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miércoles, 30 de diciembre de 2015

Mis 50 ficciones televisivas de 2015: del 25 al 1

25. Justified (FX)
Este western policíaco que buceaba en las miserias de lo white trash, nunca tuvo la repercusión que se merecía. Ahora que ha terminado nos queda tener fe en que el tiempo lo pondrá en el sitio que se merece. Hay unos Estados Unidos que no salen en la televisión, pero que están ahí, en las afueras del sistema, con el agua hasta el cuello. Justified los visibiliza a través de su esfera criminal y su decadencia moral y económica.

24. BoJack Horseman (Netflix)
Una de las cosas más terribles de los seres humanos es nuestra infinita capacidad para autodestruírnos. La segunda temporada de BoJack Horseman ha confirmado que la serie ofrece una de las miradas más desoladoras, cínicas y melancólicas a las relaciones humanas, a la fama, a la soledad y a la frustración. BoJack Horseman te hace reír, pero también te puede hacer daño.

23. Shameless (Showtime)
Los Gallagher siguen siendo la familia más entrañable y querible de la televisión. Sus vidas siguen siendo un desastre, pero mientras se mantengan unidos seguirán a flote. Shameless es una de las series más graciosas y agridulces de la televisión. Gracias por hacer que los inviernos resulten menos gélidos.

22. House of Cards (Netflix)
La serie del dramaturgo Beau Willimon no es realista. Tampoco lo pretende. De hecho es una hipérbole de las ciénagas de la política: delirante (America Works, gracias por tanto), excesiva, fascinante y divertidísima. Frank Underwood ha conseguido por fin lo que quería, pero no sabe cómo mantenerlo. El poder, siempre tan corruptible y escurridizo.

21. The Good Wife (CBS)
La serie de Alicia Florick sigue siendo una de las ficciones que más felices me hacen, una de las que más disfruto y espero todas las semanas. Pero. Sí, pero, no está ya al nivel que alcanzó en cursos pasados. Sigue siendo fantástica pero ha perdido ambición y su protagonista camina sin rumbo. No siempre se puede ser la mejor.


20. Looking (HBO)
¿Por qué nos empeñamos una y otra vez en desear lo que no nos conviene y ser incapaces de amar lo que sí lo hace? ¿Por qué? Looking no aporta una solución a esta pregunta, pero profundiza en ella. Hurgando en la herida. Ojalá tuviéramos un sistema emocional más avanzado. Si la segunda temporada de Looking me ha gustado tanto es porque me ha permitido sentirme identificado con las acciones y los sentimientos de este grupo de hombres homosexuales en San Francisco. Y ser capaces de empatizar es una de las acciones más hermosas que podemos desarrollar los seres humanos.

19. Broad City (Comedy Central)
Abbie e Ilana tienen traca para rato. Nuestra generación, veinteañeros a la deriva que se asoman peligrosamente a la treintena, aún no ha dado toda la pena que puede dar. O sí, pero aún no se ha exprimido del todo nuestro patetismo. Ninguna serie actual me hace reír tanto como ésta. Bendita locura. Broad City no necesita ser cínica para ser punzante, ni tener personajes odiosos para ser crítica.

18. Master of none (Netflix)
Podríamos definir a Master of none como un cruce entre Louie y Girls. Una comedia dramática que sigue a un actor treinteañero fracasado que no deja de luchar por su sueño mientras afronta su llegada a la madurez. Master of none habla de forma brillante de las relaciones paterno-filiales, de las dinámicas de pareja, del racismo y de cómo tratamos a nuestros mayores, por citar alguno de los temas más relevantes que trató en su primera temporada.

17. Veep (HBO)
Ansiar el poder es peligroso, aferrarte a él, más. Veep, esa salvaje sátira política que nos hace más felices recordándonos que somos unos desgraciados (y nuestros gobernantes unos ineptos), ha llegado a su cuarta temporada demostrando que no sólo no tiene síntomas de cansancio sino que está en plena forma. Selina Meyer y su equipo pueden arrastrarse mucho más por el fango. Mucho más.

16. Transparent (Amazon)
¿Y si el estado habitual del ser humano en su fase adulta es saltar de crisis vital en crisis vital? La familia que protagoniza Transparent está muy perdida. Todos y cada uno de ellos están perdidos en sus vidas. Pero lejos de hundirse en la miseria, continúan de pie, buscando la felicidad. Y eso me resultaba admirable. Yo no soy capaz de seguir hacia adelante. Ellos jamás se atascan. Y la serie de Jill Solloway tampoco. La autora confirma que tiene una de las miradas más especiales de la televisión actual. Transparent hace que la televisión sea un lugar mejor y que todos nos podamos sentir identificados con problemas y sentimientos complicados.

15. Please like me (ABC2)
Si tuviera talento como escritor la serie que me gustaría guionizar sería Please Like Me. Una dramedia llena de dulzura y diálogos ingeniosos y retorcidos. Me gusta el sentido del humor de Josh Thomas porque se parece al mío y me gusta el cariño con el que trata a sus personajes, porque a mí me gustaría que me trataran así. Es una serie especial para mí. Una serie que siento muy cerca. Este año han buceado con tacto, gracia y emotividad en cómo funcionan las relaciones amorosas y en qué significa la amistad. ¿Cómo queremos a los demás?

14. Homeland (Showtime)
El padre de una de las personas más importantes de mi vida dijo lunes tras lunes de este otoño que “Homeland es una serie de rabiosa actualidad”. En realidad Homeland es más actual y más rabiosa que la información que nos trasmiten los poderes públicos y las empresas mediáticas. Y más crítica. Esta temporada ha buceado con agilidad por las embarradas aguas de la relación entre Occidente, Rusia y Oriente Próximo y Medio.

13. London Spy (BBC)
Dos hombres se enamoran. Uno de ellos desaparece. Comienza así una apasionante búsqueda de la verdad. ¿Por qué ha desaparecido? ¿Quién era realmente? ¿Quién lo hizo desaparecer? ¿Qué hay detrás de este misterio? London Spy es a la vez un thriller de espías y un drama romántico. Una serie brillante y terrorífica.

12. Sense8 (Netflix)
Los Wachowski han expandido su universo a la televisión, creando una serie que recuerda, irremediablemente, a Cloud Atlas, lo mejor que han hecho desde Matrix. El resultado ha sido sensacional. Esta historia sobre 8 personas conectadas mentalmente es divertida, emotiva y adictiva. No es perfecta pero tampoco pretende serlo, son sus aristas la que la hacen tan especial. Funciona mejor en el terreno de los sentimientos de cada uno de sus protagonistas, que en el de la trama central conspiranoica.

11. Mr. Robot (USA Network)
¿Y si un grupo de hackers fuera capaz de borrar de un plumazo todas las deudas que tiene la ciudadanía con los bancos? Sam Esmail nos plantea la promesa de una utopía, rehogada con drogas y thriller psicológico. El resultado es, en primer lugar, novedoso, en segundo lugar, impactante. Una (polémica) obra de culto en potencia. Lejos de ser redonda, Mr. Robot es una apología de la imperfección y de las trampas narrativas. Muchos espectadores se han sentido engañados, otros maravillados. Quizás sus referentes sean demasiado obvios, pero aún así, es muy poderosa, quizás la serie actual que más pasión transmite. Pasión de su equipo por lo que están haciendo, y rabia por lo que están contando.

10. Rectify (Sundance Channel)
La gran obra de la slow tv actual es, seguramente, la mejor aproximación a las relaciones familiares desde Six Feet Under. Reflexiva, dura, sensible e inteligente. El protagonista salió por fin de la cárcel, pero tanto él como su familia están destrozados en mil pedazos. En Rectify son más interesantes las relaciones personales y la psique de sus personajes, que la investigación criminal que pretende esclarecer si Daniel Holden violó y asesinó a su novia. Por eso, pocas series me han impactado tanto en el plano emocional en 2015.

9. The Affair (Showtime)
El esquema él dijo/ ella dijo, salta por los aires en esta segunda temporada sobre una pareja de amantes que engañan a sus respectivos cónyugues. Lo hace ofreciéndonos los cuatro puntos de vista de los principales implicados en el relato. La serie ha logrado mantener su esencia amplificando su impacto. The Affair es adictiva (por su misterio) pero sobre todo emocionante y desoladora (por sus conflictos). Es difícil encontrar cuatro personajes mejor construidos e interpretados en la televisión actual.

8. Fargo (FX)
¿Qué es más importante: contar una historia divertida o producir imágenes poderosas? Mmm ¿Por qué tengo que elegir si Fargo me da ambas cosas? La segunda temporada de Fargo no ha sido tan buena como la primera porque no ha tenido a personajes tan memorables, pero ha vuelto a ser una de las mejores producciones televisivas del curso porque por sí misma ha sido memorable. Muerte por todas partes. Muerte y humor negrísimo.

7. The Jinx: The life and deaths of Robert Durst (HBO)
Constantemente nos vomitan a la cara la frase “la realidad supera a la ficción”. En este caso la realidad es tan escalofriante que la ficción (porque sí, hay mucha espectacularzación narrativa) no es más que un mero aderezo de la primera. Un multimillonario neoyorkino es acusado del asesinato de un hombre en un motel de mala muerte en un pueblo perdido de Texas. Y a partir de ahí descubrimos la mente de un monstruo... O no.

6. Game of Thrones (HBO)
No hay hoy por hoy serie más relevante culturalmente en las sociedades occidentales que Game of Thrones. Es el gran fenómeno televisivo de la actualidad. Su quinta temporada ha adelantado, en no pocos momentos, al relato literario padre, y no solo no se ha estrellado sino que ha sido capaz de mantener el nivel de las temporadas anteriores. Veas o no GoT, algún amigo te habrá hecho un “Shame Shame Shame” en lo últimos meses. Y no, Dorne no moló.

5. The Americans (FX)
Dos espías rusos en los Estados Unidos de Reagan intentan conciliar su compromiso con su país con el amor por la familia que han construido juntos. The Americans es una de las series más sutiles de la televisión. Y también una de las más inteligentes. Y lo que es más importante, es la que en más alta estima tiene a sus espectadores: antes que consumidores somos seres ciudadano inteligentes, capaces de desarrollar nuestras propias ideas y juicios morales. Apasionante.

4. Louie (FX)
Las relaciones humanas no son fáciles, por eso Louis CK bucea en ellas hasta lograr que nos perdamos con él en su complejidad. Todos tenemos miedo a quedarnos solos. A sentirnos solos. A no poder comunicarnos. La ciudad y la madurez dan miedo. Louie, a veces da miedo, otras veces da risa, siempre resulta interesante. Louie es capaz de leerme, o más bien yo soy capaz de leerme a mí mismo a través de ella. No soy un cuarentón solitario y frustrado, pero casi.

3. The Leftovers (HBO)
De repente un 2% de la población mundial desaparece. Y todo estalla en mil pedazos. Todas nuestras mentiras, nuestros miedos, nuestros equilibrios imposibles. Estamos rotos. Y no somos capaces de pegarnos. La primera temporada de The Leftovers fue sensacional, la segunda ha sido prodigiosa. Dolorosa y letal. Preñada de dolor. La serie más hipnótica del año. También la más fascinante. Sus 10 capítulos se apoderaron de mi cabeza durante el otoño. De la mía y de las cabezas de miles de personas.

2. Show me a hero (HBO)
Dos años después del final de Treme, David Simon (The Wire) volvió a la televisión para contarnos un caso real acaecido en una ciudad de la periferia de NYC a finales de los 80 y principios de los 90. La historia de una ciudad partida en dos ante la decisión judicial de obligar al Ayuntamiento a construir viviendas protegidas por todo el espacio urbano, luchando contra la existencia de ghettos. Comunicación, ciudad, política, espacio y poder se mezclan a lo largo de 6 episodios escritos con precisión y complejidad por uno de los mejores escritores del mundo.

1. Mad Men (AMC)

Este año hemos despedido a una de las series de televisión más importantes, fascinantes y profundas de la historia. El relato sobre la caída de un hombre corroído por sus mentiras, Don Draper, un icono, ha permitido a Matthew Weiner consagrarse como uno de los grandes autores audiovisuales de la última década. “Sólo quiero dejar de sufrir, sólo eso”. ¿Y quién no?  Los últimos 7 capítulos de Mad Men fueron prodigiosos. Así se cierra un relato. Pocas veces me he sentido tan vacío como cuando vi el anuncio de Coca-Cola que puso punto y final a una de las series de mi vida.

miércoles, 11 de noviembre de 2015

¿El equilibrio es imposible?

THE LEFTOVERS / THE AFFAIR


Spoilers hasta el 2x06 de The Leftovers y The Affair



Si en el cambio de siglo el cine hablaba de personas perdidas en sí mismas, sin rumbo, despegadas de la realidad, que se sentían extrañas en su propio cuerpo y en su propia vida; el cine, pero sobre todo la televisión, actuales hablan de personas que no son capaces de encontrar el equilibrio. No es tanto que ya no sepamos quiénes somos y qué queremos, sino que no somos capaces de ser nosotros mismos y de ser felices. De estar en equilibrio con nosotros mismos y el mundo que nos rodea. Sufrimos porque hagamos lo que hagamos, terminamos siempre desequilibrados, insatisfechos y frustrados. Quizás las dos mejores series de este otoño, The Leftovers y The Affair, exploran estas cuestiones de forma precisa y dolorosa.

Al final de la primera temporada de The Leftovers, Nora (una inmesa Carrie Coon) y Kevin (un sufrido Justin Theroux) se encontraban a un bebé a las puertas de su casa. Ese bebé, en forma de regalo divino, parecía que traería el equilibrio a sus vidas. Craso error. La pareja emprende una huida hacia adelante, buscando construir su nuevo hogar en el único pueblo dónde nadie desapareció el tenebroso día en que el 2% de la población mundial se esfumó, dejando al 98% restante en la Tierra, paralizados, convertidos en restos de un castigo/bendición divina. Sin embargo, tanto el pueblo como ellos no son nada más que apariencia de estabilidad. Miracle es una cárcel y sus cuerpos, otra. Los personajes de The Leftovers están atenazados por el peso de la culpa. Kevin por asesinar a Patti. Nora por la desaparición de su familia. Erika (Regina King, impresionante) por querer abandonar a su marido y por estar convencida de que eso provocó que su hija se esfumara. John (Kevin Carroll da miedo) por transformar su frustración en ira, en destrucción.

Ninguno de ellos es capaz de equilibrarse, todos están rotos. Son un gran agujero negro que absorbe, a su paso, todo lo bueno. En su constante lucha por lograr el equilibrio, lo simulan en un infinito juego de apariencias. Ser un buen vecino, ser una pieza importante de la comunidad, amar a las personas que te rodean. Pero al final todos ellos acaban estallando de una u otra forma. Los prodigiosos últimos 20 minutos del 2x06, dan buena muestra de ello. Erika, que ha arrastrado durante un largo día todo su dolor, estalla en la reunión de recaudación de fondos para encontrar a su hija. Después, en una de las mejores secuencias televisivas del 2015, ella y Nora se destrozan mutuamente transfiriéndole la una a la otra su miedo. Nos mataremos en la caída. Intentando desnudar a Erika, Nora termina por abrirse de par en par, por dejar salir todo su dolor y eso la rompe. La frustración empuja a ambas a la ira (consigo mismas y con la otra) y al sufrimiento. No hay compasión en esa secuencia, por eso es tan terrible. No se entienden la una a la otra porque no se entienden a sí mismas. No podemos estar en equilibrio con los demás cuando no podemos estar en equilibrio con nosotros mismos. Cuando vuelve a casa, hecha añicos, la confesión de Kevin (no puedo dejar de ver a Patti, no puedo evitar que Patti se apodere de mi vida) termina por destrozar cualquier sueño de equilibrio en Nora. Esa pedrada que le lanza Erika a su ventana es la metáfora final perfecta. La burbuja se ha roto.


A lo largo de la primera mitad de la segunda temporada de The Affair, también asistimos a la explosión de la burbuja de Alison (Ruth Wilson transmite como muy pocas actrices lo hacen). Su affair con Noah (Dominic West clava la dinámica atracción/repulsión) funcionaba como una burbuja que la separaba de su vida. De la muerte de su hijo, de la crisis de su matrimonio, de la soledad y la culpa en la que estaba sumida. Noah era un soplo de aire fresco. Irse con él y escapar de Montauk podría suponer comenzar una nueva vida. Sin embargo, no ha sido así. Ni Noah ni un nuevo espacio vital le han traído el equilibrio que anhelaba. Al contrario, Alison está más atrapada que nunca entre lo que desea (Noah y sus constantes altibajos) y lo que necesita (estabilidad). Si en el cambio de siglo no sabíamos lo que queríamos ahora no somos conscientes de conciliar lo que deseamos con lo que nos conviene. Hay una ruptura insalvable entre ambas dimensiones. De ahí surge nuestro desequilibrio.

Alison jamás podrá estar en equilibrio con Noah porque Noah, como bien apunta Helen (Maura Tierney está dando un recital esta temporada), vuelca en la persona que tiene a su lado toda la frustración que lo lastra. Hay personas así en el mundo. Personas que te chupan la vida sin darse cuenta. Que vomitan todas sus inseguridades en las personas a las que aman, hasta agotarlas. Si Alison es más autodestructiva, Noah es destructivo. Esto se ha visto a lo largo de toda la temporada, pero sobre todo en el final del 2x06. Cuando Noah saca a Alison de su clase y la arrastra monte arriba hasta estrellarla en un árbol y follarla (no hay amor ahí). Quizás ella no se esté dando cuenta, o quizás sí, pero es una situación de violencia terrible. Eso no es amor, eso es posesión. Te necesito, porque necesito que alguien cargue con mis problemas. Y entonces la burbuja de Alison salta en mil pedazos. Noah nunca fue la solución, sólo es una prolongación del problema. La secuencia es tan incómoda porque, además, está contada desde el punto de vista de él. Desde su propio punto de vista se ha convertido en un hombre que sólo es capaz de colonizar a las mujeres de su vida (antes Helen, ahora Alison), hasta reducirlas a personajes de la misma. Personajes de su gran novela vital. Por eso Noah es, quizás, el personaje más terrible de la televisión actual y también el más desequilibrado, jamás encontrará el equilibrio porque para él, conseguir equilibrarse consiste en demolerlo todo. Y en las dinámicas de destrucción no hay equilibrio posible.


¿Para qué? ¿Para qué? Si cada vez que vienes me convences, me abrazas y me hablas de los dos. Y yo siento que no voy, que el equilibrio es imposible cuando vienes y me hablas de nosotros dos. No te diré que no, yo te sigo porque creo que en el fondo hay algo. (…) Confía en mí nunca has soñado poder gritar y te enfureces, es horrible el miedo incontenible. Entonces ven, dame un abrazo no te conozco cuando dices qué felices, qué caras más tristes, qué caras más tristes, qué caras más tristes… (Los Piratas, El equilibrio es imposible).

martes, 6 de octubre de 2015

Winter is coming: el otoño seriéfilo americano

The Leftovers, una serie fascinante

El tiempo nos ha anunciado en los últimos días que el verano ha llegado a su fin. En perfecta sincronía con el clima, la televisión americana lleva un par de semanas bombardeándonos con el estreno de nuevas ficciones y con el regreso de series que nos enamoraron en temporadas anteriores. Es hora de sacar el paraguas y la manta, arroparse cuando salimos a la calle y disfrutar delante de una pantalla cuando estamos en casa. Cada día el cielo se apaga más temprano y nuestras pantallas están más horas encendidas. Ha llegado el otoño, winter is coming.

El estado de las networks
Quantico, el terrorismo en los tiempos de Shonda

Llevamos mucho tiempo hablando de la crisis de las networks, ya no sólo en términos de calidad, sino también en cuanto a audiencias (y por lo tanto dinero) se refiere. La remesa de estrenos otoñales no va a marcar un cambio en el lento e inexorable declive de las networks. Pocos estrenos han funcionado bien en audiencias. Antaño los 2 puntos en demográficos (2% de la población americana entre 18 y 49 años ven tu serie) era la cifra a la que debería aspirar toda serie, hoy en día es más un anhelo que una realidad, puesto que gran parte de las series no logran dicha cifra. Por ejemplo, en FOX sólo lo logra Empire (y Rosewood, por ahora y al calor de la misma). ¿Ya no ven los americanos las series de las network? Sí, claro que las ven, simplemente que muchos de ellos no lo hacen a través de la televisión en su primera emisión. Así, las cifras mejoran sustancialmente si tenemos en cuenta el visionado de los capítulos durante el día del estreno y los 3 días posteriores a su emisión. Muchos americanos consumen sus series favoritas a través de plataformas de streaming o grabando los episodios. Así, el episodio de la semana pasada de Nashville logró un mediocre 1.1 en demos, sin embargo en datos Live +3 subió a un 1.8, aumentando en un 60% su audiencia. Mientras que la rompe-ratings Empire, el gran éxito actual de las networks, pasó de un 5.5 a un 7.7. De su capacidad de adaptarse a los cambios en el mercado y a las mutaciones en el consumo de productos audiovisuales, dependerá la supervivencia del modelo actual de las networks.

En cuanto a las ficciones en sí mismas, destacaría, de entre los estrenos, Quantico, ese circo mitad trash, mitad en serio, de ABC sobre una agente del FBI acusada de un atentado terrorista que no cometió. Homeland bajo las normas del shondismo (aunque, sorprendentemente, Shondaland no produce esta serie). Tanto en audiencia como en repercusión la serie ha sido un éxito. Es una ficción muy entretenida, capaz de captar y mantener la atención. ABC consolida un modelo que combina sitcoms familiares con dramas más o menos adultos y más o menos oscuros a la par que ligeros. La otra serie que más está dando que hablar es Scream Queens, con datos mediocres en su emisión en directo, pero que cosecha buenos resultados con el paso de los días y genera mucho ruido en las redes sociales. La nueva serie de la factoría Ryan Murphy es tan mamarracha como cabría esperar. Sus fans la aman, sus detractores la aborrecen. Yo me sitúo en un punto intermedio, entiendo qué quiere hacer, pero no acaba de divertirme demasiado. Da lo que promete. Por lo demás algunas sitcoms bienintencionadas que funcionan mejor (The Muppets, Life in pieces) o peor (The Grinder, Grandfathered) y que se dejan ver. Y series de cuestionable calidad y/o que huelen a cancelación (Minority Report, por ejemplo). En lo tocante a las series veteranas, The Good Wife ha regresado este domingo con un episodio sólido, aunque no fascinante. Veremos cómo manejan los King el nuevo tablero de luchas de poder en Chicago. Lo mejor, por ahora, está siendo Eli Gold, ese personaje inagotable. Las series Shondaland han regresado a pleno rendimiento, quemando trama y repartiendo golpes de guion a diestro y siniestro, sobre todo en How to get away with murder. Rhimes sigue siendo la reina del cotarro.

Al cable también se le caen las hojas
The Affair, la serie que nos recuerda que La Verdad no existe

A la espera de que regresen dentro de una semana Fargo, The Knick y Manhattan, con sus segundas temporadas, Showtime y HBO estrenaron los tres dramas de cable que más estimulantes me resultan, junto a Fargo, de este trimestre: The Leftovers (HBO), The Affair y Homeland (Showtime). Las tres series han presentado, en sus primeros capítulos, nuevos escenarios muy interesantes, que si son llevados con la misma destreza que en sus respectivos arranques, generarán tres de las ficciones más apasionantes del curso. En The Leftovers, Mimi Leder rodó 10 sensacionales minutos mudos, un arranque crudo e hipnótico. Además Lindelof y su equipo nos trasladan a un nuevo escenario, nos presentan a un pueblo texano aún más roto que el neoyorkino en el que nos había sumergido en la primera temporada y nos meten de llenos en las dinámicas internas de una familia que esconde muchos problemas.

En The Affair, el esquema él dijo/ella dijo, ha mutado a una historia contada desde cuatro pares de ojos, los de los amantes y los de sus cónyuges. Parecía difícil que pudieran mantener la serie tras los acontecimientos de la primera entrega, pero el arranque ha sido prometedor. Explorar el relato desde nuevas perspectivas va a ser todo un éxito. Antes tenía mis dudas, tras el primer episodio tengo esperanza. Un sentimiento del que precisamente adolece Homeland, una mirada oscura y (bastante) crítica a la política exterior y de seguridad (ya son indistinguibles) de Estados Unidos. Saltamos de Pakistán a Alemania para seguir buceando a las miserias de la primera potencia militar del mundo y en sus complicadas relaciones tanto con sus enemigos como con sus amigos. El escenario internacional es un estanque cubierto por una densa niebla que no deja ver absolutamente nada. Carrie ha dejado la CIA para trabajar en una fundación humanitaria, pero sigue metida en el meollo de los problemas. Homeland continúa estando pegada a la actualidad como pocas ficciones actuales, por no decir ninguna: Siria, ISIS, espionaje, terrorismo internacional, filtraciones, ciber-ataques, legalidad vs. seguridad nacional (ese concepto)… y un sinfín de temas y debates candentes. La quinta temporada tiene todos los elementos necesarios para estar al nivel de la soberbia cuarta entrega. Para otro día dejo la última temporada de Downton Abbey y, sobre todo, el regreso de dos de las series europeas más prestigiosas y fascinantes del último lustro: la francesa Les Revenants y la nórdica Bron/Broen.

martes, 15 de septiembre de 2015

Emmysalternatives 14/15 X: Actrices de Drama

Actriz de reparto

6. Christine Baranski por The Good Wife
No hay mujer más elegante en la televisión. Ni tampoco ninguna persona con una risa más maravillosa que la suya. Unes esas dos características de Baranski, le añades hondura, sensibilidad y presencia y tienes como resultado un trabajo modélico. Una auténtica dama de la interpretación.


5. Kerry Bishé por Halt and catch fire
¿Es posible no enamorarse de Kerry Bishé? Su Donna es, a la vez, una mujer insatisfecha en un matrimonio que hace aguas y una intrépida pionera en busca de aventuras. Todo en uno. Inteligente, graciosa, dura, profunda. Y muchas cosas más. Bishé es un vendaval.




4. January Jones por Mad Men
Jones tiene una secuencia, en esta última temporada de Mad Men, en la consulta de un médico que es escalofriante. Su rostro es un poema. Un canto triste, que diría Lluís Llach. Mientras dos hombres arreglan su vida ella de deshace como un azucarillo, con la cámara pegada. Será una actriz limitadísima, pero lo que ha hecho con Betty Draper es un trabajo descomunal. Qué dignidad le acaba dando a esa mujer al final de este inmenso relato. Su último plano, sentada en la mesa, con Sally a su lado fregando, es otra joya, tanto de dirección como de interpretación.

1. Carrie Coon por The Leftovers
No, no me he olvidado de cómo se cuenta. Saltamos del 4 al 1, directamente. Un triple empate, algo que debe ser altamente improbable en los Emmys. Pero es que no puedo elegir entre estas tres mujeres. No puedo hacerlo. La recién llegada, la que está en la cresta de la ola y la que ya se retira. Y como no puedo elegir y total esto no son más que listas que hago por amor al arte, no he elegido. Los Emmys tendrán que escoger entre las otras dos actrices que acompañan, en lo más alto de esta lista, a la descomunal Carrie Coon. Hace 15 meses no sabía ni que existía, ahora, tras The Leftovers y Gone Girl, no puedo dejar de pensar en ella. Su Nora es desgarradora. La entereza con la que la interpreta, el cariño que arroja en esa mujer que de la noche a la mañana perdió a toda su familia es escalofriante. Impacta. Mucho.

1. Lena Headey por Game of Thrones
Vaya clase maestra de interpretación la que dio este año Lena Headey sufriendo como nunca. Eso sí, manteniendo toda su dignidad. Cersei nunca estuvo más contra las cuerdas y Headey lo aprovechó para adueñarse de la temporada. Uno no puedo más que levantase, aplaudir y arrodillarse. Larga vida a la borracha Reina Madre.


1. Christina Hendricks por Mad Men

Aún parece increíble a día de hoy que Hendricks no lograra el Emmy por la temporada de The Other Woman (T5). Pero así fue, Hendricks, como todos los actores de Mad Men, sigue sin Emmy. Esta es su última bala y ¡vaya bala! Tras dos años en el dique seco, Weiner se acordó de ella en la recta final y le entregó tramas maravillosas. De hecho, la colocó, de nuevo, en el mismo punto que estuvo en The Other Woman, pero esta vez su comportamiento fue completamente diferente. Y ahí fue cuando nos demostró que efectivamente es una actriz con un magnetismo, una fuerza y una clase mayúsculos. Es imposible no mirarla y admirarla.

Actriz

6. Taraji P. Henson por Empire
No pude evitarlo. Me he reído tanto este año gracias a Henson que he tenido que meterla en esta lista. Ella es la actual reina de la televisión trash. Una máquina que lo devora todo. Si tiene que arrastrarse por los suelos, se arrastra, si te tiene que quedar en bragas “sexys” se queda, si tiene que insultar, insulta. Y así todo el rato. Cookie Lyon es el personaje más descacharrante de la televisión. Y hay que ser muy valiente para interpretarlo. Ni Viola Davis, ni Kerry Washington, las otras dos grandes estrellas afroamericanas de la ficción actual, podrían haber hecho este personaje. Tiene un mérito increíble. De verdad.

5. Robin Wright por House of Cards
¡Qué elegante y fría es Robin Wright! ¡Qué voz! ¡Qué forma de susurrar ostiazos verbales! Su interpretación de la sibilina, retorcida y torturada Claire Underwood es tan sutil como fascinante. Economía de recursos. Muchas veces menos es más. En esta ocasión, sin duda alguna.


4. Ruth Wilson por The Affair
Ni la ganadora del Globo de Oro sobrevivió al vacío que le hicieron los Emmys a The Affair, el drama contado desde dos puntos de vista diferentes de Showtime. A diferencia de Lizzy Caplan, que el año pasado sí logró entrar en los Emmys a pesar del ninguneo a Masters of Sex, la sensacional y turbadora Ruth Wilson no ha podido conseguir la nominación en una categoría muy apretada. Desde luego la merecía, es un trabajo fascinante, sobre todo, obviamente, cuando la serie está contada desde su punto de vista. Consigue que la entiendas aunque no seas capaz de creerla de todo. Darle verdad pero mantenerla entre las tinieblas.

3. Keri Russell por The Americans
¿Madre americana o espía soviética? Ha llegado el momento en que Elizabeth ya no puede seguir compatibilizando ambas facetas de su vida. No es machismo, su marido está en la misma situación, pero ella lo lleva peor, la relación materno-filial en este caso es mucho más compleja. ¡Es tan valiente lo que hace Keri Russell en The Americans! Se nota muchísimo que ella cree en el proyecto y que se pone a su completo servicio. No busca nunca el momento de lucimiento, lo importante es el relato. Y aún así se luce porque construye un personaje riquísimo que intenta todo el rato esconder sus verdaderos sentimientos y/o ideas. Matthew Rhys es mucho más transparente que ella. Es fascinantemente indescifrable.

2. Julianna Margulies por The Good Wife
Ha pasado. Julianna Margulies en el número 2. No creía ni yo que fuera a hacer esto. No es que haya estado peor Margulies este año, de hecho en su capítulo psicotrópico o en Winning Ugly dio un auténtico recital, simplemente es que tenía que saldar una cuenta pendiente. Sigue siendo la actriz que más me maravilla de la televisión actual.


1. Elisabeth Moss por Mad Men
Siempre digo que la objetividad no existe, la imparcialidad sí. Y yo, desde luego, no soy imparcial con Elisabeth Moss. Si Moss fuera la típica chica guapa y/o graciosa en la vida real tendría ya unas cuantas nominaciones a los Oscar. Pero como no lo es no tiene tantos fans. Eso sí, somos fans acérrimos. A lo mejor sólo es cosa mía, pero espero que los que lean esto sientan también que se encuentran en una fase vital que huele a viejo. Que están listos para avanzar. Eso es lo que le pasa a Peggy Olson, y Moss lo borda. Clava esa insatisfacción, esa soledad, esa impotencia. Y a la vez, nos muestra que siempre hay espacio para la esperanza. El viaje vital de Peggy ha sido apasionante, Moss la ha exprimido al máximo, el final ha sido precioso. Dale una uña a Moss y te devorará el cuerpo. Es una actriz total.

sábado, 27 de diciembre de 2014

Mis 10 rookies de 2014

Ha sido muy difícil hacer esta lista, porque quizás 2014 ha sido el año televisivo con mejores estrenos que he vivido jamás. Me he dejado fuera varias series que me encantan, como Happy Valley, The Missing y sobre todo, You're the worst, entrañablemente irónica.


10. Looking (HBO)
A mucha gente Looking le pareció una decepción mayúscula. A mí no. Es verdad que sus primeros capítulos son bastante mediocres, pero desde el episodio embotellado de Jonathan Groff y Raul Castillo la serie se convirtió en una ficción muy interesante, y sobre todo, sensible. Esta historia de unos amigos gays en San Francisco fue, para mí, un lugar calentito donde acurrucarme y pensar en mi vida. Pensar en los miedos, las frustraciones, los sueños… La disfruté un montón.

9. The Knick (Cinemax)
Este drama médico de época dirigido por Steven Soderbergh es casi como una sacudida violenta al panorama seriéfilo. Arriesgado y gélido tanto formal como narrativamente.  A ratos repulsivo y a ratos hipnótico. Esta serie es como un bisturí que se adentra en nuestro cuerpo sin ningún miramiento. Cortando y punzando. A mí a veces me sacaba del relato, o yo me salía. Hacía que me sintiera muy perdido. En cambio en otras ocasiones no podía quitar los ojos de la pantalla. Es una fascinante y sucia aproximación a la medicina avanzada en tiempos primitivos. Pero también al problema racial, por ejemplo.

8. Gomorra (Sky Italia)
El mundo seriéfilo se rige por un aplastante anglocentrismo, en el que el 90% de series que vemos son o yankees o british. Por eso cuando una serie no anglófona irrumpe en dicho mundo, muchos nos lanzamos a verla con la nítida intención de quererla. Antes fueron series escandinavas como Bron/Broen o Borgen, o series francesas como Les Revenants, este año la gran serie de habla no inglesa, por lo menos en repercusión, fue sin duda Gomorra, que aún así es una producción de un canal subsidiario de Robert Murdoch. Esta historia de un clan mafioso en Nápoles ha sido, sin duda alguna, un placer. El poder lo abrasa todo.

7. Broad City (Comedy Central)
En mi afán por demostrarme a mí mismo que puedo contenerme, devoré Broad City en dos días, en lugar de en una madrugada. Conecté al instante con esta versión en modo despiporre on de las Girls de Lena Dunham. Sin duda alguna fue la serie con la que más me reí este 2014. Las aventuras y desventuras de Abbie e Ilana, unas veinteañeras a la deriva, en el New York de las 1000 oportunidades, son un placer de ver y disfrutar. Jamás olvidaré la secuencia de "he meado un condón".

6. The Affair (Showtime)
Ella dijo, él dijo, posiblemente ambos mintieran. Este drama sobre dos matrimonios en crisis que implosionan por un affaire de verano, ha sido la gran revelación de este otoño seriéfilo. Un juego narrativo en el que en el espectador nunca sabe dónde está, si algo de lo que le cuentan es cierto, si ha caído en la trampa. Además, The Affair es un relato desolador sobre las grandes y pequeñas fracturas que nos van transformando lentamente. A nosotros mismos y a las personas a las que amamos. Esperemos que no se les vaya de las manos, por ahora es una serie notable.

5. The Leftovers (HBO)
Había bastantes ganas de fustigar a Damon Lindelof y sin embargo, tras un inicio tibio, The Leftovers terminó convirtiéndose en un drama soberbio sobre lo herida que está nuestra sociedad. En un segundo desaparecen millones de personas y los que quedan en el mundo, los restos, se sumen en una honda crisis. Este drama de personajes nos muestra a un grupo de zombies sociales vagar lenta e inexorablemente hacia la desesperación. Sin rumbo, solos incluso cuando están acompañados. Si es que somos tan frágiles…

4. Halt and catch fire (AMC)
Aunque la serie anterior terminó por eclipsarla, en cuanto a exposición tanto en medios como en redes, este drama sobre los pioneros de la informática personal en los años 80, fue mi gran placer del verano seriéfilo. Una serie fascinante sobre hombres y mujeres que ante ponen sus ideas y su ambición ante todo. Una ficción sobre la pasión por inventar algo nuevo, por avanzar hacia el horizonte. Formalmente soberbia, con un reparto y una galería de personajes muy interesantes, Halt and catch fire fue todo un placer. Le ha costado a AMC, pero ha vuelto a dar a luz a una serie buena de verdad.

3. Transparent (Amazon)
Por fin Amazon dio con la tecla adecuada gracias Transparent, una comedia dramática de autor sobre una familia peculiar que se ve sacudida por la decisión del padre de ser lo que siempre quiso ser: una mujer. La serie de Jill Soloway aborda con mucha sensibilidad los miedos y esperanzas de una mujer encerrada en el cuerpo de un hombre durante toda su vida, y las consecuencias que ello tiene no sólo en su vida, sino también en las de sus hijos. Es una aproximación brillante tanto a la familia como a la sexualidad.


2. Fargo (FX)
¿Coger lo mejor del mundo de los Coen, hacerlo tuyo y crear una historia completamente diferente pero que mantenga lazos respetuosos con su relato padre? Guau Noah Hawley, te has lucido. La primera temporada de Fargo ha sido adictiva y brillante, ha ido de menos a más hasta desembocar en una traca final de episodios de una tensión increíble. Ha generado un grupo de personajes llamados a ser recordados durante décadas. Yo era muy escéptico, pero no podía estar más equivocado, Fargo es una serie descomunal. Un regalo para los que disfrutamos con las buenas historias tanto como con los productos visualmente cuidados al milímetro.


1. True Detective (HBO)


Tras el boom inicial que la elevó a obra maestra instantánea, se ha ido consolidando una corriente que le resta méritos a la serie de Nic Pizzolatto, como respuesta a ese sobre-dimensionamiento. Ni tanto ni tan poco. True Detective no es el mesías que la televisión esperaba, pero desde luego sí es una gran serie. Oscura, enigmática, profunda, adictiva. Yo vi sus ocho capítulos en estado de trance. Es verdad que la disfruté más al principio que al final, al contrario que Fargo, pero aún así me parece una apuesta, tanto formal como narrativamente, espectacular.