domingo, 23 de febrero de 2014

El amigo chino

HOUSE OF CARDS - Segunda Temporada


¿Si me pinchas acaso no sangro? NO

El thriller político es un género que el audiovisual americano cultivó concienzuda (y brillantemente) en las décadas de los 60, 70 y 80 con films como de The Manchurian Candidate (Frankenheimer, 1962), All the President’s Men (Pakula, 1976) o Missing (Costa-Gavras, 1982). Y que con la caída del muro de Berlín y la extinción de la URSS se esfumó hasta ser casi imperceptible durante los ingenuos años 90 (aunque curiosamente la House of Cards británica se emitiera en esa década). El 11-S y la “guerra contra el terror” lo trajeron de vuelta, hibridado con el cine bélico, confundido. El género se asentó sobre todo en la dialéctica capitalismo-comunismo, USA-URSS, y cuando ésta desapareció dejó de tener su razón de ser. Dicha relación dialéctica, juego entre iguales (dos sistemas, dos estados), no puede extrapolarse al etéreo y heterogéneo terrorismo islámico, quizás ni siquiera a algunos de los países que USA ha señalado como sus enemigos en la última década, como Irán, simplemente porque no es una lucha entre iguales.

Tras la caída del bloque soviético, USA pasó a ser la única superpotencia del planeta. El sheriff de un mundo globalizado. Sin embargo, la China abierta al capitalismo y cerrada a la democracia ha ido creciendo entre las grietas económicas occidentales hasta adquirir el estatus de superpotencia. La relación entre norteamericanos y chinos marcará el devenir de la política internacional de las próximas décadas. Frente a la claridad de posicionamientos de la era soviética, ahora lo único que tenemos es confusión. Entre USA y China no hay ni habrá una guerra fría. La tensión entre ambos países no es ni militar ni ideológica, sino meramente económica, una guerra comercial. China le está haciendo a USA el abrazo del oso, al adueñarse de su deuda también se adueña de sus posibilidades de maniobra. Los americanos dependen del dinero chino pero a la vez los chinos dependen del mercado americano. Los intereses de uno y otro lado se entremezclan, se funden y al final lo que obtenemos es un escenario tan enrevesado, que la mejor política ha desarrollar es el mantenimiento del status-quo.

Por todo esto era sólo cuestión de tiempo que el thriller político pusiera su foco de atención en el amigo chino. Y House of Cards, la adaptación (libre no, lo siguiente) de las novelas de Michael Dobbs y la miniserie británica de Andrew Davies, ha venido a iniciar lo que puede consolidarse como una nueva vía (y vida) para el género, tomando el testigo de los camaradas soviéticos. Si el tema central de la serie de Beau Willimon es el poder: acumulación y mantenimiento, el eje central de esta temporada es la relación triangular entre el poder político americano, el poder económico americano y el poder político-económico chino (todo confluye en el Partido en China). Y toda la mugre que se acumula en las orillas de dicho triángulo. Quizás por esto la segunda temporada de House of Cards sea mejor que la primera. La primera era un apasionante thriller, sí, pero no buscaba trascender, no apuntaba hacia ningún gran conflicto del mundo actual. No tenía un mensaje más allá de que las esferas de poder arrojan un hedor que lo impregna todo.

Este fotomontaje made in paint parece sacado de una distopía futurista chusquera

La gracia del triángulo que ha trazado esta temporada es que todas las líneas que lo conforman son interesantes:

1) El dinero mueve el mundo, y más en este mundo cada vez más globalizado. Las relaciones económicas entre empresarios occidentales y empresarios de los grandes mercados mundiales a explotar (China, pero también India o Brasil o cualquier otra potencia emergente) marcan las agendas políticas. Cuando los dirigentes viajan a otros países, los acompañan siempre ilustres empresarios. La política es negocio. Así, en esta temporada de House of Cards, nuestro protagonista, el ególatra Frank Underwood (Kevin Spacey, mascando el personaje para escupírselo a los espectadores), tiene que moverse con astucia en medio de la relación entre el multimillonario Raymond Tusk (Gerald McRaney en modo Margo Martindale en la temporada 2 de Justified) y otro poderoso actor chino, Xander Feng, para satisfacer sus intereses por encima de los de estos.

2) La convulsa y oscura relación entre el poder económico (eléctricas, bancos, petroleras, constructoras etc.) y el poder político (gobiernos elegidos por los ciudadanos) es algo a lo que no se suele prestar atención (las empresas mediáticas se mueven en este ámbito) pero que marca gran parte de las iniciativas que emprenden los estados. Lo podemos ver hoy en día en España con respecto a los precios de la electricidad. Y House of Cards nos permite echar un ojo a como fluctúan las relaciones entre grandes empresarios y políticos, los intereses que se mueven. La relación entre Tusk y el presidente de Estados Unidos (un convincente Michael Gill) funciona como paradigma de la confusión entre legitimidades, entre poderes.

3) Llegamos así a la línea que cierra el triángulo y que ya apuntamos anteriormente. El poder económico se relaciona a nivel mundial. El poder económico se relaciona con el poder político. El poder político se relaciona también a nivel mundial condicionado por las dos clases de relaciones anteriores. Así, la relación entre el Presidente Walker y los líderes chinos se ve enturbiada por la relación entre Tusk y Feng, y la del primero con el propio Presidente, el cual confía, durante la primera temporada, ciegamente en él.

Si la primera temporada de House of Cards era hacia dentro, un viaje a la psique de su protagonista y al funcionamiento de la política en Washington, la segunda es más hacia fuera, hacia la relación entre políticos y empresarios y entre las dos actuales potencias mundiales: Estados Unidos y China. Todo ello bañado en dinero y poder, si es que en el mundo actual cabe diferenciar entre ambos. El lobbista Remy Danton sostiene en la season finale que “el poder es mejor que el dinero, mientras dura”. La serie de Beau Willimon ha elevado la apuesta, ha ido cerrando los flecos que dejó la primera temporada y roto relaciones con la House of Cards británica, nacida en el ocaso del thatcherismo. House of Cards no era una serie perfecta en su primer año y tampoco lo ha sido en su segundo, algunas tramas secundarias no funcionan (la de Rachel y Doug no lo ha hecho), no acaba de tener un reparto a la altura de las circunstancias (aunque la incorporación de Molly Parker ha sido todo un acierto) y muchas veces los engranajes narrativos resultan demasiado forzados, por muchos problemas que les surjan, los Underwood acaban saliéndose siempre con la suya.

A pesar de todas estas aristas, que no son pocas ni menores, este año la serie ha dado la sensación de estar más focalizada, de tener un mensaje más nítido. El personaje de Claire Underwood (Robin Wright, la actriz más gélida de la actualidad) ya no es un satélite, han sabido astutamente meterla en el juego de poder principal, convertirla aún más en una máquina de matar. House of Cards se confirma como una serie grande y el final de esta segunda tanda implica sin duda un paso hacia delante, una mutación del formato. La británica no lo encajó del todo bien, de tal forma que las dos miniseries que siguieron a la primera (To play the King y The Final Cut) no estuvieron a la altura de las circunstancias. Sin embargo creo sinceramente que a la americana le puede venir bien el cambio de molde: más política y menos thriller.

viernes, 21 de febrero de 2014

Dos amaneceres distintos en el transcurso de un año

BEFORE SUNRISE / STOCKHOLM


La información es poder... poder enamorarte

Hace un año vi Before Sunrise (Linklater, 1995), tras haberla visto mucho tiempo atrás y guardar un gran recuerdo de ella, ya que la trilogía Before… de Richard Linklater, Julie Delpy y Ethan Hawke se caracteriza por producir un gran impacto emocional si el espectador entra de lleno en la historia. La vi, esa segunda vez, acompañado (o algo así), y eso también condicionó mi visionado. No sólo pensaba en qué me estaba pareciendo a mí, sino que además me preguntaba todo el rato a mí mismo, ¿qué estará pensando la otra persona?, ¿en esta secuencia verá lo mismo que yo? ¿verá que ella es una bomba siempre a punto de explotar? ¿que él no sabe dónde se está metiendo, que es un puto inconsciente?. Y así todo el rato. Cómo y con quién ves una película obviamente altera tu percepción de la misma. Para mí Before Sunrise dejó de ser la misma película que había conocido en su día. Tampoco yo era la misma persona, quiero pensar que ahora soy un tipo un poco más maduro, sobre todo emocionalmente, que 7 años atrás, cuando aún estaba saliendo de la pubertad.

La primera vez que vi la película me fascinaron su romanticismo y su osadía aventurera, sus ansias de exploración. La segunda vez, en cambio, fue la sensación de complementariedad que transmiten esos dos desconocidos que se encuentran en un tren y deciden pasar una noche juntos surcando Viena. El amor tiene que ver más con estar a gusto con una persona que con vivir una gran aventura. Nos acabamos de conocer pero siento que te conozco de toda la vida. Más confianza y complicidad que frenesí.

Se cometieron errores

El año natural que siguió a ese día, con sus altos y sus bajos, por ese orden, lo completé, con un día de retraso, y esta vez solo, con el visionado de Stockholm de Rodrigo Sorogoyen, la película española de 2013 que más ganas tenía de ver. El espontáneo encuentro en una fiesta entre dos jóvenes con amigos en común entre los que va surgiendo una química especial según avanza la película. Llegaba advertido (es difícil llegar virgen tras un año de run run) de que llegado un momento su aire de comedia romántica se cargaría hasta evolucionar en otra cosa. Y aún así cuando llegó el giro yo no estaba emocionalmente preparado. El amanecer en Before Sunrise era un canto a la esperanza (y también a la inconsciencia), en Stockholm es un crujido, una decepción, un desencuentro. El desencuentro entre una persona que quiere demasiado pronto y otra que quiere demasiado tarde. Ouch. Ahora ya estoy preparado para quererte. Pues yo ahora ya no quiero. Y del constante desencuentro lo único que surge es dolor. Dolor y rabia. Y en última instancia también una honda angustia.

Así, ese piso madrileño de azotea con vistas maravillosas, se convierte en una cárcel en la que no sabemos muy bien quién es el carcelero y quién el prisionero. Al final de Before Sunrise todo eran promesas. En Stockholm en cambio, nos hablan de promesas que no valen nada, quizás porque nunca valieron nada o quizás porque han caducado de mero cansancio, por no ser tomadas en serio a su debido momento. Debe ser el espectador, en todo caso, el que decida, si es capaz de hacerlo. El quizás es algo común a ambas películas, sin embargo en el film de Linklater los quizás se proyectan hacia el futuro, en cambio en el de Sorogoyen danzan noqueados entre los dos protagonistas (Aura Garrido y Javi Pereira, brillantes, sobre todo ella) anclados al pasado, a los errores cometidos.

Es normal en películas que giran en torno a un duelo entre dos personajes tomar partido por el que crees que te identifica mejor. Yo lo hice con las dos primeras películas de Before… y en cambio en la tercera, en la que justamente el conflicto es el eje central aprendí a no hacerlo. Ahí sí que supongo que jugó la madurez, o más que la madurez la experiencia sentimental. Uno no puede quedarse parapetado en sus propios sentimientos, tiene que intentar entender los de la otra persona. Eso quizás sea querer a alguien. Obviamente es algo complicado. Y lo que pasa cuando no lo consigues, cuando te quedas solo, únicamente acompañado de tu dolor, es que te haces daño a ti mismo en una espiral sin fin y acabas haciéndole daño a la otra persona. Lo que pasa en esos casos es Stockholm. El deterioro de una relación entre dos personas que a priori sí funcionan juntas, dos personas que empiezan siendo como los protagonistas de Before Sunrise, adecuadas (no es una palabra romántica, pero creo que es la más acertada) la una para la otra, “las personas” y terminan por no ser, a pesar de ellas mismas, de sus deseos. Stockholm es una película que quema, no como ese café al viento en la azotea, que abre una puerta a la posibilidad de corregir los errores, pero que con su final acaba por cerrárnosla en las narices. Quizás esos tres minutos finales sería lo que cambiaría de la película. Sí, quizás.

miércoles, 19 de febrero de 2014

Películas que están bien, películas que son relevantes

OSCARS 2013 - Big 9



Después de las vacaciones y con las nueve películas de los Oscar (el Big 9 para los amigos) vistas creo que ha llegado el momento de escribir sobre ellas, aunque ya haya hablado con anterioridad de 12 years aslave y American Hustle. Quiero dejar claro que esta es mi opinión, que defiendo la influencia de la esfera personalísima en la percepción de las películas, y que las dos categorías en las que divido a las nueve películas nominadas a mejor film de 2013 en los Oscar pueden ser consideradas un error, e incluso una ofensa, aunque no es mi intención en absoluto. Tiendo a hacer listas con todo, listas y categorías, cuando terminé de ver Philomena y comencé a pensar en los nueve films en su conjunto, rápido llegue a la conclusión de que había dos grupos. Las películas que me parecieron que estaban bien, que me resultaron entretenidas, incluso interesantes, y las películas que me llegaron de verdad, que por múltiples razones creo que recordaré cuando pasen los años, esas películas que sé que volveré a ver varias veces en mi vida. En el primer grupo he metido a American Hustle, Captain Phillips, Dallas Buyers Club y Philomena. En el segundo a las otras cinco, 12 years a slave, Gravity, Her, Nebraska y The Wolf of Wall Street.

Mi película favorita en 2010 fue The Social Network, en 2011 The Tree of life, en 2012 Zero Dark Thirty, las tres estuvieron nominadas a mejor film en sus respectivas ediciones. Este año, la película que más me cautivó no llegó a los Oscar, La vie d’Adèle. De las cinco nominadas que he catalogado como relevantes, para mí, claro, cualquiera me parecería una digna vencedora. Quizás en mi papeleta preferencial pondría a la película de Scorsese de primera, pero cualquiera de las otras cuatro son películas que me importan. A veces mi relación con el cine es una relación cuasi personal, que gira en torno a si la película me importa o no. Tiendo a sobrevalorar las películas, a enrocarme en mi cariño a ellas, no es algo que esté bien, pero es algo que tampoco puedo evitar si nace un vínculo entre ellas y yo.

Películas que están bien

El par de motivos de Amy Adams para justificar que American Hustle está bien

Ninguna de estas cuatro películas me parece cine insignificante. Le agradezco a Philomena que trate con delicadeza la cuestión de la compra de niños; a Dallas Buyers Club que se aproxime al drama del SIDA en el sur de Estados Unidos y no en NYC o Frisco; a Captain Phillips que nos hable de la piratería en pleno S. XXI; y a American Hustle que ponga el foco sobre la corrupción y el arte del engaño, aunque sea de una forma tan blanda. Pasé un buen rato con estas cuatro películas. Salí encantado del cine con Captain Phillips, me divertí mucho con American Hustle, me emocioné con Philomena y Dallas Buyers Club me resultó interesante. 

Pero tan pronto como llegaron se fueron. Estas películas no han perdurado en mi cabeza. No han crecido en el recuerdo, sino más bien todo lo contrario, me gustaron más cuando terminé de verlas que con el paso de las horas, de los días. No me han empujado a reflexionar y a darles mil y una vueltas. Son cine volátil, de mero impacto. No necesito volver a verlas. Ese es el problema que les encuentro, que no me empujan a revisionarlas, que no me aportan lo suficiente. Seguramente dentro de cinco años me cueste recordar el nombre de la película por la que Matthew McConaughey y Jared Leto ganaron un Oscar.

Películas que son relevantes

Esta es mi escopeta, sino te gusta tengo otra

Frente al grupo anterior, han llegado al final de la carrera de premios cinco obras que han tenido una influencia en mí, que han permanecido en mis entrañas revolviéndolo todo. 12 years a slave, el relato de un hombre libre que un día fue esclavizado, me pareció tras salir del cine una buena película. Cine sólido, denso, contundente, pero es verdad que no me apasionó, fue con el paso de los días, de las vueltas y vueltas que fue dando en mi cabeza que comenzó a hacerse grande. Llegado un punto necesité verla, esta vez por fin en versión original y ahí sí, todo lo que había ido apuntando en mi lista mental, todos los detalles que necesitaba revisar estaban ahí. 12 years a slave no pretende ser la película definitiva sobre la esclavitud, pero es por el momento la que mejor la ha abordado, con más crudeza, de forma más analítica, mérito del guion y sobre todo del medidísimo trabajo de Steve McQueen.

Her, refleja cómo la incomunicación urbana empuja a un hombre ahogado en melancolía y soledad a encontrar el cariño, la cercanía, la compañía, el amor, en una máquina. Es una película que me emocionó y entristeció.. Es una película que duele. Una película rodada con mucho tacto, escrita con mucha inteligencia, con mucha paciencia, con mucho cariño. En lugar de escupirnos nuestros miedos, nuestras dolencias comunicativas, Spike Jonze nos las susurra. Her es una película delicada.

Gravity, la odisea espacial de una doctora sola ante la adversidad, es a la vez la opción comercial y la opción artística de esta carrera. Alfonso Cuarón rodó una carta de amor a la imagen, al plano como elemento básico cinematográfico, y por ello mismo, una carta de amor al cine como arte audiovisual. El guion de Gravity es mínimo y tiene un par de añadidos sentimentaloides innecesarios. Sin duda. Pero es que en Gravity la forma es forma y fondo. Es casi un tratado cinematográfico. Como si volviéramos al inicio del cine. Pura exploración e incertidumbre. ¿Dónde está el límite del arte?

Like father, like son

La road-movie es un género típicamente americano que no ha tenido nunca mucha repercusión en los Oscar. Un género que ha explorado bastante en los últimos tiempos el indie, o el pseudo-indie (el Off-Hollywood). A Alexander Payne, a su mundo, a su humor, a su humanismo, le viene como anillo al dedo. A la mayoría de la gente la película que más le emocionó del Big 9 fue Her, o por lo menos esa es la impresión que tengo, a mí quizás fue Nebraska, a lo mejor también porque la sentí más próxima, más palpable. Una película que cada día que pasa me gusta más (algo que también me pasa con Her, pero menos), que danza entre la ironía y amabilidad, entre la frase letal y el abrazo, sin perder nunca el equilibrio. Payne no es el rey de la comedia dramática actual por casualidad. Es un autor con tanto talento, tacto y clase que lo único que puedo hacer es rendirme una vez más ante él. Nos hacemos mayores y a cada paso que damos nos cuesta un poquito más cargar con nuestras vidas, con nuestro pasado, con nuestras responsabilidades.

Llegó tarde y eso sin duda lastró sus opciones. Su tono hiperbólico y descacharrante tampoco ha ayudado. The Wolf of Wall Street, el auge y caída de un poderoso capo de las finanzas, es el regreso de Martin Scorsese como cronista del exceso. La evolución natural de The Goodfellas y Casino. El retrato de un mundo a la deriva manejado por depredadores de vidas lujosamente vacías. Que Scorsese es uno de mis directores favoritos es algo que todo aquel que me conozca sabe. Que me encanta Leonardo DiCaprio también. Que yo le tenía muchas ganas a este proyecto desde que se puso en marcha, sin duda. Por todo ello era muy fácil que me sintiera decepcionado. Y no. No me decepcionó este Scorsese desenfrenado (la secuencia de las drogas caducadas es ya de las mejores de su carrera) pegado, una vez más, a la realidad del mundo actual. Estamos aquí (en esta crisis, o más bien en estas múltiples crisis concatenadas) por toda esta banalidad devoradora. De aquellas fiestas privadas y robos de lo público, estos lodos.

sábado, 8 de febrero de 2014

Las 5 (-1) películas de los Goya

PREMIOS GOYA

Goya haciéndose un selfie

Mañana tendrá lugar en Madrid ese reparto anual de amor y ostias que son los premios de la Academia española de cine. Este año por primera vez cinco son las películas nominadas a mejor film (por qué no se amplía el número a 5 en todas las categorías es una de las múltiples y eternas preguntas sin respuesta sobre el funcionamiento de la Academia). Era mi intención hacer con los Goya lo que hice con los EFA, ver todas las candidatas en las categorías fuertes, analizarlas y proponer mis nominadas (y ganadoras) pero no he podido hacerlo. Ni yo ni nadie que no viva en Madrid, Barcelona y alguna otra ciudad grande. El también eterno problema de la distribución y la exhibición en este país cada año se agrava más. Así que me voy a limitar a hablar de las 4 obras nominadas a mejor película que he podido ver: 15 años y un día, Caníbal, La gran familia española y La herida. No he podido ver Vivir es fácil con los ojos cerrados, una película que por temática, tono y críticas debería haber funcionado muy bien en taquilla pero que tuvo una presencia nula en los cines. Es normal que películas como Caníbal o La herida no hagan buenas taquillas, son demasiado crudas y frías para el gran público, pero que a películas como Vivir es fácil, accesible para todos los espectadores, amable, tierna, se le cierren las puertas a poder conquistar a los espectadores es una vergüenza. Simplemente. Ahora, a hablar de las otras cuatro.

- 15 años y un día
Dirigida por Gracia Querejeta / Escrita por Gracia Querejeta y Santos Mercero

Maribel deja de acaparar

La película se centra en un adolescente conflictivo, al que su madre es incapaz de controlar, de tal forma que lo manda a vivir con su abuelo, un antiguo policía, para que lo enderece. Este es el punto de partida de una cinta que a mitad del metraje decide que no quiere seguir siendo un drama familiar, y en cierta forma social, y se transforma en un thriller sin nervio. 15 años y un día no es una mala película, se mueve bien en las relaciones familiares, está bien interpretada, pero es una película fallida, que no tiene claro que quiere contar y dispara en múltiples direcciones esperando dar en la diana en algún momento.

La nominación del film de Gracia Querejeta tanto en película como en dirección es la reafirmación de un error. Una huída hacia delante. 15 años y un día fue la película que sorprendentemente la Academia seleccionó para competir en los Oscar. Cuando se hizo el anuncio se montó un escándalo mayúsculo y le llovieron piedras (tanto al film como a la Academia) por parte de una prensa que ya la había visto muchos meses antes en Málaga. La Academia no reconoce el error cometido e insiste en colarla en las categorías reinas en detrimento de otras películas como las ganadoras del Feroz, Stockholm y 3 bodas de más, o el empastillado aquelarre de Álex de la Iglesia, Las brujas de Zugarramurdi. En una noche muy abierta, es claramente la película con menos posibilidades de victoria.

- Caníbal
Dirigida por Manuel Martín Cuenca / Escrita por Manuel Martín Cuenca y Alejandro Hernández

Sierra Nevada, cámara frigorífica

Manuel Martín Cuenca sigue expandiendo su particular (y gélido) mundo cinematográfico en esta película sobre un sastre caníbal al que se le cruzan en su apaciblemente siniestra vida dos hermanas rumanas. Caníbal es una película con una buena parte inicial, tensa, contemplativa, extrañamente hermosa, coronada por la mejor secuencia del cine español de este año (la de la playa) y que sin embargo tiene una segunda parte cobarde, a la deriva, con decisiones de guion muy cuestionables. Antonio de la Torre es el favorito para ganar mañana el Goya a mejor actor. A mí no me parece que haga nada extraordinario, y sí, soy consciente de que no glorificarlo está muy mal visto en este país. El Goya que seguro que no se le escapa al film es el de mejor director de fotografía, extraordinario trabajo de Pau Esteve Birba, de verdad, extraordinario.

Desde que se vio en Toronto (el principal escaparate de cara a los Oscar) y en San Sebastián se le colgó el cartel de favorita. Su no selección para los Oscar, la mala recepción por parte de los espectadores y no haber logrado vencer en mejor película en ninguno de los premios previos a los Goya (Forqué, los primerizos Feroz, CEC) han reducido sus posibilidades de victoria. Personalmente, creo que es una película demasiado antipática para vencer, y sinceramente, tampoco creo que se lo merezca.

- La gran familia española
Dirigida y escrita por Daniel Sánchez Arévalo

Quim Guitiérrez, sal del bucle... primo

La final del mundial de 2010. Una boda entre adolescentes. Una familia llena de miedos, secretos y problemas. Una comedia, aunque su director se haya pasado la carrera por los Goya diciendo, con condescendencia, que su película no era una comedia… muy mal Daniel Sánchez Arévalo, muy mal. Sin embargo, si él me lo permite, lo cierto es que yo me reí bastante con la película, y también me emocioné un poco, pasé un buen rato en el cine. Salí feliz tras verla. El problema es que es una película que se evapora. Como si fuera cine de usar, disfrutar y olvidar. Nada trasciende en esta película. Sí, funciona durante su visionado, pero después se hace pequeñita, terminando por desaparecer en la memoria.

Su condición de película con más nominaciones, 11 (esa nominación en efectos especiales tendría que ser considerada delito), la debería situar como favorita, pero es innegable que se ha desinflado con el paso de los meses y que su catastrófico recorrido por la carrera de premios (no ha ganado nada, pero nada, nada) tampoco ayuda. No me sorprendería su victoria, es (con mucha diferencia) la película con más aceptación popular y taquilla de entre las nominadas, pero parece que no será el año de Sánchez Arévalo después de todo.

- La herida
Dirigida por Fernando Franco / Escrita por Fernando Franco y Enric Rufas

Marian Álvarez, la perra vida

El montador Fernando Franco quería hacer un documental sobre el trastorno límite de la personalidad y se encontró con una película de ficción. Con una historia de soledad y dolor. Con una mujer a la que sólo le queda su propio sufrimiento. Esta película tiene muchas cosas que me fascinan. La dirección de Franco, con una puesta en escena cimentada sobre primeros planos pegados al rostro y a la nuca de su actriz principal. Ella, Marian Álvarez, ganadora virtual del Goya salvo sorpresa mayúscula, que firma una de las mejores interpretaciones que he visto en el cine español. Pura verdad. La herida en sí misma, que como si fuera la Rebeca de Hitchcock (otra herida) sobrevuela todo el rato la película pero nunca vemos qué es exactamente, sí, nos dan pistas bastante claras de qué es lo que le pasó a este mujer, pero nunca enfocan a la herida a la cara, no hay luz y taquígrafos, sólo oscuridad. Tras decir todo esto creo que no hace falta que diga cuál es la película que quiero que gane.

La herida es, para la mayoría de analistas de la carrera por los Goya, la favorita para imponerse en la anarquía del domingo y repetir la victoria extrema de La soledad de Jaime Rosales (del que Franco bebe, y mucho), el triunfo de un cine pequeño de historias femeninas complicadas, un cine que no busca empatizar con el espectador, aunque con algunos lo consigue, un cine que es una experiencia muy subjetiva, yo reconozco que conecté con este película de una forma muy profunda y que entiendo que mucha gente no lo haga. Tras ganar el Gran Premio del Jurado y la Concha de Plata a la mejor actriz en Donostia, venció en los Forqué, estuvo nominada en Feroz y CEC y ha conseguido el Fotogramas. No es un mal bagaje. Sinceramente creo que la victoria estará entre esta película y Vivir es fácil con los ojos cerrados, la Academia tiene una deuda histórica con David Trueba y quizás este sea el año de saldarla, como cuando Isabel Coixet se impuso con La vida secreta de las palabras.

miércoles, 5 de febrero de 2014

Cadenas de favores

PARKS AND RECREATION / COMMUNITY

El último golpe

El pasado jueves Parks and Recreation y Community, la dos sitcoms de NBC, y para mí las más en forma de la televisión ahora mismo, tuvieron una trama principal bastante similar. Ambos capítulos giraron en torno a una cadena de favores. En el episodio de Parks, Leslie y Ann tenían que ir trenzando favores para conseguir entrar en el terreno (futuro parque) que hizo que se conocieran para cerrar el círculo ante la marcha de Rashida Jones de la serie. Mientras que en el capítulo de Community, Annie y el profesor que interpreta Jonathan Banks (Mike de Breaking Bad) tienen que enfangarse en el entramado institucional de Greendale para ir subiendo en la cúspide de poder y conseguir colocar un tablón de anuncios en la cafetería.

Dos tramas similares, dos puntos de vista, o más bien dos formas de tratarlas completamente diferentes. En Parks and Recreation se toman las corruptelas de la cadena de favores con dulzura, centrándose sobre todo en la relación personal de los dos personajes, justo antes de que sus vidas tomen caminos separados. La trama de Parks es pura melancolía. La importancia está en los personajes, en el cariño que se tienen Leslie y Ann, en su química, y en el cariño que le tenemos nosotros, los espectadores. La cadena de favores solo es una excusa para recordarnos alguna de sus aventuras pasadas y sobre todo para regalarnos una última aventura de ambas. Es una despedida, graciosa, emotiva, bonita. A mí, que Ann y Chris no me gustaban especialmente, incluso diría que eran los personajes a los que menos cariño les tenía, su marcha me conmovió. Pocas series saben moverse en el mundo de la emotividad cómica como la serie de Michael Schur.

Annie oliendo el hedor del poder

En cambio en Community lo relevante era la trama en sí misma, las pullas con la que la salpicaron, el mensaje. Si en Parks la cadena de favores era dulce, en Community es oscura, una crítica mordaz (y desternillante) a la corrupción del sistema y de las personas que se mueven en las esferas de poder. Annie, que cada día es más Lisa Simpson, entra en la cadena de favores con la mejor de las intenciones y sin embargo acaba completamente corrompida. Algo que es una constante en el personaje. Annie es la brújula moral de Community, y constantemente se ve tentada por el lado oscuro de la fuerza, como Lisa en Los Simpson. En la espiral de favores, acaba olvidando cual fue el motivo que la llevó a meterse en la misma. Al final, lo único que importa es seguir escalando, consiguiendo cada vez más y más poder. Una metáfora política negrísima en medio de una sitcom. Por eso la serie de Dan Harmon es grande. Así, mientras Parks and Recreation apela a la emoción, Community tira de ironía (la fiesta de los bedeles con congresistas y generales de por medio fue un recital de ostias y carcajadas). Un mismo esqueleto puede dar como resultado productos muy diferentes, en función de cómo los vistas. Dos estilos, dos series, dos maravillas.