martes, 22 de marzo de 2016

American Crime y las vergüenzas de nuestras sociedades

AMERICAN CRIME – Temporada 2



Cuando ABC estrenó American Crime, una historia americana sobre el racismo, las expectativas estaban por todo lo alto, porque el proyecto venía firmado por el guionista John Ridley, que un año atrás había ganado el Oscar por 12 years a slave. ¿Quién mejor que el hombre que había adaptado la terrible historia de Solomon Northop para hablarnos del racismo actual, mucho tiempo después de la abolición de la esclavitud en Estados Unidos? Aquella primera temporada de American Crime fue una sucesión de calculados golpes al riñón de un país en el que la herida de la esclavitud sigue supurando en forma de racismo. Con un estilo narrativo seco, una puesta en escena sucia y urbana, y un ramillete de personajes llenos de prejuicios, la serie se situó entre lo más estimulante de la televisión estadounidense de la temporada pasada. A pesar de sus bajísimas audiencias, ABC le dio una segunda temporada a esta antología, que más que criminal, es, sobre todo, americana. Tras ver la segunda temporada, podemos afirmar que Ridley ha planteado American Crime como un mosaico de las vergüenzas latentes de Estados Unidos, y qué es lo que pasa cuando dejan de estar latentes y se visibilizan en forma de explosión violenta, de odio.

De la California teóricamente cosmopolita, liberal e interracial de la primera temporada, hemos pasado a Indiana, en el corazón del Midwest, dónde la cuestión racial, que sigue siendo relevante, porque al fin y al cabo lo es en todo el país, comienza a tener una importancia creciente. Sin embargo, aquí el racismo deja paso al clasismo y a la homofobia. Un joven denuncia, tras intentar ocultarlo, haber sido violado en el transcurso de una fiesta del equipo de baloncesto de un instituto privado. A partir de ahí salta por los aires la paz aparente que reinaba en la comunidad. Concatenándose dos crisis, la social y la familiar. A la cada vez más amplia brecha entre las clases acomodadas y las desfavorecidas, se une un creciente desapego entre lo que los padres quieren para sus hijos y lo que sus hijos sienten, necesitan, temen o anhelan.

A partir de aquí, posibles spoilers

Esta segunda temporada de American Crime bucea en las fracturas sociales, familiares y personales de nuestras sociedades occidentales. En el plano social, retrata cómo el mundo es manejado por las personas que detentan el poder. A través de la manipulación masiva que hace de la historia de la violación la directora del instituto, interpretada por una gélida Felictiy Huffman, una de esas villanas terribles, tanto por lo que hace, como por lo plausible que resulta. Como vemos a diario en las noticias, esas personas que controlan el tablero siempre acaban cayendo de pie, por muy graves que sean las acciones que cometen. American Crime visibiliza así la corrosiva corrupción que nos asola. Ya sea institucional o moral.

En el plano familiar, American Crime reincide en una idea que ya sobrevolaba en la primera temporada: no conocemos a nuestros seres queridos. En la era de la comunicación global, instantánea y constante, nos hemos convertido en seres profundamente incomunicados. Ya otras series como The Leftovers han abordado este drama de primera magnitud. En la serie de Ridley se ven las dos caras de esa moneda. Por un lado, la hiperconexión, con los mensajes que se mandan los adolescentes implicados entre sí. Mensajes llenos de violencia, de dolor, de deseos que avergüenzan al que los tiene, de pulsiones inconfesables cara a cara. De hecho la diferencia entre cómo es uno a través de las redes “sociales” y cómo es uno en persona está en el centro de la trama. ¿Y si en el fondo nuestro yo de las redes sociales se parece más a nuestro yo interior que al que dejamos ver exteriormente? Ouch.

Por otro lado, tendríamos la incomunicación. Entre parejas, entre amigos y, sobre todo, entre padres e hijos. Así tenemos a cuatro madres que han sido incapaces de leer a sus hijos. En primer lugar la madre de la supuesta víctima, interpretada por una desgarradora Lili Taylor, el rostro roto de la impotencia y de la culpabilidad. En segundo lugar la madre del cabecilla del equipo de baloncesto, interpretada por una rabiosa Regina King, más preocupada en el éxito de su hijo que en su propio hijo, y que emplea todas sus armas de persona acomodada y con buenas conexiones, para que éste salga indemne.  En tercer lugar, la madre del presunto violador, a la que da vida una viscosa Emily Bergl, que decidió esfumarse de la vida de sus hijos, evadir responsabilidades y encerrarse en sus miedos, prejuicios y taras. Y en cuarto lugar, la madre de la hija del entrenador, a la que encarna la siempre sensacional Hope Davis, que paralizada por sus propios problemas, es incapaz de evitar que su hija cometa los suyos.  Resulta interesante observar cómo son las madres las que cargan con la culpa de no conocer a sus hijos. Los padres se disuelven en la tragedia. Son ellas el motor de la historia, por sus acciones o por sus omisiones. Incluso aunque los padres estén presentes, sus actos son hacia afuera, jamás hacia adentro. En cambio, las interacciones entre madres e hijos nos dejan vislumbrar qué no ha funcionado en esos hogares, qué estaba roto. Ellas asumen, tras el estallido de la crisis, que sus casas están en llamas y que el incendio lo provocaron más los padres, que los hijos. Ellos no.



Si hasta ahora hemos hablado de los personajes adultos que pululan por la historia, es en el plano personal dónde podemos bucear en los sentimientos de los adolescentes que la protagonizan. El logro más extraordinario de esta segunda temporada de American Crime es, sin duda, el dibujo que hace de la psique de los teóricos antagonistas del relato, si es que este fuera un relato clásico: el adolescente presuntamente violado, interpretado por un frágil y destrozado Connor Jessup, y el presunto violador, al que da vida un turbador Joey Pollari. American Crime es un drama social, un drama familiar, pero sobre todo, un asfixiante drama psicológico. Durante los 10 capítulos que dura esta segunda entrega, perseguimos a estos dos chavales autodestructivos a los que la soledad, la tristeza y la incomprensión (de los demás, pero también de sí mismos) les han destrozado la vida. Ridley y su equipo podrían haberlos juzgado, y haber condenado al presunto violador, sin embargo no lo hacen. Lo fundamental no es saber si efectivamente se produjo la violación, sino indagar en las causas y en las consecuencias que tuvo para ambos, para sus familias y para su comunidad. Lo cierto es que los problemas de ambos no comenzaron con la violación, su camino hacia la destrucción había empezado mucho antes. Quizás por ello, y aunque a muchos espectadores los haya dejado insatisfechos, la decisión de Ridley de optar por un final bastante abierto es congruente con el relato. Ni sus problemas comenzaron con la violación, ni sus problemas terminarán con la resolución judicial de la misma y del posterior asesinato cometido por el personaje de Jessup, tras ser apaleado y amenazado por los compañeros de equipo de su agresor. Como bien podemos ver en el último plano de Pollari, no hay catarsis, sigue igual de destrozado, subiéndose a coches de desconocidos, buscando en su tacto unas emociones que no encontrará. Intentando diluirse en la piel de hombres que sólo buscan sexo fácil y hueco. En cierta forma Pollari toma el testigo del Joseph Gordon-Levitt de Mysterious Skin. Sobre todo en la terrible secuencia en la que uno de esos desconocidos lo golpea e intenta violarlo. No hay salida del laberinto. Ambos están irremediablemente rotos. Y esa es la parte del relato más aterradora y pesimista. Un relato que quizás en su recta final se dispersó intentado ocupar (ideológicamente) demasiados temas: la vigilancia en la era de internet, las armas, los asesinatos en institutos, el sistema judicial... Aún así, American Crime: Segunda temporada, es, ante todo, el letal retrato de una sociedad enferma.

viernes, 26 de febrero de 2016

Los No-Oscar 2015 IV: Película

10. Anomalisa
Dos de los escritores audiovisuales más interesantes de los últimos años, Charlie Kaufman y Dan Harmon, unen esfuerzos escribiendo una película animada tan dolorosa como sorprendente. Un hombre que se dedica a escribir libros de autoayuda, cínico y descreído, cansado de su vida, hastiado, se enamora de repente de una mujer, sintiendo un amor incontrolable por ella. Lo que podría ser una comedia romántica, se transforma en una de las películas más agrias y complejas emocionalmente de los últimos años. Una genialidad que mejora con el paso de los días.

9. The end of the tour
El escritor David Foster Wallace tuvo una carrera breve, pero un gran impacto en toda una generación de lectores y de escritores. Fue, eso que rimbombantemente se llama “la voz de una generación”. The end of the tour toma la sabia decisión de centrarse en su figura a través de su breve encuentro con el periodista David Lipsky, que lo acompañó en los últimos días del tour promocional de Infinite Jest, la novela por la que el autor ha pasado a la historia. The end of the tour es un film a medio camino entre lo intelectual y lo emocional. Una obra que se sumerge en la psique de un hombre triste y en la mente de un hombre brillante. Un retrato maravilloso de una persona que se sentía profundamente sola. Es una película que duele, si uno es capaz de conectar con su protagonista.

8. Sicario
Una agente del FBI acaba inmersa en una operación contra el narcotráfico en la frontera entre USA y México. En un mundo tan salvaje, nadie es quién dice ser y ella no es más que un peón en una partida que se escapa a su control. Sicario es un thriller sensacional, pausado e incómodo, duro y áspero, como el territorio en el que está ambientado. Denis Villeneuve se confirma como uno de los mejores directores del cine actual.

7. Inside Out
¿Cómo funciona nuestra mente? ¿Cómo nos gobiernan nuestras emociones? Inside Out juega a mostrarnos la cabeza de una niña que está a punto de convertirse en adolescente, y el resultado es sensacional. Una película imprescindible. Graciosa, emotiva y, sobre todo, inteligente (y que confía en la inteligencia de sus espectadores, sean niños o adultos). Una obra llena de imaginación y de humanismo. Sí, la tristeza es tan importante como la alegría en nuestras vidas.

6. Saul Fia
¿Aún se pueden hacer películas perturbadoramente novedosas sobre el Holocausto? László Nemes nos ha demostrado con su debut en la dirección que sí. La cámara de Nemes persigue a un judío húngaro, prisionero en un campo de concentración, que trabaja guiando a otros judíos a las cámaras de gas y luego deshaciéndose de sus cadáveres. Saul Fia es tan dura cómo su  premisa deja entrever. Una película aterradora. Toda una experiencia.

5. The Hateful Eight
Tras apuntar en esa dirección con su anterior film, Django Unchained, Quentin Tarantino vuelve a poner rodar un western atípico ambientado después de la Guerra de Secesión en un país que supura racismo, machismo y violencia. Para hablar de todo ello, encierra a un grupo de miserables en una cabaña y los enfrenta entre ellos. Divertidísima, ingeniosa y visualmente impresionante, The Hateful Eight es otra película estimulante de uno de los cineastas estadounidenses más relevantes de las últimas décadas.

4. Clouds of Sils Maria
Una veterana actriz vuelve a enfrentarse, muchos años después, a la obra de teatro que la catapultó a la fama y sobre la que cimentó su carrera. El problema es que ahora interpretará al personaje más mayor, en vez de a la joven que encarnó la primera vez. A partir de esa premisa, Assayas construye un drama psicólogico cargado de ironía y melancolía. Un pequeño artefacto explosivo. Sils Maria no es fácil de olvidar, se te clava en el cerebro.

3. 45 years
¿Qué pasa cuando un fantasma del pasado sacude la plácida existencia de un matrimonio retirado que está a punto de cumplir 45 años de casados? Que algo entre ambos se empieza a romper, lenta e inexorablemente, poniendo en cuestión la totalidad de su vida compartida. 45 years es una película contada con una naturalidad que impresiona. Tierna, dura y sencilla. Una de esas películas pequeñas en apariencia pero inmensas en contenido. Haigh rueda una apología de los silencios, las miradas y la naturalidad de la vida doméstica. Duele.

2. Steve Jobs
Aaron Sorkin’s Steve Jobs es una película que no ofrece ningún descanso ni a sus personajes, ni a sus espectadores. Un baile sin fin de diálogos punzantes, ideas y sentimientos. Todo en esta película está al servicio del guion de Sorkin. Desde la cuidadísima y juguetona fotografía, hasta el frenético montaje, pasando por una dirección comedida y un reparto sensacional. El film sitúa a Steve Jobs en tres momentos clave de su carrera y lo enfrenta a sus propios aciertos y errores. No es una agriografía, es un relato que desafía a su protagonista.

1. Carol


Carol es la película más hermosa del 2015. Una historia de amor delicada, tierna e intensa. El retrato de dos mujeres insatisfechas con sus vidas, que acaban encontrando, la una en la otra, aquello que necesitaban. Carol también es una de las películas más redondas del año, un film dónde todos y cada uno de sus elementos se encuentran en perfecta armonía. Todd Haynes ha logrado un pequeño milagro, una película conmovedora y estimulante sobre el amor, el deseo, la insatisfacción, la madurez y la atracción.

jueves, 25 de febrero de 2016

Los No-Oscar 2015 III: Dirección, Guion original y Guion adaptado

Guion adaptado

5. Jesse Andrews por Me, Earl and the Dying Girl
El cine indie estadounidense se ha aproximado a la adolescencia en múltiples ocasiones. Este año dos de las películas independientes más interesantes y que más trascendencia han tenido abordan esta convulsa e intensa etapa vital. Una es The Diary of a Teenage Girl y la otra Me, Earl and the Dying Girl. Si bien la ópera prima de Marielle Heller me parece una apuesta más osada y novedosa, creo que Me, Earl and the Dying Girl es una obra más redonda, aunque sus ambiciones sean más limitadas. Esta historia de amistad entre un adolescente perdido y una chica enferma combina con astucia emoción y humor meta (los vídeos que hacen el protagonista y su mejor amigo son oro) para ganarse al espectador. Es un guion muy astuto.

4. Charlie Kauffman y Dan Harmon por Anomalisa
Cuando se juntan dos de los escritores más extraños y fascinantes del cine (Kauffman) y la televisión (Harmon), lo que obtienes es, irremediablemente, una película extraña y fascinante. Anomalisa tiene uno de los guiones más agrios y pesimistas del cine de 2015. Es una patada en el estómago. También es un libreto clarividente, dotado de una sensibilidad especial. Asusta.

3. Donald Margulies por The end of the tour
Margulies logra que el enfrentamiento entre dos hombres, que se admiran pero a la vez desconfían el uno en el otro, funcione a la perfección en The end of the tourSus dos mayores logros son unos diálogos inteligentes, ácidos, tiernos y emocionantes, y una construcción sensacional de David Foster Wallace. Aunque parezca una película pequeña, The end of the tour desarrolla un gran puñado de temas, de temores, de anhelos, que todos podemos tener en nuestras cabezas.

2. Andrew Haigh por 45 years
Haigh maneja en 45 years tan bien los silencios como los propios diálogos, precisos, naturales y contundentes. 45 years es una película sobre la crisis de un matrimonio cuando se acercan al final de sus vidas. El gran mérito de este guion es cómo nos dosifica la información y cómo retrata dicha crisis sin emplear acaloradas discusiones. 45 years no es Who’s afraid of Virginia Woolf. Sus personajes no gritan, de hecho los momentos más tensos los protagoniza el rostro callado de Charlotte Rampling. Sus protagonistas no se vomitan las verdades a la cara, sino que las ocultan, incluso en las secuencias que dibujan amagos de discusiones. Y por eso la película cala tan hondo, porque está escrita desde las entrañas, desde la imposibilidad de hablar.

1. Aaron Sorkin por Steve Jobs

El mejor dialoguista del mundo continúa explorando en Steve Jobs, el lado más oscuro del éxito en la Era de Internet. Si primero apuntó hacia Facebook, ahora lo ha hecho hacia Apple. El resultado es otro guion extraordinario, que combina diálogos fabulosos con una construcción de personajes muy completa y una estructura ambiciosa. En tres días cruciales en la carrera de Jobs lo seguimos a él y a sus más cercanos colaboradores en una batalla sin tregua. Sorkin puede resultar cargante, pero desde luego es un genio.

Guion original

5. Sean Baker y Chris Bergoch por Tangerine
Hay momentos en los que Tangerine parece una screwball pasada por el filtro del queer cinema de los 90. En cambio en otros es un drama social indie. Y así todo el rato. El film va saltando de género, mutando, evolucionando, para ser únicamente fiel a sí mismo. Pasamos un día pateando las calles junto a dos protagonistas de lengua viperina y vida muy dura. A través de diálogos sensacionales, Baker y Bergoch nos dibujan su mundo y consiguen que las comprendamos.

4. Noah Baumbach y Greta Gerwig por Mistress America
Baumbach y Gerwig siguen levantando acta de la derrota total de una generación, la mía, vomitándonos a la cara todas sus mentiras, autoengaños, frustraciones y nadería (emocional, intelectual...). Lo hacen construyendo personajes tan abofeteables como abrazables (pobres perdedores pagados de sí mismos) y escribiendo diálogos punzantes, todo ello bañado por una infinita catarata de referencias culturales. Estamos ante uno de los combos creativos más interesantes del cine actual.

3. Taylor Sheridan por Sicario
El gran mérito del guion de Sheridan es ocultarnos más de lo que nos muestra, jugar con nuestras expectativas para destrozarlas, engañarnos, ponernos en la misma situación en la que se encuentra la protagonista del relato. En ese sentido, Sicario es un thriller modélico, punteado por un grupo de personajes que valen más por lo que callan que por lo que dicen, que cuenta con giros de guion lógicos y sorprendentes y que construye, con pocos recursos, una gran panorámica del peligroso mundo del narcotráfico.

2. Quentin Tarantino por The Hateful Eight
Uno de los grandes shocks de las nominaciones a los Oscar fue la ausencia de Quentin Tarantino en una categoría en la que ya ha vencido en dos ocasiones, gracias a Pulp Fiction y Django Unchained. En su regreso al despiadado Oeste post-Guerra de Secesión, Tarantino vuelve a componer una historia llena de vericuetos y giros, y preñada de diálogos brillantes. The Hateful Eight es, para bien y para mal, puro Tarantino. Personajes bastardos, violencia, humor negro y crítica social.

1. Olivier Assayas por Clouds of Sils Maria
El teatro dentro del cine es un micro-género que siempre me resulta interesante. Y, precisamente, el año pasado se impuso en los Oscar un film centrado en un obra teatral, Birdman. Clouds of Sils Maria, que al igual que la película de Iñárritu, es un film de 2014, pero estrenado en USA (y en casi todas partes) en 2015, hace un fabuloso y tenebroso retrato de los miedos que sufren los actores a la hora de sumergirse en un papel. En cierta forma, Sils Maria y Birdman son películas hermanas. A los actores envejecer les aterroriza. Las nuevas generaciones les dan miedo. Y volver a papeles que llegaron a eclipsarlos, pavor. Si todo esto no fuera poco, Assayas escribe un retrato brillante de una mujer compleja. Un guion lleno de duelos sensacionales y juegos metarreferenciales.

Director

5. Andrew Haigh por 45 years
El cineasta inglés Andrew Haigh tiene un don para rodar la intimidad que se establece entre una pareja. Ya lo había demostrado anteriormente en Weekend y la serie Looking, pero en 45 years se supera a sí mismo. Haigh construye a la perfección el entorno familiar de paz y tranquilidad en el que viven sus protagonistas, para ir retratando con su cámara cómo este entorno se resquebraja. Es un trabajo delicado, pausado y hermoso.

4. Quentin Tarantino por The Hateful Eight
¿Qué decir ya de Tarantino que no se haya dicho aún? Su trabajo brilla en los espacios abiertos y es una lección de planificación en los cerrados. Dinámico, plástico y poderoso, como casi todo su cine. En una película en la que en gran parte de sus secuencias hay una gran cantidad de personajes a los que hay que vigilar de cerca, la dirección se vuelve fundamental para guiar (y a veces engañar) al espectador. Otro trabajo fantástico de un director inmenso.

3. Denis Villeneuve por Sicario
Desde que irrumpió en el panorama internacional con la inmensa y abrasiva Incendies, Villeneuve se ha labrado un status de director de prestigio. En Sicario da el salto definitivo a Hollywood, prestando su inmenso talento visual y atmosférico para contar una historia sobre narcotráfico y corrupción. La entrada en Juárez, el asalto al túnel... Sicario está plagada de secuencias dirigidas con un pulso extraordinario. Dentro de 2 años veremos su secuela de Blade Runner, y aunque las expectativas están por las nubes, parece difícil que Villeneuve pueda decepcionarnos.

2. László Nemes por Saul Fia
Una ópera prima de las que marcan a fuego toda una carrera. Nemes ha construido un relato innovador sobre un tema, el Holocausto, que ya ha sido tratado desde múltiples puntos de vista en la historia del cine. Lo ha hecho fiándolo todo a su puesta en escena, y ha triunfado. Su cámara persigue a un hombre despojado de toda vida, siempre pegada a su cogote, como una negra sombra. A su alrededor Nemes juega a enseñarnos y ocultarnos el caos que trae consigo la barbarie. Saul Fia era una película que se merecía mayor suerte en los Oscar. En un año bastante flojo, es difícil de argumentar que el mejor film de habla no inglesa del curso no esté nominado en mejor película y, sobre todo, mejor dirección.

1. Todd Haynes por Carol
La dirección de Todd Haynes en Carol es el trabajo más preciso y medido de todos los que se han hecho este año. El cineasta estadounidense no sólo ha resucitado al melodrama como género cinematográfico, sino que lo ha conducido a cotas más elevadas. Haynes es uno de los directores actuales con más sensibilidad, estilo y visión. Carol recoge lo ya explorado en Far from heaven y Mildred Pierce, para pulirlo hasta convertirse en un film redondo, precioso hasta la lágrima. Haynes no es sólo uno de los directores con un sentido de la estética más personales, sino que además se ha convertido en un narrador sensacional. Lejos quedan ya sus inicios bajo los paradigmas del queer cinema de los 90, formal y narrativamente arriesgados y caóticos. En Carol todo está bajo control, todo, salvo los sentimientos de sus personajes. Es increíble que Haynes aún no haya sido nominado al Oscar al mejor director. Es, prácticamente, el único gran cineasta estadounidense surgido a principios de los 90 que no ha sido aún nominado por la Academia en la categoría de mejor director. Tarantino, Linklater, los Anderson (P.T. y Wes), Fincher, Soderbergh (el único que ha ganado el Oscar), Payne, Aronofsky... todos tienen por lo menos una nominación a mejor director en su haber, todos menos Haynes.

miércoles, 24 de febrero de 2016

Los No-Oscar 2015 II: Actrices

Actriz de reparto

5. Joan Allen por Room
Allen lleva toda su carrera demostrando que es una actriz sobria en la que siempre puedes confiar. En Room interpreta a una mujer que tiene que mantenerse en pie para sostener a su hija. Es una interpretación delicada, hecha con mucho cariño, y eso se nota. Transmite amor y serenidad. Su nominación al Oscar no hubiera sido descabellada, es más relevante narrativamente de lo que podría parecer.

4. Mya Taylor por Tangerine
Taylor interpreta a una mujer transexual que ejerce la prostitución. A pesar de las ostias de la vida, siempre mantiene una sonrisa y una actitud positiva. Los mejores diálogos de Tangerine son los suyos. Es una interpretación a ratos descacharrante y a ratos extrañamente emotiva. La secuencia final en la lavandería es preciosa.

3. Sarah Paulson por Carol
El personaje de Paulson es la roca a la que se agarra Carol para mantenerse a flote en una vida que la está ahogando. Suyas son las secuencias más distendidas de la película, es el personaje más libre que por ella pulula. Cada una de sus apariciones en su soplo de aire y tiene un par de secuencias muy interesantes con Kyle Chandler y Rooney Mara.


2. Jane Fonda por Youth
A Fonda le llegan (y le sobram) unos cuantos minutos en pantalla para construir a un personaje fascinante, esa actriz en el ocaso de su carrera, que pide a gritos un spin-off. Fonda irrumpe en el tranquilo film de Sorrentino como un vendaval, rezuma energía e ironía. Es una de las grandes divas del cine de todos los tiempos. Y lo aprovecha.

1. Kristen Stewart por Clouds of Sils Maria

Nadie puede negar que Stewart se está construyendo una carrera como actriz muy interesante. Y quizás éste sea el papel más goloso que ha tenido hasta el momento. Como asistente del personaje de Juliette Binoche, es, en gran medida, su contra-parte, la mujer que la confronta contra la realidad, pero también la que lidia con todas sus neuras vitales. Medirse cara a cara a Juliette Binoche y no acabar devorada tiene un mérito inmenso. Stewart construye un papel interesante por sí mismo y establece una dinámica con la protagonista de su película sensacional. Se merecía la nominación al Oscar, sin duda alguna.

Actriz protagonista

5. Kristen Wiig por Welcome to me
Esta película ha pasado completamente desapercibida, y más allá de una nominación para Wiig en los Gotham, no ha tenido prácticamente ningún reconocimiento. Aquí Wiig interpreta a una mujer con trastorno de la personalidad obsesionada con Oprah Winfrey que tras ganar la lotería se gasta todo su dinero en auto-producirse un talk show, que sería similar al que haría Winfrey si estuviera encocada. Wiig se maneja con su soltura habitual en la comedia y da la talla en las situaciones más dramáticas. Es un personaje complicado, porque está enfermo pero también (o más bien por ello) es rabiosamente egoísta, con lo cual genera en el espectador sentimientos encontrados. Si había una actriz que podía sacar esta película adelante era Kristen Wiig.

4. Lily Tomlin por Grandma
Tomlin es una de las grandes actrices estadounidenses en activo. En Grandma, Paul Weitz le regala uno de esos personajes que contemplan su propia vida y nos la (re)transmiten con sus acciones y gestos. Cínica, fuerte, melancólica y, en el fondo, cariñosa. Así es el personaje de Tomlin, que se lanza a la carretera junto a su nieta en búsqueda del dinero que ésta necesita. Lily Tomlin me robó el corazón.

3. Emily Blunt por Sicario
Blunt representa en Sicario el papel de una joven agente del FBI que se ve sobrepasada por los acontecimientos que la rodean. Se ve inmersa en la guerra del narcotráfico en la frontera entre USA y México, rodeada por lobos. Perpleja y obsesionada, tiene que lidiar con las mil y una trampas que la esperan en el camino. Es un trabajo lleno de rabia, agotador tanto física como mentalmente. Emily Blunt es capaz de transmitir el compromiso de su personaje con la búsqueda de la verdad.

2. Juliette Binoche por Clouds of Sils Maria
Poco cabe decir a estas alturas de Juliette Binoche, una de las mejores actrices del mundo. En Sils Maria encarna a una actriz de mediana edad que lucha contra su propio envejecimiento. Es un trabajo lucido, lleno de capas. Binoche transmite los sentimientos contradictorios de una mujer perdida en sí misma. Tiene una presencia hipnótica.

1. Rooney Mara por Carol
Sí, Rooney Mara está nominada al Oscar por Carol. Pero en la categoría equivocada. Mara y Blanchett protagonizan 50/50 esa maravillosa historia de amor que rodó Todd Haynes llamada Carol. Para mí, Rooney Mara firma en esta película la gran interpretación cinematográfica del año. Toda una exhibición de lo que unos ojos y unos labios pueden transmitir. Todo el viaje de su personaje está en su mirada. Desde la inocencia hasta el desencanto, desde la fascinación a la pasión. Todo. Es un trabajo sutil pero demoledor.

martes, 23 de febrero de 2016

Los No-Oscar 2015 I: Actores

Llevo 3 años haciendo lo que yo llamo Los No-Oscar, que es básicamente hacer listas (listas listas listas) con aquellos que se quedan fuera de los premios de la Academia. Así, los únicos requisitos son no estar nominado al Oscar y que la película se haya estrenado en Estados Unidos durante 2015. Por eso hay en estas listas películas de 2014 como Clouds of Sils Maria y no films de 2015 como The Lobster. Lo hago porque son muchos los blogs y webs que repasan la lista de nominados a los Oscar haciendo análisis muy buenos y no creo que tenga nada que aportar que no se haya dicho, y además me parece justo recordar a aquellos de los que estos días ya no se habla.


Actor de reparto

5. Kyle Chandler por Carol
Tiene muy pocos minutos en pantalla, pero Chandler los aprovecha para construir a ese marido que se niega a perder a su mujer. Podría haber sido un villano, pero es un hombre con muchas capas, no es un monstruo, simplemente se niega a aceptar la derrota. Kyle Chandler es, quizás, el hombre que mejor encarna al típico padre de familia americano, que pretende mantenerlo todo bajo control, bajo su control.

4. Oscar Isaac por Ex Machina
En Ex Machina, Oscar Isaac encarna a una especie de Steve Jobs enloquecido. Un hombre que vive en la más absoluta de las soledades, atrapado con lo que podría ser el mayor invento tecnológico de la historia. Su ego lo lleva a la locura e Isaac es capaz de transmitirlo, dejándonos para el recuerdo la ya famosa secuencia del baile. Da miedo y a la vez es descacharrante. Uno de esos villanos al que podría estar observando durante horas.

3. Walton Goggins por The Hateful Eight
Goggins estuvo 6 temporadas en Justified demostrando que era un actor descomunal, ahora salta a la primera división en el cine de la mano de Tarantino, con el que ya había trabajado en Django Unchained, y no desaprovecha la oportunidad. Logra destacar en medio de un fantástico reparto, aportando las mayores dosis de humor. Goggins nació para recitar a Tarantino, espero que esta sea la primera de una gran lista de colaboraciones juntos.

2. Harvey Keitel por Youth
Por alguna razón, Keitel es el único de una gran generación de actores americanos que no ha ganado el Oscar. De Niro, Pacino, Hoffman, Jackman... todos lo han ganado, todos salvo Harvey Keitel, un hombre, que además, ha conducido su carrera con más dignidad que varios de los anteriormente citados. En Youth encarna a un director en el ocaso de su carrera que se niega a asumir que la misma está a punto de morir. Un personaje irónico y cargado de melancolía. Para mí, lo más interesante de la película de Sorrentino. Keitel sigue siendo un actor descomunal.

1. Jeff Daniels por Steve Jobs

Lo mejor que le ha pasado a la carrera de Jeff Daniels es que se cruzara en ella Aaron Sorkin. Tras colaborar juntos en The Newsroom, Sorkin le regala un personaje bombón en el biopic de Steve Jobs. Daniels encarna a John Sculley, director ejecutivo de Apple, con el que Jobs mantiene una compleja relación a lo largo de los 3 actos del film. Es una interpretación llena de matices y de ternura. Los duelos entre Daniels y Fassbender nos regalan algunas de las mejores secuencias de la película de Danny Boyle.

Actor protagonista

5. Samuel L. Jackson por The Hateful Eight
Ha tenido que rescatarlo Tarantino, para que pudiéramos ver de nuevo al mejor Samuel L. Jackson. Aquí ejerce de maestro de ceremonias del show del cineasta más verborreico del mundo. El mayordomo, que todo lo sabe y todo lo controla, en el particular “caza al asesino” de Tarantino. Y sí, lo borda. Está fabuloso. Gracioso e impertinente. Tiene una presencia arrolladora.

4. Paul Dano por Love & Mercy
Aunque Dano fue promocionado como secundario por Love & Mercy, en mi opinión tanto él como John Cusak son protagonistas de este film que cuenta la historia de Brian Wilson, líder de los Beach Boys, desde dos puntos vitales diferentes: su etapa de efervescencia creativa y su decadencia personal. Dano encarna al Wilson joven, entregado a la música y que poco a poco se va debilitando emocional y psicológicamente. Firma otro trabajo sensacional, uno más de un actor que se ha ganado a pulso ser considerado uno de los mejores de su generación.

3. Tom Courtenay por 45 years
Aunque todas las alabanzas se las lleve Charlotte Rampling, 45 years no podría sostenerse sin la interpretación de Tom Courtneay. Aunque el film esté contado desde los ojos de ella, desde esa mirada desolada, él juega un papel fundamental en la película de Andrew Haigh. Es ese marido que tiene que lidiar, a la vez, con dos heridas, la suya, arraigada en el pasado, y la de su esposa, que sangra en el presente. Es un trabajo sutil y natural, como la propia película
  
2. Jason Segel por The end of the tour
Segel, curtido actor de comedia, afrontó en The end of the tour, el mayor reto de su carrera como intérprete, la encarnación del escritor David Foster Wallace. Y se echó sobre sus hombros la responsabilidad de que la película funcionara o no, puesto que si no era capaz de disolverse en el autor, no resultaría creíble. El resultado es sensacional. Quizás habíamos infravalorado a Segel, o quizás el propio Segel se había infravalorado a sí mismo. Pero lo cierto es que rezuma tristeza, inteligencia e ironía en esta película. Es un trabajo precioso.

1. Jacob Tremblay por Room
En ese empeño de las distribuidoras y productoras de tratar a los niños en la carrera por el Oscar como actores de segunda fila (del Timothy Hutton de Ordinary People a la Hailee Steinfield de True Grit), Jacob Tremblay fue promocionado como actor de reparto por Room. El film narra la lucha de una madre y su hijo, que viven secuestrados en una pequeña habitación, por liberarse de su captor. El narrador es el propio niño, nacido durante el cautiverio, y Tremblay, con un desparpajo y una sensibilidad inauditas en alguien tan joven, sale en la práctica totalidad de los planos de la obra. Entre él y Larson sostienen una película que trata un tema delicadísimo, y que por lo tanto podría venirse abajo en cualquier momento. Pero no lo hace. Room es una obra inteligente y emocionante. Y el pequeño Tremblay da un recital interpretativo. Desde luego no es un intérprete de segunda.