporada 15-16. Netflix ha estrenado la tercera entrega de Orange is the new black y la primera de Sense8, AMC ha lanzado el regreso de Halt and catch fire y el estreno de Humans,  NBC ha recuperado Hannibal para decirnos que la matará al terminar este curso. Y en HBO se han despedido hasta el año que viene Game of Thrones (su actual buque insignia), Veep y Silicon Valley. El espacio dejado en la parrilla por estas tres ficciones lo han venido a cubrir la segunda temporada de True Detective y dos nuevas comedias, The Brink y Ballers. La recepción crítica ha sido tibia, por no decir decepcionante, algo a lo que no está muy acostumbrada HBO. En Metacritic, una web que recoge las principales críticas de Estados Unidos y elabora un ránking a partir de las mismas, Ballers cosecha un 65 sobre 10, True Detective un 63 y The Brink un pobre 51. Para poner estas puntuaciones en contexto, debemos señalar que las tres series de primavera de HBO lograron 91 (Game of Thrones), 90 (Veep) y 86 (Silicon Valley) puntos. Estamos hablando de una caída de 30 puntos de un estación a otra. Teniendo en cuenta ese dato vamos a hacer un repaso a estas tres ficciones, tras la emisión de los dos primeros capítulos de cada una de ellas.

Ballers
Cuando vemos una serie nueva tendemos a compararla con productos anteriores, sobre todo de cara a presentársela a los demás. De Ballers se ha dicho que es una mezcla entre Ray Donovan y Entourage. Esta comedia (nada graciosa, en mi opinión) sigue a un ex-jugador de fútbol americano, interpretado por Dwayne 'The Rock' Johnson, que se dedica a asesorar a jugadores en activo. Su trabajo nos recuerda al drama de Showtime pero su protagonista y la relación que tiene con sus clientes pretende ir por la línea de la antigua comedia de HBO. A mí, que Ray Donovan no ha terminado de engancharme, y que no he visto Entourage entera, Ballers no me está interesando lo más mínimo. No creo que sea mala, ni siquiera fallida, creo que es una serie menor, sin pretensiones, que no destaca en nada. Un pan sin sal.

The Brink
Dado el éxito de crítica y premios de Veep (no así de audiencias), parecía lógico que HBO apostara por producir otra comedia negra ambientada en el mundo de la política (que además está en alza televisivamente hablando). Sin embargo, más allá del género, The Brink no se parece en nada a su predecesora. De hecho, no le llega ni a la suela de los zapatos. La serie narra cómo se produce un golpe de estado en Pakistán (uno de los países con bomba nuclear más inestables del mundo) y las consecuencias que ello conlleva. La historia está contada desde tres puntos de vista, el del secretario de Estado de USA (Tim Robbins, lo mejor de la función), el de un funcionario de bajo nivel de dicho departamento en el país (Jack Black haciendo de sí mismo) y el de un militar americano destinado en la zona (Pablo Schreiber). Mientras la trama política en Washington tiene algún momento inspirado (los rifirrafes entre el secretario de Estado y el Veep), las otras dos resultan rotundamente fallidas. Yo no soy el público objetivo de Ballers, no me interesa el fútbol americano, los agentes deportivos o el humor de bros. Pero sí debería ser el público objetivo de The Brink. Me encantan las sátiras y consumo prácticamente cualquier contenido audiovisual ambientado en el mundo de la política. De hecho tengo el listón tan bajo que aún sigo viendo ese delirio llamado Tyrant, otra de las series del verano. Sin embargo, The Brink me ha dejado frío. Pretende ser graciosa, ácida e inteligente y no lo logra. Le daré margen pero tiene que mejorar demasiado.

True Detective II


Ha vuelto la serie de Nic Pizzolatto 15 meses después de haber finalizado su primer relato, aquella caza del asesino en serie a través de las décadas en una Louisiana tenebrosa. Este año Pizzolato, sin la dirección de Cary Fukunaga, se adentra en las entrañas de la corrupción urbanística en una California podrida de cemento. Los protagonistas son tres agente de la ley (Colin Farrell, Rachel McAdams y Taylor Kitsch) y un mafioso local (Vince Vaughn). La historia pivota en torno al asesinato de un socio del segundo y las ramificaciones del mismo. Tras sólo dos episodios es difícil valorar la temporada pero a mí me está gustando. Es cierto que tanto a nivel formal como interpretativo la serie es inferior a su primera temporada. Pero ello no quiere decir que Justin Lin (que no se encargará de la puesta en escena de todos los capítulos) no haya dirigido bien los dos primeros episodios (la secuencia final del 2x02 es magnífica) ni que los actores no estén haciendo un buen trabajo. Simplemente el listón estaba demasiado alto. Lin no tiene la capacidad de generar atmósfera e imágenes poderosas de Fukunaga, mientras que Farrell y compañía no tienen la presencia de McConaughey y Harrelson. Así las cosas, este año la serie se lo jugará todo a su historia, a su guion. Liberado (o más bien desnudado) del hechizo formal de Fukunaga y la densidad que le imprimían a los personajes McConaughey y Harrelson, Nic Pizzolatto tendrá que demostrar que es el gran escritor noir que nos hizo creer que era. Todo o nada. Pizzolatto ha decidido ofrecer una serie más desnuda, más puramente narrativa, y tendremos que ver si la apuesta le ha salido bien. Por ahora, he aquí un espectador satisfecho.

miércoles, 31 de diciembre de 2014

Mis series favoritas de 2014

Tras las cuatro listas de final de año precedentes (terminadas, rookies, miniseries y sophomores), es hora de poner, a modo de broche, la lista más importante, las mejores series del año. Fuera se quedan grandes estrenos como Transparent, Halt and catch fire o The Leftovers, ese placer que es The Comeback, esa gozosa tortura que es Hannibal, ese happy place que es Shameless, o las finalizadas The Killing y Boardwalk Empire. Ha sido un año seriéfilo apasionante. Con años así, da gusto estar siempre hasta arriba de series (chistaco).

10. Veep (HBO)
Quizás sea la única comedia de la lista. Y posiblemente por ello esté aquí, además, claro está, de porque lo merece. La tercera temporada de Veep ha sido un placer de principio a fin. Con diálogos brillantes cargados de cinismo es un ataque frontal a la política de saldo. Una serie necesaria para entender este mundo banalizado en el que vivimos.

9. Girls (HBO)
Algo ha cambiado en la serie de Lena Dunham este año. Ha madurado. En esta temporada tan centrada en la muerte y la familia, Girls ha dado un paso hacia adelante, presentando una serie mucho más redonda y pulida. Incluso ha tenido más momentos cómicos. Desde luego ha sido todo un placer.

8. Homeland (Showtime)
Y Lázaro resucitó. Homeland ha volado alto este año, sobre todo en su tramo central. Ha vuelto a centrarse en lo importante: en Carrie y sobre todo en explicarnos de forma amena la turbulenta política exterior de unos Estados Unidos acuciados por sus enemigos. El problema siempre fue alargar la presencia de Brody más allá de lo narrativamente coherente. La próxima temporada está llamada a confirmar que hay Homeland para rato. Cada vez a USA le van apareciendo más incendios. De aquellas tormentas, estos lodos.

7. Game of Thrones (HBO)
Otra temporada rotunda de este relato fascinante sobre los juegos de poder. En el año de Tyrion y los Lannister nada podía salir mal, y así fue. Con varios capítulos brillantes, ha sido una temporada llena de tensión y emoción. Ha tenido algunas tramas, como siempre, que no han funcionado tan bien (hola Daenerys), pero por secuencias como la del juicio o la de la pelea entre la Víbora y la Montaña, lo compensan todo. Ojalá la serie no pegue un bajón tan grande como los libros en la próxima temporada.

6. Fargo (FX)
De las tres siguientes series ya hablé en listas anteriores (y en varios post a lo largo del año), así que no tengo mucho que añadir. Fargo es un salvaje e hipnótico entretenimiento de calidad. Quizás la temporada más redonda del año seriéfilo. Entre lo sobrenatural y los instintos humanos más bajos, seguimos a un grupo de personajes memorables entre la nieve y la niebla. Ojalá vuelva pronto con otro irónico relato sobre la violencia humana.

5. True Detective (HBO)
Entre el boom de “mejor serie de la historia” y el anti-boom de “aburrida, pretenciosa, vacía”, lo que emitió HBO fue una serie soberbia, que sin inventar nada, ha entrado directamente a ser considerada una ficción de referencia en el panorama actual. Es verdad que empezó mejor de lo que terminó, y que tuvo muchas aristas, pero no es menos cierto que fue visualmente deslumbrante y narrativamente desafiante. Sin duda el plano-secuencia del 1x04 ha sido, en mi humilde opinión, el gran momento seriéfilo de 2014. Gracias por todo Nic Pizzolatto y, sobre todo, Cary Fukunaga.

4. House of Cards (Netflix)
Asomarse a las ciénagas del poder, saltar al vacío y bucear por ellas. Eso es lo que propone House of Cards cuando nos pide que acompañemos a los Underwood hasta el mismísimo infierno. Amorales, obsesivos, brillantes. Este matrimonio siempre se mueve por el filo de la navaja, haciendo equilibrios imposibles. Pero al final, siempre, caen de pie. Devoré la temporada sin darme cuenta, los engranajes del poder son tan vomitivos como fascinantes.

3. Louie (FX)
Quiero tanto a las tres series de mi pódium de 2014, que no sé muy bien qué decir que no haya dicho ya a lo largo de todos estos años. Louie es la serie que más me cala. Me emociona, me destroza, me hace reír, me hace pensar, hace que me sienta optimistas unas veces y pesimista otras. Es una serie preciosa sobre la incomunicación y la soledad en el espacio urbano. Sobre llegar a la mediana edad y no sentirse realizado, dudar de ti mismo, de lo que has construido, y tener miedo. Mucho miedo. Es la gran serie de autor de la televisión. Una obra descomunal. Esta cuarta temporada ha sido extraordinaria. Louis CK, eres un jodido genio.

2. Mad Men (AMC)
La primera parte de la última temporada de Mad Men ha sido soberbia. Salvo el primer capítulo, en el que teníamos a nuestros protagonistas hundidos, y por lo tanto funcionó a medio gas, ha sido una tanda de episodios descomunal. Don y Peggy han evolucionado una barbaridad. Y esa evolución, ese viaje de autodescubrimiento, ha sido tierno y doloroso, pero sobre todo catártico (The Strategy, 7x06, es EL capítulo del año). Los cimientos son sólidos, los últimos siete capítulos de Mad Men tienen que ser sobresalientes, sí o sí. Una despedida por todo lo alto.


1. The Good Wife (CBS)


A estas alturas todo aquel que me conozca lo más mínimo sabía que esta serie iba a estar en esta posición. En 2014, The Good Wife no ha tenido rival. Ha jugado en otra liga. La de la excelencia cuasi milagrosa. Entre la recta final de la T5 y este demoledor arranque de la T6, me ha tenido con el corazón encogido y las uñas en la boca. No hay serie que me atrape, me divierta y me llene más que The Good Wife. Es inteligente, reflexiva, graciosa y triste. Una mirada clarividente al mundo actual, a los temas más espinosos, a la corrupción, al simulacro constante en el que vivimos. Nadie escribe en televisión, hoy por hoy, como el matrimonio King. Nadie. Larga vida a Alicia Florick.

sábado, 27 de diciembre de 2014

Mis 10 rookies de 2014

Ha sido muy difícil hacer esta lista, porque quizás 2014 ha sido el año televisivo con mejores estrenos que he vivido jamás. Me he dejado fuera varias series que me encantan, como Happy Valley, The Missing y sobre todo, You're the worst, entrañablemente irónica.


10. Looking (HBO)
A mucha gente Looking le pareció una decepción mayúscula. A mí no. Es verdad que sus primeros capítulos son bastante mediocres, pero desde el episodio embotellado de Jonathan Groff y Raul Castillo la serie se convirtió en una ficción muy interesante, y sobre todo, sensible. Esta historia de unos amigos gays en San Francisco fue, para mí, un lugar calentito donde acurrucarme y pensar en mi vida. Pensar en los miedos, las frustraciones, los sueños… La disfruté un montón.

9. The Knick (Cinemax)
Este drama médico de época dirigido por Steven Soderbergh es casi como una sacudida violenta al panorama seriéfilo. Arriesgado y gélido tanto formal como narrativamente.  A ratos repulsivo y a ratos hipnótico. Esta serie es como un bisturí que se adentra en nuestro cuerpo sin ningún miramiento. Cortando y punzando. A mí a veces me sacaba del relato, o yo me salía. Hacía que me sintiera muy perdido. En cambio en otras ocasiones no podía quitar los ojos de la pantalla. Es una fascinante y sucia aproximación a la medicina avanzada en tiempos primitivos. Pero también al problema racial, por ejemplo.

8. Gomorra (Sky Italia)
El mundo seriéfilo se rige por un aplastante anglocentrismo, en el que el 90% de series que vemos son o yankees o british. Por eso cuando una serie no anglófona irrumpe en dicho mundo, muchos nos lanzamos a verla con la nítida intención de quererla. Antes fueron series escandinavas como Bron/Broen o Borgen, o series francesas como Les Revenants, este año la gran serie de habla no inglesa, por lo menos en repercusión, fue sin duda Gomorra, que aún así es una producción de un canal subsidiario de Robert Murdoch. Esta historia de un clan mafioso en Nápoles ha sido, sin duda alguna, un placer. El poder lo abrasa todo.

7. Broad City (Comedy Central)
En mi afán por demostrarme a mí mismo que puedo contenerme, devoré Broad City en dos días, en lugar de en una madrugada. Conecté al instante con esta versión en modo despiporre on de las Girls de Lena Dunham. Sin duda alguna fue la serie con la que más me reí este 2014. Las aventuras y desventuras de Abbie e Ilana, unas veinteañeras a la deriva, en el New York de las 1000 oportunidades, son un placer de ver y disfrutar. Jamás olvidaré la secuencia de "he meado un condón".

6. The Affair (Showtime)
Ella dijo, él dijo, posiblemente ambos mintieran. Este drama sobre dos matrimonios en crisis que implosionan por un affaire de verano, ha sido la gran revelación de este otoño seriéfilo. Un juego narrativo en el que en el espectador nunca sabe dónde está, si algo de lo que le cuentan es cierto, si ha caído en la trampa. Además, The Affair es un relato desolador sobre las grandes y pequeñas fracturas que nos van transformando lentamente. A nosotros mismos y a las personas a las que amamos. Esperemos que no se les vaya de las manos, por ahora es una serie notable.

5. The Leftovers (HBO)
Había bastantes ganas de fustigar a Damon Lindelof y sin embargo, tras un inicio tibio, The Leftovers terminó convirtiéndose en un drama soberbio sobre lo herida que está nuestra sociedad. En un segundo desaparecen millones de personas y los que quedan en el mundo, los restos, se sumen en una honda crisis. Este drama de personajes nos muestra a un grupo de zombies sociales vagar lenta e inexorablemente hacia la desesperación. Sin rumbo, solos incluso cuando están acompañados. Si es que somos tan frágiles…

4. Halt and catch fire (AMC)
Aunque la serie anterior terminó por eclipsarla, en cuanto a exposición tanto en medios como en redes, este drama sobre los pioneros de la informática personal en los años 80, fue mi gran placer del verano seriéfilo. Una serie fascinante sobre hombres y mujeres que ante ponen sus ideas y su ambición ante todo. Una ficción sobre la pasión por inventar algo nuevo, por avanzar hacia el horizonte. Formalmente soberbia, con un reparto y una galería de personajes muy interesantes, Halt and catch fire fue todo un placer. Le ha costado a AMC, pero ha vuelto a dar a luz a una serie buena de verdad.

3. Transparent (Amazon)
Por fin Amazon dio con la tecla adecuada gracias Transparent, una comedia dramática de autor sobre una familia peculiar que se ve sacudida por la decisión del padre de ser lo que siempre quiso ser: una mujer. La serie de Jill Soloway aborda con mucha sensibilidad los miedos y esperanzas de una mujer encerrada en el cuerpo de un hombre durante toda su vida, y las consecuencias que ello tiene no sólo en su vida, sino también en las de sus hijos. Es una aproximación brillante tanto a la familia como a la sexualidad.


2. Fargo (FX)
¿Coger lo mejor del mundo de los Coen, hacerlo tuyo y crear una historia completamente diferente pero que mantenga lazos respetuosos con su relato padre? Guau Noah Hawley, te has lucido. La primera temporada de Fargo ha sido adictiva y brillante, ha ido de menos a más hasta desembocar en una traca final de episodios de una tensión increíble. Ha generado un grupo de personajes llamados a ser recordados durante décadas. Yo era muy escéptico, pero no podía estar más equivocado, Fargo es una serie descomunal. Un regalo para los que disfrutamos con las buenas historias tanto como con los productos visualmente cuidados al milímetro.


1. True Detective (HBO)


Tras el boom inicial que la elevó a obra maestra instantánea, se ha ido consolidando una corriente que le resta méritos a la serie de Nic Pizzolatto, como respuesta a ese sobre-dimensionamiento. Ni tanto ni tan poco. True Detective no es el mesías que la televisión esperaba, pero desde luego sí es una gran serie. Oscura, enigmática, profunda, adictiva. Yo vi sus ocho capítulos en estado de trance. Es verdad que la disfruté más al principio que al final, al contrario que Fargo, pero aún así me parece una apuesta, tanto formal como narrativamente, espectacular.

lunes, 25 de agosto de 2014

Emmysalternatives 13/14 y VIII: Series de Drama

Ahora sí, último post, mi top 10 de los mejores dramas de la temporada pasada. Fuera se quedan series como The Killing con su contundente tercera temporada, dos clásicos de FX como Justified y Sons of Anarchy o la siempre brillante Boardwalk Empire.


10. The Newsroom
¿Si no defendemos los sorkinistas a Sorkin quién lo va a defender ya, a estas alturas del partido? Lo único que le falta es que lo arrojen a los cerdos, como harían en una de las series de la que hablaré más abajo. The Newsroom es Aaron Sorkin en estado puro, para bien y para mal, desmedido, un sermón semanal de 50 minutos. En la segunda temporada aprendió de algún error cometido en la primera: sus periodistas ya no son perfectos y las historias inventadas hacen que no esté jugando con las cartas marcadas. Pero desde luego no cambió el rumbo de la serie. The Newsroom es el manifiesto de Sorkin sobre cómo debería ser su país. Idealista y maniqueo. Excesivo. Capaz de escribir los diálogos más inteligentes y las situaciones más sonrojantes. Así es Aaron Sorkin cuando nadie le pone cortapisas, incluido él mismo. Entiendo todas las críticas que se la han hecho, pero no puedo evitar que todo lo que escribe me fascine. Con pocas series los minutos se me hacen más cortos, pocas ficciones me hacen más feliz. Por eso está aquí, aunque suene a sacrilegio.


9. The Americans
Posiblemente The Americans sea todo lo contrario a The Newsroom, lenta, arrítimica, incluso anticlimática, moralmente muy compleja, un magma de ideas en el que nada es blanco o negro. The Americans no tiene un discurso, tiene múltiples elementos que le permiten al espectador formar un discurso propio. El gran debate de esta temporada ha sido ¿patria o familia? Y todo ha girado en torno a la nebulosa zona dónde ambas esferas se mezclan. También ha hablado de la fe en tiempos convulsos, del sacrificio, de los fines y sobre todo de los medios. Deja además un escenario apasionante de cara al año que viene. Los protagonistas cada vez se acercan más al borde del precipicio.



8. Hannibal
Si en comedia le di el Most Improved Player a Veep, en drama se lo merece sin duda alguna la Hannibal de Byan Fuller. La serie más hipnótica, desagradable, barroca y enfermiza de la televisión. Tras una buena primera temporada, Hannibal regresó a NBC convertida en una serie superior, tan buena como para estar en el ranking de los mejores dramas en antena. Con un arranque y una recta final espectaculares, ha terminado por imponer un nuevo tipo de televisión: la sensitiva. Esta serie es ante todo, una experiencia sensitiva trenzada por su belleza visual y sus asfixiantes mundos sonoros. Cuando la forma es forma y fondo.



7. Masters of Sex
El gran estreno del otoño pasado. Esta serie sobre los pioneros de los estudios sexuales irrumpió en Showtime con osadía, sensibilidad y sentido del entretenimiento. Conjugando elementos de culebrón con drama de personajes de primera división creó una serie de relaciones personales muy jugosas, abordó la sexualidad desde el punto de vista de la mujer en los años 60, y trató con tacto y hondura la homosexualidad en la misma época. Conjugar ciencia y sentimientos fue su gran acierto. Ése y fichar a Allison Janney y Lizzy Caplan.



6. Game of Thrones
Otra temporada fantástica de Game of Thrones. Quizás un poco inferior a la tercera, que estuvo mejor hilada, pero aún así maravillosa. Capitaneada por los Lannister la serie siguió reflexionando sobre el poder como máquina de devorarlo todo, empezando por los propios seres humanos que lo poseen o pretenden conseguirlo. Además nos abrió la puerta a Dorne, nos ofreció a unas chicas Stark que ya han madurado definitivamente, aumentó la tensión y la oscuridad de las tramas del norte y nos dejó no pocas peleas (tanto físicas como verbales) de gran altura. En el lado de los peros, no haber dado más tiempo a los acontecimientos de la season finale y sobre todo la trama de Daenerys, muy anquilosada.



5. House of Cards
No tiene pocos detractores la adaptación USA de las novelas de Michael Dobbs. Sobre todo aquí. Entiendo algunas críticas, y soy el primero en reconocer que desde luego no es una ficción redonda. Más bien al contrario, está compuesta de múltiples y afiladas aristas. Sin embargo me parece una serie adictiva. Una fascinante reflexión sobre el cinismo y la podredumbre que rodea a la política de alto nivel. Y además es un thriller negrísimo que te va envolviendo en sus trampas, como si fueras otra víctima más de Frank Underwood en su ascenso a la cima del poder (o en su descenso a los infiernos). En House of Cards la escala de medir no está compuesta de grises. Todo en ella es negro. Todo apesta. Y entiendo que a mucha gente eso la haga desconectar, que no haya asideras emocionales o morales a las que se agarrarse, que todo el mundo sea malo, que todo esté podrido. Además de un tratado sobre el cinismo estamos ante un tratado sobre el pesimismo.



4. True Detective
Irrumpió, con justicia, como un vendaval en el mundo seriéfilo. Una serie que cogía un género mil veces explorado como el de la pareja de detectives a la caza de un asesino en serie, y lo llevaba a territorios sin explorar. 8 capítulos pensados como un todo, escritos por el mismo guionista, Nic Pizzolatto, estructurados en inicio, nudo y desenlace. Fieles a un tempo narrativo particular, que jugaban con los saltos en el tiempo y la verdad y la mentira como elementos narrativos. Y además de eso, un empaque visual inusual para el medio televisivo, con Cary Fukunaga como único director que desde el principio creó una atmósfera abrasiva y deprimente en que poner a bailar a unos personajes hasta arriba de mierda. True Detective no ha inventado nada, simplemente ha encontrado otra forma de contárnoslo… ¿simplemente? No, tiene un mérito descomunal. Cuando veía True Detective se apagaba el mundo a mi alrededor. Sólo había pantanos, apellidos franceses (¡viva Louisiana!) y dos pobres diablos jodidos en el pasado y el presente. Sin duda, qué bueno que llegaste… True Detective.



3. Mad Men         
No soy capaz de verle el desgaste a Mad Men. Lo único que veo es evolución lógica de los personajes, de la historia. Me sigue pareciendo un brillante relato sobre las miserias de la vida. Creo que sigue golpeando el corazón de la misma forma que lo hacía al inicio. Y además este año ha sido pura melancolía. O más que melancolía, frustración por los errores cometidos. También ha ahondado en la familia como trampa y como refugio. Y ha reflexionado sobre como la vida profesional a veces se apodera de todo, quedándose con todos nuestros sueños, nuestras aspiraciones. Todos estos temas los han soltado Weiner y su equipo para hacer que nos cuestionemos nuestras propias prioridades, que pensemos en qué nos quedará cuando ya no nos quede nada. No es un mensaje de “el trabajo mata a las relaciones personales”, más bien va en la dirección de que trascender, hacer algo importante, sentirse realizado, está relacionado tanto con la ambición profesional como con los sentimientos humanos. Como siempre… ouch.



2. The Good Wife
Como ha sido de lejos sobre la serie que más he escrito en el blog este año, llego a la meta sin saber muy bien qué añadir ya. Inteligente, incisiva, delicada, triste, crítica, valiente. Todo eso es The Good Wife y sobre todo esta quinta temporada tan redonda que nos ha ofrecido el matrimonio King. Posiblemente tenga la maquinaria narrativa más precisa de la televisión actual. Todo lo que en ella pasa está trabajado, no existe el deus ex machina, todo es natural, orgánico, todo va hacia una dirección. Esta serie sobre una mujer de ambición y problemas sentimentales crecientes, lo único que sabe hacer es ir hacia adelante. Y no le importa meterse en los líos más espinosos, ya sea la vigilancia indiscriminada de la NSA, la muerte y el sentimiento de pérdida o la corrupción política. Y su gran acierto es que lo hace con un sentido del humor muy fino, que salpica las situaciones más descorazonadoras con chascarrillos. Si a todo esto le sumamos que ha construido a una de las protagonistas femeninas más complejas de la historia de la televisión y a su alrededor ha ido creando una maraña de secundarios e invitados fascinantes, lo que tenemos es la serie con el mejor reparto de la televisión y posiblemente la que mejor nos habla del mundo en el que vivimos.



1. Breaking Bad



Que la serie de Vince Gilligan es ya historia de la televisión es algo que no creo que nadie ponga en duda. Que sus últimos 8 capítulos han sido uno de los mejores finales realizados por cualquier serie espero que tampoco. Si los 8 anteriores que ganaron el Emmy el año pasado funcionaron como introducción al final, como preparación, estos últimos 8 han sido la traca final. Y me han dejado sin aliento de tanto intentar contenerlo y fracasar, y sin palmas de tanto aplaudir. Cuando conoces a la perfección la serie que haces, has construido a un grupo de personajes tan ricos y has plantado durante años semillas tan poderosas, lo único que puedes obtener al final son éxitos. Siempre termino hablando de Ozymandias pero todos y cada uno de estos 8 capítulos es un éxito en sí mismo, una joya a revisionar a lo largo de mi vida una y otra vez. El final de Breaking Bad me ha dolido y me ha encantado. Me ha dejado con la boca abierta, a veces durante minutos, ha cerrado todo lo que tenía que cerrar y les ha dado a los personajes todo lo que necesitaban. Así es como se cierra una historia. Una de las más grandes jamás contadas en televisión. 

martes, 14 de enero de 2014

Tiempos de persecución

TRUE DETECTIVE



Tras meses de espera (y hype) HBO por fin ha estrenado True Detective, una de sus apuestas más ambiciosas de los últimos años. Un policíaco sub sección caza al asesino, que tendrá (si es renovado) una estructura a lo American Horror Story, narrando cada temporada un caso diferente protagonizado por actores también diferentes, ofreciendo así al espectador historias cerradas de antemano, garantizando que no le harán en la season finale un Veena Sud en The Killing (entiéndase giros tróspidos para alargar el misterio innecesariamente). Curiosamente, su creador y showrunner, Nic Pizzolatto, proviene de esa serie, lo cual se nota en dos de los pilares de esta nueva serie: la atmósfera y la compleja relación entre los dos detectives protagonistas, interpretados (muy muy bien) por Matthew McConaughey y Woody Harrelson.

Teniendo en cuenta que el caso discurre a lo largo de dos décadas, y a priori parece que será bastante complejo, el otro gran anclaje que muestra True Detective en su primer capítulo es la valiente apuesta por una compleja estructura narrativa. Estamos acostumbrados a los flash-backs y a los flash-forwards en televisión (Lost y Damages los convirtieron en señas de identidad), pero no a una secuenciación temporal tan caótica e indeleble. Normalmente cuando en los productos televisivos juegan con el tiempo marcan mucho los saltos para garantizar que el espectador no se pierda. En cambio, en True Detective la sucesión de secuencias no sigue ninguna linealidad, no hay una línea temporal principal clara y saltos hacia el futuro o el pasado. A nivel macro el capítulo se mueve entre el año 95 y el año 2012 (muy bueno el trabajo de peluquería y maquillaje), sin embargo dentro del propio año 95 la serie va dando saltos hacia delante y hacia atrás, jugando con la narración de los hechos que los dos protagonistas van haciendo desde el año 2012. Una presentación de las coordenadas temporales muy compleja, quizás las más compleja que recuerdo haber visto en televisión (otra paso más en la aproximación la narración televisiva a la cinematográfica). Y sin embargo logran ser sutiles y a la vez muy claros, gracias a un guion muy trabajado, a unos actores en estado de gracia y a una labor de dirección impecable.

Dirige este primer capítulo, y en realidad toda la temporada (lo cual es muy poco usual), Cary Fukunaga, director de la mexicana Sin nombre (2009) y la adaptación de Jane Eyre que en 2011 protagonizaron por Mia Wasikowska y Michael Fassbender, confirmando lo que ya apuntaba en aquellas películas, la plasticidad de sus imágenes y la relevancia visual y narrativa del paisaje. Aún siendo una primera toma de contacto las sensaciones que deja True Detective no podrían ser mejores: una serie cuidada, escrita con mucha inteligencia, sostenida sobre las espaldas de dos actores en el mejor momento de su carrera, dotada de mucha personalidad y con un los suficientes mimbres para desarrollar ya no un caso complejo e interesante, sino sobre todo para explorar el lado más oscuro de la mente humana, quizás más en la línea de la insana Hannibal que en la de la analítica y sociológica Bron/Broen.