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domingo, 22 de febrero de 2015

Los No-Oscar 2014 VII: Película

10. Obvious Child
El film de Gillian Robespierre me hizo reír a carcajadas pero también me emocionó de una forma muy extraña. Pensaba que iba a ver una comedia ácida y me encontré con un film que me dejó tocado durante un par de días. Una comedia que subvierte las normas de la romcom, para acabar construyendo un film rotundamente romántico y optimista. El problema no es el género, es cómo lo usas, ¡estúpido! Además es a la vez una mirada crítica a los veinteañeros sin rumbo entre los que me incluyo, y en cierta forma un film que denuncia ciertos valores conservadores que pululan por los productos culturales que consumimos, de forma aparentemente inofensiva.

9. Pride
Teniendo en cuenta el actual clima sociopolítico, Pride es una película muy pertinente. No porque hable de los derechos de los homosexuales o de la lucha por su supervivencia de los mineros. Sino porque afronta ambas cuestiones desde una óptica casi de clase. O más que de clase, de poder. La unión de los actores que actúan en los márgenes del sistema, de cara a construir una mayoría que pueda defenderse contra los actores que actúan en los centros de poder. En ese sentido la dulce, amorosa y combativa Pride, parece ideada por el mismísimo Gramsci. Más allá de la dimensión política del film, estamos ante una película tierna, que maneja muy bien las emociones y los elementos cómicos y que, sobre todo, crea una maravillosa galería de personajes.

8. Winter Sleep
Hay películas que cuando las estás viendo, las disfrutas intensamente, pero que al salir del cine y empezar a correr las horas, se diluyen en la memoria, hasta quedar reducidas a pequeños y borrosos recuerdos. En el otro extremo, estarían situadas aquellas películas que mejoran con el paso de los días, de las semanas, de los meses. Un buen ejemplo de estas últimas es Winter Sleep. Estar durante 3 horas y 15 minutos sentado en una butaca incómoda hizo que mirara muchas veces el reloj e intentara que mi escoliosis no me diera demasiado la lata. Cuando salí del teatro (durante 10 min antes de meterme entre pecho y espalda otras 2 h y 15’ de Mr. Turner) estaba un poco decepcionado. Me había gustado, tenía conversaciones realmente fascinantes y era un tratado de lo terrible que es ser pasivo-agresivo con las personas a las que quieres. Pero se me había hecho pesada, creía que le sobraban bastantes minutos y alguna trama (los hermanos endeudados). Sin embargo con el paso del tiempo me gusta más. No sólo porque he olvidado el dolor de espalda, sino sobre todo porque es una película que he necesitado madurar para poder apreciar en toda su grandeza. Los seres humanos muchas veces queremos lo que no podemos tener y dañamos lo que tenemos, y en ese proceso nos desgastamos lentamente, consumiéndonos en nuestra propia frustración. Somos terrible y mágicamente incomprensibles, incluso (o sobre todo) para nosotros mismos.

7. A most violent year
Comenzó con muy buenas críticas, pero rápidamente se disolvió en la carrera de premios. Quizás apurar su estreno no fue una buena idea. Quizás Cannes 2015, como hizo este año la película de la que hablaremos a continuación hubiera sido una buena idea. Pero más allá de esto, A most violent year es una película muy interesante, oscura, seca, fría. Un relato preciso de cómo funciona la corrupción, de cómo nuestras ciudades languidecen sumidas en el crimen. Su discurso era válido para los años 80 y sigue siendo válido hoy. JC Chandor se confirma como uno de los nuevos cineastas americanos más interesantes.

6. Foxcatcher
Tras su exitoso paso por Cannes, Foxcatcher se convirtió, de inmediato, en una favorita clara de cara a los Oscar, pero en otoño comenzó a desaparecer de las apuestas y al final, aunque está presente en las grandes categorías, no logró colarse en Mejor Película. No será porque no tenga nivel para estarlo. Es un gran drama psicológico de autor, rodado con mucha personalidad (y autoconsciencia, ojo), frío, asfixiante, hipnótico. La caída de tres hombres que se van destrozando mutuamente hasta precipitarse irremediablemente hacia la tragedia. La tragedia de la ambición, de la necesidad de triunfar, aunque te lleve a la locura (Whiplash y Nightcrawler van, precisamente por esta misma línea). El sueño americano abrasa.

5. Relatos Salvajes
Hacer de la corrupción una comedia descacharrante, de la desesperación, carcajada. Esa es la idea básica de Relatos Salvajes. Su ambicioso objetivo que cumple con creces. Tan crítica, inteligente y ácida como divertida y graciosa. Necesitamos más comedias de nivel y necesitamos más cine crítico. Relatos Salvajes, una demostración retorcida de cine social en clave de thriller y comedia negra, es todo esto y más. Una de las grandes películas del año a nivel mundial. Una demostración de que desde lo local se puede hablar de lo universal, de que en el mundo globalizado casi todos tenemos los mismos problemas sistémicos.

4. Deux jours, une nuit
Una mujer tiene un fin de semana para salvar su puesto de trabajo convenciendo a sus compañeros para que renuncien a su bonus, recomponerse a sí misma y curar a su malherido matrimonio. Todo ello durante dos días y una noche tortuosas en las que los Dardenne, a través de la mejor Marion Cotillard que yo ha haya visto, nos escupen a la cara lo terrible que se ha vuelto el mundo en el que vivimos. Pero el encanto del film está justamente en su humanismo. Podría dibujar este sistema como una opresión constante en la que comes o te comen. Podría ser Hobbes y no lo es. A pesar de todas las cosas malas que le pasan a la protagonista, hay esperanza, hay gente buena que se cruza en su camino. No todo es negro. No todo está perdido. Aún podemos tener fe en el ser humano.

3. Interstellar
Pongo a Interstellar en esta posición porque más allá de los problemas que tiene (para mí, como siempre en Nolan el principal son los personajes), o de que haya sido una ligera decepción, la disfruté muchísimo. Fueron casi 3 horas en el cine de puro gozo. Este año hubo 5 películas que vi en el cine que me hicieron muy feliz. Dos se van a jugar el Oscar (Boyhood y Birdman) y las otras tres ocupan este pódium. De todas ellas, Interstellar me parece la peor, o más bien la más criticable, la que teniendo metas más altas, comete más fallos o llega menos lejos en sus objetivos. Pero eso no quiere decir que el viaje interestelar de Christopher Nolan no me parezca puro cine. Diversión en estado puro. La película tiene esas ansias de impresionar, de maravillar, de innovar. Y a mí esas ansias me lo compensan todo. El cine como evasión, como un viaje trepidante por mundos que jamás veré.

2. Mommy
La quinta película de Xavier Dolan fue el film de 2014 con el que más conecté emocionalmente. A pesar de que en absoluto cuenta historias que me hayan pasado a mí o presente personajes que pueda reconocer en mi vida. Conecté con ella porque está cargada de sentimientos muy bien presentados y explicados. Es una película de una rabia y una sensibilidad especiales. He hablado (y escrito) tanto sobre ella que ya no sé qué añadir. Es una película que radiografía con mucho tacto y personalidad lo que implica ser adolescente e hijo, pero también adulta y madre, en un mundo cada vez más desconectado y volátil. Un mundo en el que nuestras conexiones se debilitan, en el que hemos dejado de vivir en nuestras calles y casas, para vivir dentro de nosotros mismos, intentando escapar de nuestros problemas nos hemos obligado a vivir parapetados en ellos. Mommy es un canto a la esperanza porque nos dice que no hay que tener miedo a vivir.

1. Gone Girl

Frente a la sensibilidad de Mommy, David Fincher y Gillian Flynn proponen un viaje a un mundo en el que nos hemos vuelto insensibles. En el que la frustración nos ha corroído, y lo único que nos hacemos es daño a nosotros mismos y a los que nos rodean. Al calor de la crisis económica, la superficialidad de los barrios suburbiales, la telebasura y la corrupción moral, nos presentan la historia de un matrimonio que se hace daño mutuamente, desangrándose en una guerra sin final a la vista, permaneciendo encadenados el uno al otro, odiando a las personas en las que se han convertido. Gone Girl nos relata cuán perdidos estamos, pero no nos propone ninguna salida. Por eso es una película tan agria, tan pesimista. Fincher se confirma como el cronista de un mundo occidental cada día más oscuro, lastrado por problemas sistémicos irresolubles. Nos susurra, otra vez más, que estamos rotos por dentro.

sábado, 21 de febrero de 2015

Los No-Oscar 2014 VI: Montaje y Dirección

MONTAJE

5. Spencer Averick por Selma
El gran reto de Selma es mezclar la esfera íntima, pequeña, como las reuniones políticas o las discusiones matrimoniales, con la esfera pública, los discursos, la iglesia, las manifestaciones. Y el montaje logra congeniar perfectamente ambas escenas, hacer la transición entre los dos mundos de forma muy natural. Obviamente dónde brilla (al igual que la dirección o la fotografía) es en las secuencias de las manifestaciones, que están montadas con una elegancia y una fuerza increíbles.

4. Lee Smith por Interstellar
A estas alturas sabemos que montar las películas de Christopher 1 millón de planos Nolan, tiene un mérito increíble. Es una lucha titánica contra al ego de Nolan y la ingente cantidad de material que rueda. En Interstellar, Smith vuelve hacer un trabajo de primera poniendo orden narrativo en el caos de ideas (tanto argumentales como visuales) del director. Todas las secuencias de acción espacial están muy bien resueltas y las tramas espacio-temporales distanciadas están bien atadas. Otra vez ningunean su trabajo, aunque este año había demasiados rivales de altura.

3. Douglas Crise y Stephen Mirrione por Birdman
Si primero la discusión giró sobre la persistente batería de Antonio Sánchez, luego la misma se trasladó al montaje del film. ¿Si el falso plano-secuencia son 12 planos cosidos podría decirse que Birdman tenía un gran montaje? Si consideramos la planificación como parte del montaje, es decir, que Birdman es una película montada antes de ser rodada, sí. Si no, pues posiblemente su no nominación al Oscar sea lógica. Yo soy del primer grupo, creo que Birdman es una película en la que dirección, fotografía y montaje tuvieron que concebirse al unísono, como una actividad conjunta. Y desde luego el trabajo es brillante.

2. Jay Cassidy, Stuart Levy y Conor O’Neill por Foxcatcher
El montaje de Foxcatcher es, en gran medida, el “culpable” de que el film sea lo gélido que resulta ser. Y sin embargo es un montaje muy fluido, las distintas secuencias no están cosidas de forma abrupta, sino que te van conduciendo unas a otras en una sucesión de pequeños puñetazos, de pequeñas roturas. Miller monta un puzzle y lo van rellenando pero sin tener la menor intención de completarlo nunca. El montaje de Foxcatcher juega con eso precisamente. Con lo que no nos  muestra entre secuencia y secuencia, lo que se ha producido entre fundido a negro y fundido a negro.

1. Kirk Baxter por Gone Girl

Tras ganar dos Oscar con las dos anteriores películas de Fincher al lado de Angus Wall, Baxter se ha quedado fuera de la nominación por su excelente trabajo en Gone Girl, ese juego de máscaras, mentiras y medias verdades, en el que el montaje es tan importante de cara a estructurar el relato como indeleble a la hora de narrarlo. Mérito doble, pues. La secuencia de la huida y el descubrimiento del macro-engaño, la del sexo sanguinario, la de la entrevista… Gone Girl está plagada de secuencias que más allá de lo bien dirigidas que están, cuentan con un montaje brillante. Algún día caerá el tercer Oscar. Seguro.

DIRECTOR

5. Ava DuVernay por Selma
Si con Damien Chazelle ya iba convencido de que me encontraría con un director con un estilo personal muy marcado y estimulante, he de reconocer que con DuVernay, creía que me iba a encontrar con un trabajo solvente pero impersonal. Craso error. Lo que eleva a Selma de drama sociopolítico interesante a film poderoso es la dirección de DuVernay (y la fotografía, el montaje y la banda sonora). Incluso aquellos a los que Selma no les ha gustado aplauden el pulso y el estilo con el que DuVernay rodó las secuencias de las manifestaciones. Pero Selma y el trabajo de su director es mucho más que eso, es un drama consciente de que las imágenes son tan poderosas como las palabras. Lejos de confiar en que la fuerza de Martin Luther King sostendría la película, DuVernay se esfuerza por elaborar una puesta en escena muy potente. Buen trabajo, sus imágines emocionan.

4. Christopher Nolan por Interstellar
Poco que decir a estas alturas sobre Christopher Nolan. En la vorágine de amor/odio a la que nos empujan los nolanistas y los antinolanistas, es difícil esgrimir argumentos razonables. A mí me gustan mucho las películas de Nolan, me parecen diversión en estado puro y aplaudo su ambición, sus ganas de forzarnos a pensar, de desafiarnos, Interstellar como perfecto ejemplo de todo ello. Creo que es capaz de construir secuencias de acción fabulosas, pero también soy muy crítico con la sobresaturación de planos a la que nos somete. ¿Por qué usar diez plano cuando te llega con uno? En ese debate interno me encuentro. Nolan sí o Nolan no. Aún no he llegado a una conclusión. Por ahora, Nolan sí, pero con peros.

3. Damien Chazelle por Whiplash
Chazelle abordó su trabajo partiendo de la base de que el guion es un lienzo casi en blanco en el que poder pintar infinidad de imágenes. Lo que logró fue una película adrenalínica con un don extraordinario para escupir planos extraordinarios, de esos que impactan tanto que sientes como la saliva, el sudor y la sangre te mojan. Chazelle tiene una desbordante capacidad de pensar en imágenes, de sumergirnos en la historia, de insuflarnos frenesí. Una auténtica pena que se quedara fuera de los Oscar frente al impersonal trabajo de Morten Tyldum. He aquí una estrella en ciernes.

2. Xavier Dolan por Mommy
En su quinta película, Dolan confirma lo ya observado en la anterior, Tom a la fèrme, ha madurado como director de una forma extraordinaria. El manierismo de antaño ha dado paso a una preciosa obsesión por el rostro humano. Esos planos cortos, epidérmicos, se combinan con imágenes preciosas del espacio como territorio liberador. Nosotros somos nuestra propia cárcel, lo que nos rodea es la constante posibilidad de liberarnos de nosotros mismos. Por eso en la que es sin duda una de las secuencias del año cinematográfico, el protagonista abre literalmente el plano. Rompamos con lo que nos atrapa. Seamos libres. El Xavier Dolan director es más libre que nunca. Y tiene un extraordinario don para producir sentimientos a través de sus imágenes.

1. David Fincher por Gone Girl

Si partimos de la base de que David Fincher es (con permiso del maestro Scorsese) mi director favorito del cine actual, era bastante predecible que lo colocara en el primer puesto por su excelente trabajo en Gone Girl. Entre los dos planos circulares poderosísimos que abren y cierran la película, Fincher compone un thriller-cebolla, en el que debajo de cada secreto hay otro secreto más. Mueve la cámara por esa capa gris que cubre a los protagonistas, apuntando en sus rostros todas las miserias que esconden debajo de la piel. La cámara los escruta hasta desnudarlos. Es un trabajo sutil. Preciso. Casi quirúrgico. Nadie maneja la tensión y el humor negro como él. Por eso es el gran autor del thriller americano de las últimas décadas. Obviamente, en mi humilde opinión.

miércoles, 18 de febrero de 2015

Los No-Oscar 2014 III: Guion original y Guion adaptado

GUION ORIGINAL

5. Mark Heyman y Craig Johnson por The Skeleton Twins
Cuando vi esta película dije algo así como que sería el tipo de guion que yo escribiría si tuviera talento. Más allá de lo descacharrante que es como comedia dramática, lo que me gusta de este guion es esa complicada mezcla entre ser muy crítico con sus personajes pero a la vez muy indulgente. Casi todo el film es una sucesión de bofetadas dadas con cariño. Caricias que hacen daño pero que reconfortan. Estos dos hermanos distanciados se aman haciéndose daño. O más que haciéndose daño, diciéndose las verdades de la forma más hiriente posible. Esto provoca que el film sea una sucesión de catarsis emocionales. Una constante explosión de risas y sentimientos. Me hizo sentirme muy feliz y muy triste. Es una película con unos diálogos y unos chistes fantásticos.

4. Gillian Robespierre por Obvious Child
Hacer una romcom crítica e inteligente es un reto muy ambicioso, y Gillian Robespierre no sólo no se estrella sino que ha firmado uno de los hitos cinematográficos de mi año. 80 minutos de ironía, cinismo, reflexión y amor. Robespierre trata con mucho cariño a sus personajes, escriba unas frases muy agudas y tiene la valentía de hacer girar una romcom en torno a un debate tan espinoso como [SPOILERS] el del aborto. Es una versión acelerada y descacharrante del estilo de comedia dramática de Girls. Me reí a mandíbula abierta y también me emocioné. Es una película inteligente.

3. Damián Szifrón por Relatos Salvajes
Escribir la película más ácida y graciosa del año es algo digno de ser aplaudido. Aunque no todos los relatos funcionen igual de bien, o estén escritos con la misma elegancia o precisión, todos aportan una nueva arista a ese sistema al que Szifrón le presenta a una enmienda a la totalidad. Hacer que situaciones trágicas resulten hilarantes, y que aún así sigan siendo muy duras, muy amargas, es complicadísimo. Una película tan arriesgada, casi kamikaze, como Relatos Salvajes pudo haberse caído con todo el equipo, y sin embargo es el film de este año que más pueden disfrutar todo tipo de públicos. Estamos corrompidos hasta el tétano, quizás reírnos de ello sea una buena forma de afrontarlo.

2. Jean-Pierre y Luc Dardenne por Deux jours, une nuit
Los Dardenne se alejan del exceso de catastrofismo de sus películas anteriores (esto, obviamente, es una opinión meramente personal), y salvo un giro dramático catártico pero innecesario (y que aún así funciona), dibujan una película que es todo fluidez y naturalidad. En un año en el que las redes sociales nos han sometido cinematográficamente a la frase “es la vida”, desde luego Deux jours, une nuit es la vida. O más que la vida es la Europa en la que nos hemos convertido. La crónica de la muerte anunciada del Estado del Bienestar. Estoy seguro que dentro de unos años se reflexionará sobre el arte que se hizo en el marco de la crisis económica, y que esta película será una obra capital dentro de esa ¿corriente?. Deux jours, une nuit no tiene grandes frases, soberbias declaraciones de intenciones, speechs brillantes, simplemente es el via crucis de una pobre mujer intentando mantener su puesto de trabajo mientras intenta recomponerse a sí misma. No hay nada de impostura en esta película. Su naturalidad, su cercanía, ser un film tan palpable, es lo que la hace una película tan buena.

1. Xavier Dolan por Mommy

En un mundo en el que el diagnóstico masivo de enfermedades como el TDAH se ha vuelto una herramienta de control (Dios, Foucault, ¿qué has hecho conmigo?) de la juventud, Mommy es una película ya no sólo necesaria, sino urgente. Más allá de la idea inicial, y de los debates que plantea sobre la maternidad, la adolescencia, la soledad o la importancia de la familia y el amor, más allá de todo eso, la gran baza de Mommy es su sensibilidad. Ya no es sólo lo que cuenta sino cómo lo cuenta. El Xavier Dolan guionista ha adquirido una profundidad a la hora de escribir que antaño no tenía. Escribir emociones es un reto muy complejo. Manejar las micro-explosiones de unos personajes a punto de romperse también. El guion de Mommy es una delicia.

GUION ADAPTADO

5. Richard Glatzer y Wash Westmoreland por Still Alice
El gran mérito del guion de Still Alice es no caer en dramatismos y estridencias innecesarios. Si la película se sustenta en su totalidad en la interpretación de su actriz protagonista, el guion es la arcilla con la que esta puede trabajar, y los diálogos y situaciones naturales y razonables que proponen se vuelven grandes armas en manos de Julianne Moore. No es una película ingeniosa, ni tampoco especialmente profunda, es el relato de una persona que se va olvidando de existir, de ser ella misma. Su sencillez es su gran mérito y en el año más flojo que recuerdo de guiones adaptados, es suficiente para que la ponga en esta lista.

4. James Gunn y Nicole Perlman por Guardians of the Galaxy
No es que yo sea el mayor fan de Marvel y su plan de dominio cultural global. De hecho, más bien soy de los que aplaudió las ostias que le asestaron Iñárritu y compañía en Birdman. Partiendo de esta base, Guardians of the Galaxy ha sido, de lejos, la película del imperio que más me ha gustado hasta ahora. Mezcla con solvencia acción, humor y referencias culturales (la BSO es genial). Hay gags que son demasiado infantiles, pero tiene diálogos chispeantes y la historia es muy entretenida.

3. Andrew Bovell por A most wanted man
Adaptar a Le Carré no es un reto fácil de superar con buena nota. Por un lado, por la complejidad de sus tramas/misterios y por la frialdad de sus personajes; por otro lado, por la dificultad de estar a la altura de adaptaciones anteriores del mismo autor, como The Spy Who Came In from the Cold, The Constant Gardener o Tinker, Tailor, Solider, Spy. Y sin ser la mejor adaptación de Le Carré, ni conseguir librarse de esa sensación de frío que desprende el material, estamos ante un buen thriller de espías post-11 S. El misterio está bien hilado y el personaje interpretado por Philip Seymour Hoffman funciona a las mil maravillas.

2. Bong Joon-ho y Kelly Masterson por Snowpiercer
Un tren que no puede detenerse cruza un mundo helado cargando con los restos de una humanidad estratificada socialmente en los vagones del mismo. Con una premisa tan jugosa como peligrosa, Snowpiercer ha sido una de las películas más especiales y curiosas de 2014. Podría haber sido un despropósito, y si es cierto que el tramo final casi llega a descarrilar, estamos ante uno de los grandes divertimentos del año cinéfilo. Ácida, inventiva, ingeniosa, llena de acción y con pequeñas pullas y hasta cierto nivel de crítica social (no demasiado elaborada, conste), desde luego estamos ante una buena película, de esas que deberían producir los grandes estudios de Hollywood.

1. Gillian Flynn por Gone Girl

Junto a la ausencia de The Lego Movie en la categoría de animación, que Gillian Flynn no estuviera nominada al Oscar por adaptar su propio best-seller fue el gran shock del anuncio de las candidatas a los Oscar 2014. Tiene muchísimo mérito hacer un film salvajemente comercial que a la vez sea terriblemente cínico, crítico, oscuro y tenga mil capas de lectura y genere una gran cantidad de debates: desde la crisis matrimonial, la caída del hombre blanco de clase media, el crash del sistema económico, la banalización de los medios de masas o la momificación de la vida suburbial. Gone Girl es un brutal retrato de nuestro tiempo, de nuestras sociedades occidentales. Y además es un thriller adictivo, que corre siempre hacia adelante, a golpe de giro narrativo. Es el mejor ejemplo de drama adulto de masas, sobre el que se debería cimentar la industria cinematográfica. Flynn maneja muy bien la tensión y escribe unos diálogos cargados de acidez. Un gran trabajo. El mejor guion adaptado del año, con mucha diferencia.

martes, 17 de febrero de 2015

Los No-Oscar 2014 II: Fotografía y Diseño de producción

FOTOGRAFÍA

5. Sharone Meir por Whiplash
Poco se ha hablado de la fantástica fotografía de luces y sombras muy marcadas de Whiplash. Precisamente esa exposición constante a la que somete a los planos (y a sus personajes) hace que la película se convierta en toda una experiencia física, todo lo que pasa en plano lo podemos observar, el movimiento de los instrumentos, los fluidos que expulsan los protagonistas, sus rostros siempre al borde de la histeria. Un fantástico trabajo.

4. André Turpin por Mommy
Si Mommy desprende tanta vitalidad es, en gran medida, por la fotografía de Turpin, con esos tonos amarillos y esos infinitos cielos azules. Estamos ante una fotografía que es pura luminosidad. Y eso se transmite al espectador. Mommy podría haber sido una película terriblemente dura, triste, y sin embargo tiene un halo esperanzador, transmite ganas de vivir, Dolan y Turpin trabajan muy bien juntos, se complementan perfectamente, y el resultado es una película llena de energía, sobre todo en las secuencias diurnas y rodadas en el exterior.

3. Bradford Young por Selma
Tras maravillarnos el año pasado con su lubezkiano trabajo para la malickiana Ain’t them bodies saints, este año Bradford Young se ha confirmado como uno de los directores de fotografía a tener en cuenta en las próximas décadas con A most violent year y Selma. Young da al film de DuVernay un look visual entre añejo y ensoñado. Como si fuera un sueño fugaz de una siesta. O como si estuviera bañado en gas lacrimógeno. Apaga los contrastes para sumir al conjunto en la niebla y casa muy bien con el estilo que DuVernay le imprime a las secuencias (sobre todo a las que retratan la violencia).

2. Jeff Cronenweth por Gone Girl
El principal pero que se le puede poner al trabajo de Cronenweth es que no aporta nada nuevo a su propio estilo, simplemente lo perfecciona, lo pule. El estilo visual del dúo Fincher-Cronenweth está tan definido, con esa fotografía gris azulado para el día y naranja para la noche que, efectivamente, Gone Girl no presenta ninguna diferencia con respecto, sobre todo, a las dos anteriores películas de uno de los mejores dúos artísticos del cine actual. Dicho esto, obviamente la fotografía vuelve a ser excelente, sobre todo en los espacios cerrados y en las secuencias nocturnas. Una película que habla de personas de vidas grises que se mueven entre las penumbras y las mentiras, necesitaba a un director de fotografía que supiera iluminar esos sentimientos, esas entrañas podridas, y Cronenweth es ese director, sabe perfectamente como pintarnos las partes más oscuras del ser humano, como atenuar los rostros o cómo convertir al espacio en otro protagonista.

1. Hoyte Van Hoytema por Interstellar

Van Hoytema se ha convertido en el último lustro en uno de los directores de fotografía más interesantes del panorama actual. Desde su extraordinaria (e injustamente ninguneada) fotografía de Tinker, Tailor, Soldier, Spy hasta su sutil trabajo para la Her de Spike Jonze. En su trabajo más ambicioso da una nueva estética al cine de Nolan, menos oscura y nocturna, más desgastada, como ese mundo al borde de la destrucción. Interstellar combina la suciedad de los planetas, las naves y las casas, con la espectacular recreación de un espacio lleno de misterios. La luz en Hoytema es esperanzadora, cálida. Una jodida maravilla.

DISEÑO DE PRODUCCIÓN

5. Kim Jennings y Elizabeth Keenan por Selma
Hemos visto muchas recreaciones de los años 60 en Estados Unidos. Esas ciudades y esos barrios residenciales de blancos. Pero muy pocas veces hemos echado un ojo a las ciudades americanas desde la perspectiva de los negros. Cómo eran sus casas, sus cafeterías y sus calles. El pueblo de Selma se convierte en un pequeño teatro en el que Ava DuVernay mezcla a dos razas condenadas, finalmente, a entenderse, y lo hace con una recreación muy interesante.

4. Jess Gonchor y Kathy Lucas por Foxcatcher
Si Foxcatcher es una película tan gélida, tan lapidaria, tan perfeccionista, trazada con líneas rectas pero que habla de personajes tan torcidos, es, en parte, gracias a su espectacular diseño de producción. Esos espacios agobiantemente amplios. Esa opulencia feísta. Esa frialdad asfixiante que provocan esas estancias tan inhóspitas. Bennett Miller sabía muy bien lo que la historia necesitaba. Un señor trabajo.

3. Donald Graham Burt y Douglas A. Mowat por Gone Girl
Año tras año vemos como la Academia ignora a trabajos muy interesantes (y relevantes narrativamente) por el mero hecho de estar ambientados en la actualidad o en el pasado reciente. Las casas abiertas pobladas de sentimientos encerrados, que pueblan Gone Girl, componen, desde luego, un diseño de producción muy estimulante y medido al milímetro. No es un trabajo que luzca, pero ayuda a construir el clima del film como muy pocos este año.

2. Ondrej Nekvasil y Beatrice Brentnerova por Snowpiercer
Ese tren en el que cada vagón es un mundo completamente distinto al anterior, merecía más reconocimiento. En general, Snowpiercer lo merecía. El diseño de producción no sólo es brillante y detallista, sino que además está cargado de mucha mala ostia. Un trabajo muy imaginativo y sin el que la película no sería ni la mitad de divertida y estimulante. El diseño de producción hace que el recorrido por ese tren de desgracias y maravillas sea puro gozo visual.

1. Kevin Thompson y George DeTitta Jr. por Birdman

Hace 2 años, la Academia decidió darle el Oscar en esta categoría a Lincoln frente a uno de los diseños de producción más brutales que jamás haya visto servidor, el de Anna Karenina. Este año, el de Birdman, tan relevante narrativamente como aquel, ni siquiera ha podido colarse en la terna. Ha pagado caro, supongo, el hecho de que la película esté ambientada en la actualidad. Más que en ninguna película de este año, los decorados son parte fundamental del film, puesto que tuvieron que amoldarse a la perfección a la planificación que Iñárritu y Lubezki hicieron a la hora de rodar ese monumental  plano-secuencia falso. El Oscar debería ganarlo The Grand Budapest Hotel, pero Birdman debería haber estado nominada en esta categoría. 

lunes, 16 de febrero de 2015

Los No-Oscar 2014 I: Música y canción originales

Tras muchos meses de cábalas hemos llegado por fin a la semana de los Oscar. Se pueden leer jugosos análisis de todas las categorías en muchas webs de referencia. Como no iba a aportar nada que no hubiera dicho ya gente que sabe más y escribe mejor que yo, prefiero acordarme de todos aquellos grandes trabajos del cine de 2014 que no estará presente en la gala del domingo. La única normas de estos premios imaginarios son: no estar nominado al Oscar, pero haber sido elegible, he aquí la lista de 323 películas candidatas a los Oscar de este año. Así que en estas listas figurarán películas de 2013 como Under the skin, pero no films de 2014 como Maps to the stars o Clouds of Sils Maria. Además, en estas dos primeras categorías, me limité también, a las 114 partituras y 79 canciones nominables este año, por lo tanto no estará el polémico trabajo de Antonio Sánchez para Birdman.

MÚSICA ORIGINAL

5. Jonny Greenwood por Inherent Vice
Tras sus complejos y turbios trabajos para There will be blood y The Master, Greenwood vuelve a ponerle música a una película de Paul Thomas Anderson. Y en esta ocasión se aparta de aquellas dos partituras tan oscuras y tétricas, para, sin dejar de ser él mismo, sumergirnos en los años 60. El resultado es una composición muy evocadora y divertida que hace que en muchas ocasiones te dejes llevar por el ritmo desenfrenado, casi jovial y ligero, que le imprime al film.

4. Joe Hisaishi por The Tale of the Princess Kaguya
Para que nos hagamos una idea de la importancia de Hisaishi en el cine japonés, podríamos decir que es el Alberto Iglesias nipón, venciendo hasta en 8 ocasiones en los premios de la Academia japonesa de cine. Si la película de Isao Takahata es tan bonita es gracias a la simbiosis perfecta entre sus espectaculares acuarelas y la música compuesta por Hisaishi. Durante dos horas te embarcas en un viaje lleno de magia, que a veces parece más una arte contemplativa que narrativa. Pura atmósfera, delicadeza y tradición bien actualizada.

3. Marco Beltrami por The Homesman
Beltrami tiene en su haber dos nominaciones al Oscar. La primera, por otro western, 3:10 to Yuma. La segunda, por The Hurt Locker. No es un autor que me guste especialmente, pero desde luego es uno de los compositores con más personalidad del cine actual. En este western crepuscular de Tommy Lee Jones lleva a cabo un gran trabajo que se mueve entre la tradición y la innovación, mezclando sonidos muy diferentes para crear esa sensación de desasosiego, casi como de locura, que atraviesa todo el film.

2. Trent Reznor y Atticus Ross por Gone Girl
Tras ganar el Oscar con The social network y alcanzar la nominación con Millenium, el tándem Reznor-Ross no ha logrado convertir su tercera colaboración con David Fincher en nominación al Oscar. Y no será porque no lo merecieran. A pesar de que estamos ante un trabajo mucho más sutil que los dos anteriores, vuelven a lucirse con una música que aunque a veces parezca imperceptible va marcando el ritmo y la atmósfera del film. Fincher se vale, además de su puesta en escena, del montaje y de la música para gestionar la tensión con la que va ahorcando a sus protagonistas entre giros y contra-giros dramáticos. Es una banda sonora que sigue la estela de los trabajos anteriores de Reznor y Ross pero que a la vez aporta algo nuevo a su estilo, estamos ante una música más sugerente que impactante.

1. Mica Levi por Under the skin

La compositora Mica Levi, que tiene sólo un año más que yo, ha aparecido de la nada, firmando su primera partitura cinematográfica para la subyugante película de Jonathan Glazer, y se ha convertido en una de las sensaciones musicales cinematográficas del año. Ya sea para bien o para mal, todo el mundo ha hablado de su banda sonora. Posiblemente ninguna película dependa tanto de su música como Under the skin. Extraña, asfixiante, incómoda e hipnótica. Levi se ha lucido, una pena que la Academia no haya optado por arriesgar a lo grande e incluirla en el listado. Es una gran noticia su irrupción, porque el cine necesita más mujeres compositoras, y sobre todo, porque el cine necesita a músicos que busquen expandir sus horizontes.

CANCIÓN ORIGINAL

No es una gran canción, pero es tan dulce y la música es tan bonita, que es imposible no quererla. Al igual que la película, es puro amor. Pegadiza, tierna y graciosa. Estuve a punto de meter a John Powell por la música original de esta película en la categoría precedente, así que creo que es un buen reconocimiento a su enorme trabajo.

Desde las primeras quinielas se daba a esta canción como una importante contendiente en esta categoría en los Oscar. Al final, el fracaso crítico del film de Aronofski pudo más que la posibilidad de nominar a una leyenda de la música como Patti Smith. Desde luego estamos ante una canción, que sin ser una genialidad, ni generar un gran impacto, es muy poderosa.

Tras quedarse fuera en los anteriores Oscar, inmerecidamente, con su Young and beautiful para The Great Gatsby, Lana del Rey ha vuelto a intentarlo en esta película de Tim Burton. Y ha vuelto a fracasar. Big Eyes se metió en mi cabeza y me pasé días enteros tarareándola. La lánguida voz Lana del Rey tiene ese poder en mí. La canción resume a las mil maravillas el tema de la película y el calvario de su protagonista, hubiera sido una gran nominada, porque desde luego tiene relevancia narrativa en el film.

Lorde es una de las grandes estrellas del pop comercial actual y su canción para la penúltima película de la saga The Hunger Games se convirtió pronto en hit. No es mi estilo, pero la canción está muy bien, tiene muchísima fuerza y personalidad. Y además es jodidamente pegadiza.



Esta es mi canción original favorita del año. Una pena que no esté nominada, porque además habría servido para engordar la lista de candidaturas de la favorita al Oscar a la mejor película, Boyhood. Esta canción del propio Ethan Hawke, es una maravilla. No puedo parar de oírla. Me emociona. Es sensible y preciosa. Como la película de Richard Linklater.