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martes, 2 de junio de 2015

5 capítulos de Game Of Thrones cuya dirección nos ha hecho gritar ¡guau!

GAME OF THRONES


Spoilers de momentos clave de la serie hasta el 5x08

The Children (4x10). Dirigido por Alex Graves
Dudé, para esta quinta plaza, entre 2 capítulos dirigidos por Alex Graves la pasada temporada de la serie de Benioff y Weiss (y Martin, claro), The Viper and the Mountain, con su sensacional batalla a vida o muerte y este último episodio de la entrega, The Children. Me decanté finalmente por éste por el reto que supuso para Graves tener que tratar tantas tramas, abordar tantos clímax personales y lograr que el espectador no se perdiera en el tsunami informativo. Quizás nunca se habían acumulado en la serie tantos momentos clave en un solo episodio. Graves sale triunfante del reto imprimiéndole un ritmo endemoniado al capítulo. Regalándonos secuencias fantásticas como el tú a tú entre el Perro y Brienne y siendo conciso e incisivo al contarnos la huida vengativa de Tyrion, con todo su cúmulo de sentimientos encontrados. Graves es un veteranísimo director de televisión, curtido bajo las órdenes de Aaron Sorkin y sus walk and talk, y se nota.

Blackwater (2x09). Dirigido por Neil Marshall
En su primer capítulo de Game Of Thrones, Neil Marshall nos regaló la primera gran exhibición de efectos visuales de la serie, con ese fuego valyrio destrozando la Armada Invencible de Stannis Barathaeon en su asalto a King’s Landing, y por lo tanto al Trono de Hierro. El principal encanto de este episodio es que se movió entre dos tramas cocinadas a un fuego muy distinto. Por un lado teníamos la batalla, grandilocuente y espectacular, por otro, a Cersei bebiendo vino y desnudándose emocional y mentalmente ante nuestros ojos, viniéndose abajo a fuego muy lento, previendo que el final estaba muy cerca. Marshall es capaz de hacer la transición entre una y otra historia con soltura, demostrando un don para la planificación en la trama bélica que impresiona.

The Watchers on the Wall (4x09). Dirigido por Neil Marshall
Tras haber recibido el aplauso unánime de los fans, Marshall volvió a la serie dos años después, para dirigir otra vez un penúltimo capítulo. Sin embargo en esta ocasión sólo tuvo que gestionar una trama, el asalto al Muro por parte de los salvajes. De pronto, una de las tramas que menos me gustaban de la serie, la de Jon Snow, se convirtió en algo realmente épico y fascinante. El director inglés, que había dirigido en cine antes una peli de terror, un survivor futurista y una de romanos, demostró otra vez más su gusto visual y su capacidad de planificación. Nos regaló algunos de los enfrentamientos cuerpo a cuerpo mejor dirigidos que yo he visto jamás, más claros, más contundentes. Y se lució con el descomunal plano-secuencia en el que Jon irrumpe en la escaramuza intra-muro.

Hardhome (5x08). Dirigido por Miguel Sapochnik
Frente a la belleza que le imprime Marshall a las peleas, Miguel Sapochnik optó en Hardhome por pegarse a la piel de sus personajes, por hacerlas muy sucias y anárquicas. Ya no pelean contra hombres, pelean contra cadáveres renacidos. Ya no hay estrategia posible, simplemente luchar hasta el último aliento por evitar la muerte. La última media hora, con Jon negociando con los salvajes que se unan a él para luchar contra los caminantes blancos, son quizás los 30 minutos mejores dirigidos de la temporada 2014/2015 que está terminando. Un ejercicio brutal de acción y tensión. Antes de salir al aire libre, a la inmensidad nevada Más Allá del Muro, Sapochnik nos había mostrado, en tres pequeñas piezas de cámara a Cersei al borde de la desesperación, a Sansa encontrando un rayo de esperanza y, sobre todo, a Tyrion y Daenerys en un duelo de alta política (y mucho vino). Pasar de un polo a otro con la solvencia con la que lo hace este director, con un film a sus espaldas (Repo Men) y capítulos en series como Banshee o Fringe, tiene un mérito increíble. Desde luego estamos ante un nuevo director de televisión al que hay que tener muy en cuenta.

The Rains of Castamere (3x09). Dirigido por David Nutter
Al igual que Graves, David Nutter es un director con un largo historial televisivo a sus espaldas, tanto en las network como en el cable. Hasta recalar en Game Of Thrones, donde ha dirigido 6 capítulos hasta la fecha, su gran obra era haber dirigido 15 capítulos en las primeras temporadas de la sacrosanta X-Files. En aquella serie aprendió a moverse con astucia en los terrenos del misterio: en las sombras, los claroscuros y los ambientes malsanos. Y todo ello lo volcó en este capítulo. Más allá de la Boda Roja, este episodio tiene desde su primer minuto un aroma a fatalidad que te cala hasta los huesos. No sabría explicarlo, pero todo el rato estás presintiendo que algo terrible va a pasar. Y cuando en el banquete se cierran las puertas y suena The Rains of Castamere, sabes que el baño de sangre ha llegado, y que te dolerá. Toda la secuencia de la Boda Roja está dirigida con un gusto (como Catelyn descubre la traición) y un desgarro estremecedores. No nos ahorra momentos terribles (cuando le rajan la barriga a Oona Chaplin), nos destroza el corazón. Es un baño de sangre y odio. Quizás no tenga las grandes secuencias y los planos inmensos de batalla que tienen los tres episodios anteriores, pero me parece que está mejor dirigida, por la atmósfera que consigue y la fantástica forma de narrar que demuestra.


lunes, 9 de junio de 2014

Modificando la fórmula

GAME OF THRONES


Aviso, hay spoilers hasta el 4x09


Este domingo HBO emitió el noveno capítulo de la cuarta temporada de Game of Thrones. El penúltimo de este 2014, The Watchers of the Wall, un capítulo burbuja que parece extraído del libro, una especie de hiato en la forma de narra que tiene la serie, siempre iluminada por múltiples focos de calor. Así, el capítulo gira única y exclusivamente sobre una trama, la de los guardianes de la noche defendiendo el muro frente a los salvajes y el ejército de Mance, con Jon Snow y Sam de protagonistas. También supone, por ser precisamente el noveno, una mutación de la estructura de las temporadas de la serie. Hasta ahora las grandes tramas de Game of Thrones avanzaba todos los años hasta culminar en el penúltimo capítulo, lleno de bombas, muertes y cambios de profundidad en el tablero de ajedrez. Sin embargo, este año no. The Watchers of the Wall no es el heredero natural de Baelor (1x09), Blackwater (2x09) y The rains of Castamere (3x09). Ni lo es ni pretende serlo, creo. Es más una rara avis, una perla de cine bélico, fría y enérgica. Se nota la mano de Neil Marshall, que ya había dirigido el superlativo Blackwater hace dos años, y que en esta ocasión vuelve a imprimirle a la serie un estilo visual frenético que difiere del habitual, más pausado, más reflexivo. Sin duda, el capítulo no podría estar mejor dirigido, resultar más trepidante.

Pero, a pesar de todas las bondades del episodio, que no son pocas, teniendo en cuenta lo difícil que es hacer mucho con poco, resultar espectacular lidiando con presupuestos muy alejados de los que tienen las grandes superproducciones cinematográficas, a pesar de todo eso… ay, me ha sabido a poco. Y aquí es cuando nos topamos con una de las amenazas vitales más crueles… las jodidas expectativas. Cuando acostumbras al espectador a que en un determinado momento le va a explotar la cabeza, y al final no pasa, es inevitable que se sienta decepcionado. Con esto no quiero decir que Game of Thrones haya traicionado una especie de pacto narrativo con los espectadores, simplemente que al mutar su estructura puede generar insatisfacción. Visto ahora, ¿no hubiera sido mejor que el capítulo 8 hubiera sido el 9 y viceversa? Los primeros 7 minutos del octavo, The Mountain and the Viper, centrados en el muro bien podían haberse incluido en el séptimo, y dedicar el octavo a este capítulo embotellado que narrara el asalto al muro. Así en el noveno hubiéramos vuelto al sur con el apoteósico combate a vida o muerte como cima. Creo que hubiera sido más justo con la estructura de la serie y también con el relato que ha desarrollado esta temporada tan centrada en Tyrion Lannister.

Sin embargo, es verdad que esta temporada ha sido desde el inicio diferente a las anteriores. En las otras tres había una cima al final del primer tramo de la temporada (por ejemplo el 3x04 presidido por el famoso “Dracarys” de Daenerys), y la gran cumbre en el penúltimo capítulo, siendo la season finale un epílogo. En cambio este año, la primera escalada la plantaron Benioff y Weiss ya en el segundo capítulo, The Lion and the Rose, con la Boda Púrpura. La segunda gran montaña la subimos en el sexto, The Laws of Gods and Men, con el juicio a Tyrion. Y la tercera en el octavo, el ya mencionado The Mountain and the Viper, con el combate entre la Montaña y Oberyn. Todo esto sin contar que es perfectamente posible (yo apostaría todo mi oro a ello) que el último capítulo en esta ocasión no sea un epílogo de lo que vino y un prólogo de lo que vendrá, sino una season finale con sus giros de calado, más próxima al estilo clásico que al estilo The Wire, como hasta ahora. De este cambio de progresión narrativa se desprenden un par de cosas interesantes. Por un lado, al estar el devenir de Tyrion fuertemente unido a los tres grandes episodios de la temporada, y a las grandes secuencias de estos: las de la Boda Púrpura, la del juicio y la del combate, se consolida la sensación de que ha sido más que nunca su temporada, y sobre todo que es el corazón de la serie. Esto obviamente es mi opinión, para mucha gente el corazón de la serie es Daenerys o incluso Jon (que los 3 son el centro de la historia a largo plazo está bastante claro). Por otro, es curioso observar como los títulos de los tres capítulos son bifrontes y que están enfrentados, casi en forma dicotómica, los leones Lannister frente a las rosas Tyrell, los hombres y sus leyes que son papel mojado, frente a los dioses teóricamente justos, y la barbarie que representa la Montaña frente al, también en la práctica justo, Oberyn. Al final, Game of Thrones, no deja de ser la lucha de un hombre contra otro por el poder. El hombre es un lobo para el hombre, apostándolo todo al noveno capítulo o no.