viernes, 28 de marzo de 2014

Dancing on my own

GIRLS - Tercera temporada


Los restos del naufragio (y una maleta de leopardo)

Spoilers por aquí y por allá de la season 3 de Girls
Cuando el lunes por la noche terminé la tercera entrega de la Girls de Lena Dunham lo que me invadió fue una viscosa soledad. Al final, sólo nos tenemos a nosotros mismos. En el capítulo 3 de esta crónica de una generación a la deriva, Dunham ha optado por agudizar la vertiente dramática de la serie. Las explosiones de humor han sido contadas, la disgregación del grupo ha avanzado hasta convertir a las Girls en amigas sin amistad, únicamente pegadas entre sí por la soledad que las rodea. En Girls la amistad ya no es un sentimiento puro, es un estado de sitio gobernado por la mera conveniencia. Tras Beach House (3x07) que será el capítulo que más recuerde de esta temporada (no es mi favorito, que conste, creo que la introducción del grupo gayer (no puedo con Elijah y Andrew Rannells, la marica mala definitiva, simplemente no soy capaz) le restó mucha fuerza dramática y catártica) y todo el tsunami de mierda que desató poco queda de amor entre estas cuatro. Demasiada mugre. Ahora no son más que islas que forman un archipiélago desarticulado. La secuencia del Dancing on my own de Hannah y Marnie ya no se puede ni vislumbrar por el retrovisor.

Las otras girls
Que el foco de la serie se colocara aún más sobre Hannah también ha ayudado a crear esa sensación. Si hay una pega que le pongo a esta temporada, que (quizás debí haber empezado por aquí) me parece la mejor de las tres que ha tenido la serie hasta ahora, es como Dunham ha arrinconado a ese personaje tan fascinante y palpable llamado Marnie (Allison Williams, esa puta diosa). Y aún así, aún sin trama principal clara, robando minutos de aquí y de allá, Marnie sigue siendo esa máquina de escupirnos nuestro egocentrismo a la cara. Soy demasiado buena para esto. Tengo muchos sueños y se cumplirán porque soy importante. Puedo ser yo la que use a los hombres. Estos son algunos de los razonamientos mentales de Marnie. Pero la verdad es: no, no eres demasiado buena para tu trabajo, no hay una conspiración mundial contra ti, Marnie. Tus sueños no se cumplirán porque eres una persona destructiva, te destruyes a ti y destruyes todo lo bueno que te pasa porque no eres capaz de medir las consecuencias de tus actos. Y no, no usas a los hombres, buscas cobijo en ellos, y te auto-engañas por el camino. Frente a la imagen que busca proyectar, Marnie es una persona que lo único que quiere es sentirse protegida y aceptada. El problema es que cuando encuentra a alguien capaz de quererla, de ver lo mejor en ella (Desi), lo estropea (dinamitando la actual relación de él). Un terrible auto-boicot. Es jodido saber a dónde quieres llegar pero ser incapaz de seguir el camino.

Más allá de Marnie (creo que ha quedado claro ya que es mi personaje favorito, por eso le doy tanta cera, darle cera a ella es darme cera a mí), Jessa sigue siendo la personificación de la nada. Frente a Marnie o Hannah que fracasan pero intentan avanzar, Jessa hace tiempo que tiró el ancla al mar decidida a disolverse en su pose. Por muchas vueltas que le demos Jessa no es más que pose. Una persona sin ideas, ni deseos, ni objetivos, una mujer que vive por vivir. Lo cual hace que su trama de final de temporada con la fotógrafa suicida fuera mucho más divertida y clarividente. No es que Jessa no esté bien desarrollada como personaje. Todo lo contrario, su banalidad está perfectamente buscada… y encontrada. En cambio Shoshanna es un personaje que podría dar para mucho y se queda en máquina de soltar one-liners. El giro final que pega en el teatro pidiéndole desesperada  a Ray que vuelva con ella hubiera tenido sentido si se la hubiera visto evolucionar a lo largo de la temporada ese deseo, esa sensación de estar emocionalmente a la intemperie, sin embargo no fue así. Da la sensación de que Dunham y su equipo recuerdan que existe como personaje cada X episodios y le escriben un twist para que avance, aunque sea a trompicones. No funciona. Shosh es muy divertida como chiste con patas (y altavoz de alguna que otra verdad) pero carece de profundidad, y no porque no la pueda tener, simplemente porque no se la construyen. Algo a mejorar de cara al año que viene.

Hannah, la muerte y la ambición

Yo mi me conmigo

Mucho se ha hablado sobre la presencia de la muerte en esta temporada de Girls. Dos personas próximas a Hannah murieron a lo largo de la temporada y se criticó a la serie haber tratado el tema a medio gas. Difiero. No es que la muerte esté tratada superficialmente en esta temporada de Girls, es que Hannah es así. Para Hannah los sentimientos de los demás son satélites de sus propios sentimientos. La primera muerte de la temporada se abordó desde el punto de vista más egoísta y superficial posible. No hubo duelo, sólo incertidumbre. Dicha historia tuvo su punto y final con la que para mí es la secuencia de la temporada, Hannah contándole una pequeña mentira tralará a Adam sentados ambos en las escaleras en Dead Inside (3x04). Terrible. De esos momentos negrísimos de plena lucidez creativa.

La segunda muerte, mucho más cercana se abordó en esa pequeña joya que fue Flo (3x09), mi episodio favorito de la temporada junto con Role-Play (3x10) y su secuencia de naufragio sexual pero sobre todo sentimental (escrito al igual que el ya mencionado 3x04 entre Dunham y Judd Apatow). Volviendo a Flo, cómo no disfrutar de Girls convertida en un gozoso drama familiar de mujeres embotellado. Ya le gustaría a August: Osage County haber estado tan bien escrita. El capítulo fue quizás un gran empujón a la madurez, y lo que terminaría desencadenando el tramo final de la temporada. En cierta forma la muerte, y el conjunto de reacciones y disputas familiares que desencadenó, mostraron a Hannah que estaba viviendo una vida que no quería. El problema de Hannah es esa ambición desmedida de querer ser ese alguien idealizado que construyó desde su adolescencia. Por eso se deshace de un buen trabajo y boicotea inconscientemente su relación con el de repente actor de éxito (WTF?) Adam (Adam Driver, un monstruo) con la inestimable ayuda de Patti LuPone y sus consejos envenenados, por cierto ¡qué gran guest star!. La vida es corta y no quiero tirar mi creatividad por la borda, prefiero la intemperie de la incertidumbre que la seguridad del estancamiento artístico. Marnie persigue la seguridad y fracasa, Hannah la aventura, y por el camino se lleva por delante todas sus conexiones personales. Con lo que al final volvemos al inicio, Girls además de poner en el disparadero lo peor de nosotros mismos, estos veinteañeros perdidos, se ha convertido en un retrato de la soledad, de cómo las relaciones degeneran, de cómo la vida nos lleva… por caminos raros (en esta caso, hacia Iowa).

martes, 25 de marzo de 2014

Un golpe seco

THE GOOD WIFE


No entraba en mis planes volver a hablar de The Good Wife hasta el final de su quinta temporada. Claro, que yo no sabía que me iban a obligar a hacerlo. A partir de aquí, un mar de spoilers para hablar sobre lo que ha pasado en el 5x15.


Si con el memorable Hitting the fan (5x05), The Good Wife había mutado de forma para captar el mismo fondo, en este Dramatics, Your Honor (5x15), la serie del matrimonio King vuelve a estirar el formato, la clave estará en si tras tanto giro de calado acabará por romperse el juguete. Si la primera vez se había producido la ruptura entre Alicia-Cary y Will-Diane, ahora ha pasado algo de mayor profundida emocional y de carácter irreversible. Will Gardner ha muerto. Constantemente mueren personajes en las series, pero Will no era un personaje más, era el segundo personaje más importante de esta serie tras Alicia. Desaparecido él las dos tramas de fondo de adquirirán un rumbo nuevo. ¿Y cuáles son esas tramas? Por un lado el plano emocional de Alicia Florick, por otro su progresivo empoderamiento nadando en un mundo de tiburones. En ambas dimensiones Will era una pieza fundamental, por un lado encarnaba al amor insostenible y por otro al mentor convertido en rival, y que además estaba situado en el epicentro de la actual trama política (el amaño de las elecciones). Todo eso se ha ido. Ni Alicia ni su vida volverán a ser las mismas. Hemos sobrepasado ya el punto de no retorno, o nos mantenemos en el aire rumbo a nuestro destino o nos estrellamos nada más despegar, no hay más escenarios posibles.

Ayer tras acabar el capítulo todos nos hicimos, aturdidos, dolidos, la misma pregunta ¿Por qué? ¿Por qué ha muerto Will Gardner? Josh Charles les dijo hace un año a los King que quería dejar la serie. Hay veces que desde fuera no se pueden entender algunas decisiones personales que se toman. Me da rabia que Charles se vaya, pero tendrá sus motivos y al final trabajar en una serie no deja de ser eso, un trabajo, por muy relevante que sea la dimensión artística del mismo (que en este caso lo es, Will y The Good Wife es lo mejor que le ha pasado y que ha hecho en su carrera). Rodar una serie de 22 capítulos de 40 minutos por temporada no es fácil. Es una ardua tarea que consume una inmensa cantidad de tiempo vital. Dicho esto, surgen dos preguntas, ¿por qué lo han matado? y ¿por qué ha sido tan repentino? Si seguir o abandonar una serie es una decisión personal, decidir hacia donde conduces tu obra también lo es. En el comunicado que hicieron público Michelle y Robert King tras la emisión del capítulo hablan de como todo el mundo a lo largo de su vida experimenta la muerte de cerca y que querían abordar la cuestión en su serie, porque no creen que haya sido tratada suficientemente en televisión hasta el momento. Las creaciones artísticas son parte de sus autores y por eso están preñadas de sus ideas y sentimientos.

Contestada la primera pregunta, nos queda la segunda, por qué ha sido tan repentino, ¿tan a quemarropa? Porque la muerte muchas veces surge de esta forma, tan repentina, tan inconcebible segundos atrás. Antes de que el personaje interpretado por Hunter Parrish (ay Silas Botwin, con lo que yo te he querido…) le disparara, Will bromeaba distendidamente con el juez y el fiscal. ¡Qué jodida es esta vida nuestra, qué jodida y qué endeble! De todas las cosas que oí y pensé en el peor día de mi vida hay una frase que me dijo mi tía que me quedó marcada en la cabeza “siempre creemos que estas cosas sólo le pasan a los demás”. Es verdad, sabes que las cosas malas ocurren, pero sorprendentemente nunca esperas que te ocurran a ti, nunca está uno preparado para estos golpes… secos. La muerte de Will Gardner puede parecer a primera vista un acontecimiento narrativo artificial, nada orgánico, y sin embargo… ¡qué real es, qué palpable! Al final la vida no es más que un cúmulo de coincidencias que se agolpan unas sobre otras. En palabras del matrimonio King "es terrorífico como un perfecto día normal y soleado puede de repente explotar por una tragedia". Pudieron construir la marcha de Josh Charles de la serie de otra forma, y sin embargo, lo hicieron así, con esta rotundidad gélida. Cuando digo que la muerte fue repentina no quiero decir que fue improvisada. No es normal en The Good Wife que un caso quede en el aire, suspendido y proyectado hacia un futuro incierto. Por eso el caso que protagonizó Hunter Parrish en The next week (5x07) (por cierto vaya manejo de la duda) resultaba tan extraño. Esa falta de cierre en una serie que se caracteriza por atar todas las tramas y a todos los personajes tan bien en el relato central sí que resultaba abiertamente artificial. Sembraron la trama, crearon la identificación y la cercanía personal entre asesino y víctima, y en el momento adecuado, cuando Will y Alicia habían terminado la guerra tras el Hitting the fan, echaron la bomba. Ahora sí, trama cerrada.


Para saber si el salto mortal que ha dado la serie será un éxito habrá que ver los próximos capítulos, habrá que ver de qué forma tratan la muerte, la hondura con la que nos presenten el tema. Pero sobre todo habrá que ver hacia donde gira el relato, hacia dónde va Alicia Florick, ahora que todo ha cambiado para siempre. Habrá que ver como encajan el golpe Diane y Kalinda y el crecimiento de Cary tras ser elevado a personaje masculino con más peso de la serie. Y sobre todo tendremos que observar si una nueva Alicia puede dinamitar la calma chicha en la que se encontraba en su plano emocional y cómo la trama política cada vez más sucia evolucionará a partir de ahora… cabe esperar que poder y sentimientos se fundan aún más entre ellos. ¡Qué golpe más seco! Y cuántas nuevas posibilidades nos abre… The Good Wife, la serie que no se cansa de crecer.

viernes, 21 de marzo de 2014

Gozosa melancolía

THE GRAND BUDAPEST HOTEL



El cine de Wes Anderson es en cierta forma una celebración de lo melancólico, del descubrimiento, de la aventura, de la infancia como tierra fértil para cultivar lo más asombroso. Y la infancia la articula Anderson en pasado, vista desde el presente adulto, gris. La niñez es una explosión de colores, de saltos, carreras, escondites. Por eso sus películas son como un juego infantil, consisten en correr hacia la victoria, siempre escapando de algo o de alguien. En The Grand Budapest Hotel el lujoso hotel no es más que la “casa” de los juegos infantiles, ese punto en el comienza y termina el juego y dónde todos los jugadores pueden estar seguros. Ese gran tronco de árbol en el que cuentas hasta 10 antes de abrir los ojos. Lejos de quedarse en el hotel, la cámara de Anderson persigue la simetría constante y embarcada en un ritmo frenético a través de esa Europa imaginaria de la época de la Gran Guerra. Irreal, peligrosa, misteriosa y jodidamente hermosa.

Mientras otros autores han ido vendiendo trozos de su mundo, sí, estoy hablando de gente como Tim Burton, Wes Anderson se ha dedicado a protegerlo contra viento y marea. A protegerlo y aumentarlo. The Grand Budapest Hotel es una orgía visual más desenfrenada, una obsesión por la composición más enfermiza, un diseño de producción más grandilocuente y pomposo, una música aún más atrevida en su belleza (si la partitura de Desplat para Mr. Fox era una maravilla, esta para Budapest no se queda atrás, bendita creatividad), un reparto aún más grande (ha encontrado en Ralph Fiennes al actor perfecto para su cine, puro carisma), una aventura con aún más escenarios. Más. Lejos de recular, Anderson está en plena expansión. Quiere más, quiere llevar su poesía sobre la melancolía a nuevos niveles, jugar en nuevas ligas. The Grand Budapest Hotel no llega a la sensibilidad de Moonrise Kingdom, ni a la diversión de Fantastic Mr. Fox, pero es en cambio es más completa (que no mejor), porque se luce en ambos terrenos. También es más accesible que sus primeras películas (Life aquatic era demasiado freak, pensada demasiado hacia adentro) y está dotada de un mayor sentido del espectáculo.

Lo maravilloso del mundo fílmico de Wes Anderson es que toda la pompa y el colorido instagramero, están al servicio de las ideas que lo sustentan, no es un envoltorio vacío, lo que hay tras todas las capas estilísticas es un muy sano afán de emocionar y maravillar al espectador. Las películas de Anderson me hacen sentir vivo, recordar una infancia de playmobils y legos, de cuentos y películas de dibujos. De aventuras que solo tenían lugar en mi cabeza mientras estaba sentado en el suelo moviendo muñecos. Una apología de la imaginación como uno de los mayores dones que tiene el ser humano a su disposición. Las infinitas posibilidades que ofrece la imaginación. El juego entre pasado-juventud-auge del hotel y presente(narrativo)-vejez-caída del hotel, hace que nos preguntemos ¿y si al hacernos viejos también nos volvemos grises? ¿nuestras ideas caen como las hojas de los árboles al llegar el otoño? Y así volvemos a la melancolía, pero lejos del dramatismo, en el cine de Wes Anderson la melancolía se plantea desde el optimismo, si sentimos melancolía es porque tenemos preciosos recuerdos de momentos valiosos, para añorar es necesario haber vivido antes. Quizás la melancolía no sea algo malo, simplemente la constatación del fluir vital del ser humano. Celebrémosla manteniendo intactas las ansias de aventura.

jueves, 20 de marzo de 2014

10 películas anglo en las que quiero creer en 2014

La respuesta a ¿de qué puedo escribir? es siempre ¿por qué no una lista eh, por qué no? Y aquí está, 10 películas anglófonas para este 2014, no incluyo a Lars Von Trier porque ya he visto lo que ha hecho (cuán travieso eres Lars) ni a Boyhood de Linklater porque ya se vio y ya nos han dicho que es buena, y la gracia de esta lista es ver cuantas ostias me meto a final de año. Tampoco está Malick, básicamente porque con él nunca se sabe si se puede o no contar. Ni ninguno de los tres directores daneses que profundizan sus carreras en la maquinaria yankee: Vinterberg, Scherfig y Bier. He dejado fuera al cine de habla no inglesa porque tampoco hay mucha información por ahí suelta, habrá que esperar a Cannes, pero este año vuelve Kusturica, los Dardenne regresarán a la costa azul por primavera y mi chico, Xavier Dolan, tiene otra peli. 25 años, quinta película señores. ¿Y el cine español? Creo que se merece lista propia, pero para ir abriendo boca, estrenan directores como Rosales, Rodríguez o Monzón, en Austin han hablado maravillas de 10.000 km y yo me muero de ganas de ver Magical Girl de Carlos Vermut.

10. Foxcatcher

¿Soy un actor serio ya? ¿Y ahora? ¿Y ahora? ¿Falta mucho?

Dir: Bennett Miller
Rep: Steve Carell, Channing Tatum, Mark Ruffalo
¿Qué? La historia pivota sobre un luchador profesional medalla de oro en los Juegos de Los Ángeles y un multimillonario amigo suyo. De fondo, el asesinato del primero.
¿Por qué? Bennett Miller tiene en su haber dos dramas tan sólidos como Capote y Moneyball, el tráiler pinta bien y puede ser el salto definitivo de Steve Carrell a las grandes ligas interpretativas. La fotografía es de Greig Fraser, el hombre detrás de la fabulosa fotografía (¡la secuencia nocturna del asalto a la casa!) de Zero Dark Thirty

9. Big eyes

¿Dónde te has metido Amy? ¿Y qué animal llevas en la cabeza?

Dir: Tim Burton
Rep: Amy Adams, Christoph Waltz, Krysten Ritter, Jason Schwartzman
¿Qué? La historia real de una gran pintora fotógrafa cuyas obras son firmadas por su marido
¿Por qué? Todas las informaciones sobre este proyecto apuntan a que puede ser el regreso de Tim Burton a las grandes ligas después de que su carrera haya ido artísticamente a la deriva en los últimos años. Un drama sólido con dos de los actores del momento y ¡GRACIAS! sin Johnny Depp. Parece ser la gran apuesta de la Weinstein para la próxima carrera de premios. La música obviamente será de Danny Elfman y la fotografía de Bruno Delbonnel, nominado aún este año al Oscar por Inside Llewyn Davis.

8. Maps to the stars

¡Vísceras! ¡Más vísceras!

Dir: David Cronenberg
Rep: John Cusak, Jualianne Moore, Robert Pattinson, Mia Wasikowska, Olivia Williams
¿Qué? La película gira en torno a un escritor de libros de autoayuda, su familia camino a la perdición y una actriz neurótica
¿Por qué? Cronenberg dirigiendo un drama psicológico es un seguro de vida. Que su protagonista sea John Cusak un serio peligro, que estén en el reparto Julianne Moore y Olivia Williams dos seguros de vida.

7. The imitation game

Posando en la premiere de The Fifth Estate

Dir: Morten Tyldum
Rep: Benedict Cumberbatch, Keira Knightley, Charles Dance, Mark Strong
¿Qué? Biopic sobre el brillante matemático Alan Turing, clave para vencer a los nazis y procesado tras la contienda por Gran Bretaña acusado de ser homosexual.
¿Por qué? Tyldum da el salto del cine islandés al cine británico para contar la historia de uno de los personajes de los que más se ha hablado en los últimos tiempos, uno de los grandes cerebros del S. XXI. ¿Nazis, gayers, Cumberbatch, Tywin Lannister? Apesta a Oscars. Si se sale del puro academicismo y ofrece una mirada personal puede ser una muy buena película. La música es del habitual de Aronofsky, Clint Mansell y la fotografía del español Oscar Faura (Lo imposible)

6. Trash

Let Bartlet be Bartlet

Dir: Stephen Daldry
Rep: Martin Sheen, Rooney Mara
¿Qué? Una historia con tintes de realismo mágico con niños desamparados, un cura y una trabajadora de una ONG.
¿Por qué? A pesar de los palos (muchos de ellos merecidos, otros no tanto) que recibió Extremely Loud and Incredibly Close, Daldry sigue siendo uno de los cineastas más relevantes de las últimas décadas. Los niños se le dan bien, Martin Sheen es uno de los más grandes actores vivos y la carrera de Mara está en claro ascenso. Puede salir de aquí un drama blandito y vacío al estilo Slumdog Millionarie, pero aún así, estará mucho mejor rodado.

5. Interstellar

Hoy, el jardín, mañana, el espacio

Dir: Christopher Nolan
Rep: Matthew McConaughey, Jessica Chastain, Anne Hathaway
¿Qué? Viaje a través del espacio, agujeros de gusano mediante
¿Por qué? Porque aunque Nolan es muy criticable sus películas son divertidas. Es verdad que lo de construir personajes no es lo suyo, pero sorprender con high-concepts cada vez más high sí. Lo rodean tres de los actores más en forma del cine actual. La música corre a cargo del atronador Hans Zimmer, como no, pero en la fotografía no estará su mano derecha, Wally Pfister que dirige Trascendence, el otro high-concept del curso, sino el brillante Hoyte van Hoytema.

4. A most violent year

DIOSA

Dir: J.C. Chandor
Rep: Oscar Isaac, Jessica Chastain, David Oyelowo, Albert Brooks
¿Qué? Una familia de inmigrantes en medio del mar de corrupción y violencia que era el New York de los años 80.
¿Por qué? Chandor es junto con Jeff Nichols (que es posible que estrene este año, aunque no es seguro, por eso no lo incluí) el director americano joven con mayor proyección de la actualidad. Tras Margin Call y All is lost, A most violent year puede ser el film que lo sitúe en las grandes ligas. La historia parece bastante ambiciosa y el reparto es muy sólido. Ojalá no me equivoque, porque tengo muchas ganas de ver esta película.

3. Carol


Dir: Todd Haynes
Rep: Cate Blanchett, Rooney Mara, Sarah Paulson, Kyle Chandler
¿Qué? La historia de amor entre una mujer madura y casada y una chica joven en la América de los años 50
¿Por qué? El melodrama fue uno de los grandes géneros del Hollywood clásico y sin embargo ha caído en desgracia. Por suerte aún hay algún osado dispuesto a rescatarlo del ostracismo. Y el que mejores resultados ha logrado en las últimas décadas es Todd Haynes en cine con Far from Heaven y en tele con Mildred Pierce. Espero un drama desaforado lleno de claroscuros con interpretaciones increíbles. Y creo que espero bien. La fotografía corre a cargo de su habitual Edward Lachman y la música del notable Carter Burwell.

2. Inherent Vice

Simplemente JAJAJAJA

Dir: Paul Thomas Anderson
Rep: Joaquin Phoenix, Josh Brolin, Benicio del Toro, Sean Penn
¿Qué? Un detective, una femme fatale, un crimen, Los Ángeles corroídos de corrupción de los años 60.
¿Por qué? El enorme Paul Thomas Anderson adaptando a Thomas Pynchon, buceando en el noir a golpe de cinismo y con Joaquin Phoenix a su lado. No hay más que añadir. Paul Thomas Anderson puede refrescar a un género a la deriva desde L.A. Confidential, y expandir su arte hacia nuevas fronteras, además de que pocos cineastas han demostrado moverse tan bien entre el drama-thriller y la comedia. El director de fotografía es Robert Elswitt que ganó su Oscar con la brillante fotografía de la andersoniana There Will Be Blood.

1. Gone Girl

Ben Affleck de risas con David Fincher.
Sí, es posible, sí sí estos dos, de risas, sí, no es una invención de vuestra cabeza
... o a lo mejor sí

Dir: David Fincher
Rep: Ben Affleck, Rosamund Pike, Neil Patrick Harris
¿Qué? Una mujer desaparece el día de su aniversario de boda y su marido es señalado como el principal sospechoso.

¿Por qué? David Fincher dirigiendo un thriller criminal basado en un libro del que la gente habla maravillas (además de un giro final muy sorprendente por lo visto). Eso es todo amigos. Un servidor no necesita nada más, ¿cómo no confiar en el hombre que me regaló Zodiac, Seven, The Game, Fight Club y Millenium? Nadie construye las intrigas como él. Nadie. El principal peligro es un reparto que podríamos calificar como ecléctico. A bordo, el mismo equipo que lo acompañó en The Social Network (obra maestra) y Millenium. Jeff Cronenwth, molas.

martes, 18 de marzo de 2014

Una serie para mostrarles a mis hijos lo inmenso que es el universo

COSMOS: A SpaceTime Odyssey


El científico ante la inmensidad

Es muy habitual que los padres quieran que sus hijos sean médicos (“siempre es bueno tener un médico en la familia”) o otras profesiones bien vistas socialmente, y muy útiles para la familia como institución que todo lo coloniza. Se comenta mucho aún hoy en día como Urgencias (ER) fomentó en la juventud americana de los 90 las ganas de dedicarse a la medicina, la vocación de curar a otros. Cosmos (1980), la original, la de Carl Sagan, enganchó a muchos niños en los últimos años de la guerra fría a eso tan maravilloso llamado ciencia. Uno de esos niños, Neil deGrasse Tyson, es el maestro de ceremonias de la nueva Cosmos (subtitulada A SpaceTime Odyssey), la de 2014 que estrenó hace 2 domingos FOX en prime-time. Una serie para crear científicos. Yo, que tengo complejo de chico de letras, lo que quiero es que mis hijos sean científicos, que lleguen más lejos de lo que llegué yo, que sus cabezas sean capaces de concebir cosas que la mía no es capaz ni de atisbar.

La nueva Cosmos es una maravilla que todo el mundo con un mínimo de curiosidad debería ver. Como ya dije soy un tipo de letras que cuando escucha a amigos de ciencias puras hablar se pierde a los 10 segundos en la conversación. El gran éxito de Cosmos es ser a la vez accesible y didáctica pero no ser en absoluto condescendiente o facilona. No es Ciencia para dummies. Es un producto televisivo cuidado hasta el mínimo detalle, visualmente fascinante y narrativamente muy bien planteado siempre oscilando entre lo macro, las grandes ideas, y lo micro, los ejemplos que hacen que entendamos esas grandes ideas. En un mundo televisivo de locos (muy locos) chromas, da gusto ver la factura de Cosmos, que exprime todos sus recursos (imágines reales, recreaciones por ordenador, hasta dibujos animados) hasta destilar un relato audiovisual que te coge en el segundo uno y no te suelta hasta el final del episodio, con objetivos claros, apasionante.

Estamos ante una serie que puede atrapar tanto a gente muy joven como a adultos. Sobre todo porque es una serie que apela al intelecto, que te reta a saber, a conocer, a descubrir, pero que a la vez está hecha con mucho corazón, salpicada de pequeñas dosis de emotividad. Funciona así muy bien la secuencia en la que Neil deGrasse Tyson cuenta como conoció a Carl Sagan siendo un niño y como este le insufló las ganas ya no de ser un gran científico, sino de ser una gran persona. Y también lo hace la secuencia final del segundo capítulo cogida directamente de la Cosmos original, que a través de dibujos narra en 40 segundos la evolución del ser humano hasta llegar a ser lo que es hoy en día. La sombra de Sagan es alargada, y en lugar de tener que luchar contra ella, la emplean con mucha inteligencia. Al fin y al cabo la ciencia es el producto de un trabajo común desarrollado por miles de investigadores durante siglos. Sabemos de dónde venimos, indagamos sobre quiénes somos e intentamos descubrir hacia dónde vamos. Cosmos es un regalo, un regalo que ojalá algún día pueda compartir con mis hijos y ver sus caras cuando descubran cuán inmenso es el universo, tan inmenso, que más que de universo debemos hablar de multiverso, de infinidad de universos infinitos.