viernes, 26 de diciembre de 2014

Formas distintas de bajar el telón

Una de las características narrativas más reconocibles de ese soberbio relato televisivo que fue The Wire era que sus temporadas, por decirlo de una forma literaria, los libros que conformaron la saga, tenían como punto culmen el penúltimo episodio, siendo el último, la season finale, a la vez, un epílogo y un prólogo de la temporada siguiente. Ese formato (¿?) fue el mismo que caracterizó a Game Of Thrones en sus tres primeras temporadas. Baelor, Blackwater y The Rains of Castamere fueron los puntos álgidos de las tramas más relevantes. Ese molde lo abandonaron este año, en el que la season finale, The Children, condensó casi todas las explosiones narrativas. A la luz de cómo han terminado sus temporadas esos dos dramas soberbios de Showtime, llamados Homeland y The Affair, parece que esta forma de estructurar las temporadas, dedicando el último capítulo a presentar los conflictos de la siguiente temporada, va ganando adeptos. Ilustres adeptos.

The Affair

Spoilers a gogó de la T1 de The Affair

El penúltimo capítulo de The Affair, Episode 9, es uno de esos que te destrozan el corazón. Sabíamos que pasaría, que esos dos matrimonios y ese affaire estaban a punto de reventar. Pero es más duro verlo que predecirlo. Noah Solloway (Dominic West no es un gran actor pero siempre está bien y desprende un atractivo arrollador) creyó poder tenerlo todo. Tener una familia, un matrimonio y una amante perfectos. Este loser oprimido pensó que tras tantos años siendo el fiel y obediente esposo que agacha la cabeza, era su momento de salir al escenario y hacer el juego de los cuchillos voladores. Se equivocó. Por intentar mantenerlo todo, el cariño de su mujer (Maura Tierney clava al personaje) y la pasión (y el amor) de su amante, al final del capítulo se queda sin nada. Ambas reniegan de él. Esa fina línea entre la felicidad y la derrota.

Por su parte, Alison Bailey (Ruth Wilson, un terremoto), despierta del sueño del amante redentor. Del príncipe que la rescatará de un matrimonio dañado para siempre por el fallecimiento de su hijo. Noah no es un príncipe, es un pobre diablo que de tanto hacer equilibrios acaba de bruces contra el suelo. Noah, terriblemente, no es mejor que su marido, Cole (Joshua Jackson, siempre es un placer verte), ni un futuro a su lado será más fácil que al lado de su marido. Alison está emparedada entre dos futuros llenos de mierda. Por eso, cuando el capítulo acaba en esa estación de tren, dejándonos colgados en el cliffhanger, de ¿qué hará Alison? La respuesta sólo podía ser “estar sola”. Al final la salida lógica era ser ella misma.

Tras este capítulo catártico la serie de Sarah Treem (co-creada con Hagai Levi, ambos procedentes de In treatment, ni más ni menos), dedicó el episodio 10 a conducirnos hacia la situación en la que transcurrían los interrogatorios a Alison y Noah. Si el episodio 9 destruyó todas las relacionas afectivas de la serie y dejó a los protagonistas heridos de muerte, el 10 nos habla de la reconstrucción de los puentes, del proceso de curación de los personajes. En un arranque a la velocidad de la luz, vemos el descenso a los infiernos de Noah bañado en un sexo superficial que casi lo lleva a perder su trabajo. Y justo en el momento más bajo, se le aparecen las musas. La escritura como redención. Entre las ruinas de su vida, sale de sus dedos un libro fabuloso, ese libro que empezó a escribir inspirado por Alison. Cuando uno ya no puede caer más, lo único que le queda es claudicar o levantarse. Empieza así el resurgir. Y con él la reconstrucción de su matrimonio. Como si hiciera borrón y cuenta nueva. Intentando levantar una farsa: nunca existió Alison, nunca existió la frustración con su corriente vida que lo condujo hacia ella. No ha pasado nada, ha logrado escribir el libro, vuelve a dormir en la cama de su mujer, ha llegado al punto que se tenía marcado, aunque fuera mediante un camino peligroso. Error. Nada podrá ser igual. La vida no es una multiplicación en la que el orden de los factores no altera el producto. La farsa de la familia feliz y exitosa salta por los aires al primer imprevisto. Su hija corre a ver al hombre que la dejó embarazada, el cuñado de Alison, y nada más entrar ésta de nuevo en su vida saltan todas las costuras. Es difícil contener lo incontenible.

El proceso de Alison, sin embargo, es distinto. Ella no se cura por haberse hundido en sus miserias. Su proceso sanador consiste en salir de ese micro-mundo que sólo le olía a muerte, a recuerdos tenebrosos, a dolor. Se refugia en la tranquilidad de la vida zen de su madre y pone en orden su mierda. Vuelve a casa dispuesta a cerrar esa etapa de su vida. Los humanos, obsesionados siempre con darle un cierre a todo, un final, una marca reconocible de que todo cambió en un instante, como si no supiéramos de sobra que los cambios se producen paulatinamente. Uno no deja de amar en un día. No deja de sufrir en un día. No entiende hacia dónde va su vida en un día. Pero en el regreso vuelve a la misma trampa, su marido o su amante, su pasado o su futuro. Por mucho que ella ama a Cole no puede estar con Cole, están rotos para siempre. Por mucho que desee a Noah, no será nunca el hombre perfecto que fue la primera vez en que se besaron. El pasado es esa larga sombra que se cierne sobre ella para retenerla en el dolor. La solución al dilema, nos la da ese futuro (presente narrativo) en el que Alison y Noah están juntos, borrachos del éxito conseguido por el libro de él, y en el que irrumpe de forma torrencial el misterio que nos plantearon al inicio del relato, ¿quién mató al cuñado de Alison? ¿Fue Noah? Eso, queridos niños, lo sabremos en una segunda temporada de la cual, en realidad, ya hemos visto el primer episodio.

Homeland

Muchos spoilers de esta T4 de Homeland tan All about Carrie
Muerto el perro se acabó la rabia. La Homeland post-Brody vuelve a ser una serie fascinante sobre un mundo cada vez más convulso. La ficción de Alex Gansa y Howard Gordon estará en mi top 10 de series del 2014. Así de buena ha sido esta cuarta temporada en la que Carrie Mathison se ha visto atrapada en una conspiración talibán-paquistaní. Partiendo del asalto a la embajada americana en Libia, la tensión creciente entre Paquistán y USA tras la captura de Bin Laden, y la expansión del Estado Islámico, el drama de Showtime ha cosido una temporada que no podría estar más pegada a la realidad, a un panorama internacional sobre el que USA cada vez tiene menos control. Homeland es esa serie que les recuerda a los americanos que sus enemigos los pueden coser a ostias. Ser tan oscura y pesimista es lo que hace que la serie sea tan relevante. Y ser tan adictiva y controlar tan bien los giros es lo que hace que esta temporada haya sido de esas que te dejan sin uñas. Desde la T1 Homeland no manejaba tan bien la tensión. Los capítulos 8 (la huida de Saul) y 9 (EL capítulo), son un ejercicio de tensión, agobio y ansiedad inmensos. Y también son dos de los mejores capítulos del año televisivo, sobre todo el 4x09, There’s something else going on, ese capítulo de aire enrarecido en el que sabes que todo va a salir mal.

Volviendo al inicio de este texto, Homeland no ha optado por dejar un capítulo final de cierre y presentación del próximo curso. No. Ha ido más allá. El culmen de la temporada es el final del 4x09, con el arranque del asalto a la embajada. Los tres capítulos que le siguieron fueron un mero epílogo. Una decisión desde luego arriesgada. De ahí que entienda las críticas que ha despertado esta estructura, a todas luces, anticlimática. ¿Está bien que una serie empleé tres capítulos pausados y contenidos a preparar el terreno de la siguiente temporada? No creo que haya una respuesta taxativa a ello. Es desde luego innovador, rompe con la tendencia a elevar la tensión hasta que explote en el final, dejando al espectador pegado a la pantalla y necesitando que la serie regrese y le resuelva las dudas. 

En cambio lo que esta temporada de Homeland propone es difuminar el propio concepto de temporada. Tendremos que esperar 9 meses, pero es posible que la 4 y 5 temporada de Homeland no se puedan entender por separado, que sean una única unidad narrativa. Volviendo a la metáfora literaria, es posible que no estemos ante dos libros de una saga, sino ante un solo libro, pero al que le faltan unas páginas que nos darán para leer en el futuro. Esto, desde luego, es frustrante. Volvemos así a lo ya dicho sobre la necesidad del ser humano de darle un cierre a todo. Pero esa sensación de suspensión del relato no debe cegarnos, esta temporada de Homeland ha sido fantástica. Incluso estos tres últimos capítulos, intimistas, centrados en Carrie (Claire Danes ha estado fantástica este año, ella también ha vuelto) y Quinn (Rupert Friend se ha consolidad este curso) han estado muy bien escritos, con mucho tacto. Nunca Carrie ha resultado más comprensible. Como respuesta a las dudas que generaba la salida de Brody nos han gritado “Homeland es Carrie”. Es el único personaje indispensable. Ni Saul (¡qué bueno eres Mandy Patinkin), ni Quinn lo son. En una serie con muchos personajes, con muchos focos de atención y tejemanejes, sólo la protagonista tiene asegurada la permanencia. El año que viene promete. Siria, Quinn perdido, Saul corrompido, y Carrie… siendo ella misma.

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