martes, 29 de septiembre de 2015

América Latina: 10 años peleando por el lugar que se merece en los Oscar


En el último Festival de Venezia, la venezolana Desde Allá ganó el León de Oro y el argentino Pablo Trapero logro el León de Plata al mejor director por El clan. Antes, a comienzos de año, la chilena El club se había alzado con el Gran Premio del Jurado y la también chilena El botón de nácar con el premio a mejor guion en el Festival de Berlín. Entre medias, el mexicano Michel Franco logró, también, el premio al mejor guion con Chronic, una coproducción entre USA y México. 2015 ha sido, por lo tanto, un gran año para el cine latinoamericano. Un año que ha coronado un excelente lustro en el que su presencia y relevancia en el panorama internacional ha ido en aumento. Desde El secreto de sus ojos a Relatos Salvajes, desde Después de Lucía a Gloria. Dicho salto del cine latinoamericano ha fructificado en 6 nominaciones al Oscar a la mejor película de habla no inglesa en la última década, frente a las 0 conseguidas por el cine español. Poniendo estos datos en perspectiva, cabe señalar que España a lo largo de la historia de este galardón ha optado al mismo en 19 ocasiones y los países latinoamericanos en 22 (8 México, 7 Argentina, 4 Brasil, 1 Cuba, 1 Chile, 1 Perú). Frente a las 4 victorias conseguidas por España, América Latina sólo suma 2, ambas argentinas, la de la sensacional La historia oficial en los 80 y la de El secreto de sus ojos en 2009 (la gala se celebró en 2010). Este año sus mejores bazas para colarse en los Oscar parecen, a priori, la chilena El club y, sobre todo, la argentina El clan, sin embargo no podemos descartar que alguna otra cinta latina pase el corte inicial de la categoría. El cine latino vive un momento apasionante.

Si cuando hablamos del cine español, decíamos que sus problemas en los últimos años eran el aumento de países que presentan candidatas, la ausencia en los tres grandes festivales europeos y el calendario, para hablar del cine latinoamericano podemos emplear los tres argumentos, pero a la inversa. En Latinoamérica se está produciendo más cine, desde más países y con mayores presupuestos. Se han consagrado definitivamente sus mejores autores (ahí están los mexicanos dominando Hollywood o Campanella trabajando en la tv yankee o Trapero a punto de dar el salto a LA) y se han encumbrado nuevos cineastas de gran prestigio internacional (Michel Franco, Pablo Larraín…). Como consecuencia de ello, en casi todas las últimas ediciones de los festivales de Cannes, Berlín y Venezia ha habido cineastas latinoamericanos. Mientras, el cine español ha estado ausente, colando alguna película fuera de competición o en secciones paralelas a la oficial. Viviendo, básicamente, de Donostia. Frente a esa dependencia de nuestro festival de clase A, principal escaparate de nuestro cine, el latino no ha dependido, en absoluto, de su único festival de clase A, el argentino Mar del Plata. Por ejemplo, este año ha habido films de cineastas latinos en la sección oficial de Berlín (3), Cannes (1), Venezia (2), Donostia (1) y Locarno (1). Y en todos han logrado algún premio, salvo en Locarno.

Es importante señalar que el aumento de países participantes en los Oscar se ha hecho notar en América Latina. Por ejemplo, Panamá se presentó a los Oscar por primera vez el año pasado y en la presente edición repite. Este hecho nos lleva a observar un fenómeno más amplio. En primer lugar, las grandes potencias cinematográficas latinas: Argentina, México y Brasil (sobre todo las dos primeras) han consolidado su presencia en el panorama internacional, el prestigio de su cine y la carrera de algunos de sus mejores artistas. Y han sabido, además, tender puentes con España y Estados Unidos para producir sus films. Casi todas las películas latinas nominadas al Oscar en los últimos años contaban con capital español detrás (El secreto de sus ojos, Relatos Salvajes, Biutiful, El laberinto del fauno…). En segundo lugar, países medianos y con menos cine a sus espaldas han dado un salto tanto de calidad como, sobre todo, de visibilidad. A este respecto cabría destacar a Venezuela y, sobre todo, a Chile. Autores chilenos como Pablo Larraín (No, El club), Sebastián Silva (La nana) o Sebastián Lelio (Gloria) han colocado al cine chileno como un referente del cine de autor a nivel global. Precisamente Larraín logró con No la primera nominación al Oscar de Chile en toda su historia y este año luchará por repetir la gesta con El club, película reverenciada allí por dónde ha pasado hasta el momento. Venezuela, por su parte, logró la Concha de Oro en Donostia con Pelo malo hace un par de años, este año el León de Oro con Desde allá y en la última edición de los Oscar logró pasar el corte de la categoría de habla  no inglesa con la macro-producción El libertador. En tercer lugar, los países pequeños de la región comienzan a hacer cine, ya hemos hablado de Panamá, pero podríamos destacar también a Perú, que logró su primera nominación al Oscar con La teta asustada. Además, aún falta por ver el despegue del cine colombiano, la implosión del cubano, con el fin del embargue americano en el horizonte, y que Argentina y México sigan generando tanto films como profesionales de primera división.


Muchos artistas argentinos han sostenido que al calor del corralito y de la enorme crisis social, política y económica que vivió Argentina, fructificó una vitalidad creativa inusitada. El dolor agudiza el ingenio. La rabia fomenta el pensamiento crítico. Quizás el audiovisual español está caminando por esa misma senda en esta crisis sistémica en la que estamos instalados. Pero aún no somos conscientes de ello. Tenemos mucho que aprender del cine latinoamericano y seguir fomentando la interacción tanto artística como económica entre las dos orillas del Atlántico es el camino a seguir. Les deseo mucha suerte a Loreak, El club, El clan y las demás películas seleccionadas de habla hispana y portuguesa. 

lunes, 21 de septiembre de 2015

No son los Emmys, es HBO

Benioff, Weiss y la tropa de Game of Thrones

La pasada madrugada, hora española, se entregaron en Los Ángeles los Emmys, los grandes premios de la televisión estadounidense. Una gala en la que las grandes triunfadoras fueron el drama Game of Thrones (Drama, Guion, Dirección y Actor de reparto), la comedia Veep (Comedia, Guion, Actriz y Actor de reparto) y la miniserie Olive Kitteridge (Serie limitada, Guion, Dirección, Actriz, Actor y Actor de reparto). Todas ellas producidas por HBO. Por ello la 68 edición de los Emmys pasará al recuerdo (además de por la reinvindicaciones raciales y de género) como el año en que la Academia se rindió ante la obviedad de que HBO, por muchas rivales que tenga, sigue siendo la gran cadena de referencia en el terreno de la ficción televisiva de calidad. Ya no vivimos en los tiempos de “It’s no TV, it’s HBO”, pero aún así estos Emmys nos han recordado que siguen estando un peldaño por delante del resto, tienen una marca y un aparato de producción y promoción sin igual.

El arrase de HBO en los Emmys ha llegado en un momento curioso. Justo cuando las plataformas de streaming (Netflix, Amazon…) están ganando cada vez más fuerza y la televisión de calidad en el cable se está expandiendo por nuevos canales (USA Network y Mr. Robot, por ejemplo). A sus rivales clásicas en la lucha por los premios y el reconocimiento crítico (AMC, Showtime y FX) se le han sumado una retahíla de canales y plataformas que amenazan su reinado, sobre todo en el terreno que más importa, el económico, puesto que Netflix ha ido sumando suscriptores de forma inexorable. Precisamente esta victoria aplastante en los Emmys le sirve a HBO para reivindicar su marca frente a la principal plataforma de streaming. Netflix se tuvo que contentar con el Emmy a mejor actriz de reparto de serie dramática para Uzo Aduba por Orange is the new black. Justo el único galardón que se le escapó a Game of Thrones, que se coronó como el gran drama de la temporada, trasladando al terreno de los premios el inmenso fenómeno planetario que es. No hay, hoy por hoy, serie más comentada, analizada y admirada en el mundo. Un drama de calidad consumido masivamente.


Game of Thrones, Veep y Olive Kitteridge representan fantásticamente las tres patas sobre las que se ha cimentado la marca HBO. Dramas de calidad con un nivel de producción inalcanzable para cualquier otro canal. Comedias/dramedias de autor. Miniseries y telefilmes que adaptan grandes obras literarias o trasladan la vida de importantes figuras de la cultura o la sociedad americanas. Los grandes dramas son el principal reclamo de HBO. The Sopranos, Six Feet Under, The Wire o Game of Thrones son sus emblemas. Son hondos, son oscuros y son una demostración de fuerza en el terreno técnico. Hay series mejor escritas que GoT, pero ninguna es más espectacular. 

El equipo de Selina Meyer al completo

Las comedias/dramedias de la casa son menos recordadas y/o valoradas, sin embargo son una parte fundamental de su parrilla. Sex and the city es uno de los grandes iconos del canal, Curb your enthusiasm es una obra de culto (The Comeback si no lo es, lo será), Girls genera un gran ruido mediático y Veep es una de las ficciones más rabiosamente actuales del momento. La victoria de la negrísima comedia de Armando Iannucci nos recuerda, además, que el canal sigue siendo una enorme casa de acogida para grandes autores televisivos. Hay grandes autores en otros canales, pero ninguno tiene la cartera de HBO con nombres como David Simon o Terence Winter (que tras el final de Boardwalk Empire regresa en invierno con Vynil). Por último lugar, y aunque no tengan tantos seguidores, las miniseries son un pilar fundamental, también, de la marca HBO. 

Frances McDormand, una mujer empeñada en levantar un proyecto

Mientras que en la producción de dramas y comedias HBO tiene innumerables rivales, en la gestación de miniseries está prácticamente sola en Estados Unidos. Y si eso está empezando a cambiar es por la proliferación de series-antologías (Fargo, True Detective, American Horror Story, American Crime…). De hecho, las rivales históricas de HBO en esta área han sido grandes miniseries británicas, como las dos enormes obras a las que derrotó Olive Kitteridge este año: The Honourable Woman y Wolf Hall. Sólo HBO se ha tomado en serio la tarea de producir miniseries y telefilms de prestigio. Band of Brothers, Angels in America o John Adams son obras fundamentales para la marca HBO. La victoria aplastante de la maravillosa e intimista Olive Kitteridge viene a redimir, además, el desastre que ha sido True Detective 2. Si la primera temporada de la ficción de Pizzolatto fortaleció la idea de que nadie puede hacer lo que HBO hace, la segunda nos ha demostrado que la cadena también se equivoca. De hecho muchas series de HBO pasan desapercibidas o resultan fallidas. Pero la marca sigue intacta, porque está cimentada sobre una filosofía artístico/empresarial muy inteligente. HBO sigue estando a la vanguardia de la ficción televisiva. Los Emmys han venido a reconocer el hecho bañando al canal en premios. Y ninguno ha sido inmerecido, aunque yo hubiera premiado a otras obras como Mad Men. Veep ha sumado la segunda victoria de una comedia de HBO en la historia, 14 años después de que lo lograra Sex and the city. Mientras que Game of Thrones ha cogido el testigo de The Sopranos, tras 8 años de sequía (5 victorias de Mad Men, 1 de Homeland y 2 de Breaking Bad), coronándose como el mejor drama de la televisión actual. Por fin HBO ha logrado recuperar el trono, veremos qué le depara el juego el año que viene.

jueves, 17 de septiembre de 2015

Emmysalternatives 14/15 XII: Series de Drama

10. Justified (FX)
¿Lo legal o lo correcto? Lo más apasionante de Justified es que desarrolla un código moral propio. Eso y que coge los códigos del western y los adapta al mundo actual. Todo en Justifed está ligado a las raíces. A un mundo que desaparece. A las minas y las peleas ancestrales entre familias. Esa es la base del relato. A partir de ese caldo de cultivo te cuentan la historia de dos chavales, uno es un US Marsahall y el otro un capo criminal. Ninguno de los dos es bueno. Ambos son conscientes de ello. Sobre Justified: Harlan en el retrovisor.

9. The Leftovers (HBO)
Los dos primeros episodios fueron dubitativos. El tercero una genialidad. A partir del sexto (inclusive) una serie sensacional y turbadora. Así fue la primera temporada de The Leftovers, un relato perturbador sobre lo que le pasa al mundo cuando de pronto desaparecen millones de personas. Una distopía escalofriante. A Lindelof lo que es de Lindelof, esta vez sí. Sobre The Leftovers: Sólo podíamos caer.


8. Halt and catch fire (AMC)
¿Cómo era la informática personal a principios de los 80? Como el lejano oeste, un territorio por descubrir. En la hipnótica Halt and catch fire seguimos a unos pioneros en la búsqueda del éxito personal y del progreso tecnológico. Inteligente, a ratos brillante, siempre interesante. Así es Halt and catch fire, una serie a la que la audiencia no ha sabido querer como se merecía. Es refrescante, sin duda alguna. Sobre Halt and catch fire: Destruir y construir

7. The Killing (Netflix)
¿The Killing? Sí, The Killing. Se emitió dentro del plazo de estos Emmys y sus últimos seis capítulos fueron sensacionales. Así de claro. Una historia terrible con un colegio militar en el punto de mira, concatenada con las peligrosas consecuencias del final de la tercera temporada. Linden y Holder se han despedido para siempre entregando su temporada más redonda y compacta. El último capítulo, dirigido por Jonathan Demme, es una excelente radiografía de sus rostros y de su amistad. Un regalo para los fans. Sobre The Killing: Aunque no para de llover.

6. Homeland (Showtime)
Y Homeland resurgió de sus cenizas. Tras la fallida tercera entrega (ojo, fallida, no mala), la serie de Gansa y Gordon volvió a ser un inmenso thriller de espías/terroristas. Con sus conspiraciones, dramas humanos, miserias políticas y dobles verdades. Crónica del estercolero que es la política internacional americana post-11 S (bueno, en realidad desde la II GM). Homeland es una serie necesaria, porque aborda temas muy espinosos en un país al que le gusta creer que siempre es el impoluto bueno de la película. Pakistán, uno de esos aliados líquidos de los estadounidenses era un escenario perfecto. Lo han vuelto a bordar. Una temporada adictiva e inteligente. Sobre Homeland: Formas distintas de bajar el telón.

5. House of Cards (Netflix)
Siempre describo al thriller político de Beau Willimon como un elefante en una cacharrería. Ocupa el quinto puesto en el ranking pero es la serie cuya presencia en el mismo podría ser más cuestionable. Muy pocas ficciones disfruto hoy en día como House of Cards. La devoro. Es diversión en estado puro para mí (repitamos: para mí). Tiene momentos brillantísimos y sin embargo está tan pasada de rosca que entiendo las críticas. La visión que tiene de la política americana es demasiado bestia. Tiene diálogos fabulosos pero las tramas se desparraman hasta puntos delirantes. Los dos grandes ejes de esta temporada han sido America Works (un completo sinsentido, aunque deliciosa) y la Paz en Oriente Próximo con Rusia como escollo. Ambas han sido muy divertidas pero completamente irreales. Si quieres observar la política estadounidense ves las obras de Simon (a no ser que seas un idealista y te pongas a Sorkin) y si quieres sumergirte en el conflicto entre Israel y Palestina, ponte The Honourable Woman. House of Cards entra en todos los conflictos a cañón, eso hace que sea un espectáculo total, pero también que no te la puedas tomar demasiado en serio. Sobre House of Cards: Los tres combates de Frank Underwood.

4. The Americans (FX)
Prácticamente sin hacer ruido, The Americans se ha convertido en uno de los dramas más densos y fascinantes de la televisión actual. Lenta pero segura. Cocinándose a fuego lento. Sin dar pasos en falso en su relato sobre dos espías rusos sumergidos en la América de Reagan. El matrimonio, la familia, la patria, la moral, la guerra o la política son temas fundamentales en la serie. De hecho es posible que sea la ficción actual más rica en debates morales. No existen el bien y el mal, sólo una resbaladiza escala de grises. Elizabeth y Philip están contra las cuerdas. Ya no sólo están amenazados por el mundo exterior, ya tienen a la amenaza en su propio hogar. Apasionante. Sobre The Americans: Los USA de The Americans y Reagan: nucleares, desiguales e intervencionistas y La verdad os hará prisioneros.

3. Game of Thrones (HBO)
El gran fenómeno televisivo se metía este año en terreno peligroso al comenzar a narrar los peores libros (o eso dicen sus lectores) de la saga. Si a ellos unimos el hecho de que en algunas tramas la serie ya ha adelantado al libro, el reto era mayúsculo. Podría haber salido muy mal y sin embargo Game of Thrones ha vuelto a ser una serie descomunal. Sí, siempre hay tramas que no funcionan tan bien como otras, pero aún así la amplia panorámica que pintan sobre esta lucha de poder es fascinante. Pocas series dejan a sus espectadores tantas veces con la boca abierta como ésta. Posiblemente estemos hablando del gran espectáculo televisivo del último lustro. Además de un sentido de la acción y la tensión brillantes, la serie se caracteriza por estar muy bien escrita e interpretada. No es perfecta pero a menudo es la más lista de la clase. Sobre Game of Thrones: La mayoría y La estrategia del caos.

2. The Good Wife (CBS)
A estas alturas nadie niega que la sexta temporada de The Good Wife no ha sido tan buena como la quinta. Dicho lo cual, a mí me ha vuelto a parece inmensa. Es cierto que la primera parte de la temporada, con Cary acorralado tuvo más tensión que la segunda, centrada en la carrera política de Alicia. Sin embargo la forma en que la serie retrató las esferas de poder en Chicago me pareció brillante, realista y dura. The Good Wife sigue siendo una de las series mejor escritas de la televisión y con más capas de lectura, mezclando con éxito la esfera personal y la profesional. Sobre The Good Wife: La respuesta, ¡No hagas bromas!, Cómo ser Alicia Florick y Los engranajes de la mente y del poder.

1. Mad Men (AMC)
Mad Men es una de mis series favoritas de todos los tiempos. Hemos pasado casi 10 años juntos. 10 años en los que me convertí en seriéfilo. He llegado a sentir los dramas de sus personajes como propios. La serie me ha inoculado la desasosegante sensación de estar perdido en la vida, de no saber quién eres y a dónde te diriges. Mad Men habla de lo duro que es no tener clara tu propia identidad y nadar en un mar de soledad. Lo duro que es sentirte vacío. La insatisfacción vital es un tema recurrente en el audiovisual de las últimas décadas. Y Mad Men, con sus guiones modélicos lo ha abordado como nadie. Quizás sea la serie más sensible de la televisión y una de las de mayor calado emocional. Esta última tanda de siete capítulos ha sido redonda. Siete episodios emocionantes, hermosos y devastadores. Un final redondo para un gran relato humano. Mad Men se ha acabo pero nos volveremos a ver. Las obras maestras son inagotables.

miércoles, 16 de septiembre de 2015

Emmysalternatives 14/15 XI: Episodios de Drama

10. Get the rope de The Knick.
Dirigido por Steven Soderbergh. Escrito por Jack Amiel y Michael Begler.
The Knick no es una serie fácil. Es una ficción gélida y distante. Casi siempre desasosegante y muchas veces hasta desagradable. No busca empatizar con el espectador. Sin embargo también es, constantemente, hipnótica. Soderbergh no se embarcó en este proyecto para cobrar el cheque. Es, sin duda alguna, uno de sus mejores trabajos como director. Por ello que la Academia haya reconocido su compleja e innovadora labor nominándolo a mejor director por este episodio es justo. La forma en que el director rodó unas sucias y terribles revueltas raciales es para sacarse el sombrero y aplaudir. Este drama sobre cirujanos a comienzos del S.XX es una serie poderosa y diferente. Ahí reside su importancia.

9. Five-O de Better Call Saul.
Dirigido por Adam Bernstein. Escrito por Gordon Smith.
Este capítulo, conocido popularmente como Better Call Mike, es además de un enorme vehículo de lucimiento para dicho personaje, una desgarradora reflexión sobre el peso de la culpa y el ansia de venganza. Dirigido con maestría por Bernstein y escrito con precisión por Smith, que está nominado al Emmy a mejor guionista de drama por este episodio, Five-O se te clava en la retina. Sensacional.

8. Eldorado de Boardwalk Empire
Dirigido por Tim Van Patten. Escrito por Howard Korder y Terence Winter.
Hemos llegado a la última estación. Se ha terminado uno de los relatos televisivos más ambiciosos y fascinantes de los últimos años. Y lo ha hecho por todo lo alto con el melancólico y grisáceo Eldorado, dirigido por ese maestro llamado Tim Van Patten, que suma una nueva nominación por esta serie al Emmy. Única mención para un drama que fue perdiendo visibilidad con el paso de sus temporadas. Una pena, Boardwalk Empire no era perfecta, pero cuando acertaba, te dejaba tiritando.

7. There’s Something Else Going On de Homeland
Dirigido por Seith Mann. Escrito por Patrick Harbinson.
Nos estamos perdiendo algo. Nos estamos perdiendo algo. Efectivamente, Carrie tenía razón. Algo no cuadraba en el complejo puzle de esta temporada en Homeland y cuando nos dimos cuenta fue ya demasiado tarde. Vi los últimos 15 minutos de este episodio con la boca abierta y los puños cerrados. Pocas series pueden resultar tan tensas y excitantes como Homeland. Muy pocas. Un capítulo dirigido y escrito magistralmente. Sensible y feroz.

6. Guest de The Leftovers.
Dirigido por Carl Franklin. Escrito por Damon Lindelof y Kath Lingenfelter.
Tras el fantástico Two boats and a helicopter (1x03), The Leftovers confirmó con este sexto episodio que era una serie a la que había que prestar mucha atención. Guest, el capítulo dedicado a Nora, es hipnótico y desolador. Uno de los episodios más tristes de la temporada televisiva. Ver a esta mujer rompiéndose poco a poco hasta ese final aterradoramente catártico quema. Franklin sabe pegarse a Carrie Coon como una lapa, persiguiéndola hasta el derrumbe.

5. Mother’s Mercy de Game of Thrones.
Dirigido por David Nutter. Escrito por David Benioff y D.B. Weiss.
Shame! Shame! Shame! Como ya pasara el año anterior con The Children, todas las tramas de la temporada terminan de explotar en este festival narrativo, que nos deja para la historia el paseo de la vergüenza de Cersei Lannister y los minutos más comentados del año televisivo: ¿qué pasó al final del capítulo? ¿qué pasará a partir de ahora?. Es el único episodio nominado en los Emmys tanto en dirección como en guion.

4. Hardhome de Game of Thrones.
Dirigido por Miguel Sapochnik. Escrito por David Benioff y D.B. Weiss.
Hardhome es el mayor alarde técnico de la temporada. Por ello la ausencia de Sapochnik en la categoría de mejor dirección resulta tan sorprendente. Los 30 minutos de acción que tiene el capítulo te dejan exhausto y destrozado. Todos y cada uno de los segundos de la estancia de Jon Snow en Casa Austera son terribles y tensos. Diversión en esta puro. HBO quemando billetes como si no hubiera un mañana (lo cual se notó, por ejemplo, en el penúltimo episodio). Pero además, el capítulo tiene dos secuencias fabulosas entre Tyrion y Daenerys, pura teoría política envasada en diálogos chispeantes.

3. Lost Horizon de Mad Men.
Dirigido Paul Abraham. Escrito por Semi Chellas y Matthew Weiner.
Don huye. Joan se planta. Peggy vuela. Lost Horizon es un episodio catártico para los tres. Un punto de inflexión vital. Es aquí, ya llegando al suelo, cuando Don acelera su caída. Joan pone el broche a su viaje de empoderamiento. Y Peggy asume su realidad, su vida, sus deseos y sus frustraciones, las mete en una caja y emprende el camino hacia un futuro prometedor. Es un capítulo muy importante para Mad Men en cuanto a macro-relato. Semi Chellas y Matthew Weiner están nominados al Emmy por este guion tan preciso e inteligente.

2. Winning Ugly de The Good Wife.
Dirigido por Rosemary Rodriguez. Escrito por Erica Shelton.
La política es una ciénaga de la que no puedes escapar una vez que mojas tus pies en ella. Winning Ugly es un thriller político de primer nivel. Un episodio durísimo sobre las negrísimas entrañas del sistema político americano. Los partidos están podridos. El régimen electoral también. La democracia es más un simulacro que una realidad. Pocas veces la serie de los King fue tan pesimista. Pocas veces ha dado tanto miedo. Este episodio es espeluznante porque te lo crees, porque transpira verdad por los cuatro costados. ¡Oh Alicia!

1. Person to Person de Mad Men.
Dirigido y escrito por Matthew Weiner.

Después de ver Person to Person me fui a llorar a la ducha. A llorar por el fin de una era. A llorar porque Weiner había cerrado la historia de Don Draper, Peggy Olson y compañía de una forma maravillosa. Person to Person es un capítulo emotivo e ingenioso. Duro y sensible. Escrito con un cariño y una pasión por la perfección admirables. Weiner es un genio. Y lo sabe, por eso tiene un ego que no le cabe en el cuerpo. Esta oda final al teléfono, a las relaciones persona a persona, es fascinante. Sin más. Un guion al que no le falta nada. Inteligente hasta el último fotograma. A priori es el favorito para ganar el Emmy a mejor guion, pero no hay que descartar a Game of Thrones o al otro episodio de Mad Men.

martes, 15 de septiembre de 2015

Emmysalternatives 14/15 X: Actrices de Drama

Actriz de reparto

6. Christine Baranski por The Good Wife
No hay mujer más elegante en la televisión. Ni tampoco ninguna persona con una risa más maravillosa que la suya. Unes esas dos características de Baranski, le añades hondura, sensibilidad y presencia y tienes como resultado un trabajo modélico. Una auténtica dama de la interpretación.


5. Kerry Bishé por Halt and catch fire
¿Es posible no enamorarse de Kerry Bishé? Su Donna es, a la vez, una mujer insatisfecha en un matrimonio que hace aguas y una intrépida pionera en busca de aventuras. Todo en uno. Inteligente, graciosa, dura, profunda. Y muchas cosas más. Bishé es un vendaval.




4. January Jones por Mad Men
Jones tiene una secuencia, en esta última temporada de Mad Men, en la consulta de un médico que es escalofriante. Su rostro es un poema. Un canto triste, que diría Lluís Llach. Mientras dos hombres arreglan su vida ella de deshace como un azucarillo, con la cámara pegada. Será una actriz limitadísima, pero lo que ha hecho con Betty Draper es un trabajo descomunal. Qué dignidad le acaba dando a esa mujer al final de este inmenso relato. Su último plano, sentada en la mesa, con Sally a su lado fregando, es otra joya, tanto de dirección como de interpretación.

1. Carrie Coon por The Leftovers
No, no me he olvidado de cómo se cuenta. Saltamos del 4 al 1, directamente. Un triple empate, algo que debe ser altamente improbable en los Emmys. Pero es que no puedo elegir entre estas tres mujeres. No puedo hacerlo. La recién llegada, la que está en la cresta de la ola y la que ya se retira. Y como no puedo elegir y total esto no son más que listas que hago por amor al arte, no he elegido. Los Emmys tendrán que escoger entre las otras dos actrices que acompañan, en lo más alto de esta lista, a la descomunal Carrie Coon. Hace 15 meses no sabía ni que existía, ahora, tras The Leftovers y Gone Girl, no puedo dejar de pensar en ella. Su Nora es desgarradora. La entereza con la que la interpreta, el cariño que arroja en esa mujer que de la noche a la mañana perdió a toda su familia es escalofriante. Impacta. Mucho.

1. Lena Headey por Game of Thrones
Vaya clase maestra de interpretación la que dio este año Lena Headey sufriendo como nunca. Eso sí, manteniendo toda su dignidad. Cersei nunca estuvo más contra las cuerdas y Headey lo aprovechó para adueñarse de la temporada. Uno no puedo más que levantase, aplaudir y arrodillarse. Larga vida a la borracha Reina Madre.


1. Christina Hendricks por Mad Men

Aún parece increíble a día de hoy que Hendricks no lograra el Emmy por la temporada de The Other Woman (T5). Pero así fue, Hendricks, como todos los actores de Mad Men, sigue sin Emmy. Esta es su última bala y ¡vaya bala! Tras dos años en el dique seco, Weiner se acordó de ella en la recta final y le entregó tramas maravillosas. De hecho, la colocó, de nuevo, en el mismo punto que estuvo en The Other Woman, pero esta vez su comportamiento fue completamente diferente. Y ahí fue cuando nos demostró que efectivamente es una actriz con un magnetismo, una fuerza y una clase mayúsculos. Es imposible no mirarla y admirarla.

Actriz

6. Taraji P. Henson por Empire
No pude evitarlo. Me he reído tanto este año gracias a Henson que he tenido que meterla en esta lista. Ella es la actual reina de la televisión trash. Una máquina que lo devora todo. Si tiene que arrastrarse por los suelos, se arrastra, si te tiene que quedar en bragas “sexys” se queda, si tiene que insultar, insulta. Y así todo el rato. Cookie Lyon es el personaje más descacharrante de la televisión. Y hay que ser muy valiente para interpretarlo. Ni Viola Davis, ni Kerry Washington, las otras dos grandes estrellas afroamericanas de la ficción actual, podrían haber hecho este personaje. Tiene un mérito increíble. De verdad.

5. Robin Wright por House of Cards
¡Qué elegante y fría es Robin Wright! ¡Qué voz! ¡Qué forma de susurrar ostiazos verbales! Su interpretación de la sibilina, retorcida y torturada Claire Underwood es tan sutil como fascinante. Economía de recursos. Muchas veces menos es más. En esta ocasión, sin duda alguna.


4. Ruth Wilson por The Affair
Ni la ganadora del Globo de Oro sobrevivió al vacío que le hicieron los Emmys a The Affair, el drama contado desde dos puntos de vista diferentes de Showtime. A diferencia de Lizzy Caplan, que el año pasado sí logró entrar en los Emmys a pesar del ninguneo a Masters of Sex, la sensacional y turbadora Ruth Wilson no ha podido conseguir la nominación en una categoría muy apretada. Desde luego la merecía, es un trabajo fascinante, sobre todo, obviamente, cuando la serie está contada desde su punto de vista. Consigue que la entiendas aunque no seas capaz de creerla de todo. Darle verdad pero mantenerla entre las tinieblas.

3. Keri Russell por The Americans
¿Madre americana o espía soviética? Ha llegado el momento en que Elizabeth ya no puede seguir compatibilizando ambas facetas de su vida. No es machismo, su marido está en la misma situación, pero ella lo lleva peor, la relación materno-filial en este caso es mucho más compleja. ¡Es tan valiente lo que hace Keri Russell en The Americans! Se nota muchísimo que ella cree en el proyecto y que se pone a su completo servicio. No busca nunca el momento de lucimiento, lo importante es el relato. Y aún así se luce porque construye un personaje riquísimo que intenta todo el rato esconder sus verdaderos sentimientos y/o ideas. Matthew Rhys es mucho más transparente que ella. Es fascinantemente indescifrable.

2. Julianna Margulies por The Good Wife
Ha pasado. Julianna Margulies en el número 2. No creía ni yo que fuera a hacer esto. No es que haya estado peor Margulies este año, de hecho en su capítulo psicotrópico o en Winning Ugly dio un auténtico recital, simplemente es que tenía que saldar una cuenta pendiente. Sigue siendo la actriz que más me maravilla de la televisión actual.


1. Elisabeth Moss por Mad Men
Siempre digo que la objetividad no existe, la imparcialidad sí. Y yo, desde luego, no soy imparcial con Elisabeth Moss. Si Moss fuera la típica chica guapa y/o graciosa en la vida real tendría ya unas cuantas nominaciones a los Oscar. Pero como no lo es no tiene tantos fans. Eso sí, somos fans acérrimos. A lo mejor sólo es cosa mía, pero espero que los que lean esto sientan también que se encuentran en una fase vital que huele a viejo. Que están listos para avanzar. Eso es lo que le pasa a Peggy Olson, y Moss lo borda. Clava esa insatisfacción, esa soledad, esa impotencia. Y a la vez, nos muestra que siempre hay espacio para la esperanza. El viaje vital de Peggy ha sido apasionante, Moss la ha exprimido al máximo, el final ha sido precioso. Dale una uña a Moss y te devorará el cuerpo. Es una actriz total.