jueves, 29 de mayo de 2014

Historia de una derrota

THE NORMAL HEART




Este domingo HBO emitió The Normal Heart, tv-movie dirigida por Ryan Murphy (creo que no hace falta presentarlo a estas alturas) y adaptada, a partir de su propia obra, por el dramaturgo Larry Kramer. La película, ambientada entre 1982 y 1983, narra el estallido del SIDA en la comunidad gay de Nueva York a través de activistas e infectados, de hombres luchando (o no tanto) por su supervivencia. El protagonista es Ned Weeks (Mark Ruffalo, camino del Emmy) un escritor que tras intentar luchar contra su homosexualidad en su juventud, vive ahora completamente fuera del armario y en lucha constante contra la comunidad gay neoyorkina, por sus opiniones con respecto a la liberación sexual.

“La política gay es política sexual” Primera puñalada. Nos habían hablado ya  de los terribles años en los que el SIDA surgió en forma de epidemia devoradora, engullendo a parte de una generación de homosexuales, posiblemente la primera en Estados Unidos en vivir con cierta libertad. Lo más interesante de The Normal Heart no es tanto el retrato que hace de la enfermedad, es decir, el plano íntimo, como afecta a los enfermos, como los consume lentamente hasta matarlos, o como consume también a sus seres queridos hasta drenarles las ganas de vivir. No. Eso también está en la película, y funciona, e incluso conmueve (esos increíblemente azules de Matt Bomer apagándose...), pero no aporta nada nuevo. Lo que realmente hace valiosa a esta obra es su dimensión política, el retrato del activismo, de la lucha por lograr la atención de las autoridades. Si en Philadephia (Demme, 1993) se hablaba de discriminación y en Dallas Buyers Club (Vallée, 2013) del papel de las farmacéuticas, en The Normal heart Murphy y Kramer entran a reflexionar sobre el entramado asociativo que montó la comunidad gay para suplir la falta de apoyo del gobierno en la lucha contra la enfermedad. Y así volvemos al inicio de este párrafo, la agenda del activismo gay estaba únicamente centrada en la liberación sexual. No había un movimiento asociativo que reclamara derechos o visibilización del colectivo. Esto provocó que cuando tuvieron que afrontar la amenaza mortal que supuso el SIDA no estaban preparados. No tenían ni los medios, ni la experiencia y ni el valor. A gran parte de los líderes gays les faltó valor. Segunda puñalada.

En The Normal Heart se plantean dos formas antagónicas de alcanzar objetivos desde fuera de las esferas de poder. Puedes cambiar al sistema colaborando con él. O puedes cambiar al sistema enfrentándote a él. Mientras Weeks apostaba por lo segundo, usando cualquier plataforma para lanzar sus polémicos mensajes (“el Gobierno de Estados Unidos está dejando morir a los homosexuales”), el resto de sus compañeros en la lucha, creían en que debían mantener un perfil bajo, no incomodar al poder para así, finalmente, obtener su apoyo en la búsqueda de soluciones para frenar la epidemia. Esta dicotomía está presente en todos los actores que buscan tener cierta dimensión pública. Atacar o colaborar. Aquí mismo, ahora, en este país, en estos tiempos convulsos el asociacionismo está viviendo una época de efervescencia sin precedentes. Al final lo que hacía Ned Weeks no es muy diferente de lo que hizo estos últimos meses el hombre que esté en boca de todos en España actualmente, el eurodiputado electo Pablo Iglesias. La televisión como altavoz. Como medio para un fin político. Este agrio retrato político, de una dureza inusual con el activismo gay, es lo que aporta de novedoso e interesante The Normal Heart, una especie de Milk (Van Sant, 2008) escrita desde el reproche. Pudisteis hacerlo mejor.

Murphy (uno de los gays más poderosos de la Industria) y Kramer escriben así un ajuste de cuentas con  los líderes gays de los 80. The Normal Heart es ante todo la crónica de una derrota. Al final de la película no hay ni siquiera una pequeña victoria moral para el protagonista como sí las había en Philadelphia, Dallas Buyers Club y Milk. Queda sumido en una honda soledad. Derrotado frente al sistema externo (los poderes públicos) y al sistema interno (el resto de activistas). Solo ante el peligro. Un peligro llamado SIDA. Le ha salido una película cruda a Ryan Murphy, la obra más desoladora de su carrera. También la más dramática (aunque tiene esos pequeños estallidos de humor corrosivo marca de la casa) y la más ambiciosa. No es una película perfecta, sigo creyendo que Murphy no acaba de cuajar como director, que le falta estilo, orden, coherencia. Pero es una película muy bien interpretada (salvo Jim Parsons el casting está bien elegido), funciona muy bien narrativamente y sobre todo resulta interesante por ser tan incómoda, por lo oscuro que es su mensaje. Ayer mismo recibió 5 nominaciones en los Critic’s Choice Awards y será una de las producciones con más nominaciones y posibilidades de victoria en los Emmy. Mark Ruffalo, Julia Roberts (en el único personaje femenino, una doctora), Matt Bomer, Joe Mantello e incluso Taylor Kitsch pueden cazar nominación e incluso premio. A HBO le ha salido otra vez una jugada redonda. Su gran rival a priori será la Fargo de FX.

PD: Más de 30 años después, cada día se infectan de SIDA 6000 personas nuevas. La enfermedad sigue siendo una de las primeras causas de mortalidad en todo el planeta. Sobre todo en África, claro, ellos no tienen activistas que luchen por sus vidas, ni medios de comunicación que sirvan de altavoz, ni organismos públicos con capacidad de inversión, ni, claro, farmacéuticas interesadas en mercados de bajísimo poder adquisitivo.

3 comentarios:

  1. Muy buena review! Es de esas pelis que estaba esperando que estrenaran. Aquí os dejo el post que le dediqué en mi blog ;)

    http://seriesanatomy.blogspot.com.es/2014/05/tv-movie-time-normal-heart.html

    Un saludo!

    ResponderEliminar
  2. Sorprendentemente bien el reparto. No por Mark Ruffalo (que suele ser carta ganadora) sino Bomer, Kitsch y Mantello. Julia tiene un papel relativamente fácil, pero aún así aguanta muy bien. Me gustó eso que comentas de que esta es la historia de una derrota y que no haya ni una mínima victoria final. Porque es que esto no ha acabado... La dicotomía está muy bien reflejada, esa frustración, ese cabreo y esas ganas de hacer las cosas bien al mismo tiempo.

    Y ahora sí, por favor, empiecen a premiar al bueno de Mark.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. sí, ese conflicto entre el cabreo más jodido y mantener la calma es brillante, y podemos entender a los 2 bandos, aunque al final Mark es el prota y Mark es mucho Mark jajajaja
      Empezamos la campaña #EmmyForMark YA jajajaja

      Eliminar