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martes, 25 de agosto de 2015

Emmysalternatives 14/15 I: Actores invitados

Todos los que me conocen saben lo mucho que me gusta hacer listas y lo freak que soy de la televisión. Por eso disfruto diseñando mis Emmys perfectos. Llevo varios haciéndolos, aunque el año pasado fue la primera vez que los hice en este santo hogar. Empleo mucho tiempo de mi vida viendo series y escribiendo sobre ellas, esto es, en mi opinión, lo mejor de la temporada 14/15 en la televisión americana. Un pequeño homenaje a todas esas personas que me han hecho la vida un poco más feliz en el último año. Las normas de estos Emmysalternatives son: sólo pueden ser elegibles aquellos que lo eran para los Emmys, es decir, que figuraban en sus papeletas; respeto las categorías de los Emmys con dos salvedades, en mejor comedia y en mejor drama nomino a 10 series, en vez de a 7, y fusiono dirección y guion en mejor capítulo. Dicho lo cual, here we go!

Actor invitado en serie cómica

6. Seth Rogen por Broad City
Rogen firmó esta temporada dos apariciones estelares fantásticas, por un lado en The Comeback, interpretándose a sí mismo, y por otro, en Broad City, como sudoroso ligue de Abbie. Me reí muchísimo con él y sus efluvios. Larga vida a Seth.




5. Paul Giamatti por Inside Amy Schumer
A estas alturas Paul Giamatti ha demostrado, sobradamente, que es uno de los mejores actores del mundo. En 12 Angry Men Inside Amy Schumer, esa parodia brutal que Schumer hizo de 12 Angry Men, tranformando el juicio en “¿estoy suficientemente buena para salir en la televisión?”, Giamatti brilla. Suyo es el papel de jurado más difícil de convencer de que Schumer está lo suficientemente buena y sus duelos con Hawkes son lo más divertido de un episodio que será recordado durante mucho tiempo. Un todoterreno.

4. John Hawkes por Inside Amy Schumer
Si Giamatti heredó el papel de Ed Begley, Hawkes tuvo que lidiar con el recuerdo de Henry Fonda, moldearlo y convertirlo en pura comedia. La operación se saldó con un mayúsculo éxito. Su personaje conduce el episodio, manteniendo siempre la entereza y salpicando sus intervenciones con momentos de comedia total. Jamás podré olvidarme de su arenga sobre el uso del consolador.

3. Jon Hamm por Unbreakable Kimmy Schmidt
Jon Hamm jamás ha ganado un Emmy, ya fuera por ser Don Draper o por sus apariciones en 30 Rock. Este año se encuentra, de nuevo, ante la ocasión de firmar un doblete gracias a Don Draper pero también a la nueva serie de Tina Fey, Unbreakable Kimmy Schmidt, dónde interpreta al perverso (a la par que encantador) líder de una secta. Es un personaje excesivo y Hamm lo clava. Su principal rival en esta categoría, a priori, es el hombre que encabeza esta lista.

2. Michael Rapaport por Louie
Las estrellas invitadas de Louie no han tenido el reconocimiento que se merecen por parte de los Emmys. Sólo Melissa Leo ha sido galardonada por la academia. Este año han nominado a Pamela Adlon, pero no han tenido en cuenta a Rapaport por interpretar el tarado y vulnerable ex – cuñado de Louie, en el que quizás fuera el mejor capítulo de la temporada, Cop Story. Una pena que no lo hayan nominado, es un trabajo sensacional tanto a nivel cómico como dramático.

1. Bradley Whitford por Transparent
Sí, Whitford es el gran rival de Jon Hamm en esta categoría. A su favor tiene el Critic’s Choice y brillar en una de las comedias del año, Transparent. Desde el final de The West Wing, Bradley Whitford no había tenido un personaje tan interesante en la televisión como esta compañera de proceso vital de la protagonista. Resulta entrañable, divertido y emotivo. Es un trabajo precioso.

Actriz invitada en serie cómica

6. Tina Fey por Unbreakable Kimmy Schmidt
Este personaje es el más paródico y menos denso de los que están en la lista. Lo que hace Tina Fey con esta abogada inepta no deja de ser un sketch de Saturday Night Live. Y claro, ella domina el terreno y el registro al dedillo. Por eso funciona a pesar de lo estridente que pueda resultar la inclusión de su personaje en la historia.



5. Patricia Clarkson por Broad City
A Patricia Clarkson le das tres líneas de guion y te hace un personaje interesante. Esta sufriente madre es a la vez desternillante y trágica. Te hace reír y te da mucha pena. Clarkson se entregó a las locuras de Abbie e Ilana y demostró, una vez más, que es una actriz fabulosa.




4. Susie Essman por Broad City
Ser la madre de la chiflada de Ilana no es un reto fácil. Exige tener una gran vis cómica y nulo sentido del ridículo. La trama que comparten ambas, comprando mercancía a los chinos es hilarante. Essman está divertidísima.




3. Octavia Spencer por Mom
Tras el fracaso de la adaptación yankee de Polseres Vermelles, Spencer volvió a Mom, después de que su personaje saliera de la cárcel, reconvertida en sierva del señor. Esta nueva versión de sí misma en clave beata funcionó a la perfección. Cada duelo entre Spencer y Janney fue un placer. Es lo que tiene medir cara a cara a dos actrices tan buenas.

2. Rhea Perlman por The Mindy Project
Más allá de que la relación amorosa haya funcionado a las mil maravillas, uno de los elementos que han hecho a The Mindy Project ser una serie mucho mejor esta temporada es el personaje de Perlman, la posesiva y desconfiada madre de Danny Castellano. Perlman coge todos los tópicos de madre controladora y los convierte en pura comedia. Su contraste con Mindy fue pura comedia.

1. Pamela Adlon por Louie
El personaje de Pamela Adlon en Louie es quizás el más desternillantemente cruel de la televisión actual. Su humor negrísimo, su forma de jugar con los sentimientos del pobre Louie y su forma de auto-protegerse atacando a veces resultan hasta desagradables de ver, pero siempre es descacharrante. Algunas de mis mejores risas de este año se las debo a ella. No es una mala persona, simplemente está dañada y se niega a aceptarlo. Morir matando. Adlon tiene el carácter y el sentido de la comedia necesarios para este papel. No me imagino a nadie más haciéndolo. Sólo ella, que conoce muy bien a CK, podría interpretarlo.

Actor invitado en serie dramática

6. Cameron Monaghan por Gotham
A mí Gotham me acabó exasperando, tiene material para ser una buena serie pero se pierde en casos sin interés. Una de las mejores cosas que tuvo su primera temporada fue la irrupción de Cameron Monaghan interpretando al Joker antes del Joker. Ese chaval perturbado, moldeado a base de ostias de la vida. La secuencia del interrogatorio es tremenda, Monaghan da miedo de verdad.

5. Richard Schiff por Manhattan
Manhattan ha pasado más desapercibida de lo que merecía. Es una serie densa, oscura e interesante sobre cómo los americanos llegaron a desarrollar la bomba atómica. Pero sobre todo sobre las miserias de dicho proceso. En ella sale Richard Schiff, que es un actor por el que yo tengo devoción desde The West Wing, como un oscuro agente en busca de posibles topos dentro del campamento dónde los científicos estaban realizando sus investigadores. No es, desde luego, un trabajo agradable, pero sí muy hondo.

4. Reg E. Cathey por House of Cards
De los seis actores que hubiera nominado yo al Emmy el único que puede conseguirlo es Cathey, que un año más vuelve a dar vida a ese cocinero que tiene como mejor (o peor) cliente a Frank Underwood. Cathey compone un personaje incrédulo. Un auténtico superviviente que sabe que la vida es un valle de lágrimas en el que hay que luchar para no hundirse. Representa a todos aquellos que ya no creen en la política, porque conocen sus miserias de cerca.


3. David Hyde Pierce por The Good Wife
De todos los actores que figuran en esta categoría es el que tiene más minutos en pantalla y un arco más amplio y complejo. David Hyde Pierce encarna al rival electoral de Alicia Florick. Un hombre, al igual que Alicia, que se ve sumido en la espiral de basura que acompaña al mundo de la política profesional. A la vez astuto e inocente el personaje requería un actor de su tamaño, siempre tan sutil, tan agudo.

2. Oliver Platt por The Good Wife
Siempre es un placer ver a Oliver Platt, es un actor secundario descomunal. En la última temporada de The Good Wife interpreta a un multimillonario republicano al que le apasiona tener discusiones morales y/o ideológicas. Sus duelos con Christine Baranski fueron maravillosos.



1. Lars Mikkelsen por House of Cards
Mikkelsen afronta en la tercera temporada de la excesiva House of Cards un personaje tan goloso como peligroso, ese brillantemente nauseabundo presidente Petrov, álter ego de Vladimir Putin. Desde luego no es una interpretación sutil, pero sí es una de esas que no se olvidan fácilmente. El resultado es de una viscosidad muy turbadora.


Actriz invitada en serie dramática

6. Patricia Arquette por Boardwalk Empire
La ganadora del Oscar Patricia Arquette, volvió a Boardwalk Empire para darle un cierre a su personaje, esa mujer fuerte y manipuladora con la que se identifica un Nucky Thompson contra las cuerdas. No pudo brillar tanto como la temporada anterior, pero aún así siguió siendo magnética. Es lo que tiene ser una gran actriz.


5. Elizabeth Reaser por Mad Men
Don Draper está tan perdido en sí mismo que se enamora de un fantasma del pasado, de una camarera que ha huido de su familia, de su pueblo, para empezar una nueva vida. Se enamora de los recuerdos del hombre que fue. Esa camarera es Elizabeth Reaser. Sexy, trágica, huidiza y en última instancia, atrapada. Brillante.



4. Diana Rigg por Game Of Thrones
Rigg ha logrado su tercera nominación consecutiva al Emmy en esta categoría y es la única de las nominadas de este año que incluyo en mi lista. Su Lady Olenna es un personaje delicioso, con sus pullas, su retorcido sentido del humor y sus caras de estupor. Este año la han puesto contra las cuerdas y Rigg pudo dar rienda suelta a su registro dramático en la sensacional conversación con el Septón Supremo, aquella de “vosotros sois la minoría y nosotros la mayoría”.

3. Lois Smith por The Americans
Todas las actrices de esta lista, salvo Smith, tienen arcos que trascienden durante varios capítulos. De hecho, cuatro de ellas son personajes que han aparecido en más de una temporada de sus series. Por eso tiene tanto mérito lo que hace Lois Smith en The Americans, que en apenas unos minutos, durante un único capítulo, dibuja a toda una mujer fascinante. Esta señora mayor que ha padecido la muerte por culpa de la guerra y que ayuda voluntariosamente en el negocio familiar es lo más entrañable de la televisión de la última temporada. La conversión entre Smith y Keri Russell fue sensacional.

2. Julianne Nicholson por Masters of Sex
Si algo se salvó de la caída en picado que sufrió Masters of Sex en su segunda entrega fue la descomunal Julianne Nicholson, que encarnó con entereza y sensibilidad a una doctora moribunda que se aferraba a su trabajo y a su dignidad para seguir en pie. Confirmando así que es una actriz que a la menor ocasión que le dan, brilla.



1. Kiernan Shipka por Mad Men
A lo largo de estas listas insistiré bastante en mis loas al reparto femenino de Mad Men. Shipka era una niña pequeña cuando entró en la serie de Matthew Weiner, a lo largo de estos 8 años se ha transformado en una mujer y también en una actriz con aura. Ha sido capaz de plasmar con credibilidad una catarata de sentimientos enterrados en una constante pose de desidia. En esta última temporada la trama la ha empujado a madurar, y de pronto, dejó de ser una niña enfadada, para ser una mujer responsable. Su última secuencia, fregando los platos, es preciosa. Y su cara. Su cara.

lunes, 25 de agosto de 2014

Emmysalternatives 13/14 y VIII: Series de Drama

Ahora sí, último post, mi top 10 de los mejores dramas de la temporada pasada. Fuera se quedan series como The Killing con su contundente tercera temporada, dos clásicos de FX como Justified y Sons of Anarchy o la siempre brillante Boardwalk Empire.


10. The Newsroom
¿Si no defendemos los sorkinistas a Sorkin quién lo va a defender ya, a estas alturas del partido? Lo único que le falta es que lo arrojen a los cerdos, como harían en una de las series de la que hablaré más abajo. The Newsroom es Aaron Sorkin en estado puro, para bien y para mal, desmedido, un sermón semanal de 50 minutos. En la segunda temporada aprendió de algún error cometido en la primera: sus periodistas ya no son perfectos y las historias inventadas hacen que no esté jugando con las cartas marcadas. Pero desde luego no cambió el rumbo de la serie. The Newsroom es el manifiesto de Sorkin sobre cómo debería ser su país. Idealista y maniqueo. Excesivo. Capaz de escribir los diálogos más inteligentes y las situaciones más sonrojantes. Así es Aaron Sorkin cuando nadie le pone cortapisas, incluido él mismo. Entiendo todas las críticas que se la han hecho, pero no puedo evitar que todo lo que escribe me fascine. Con pocas series los minutos se me hacen más cortos, pocas ficciones me hacen más feliz. Por eso está aquí, aunque suene a sacrilegio.


9. The Americans
Posiblemente The Americans sea todo lo contrario a The Newsroom, lenta, arrítimica, incluso anticlimática, moralmente muy compleja, un magma de ideas en el que nada es blanco o negro. The Americans no tiene un discurso, tiene múltiples elementos que le permiten al espectador formar un discurso propio. El gran debate de esta temporada ha sido ¿patria o familia? Y todo ha girado en torno a la nebulosa zona dónde ambas esferas se mezclan. También ha hablado de la fe en tiempos convulsos, del sacrificio, de los fines y sobre todo de los medios. Deja además un escenario apasionante de cara al año que viene. Los protagonistas cada vez se acercan más al borde del precipicio.



8. Hannibal
Si en comedia le di el Most Improved Player a Veep, en drama se lo merece sin duda alguna la Hannibal de Byan Fuller. La serie más hipnótica, desagradable, barroca y enfermiza de la televisión. Tras una buena primera temporada, Hannibal regresó a NBC convertida en una serie superior, tan buena como para estar en el ranking de los mejores dramas en antena. Con un arranque y una recta final espectaculares, ha terminado por imponer un nuevo tipo de televisión: la sensitiva. Esta serie es ante todo, una experiencia sensitiva trenzada por su belleza visual y sus asfixiantes mundos sonoros. Cuando la forma es forma y fondo.



7. Masters of Sex
El gran estreno del otoño pasado. Esta serie sobre los pioneros de los estudios sexuales irrumpió en Showtime con osadía, sensibilidad y sentido del entretenimiento. Conjugando elementos de culebrón con drama de personajes de primera división creó una serie de relaciones personales muy jugosas, abordó la sexualidad desde el punto de vista de la mujer en los años 60, y trató con tacto y hondura la homosexualidad en la misma época. Conjugar ciencia y sentimientos fue su gran acierto. Ése y fichar a Allison Janney y Lizzy Caplan.



6. Game of Thrones
Otra temporada fantástica de Game of Thrones. Quizás un poco inferior a la tercera, que estuvo mejor hilada, pero aún así maravillosa. Capitaneada por los Lannister la serie siguió reflexionando sobre el poder como máquina de devorarlo todo, empezando por los propios seres humanos que lo poseen o pretenden conseguirlo. Además nos abrió la puerta a Dorne, nos ofreció a unas chicas Stark que ya han madurado definitivamente, aumentó la tensión y la oscuridad de las tramas del norte y nos dejó no pocas peleas (tanto físicas como verbales) de gran altura. En el lado de los peros, no haber dado más tiempo a los acontecimientos de la season finale y sobre todo la trama de Daenerys, muy anquilosada.



5. House of Cards
No tiene pocos detractores la adaptación USA de las novelas de Michael Dobbs. Sobre todo aquí. Entiendo algunas críticas, y soy el primero en reconocer que desde luego no es una ficción redonda. Más bien al contrario, está compuesta de múltiples y afiladas aristas. Sin embargo me parece una serie adictiva. Una fascinante reflexión sobre el cinismo y la podredumbre que rodea a la política de alto nivel. Y además es un thriller negrísimo que te va envolviendo en sus trampas, como si fueras otra víctima más de Frank Underwood en su ascenso a la cima del poder (o en su descenso a los infiernos). En House of Cards la escala de medir no está compuesta de grises. Todo en ella es negro. Todo apesta. Y entiendo que a mucha gente eso la haga desconectar, que no haya asideras emocionales o morales a las que se agarrarse, que todo el mundo sea malo, que todo esté podrido. Además de un tratado sobre el cinismo estamos ante un tratado sobre el pesimismo.



4. True Detective
Irrumpió, con justicia, como un vendaval en el mundo seriéfilo. Una serie que cogía un género mil veces explorado como el de la pareja de detectives a la caza de un asesino en serie, y lo llevaba a territorios sin explorar. 8 capítulos pensados como un todo, escritos por el mismo guionista, Nic Pizzolatto, estructurados en inicio, nudo y desenlace. Fieles a un tempo narrativo particular, que jugaban con los saltos en el tiempo y la verdad y la mentira como elementos narrativos. Y además de eso, un empaque visual inusual para el medio televisivo, con Cary Fukunaga como único director que desde el principio creó una atmósfera abrasiva y deprimente en que poner a bailar a unos personajes hasta arriba de mierda. True Detective no ha inventado nada, simplemente ha encontrado otra forma de contárnoslo… ¿simplemente? No, tiene un mérito descomunal. Cuando veía True Detective se apagaba el mundo a mi alrededor. Sólo había pantanos, apellidos franceses (¡viva Louisiana!) y dos pobres diablos jodidos en el pasado y el presente. Sin duda, qué bueno que llegaste… True Detective.



3. Mad Men         
No soy capaz de verle el desgaste a Mad Men. Lo único que veo es evolución lógica de los personajes, de la historia. Me sigue pareciendo un brillante relato sobre las miserias de la vida. Creo que sigue golpeando el corazón de la misma forma que lo hacía al inicio. Y además este año ha sido pura melancolía. O más que melancolía, frustración por los errores cometidos. También ha ahondado en la familia como trampa y como refugio. Y ha reflexionado sobre como la vida profesional a veces se apodera de todo, quedándose con todos nuestros sueños, nuestras aspiraciones. Todos estos temas los han soltado Weiner y su equipo para hacer que nos cuestionemos nuestras propias prioridades, que pensemos en qué nos quedará cuando ya no nos quede nada. No es un mensaje de “el trabajo mata a las relaciones personales”, más bien va en la dirección de que trascender, hacer algo importante, sentirse realizado, está relacionado tanto con la ambición profesional como con los sentimientos humanos. Como siempre… ouch.



2. The Good Wife
Como ha sido de lejos sobre la serie que más he escrito en el blog este año, llego a la meta sin saber muy bien qué añadir ya. Inteligente, incisiva, delicada, triste, crítica, valiente. Todo eso es The Good Wife y sobre todo esta quinta temporada tan redonda que nos ha ofrecido el matrimonio King. Posiblemente tenga la maquinaria narrativa más precisa de la televisión actual. Todo lo que en ella pasa está trabajado, no existe el deus ex machina, todo es natural, orgánico, todo va hacia una dirección. Esta serie sobre una mujer de ambición y problemas sentimentales crecientes, lo único que sabe hacer es ir hacia adelante. Y no le importa meterse en los líos más espinosos, ya sea la vigilancia indiscriminada de la NSA, la muerte y el sentimiento de pérdida o la corrupción política. Y su gran acierto es que lo hace con un sentido del humor muy fino, que salpica las situaciones más descorazonadoras con chascarrillos. Si a todo esto le sumamos que ha construido a una de las protagonistas femeninas más complejas de la historia de la televisión y a su alrededor ha ido creando una maraña de secundarios e invitados fascinantes, lo que tenemos es la serie con el mejor reparto de la televisión y posiblemente la que mejor nos habla del mundo en el que vivimos.



1. Breaking Bad



Que la serie de Vince Gilligan es ya historia de la televisión es algo que no creo que nadie ponga en duda. Que sus últimos 8 capítulos han sido uno de los mejores finales realizados por cualquier serie espero que tampoco. Si los 8 anteriores que ganaron el Emmy el año pasado funcionaron como introducción al final, como preparación, estos últimos 8 han sido la traca final. Y me han dejado sin aliento de tanto intentar contenerlo y fracasar, y sin palmas de tanto aplaudir. Cuando conoces a la perfección la serie que haces, has construido a un grupo de personajes tan ricos y has plantado durante años semillas tan poderosas, lo único que puedes obtener al final son éxitos. Siempre termino hablando de Ozymandias pero todos y cada uno de estos 8 capítulos es un éxito en sí mismo, una joya a revisionar a lo largo de mi vida una y otra vez. El final de Breaking Bad me ha dolido y me ha encantado. Me ha dejado con la boca abierta, a veces durante minutos, ha cerrado todo lo que tenía que cerrar y les ha dado a los personajes todo lo que necesitaban. Así es como se cierra una historia. Una de las más grandes jamás contadas en televisión. 

jueves, 31 de julio de 2014

Vuela como una mariposa, pica como una abeja

MASTERS OF SEX


El duro despertar

Puede haber algún spoiler del 2x03 de Masters of Sex
Tras todo el hype generado a su alrededor, este último domingo Showtime emitió el tercer capítulo de la segunda temporada de Masters of Sex, Fight. Una especie de bottle episode encerrado en su mayor parte en una habitación de hotel, en el que sus dos protagonistas, Masters y Johnson, se embarcan en una pelea psicológica llena de golpes, amagos, verdades… y mentiras. Para estructurar la batalla, los guionistas de la serie escogieron anclar el episodio en un acontecimiento histórico, la pelea por el título mundial de peso semipesado entre el campeón Archie Moore y el aspirante Yvon Durelle. De este recurso narrativo, Mad Men, una serie que arrancó en los mismos años que ésta, ha hecho un fructífero uso a lo largo de sus temporadas. Aún esta temporada en su season finale contó la llegada del hombre a la luna. Pero sin duda es en The Suitcase (para muchos el mejor capítulo de la serie, yo incluido) dónde mejor y de una forma más profunda usó la mezcla entre ficción y realidad histórica, al contraponer el combate entre Liston y Clay, con la unión de soledades entre Peggy Olson y Don Draper, como si estuviéramos en un juego de espejos.

Por todo esto no creo que sea casual que Bill pronuncie la palabra “suitcase” cuando está sumergiéndose en su infancia. Bill Masters es un hombre que quiere romper los tabúes sociales en cuento al sexo, sin embargo él carga un saco lleno de tabúes, de secretos, de habitaciones inexpugnables, y casi todos tiene  su origen en el mismo sitio, su truculenta infancia marcada a fuego por su terrible padre. Tras contar una historia muy breve de su infancia relacionada con el boxeo, cierra el grifo. Ante las preguntas de Virginia, se vuelve, como siempre, agrio, desagradable, incluso mezquino. Todo hombre destruye lo que más quiere. Masters es tan críptico, vive tan dentro de sí mismo que lo único que hace es dañar a todo el que se acerca a él. Volviendo a Mad Men, Betty le dice a Don en un capítulo de la sexta temporada una frase lapidaria: “pobre chica, no sabe que la peor forma de llegar a ti, es amándote”. Masters tiene miedo de ser un monstruo como su padre y por eso aparta a la gente a la que ama de sí mismo. Porque él sabe, como nosotros, que es un tipo tan brillante como nocivo. Cuando al inicio de esta temporada no coge a su bebé que llora desconsoladamente y pone la música a todo volumen para no oírlo, todos pensamos lo mismo, “es un padre terrible, un hombre vacío por dentro”, y sin embargo en su cabeza él cree que actúa bien porque si coge a su hijo puede inyectarle su ira macerada durante décadas. Un hombre que vive entre penumbras.

Y la luz que irrumpe en su vida, no es otra que Virginia Johnson, la colma de su zapato, básicamente porque no se resigna a mantener la oscuridad que lo gobierna todo dentro de él. Ella sabe que al seguirlo se está metiendo en la boca del lobo, sin embargo no tiene miedo a ello porque se siente tan fascinada y atrevida que está dispuesta a correr el riesgo. Está dispuesta a jugar, por eso este capítulo es una partida de ajedrez, en la que los dos juegan con la cabeza, el corazón y las entrañas, intentando equilibrarse a sí mismos todo el rato para desestabilizar al otro. Este Fight es casi casi un thriller psicológico (como un Polanski para todos los estómagos), en el que dos personajes juegan a no ser ellos para ser más ellos que nunca. El matrimonio inventado como coartada cobra vida, mezclando la realidad con los deseos, los reproches con los anhelos. Juguemos a ser un matrimonio perfecto para no asumir que nuestra relación no es ni será nunca meramente profesional. Juguemos y mientras jugamos, destrocémonos. Y desde que él la sorprende por la espalda en el baño y tienen esa escena de sexo tan sucia, tan árida, todo lo que hay en este capítulo son dardos. Incluso en los momentos felices, dulces, se están devorando. Básicamente porque esa felicidad artificial les recuerda a la vez que es una felicidad imposible. Y aquí ella, como casi siempre, es más lista que él, por eso se marcha de la habitación en el momento adecuado, cuando sabe que o se va, o caerá en la trampa mortal que él le ha tendido. Yo no soy tu mujer, tu mujer está en casa esperándote con tu hijo recién nacido. Casi como el propio Monroe que estuvo a punto de perder el combate al inicio del mismo, pega el golpe final en el último round y se mantiene en pie. Masters y Johnson son tan interesantes porque como diría Muhammad Ali (aka Cassius Clay), Virginia Johnson vuela como una mariposa y pica como una abeja. Es la chispa adecuada al valle de hienas que él tiene por alma.

martes, 6 de mayo de 2014

Penny Dreadful y el rumbo de Showtime

Eva Green, aunque tú no lo sepas,
te amo desde que vi Soñadores siendo un teenager

La semana pasada Showtime puso a disposición de los espectadores el primer capítulo de su nueva serie, Penny Dreadful, siguiendo con una estrategia (la de filtrar semanas antes de emitir sus premieres) que ellos creen que les ha dado, y les sigue dando, muy buenos resultados porque genera ruido en las redes sociales antes del inicio de las temporadas de sus ficciones. Penny Dreadful será la última serie nueva que estrene en la temporada 2013-2014 la otra gran cadena americana de cable Premium (cuán duro es vivir a la sombra de HBO). Antes vieron la luz Ray Donovan en el verano pasado y Masters of Sex en la época más prolífica del año, el competitivo otoño. Estos tres dramas vienen a consolidar el viaje que ha emprendido el canal en los últimos años desde la dramedia como seña de identidad (Weeds, Tara The Big C…) hacia el drama de 50 minutos.  Que el estreno de Penny Dreadful vaya a coincidir con el final de Californication será la imagen perfecta de cambio de ciclo. Aunque Showtime siga teniendo dramedias (Episodes, House of lies y Nurse Jackie están renovadas) e incluso pueda estrenar alguna más en los próximos tiempos (aún hoy he leído que Spike Lee está trabajando en una adaptación de su película She’s gotta have it para el canal), pasaran de ser el ingrediente principal, a mero condimento.

En este proceso de dramatización de la cadena, Penny Dreadful supone un giro de mayor calado aún. ¿Por qué? Porque se asoma al género fantástico, algo que no había hecho hasta ahora. Si Ray Donovan sigue la estela de Dexter, por ejemplo, y Masters of Sex lleva al drama ciertas constantes de sus dramedias femeninas, Penny Dreadful es algo completamente nuevo. Sabíamos que Showtime podía hacer series de época y juguetear con la religión de forma muy liviana a través de ellas, como ya hizo en The Tudors y The Borgias, pero montar un drama fantástico ambientado en la Inglaterra de finales del XIX es un salto cualitativo dentro de su modelo de televisión. Un salto que realiza después de que sus grandes rivales en el cable de calidad lo hayan acometido bastante antes. HBO con True Blood y Game of Thrones, sus dos series con mejores audiencias desde The Sopranos; AMC con The Walking Dead, la serie con mejor audiencia de toda la televisión americana, sea de cable o no; y FX con American Horror Story. Era cuestión de tiempo que se atrevieran a sumergirse en el género, por fin lo han hecho, y visto el primer capítulo de esta serie, pueden tener entre manos una serie digna y divertida.

La serie, que interconecta personajes de la literatura fantástica como el Doctor Frankenstein o Dorian Grey, ha sido creada por John Logan (guionista con 3 nominaciones a los Oscar en su haber por Gladiator, The Aviator y Hugo) y está protagonizada por Eva Green, Timothy Dalton y Josh Hartnett. Tendrá una primera temporada corta compuesta por 8 episodios, de los cuales J.A. Bayona ha dirigido los dos primeros, marcando así las líneas maestras sobre todo en el terreno visual de la serie. El primer capítulo, que tiene un aspecto muy cuidado, se dedica a envolver a sus protagonistas en una niebla de misterio y a pintar la atmósfera entre grisácea y azulona de un Londres lleno de peligros en el que el mundo de los muertos y el de los vivos y lo paranormal y la ciencia se mezclan hasta confundirse. 50 minutos que se pasan volando y que dejan con ganas de saber más. Objetivo cumplido por lo tanto. Sinceramente no creo que estemos ante un drama de primera pero sí que creo que puede ser un producto muy entretenido y que le reporte al canal audiencia y visibilidad, más que premios.

Justamente, en el apartado de premios, Showtime tiene un problema. Tras un lustro metiendo a uno de sus dramas en la categoría reina de los Emmys, serie dramática, se encuentra ante la posibilidad de ceder su plaza y quedar muy rezagada con respecto a HBO y AMC. Primero con Dexter y después con Homeland ha ido manteniendo su status en los premios, logrando la victoria en la categoría reina por fin con la primera temporada de Homeland. Ahora, tras la convulsa y ampliamente cuestionada tercera temporada de su drama de espionaje, se encuentra ante el peligro de quedarse fuera de la lucha por el título. Penny Dreadful como dije antes no va a ser su pasaporte para conservar su plaza entre las grandes. Ellos lo saben, están nerviosos y por eso han decidido mover a Masters of Sex al verano. La estrategia es clara, Masters of Sex es su serie con mejores opciones de cara a los próximos Emmys pero se emitió en otoño y su paso débil por los Globos de Oro (2 nominaciones, 0 premios) y los premios de los gremios a principios de año la han sacado de la conversación frente a algunas de sus hipotéticas rivales. Así que emitiendo su segunda temporada durante el proceso de votación de los Emmy esperan conseguirle mucha visibilidad y lograr que se cuele en las categorías importantes. El año pasado el furor que originaron los últimos 8 capítulos de Breaking Bad lograron que la serie ganara el Emmy por la emisión de los 8 anteriores. Teniendo en cuenta que Breaking Bad (AMC), True Detective (HBO), Game of Thrones (HBO) y House of Cards (Netflix) tienen todo a su favor para lograr la nominación en mejor serie dramática, sólo quedan dos plazas a repartir. Lo lógico es que Mad Men (AMC) ocupe una y que por la otra se peleen a cara de perro la extraordinaria The Good Wife (CBS), la idolatrada en USA Downton Abbey (PBS) y Masters of Sex. Así que Showtime está mutando, su camino es incierto, pero como espectador de casi todas sus series, espero que el viaje sea largo y lleno de calidad y entretenimiento. 

viernes, 27 de diciembre de 2013

Las rookies de 2013 (II)

5. Rectify

Nunca se olvida como andar en bici

Sundance Channel ha irrumpido en el mundo seriéfilo con Top of the lake y Rectify, difícil edificar una imagen de marca tan nítida con tan poco. Profundizando en ese género-concepto-corriente-estilo narrativo que es la slow tv, esta serie sigue los pasos de un chico que sale del corredor de la muerte tras muchos años. Es una serie contemplativa, casi conceptual. Magnética.

4. Orange is the new black

Yo de mayor quiero ser negra

La reina del bing watching televisivo de 2013 fue Orange is the new black, que además aprovechó la escasez seriéfila veraniega. La serie femenina coral más interesante y poliédrica de la televisión. Es en su retrato de este grupo de criminales dónde la amiga Jenji Kohan da el do de pecho. El equilibrio entre drama y comedia es digno de aplaudir. Y después, claro, el capítulo de la gallina y la secuencia que pone fin a la temporada.

3. Masters of Sex

Johnson y Masters

Para salvar a Showtime de sí misma llegó Masters of Sex, o cómo investigar, hablar y vivir en torno al sexo en los años 50. Delicada, moderna (en muchos sentidos), graciosa y muy accesible (los elementos culebronescos que le adjudican sus detractores son ciertos) Masters of Sex ha gustado mucho, aunque sus detractores la odian mucho. Lo mejor, la trama de Allison Janney (y devolvernos a la mejor Allison Janney).

2. The Americans

Una caliente Guerra Fría

Algunos la acusaron de fría y aburrida. Yo prefiero verla como una serie compleja y sutil. Los primeros tres capítulos me costaron, a partir del cuarto todo fue amor y devoción. The Americans es una serie sin apenas aristas, digna sucesora de Justified en FX. Si le sumamos a lo mucho que me gusta a mí el mundo del espionaje, los conflictos ideológicos y maritales de una pareja de espías rusos en la USA de Reagan, lo único que podía pasar es que yo amara esta serie. Y sí, la amo.

1. House of Cards US

El Mal les desea un Feliz Año Nuevo

Si The Americans es una serie sin aristas, estable, rotunda, House of Cards US es todo lo contrario. Llena de altibajos, de momentos pasados de rosca, estamos ante un producto excesivo, apabullante. La House of Cards británica me fascinaba en su cruel retrato de la ambición sin medida. Esta versión americana me parece más humana, y quizás menos cínica. Kevin Spacey está inmenso, para bien y para mal. Y técnicamente (que era dónde patinaba la british) joder, ¡qué burrada!

miércoles, 18 de diciembre de 2013

El sexo es relevante

MASTERS OF SEX


Diosa y Masters

Masters of Sex ha sido la revelación del otoño, el gran estreno de lo que va de temporada televisiva (sí, creo que es mejor que Orange is the new black) y quizás el mejor estreno del año (House of Cards, The Americans y alguna serie no americana, tendrán algo que decir al respecto). Montado el hype y otorgados todos los cargos cual Khaleesi de las series nuevas que es, ha llegado el momento de decir que Masters of Sex es una serie deliciosa. Siempre he creído que el concepto delicioso además de mariconero y rimbombante no significaba nada, pero es que no se me ocurre otro adjetivo, Masters of Sex es una delicia, divertida, ágil, profunda, estable, redonda… Podría seguir lanzando piropos, Lizzy Caplan y Allison Janney se los merecen todos, pero voy a destacar tres cosas que han marcado la primera temporada de la nueva serie de Showtime, y que la convierten en una serie relevante en el panorama actual.

1. El sexo (faltaría más)
Masters of Sex se lo jugaba todo en la forma en que decidiera tratar y retratar el sexo. Está en su título y entorno a él gira la serie, lo cual es ya de por sí una novedad, un acto de valentía. Y ha caído de pie. La serie de Michelle Ashford (¡bien!l as showrunners en los dramas del cable brillan por su ausencia) trata el sexo con delicadeza pero sin rodeos, de forma natural, sin aspavientos pero configurando el acto sexual como un acto humano relevante. El sexo es importante, el sexo no es “sólo sexo”, un planteamiento que se ha instalado en nuestra sociedad, en la que hemos vaciado al hecho sexual de contenido, como si el sexo fuera equiparable a tirar la basura o tomarse una caña. Intentando borrar los prejuicios y los tabúes en torno al sexo hemos terminado por emborronarlo. Pocas cosas hay más hermosas y profundas que el sexo en la vida de los seres humanos. Pocas son tan complejas, configuradas por tantos factores internos y externos, físicos y emocionales, que surgen en las entrañas o que vienen del cerebro. El sexo es importante, por eso es importante investigar sobre sexo, hablar sobre sexo ya no sólo desde el humor (eso siempre), sino de forma seria, como elemento fundamental de nuestra vida que es, y practicar sexo. Y todo eso se narra en Masters of Sex con mucho cuidado pero sin tapujos, abordar el sexo como epicentro, devolviéndolo a un lugar de relevancia es sin duda el gran éxito de la serie.

2. El punto de vista femenino
Reto a quién sea a que analice el sexo en las series de la sacro santa HBO, por ejemplo. Lo que se encontrará, además de que es bastante superficial, es que está planteado desde una perspectiva masculina (todo esto no se aplica a Girls, claro), lo cual explica quizás por qué es tan superficial, por lo menos si hacemos caso a Masters of Sex que en su season finale nos deja claro que las mujeres son sexualmente muy superiores a los hombres (como hombre eso me está atormentando profundamente, jamás llegaré a experimentar el sexo en toda su grandeza y complejidad… es duro de cojones). En cambio el sexo (y la serie en general) en Masters of Sex se aborda desde una perspectiva femenina, son ellas las que más disfrutan, son ellas las que dirigen, son ellas las que llevan el mando, las que entienden y experimentan el sexo con más libertad (esto es muy interesante) y pasión. En esta serie los hombres van siempre a caballo de las mujeres, desconcertados, moviéndose a trompicones. Frente al monolito gris que es William Masters (un sólido Michael Sheen), tenemos a ese ciclón de entrega, alegría, pasión que es Virginia Johnson (maravillosa, carismática y atractiva Lizzy Caplan). Y esta ecuación es extrapolable a todas las relaciones entre hombres y mujeres de la serie. Ellas son el corazón (lo cual pasa en muchas series) pero también la cabeza (y aquí es donde radica la novedad), son el motor del cambio.

3. La homosexualidad
Masters of Sex ha abordado la cuestión homosexual, en una época en la que estaba hasta penalizada, a bocajarro, lo cual tiene sentido si tenemos en cuenta que a lo largo de su carrera Masters y Johnson realizaron numerosos estudios al respecto. Por cierto que no lo había dicho, Masters of Sex es una serie muy coherente, lo cual en tiempos de Sutter’s, Shonda’s, Homeland’s etc. es de agradecer. La homosexualidad, el sexo y el amor gay, han dado a la serie alguno de sus momentos más emotivos, también alguno de los más crudos. Yo destacaría ante todo la normalidad con la que es tratado el tema, lo cual no reste ni un ápice de dramatismo, porque al fin y al cabo ser homosexual en Missouri no debe ser fácil aún hoy en día como para serlo en época de Eisenhower. Se plasman en la serie la negación, la aceptación, el miedo, la ira, el intento de cambio, el sacrificio y hasta la autodestrucción. Pero, tan importante como abordar la homosexualidad en los 50 desde el punto de vista del hombre homosexual , es abordarlo desde el punto de vista de la mujer heterosexual que descubre un día que su marido es un queer. Ese vacío que siente esa mujer que ha entregado su vida a un hombre que no puede amarla, ya lo había plasmado Todd Haynes en Far from heaven (película con la que la serie juguetea de vez en cuando, véase el fontanero negro de Libby), pero aquí está incluso más matizado, narrado con aún más precisión.


Allison Janney rompiéndome el corazón y van...

Y hasta aquí, podría haber hecho un post analizando las tramas y los personajes (¡qué reparto más bien escogido oiga!) pero creo que es más interesante hacer un post que no cuente nada para que los que no ven la serie puedan leerlo y quizás verse atraídos por estas cuestiones y decidan ver la serie. De verdad que merece la pena, además de ser una serie profunda es una serie muy divertida, los capítulos se pasan volando, ríes, sufres. Lo tiene todo, esperemos que Ashford siga conduciendo la serie con tanta precisión y cariño en su segunda temporada. 9 meses y restando.