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martes, 29 de diciembre de 2015

Mis 50 ficciones televisivas de 2015: del 50 al 26

50. Bloodline (Netflix)
El equipo detrás de Damages, volvió al mundo seriéfilo de la mano de Netflix para contarnos la historia de una familia, cuya estabilidad salta por los aires al regresar a casa la oveja negra de la misma. Bloodline es un drama familiar que se cuece a fuego lento, pero que va increscendo hasta llegar a tres capítulos finales sensacionales. Su mejor baza es un reparto fabuloso. Su principal hándicap que requiere paciencia. Slow tv en estado puro.

49. Deutschland 83 (RTL/Sundance Channel)
Pocas veces el mundo del audiovisual ha reflexionado sobre la Guerra Fría desde la perspectiva de los alemanes (tanto occidentales como orientales). Deutschland 83 lo hace, completando, en cierta forma, el retrato que construye The Americans en USA a través de los puntos de vista americano y ruso. Deutschland 83 sigue los pasos de un joven espía de la RDA que se hace pasar por un militar en la RFA. A través de sus relaciones personales y profesionales vamos descubriendo cómo era la Alemania de la Guerra Fría y cuán cerca estuvo de saltar por los aires. Para todos aquellos interesados en la historia contemporánea será una delicia.

48. Okkupert (TV2)
USA desarrolla una forma de auto-abastecerse energéticamente, se terminan las reservas de petróleo y Noruega, que acaba de aupar a un Primer Ministro preocupado por los efectos del cambio climático, paraliza la extracción de crudo, a pesar de las amenazas de la Unión Europea y Rusia. Ante tamaña crisis energética, Rusia, con el beneplácito de la UE, ocupa pacíficamente Noruega, poniendo a su gobierno en una terrible situación. Okkupert nos ofrece una distopía que huele a presente. Plausible y peligrosa. Gobiernos secuestrando la voluntad popular de países que no son los suyos. Creo que esto ya lo hemos vivido.

47. Community (Yahoo)
La sexta y última temporada de Community tuvo momentos brillantes (el cap de la mano gigante y, sobre todo, la series finale) pero también tuvo capítulos muy anodinos. La irregularidad congénita de la serie de Dan Harmon se agudizó, aunque los golpes de genio de sus guionistas permitieron que la serie siguiera siendo interesante. No vimos a la mejor Community, pero aún así siguió siendo una de las comedias más ingeniosas de la televisión. 

47. Rick and Morty (Adult Swim)
De una serie de Dan Harmon, a otra. La animación permite a la sci-fi explorar mundos e ideas que en imagen real, por cuestiones presupuestarias y/o técnicas, son difíciles de llevar a cabo. Rick and Morty aborda temas complejos, acercándolos al espectador medio y construyendo, a la vez, una comedia negrísima. Dejad volar a vuestra imaginación y a vuestra risa.


45. Togetherness (HBO)
La crisis de la mediana edad puede ser muy dura. Sobre todo cuando descubres que estás insatisfecho con tu vida. Tanto a nivel profesional como emocional. Eso es lo que les pasa a los cuatro protagonistas de Togetherness. No les gustan sus vidas y eso hace que sufran y que hagan sufrir a los que los rodean. Esta comedia dramática resulta enternecedora porque consigue transmitir la terrible sensación de estar completamente perdido.

44. Unbreakable Kimmy Schmidt (Netflix)
La comedia con el opening más pegadizo y la canción más descacharrante (Pinor Noir) del año, tenía que estar en esta lista. Unbreakable Kimmy Schmidt sigue los primeros pasos por NYC de una chica que estuvo durante años encerrada en un búnker por el líder de una secta. Con una premisa tan bestia, cabría esperar que la serie fuera más ácida y salvaje, pero no, Kimmy Schmidt es entrañable y dulce. Risas garantizadas.

43. Mom (CBS)
La sitcom tragicómica protagonizada por Anna Faris y Allison Janney sigue siendo una de las series más graciosas de la televisión. A mí siempre me hace reír. Combina con maestría las carcajadas con las puñaladas emocionales. Tras un chiste sobre drogas o vaginas (o ambas cosas) da un giro dramático y te deja al borde de la lágrima. Tiene ese don.


42. Girls (HBO)
Aunque no haya sido mi temporada favorita de la serie de Lena Dunham (ni mucho menos), Girls sigue siendo una de las series que más me interesan de la televisión, incluso cuando no me la creo. Dunham es una autora relevante porque tiene una voz propia y una forma estimulante de ver el mundo, o más bien, de vernos a nosotros, veinteañeros a la deriva.  Tengo muchas ganas de enfrentarme al quinto asalto.

41. El Ministerio del Tiempo (TVE)
El gran logro de El Ministerio del Tiempo es demostrarnos que en España se puede hacer una serie para el público masivo inteligente, divertida y didáctica. Éste es el camino que debería seguir nuestra televisión pública. Nuestra historia y nuestra cultura son dos minas de oro que no han sido aún suficientemente explotadas. Y no podemos entender el mundo en el que vivimos sino reflexionamos primero sobre nuestro pasado.

40. American Crime (ABC)
El oscarizado guionista de 12 years a slave, John Ridley, ha alumbrado en ABC una lúcida, compleja e inteligente reflexión sobre el racismo, la violencia y el dolor que éste produce. En American Crime no hay buenos, ni malos, sólo personas intentando sobrevivir en circunstancias extremas. American Crime ha sido, sin duda alguna, una de las apuestas más arriesgadas de las networks americanas este año.

39. Jordskott (SVT)
Lo policíaco, lo paranormal y la denuncia, se dan la manos en Jordskott, una serie que gira en torno a la desaparición de unos niños en un pueblo rural de Suecia, dónde la contaminación y la destrucción de la naturaleza provoca estragos. Jordskott podría haberse estrellado, y sin embargo, es todo un triunfo en todos y cada uno de los planos en los que juega. Quizás sea demasiado fría, pero logra que el espectador se zambulla en el micro-mundo que crea.

38. Downton Abbey (ITV)
Y Downton Abbey llegó a su fin. Tras 6 temporadas y varias décadas narrativas, los Crawley y su servicio se han despedido de los espectadores. Termina así el gran culebrón de qualité de la televisión. Un drama salpicado de comedia que lograba hacer que te sintieras como en casa al sentarte a verlo. Julian Fellowes se propuso contarnos el paso de la sociedad inglesa de la época victoriana a los preámbulos de la II Guerra Mundial. Y lo consiguió. Downton Abbey es, en el fondo, la crónica de la decadencia de la nobleza británica.

37. Catastrophe (E4)
Dos cuarentones se acuestan repetidas veces durante un viaje de trabajo de él a Londres. Ella se queda embarazada. Ambos tienen que lidiar con las consecuencias y afrontar la madurez vital juntos. Catastrophe es una de las series más genuinamente graciosas de la televisión de este año. Nada es fingido en ella. Las personas somos así: somos lo peor, por eso nos queremos los unos a los otros.

36. The Knick (Cinemax)
Un drama médico/racial (ojo al concepto) en la Nueva York de principios del S.XX. Eso es The Knick. Pero lejos de ser una serie de época, es una de las obras más modernas, arriesgadas y extremas de la televisión actual. Hipnótica, escalofriante e intensa. Drogas, vísceras y violencia se cruzan en una serie que te atrapa en su mundo sórdido y frío. Visualmente hay pocas series más estimulantes hoy en día. Steven Soderbergh es un maestro.

35. Inside Amy Schumer/Amy Schumer Live at the Apollo (Comedy Central/HBO)
2015 es el año en que el schumerismo implosionó salpicándolo todo. La cómica americana ha sabido construir a través de su programa de sketches, su rom-com de Hollywood y sus apariciones públicas una reflexión sobre el machismo imperante en la sociedad. Si bien es cierto que Trainwreck no deja de ser un film tradicional que se cree mejor, y más transgresor, de lo que es, Inside Amy Schumer ha sido capaz de edificar un discurso feminista muy poderoso que ha sido capaz de hacer reír y hacer reflexionar.

34. Silicon Valley (HBO)
En un mundo en el que las grandes empresas tecnológicas cada vez son más poderosas, era imprescindible rodar una sátira que nos explicara sus entresijos y nos mostrara lo salvaje que es esa industria. Silicon Valley es esa sátira. Es una serie graciosa, aguda e inteligente. Tiene una larga vida por delante, porque hay mucha tela que cortar en el universo de las multinacionales tecnológicas.

33. Unreal (Lifetime)
¿Cómo son las entrañas de un programa de un reality? Incluso más nauseabundas que su apariencia. Unreal nos muestra cómo se manipula la realidad para construir un relato televisivo adictivo. Y al hacerlo se convierte ella misma en adictiva. La diferencia radica en que Unreal es televisión de calidad sobre televisión basura, y Everlasting (la copia nada disimulada de The Bachelor) es sólo eso: basura.

32. 1992 (Sky Italia)
Esta serie es, quizás, uno de los mejores y más completos retratos de la corrupción que se han hecho en televisión. 1992 narra el colapso del sistema político italiano, noqueado por una devastadora corrupción que gangrena las entrañas de sus principales partidos, noqueando a la todopoderosa Democracia Cristiana. Un caldo de cultivo que llevaría a la llegada al poder de Silvio Berlusconi. Todo ello está contado a través de diversos personajes, cuyas vidas se ven afectadas por el clima sociopolítico. 1992 es una serie demasiado desequilibrada (personajes muy interesantes, frente a otros que no lo son) pero no por ello deja de ser interesante. Y más cuando en nuestro Estado estamos viviendo algo similar.

31. Better Call Saul (AMC)
No era fácil rodar un spin-off de una de las mejores series de la televisión, Breaking Bad, y salir airoso. Pues bien, Better Call Saul no sólo es respetuosa con el universo de la serie madre, sino que además es una obra independiente sensacional. No se mueve en las coordinadas de peligro constante de Breaking Bad, pero aún así resulta apasionante. Una sensacional forma al servicio de un relato que va de menos a más, explicándonos como el pobre Jimmy se convirtió en el caradura Saul. Todo un éxito.

30. Cucumber (E4)
Las insatisfacciones que vamos acumulando a lo largo de nuestras vidas pueden terminar estallando llevándose todo por delante. En Cucumber, una pareja, a priori sólida, salta por los aires  enseñándonos que lo que parecía amor y confianza, escondía frustración y rencor. Cucumber es una comedia negrísima (God save UK) y un drama terrible. Tiene además una de las secuencias más impactantes del año, presidida por el La la la de Massiel.

29. Halt and catch fire (AMC)
Si en la primera temporada de Halt and catch fire vimos la expansión de los PC, en la segunda nos mostraron el inicio de las redes sociales. Quizás perdió parte del factor sorpresa que la hizo tan hipnótica en su primer curso, pero Halt and catch fire volvió a ser una de las series más sorprendentes (y con más personalidad) de la televisión. Larga vida a Donna y Cameron, esas pioneras en un mundo de hombres.

28. Bron/Broen (SVT/DR)
Con su tercera temporada Bron/Broen ha revalidado su título de “la gran serie nórdica”. Es difícil estar a su nivel, básicamente porque pocas series a nivel mundial leen tan bien la sociedad que retratan. Bron/Broen se sumerge en las miserias de las, a priori, paradisíacas sociedades nórdicas, mostrándonos que no es oro todo lo que reluce. Las pacíficas y avanzadas sociedades nórdicas también tienen desequilibrios, problemas, integrismos y peligros. En esta temporada han sacado a relucir la proliferación de postulados de extrema derecha. Y lo han bordado. Otro caso adictivo.

27. Parks and Recreation (NBC)
Tras dar un salto hacia el futuro en el final de su penúltima temporada, Parks and Recreation, una de las mejores sitcoms de la historia televisión, se despidió con una entrega rodada por y para los fans. Entrañable hasta el coma diabético. Graciosa, preciosa y emotiva. Leslie Knope y sus compañeros del servicio municipal de parques de Pawnee han tenido una gran vida. Tan grande como la serie, que será considerada con el paso de los años un clásico de la comedia televisiva.

26. Wolf Hall (BBC)
¿Hasta qué punto es real la historia que nos inseminan desde niños? Si la historia la cuentan los que ganan, cómo sabemos que los que pierden están justamente representados. Wolf Hall viene a cuestionar el dibujo que ha hecho la historiografía inglesa de Thomas Cromwell, mano derecha de Henry VIII, que siempre ha sido dibujado como un animal sediento de poder. En la piel del gran Mark Rylance, Cromwell se vuelve un personaje fascinante. Un superviviente en las entrañas del poder. 

martes, 18 de agosto de 2015

Las series del verano 2015

Ahora que ya estamos a mediados de agosto, y por lo tanto ya tenemos 2/3 del verano a nuestras espaldas, es el momento de repasar cuales han sido (o están siendo) las series más interesantes de la estación más desahogada del año en cuanto a consumo de ficciones televisivas se refiere. Mi noción del verano es amplia, así que tengo en cuenta una serie que se puso a disposición de los espectadores a principios de junio, cuando el calor ya apretaba. Si hubiera unos Emmys del verano, éstas serían mis nominadas a mejor serie:

7. Hannibal (NBC)
La serie moribunda más ilustre de la televisión americana. Desde que NBC anunció su cancelación, estamos asistiendo al via crucis de una ficción que estaba condenada a morir desde sus inicios. Demasiado esteta para este mundo. Este año, además, parece que Fuller, Natali y demás implicados se hayan empeñado en que esa condena se llevara a cabo. La tercera temporada del drama psicológico entre Will Graham y el doctor Hannibal Lecter ha sido un “para lo que me queda en el convento, me cago dentro” en toda regla. Hannibal ya no es una ficción narrativa, ha ido un paso más allá, simplemente es una experiencia sensitiva. Ya da igual el relato, lo único que importa es la cruel belleza de sus imágenes. No hay nada igual en la televisión, por eso es tan terrible que se vaya a terminar, no ya sólo para sus espectadores, sino también para el medio, para las series de televisión como arte y como producto cultural.

6. BoJack Horseman (Netflix)
Vi la primera temporada de BoJack Horseman a finales de mayo, por recomendación de un amigo que me aseguró que me iba a encantar. Y sí, lo hizo. A otro amigo se la ha definido esta mañana como “una The Comeback más oscura”. O más que oscura, pesimista. BoJack Horseman es una de esas series, como Mom, por ejemplo, con la que me río muchísimo pero que a la vez me hace mucho daño. Su protagonista es un actor caballo que triunfó en los 90 con una sitcom familiar tipo Padres forzosos o Los problemas crecen, y que ahora, emocionalmente devastado, vive rodeado de alcohol e insatisfacción. Pero no nos llevemos a engaño, BoJack Horseman es una gran comedia, cínica, meta, oscura y retorcida, pero una comedia al fin y al cabo. Una crítica a la totalidad del lado más oscuro de Hollywood, o en el mundo de la serie, Hollywoo. Es la pareja perfecta de la serie de la que hablo a continuación.

5. Unreal (Lifetime)
Quizás ésta haya sido la serie más comentada del verano. Y no me extraña. Unreal es lo que podríamos llamar una devastadora y descacharrante “ensalada de ostias”. La serie gira en torno al rodaje de un programa tipo ¿Quién quiere casarse con mi hijo?. Está basada en The Bachelor, un programa de ABC en el que trabajó una de sus dos creadoras. Las protagonistas son dos mujeres, la productora ejecutiva (la jefa de todo esto que diría Lars von Trier) y una productora con problemas de conciencia (y de crisis mental y emocional), interpretadas, magistralmente, por Constance Zimmer y Shiri Appleby. En medio de sus diversos juegos de manipulación de la realidad, el teórico creador del programa, el “tronista”, las pretendientas y el cámara. A veces Unreal parece ¡Qué ruina de función! con sus enredos de cama y su comedia disparatada, y otras un despiadado drama sobre las vergüenzas de la televisión que grita ¡Network vive!

4. Mr. Robot (USA Network)
¿Una serie de USA Network con Christian Slater? No me acerco a “eso” ni con un puntero láser. Error. Craso error. Mr. Robot no sólo es buena, sino que ha venido a sacudir el panorama de la ficción televisiva actual. Además de brillante es imaginativa. Un informático con serios problemas de conexión emocional y para relacionarse socialmente acaba metido en una conspiración de hackers que pretenden destruir a una macro-corporación que se dedica a corromper todo lo que toca, de ahí que se llame, sin ambages, Evil Corp. Entre el drama íntimo y el thriller psicológico, Mr. Robot es una serie en la que cada capítulo aporta una cara nueva a los diversos personajes y conflictos de la serie. Lejos de resolver nada, cada vez sus personajes están más atrapados. Ya sea el héroe imposible, su mejor amiga o su némesis, ese delicioso y perturbado directivo de Evil Corp. Al igual que Nightcrawler (Gilroy, 2014), Mr. Robot parece la evolución natural de los thrillers urbanos oscurísimos que produjo el cine americano en los 70. Palabras mayores.

3. Halt and catch fire (AMC)
Tras lograr una renovación in extremis, este verano volvió a AMC este drama sobre los pioneros del PC en la década de los 80. Precisemos, Halt and catch fire ya no tiene esa premisa, ahora habla sobre emprendedores en los albores de la era de internet. Y si el año pasado sus protagonistas eran los hombres, pegados al hardware, este año lo fueron las mujeres, y su control del software y de las potencialidades de la red. En esencia Halt and catch fire se ha rebooteado a sí misma. Algo que ya es, per se, muy novedoso. El resultado ha sido otra temporada sensacional, inteligente, vibrante y magnética. A pesar de ello, seguimos en vilo a la espera de saber si AMC le dará una tercera entrega a pesar de sus pésimas audiencias. Donna y Cameron son una de las parejas femeninas más fascinantes de la televisión. Si el año pasado Kerry Bishé y McKenzie Davies fueron capaces, desde sus puestos de secundarias, de robarles la serie a Lee Pace y Scott McNairy, este curso, como protagonistas se han adueñado completamente de la misma. Lo mejor de esta temporada han sido ellas y sus momentos compartidos en esa selva caótica que fue Munity. Lo peor las tramas de un McNairy desconectado de la trama principal y desaprovechado. Halt and catch fire es una de las series con más personalidad de la televisión actual.

2. Sense8 (Netflix)
La inclusión de Sense8 es la trampa que he colado en esta lista (por no perder las buenas tradiciones). Netflix la puso a disposición de sus clientes a principios de junio, por lo tanto, técnicamente no es una serie veraniega. Sin embargo su sentido del espectáculo, su tono y sus reflexiones sobre el amor la convierten en un producto 100% veraniego. Además, gran parte de sus espectadores la han consumido durante los últimos meses, extendiendo el impacto de la misma hasta el anuncio de su renovación, el 8 de agosto (la misma fecha en la que nacieron los protagonistas de la serie). Sense8 es una serie a ratos fascinante y a ratos delirante. Un producto en el que sus creadores, J. Michael Straczynski y los Wachowski, volcaron toda su creatividad, sin filtros, lo cual lo dota de una vitalidad y una pasión desmedidas. Cuatro mujeres y cuatro hombres, cada uno en un lugar del mundo, están conectados mentalmente entre sí. Todos ellos tienen muchos problemas, pero esa conexión les permite ayudarse los unos a los otros a hacerles frente. No me digáis que no es bonita la premisa. Sense8 no es una serie de matices, es un tren que circula destrozándolo todo a su paso, sin detenerse. Más allá de sus fallos (sobre todo los diálogos, el abuso de tópicos y la trama conspiranoica), estamos ante una serie que es puro hedonismo, diversión sin límites, y que además ha construido un grupo de personajes con los que el espectador puede conectar. Un grupo de personajes que te hacen sentir. Y eso es hermoso.

1. Rectify (Sundance Channel)
La semana pasada se emitió el último episodio de esta temporada de Rectify, la serie con la que Ray McKinnon está llevando el paradigma de la slow tv a un nuevo nivel. Este drama sigue la salida de presión de un condenado a muerte por un crimen que no sabemos si cometió, y la repercusión en forma de terremoto emocional que todo ello provoca en su familia. Tras 3 años podemos decir que Rectify es mejor cuanto más se centra en el plano emocional y en las relaciones entre sus personajes, y peor cuanto más insiste en desvelar la verdad tras el crimen por el que fue culpado el protagonista. Brilla con luz propia cuando habla del rabioso presente, pero no deslumbra tanto al analizar el pasado. Es un drama sensible pero también oscurísimo. Me recuerda en la aproximación que hace a sus personajes, a su alma, a In treatment, otra obra fundamental de la slow tv. Un auténtico placer. Está renovada ya para una cuarta temporada.

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Sobre Unreal S01: Hacer buena televisión
Sobre Sense8 S01: Sensibilidad y ¡acción!


viernes, 3 de julio de 2015

Hacer buena televisión

UNREAL y MASTERCHEF


Spoilers de todo Masterchef 3 pero sólo del piloto de Unreal



Resulta curioso que en la vorágine de estrenos seriéfilos veraniegos una de las series que más ruido esté generando sea Unreal, una ficción de la denostada (por méritos propios) Lifetime, el canal trash para señoras del cable americano. Unreal es la serie que muchos no sabíamos ni que existía hasta que fue estrenada y en menos de un mes se ha convertido en un visionado obligatorio. Pero ¿qué es Unreal? Un drama (con tintes de comedia negra y/o sátira) de 40 minutos sobre el rodaje de un programa al estilo The Bachelor (programa en el que trabajó una de sus creadoras, Sarah Shapiro), que extrapolándolo a España vendría a ser una especie de QQCCMH blandito. La serie tiene como protagonista a una productora (una sólida Shiri Appleby) atormentada e inestable piscológica y emocionalmente, y como personajes relevantes a la productora ejecutiva (una genial Constance Zimmer) y al candidato que va a buscar esposa (risas) (Freddie Stroma). Unreal es, antes que nada, una serie divertidísima, con un ritmo endiablado y que maneja muy bien los dilemas de la protagonista, sus dramas personales y las más terribles miserias de la televisión de entretenimiento en particular y de los mass media en general. Pero además de eso es una clase maestra de cómo funciona el medio, de cómo se producen los formatos, de cómo se moldean y de cómo se construyen relatos.

Toda la ficción audiovisual americana del último medio siglo que gira en torno a la televisión bebe de Network, el clásico de Sidney Lumet y Paddy Chayefsky de 1976. Toda, y sino que se lo pregunten a Aaron Sorkin que plagió/homenajeó su inicio abiertamente en Studio 60 y de una forma un poco más disimulada (sólo un poco) en The Newsroom. Unreal, que por cierto es todo lo contrario a la última serie de Sorkin, no iba a ser menos y hace suya la representación de la industria televisiva como una ciénaga inmunda. Además lo hace tirando de humor y personajes incapaces de diferenciar su vida personal y su vida laboral. La televisión es ese monstruo que lo devora todo. Empezando por las propias personas que la hacen. Ese engranaje (de poder) que pervierte los códigos morales. La protagonista no es una mala persona pero comete malas acciones. Las circunstancias del medio la empujan a ello. Cuando su jefa habla de hacer buena televisión no está hablando de servicio público, sino de entretenimiento salvaje, sin barreras, sin moral. Hacer buena televisión es, para ella, manipular a una chica para que confiese su infancia traumática, escupa a una productora y se largue llamando hijos de puta a todo el mundo. Un versión completamente narrativizada de la realidad. Un relato que engancha porque tiene el elemento más importante: un villano.

La figura del villano es tan importante a nivel narrativo que casi todos los productos narrativos que consumimos tienen uno. Da igual que sea ficción o no-ficción. Si lees El País estos días verás a Alexis Tsipras y Pablo Iglesias como terribles villanos. Si ves uno de los documentales más relevantes de la última década, The Act of Killing, te encontrarás con Anwar, ese hombre que te cuenta entre risas y representaciones que mató a miles de personas él solito. De hecho, la figura del villano es tan relevante que cuando no la hay, la echamos de menos. Por ejemplo, la ausencia de una gran mala ha sido, para mí, el gran problema de la tercera temporada de Orange is the new black. Nos encanta amar, pero más nos encanta odiar, sobre todo en tiempos tan cínicos como los que vivimos (leer El País, vuelve a ser útil para demostrar esto). Por eso cuando el protagonista del reality sobre el que gira Unreal, Everlasting, elimina a la villana que la productora ejecutiva había planificado para su relato, ésta arde de rabia y empieza a buscar a una nueva víctima. No eres tú, es la historia.


Es tal la importancia de contar con un gran villano que hasta los productores/montadores de Masterchef España cuidan ese elemento. En las tres ediciones del programa ha habido un villano, este año le tocó el turno a Sally y ella con sus miradas de odio, su ego desmedido y sus discursos de pena baratos, fue lo único que se salvó del completo desastre, a nivel narrativo, de esta tercera edición. Tras tocar la gloria con ese hit inesperado que fue “León Come Gamba” el programa se precipitó al vacío y sólo Sally, o más bien la pasión de los espectadores por odiarla, mantuvo cierto interés. Carlos era el ganador claro desde el segundo o tercer episodio, la duración del programa se fue inflando hasta llegar a límites insospechados, los invitados siempre son los mismos, la prueba central se ha convertido definitivamente en un publirreportaje casposo (hoy vivan las bodas, mañana viva el ejército, pasado vivan los restaurantes surrealistas de precios demenciales)… Todo lo que podía salir mal este año en Masterchef ha salido mal. Entonces ¿por qué lo seguimos viendo? Yo, particularmente, porque me gustan los programa de cocina (que son en sí mismos anti-televisión porque no puedes juzgar lo que se hace en ellos), disfruto viéndolo y comentándolo con mis amigos reales y con mis “amigos” virtuales, y porque sí, odiar Masterchef y rajar de TVE, su publicidad encubierta y sus horarios, me relaja.


Odiar me relaja, es catártico, las noches de los martes eran esas 3 horas del día (3 horas sin bloques publicitarios puros, 3 horas señores) en las que podía odiar libremente. Como un día del apaleamiento en Los Simpson. Odiar tanto a los concursantes como, sobre todo, a las personas que hacen un programa que ni es un buen servicio público, ni es buena televisión. Y ese es el drama de Masterchef, no cumple el papel que debería cumplir como exponente de la gastronomía y la diversidad cultural y culinaria de España, y tampoco lo hace como entretenimiento, como narración, como relato. Es un quiero y no puedo. O más bien es un no quiero, prefiero mataros a duración hasta dejaros exhaustos. Unreal es buena televisión, ácida y divertida, Masterchef no. Sin embargo veo ambas cosas. Pero Unreal la veo porque la disfruto en mi soledad y la veo concentrado, para no perderme nada, ni un solo chascarrillo, sin que ello impida que después pueda comentarla con amigos o recomendarla, cosa que ya he hecho. En cambio Masterchef lo veo porque disfruto hablando de él en directo, no sería capaz de verlo solo, es un programa incapaz de captar tu atención más de 5 minutos, no tiene ritmo alguno.