jueves, 26 de febrero de 2015

Los USA de The Americans y Reagan: nucleares, desiguales e intervencionistas

THE AMERICANS


Sólo siento frío



Esta temporada de frío invierno lo mejor que uno puede encontrar en la televisión americana es un drama sobre espías soviéticos en los Estados Unidos de Reagan llamado The Americans. No es una serie que cause revuelo mediático (ni en las redes sociales), coseche grandes audiencias o tenga una fuerte presencia en los premios, y sin embargo es uno de los dramas más sólidos, inteligentes y complejos de la televisión actual. Si su primera temporada se centró sobre la crisis matrimonial, y su segunda entrega giró en torno a la familia, esta tercera redondea el relato contándonos cómo la crisis familiar resquebraja el matrimonio. Pero más allá de estas tramas centrales, es decir más allá del corazón del relato, The Americans traza una brillante panorámica sobre la América de los años 80. Mientras la cultura audiovisual americana ha reflexionado de forma exhaustiva sobre los años 60, la década en la que los estadounidenses perdieron la inocencia (JFK, MLK, Vietnam, segregacionismo, Bobby…), no ha abordado con suficiente ímpetu los Estados Unidos post-Watergate, sobre todo los 12 años en el poder de Ronald Reagan y George Bush padre.

De hecho, mientras que la América post-11 S ya cuenta con un importante material audiovisual (y que crece año tras año), las décadas de los 80 y 90 siguen siendo páramos en la cultura audiovisual americana. El mandato de Reagan es interesante, ante todo, porque aquellas tormentas neoliberales acabaron produciendo los lodos en los que estamos ahora embarrados. Los 80-90 fueron en Estados Unidos la época del consenso bipartidista total. Primero gobernaron dos presidentes republicanos con mayoría demócrata en el Congreso, y luego un presidente demócrata bajo una mayoría legislativa republicana (salvo durante sus 2 primeros años, en los que naufragó su reforma sanitaria). Ese consenso en lo esencial (capitalismo de rostro amable (es decir, consumista) pero implacable e imperialismo internacional) se quebró tras el 11-S (más bien tras Irak) alumbrando la América abiertamente dividida de los últimos 15 años bajo la dirección de Bush hijo y Obama.

La Administración Reagan es importante porque aún a día de hoy es el prototipo de Presidente al que todo candidato republicano aspira a parecerse. El hombre que venció a la recesión y a los soviéticos. Sin embargo, en aquellos apacibles Estados Unidos cuasi monolíticos, supuraba una intensa oposición al consenso bipartidista. Dicha oposición desarticulada en diversos movimientos y con muy variados objetivos podríamos resumirla en tres ejes de denuncia fundamentales, señalados por Howard Zinn en su anticanónica A people’s History of the United States: pacifismo y movimiento antinuclear, desigualdad económica y de derechos, y oscurantismo de la intervención americana en el extranjero (y cada vez más en el interior).

En la serie de Joseph Weisberg y FX están presentes (con bastante intensidad) dos de esos tres ejes de oposición capitales. El campo de la desigualdad (que quizás sea el más interesante a día de hoy) no está cubierto, básicamente porque la serie nos habla de gente de clase media que vive en barrios suburbiales de casas unifamiliares. Sin embargo los otros dos temas se entrecruzan constantemente en el relato. Por un lado, tenemos a Paige (Holly Taylor), la hija del matrimonio de espías, inmersa en el movimiento antinuclear, fuertemente impulsado desde congregaciones religiosas. De hecho los pastores fueron una de las oposiciones más evidentes (y sangrantes) que tuvo la política de Reagan de congelar aún más la Guerra Fría, empujando al país hacia una permanente amenaza nuclear. Por otro lado, tenemos al matrimonio Jennings (Keri Russell y Matthew Rhys, fantásticos), a su vecino Stan Beeman (Noah Emmerich, clava su personaje) de la división de anti-espionaje del FBI, y a los miembros de la Rezidentura soviética en Washington. A través de ellos vamos viendo la política de seguridad y defensa de los Estados Unidos. El turbio papel que jugaron en América Latina la CIA y el Pentágono (ya saben aquello que dijo Kissinger sobre un caudillo latinoamericano sustentado por Washington: “Es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”) pero también la URSS; el apoyo a los talibanes en Afganistán, intentando (y consiguiendo) convertir aquello en el Vietnam soviético; la escalada armamentística impulsada desde Estados Unidos, con una URSS en descomposición intentando seguirle el ritmo; y el creciente aumento del espionaje dentro del país a ciudadanos americanos.

El encanto de The Americans es precisamente la relectura oscura y pesimista que hace de la década de los 80. Y las reverberaciones que dichos años tienen en nuestro mundo actual. En una época en la que se negocia un acuerdo con Irán para que no construya  armas nucleares: en la que Corea del Norte es una constante amenaza; en la que el ISIS se cierne sobre Oriente Próximo e Israel cada día es un país más acorralado y más virado hacia la extrema-derecha; en la que el conflicto entre Occidente (entiéndase la OTAN) y Rusia se ha reavivado en Ucrania; y en la que NSA/CIA/FBI vigilan a millones de ciudadanos americanos y extranjeros; The Americans resultar ser una serie fundamental para recordarnos que nada de esto se ha gestado por una serie de acontecimientos inconexos y de reciente producción. Que la sociedad de control y miedo en la que vivimos se comenzó a montar hace mucho tiempo, no desde el 11-S como nos han hecho creer. El 11-S lo único que hizo fue provocar que todos aquellos engranajes que se movían en las tinieblas, salieran a la luz en forma de grandes estallidos (guerras, Patriot Act, Snowden…).

Por ser una serie fantástica sobre la familia como estado de crisis permanente, un thriller de espías brillante, una colección de pelucas y bigotes de pega desternillante, y una escapada fascinante a la cultura americana de los 80 (la música, el cine, la tele), The Americans debería ser valorada como una gran ficción. Pero además, por su retrato implacable de las estrategias de poder corrosivas puestas en marcha tanto por Estados Unidos como por la URSS, The Americans es una serie con una acusada pertinencia histórica. Un relato demoledor sobre cómo el poder lo impregna todo, sobre cómo vivimos atrapados en nuestras propias sociedades cada día más distópicas. No encontraréis aquí esperanza, pero sí complejidad.

miércoles, 25 de febrero de 2015

Pawnee, Indiana: Un lugar llamado Felicidad

PARKS AND RECREATION - Última temporada



Anoche NBC emitió el final de Parks and Recreation, que junto a The Office, 30 Rock y Community ha sido una de las sitcoms más ilustres de la cadena del pavo real desde que su bloque de comedia de los jueves entró en crisis de audiencia. De las noches millonarias de la época de Seinfiled, Friends o Frasier, hemos pasado a esta actual temporada en la que NBC ha terminado por desmantelar la franja de programación cómica que era su principal seña de identidad. Por el camino, las 4 series mentadas anteriormente mantuvieron la calidad de antaño tirando de un humor más irónico y meta. De las 4, sólo The Office fue un éxito de audiencia, y sólo 30 Rock triunfó en los premios. Community elevó la sitcom a obra de autor (y de nicho). Mientras que Parks and Recreation optó, tras su segunda temporada, por un tono más cálido, una comedia descacharrante pero también tierna, hecha desde el corazón y para el corazón. Quizás no sea tan intelectual como 30 Rock ni tenga unos gags tan brillantes como The Office, pero supo conjugar un poco lo mejor de cada una de ellas para terminar consolidando su propio estilo cómico (y dramático).

Con el final de Parks and Recreation, NBC se queda sin comedias de calidad. Y la televisión un poco más desangelada. Parks era mi happy place. Pawnee, el pueblo ficticio de Indiana dónde estaba ambientada, era ese sitio donde refugiarme en los días tristes. Siempre había allí risas y abrazos para mí. La serie de Michael Schur supo encontrar el punto intermedio perfecto entre lo entrañable y lo crítico. Entre la caricia y la tarta estrellada contra la cara de Garry. Abordó la función pública desde una perspectiva positiva, cosa refrescante en los tiempos cínicos en los que vivimos, pero sin desechar el elemento crítico sobre papel del Gobierno en nuestras vidas a través del libertario Ron Swanson. El Swanson de Nick Offerman es ya un personaje emblemático de la televisión, la encarnación total del valor americano más puro: la libertad. Su pirámide de la grandeza, su amor por la naturaleza y la carpintería, su visceral odio al Gobierno (aunque trabajara para él), su devoción por la carne… Mil detalles con los que nos ha ganado el corazón y la sonrisa a lo largo de estos años.

Swanson ha ejercido de perfecto contrapunto al amor desmedido de Leslie Knope por la función pública entendida como incansable trabajo por el bien común, al servicio de los demás. Pasarán los años, y al igual que Liz Lemmon o Michael Scott, Leslie Knope será recordada como uno de los personajes más estimulantes, carismáticos y fascinantes de la comedia americana del nuevo siglo. Su obsesión con el trabajo, con la perfección, el amor que vomitaba sobre sus seres queridos y su entusiasmo vital, me han hecho una persona más feliz. Y eso implica ser mejor persona. Tener una mirada más pura del mundo, más humanista. Amy Poehler es una de las mejores cómicas de su generación. También una de las más apasionadas y entregadas. Un lujo de actriz.

Al lado de estos dos personajes antagónicos (pero unidos por una honda amistad) en Pawnee hemos podido descubrir a Aubrey Plaza como la reina de la comedia negra, dando vida a la cruelmente entrañable April Ludgate, y sorprendernos con la vis cómica de Chris Pratt (Andy Dwyer-Bert Macklin-Johnny Karate) mucho antes de que Marvel lo hiciera famoso en todo el planeta (algunos ya eramos prattistas desde Everwood, mucho antes del surgimiento del prattismo). Además, Rashida Jones (Ann) pudo consolidar lo ya demostrado durante su paso por The Office y Rob Lowe (Chris) parodiarse a sí mismo en un personaje tan hilarante como irritante. Aziz Ansari (Tom) encarnó al egocentrismo de nuestro acelerado mundo a la perfección. Mientras que Retta (Donna) y Jim O’Heir (Garry-Jerry-Larry-Terry Gergich), supieron estar en un espléndido segundo plano haciendo funcionar todas las tramas en las que estaban incluidos. Para el final dejo al Ben Wyatt de Adam Scott. También conocido como el hombre perfecto. Friki, inteligente, inseguro, entrañable, cariñoso e incomprendido. Uno de los personajes más achuchables de la televisión. Parks and Recreation además de una fantástica serie sobre un work place o una comedia de amigos, ha sido una gran romcom disfrazada, que nos ha contado la historia de amor (y progresión profesional) de Leslie y Ben (bajo la bendición de la mejor mascota/emblema del mundo: Li’l Sebastian).


Si bien es cierto que la sexta temporada de Parks and Recreation no estuvo a la altura de las 4 anteriores, que se la notó por primera vez cansada, que la trama de la destitución de Leslie Knope fue una mala idea y que la unificación con Eagleton sólo funcionó a medias. Si bien es cierto todo esto, decíamos, no es menos cierto que Parks and Recreation se ha mandado una última temporada antológica, tras el salto temporal a 2017 con el que se había cerrado el curso anterior. Digna de ser estudiada y analizada. Ya The Office y 30 Rock habían encomendado sus últimas temporadas a la melancolía cómica y a la progresión dramática de sus personajes. Sin embargo ninguna de sus dos (excelentes) últimas entregas alcanzó la redondez de la que ha hecho muestra Parks and Recreation.

Para la historia deja ya 3 de los mejores capítulos de la serie: Leslie and Ron (7x04), The Johnny Karate Super Awesome Musical Explosion Show (7x10), digno de las mejores The Office y Community, y la series finale, One Last Ride (7x12-13). Autorreferencias, progresión narrativa a golpe de flash-forwards bien hilados, y sobre todo saber explotar al máximo todo el bagaje sobre el que están asentados sus personajes. Esta temporada de Parks and Recreation la he visto entre risas, sonrisas, lágrimas y aplausos. No le ha sobrado ni faltado nada. Ha sido, repito, redonda. La forma perfecta de cerrar una comedia tan veterana. Schur lo apostó todo a los personajes y salió bien parado. Básicamente porque frente a otras sitcoms, todo la galería de personajes de la serie (y los actores que le dieron vida) son brutales. Hoy es un día muy triste para mí. Se ha terminado mi segunda sitcom favorita (la primera sigue siendo 30 Rock). Me siento un poco más sólo en este mundo. Como si alguien me hubiera arrancado un saco de risas de mi interior y me haya dejado sumido en la melancolía. Nunca dejaré de recomendar esta serie. Esta preciosa serie.

domingo, 22 de febrero de 2015

Los No-Oscar 2014 VII: Película

10. Obvious Child
El film de Gillian Robespierre me hizo reír a carcajadas pero también me emocionó de una forma muy extraña. Pensaba que iba a ver una comedia ácida y me encontré con un film que me dejó tocado durante un par de días. Una comedia que subvierte las normas de la romcom, para acabar construyendo un film rotundamente romántico y optimista. El problema no es el género, es cómo lo usas, ¡estúpido! Además es a la vez una mirada crítica a los veinteañeros sin rumbo entre los que me incluyo, y en cierta forma un film que denuncia ciertos valores conservadores que pululan por los productos culturales que consumimos, de forma aparentemente inofensiva.

9. Pride
Teniendo en cuenta el actual clima sociopolítico, Pride es una película muy pertinente. No porque hable de los derechos de los homosexuales o de la lucha por su supervivencia de los mineros. Sino porque afronta ambas cuestiones desde una óptica casi de clase. O más que de clase, de poder. La unión de los actores que actúan en los márgenes del sistema, de cara a construir una mayoría que pueda defenderse contra los actores que actúan en los centros de poder. En ese sentido la dulce, amorosa y combativa Pride, parece ideada por el mismísimo Gramsci. Más allá de la dimensión política del film, estamos ante una película tierna, que maneja muy bien las emociones y los elementos cómicos y que, sobre todo, crea una maravillosa galería de personajes.

8. Winter Sleep
Hay películas que cuando las estás viendo, las disfrutas intensamente, pero que al salir del cine y empezar a correr las horas, se diluyen en la memoria, hasta quedar reducidas a pequeños y borrosos recuerdos. En el otro extremo, estarían situadas aquellas películas que mejoran con el paso de los días, de las semanas, de los meses. Un buen ejemplo de estas últimas es Winter Sleep. Estar durante 3 horas y 15 minutos sentado en una butaca incómoda hizo que mirara muchas veces el reloj e intentara que mi escoliosis no me diera demasiado la lata. Cuando salí del teatro (durante 10 min antes de meterme entre pecho y espalda otras 2 h y 15’ de Mr. Turner) estaba un poco decepcionado. Me había gustado, tenía conversaciones realmente fascinantes y era un tratado de lo terrible que es ser pasivo-agresivo con las personas a las que quieres. Pero se me había hecho pesada, creía que le sobraban bastantes minutos y alguna trama (los hermanos endeudados). Sin embargo con el paso del tiempo me gusta más. No sólo porque he olvidado el dolor de espalda, sino sobre todo porque es una película que he necesitado madurar para poder apreciar en toda su grandeza. Los seres humanos muchas veces queremos lo que no podemos tener y dañamos lo que tenemos, y en ese proceso nos desgastamos lentamente, consumiéndonos en nuestra propia frustración. Somos terrible y mágicamente incomprensibles, incluso (o sobre todo) para nosotros mismos.

7. A most violent year
Comenzó con muy buenas críticas, pero rápidamente se disolvió en la carrera de premios. Quizás apurar su estreno no fue una buena idea. Quizás Cannes 2015, como hizo este año la película de la que hablaremos a continuación hubiera sido una buena idea. Pero más allá de esto, A most violent year es una película muy interesante, oscura, seca, fría. Un relato preciso de cómo funciona la corrupción, de cómo nuestras ciudades languidecen sumidas en el crimen. Su discurso era válido para los años 80 y sigue siendo válido hoy. JC Chandor se confirma como uno de los nuevos cineastas americanos más interesantes.

6. Foxcatcher
Tras su exitoso paso por Cannes, Foxcatcher se convirtió, de inmediato, en una favorita clara de cara a los Oscar, pero en otoño comenzó a desaparecer de las apuestas y al final, aunque está presente en las grandes categorías, no logró colarse en Mejor Película. No será porque no tenga nivel para estarlo. Es un gran drama psicológico de autor, rodado con mucha personalidad (y autoconsciencia, ojo), frío, asfixiante, hipnótico. La caída de tres hombres que se van destrozando mutuamente hasta precipitarse irremediablemente hacia la tragedia. La tragedia de la ambición, de la necesidad de triunfar, aunque te lleve a la locura (Whiplash y Nightcrawler van, precisamente por esta misma línea). El sueño americano abrasa.

5. Relatos Salvajes
Hacer de la corrupción una comedia descacharrante, de la desesperación, carcajada. Esa es la idea básica de Relatos Salvajes. Su ambicioso objetivo que cumple con creces. Tan crítica, inteligente y ácida como divertida y graciosa. Necesitamos más comedias de nivel y necesitamos más cine crítico. Relatos Salvajes, una demostración retorcida de cine social en clave de thriller y comedia negra, es todo esto y más. Una de las grandes películas del año a nivel mundial. Una demostración de que desde lo local se puede hablar de lo universal, de que en el mundo globalizado casi todos tenemos los mismos problemas sistémicos.

4. Deux jours, une nuit
Una mujer tiene un fin de semana para salvar su puesto de trabajo convenciendo a sus compañeros para que renuncien a su bonus, recomponerse a sí misma y curar a su malherido matrimonio. Todo ello durante dos días y una noche tortuosas en las que los Dardenne, a través de la mejor Marion Cotillard que yo ha haya visto, nos escupen a la cara lo terrible que se ha vuelto el mundo en el que vivimos. Pero el encanto del film está justamente en su humanismo. Podría dibujar este sistema como una opresión constante en la que comes o te comen. Podría ser Hobbes y no lo es. A pesar de todas las cosas malas que le pasan a la protagonista, hay esperanza, hay gente buena que se cruza en su camino. No todo es negro. No todo está perdido. Aún podemos tener fe en el ser humano.

3. Interstellar
Pongo a Interstellar en esta posición porque más allá de los problemas que tiene (para mí, como siempre en Nolan el principal son los personajes), o de que haya sido una ligera decepción, la disfruté muchísimo. Fueron casi 3 horas en el cine de puro gozo. Este año hubo 5 películas que vi en el cine que me hicieron muy feliz. Dos se van a jugar el Oscar (Boyhood y Birdman) y las otras tres ocupan este pódium. De todas ellas, Interstellar me parece la peor, o más bien la más criticable, la que teniendo metas más altas, comete más fallos o llega menos lejos en sus objetivos. Pero eso no quiere decir que el viaje interestelar de Christopher Nolan no me parezca puro cine. Diversión en estado puro. La película tiene esas ansias de impresionar, de maravillar, de innovar. Y a mí esas ansias me lo compensan todo. El cine como evasión, como un viaje trepidante por mundos que jamás veré.

2. Mommy
La quinta película de Xavier Dolan fue el film de 2014 con el que más conecté emocionalmente. A pesar de que en absoluto cuenta historias que me hayan pasado a mí o presente personajes que pueda reconocer en mi vida. Conecté con ella porque está cargada de sentimientos muy bien presentados y explicados. Es una película de una rabia y una sensibilidad especiales. He hablado (y escrito) tanto sobre ella que ya no sé qué añadir. Es una película que radiografía con mucho tacto y personalidad lo que implica ser adolescente e hijo, pero también adulta y madre, en un mundo cada vez más desconectado y volátil. Un mundo en el que nuestras conexiones se debilitan, en el que hemos dejado de vivir en nuestras calles y casas, para vivir dentro de nosotros mismos, intentando escapar de nuestros problemas nos hemos obligado a vivir parapetados en ellos. Mommy es un canto a la esperanza porque nos dice que no hay que tener miedo a vivir.

1. Gone Girl

Frente a la sensibilidad de Mommy, David Fincher y Gillian Flynn proponen un viaje a un mundo en el que nos hemos vuelto insensibles. En el que la frustración nos ha corroído, y lo único que nos hacemos es daño a nosotros mismos y a los que nos rodean. Al calor de la crisis económica, la superficialidad de los barrios suburbiales, la telebasura y la corrupción moral, nos presentan la historia de un matrimonio que se hace daño mutuamente, desangrándose en una guerra sin final a la vista, permaneciendo encadenados el uno al otro, odiando a las personas en las que se han convertido. Gone Girl nos relata cuán perdidos estamos, pero no nos propone ninguna salida. Por eso es una película tan agria, tan pesimista. Fincher se confirma como el cronista de un mundo occidental cada día más oscuro, lastrado por problemas sistémicos irresolubles. Nos susurra, otra vez más, que estamos rotos por dentro.

sábado, 21 de febrero de 2015

Los No-Oscar 2014 VI: Montaje y Dirección

MONTAJE

5. Spencer Averick por Selma
El gran reto de Selma es mezclar la esfera íntima, pequeña, como las reuniones políticas o las discusiones matrimoniales, con la esfera pública, los discursos, la iglesia, las manifestaciones. Y el montaje logra congeniar perfectamente ambas escenas, hacer la transición entre los dos mundos de forma muy natural. Obviamente dónde brilla (al igual que la dirección o la fotografía) es en las secuencias de las manifestaciones, que están montadas con una elegancia y una fuerza increíbles.

4. Lee Smith por Interstellar
A estas alturas sabemos que montar las películas de Christopher 1 millón de planos Nolan, tiene un mérito increíble. Es una lucha titánica contra al ego de Nolan y la ingente cantidad de material que rueda. En Interstellar, Smith vuelve hacer un trabajo de primera poniendo orden narrativo en el caos de ideas (tanto argumentales como visuales) del director. Todas las secuencias de acción espacial están muy bien resueltas y las tramas espacio-temporales distanciadas están bien atadas. Otra vez ningunean su trabajo, aunque este año había demasiados rivales de altura.

3. Douglas Crise y Stephen Mirrione por Birdman
Si primero la discusión giró sobre la persistente batería de Antonio Sánchez, luego la misma se trasladó al montaje del film. ¿Si el falso plano-secuencia son 12 planos cosidos podría decirse que Birdman tenía un gran montaje? Si consideramos la planificación como parte del montaje, es decir, que Birdman es una película montada antes de ser rodada, sí. Si no, pues posiblemente su no nominación al Oscar sea lógica. Yo soy del primer grupo, creo que Birdman es una película en la que dirección, fotografía y montaje tuvieron que concebirse al unísono, como una actividad conjunta. Y desde luego el trabajo es brillante.

2. Jay Cassidy, Stuart Levy y Conor O’Neill por Foxcatcher
El montaje de Foxcatcher es, en gran medida, el “culpable” de que el film sea lo gélido que resulta ser. Y sin embargo es un montaje muy fluido, las distintas secuencias no están cosidas de forma abrupta, sino que te van conduciendo unas a otras en una sucesión de pequeños puñetazos, de pequeñas roturas. Miller monta un puzzle y lo van rellenando pero sin tener la menor intención de completarlo nunca. El montaje de Foxcatcher juega con eso precisamente. Con lo que no nos  muestra entre secuencia y secuencia, lo que se ha producido entre fundido a negro y fundido a negro.

1. Kirk Baxter por Gone Girl

Tras ganar dos Oscar con las dos anteriores películas de Fincher al lado de Angus Wall, Baxter se ha quedado fuera de la nominación por su excelente trabajo en Gone Girl, ese juego de máscaras, mentiras y medias verdades, en el que el montaje es tan importante de cara a estructurar el relato como indeleble a la hora de narrarlo. Mérito doble, pues. La secuencia de la huida y el descubrimiento del macro-engaño, la del sexo sanguinario, la de la entrevista… Gone Girl está plagada de secuencias que más allá de lo bien dirigidas que están, cuentan con un montaje brillante. Algún día caerá el tercer Oscar. Seguro.

DIRECTOR

5. Ava DuVernay por Selma
Si con Damien Chazelle ya iba convencido de que me encontraría con un director con un estilo personal muy marcado y estimulante, he de reconocer que con DuVernay, creía que me iba a encontrar con un trabajo solvente pero impersonal. Craso error. Lo que eleva a Selma de drama sociopolítico interesante a film poderoso es la dirección de DuVernay (y la fotografía, el montaje y la banda sonora). Incluso aquellos a los que Selma no les ha gustado aplauden el pulso y el estilo con el que DuVernay rodó las secuencias de las manifestaciones. Pero Selma y el trabajo de su director es mucho más que eso, es un drama consciente de que las imágenes son tan poderosas como las palabras. Lejos de confiar en que la fuerza de Martin Luther King sostendría la película, DuVernay se esfuerza por elaborar una puesta en escena muy potente. Buen trabajo, sus imágines emocionan.

4. Christopher Nolan por Interstellar
Poco que decir a estas alturas sobre Christopher Nolan. En la vorágine de amor/odio a la que nos empujan los nolanistas y los antinolanistas, es difícil esgrimir argumentos razonables. A mí me gustan mucho las películas de Nolan, me parecen diversión en estado puro y aplaudo su ambición, sus ganas de forzarnos a pensar, de desafiarnos, Interstellar como perfecto ejemplo de todo ello. Creo que es capaz de construir secuencias de acción fabulosas, pero también soy muy crítico con la sobresaturación de planos a la que nos somete. ¿Por qué usar diez plano cuando te llega con uno? En ese debate interno me encuentro. Nolan sí o Nolan no. Aún no he llegado a una conclusión. Por ahora, Nolan sí, pero con peros.

3. Damien Chazelle por Whiplash
Chazelle abordó su trabajo partiendo de la base de que el guion es un lienzo casi en blanco en el que poder pintar infinidad de imágenes. Lo que logró fue una película adrenalínica con un don extraordinario para escupir planos extraordinarios, de esos que impactan tanto que sientes como la saliva, el sudor y la sangre te mojan. Chazelle tiene una desbordante capacidad de pensar en imágenes, de sumergirnos en la historia, de insuflarnos frenesí. Una auténtica pena que se quedara fuera de los Oscar frente al impersonal trabajo de Morten Tyldum. He aquí una estrella en ciernes.

2. Xavier Dolan por Mommy
En su quinta película, Dolan confirma lo ya observado en la anterior, Tom a la fèrme, ha madurado como director de una forma extraordinaria. El manierismo de antaño ha dado paso a una preciosa obsesión por el rostro humano. Esos planos cortos, epidérmicos, se combinan con imágenes preciosas del espacio como territorio liberador. Nosotros somos nuestra propia cárcel, lo que nos rodea es la constante posibilidad de liberarnos de nosotros mismos. Por eso en la que es sin duda una de las secuencias del año cinematográfico, el protagonista abre literalmente el plano. Rompamos con lo que nos atrapa. Seamos libres. El Xavier Dolan director es más libre que nunca. Y tiene un extraordinario don para producir sentimientos a través de sus imágenes.

1. David Fincher por Gone Girl

Si partimos de la base de que David Fincher es (con permiso del maestro Scorsese) mi director favorito del cine actual, era bastante predecible que lo colocara en el primer puesto por su excelente trabajo en Gone Girl. Entre los dos planos circulares poderosísimos que abren y cierran la película, Fincher compone un thriller-cebolla, en el que debajo de cada secreto hay otro secreto más. Mueve la cámara por esa capa gris que cubre a los protagonistas, apuntando en sus rostros todas las miserias que esconden debajo de la piel. La cámara los escruta hasta desnudarlos. Es un trabajo sutil. Preciso. Casi quirúrgico. Nadie maneja la tensión y el humor negro como él. Por eso es el gran autor del thriller americano de las últimas décadas. Obviamente, en mi humilde opinión.

viernes, 20 de febrero de 2015

Los No-Oscar 2014 V: Actrices

ACTRIZ DE REPARTO

5. Imelda Staunton por Pride
Es increíble el poco respeto general que se le tiene a Staunton frente a otras grandes damas del cine británico como Helen Mirren o Judi Dench (Maggie Smith y Vanessa Redgrave juegan en otra liga, en mi humilde opinión). Staunton vuelve a demostrar en Pride que es una actriz total, capaz de encarnar a cualquier tipo de personajes con la misma solvencia. Saltar del drama a la comedia en un mismo plano y resultar brillante en todos y cada uno de sus registros. En Pride emociona y hace reír. ¿Qué más se le puede pedir?

4. Érica Rivas por Relatos Salvajes
Ni Darín, ni Sbaraglia, ni la concha de tu madre, la verdadera estrella de ese circo de pista múltiple que es Relatos Salvajes es sin duda alguna La Novia (Uma, siempre en mi corazón), interpretada con un desparpajo, una densidad y una capacidad de mutación impresionantes por Érica Rivas. Si el gran personaje femenino del año es la Amy Dunn de Rosamund Pike en Gone Girl, La Novia de Rivas es su reflejo en clave de retorcidísima comedia. A partir de ahora cuando alguien me pida que lo grabe, huiré despavorido.

3. Jessica Chastain por A most violent year
Hemos incurrido, yo el primero, en una glorificación desmedida de Jessica Chastain en el último lustro. La histeria ha llegado al punto de pedir premios para ella antes de ver su interpretación o indignarse, como este año, porque la dejaran fuera de los Oscar. Jessica Chastain está fantástica en A most violent year. ¿Hay alguna vez que no lo esté? Despoja a su rostro de toda candidez y se transforma en un complejo cruce entre femme fatale y matriarca todopoderosa. Aunque yo sí la hubiera nominado (mi quinteto sería Arquette, Stone, Clément, Watts y Chastain), no me parece ningún escándalo que no se colara en la terna. Otros trabajos mejores de Chastain están por llegar. Arranqua el film con mucha energía, devorando cada una de sus secuencias, desprendiendo muchísima tensión con la mirada, pero durante la segunda hora su personaje se diluye, y el film se transforma en el via crucis personal de Oscar Isaac. Jessica Chastain firma otro personaje hipnótico para una carrera que en menos de un lustro ya es digna de ser recordada.

2. Naomi Watts por Birdman
Si Michael Keaton y Edward Norton se parodian a sí mismos (y algo más, reflexionan en profundidad sobre sus carreras y sus miedos), Naomi Watts, en un trabajo sutil, delicado, hace algo similar. Esa actriz con talento atormentada por sus inseguridades y malas decisiones es una de las composiciones más valientes y delicadas que ha hecho jamás Watts. Bien merecía la nominación al Oscar. Pena que el (enorme) trabajo de Emma Stone la eclipsara. Volverá a ofrecernos otras grandes interpretaciones, seguro.

1. Suzanne Clément por Mommy

Suzanne Clément, al igual que Anne Dorval, retoma una variante del personaje que ya interpretó hace 5 años en la ópera prima de Dolan, la profesora que funciona de pegamento entre una madre y un hijo a la deriva. Entre medias, dio un recital interpretando a la protagonista de Laurence Anyways, esa mujer enamorada sumida en una relación imposible. En su tercera colaboración con Dolan, entrega una interpretación superlativa como una mujer con problemas para hablar, asustada, triste, deprimida. Un trabajo muy sutil, la calma entre los dos protagonistas del film. Fabulosa.

ACTRIZ PROTAGONISTA

5. Kristen Wiig por The Skeleton Twins
Poco a poco, Kristen Wiig se está convirtiendo en una gran actriz de comedia dramática. Le falta hacer un film con un gran cineasta (hola Alexander Payne, hablo contigo), pero desde luego The Skeleton Twins es un gran paso adelante en su carrera como actriz de nivel. Esta hermana autodestructiva y perdida en su vida, aburrida, que vive en estado de hibernación, es un papel muy jugoso con potentes secuencias tanto cómicas como dramáticas, y Wiig borda con la misma solvencia unas y otras. Su fantástica química con Bill Hader me ha regalado algunos de los minutos más divertidos de mi año cinéfilo.

4. Scarlett Johansson por Under the skin
En los dos años que llevo haciendo Los No Oscar en este blog, tres nombres se han repetido ambas veces. De Gyllenhall e Isaac ya hablé ayer, hoy es el turno de Johansson, que si el año pasado puso su voz al servicio de la historia de Spike Jonze en Her, este año (en realidad estamos ante un film de 2013 también) entregó su cuerpo a la exhibición audiovisual de Jonathan Glazer en Under the skin. Una interpretación tan física y magnética como el propio film. Era fácil caer en el ridículo, y Johansson no lo hace. Vuelve a estar, otra vez (he aquí un fan fatal), fantástica.

3. Elisabeth Moss por The One I love
Los que me conocen sonreirán al ver a Elisabeth Moss en esta lista y por una película que no conoce ni el tato. Sí, es cierto, soy totalmente parcial con respecto a Moss, la quiero demasiado. La quiero desde que era la hija de POTUS en The West Wing. La quiero por Top of the lake pero, obviamente, la quiero sobre todo por Mad Men. Hecha la confesión, Elisabeth Moss está brillante en su papel [SPOILER] doble, en esta cinta de ciencia ficción conceptual (sí, me acabo de inventar, precisamente, el concepto), en la línea de Coherence, Another Earth o The Man from Earth, es decir, grandes ideas, presupuestos mínimos. La película se juega toda su credibilidad en la capacidad de Moss y su partenaire, el niño bonito del indie, Mark Duplass, de sostener una premisa muy retorcida y que empuja a sus protagonistas a sacar a la luz lo peor de sí mismos. Elisabeth Moss está increíble, pintando esa fragilidad, esa furia, esos monstruos parapetados en lo más oscuro de sus entrañas. También está resplandeciente, casi chispeante, en los momentos de enredo o de comedia negrísima. Es un trabajo muy complejo y completo. Una pena que la película haya pasado totalmente desapercibida ya no sólo en los premios, sino entre crítica, público y cinéfilos.

2. Jenny Slate por Obvious Child
Sin duda alguna Jenny Slate ha sido la actriz cómica del año (los Golden Globes haciendo siempre tan bien su trabajo oiga). Es imposible no reírse con ella en Obvious Child. Ya sea haciendo stand-comedy, ligando o lidiando con sus crecientes problemas. Slate logra conseguir que hasta las secuencias dramáticas del film sean graciosas, y que tengan mucha chispa. Obvious Child duele cuando menos te lo esperas, y ello se debe en parte a que Slate logra dotar al personaje de un patetismo enternecedor, de una ironía dulce.

1. Anne Dorval por Mommy

Para los que creíamos que la Katey Sagal de Sons of Anarchy era la choni de mediana edad definitiva, Mommy nos ha demostrado que estábamos equivocados, Sagal es un terremoto pero no tiene la naturalidad y la hondura dramática de Anne Dorval, la mujer que sustenta en su casi inquebrantable optimismo e instinto de supervivencia, gran parte de la película de Dolan. Si Anne Dorval no fuera la bestia interpretativa que es, que tan rápido se pasa de la comedia al drama, de la romcom al cine social, del drama psicológico al emocional, sin todo eso, Mommy no sería la película mayúscula que ha terminado siendo. Dorval hace creíble y palpable cada una de sus secuencias. Inspira ternura, respeto, cariño y fascinación. Tiene una presencia apabullante. Es una fuerza de la naturaleza. Ella y no la solvente, pero corriente, Felicity Jones de la aún más corriente The Theory of Everything debería haber estado nominada al Oscar. Hubiéramos tenido uno de los quintetos de actriz protagonista de mayor nivel de la historia. Pero la desaparición del film frente a Ida o Leviathan y la presencia de la descomunal Marion Cotillard de Deux jours, une nuit, hizo imposible el sueño. Aquí está mi No-Oscar, Señora Dorval.