martes, 17 de febrero de 2015

Los No-Oscar 2014 II: Fotografía y Diseño de producción

FOTOGRAFÍA

5. Sharone Meir por Whiplash
Poco se ha hablado de la fantástica fotografía de luces y sombras muy marcadas de Whiplash. Precisamente esa exposición constante a la que somete a los planos (y a sus personajes) hace que la película se convierta en toda una experiencia física, todo lo que pasa en plano lo podemos observar, el movimiento de los instrumentos, los fluidos que expulsan los protagonistas, sus rostros siempre al borde de la histeria. Un fantástico trabajo.

4. André Turpin por Mommy
Si Mommy desprende tanta vitalidad es, en gran medida, por la fotografía de Turpin, con esos tonos amarillos y esos infinitos cielos azules. Estamos ante una fotografía que es pura luminosidad. Y eso se transmite al espectador. Mommy podría haber sido una película terriblemente dura, triste, y sin embargo tiene un halo esperanzador, transmite ganas de vivir, Dolan y Turpin trabajan muy bien juntos, se complementan perfectamente, y el resultado es una película llena de energía, sobre todo en las secuencias diurnas y rodadas en el exterior.

3. Bradford Young por Selma
Tras maravillarnos el año pasado con su lubezkiano trabajo para la malickiana Ain’t them bodies saints, este año Bradford Young se ha confirmado como uno de los directores de fotografía a tener en cuenta en las próximas décadas con A most violent year y Selma. Young da al film de DuVernay un look visual entre añejo y ensoñado. Como si fuera un sueño fugaz de una siesta. O como si estuviera bañado en gas lacrimógeno. Apaga los contrastes para sumir al conjunto en la niebla y casa muy bien con el estilo que DuVernay le imprime a las secuencias (sobre todo a las que retratan la violencia).

2. Jeff Cronenweth por Gone Girl
El principal pero que se le puede poner al trabajo de Cronenweth es que no aporta nada nuevo a su propio estilo, simplemente lo perfecciona, lo pule. El estilo visual del dúo Fincher-Cronenweth está tan definido, con esa fotografía gris azulado para el día y naranja para la noche que, efectivamente, Gone Girl no presenta ninguna diferencia con respecto, sobre todo, a las dos anteriores películas de uno de los mejores dúos artísticos del cine actual. Dicho esto, obviamente la fotografía vuelve a ser excelente, sobre todo en los espacios cerrados y en las secuencias nocturnas. Una película que habla de personas de vidas grises que se mueven entre las penumbras y las mentiras, necesitaba a un director de fotografía que supiera iluminar esos sentimientos, esas entrañas podridas, y Cronenweth es ese director, sabe perfectamente como pintarnos las partes más oscuras del ser humano, como atenuar los rostros o cómo convertir al espacio en otro protagonista.

1. Hoyte Van Hoytema por Interstellar

Van Hoytema se ha convertido en el último lustro en uno de los directores de fotografía más interesantes del panorama actual. Desde su extraordinaria (e injustamente ninguneada) fotografía de Tinker, Tailor, Soldier, Spy hasta su sutil trabajo para la Her de Spike Jonze. En su trabajo más ambicioso da una nueva estética al cine de Nolan, menos oscura y nocturna, más desgastada, como ese mundo al borde de la destrucción. Interstellar combina la suciedad de los planetas, las naves y las casas, con la espectacular recreación de un espacio lleno de misterios. La luz en Hoytema es esperanzadora, cálida. Una jodida maravilla.

DISEÑO DE PRODUCCIÓN

5. Kim Jennings y Elizabeth Keenan por Selma
Hemos visto muchas recreaciones de los años 60 en Estados Unidos. Esas ciudades y esos barrios residenciales de blancos. Pero muy pocas veces hemos echado un ojo a las ciudades americanas desde la perspectiva de los negros. Cómo eran sus casas, sus cafeterías y sus calles. El pueblo de Selma se convierte en un pequeño teatro en el que Ava DuVernay mezcla a dos razas condenadas, finalmente, a entenderse, y lo hace con una recreación muy interesante.

4. Jess Gonchor y Kathy Lucas por Foxcatcher
Si Foxcatcher es una película tan gélida, tan lapidaria, tan perfeccionista, trazada con líneas rectas pero que habla de personajes tan torcidos, es, en parte, gracias a su espectacular diseño de producción. Esos espacios agobiantemente amplios. Esa opulencia feísta. Esa frialdad asfixiante que provocan esas estancias tan inhóspitas. Bennett Miller sabía muy bien lo que la historia necesitaba. Un señor trabajo.

3. Donald Graham Burt y Douglas A. Mowat por Gone Girl
Año tras año vemos como la Academia ignora a trabajos muy interesantes (y relevantes narrativamente) por el mero hecho de estar ambientados en la actualidad o en el pasado reciente. Las casas abiertas pobladas de sentimientos encerrados, que pueblan Gone Girl, componen, desde luego, un diseño de producción muy estimulante y medido al milímetro. No es un trabajo que luzca, pero ayuda a construir el clima del film como muy pocos este año.

2. Ondrej Nekvasil y Beatrice Brentnerova por Snowpiercer
Ese tren en el que cada vagón es un mundo completamente distinto al anterior, merecía más reconocimiento. En general, Snowpiercer lo merecía. El diseño de producción no sólo es brillante y detallista, sino que además está cargado de mucha mala ostia. Un trabajo muy imaginativo y sin el que la película no sería ni la mitad de divertida y estimulante. El diseño de producción hace que el recorrido por ese tren de desgracias y maravillas sea puro gozo visual.

1. Kevin Thompson y George DeTitta Jr. por Birdman

Hace 2 años, la Academia decidió darle el Oscar en esta categoría a Lincoln frente a uno de los diseños de producción más brutales que jamás haya visto servidor, el de Anna Karenina. Este año, el de Birdman, tan relevante narrativamente como aquel, ni siquiera ha podido colarse en la terna. Ha pagado caro, supongo, el hecho de que la película esté ambientada en la actualidad. Más que en ninguna película de este año, los decorados son parte fundamental del film, puesto que tuvieron que amoldarse a la perfección a la planificación que Iñárritu y Lubezki hicieron a la hora de rodar ese monumental  plano-secuencia falso. El Oscar debería ganarlo The Grand Budapest Hotel, pero Birdman debería haber estado nominada en esta categoría. 

lunes, 16 de febrero de 2015

Los No-Oscar 2014 I: Música y canción originales

Tras muchos meses de cábalas hemos llegado por fin a la semana de los Oscar. Se pueden leer jugosos análisis de todas las categorías en muchas webs de referencia. Como no iba a aportar nada que no hubiera dicho ya gente que sabe más y escribe mejor que yo, prefiero acordarme de todos aquellos grandes trabajos del cine de 2014 que no estará presente en la gala del domingo. La única normas de estos premios imaginarios son: no estar nominado al Oscar, pero haber sido elegible, he aquí la lista de 323 películas candidatas a los Oscar de este año. Así que en estas listas figurarán películas de 2013 como Under the skin, pero no films de 2014 como Maps to the stars o Clouds of Sils Maria. Además, en estas dos primeras categorías, me limité también, a las 114 partituras y 79 canciones nominables este año, por lo tanto no estará el polémico trabajo de Antonio Sánchez para Birdman.

MÚSICA ORIGINAL

5. Jonny Greenwood por Inherent Vice
Tras sus complejos y turbios trabajos para There will be blood y The Master, Greenwood vuelve a ponerle música a una película de Paul Thomas Anderson. Y en esta ocasión se aparta de aquellas dos partituras tan oscuras y tétricas, para, sin dejar de ser él mismo, sumergirnos en los años 60. El resultado es una composición muy evocadora y divertida que hace que en muchas ocasiones te dejes llevar por el ritmo desenfrenado, casi jovial y ligero, que le imprime al film.

4. Joe Hisaishi por The Tale of the Princess Kaguya
Para que nos hagamos una idea de la importancia de Hisaishi en el cine japonés, podríamos decir que es el Alberto Iglesias nipón, venciendo hasta en 8 ocasiones en los premios de la Academia japonesa de cine. Si la película de Isao Takahata es tan bonita es gracias a la simbiosis perfecta entre sus espectaculares acuarelas y la música compuesta por Hisaishi. Durante dos horas te embarcas en un viaje lleno de magia, que a veces parece más una arte contemplativa que narrativa. Pura atmósfera, delicadeza y tradición bien actualizada.

3. Marco Beltrami por The Homesman
Beltrami tiene en su haber dos nominaciones al Oscar. La primera, por otro western, 3:10 to Yuma. La segunda, por The Hurt Locker. No es un autor que me guste especialmente, pero desde luego es uno de los compositores con más personalidad del cine actual. En este western crepuscular de Tommy Lee Jones lleva a cabo un gran trabajo que se mueve entre la tradición y la innovación, mezclando sonidos muy diferentes para crear esa sensación de desasosiego, casi como de locura, que atraviesa todo el film.

2. Trent Reznor y Atticus Ross por Gone Girl
Tras ganar el Oscar con The social network y alcanzar la nominación con Millenium, el tándem Reznor-Ross no ha logrado convertir su tercera colaboración con David Fincher en nominación al Oscar. Y no será porque no lo merecieran. A pesar de que estamos ante un trabajo mucho más sutil que los dos anteriores, vuelven a lucirse con una música que aunque a veces parezca imperceptible va marcando el ritmo y la atmósfera del film. Fincher se vale, además de su puesta en escena, del montaje y de la música para gestionar la tensión con la que va ahorcando a sus protagonistas entre giros y contra-giros dramáticos. Es una banda sonora que sigue la estela de los trabajos anteriores de Reznor y Ross pero que a la vez aporta algo nuevo a su estilo, estamos ante una música más sugerente que impactante.

1. Mica Levi por Under the skin

La compositora Mica Levi, que tiene sólo un año más que yo, ha aparecido de la nada, firmando su primera partitura cinematográfica para la subyugante película de Jonathan Glazer, y se ha convertido en una de las sensaciones musicales cinematográficas del año. Ya sea para bien o para mal, todo el mundo ha hablado de su banda sonora. Posiblemente ninguna película dependa tanto de su música como Under the skin. Extraña, asfixiante, incómoda e hipnótica. Levi se ha lucido, una pena que la Academia no haya optado por arriesgar a lo grande e incluirla en el listado. Es una gran noticia su irrupción, porque el cine necesita más mujeres compositoras, y sobre todo, porque el cine necesita a músicos que busquen expandir sus horizontes.

CANCIÓN ORIGINAL

No es una gran canción, pero es tan dulce y la música es tan bonita, que es imposible no quererla. Al igual que la película, es puro amor. Pegadiza, tierna y graciosa. Estuve a punto de meter a John Powell por la música original de esta película en la categoría precedente, así que creo que es un buen reconocimiento a su enorme trabajo.

Desde las primeras quinielas se daba a esta canción como una importante contendiente en esta categoría en los Oscar. Al final, el fracaso crítico del film de Aronofski pudo más que la posibilidad de nominar a una leyenda de la música como Patti Smith. Desde luego estamos ante una canción, que sin ser una genialidad, ni generar un gran impacto, es muy poderosa.

Tras quedarse fuera en los anteriores Oscar, inmerecidamente, con su Young and beautiful para The Great Gatsby, Lana del Rey ha vuelto a intentarlo en esta película de Tim Burton. Y ha vuelto a fracasar. Big Eyes se metió en mi cabeza y me pasé días enteros tarareándola. La lánguida voz Lana del Rey tiene ese poder en mí. La canción resume a las mil maravillas el tema de la película y el calvario de su protagonista, hubiera sido una gran nominada, porque desde luego tiene relevancia narrativa en el film.

Lorde es una de las grandes estrellas del pop comercial actual y su canción para la penúltima película de la saga The Hunger Games se convirtió pronto en hit. No es mi estilo, pero la canción está muy bien, tiene muchísima fuerza y personalidad. Y además es jodidamente pegadiza.



Esta es mi canción original favorita del año. Una pena que no esté nominada, porque además habría servido para engordar la lista de candidaturas de la favorita al Oscar a la mejor película, Boyhood. Esta canción del propio Ethan Hawke, es una maravilla. No puedo parar de oírla. Me emociona. Es sensible y preciosa. Como la película de Richard Linklater.

sábado, 7 de febrero de 2015

Las 5 (-1) películas de los Goya 2014

2014, el año de La Isla Mínima


Esta noche se entregan en Madrid los premios de la Academia de Cine Español, esos cabezudos con el rostro del que quizás sea el mayor maestro de la luz y las sombras de la historia de España, Francisco de Goya. Estos días en la prensa hemos podido ver cómo nos han bombardeado hablando del gran año en taquilla de un cine español que cual Astérix y Obélix ha resistido el ataque del enésimo año de crisis económica y el salvaje aumento del IVA. Lo cierto es que estamos ante un año claramente distorsionado por ese éxito descomunal que fue Ocho apellidos vascos, que es verdad que películas como El niño, La Isla Mínima o Relatos Salvajes, han cosechado muy buenas cifras, pero que de todas formas seguimos ante un panorama sombrío. En España no existe una industria cinematográfica. El dinero cosechado por Ocho apellidos vascos no se va a traducir en la apuesta por nuevas producciones de menor tamaño. Mediaset lo invertirá en su próxima producción megalómana. Están en su derecho, obviamente. Si aquí hubiera una industria, los grandes éxitos económicos servirían para financiar films más pequeños, más arriesgados, retroalimentando al sistema. Si aquí hubiera una industria no habría tantos profesionales en el paro, malviviendo. Ni casi todo el entramado cinematográfico se sostendría sobre el apoyo de las subvenciones y TVE. En los buenos tiempos, aquellos de la bonanza económica, se perdió la oportunidad de poner los cimientos a un verdadero entramado industrial sobre el que asentar nuestro audiovisual (incluyo aquí también a la televisión). Ahora, en una época de crisis, ya no global, sino del propio sector cinematográfico, ya es tarde, lo que puede hacer el cine español es sobrevivir, y desde luego este año ha sido un gran año en esa tarea.

Al entrar a hablar del binomio taquilla/calidad, creo que este año confirma, como pocos, que el género cinematográfico principal de nuestro cine debe ser el thriller. Más allá de grandes éxitos cómicos esporádicos (este año Ocho apellidos vacos, el enésimo Torrente y Mortadelo y Filemón) y de algún gran drama de autor consagrado, el thriller es el género que mejor conciencia, en España, el éxito económico y el artístico. 4 de las 5 películas nominadas este año al Goya a la Mejor Película son thrillers (Relatos Salvajes es un thriller/comedia negra). Sorprende, dado el respaldo que ha tenido el género tanto público como crítico, que de las últimas 10 ganadoras del Goya, sólo 2 hayan sido thrillers, Celda 211 (2009) y No habrá paz para los malvados (2011). Si en aquellos dos años, la Academia, reconoció el trabajo de dos maestros del género como Daniel Monzón y (sobre todo) Enrique Urbizu, este año, salvo monumental sorpresa, será el turno de otro de los grandes cineastas españoles de la última década, Alberto Rodríguez. Su La Isla Mínima está llamada hoy a arrasar, pudiendo llegar sus premios hasta los dos dígitos. Lo cual, no acabará por reflejar el fantástico año (creativamente hablando) del cine español. Pocas veces han estado nominadas a Mejor Película tres obras del nivel de La Isla Mínima, Relatos Salvajes y Magical Girl.

La Isla Mínima es un thriller brillante sobre el caldo de cultivo socio-político, que se ha ido cociendo poco a poco en este país hasta explotar en esta crisis sistémica que vivimos. De aquella España post-franquista, oscura, turbia, plagada de secretos y concesiones terribles, estos lodos de corrupción en los que andamos enfangados. Rodríguez mezcla esa España negra de los crímenes que quedan envueltos en una nebulosa, es decir, la España de las niñas de Alcáser, con una reflexión sobre ese monstruo que no hemos diseccionado correctamente llamado franquismo, y lo que obtiene es un film de primer nivel, sólido, visualmente fascinante (la fotografía de Alex Catalán posiblemente sea una de las mejores que se han hecho jamás en nuestro cine), que tiene algún altibajo narrativo (está mejor hecha que contada, en mi humilde opinión), pero que captura tu atención durante todo su metraje. No aporta nada nuevo, pero sigue puliendo ese thriller español tan necesario, a medio camino entre la autoría y la taquilla.

Relatos Salvajes ha sido una de las grandes sensaciones entre el público cinéfilo del último año. Los argentinos tienen un don para hacer films que obligatoriamente tienen que gustarle a todo el mundo (en mayor o menor medida). Si hace unos años parieron (también con dinero español) esa pequeña  y delicada maravilla llamada El secreto de sus ojos, este año nos traen una de las mejores comedias negras de los últimos años, a nivel global. Los brutales, desternillantes y demoledores relatos de Damián Szifrón, pintan un panorama de su país, esa Argentina en la que la corrupción es la norma, con la que espectadores de todo el mundo, y sobre todo nosotros, podemos sentirnos identificados. Ese estado de corrupción política y económica, pero también social y moral, se parece terriblemente al que nosotros padecemos cada día con más intensidad. En cuanto a los relatos en sí, en mi opinión van en un genial increscendo, de menor a mayor calidad, calado y diversión. El último, esa boda de niños bien, me ha regalado los minutos más graciosos y lapidarios del cine que he visto en 2014. Érica Rivas, esa diosa.

Magical Girl es la niña bonita de Twitter (y del Festival de San Sebastián, dónde ganó la Concha de Oro y el premio al mejor director), la película más valiente, radical y osada del año. Para los que ya conocíamos a Vermut gracias a la aún más salvaje y kamikaze Diamond Flash, ha sido la confirmación de que estamos ante el que será uno de los cineastas españoles más importantes de las próximas décadas. La consolidación de un genio con un mundo propio retorcido y fascinante. Este puzle de personajes rotos que se van rompiendo aún más los unos a los otros, que juega con las elipsis narrativas con esa brillantez que sólo la mala ostia y el respeto total por la inteligencia (y la imaginación) del espectador pueden proveer, es, sin duda, mi película española favorita de 2014 y una de mis películas favoritas del año en general.

El niño ha sido sin duda alguna el gran bluff del cine español de 2014. El equipo de Celda 211 rodeado por uno de los repartos más apabullantes de los últimos años (Tosar, Fernández, López, Lennie) acercándose a ese micro-mundo tan fascinante como peligroso de la frontera afro-española. Era un must see del año. Telecinco lanzó una descomunal campaña publicitaria durante el Mundial de Fútbol y la audiencia respondió, pero, más allá de los alardes técnicos (las secuencias marítimas son fantásticas), El niño es una película bastante vacía, con mecanismos de guion muy tópicos, muy descompensada en la densidad de sus dos tramas principales y que no termina de enganchar, más allá de las secuencias de acción y de los momentos más íntimos con Tosar, Fernández y Lennie de por medio. No es una mala película, simplemente es fallida, y no debería estar nominada en Mejor Película, dejando fuera a, por ejemplo, 10.000 km o Hermosa Juventud.

Me gustaría hablar ahora de Loreak, pero no me han dejado verla. No llegó a los cines más allá del País Vasco y las grandes ciudades estatales, no me la trajeron a Cineuropa (supongo que por indisponibilidad de copias) y en Filmin no se estrena hasta la semana que viene (¡qué decisión más inteligente!). Voy  a intentar no hablar de política. Pero son estos pequeños detalles los que indican que algo no funciona en España a nivel ya no sólo político, sino cultural. Loreak y A Esmorga (que se estrenará más allá de Galicia a partir de marzo (deduzco que más allá de Galicia significa Madrid)) son la demostración práctica de que todo aquel cine que no está hablado en castellano o catalán e impulsado desde Madrid o Barcelona, no existe. La eterna tensión sobre la que se ha construido el Estado de las Autonomías entre Madrid, como CCAA castellana más importante, y Cataluña, no deja sitio para nada ni nadie más, ni para ningún tipo de debate sosegado. No hay aire que respirar. Esto sin entrar en la vomitiva (no se me ocurre ninguna palabra mejor) cuestión del doblaje de las cintas españolas no habladas en castellano. ¿Es tan difícil asumir que España es un país tan rico, diverso y complejo? ¿Cuándo va a parar el proceso de castellanización de todo el país? España es un estado políticamente descentralizado, pero culturalmente centralista. Es muy triste, me jode y sí, al final he entrado en política.

Para terminar, tanto La Isla Mínima como Relatos Salvajes serían grandes ganadoras, pero al igual que el año pasado fui acérrimo defensor de La herida, este año lo soy de Magical Girl. Ahora, en verde mis apuestas y en rojo lo que yo premiaría:

Película: La Isla Mínima / Magical Girl
Director: Alberto Rodríguez por La Isla Mínima / Carlos Vermut por Magical Girl
Actor: Javier Guitiérrez por La Isla Mínima / Luis Bermejo por Magical Girl
Actriz: Bárbara Lennie por Magical Girl / Bárbara Lennie por Magical Girl
Guion original: Carlos Vermut por Magical Girl / Damián Szifrón por Relatos Salvajes
Guion adaptado: Javier Fesser, Claro García y Cristóbal Ruiz por Mortadelo y Filemón contra Jimmy el cachondo / Carlos Asorey e Ignacio Vilar por A Esmorga
Actor de reparto: José Sacristán por Magical Girl / José Sacristán por Magical Girl
Actriz de reparto: Carmen Machi por Ocho Apellidos Vascos/ Carmen Machi por Ocho Apellidos Vascos
Fotografía: Alex Catalán por La Isla Mínima / Alex Catalán por La Isla Mínima
Montaje: José M. G. Moyano por La Isla Mínima / Pablo Barbieri y Damián Szifrón por Relatos Salvajes
Música original: Julio de la Rosa por La Isla Mínima / Julio de la Rosa por La Isla Mínima
Dirección novel: Carlos Marques-Marcet por 10.000 km / Carlos Marques-Marcet por 10.000 km
Actriz revelación: Nerea Barros por La Isla Mínima / Natalia Tena por 10.000 km

Actor revelación: Dani Rovira por Ocho Apellidos Vascos / David Verdaguer por 10.000 km

miércoles, 4 de febrero de 2015

La hora televisiva de las mujeres negras

EMPIRE/ SCANDAL/ HOW TO GET AWAY WITH MURDER


Frases y atuendos lapidarios non-stop

Los tres dramas con mejores datos en los demográficos de la televisión actual (más allá del fenómeno The Walking Dead) son tres series en abierto que combinan con astucia, thriller, culebrón y drama. Pero lo más llamativo de estas tres series es que sus protagonistas son mujeres. Y además negras. Estas tres ficciones son Empire, Scandal (Escándalo, para los amigos)  y How to get away with murder. Y sus protagonistas, Taraji P. Henson, Kerry Washington y Viola Davis, respectivamente. La mujer negra siempre ha sido una gran olvidada por parte del audiovisual americano. Lo cual es bastante lógico si tenemos en cuenta que tanto los negros por un lado, como las mujeres por el otro, han sido ninguneados históricamente, sobre todo en la televisión. Sin duda en los últimos años esto está cambiando a gran velocidad. Cuando en 2011 The Help, de Tate Taylor (y co-protagonizada por Davis), se convirtió en un éxito brutal de taquilla y de apoyo popular (nominaciones al Oscar incluidas), Hollywood pudo constatar que efectivamente el público estaba interesado en ver historias protagonizadas por mujeres afroamericanas. Lo que han hecho FOX y ABC, ha sido colarse por esa ranura y ampliarla hasta convertir a estas tres series en fenómenos de audiencia.

Pero la forma de presentarnos a la mujer afroamericana actual en estas tres series es muy diferente. Si en las series de Shondaland, Scandal y How to get away with murder, tanto la cuestión de género, como sobre todo la racial, están más diluidas, en Empire, ambos temas, sobre todo el racial, tienen una gran importancia narrativa. Esto no quiere decir que a Shonda Rhimes y sus asociados no les interesen estos temas, simplemente que han decidido que sus series no pivotarán sobre los mismos. Scandal y Murder serían completamente distintas si sus protagonistas fueran hombres, sobre todo en el caso de la primera, dónde el género es relevante en más de una ocasión. En cuanto al debate racial, en Scandal se ha apuntado en alguna ocasión, pero nunca ha sido relevante, y en Murder es inexistente. Scandal cambiaría un poco si su protagonista fuera blanca, Murder no, salvo por el recurso dramático de la peluca. Ambas series han seguido el modelo iniciado por la fundacional Grey’s Anatomy, “no hablemos de racismo, presentemos a negros en situación de poder”. No hace falta conocer mucho a Shonda Rhimes para saber que le preocupan tanto los problemas de género (y muchas veces relacionados con lo sexual) y el conflicto racial. Pero su aproximación a los mismos no es a través de la confrontación, sino del discurso normalizador.

Frente a esta postura, o visión, si se quiere, Lee Daniels y Danny Strong (un homosexual negro y un heterosexual blanco) han decidido articular su serie en torno a la cuestión racial. Y lo han hecho sin andarse con rodeos, de hecho Empire resulta refrescante porque muchas veces entra en sus dilemas como un elefante en una cacharrería. Para la historia ya ha quedado la secuencia en la que uno de los hijos de los protagonistas dice que Obama es un negro de mierda. Ese desparpajo, esa falta de vergüenza (incluso a veces a mí me la da ajena) la hacen muy divertida y muy provocativa, lo cual desde luego explica su enorme éxito, sobre todo entre la población afroamericana. Y dentro de todo el circo que es ese clan familiar muy turbio y muy pasado de rosca, brilla con luz propia Cookie, el personaje de P. Henson, esa madre manipuladora y desbocada que sacrificó casi veinte años de su vida yendo a la cárcel para que su marido pudiera crear el imperio musical que da nombre a la serie. 

Si en el universo de Shonda las mujeres negras son de clase alta, profesionales liberales de reconocido prestigio y que se han educado en la Ivy League, en Empire, su mujer protagonista es una chica del barrio ambiciosa, deslenguada, irreverente y brutalmente honesta y mal educada. Lo interesante de estos dos perfiles de mujeres tan diferentes es que ambas, tanto las pulcras chicas de Shondaland (aunque unas delincuentes de mucho cuidado, ojo) como la navajera de Daniels y Strong, pretenden llegar al mismo sitio: el éxito. Obviamente, cada una con sus armas, casi todas muy cuestionables moralmente, lo cual es también muy enriquecedor, ya que los anti-héroes siempre son hombres. A modo de conclusión, el éxito en audiencia de estas tres series, abiertamente generalistas y de masas, me parece algo de lo que nos debemos alegrar, más allá de la calidad de las mismas (las tres son bastante trash, yo las disfruto mucho, pero intento no tomármelas muy en serio). No sólo porque giren en torno a poderosas mujeres negras, sino también porque muestran el lado oscuro de las mismas. Algo está cambiando. A mejor.

sábado, 31 de enero de 2015

No es país para tanta oscuridad

LOS OSCAR 2014 / 2


El hombre perdido en la propia niebla que genera

Si en el anterior post sobre los Oscar de este año, hablé sobre la representación de las minorías, hoy vengo a pronosticar que cuando echemos la vista atrás, recordaremos 2014 como un gran año para los dramas americanos que cuestionan al dichoso sueño americano. Y esta enorme cosecha no está justamente representada en los Oscar. Nightcrawler, Gone Girl y A most violent year suman entre las tres, 2 nominaciones (Pike y el guion de Gilroy). Foxcatcher ha logrado 5 nominaciones, incluidas director, actor, secundario y guion, pero se ha quedado fuera de mejor película. Sólo Whiplash, el sueño americano convertido (literalmente) en sangre, sudor y lágrimas, he llegado a la categoría reina, aunque su director, el nuevo niño talento que ha surgido en el cine USA, Damien Chazelle, no ha logrado la nominación. Frente a ellas, la Academia ha nominado hasta 4 (es decir, la mitad) films que observan el pasado con benevolencia: American Sniper (la Guerra de Irak), The Imitation Game (la II GM y la posguerra), The Theory of Everything (la segunda mitad del S. XX) y The Grand Budapest Hotel (la Europa pre - I GM). Completan el Big 8, Birdman, una mirada incisiva sobre el mundo del espectáculo en particular, y nuestras sociedades en general; Selma, un buen estudio de caso sobre la lucha por los derechos civiles en los años 60 en Estados Unidos; y la favorita, Boyhood, que nos habla de la turbulenta década pasada en Estados Unidos, tanto en el plano cultural como en el sociopolítico, desde una perspectiva crítica pero optimista, luminosa.

Que la Academia haya decidido minusvalorar a los grandes thrillers americanos del año, y en cambio se haya volcado con películas cuquis, no debería sorprendernos. El año pasado fue un oasis en el desierto. Es verdad que en los últimos Oscar venció un drama muy crudo sobre la esclavitud y que entre las nominadas había filmes bastante duros, como The Wolf of Wall  Street, sobre los excesos del mundo financiero o Dallas Bayers Club sobre el SIDA, la homofobia, el Gobierno, y las farmacéuticas. Pero en la edición anterior, la complaciente Argo se impuso a películas bastante complejas o críticas, como Zero Dark Thirty o Django Unchained; y en la de 2011, la de The Artist y Hugo, la selección de films nominados no podía ser más blanca, más allá de The Tree of life, que aún así no era un thriller desesperanzador, ni mucho menos. Teniendo en cuenta esto, no deberíamos estar sorprendidos. Sin embargo, yo lo estoy. Por un lado, porque estas películas de la América sucia me han gustado mucho, han conseguido capturar mi atención, hacerme pensar. Y por otro lado, porque The Imitation Game me da mucha rabia, como ya había dicho anteriormente, The Theory of Everything me parece una película muy menor (lo cuqui-británico no me representa), y creo que American Sniper es una película fallida y maniquea, que evita meterse en todos los charcos y que ni siquiera trata la cuestión de los veteranos con hondura.

La frustración aumenta también porque esta cosecha de thrillers psicológicos (en mayor o menor medida todos lo son), me recuerda mucho al cine de los años 70. De hecho Nightcrawler y A most violent year huelen más a Scorsese que gran parte de las últimas películas que el maestro ha dirigido. A nadie se le escapa que quizás la década de los 70 fuera la más rica y viva del cine americano. Aquella década de la generación que cambió Hollywood, que diría Peter Biskind, compuesta por el propio Scorsese, Coppola, Cimino, Hooper, Bogdanovic, Friedkin, Spielberg o Lucas. En aquellos años, lograron el Oscar a la mejor película los dos primeros Godfather, The French Connection, The Deer Hunter (la comparación con American Sniper es terrible para el film de Eastwood) y One flew over the cuckoo’s nest. Y entre las nominadas estuvieron films como Network, Taxi Driver, All the President’s Men (las tres perdieron frente a Rocky, todo sea dicho), Apocalypse Now, Dog day afternoon, Norma Rae, Coming home, Nashville, Jaws, The Last Picture Show o All that jazz, por citar sólo algunas películas americanas nominadas en aquella época (ya no voy a incluir a Cries and Whispers o A Clockwork Orange). Esto no quiere decir que no hubiera en aquella época películas cuquis o menores nominadas, claro que las había, films como A touch of class (¿quién dijo cuqui-británico?). Pero los thrillers oscurísimos no se veían arrinconados. Las películas valientes, osadas, tenían tanta presencia como los filmes más clásicos, más tradicionales. Quizás esté cayendo, paradójicamente, en la misma estrategia que le critico a la mitad de películas nominadas este año: ser demasiado benevolente con el pasado, pero de verdad creo que es preocupante que la Academia corriera más riesgos en 1979 que en 2015.

Aquel terriblemente hermoso New York, New York

Dicho todo esto, quiero dejar claro que no niego el avance que ha hecho la Academia en los últimos tiempos. Es obvio que en la última década, las películas nominadas al Oscar han sido más oscuras, complejas, arriesgadas y relevantes que sus homónimas de décadas pasadas (los 80 y los 90). Que la mayoría aplastante de filmes academicistas de antaño ha dejado paso al cine independiente y al cine de autor. En los 80, No country for old men y The Departed no hubieran ganado el Oscar a la mejor película. Whiplash no hubiera logrado 5 nominaciones, incluida mejor película, y ni Boyhood ni Birdman serían las favoritas de cara a la victoria en 1997. Cuando critico las ausencias del resto de grandes thrillers americanos del año, no quiero decir que yo los hubiera nominado. Sí hubiera metido, sin duda, a Gone Girl y Foxcatcher (además de a Whiplash, claro) y quizás a la aséptica A most violent year, pero no creo que Nightcrawler sea una de las 10 mejores películas del año. Sin embargo, sí creo que es mejor y más interesante que las tres películas nominadas que critiqué brevísimamente antes. Y sobre todo, sin ser una gran película, sí que arroja una visión punzante sobre nuestro tiempo. Últimamente reflexiono mucho sobre esto último, lo valioso que resulta poder ver buenas películas que nos ayuden a explicar en qué punto de la historia nos encontramos, cómo son nuestras sociedades, hacia dónde nos dirigimos. Y creo que los Oscar también deberían servir para eso. Para que cuando en 2050 miremos a las nominadas de 2014, podamos ver nítidamente cómo éramos por aquel entonces, y lo jodidos que estábamos.