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sábado, 21 de febrero de 2015

Los No-Oscar 2014 VI: Montaje y Dirección

MONTAJE

5. Spencer Averick por Selma
El gran reto de Selma es mezclar la esfera íntima, pequeña, como las reuniones políticas o las discusiones matrimoniales, con la esfera pública, los discursos, la iglesia, las manifestaciones. Y el montaje logra congeniar perfectamente ambas escenas, hacer la transición entre los dos mundos de forma muy natural. Obviamente dónde brilla (al igual que la dirección o la fotografía) es en las secuencias de las manifestaciones, que están montadas con una elegancia y una fuerza increíbles.

4. Lee Smith por Interstellar
A estas alturas sabemos que montar las películas de Christopher 1 millón de planos Nolan, tiene un mérito increíble. Es una lucha titánica contra al ego de Nolan y la ingente cantidad de material que rueda. En Interstellar, Smith vuelve hacer un trabajo de primera poniendo orden narrativo en el caos de ideas (tanto argumentales como visuales) del director. Todas las secuencias de acción espacial están muy bien resueltas y las tramas espacio-temporales distanciadas están bien atadas. Otra vez ningunean su trabajo, aunque este año había demasiados rivales de altura.

3. Douglas Crise y Stephen Mirrione por Birdman
Si primero la discusión giró sobre la persistente batería de Antonio Sánchez, luego la misma se trasladó al montaje del film. ¿Si el falso plano-secuencia son 12 planos cosidos podría decirse que Birdman tenía un gran montaje? Si consideramos la planificación como parte del montaje, es decir, que Birdman es una película montada antes de ser rodada, sí. Si no, pues posiblemente su no nominación al Oscar sea lógica. Yo soy del primer grupo, creo que Birdman es una película en la que dirección, fotografía y montaje tuvieron que concebirse al unísono, como una actividad conjunta. Y desde luego el trabajo es brillante.

2. Jay Cassidy, Stuart Levy y Conor O’Neill por Foxcatcher
El montaje de Foxcatcher es, en gran medida, el “culpable” de que el film sea lo gélido que resulta ser. Y sin embargo es un montaje muy fluido, las distintas secuencias no están cosidas de forma abrupta, sino que te van conduciendo unas a otras en una sucesión de pequeños puñetazos, de pequeñas roturas. Miller monta un puzzle y lo van rellenando pero sin tener la menor intención de completarlo nunca. El montaje de Foxcatcher juega con eso precisamente. Con lo que no nos  muestra entre secuencia y secuencia, lo que se ha producido entre fundido a negro y fundido a negro.

1. Kirk Baxter por Gone Girl

Tras ganar dos Oscar con las dos anteriores películas de Fincher al lado de Angus Wall, Baxter se ha quedado fuera de la nominación por su excelente trabajo en Gone Girl, ese juego de máscaras, mentiras y medias verdades, en el que el montaje es tan importante de cara a estructurar el relato como indeleble a la hora de narrarlo. Mérito doble, pues. La secuencia de la huida y el descubrimiento del macro-engaño, la del sexo sanguinario, la de la entrevista… Gone Girl está plagada de secuencias que más allá de lo bien dirigidas que están, cuentan con un montaje brillante. Algún día caerá el tercer Oscar. Seguro.

DIRECTOR

5. Ava DuVernay por Selma
Si con Damien Chazelle ya iba convencido de que me encontraría con un director con un estilo personal muy marcado y estimulante, he de reconocer que con DuVernay, creía que me iba a encontrar con un trabajo solvente pero impersonal. Craso error. Lo que eleva a Selma de drama sociopolítico interesante a film poderoso es la dirección de DuVernay (y la fotografía, el montaje y la banda sonora). Incluso aquellos a los que Selma no les ha gustado aplauden el pulso y el estilo con el que DuVernay rodó las secuencias de las manifestaciones. Pero Selma y el trabajo de su director es mucho más que eso, es un drama consciente de que las imágenes son tan poderosas como las palabras. Lejos de confiar en que la fuerza de Martin Luther King sostendría la película, DuVernay se esfuerza por elaborar una puesta en escena muy potente. Buen trabajo, sus imágines emocionan.

4. Christopher Nolan por Interstellar
Poco que decir a estas alturas sobre Christopher Nolan. En la vorágine de amor/odio a la que nos empujan los nolanistas y los antinolanistas, es difícil esgrimir argumentos razonables. A mí me gustan mucho las películas de Nolan, me parecen diversión en estado puro y aplaudo su ambición, sus ganas de forzarnos a pensar, de desafiarnos, Interstellar como perfecto ejemplo de todo ello. Creo que es capaz de construir secuencias de acción fabulosas, pero también soy muy crítico con la sobresaturación de planos a la que nos somete. ¿Por qué usar diez plano cuando te llega con uno? En ese debate interno me encuentro. Nolan sí o Nolan no. Aún no he llegado a una conclusión. Por ahora, Nolan sí, pero con peros.

3. Damien Chazelle por Whiplash
Chazelle abordó su trabajo partiendo de la base de que el guion es un lienzo casi en blanco en el que poder pintar infinidad de imágenes. Lo que logró fue una película adrenalínica con un don extraordinario para escupir planos extraordinarios, de esos que impactan tanto que sientes como la saliva, el sudor y la sangre te mojan. Chazelle tiene una desbordante capacidad de pensar en imágenes, de sumergirnos en la historia, de insuflarnos frenesí. Una auténtica pena que se quedara fuera de los Oscar frente al impersonal trabajo de Morten Tyldum. He aquí una estrella en ciernes.

2. Xavier Dolan por Mommy
En su quinta película, Dolan confirma lo ya observado en la anterior, Tom a la fèrme, ha madurado como director de una forma extraordinaria. El manierismo de antaño ha dado paso a una preciosa obsesión por el rostro humano. Esos planos cortos, epidérmicos, se combinan con imágenes preciosas del espacio como territorio liberador. Nosotros somos nuestra propia cárcel, lo que nos rodea es la constante posibilidad de liberarnos de nosotros mismos. Por eso en la que es sin duda una de las secuencias del año cinematográfico, el protagonista abre literalmente el plano. Rompamos con lo que nos atrapa. Seamos libres. El Xavier Dolan director es más libre que nunca. Y tiene un extraordinario don para producir sentimientos a través de sus imágenes.

1. David Fincher por Gone Girl

Si partimos de la base de que David Fincher es (con permiso del maestro Scorsese) mi director favorito del cine actual, era bastante predecible que lo colocara en el primer puesto por su excelente trabajo en Gone Girl. Entre los dos planos circulares poderosísimos que abren y cierran la película, Fincher compone un thriller-cebolla, en el que debajo de cada secreto hay otro secreto más. Mueve la cámara por esa capa gris que cubre a los protagonistas, apuntando en sus rostros todas las miserias que esconden debajo de la piel. La cámara los escruta hasta desnudarlos. Es un trabajo sutil. Preciso. Casi quirúrgico. Nadie maneja la tensión y el humor negro como él. Por eso es el gran autor del thriller americano de las últimas décadas. Obviamente, en mi humilde opinión.

jueves, 4 de septiembre de 2014

La Academia que no ama a una generación de directores americanos

De los últimos 5 ganadores del Oscar al mejor director sólo una es americana, Kathryn Bigelow, la primera mujer en conseguirlo. Bigelow pertenece a una generación de cineastas norteamericanos que comenzaron a dirigir a finales de los 70 y principios de los 80, como los hermanos Coen (a medio camino entre esta generación y la siguiente), Ron Howard, Jonathan Demme, James Cameron, Robert Zemeckis o Oliver Stone. Todos ellos ganadores del Oscar. Sin embargo la Academia ha evitado reconocer a los directores americanos que comenzaron sus carreras a finales de los 80 y a lo largo de los 90. Salvando los particulares casos de Mel Gibson y Kevin Costner, sólo uno, Steven Soderbergh ha ganado el máximo premio de dirección.

Toda una generación brillante de cineastas yankees que han llevado a la filmografía del país al nuevo milenio espera reconocimiento. Algunos de los directores que entran en este grupo son Quentin Tarantino, David Fincher, Paul Thomas Anderson, Wes Anderson, Richard Linklater, Darren Aronofski o Alexander Payne. De hecho el vacío que les ha hecho la Academia va más allá de los premios, hasta llegar a las propias nominaciones. De los que he nombrado el que más ha conseguido como director hasta ahora es Alexander Payne que suma 3 (Sideways, The Descendants y Nebraska), le siguen con 2, Tarantino (Pulp Fiction e Inglorious Basterds), Fincher (The curious case of Benjamin Button y The Social Network) y el único ganador, Soderbergh, que consiguió sus dos nominaciones el mismo año (Traffic, por la que venció, y Erin Brockovich). Paul Thomas Anderson sólo tiene una (There Will Be Blood), al igual que Darren Aronofski (Black Swan), mientras que Richard Linklater aún no ha sido nominado, siendo uno de los favoritos para entrar en el quinteto este año gracias a Boyhood. Por todo esto, este 2014 quizás sea el año en que por fin la Academia se rinda a un cineasta americano que haya irrumpido en los últimos 25 años.

De hecho, al abarcar un periodo de tiempo tan grande, más que hablar de una generación, deberíamos hablar de varias generaciones que se han superpuesto en la vanguardia del cine estadounidense. A la generación de los autores de los que he hablado antes, hay que sumarle la de los cineastas que comenzaron a dirigir en torno al año 2000 y en el primer lustro del nuevo milenio. Directores como Spike Jonze (1 nom), M. Night Shyamalan (1 nom), Jason Reitman (2 nom), Bennett Miller (2 nom), Sofia Coppola (1 nom) o incluso George Clooney (1 nom). Es más, podríamos ir más allá y perfilar a un nuevo grupo de directores que ha comenzado su carrera en los últimos años, gente como Jeff Nichols, J.C. Chandor, Cary Fukunaga, Benh Zeitlin (1 nom) o desde otras coordenadas Ben Affleck que aunque logró que su Argo se llevara el máximo galardón hace dos años él no fue ni nominado a mejor director.

La falta de reconocimiento por parte de la Academia a estos artistas es más sangrante si tenemos en cuenta que en los últimos 20 años sí que ha premiado a directores extranjeros coetáneos a los cineastas de los que acabamos de hablar. Ang Lee tiene 2 Oscars en su estantería (Brokeback Mountain y Life of Pi), mientras que Danny Boyle, Alfonso Cuarón, Tom Hooper, Sam Mendes, Michel Hazanavicius, Anthony Minghella y Peter Jackson poseen uno cada uno. El balance es demoledor. Así se entiende también lo apuntado al inicio, que sólo una de los 5 últimos vencedores sea americana.

En cambio, por su labor de guionistas, estos cineastas sí que han tenido una fuerte presencia en los Oscar, llegando a ganar unas cuantas estatuillas en la última década. De hecho el año pasado Spike Jonze venció por Her en guion original aunque no fue nominado (injustamente) como director. Payne ha ganado 2 veces (Sideways y The Descendants), Tarantino otras 2 (Pulp Fiction y Django Unchained), Coppola una (Lost in translation). Mientras que cineastas como Paul Thomas Anderson, Jason Reitman, Richard Linklater o Wes Anderson han sido nominados varias veces en algunas de las dos categorías de guiones. Dicho lo cual y centrándonos en este año, voy a hacer un repaso de cuáles son los directores con opciones de romper el bloqueo de la Academia y cuáles son sus principales rivales, con permiso de algún veterano como Clint Eastwood. Todo ello teniendo en cuenta que pueden aparecer en la carrera films que hoy por hoy están en el aire como A most violent year de J.C. Chandor.


Los conductores suicidas

Richard Linklater por Boyhood
Contó Quentin Tarantino en el pasado Festival de Cannes que él creía que Almodóvar aún tenía que parir su mejor película, pero que siempre que hablaba con sus amigos del tema, siempre pronunciaban dos nombres de los cuales esperaban aún su gran obra maestra: David Fincher y Richard Linklater. El director de la saga Before… se encuentra este año ante su gran posibilidad de ser nominado al oscar al mejor director del año, gracias a Boyhood. La película, que retrata el crecimiento de un chico a lo largo de 12 años hasta desembocar en la Universidad es uno de esos proyectos que valida toda una carrera. Estrenada en la Berlinale, Linklater se alzó con el premio al mejor director del festival y tiene a toda la crítica americana rendida a sus pies. Boyhood parece que será el gran film netamente de autor de 2014.


David Fincher por Gone Girl
El hombre que parió dos iconos del cine como Seven y Fight Club, construyó la soberbia Zodiac y dirigió esa obra maestra que retrata a la perfección un tiempo, el nuestro, llamada The Social Network, estrena este año la adaptación de un best-seller, Gone Girl. Reincide por lo tanto en su género, el thriller, contando la historia de un matrimonio perfecto que tras la desaparición de ella en su 5º aniversario de bodas empieza a mostrar todas sus costuras. Se estrenará en el Festival de New York, y las expectativas, por lo menos las mías, están por las nubes. Fincher ha sido nominado 2 veces al Oscar, por The Curious Case of Benjamin Button y por The Social Network. En ambas ocasiones llegó segundo a la meta, siendo derrotado por los británicos Danny Boyle y Tom Hooper respectivamente.


Paul Thomas Anderson por Inherent Vice
El hombre que a finales de los 90 parió esas dos obras maestras sobre vidas a la deriva llamadas Boogie Nights y (sobre todo) Magnolia, tuvo que esperar hasta 2007 para alcanzar su primera, y hasta ahora única, nominación como director por There Will Be Blood, siendo derrotado por dos de los cineastas americanos más influyentes de las últimas décadas: los Hermanos Coen. Después de perecer en la carrera de hace 2 años con The Master, este año vuelve a estar en el radar de los Oscar por Inherent Vice, un noir cómico (ojo) basado en una novela de Thomas Pynchon que protagoniza Joaquin Phoenix y se estrenará en el Festival de New York. Uno de los directores con la mirada más personal y magnética del cine actual.


Wes Anderson por The Grand Budapest Hotel
Tras ganar el Gran Premio del Jurado en la Berlinale y recaudar más de 170 millones de dólares en todo el mundo, The Grand Budapest Hotel puede darle a Wes Anderson su tercera nominación como guionista en los Oscar. Más difícil tendrá el filme colarse en mejor película y sobre todo en mejor director. Pocos autores del cine actual han construido un mundo y un imaginario más peculiar que el de Anderson. En The Grand Budapest Hotel están todas las constantes de su estilo: la obsesión por la simetría, el ritmo desenfrenado, el colorido y su inagotable capacidad para crear preciosas estampas. 


Bennett Miller por Foxcatcher
Miller busca, con su tercera película de ficción, su tercera nominación, y quién sabe, quizás la victoria. Llega al inicio de la carrera con el premio al mejor director en Cannes, dónde su película gustó mucho y cosechó muy buenas críticas. A priori es uno de los favoritos, y al contrario que la mayoría de sus rivales, su película ya se ha exhibido y por lo tanto se sabe que efectivamente es un film de calidad. Si es nominado, podríamos decir que Bennett Miller es el Stephen Daldry yankee. En sus anteriores nominaciones fue derrotado por Ang Lee y Michel Hazanavicius.


David Ayer por Fury
El guionista de Training Day, debutó en el cine como director en 2005 con Harsh Times y se ha hecho un nombre como uno de los grandes renovadores del género policíaco de los últimos años. En lo que puede ser su salto a las grandes ligas, Fury, se enfanga en el cine bélico siguiendo a un escuadrón americano en el final de la II Guerra Mundial liderado por Brad Pitt. El tráiler, el reparto y la temática han creado grandes expectativas en torno a la cinta. Ahora habrá que ver si Ayer tiene o no madera de gran director.


Jason Reitman por Men, Women and Children
Tras lograr dos nominaciones consecutivas a mejor director y mejor película, gracias a Juno y Up in the air, parecía que Reitman se iba a comer el mundo. Se había erigido en el gran cineasta de la dramedia americana junto a Alexander Payne. Sin embargo la fría acogida que recibió la agria Young Adult y esa traición a su propio mundo que fue Labor Day, un melodrama errado de principio a fin, han puesto en duda su talento. Con Men, Women and Children, una mirada negrísima a los suburbios de clase media a golpe de redes sociales, intenta volver a sus temas habituales y reconducir su carrera. A este humilde pringado el tráiler le ha encantado. Pero habrá que ver, habrá que ver.


Angelina Jolie por Unbroken
Tras ensayar como quién pelotea antes de un partido de tenis, con su primer film, Jolie se embarca en una de esas historias bigger than life ambientada en la II Guerra Mundial, que sería la favorita indiscutible a los Oscar en los 80 y los 90. Con un equipo técnico de primera (Deakins en la foto, Desplat en la música), una historia emocionante y presupuesto para llevarla a cabo, la clave residirá en si Jolie es capaz de imprimirle al film un toque personal. Si su trabajo como directora es reconocible. A priori, va a por todas.



El enemigo está ahí fuera

Christopher Nolan por Interstellar
A pesar de ser británico (por eso lo incluyo aquí), lo cierto es que todo lo dicho sobre los anteriores cineastas, es aplicable a Christopher Nolan, al que la Academia se ha negado a nominar al Oscar al mejor director, aunque como a sus coetáneos americanos, sí que ha nominado 2 veces como guionista. Si Nolan venciera por Interstellar, casi casi, sería una victoria que apuntarle a la generación americana de Fincher y cía. Poco se sabe de su viaje por el espacio, todo lo que tenemos son tráilers, el espectacular casting y equipo técnico del film y hype, mucho hype. Si la película es tan buena como todos creemos que será, la Academia tendrá difícil negarle la nominación a Nolan. Pero todos sabemos también como se las gastan y por dónde se pasan las deudas históricas.


Jean-Marc Vallée por Wild
Tras estrenarse el año pasado en el cine americano con Dallas Buyers Club y rozar la nominación (que el film optara a mejor montaje no deja lugar a dudas), el canadiense Jean-Marc Vallée repite este curso, esta vez con Reese Witherspoon como estrella absoluta de una historia de superación personal y búsqueda de uno mismo sobre una mujer que se entrega al camino. Vista ya en el Festival de Telluride, tanto la película como la labor de Vallée han recibido muy buenas críticas. Sí, el director de la sublime C.R.A.Z.Y. está en la carrera.


Alejando González Iñárritu por Birdman
Tras separarse de su pareja creativa, el guionista Guillermo Arriaga, y sólo dirigir un film en los últimos tiempos, Biutiful, González Iñárritu ha vuelto a la primera división con una comedia negra que experimenta con el plano-secuencia (y el trucaje), centrada en un actor a la deriva que interpreta el muy a la deriva Michael Keaton. Hace unos días inauguró la Mostra de Venecia y la recepción crítica no pudo ser mejor. Casi todos los cronistas señalan que la primera hora del film es lo mejor que ha rodado nunca el mexicano. Iñárritu tiene en su haber una nominación anterior a mejor director por Babel. Fue derrotado por Martin Scorsese, ni más ni menos.


Morten Tyldum por The Imitation Game
The Weinstein Company cogió a un prácticamente desconocido director islandés y le entregó un guion en el que hay muchas expectativas puestas, y que cuenta la historia del influyente matemático Alan Turing que fue decisivo para ganar la II Guerra Mundial y perseguido por ser homosexual en el propio Reino Unido. Estrenada en el Festival de Telluride, la película ha cosechado grandes críticas, sobre todo para su protagonista, Benedict Cumberbatch. Pero saber si Tyldum tiene opciones, habrá que ver si fue capaz de salirse de la sombra de Harvey Weinstein y dotar al film de un estilo propio, o simplemente entrega un trabajo funcional al servicio de una historia poderosa.