domingo, 16 de noviembre de 2014

La vida te lleva por caminos sinuosos

OLIVE KITTERIDGE


Quiéreme si te atreves




Entre el final de Boardwalk Empire y el de The Newsroom (y la resurrección de The Comeback), HBO emitió, a comienzos de noviembre, su miniserie de lujo de este 2014, Olive Kitteridge. La ficción, que adapta la novela homónima de Elisabeth Strout, pasa a engrosar la espectacular lista de miniseries propias de HBO, compuesta por obras de la dimensión de Band of Brothers, Angels in America, John Adams o Mildred Pierce. La miniserie aspira a cosechar no pocos premios, sobre todo para su protagonista, Frances McDormand. La actriz firma su mejor interpretación desde Fargo (por la que ganó el Oscar), y está a llamada a completar la carrera de premios perfecta (Golden Globe, SAG, Critic’s Choice y Emmy), como ya hizo anteriormente Julianne Moore (Game Change). Este drama ambientado en un pueblo de Maine, está cuidado al detalle, desde la preciosa BSO del gran Carter Burwell hasta la melancólica fotografía de Frederick Elmes (Blue Velvet). Cuenta con un reparto espectacular liderado por McDormand y Richard Jenkins, en el que nos encontramos a actores veteranos del nivel de Bill Murray, Peter Mullan o Rosemarie DeWitt, y a jóvenes promesas como John Gallagher Jr. (The Newsroom), Brady Corbett (Simon Killer), Zoe Kazan (What If) o el fantástico Cory Michael Smith (Gotham) . Mientras que el guion corre a cargo de Jane Alexander y la (sutil y emocionante) dirección, la firma Lisa Cholodenko (The kids are all right), ambas especializadas en estudios de personajes femeninos.

Después de ese primer párrafo informativo (o algo así), me lanzo a hablar, espero que de la forma más emocional posible, de una de las obras audiovisuales que más me han conmovido en los últimos tiempos. Conmovido y entristecido. Olive Kitteridge cuenta la historia de una profesora atormentada por los problemas psicológicos de sus padres, incapaz de expresar sus sentimientos y  encadenada a un hombre demasiado dulce para su cinismo. La miniserie aborda 25 años en la vida de Olive Kitteridge y su marido, Henry, interpretado sensacionalmente por Richard Jenkins, y nos cuenta básicamente como se va apagando la vida. Como con el paso de los años vamos firmando nuestra derrota, precipitándonos lenta e inexorablemente hacia la muerte. No es una serie en la que pasen acontecimientos extraordinarios (quizás sólo uno, en el tercer capítulo, que funciona como catarsis emocional del matrimonio), sin embargo sí que habla extraordinariamente de los sentimientos que nos invaden, de los miedos y de los deseos que vamos acumulando. También habla de las oportunidades perdidas, de lo que vale el amor más allá de la pasión, de lo difícil que es transmitir lo que uno siente, y de lo complejas que son las relaciones matrimoniales y las paterno-filiales.

Justamente la gran virtud de Olive Kitteridge es abordar de forma compleja situaciones normales en la vida de los seres humanos. Hablar de las conexiones que vamos haciendo (y perdiendo) a lo largo de nuestra existencia como personas en este planeta tan hermoso y a veces tan doloroso. El último capítulo, además, es un retrato de la más honda y triste soledad. De qué esperar cuando parece que tu vida ya no da más de sí. Y aunque parece que toda la miniserie nos lleva hacia una reflexión final de corte pesimista, al final, casi como un tenue y fugaz rayo de sol en un día encapotado, hay una ligera esperanza en ese abrazo en la cama que sellan eses dos supervivientes de la vida.

La aportación más extraordinaria de esta miniserie, es acercarse a un personaje, Olive (repito, McDormand firma una interpretación que no creo que vaya a olvidar jamás), encerrado en sí mismo, que se protege con un escudo de ironía, cinismo y rectitud, e ir desenvolviéndolo ante nuestros ojos, quitándole cada una de sus capas, hasta dejar a esta mujer desnuda, expuesta, llena de sentimientos, rota. Es de una belleza demoledora el retrato que hace la miniserie de su protagonista. Que no expreses tus sentimientos no significa que no los tengas, si no, seguramente, que eres incapaz de sacarlos a la luz porque el miedo te atenaza. Además de ser un alegato a favor de sumergirnos en las entrañas de las personas a las que queremos, Olive Kitteridge sostiene que más allá del romanticismo, lo que importa, sobre todo llegados a la última fase de nuestras vidas, es el cariño, el querer a una persona de verdad. Le recomiendo estas 4 horas de televisión a todas las personas que les gusten las historias de personajes.


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