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miércoles, 18 de febrero de 2015

Los No-Oscar 2014 III: Guion original y Guion adaptado

GUION ORIGINAL

5. Mark Heyman y Craig Johnson por The Skeleton Twins
Cuando vi esta película dije algo así como que sería el tipo de guion que yo escribiría si tuviera talento. Más allá de lo descacharrante que es como comedia dramática, lo que me gusta de este guion es esa complicada mezcla entre ser muy crítico con sus personajes pero a la vez muy indulgente. Casi todo el film es una sucesión de bofetadas dadas con cariño. Caricias que hacen daño pero que reconfortan. Estos dos hermanos distanciados se aman haciéndose daño. O más que haciéndose daño, diciéndose las verdades de la forma más hiriente posible. Esto provoca que el film sea una sucesión de catarsis emocionales. Una constante explosión de risas y sentimientos. Me hizo sentirme muy feliz y muy triste. Es una película con unos diálogos y unos chistes fantásticos.

4. Gillian Robespierre por Obvious Child
Hacer una romcom crítica e inteligente es un reto muy ambicioso, y Gillian Robespierre no sólo no se estrella sino que ha firmado uno de los hitos cinematográficos de mi año. 80 minutos de ironía, cinismo, reflexión y amor. Robespierre trata con mucho cariño a sus personajes, escriba unas frases muy agudas y tiene la valentía de hacer girar una romcom en torno a un debate tan espinoso como [SPOILERS] el del aborto. Es una versión acelerada y descacharrante del estilo de comedia dramática de Girls. Me reí a mandíbula abierta y también me emocioné. Es una película inteligente.

3. Damián Szifrón por Relatos Salvajes
Escribir la película más ácida y graciosa del año es algo digno de ser aplaudido. Aunque no todos los relatos funcionen igual de bien, o estén escritos con la misma elegancia o precisión, todos aportan una nueva arista a ese sistema al que Szifrón le presenta a una enmienda a la totalidad. Hacer que situaciones trágicas resulten hilarantes, y que aún así sigan siendo muy duras, muy amargas, es complicadísimo. Una película tan arriesgada, casi kamikaze, como Relatos Salvajes pudo haberse caído con todo el equipo, y sin embargo es el film de este año que más pueden disfrutar todo tipo de públicos. Estamos corrompidos hasta el tétano, quizás reírnos de ello sea una buena forma de afrontarlo.

2. Jean-Pierre y Luc Dardenne por Deux jours, une nuit
Los Dardenne se alejan del exceso de catastrofismo de sus películas anteriores (esto, obviamente, es una opinión meramente personal), y salvo un giro dramático catártico pero innecesario (y que aún así funciona), dibujan una película que es todo fluidez y naturalidad. En un año en el que las redes sociales nos han sometido cinematográficamente a la frase “es la vida”, desde luego Deux jours, une nuit es la vida. O más que la vida es la Europa en la que nos hemos convertido. La crónica de la muerte anunciada del Estado del Bienestar. Estoy seguro que dentro de unos años se reflexionará sobre el arte que se hizo en el marco de la crisis económica, y que esta película será una obra capital dentro de esa ¿corriente?. Deux jours, une nuit no tiene grandes frases, soberbias declaraciones de intenciones, speechs brillantes, simplemente es el via crucis de una pobre mujer intentando mantener su puesto de trabajo mientras intenta recomponerse a sí misma. No hay nada de impostura en esta película. Su naturalidad, su cercanía, ser un film tan palpable, es lo que la hace una película tan buena.

1. Xavier Dolan por Mommy

En un mundo en el que el diagnóstico masivo de enfermedades como el TDAH se ha vuelto una herramienta de control (Dios, Foucault, ¿qué has hecho conmigo?) de la juventud, Mommy es una película ya no sólo necesaria, sino urgente. Más allá de la idea inicial, y de los debates que plantea sobre la maternidad, la adolescencia, la soledad o la importancia de la familia y el amor, más allá de todo eso, la gran baza de Mommy es su sensibilidad. Ya no es sólo lo que cuenta sino cómo lo cuenta. El Xavier Dolan guionista ha adquirido una profundidad a la hora de escribir que antaño no tenía. Escribir emociones es un reto muy complejo. Manejar las micro-explosiones de unos personajes a punto de romperse también. El guion de Mommy es una delicia.

GUION ADAPTADO

5. Richard Glatzer y Wash Westmoreland por Still Alice
El gran mérito del guion de Still Alice es no caer en dramatismos y estridencias innecesarios. Si la película se sustenta en su totalidad en la interpretación de su actriz protagonista, el guion es la arcilla con la que esta puede trabajar, y los diálogos y situaciones naturales y razonables que proponen se vuelven grandes armas en manos de Julianne Moore. No es una película ingeniosa, ni tampoco especialmente profunda, es el relato de una persona que se va olvidando de existir, de ser ella misma. Su sencillez es su gran mérito y en el año más flojo que recuerdo de guiones adaptados, es suficiente para que la ponga en esta lista.

4. James Gunn y Nicole Perlman por Guardians of the Galaxy
No es que yo sea el mayor fan de Marvel y su plan de dominio cultural global. De hecho, más bien soy de los que aplaudió las ostias que le asestaron Iñárritu y compañía en Birdman. Partiendo de esta base, Guardians of the Galaxy ha sido, de lejos, la película del imperio que más me ha gustado hasta ahora. Mezcla con solvencia acción, humor y referencias culturales (la BSO es genial). Hay gags que son demasiado infantiles, pero tiene diálogos chispeantes y la historia es muy entretenida.

3. Andrew Bovell por A most wanted man
Adaptar a Le Carré no es un reto fácil de superar con buena nota. Por un lado, por la complejidad de sus tramas/misterios y por la frialdad de sus personajes; por otro lado, por la dificultad de estar a la altura de adaptaciones anteriores del mismo autor, como The Spy Who Came In from the Cold, The Constant Gardener o Tinker, Tailor, Solider, Spy. Y sin ser la mejor adaptación de Le Carré, ni conseguir librarse de esa sensación de frío que desprende el material, estamos ante un buen thriller de espías post-11 S. El misterio está bien hilado y el personaje interpretado por Philip Seymour Hoffman funciona a las mil maravillas.

2. Bong Joon-ho y Kelly Masterson por Snowpiercer
Un tren que no puede detenerse cruza un mundo helado cargando con los restos de una humanidad estratificada socialmente en los vagones del mismo. Con una premisa tan jugosa como peligrosa, Snowpiercer ha sido una de las películas más especiales y curiosas de 2014. Podría haber sido un despropósito, y si es cierto que el tramo final casi llega a descarrilar, estamos ante uno de los grandes divertimentos del año cinéfilo. Ácida, inventiva, ingeniosa, llena de acción y con pequeñas pullas y hasta cierto nivel de crítica social (no demasiado elaborada, conste), desde luego estamos ante una buena película, de esas que deberían producir los grandes estudios de Hollywood.

1. Gillian Flynn por Gone Girl

Junto a la ausencia de The Lego Movie en la categoría de animación, que Gillian Flynn no estuviera nominada al Oscar por adaptar su propio best-seller fue el gran shock del anuncio de las candidatas a los Oscar 2014. Tiene muchísimo mérito hacer un film salvajemente comercial que a la vez sea terriblemente cínico, crítico, oscuro y tenga mil capas de lectura y genere una gran cantidad de debates: desde la crisis matrimonial, la caída del hombre blanco de clase media, el crash del sistema económico, la banalización de los medios de masas o la momificación de la vida suburbial. Gone Girl es un brutal retrato de nuestro tiempo, de nuestras sociedades occidentales. Y además es un thriller adictivo, que corre siempre hacia adelante, a golpe de giro narrativo. Es el mejor ejemplo de drama adulto de masas, sobre el que se debería cimentar la industria cinematográfica. Flynn maneja muy bien la tensión y escribe unos diálogos cargados de acidez. Un gran trabajo. El mejor guion adaptado del año, con mucha diferencia.

martes, 17 de febrero de 2015

Los No-Oscar 2014 II: Fotografía y Diseño de producción

FOTOGRAFÍA

5. Sharone Meir por Whiplash
Poco se ha hablado de la fantástica fotografía de luces y sombras muy marcadas de Whiplash. Precisamente esa exposición constante a la que somete a los planos (y a sus personajes) hace que la película se convierta en toda una experiencia física, todo lo que pasa en plano lo podemos observar, el movimiento de los instrumentos, los fluidos que expulsan los protagonistas, sus rostros siempre al borde de la histeria. Un fantástico trabajo.

4. André Turpin por Mommy
Si Mommy desprende tanta vitalidad es, en gran medida, por la fotografía de Turpin, con esos tonos amarillos y esos infinitos cielos azules. Estamos ante una fotografía que es pura luminosidad. Y eso se transmite al espectador. Mommy podría haber sido una película terriblemente dura, triste, y sin embargo tiene un halo esperanzador, transmite ganas de vivir, Dolan y Turpin trabajan muy bien juntos, se complementan perfectamente, y el resultado es una película llena de energía, sobre todo en las secuencias diurnas y rodadas en el exterior.

3. Bradford Young por Selma
Tras maravillarnos el año pasado con su lubezkiano trabajo para la malickiana Ain’t them bodies saints, este año Bradford Young se ha confirmado como uno de los directores de fotografía a tener en cuenta en las próximas décadas con A most violent year y Selma. Young da al film de DuVernay un look visual entre añejo y ensoñado. Como si fuera un sueño fugaz de una siesta. O como si estuviera bañado en gas lacrimógeno. Apaga los contrastes para sumir al conjunto en la niebla y casa muy bien con el estilo que DuVernay le imprime a las secuencias (sobre todo a las que retratan la violencia).

2. Jeff Cronenweth por Gone Girl
El principal pero que se le puede poner al trabajo de Cronenweth es que no aporta nada nuevo a su propio estilo, simplemente lo perfecciona, lo pule. El estilo visual del dúo Fincher-Cronenweth está tan definido, con esa fotografía gris azulado para el día y naranja para la noche que, efectivamente, Gone Girl no presenta ninguna diferencia con respecto, sobre todo, a las dos anteriores películas de uno de los mejores dúos artísticos del cine actual. Dicho esto, obviamente la fotografía vuelve a ser excelente, sobre todo en los espacios cerrados y en las secuencias nocturnas. Una película que habla de personas de vidas grises que se mueven entre las penumbras y las mentiras, necesitaba a un director de fotografía que supiera iluminar esos sentimientos, esas entrañas podridas, y Cronenweth es ese director, sabe perfectamente como pintarnos las partes más oscuras del ser humano, como atenuar los rostros o cómo convertir al espacio en otro protagonista.

1. Hoyte Van Hoytema por Interstellar

Van Hoytema se ha convertido en el último lustro en uno de los directores de fotografía más interesantes del panorama actual. Desde su extraordinaria (e injustamente ninguneada) fotografía de Tinker, Tailor, Soldier, Spy hasta su sutil trabajo para la Her de Spike Jonze. En su trabajo más ambicioso da una nueva estética al cine de Nolan, menos oscura y nocturna, más desgastada, como ese mundo al borde de la destrucción. Interstellar combina la suciedad de los planetas, las naves y las casas, con la espectacular recreación de un espacio lleno de misterios. La luz en Hoytema es esperanzadora, cálida. Una jodida maravilla.

DISEÑO DE PRODUCCIÓN

5. Kim Jennings y Elizabeth Keenan por Selma
Hemos visto muchas recreaciones de los años 60 en Estados Unidos. Esas ciudades y esos barrios residenciales de blancos. Pero muy pocas veces hemos echado un ojo a las ciudades americanas desde la perspectiva de los negros. Cómo eran sus casas, sus cafeterías y sus calles. El pueblo de Selma se convierte en un pequeño teatro en el que Ava DuVernay mezcla a dos razas condenadas, finalmente, a entenderse, y lo hace con una recreación muy interesante.

4. Jess Gonchor y Kathy Lucas por Foxcatcher
Si Foxcatcher es una película tan gélida, tan lapidaria, tan perfeccionista, trazada con líneas rectas pero que habla de personajes tan torcidos, es, en parte, gracias a su espectacular diseño de producción. Esos espacios agobiantemente amplios. Esa opulencia feísta. Esa frialdad asfixiante que provocan esas estancias tan inhóspitas. Bennett Miller sabía muy bien lo que la historia necesitaba. Un señor trabajo.

3. Donald Graham Burt y Douglas A. Mowat por Gone Girl
Año tras año vemos como la Academia ignora a trabajos muy interesantes (y relevantes narrativamente) por el mero hecho de estar ambientados en la actualidad o en el pasado reciente. Las casas abiertas pobladas de sentimientos encerrados, que pueblan Gone Girl, componen, desde luego, un diseño de producción muy estimulante y medido al milímetro. No es un trabajo que luzca, pero ayuda a construir el clima del film como muy pocos este año.

2. Ondrej Nekvasil y Beatrice Brentnerova por Snowpiercer
Ese tren en el que cada vagón es un mundo completamente distinto al anterior, merecía más reconocimiento. En general, Snowpiercer lo merecía. El diseño de producción no sólo es brillante y detallista, sino que además está cargado de mucha mala ostia. Un trabajo muy imaginativo y sin el que la película no sería ni la mitad de divertida y estimulante. El diseño de producción hace que el recorrido por ese tren de desgracias y maravillas sea puro gozo visual.

1. Kevin Thompson y George DeTitta Jr. por Birdman

Hace 2 años, la Academia decidió darle el Oscar en esta categoría a Lincoln frente a uno de los diseños de producción más brutales que jamás haya visto servidor, el de Anna Karenina. Este año, el de Birdman, tan relevante narrativamente como aquel, ni siquiera ha podido colarse en la terna. Ha pagado caro, supongo, el hecho de que la película esté ambientada en la actualidad. Más que en ninguna película de este año, los decorados son parte fundamental del film, puesto que tuvieron que amoldarse a la perfección a la planificación que Iñárritu y Lubezki hicieron a la hora de rodar ese monumental  plano-secuencia falso. El Oscar debería ganarlo The Grand Budapest Hotel, pero Birdman debería haber estado nominada en esta categoría.