lunes, 15 de septiembre de 2014

A punto de explosionar

THE KNICK y MANHATTAN


De los estrenos seriéfilos de este verano, casi toda la atención se ha centrado en dos. Por un lado en el regreso de Damon Lindelof a la televisión de la mano de HBO con el drama existencial (¿?) The Leftovers. Y por otro lado, en Halt and catch fire, el drama sobre los pioneros de la informática que ha permitido a AMC apuntarse su primer tanto (en cuanto a calidad) en bastante tiempo. Ambas series con sus personajes atormentados han eclipsado (en cuanto a visibilidad) a otros dos estrenos que nada tienen que envidiarles (en cuanto a excelencia): el drama médico-histórico The Knick emitido en el canal secundario de HBO: Cinemax; y el drama científico-histórico Manhattan, segunda serie de producción propia de WGN America, tras el fracaso en cuanto a críticas de su primaveral Salem. Estas cuatro ficciones del cable, han sido junto con la británica The Honourable Woman, y las veteranas The Killing, Orange is the new black, Rectify y Masters of Sex, lo más interesante de la época estival. Y por lo tanto las primeras series destacables de la temporada televisiva 2014-2015.

Cirugía en la incubadora

Tras el éxito cosechado por su telefilm Behind the candelabra, el oscarizado director Steven Soderbergh se vuelve a asociar con la HBO, pero esta vez para lanzar una serie que sitúe a su segundo canal, Cinemax, en el mapa de las televisiones de calidad. El proyecto elegido es The Knick, la aséptica y gélida aproximación de Soderbergh al mundo de la cirugía en el Nueva York de principios del S.XX. El director de Traffic y Erin Brockovich dirige los ocho capítulos de esta primera temporada (ya está renovada para una segunda), repitiendo la jugada del último vencedor del Emmy a mejor director, Cary Fukunaga (True Detective). Soderbergh dirige The Knick, precisamente como un cirujano se adentraría en el corazón de un paciente. Con distancia, con precisión y de la forma más aséptica y fría posible. Casi parece que en lugar de mover la cámara, estuviera operando a los guiones. Una apuesta formal arriesgada, que lleva el estilo de sus últimos dramas con connotaciones médicas (Contagion y Side Effects) a un nivel de riesgo y osadía estética mayor. Desde luego se nota su impronta.

Por lo demás, The Knick presenta un mundo que poco se asemeja al que las ficciones protagonizados por médicos nos tienen acostumbrados. No se anda, además, con paños calientes. Es una serie desagradable cuando necesita serlo para potenciar el mensaje de que la medicina aún estaba en pañales. Si Halt and catch fire nos presentaba el nacimiento de los ordenadores personales, The Knick nos muestra el amanecer de la medicina moderna. La sangre, las entrañas y las drogas bailan entre sí hasta envolvernos en una atmósfera que es a la vez hiperrealista y pesadillesca. Clive Owen consigue dotar al protagonista de una presencia imponente, hay un puñado de secundarios interesantes (el gestor del hospital, el cirujano negro), y además aborda con bastante crudeza la discriminación racial (y la económico-social) de una sociedad aún primitiva. En un panorama televisivo cada vez más congestionado, el principal mérito de The Knick es el ser una ficción diferente, con un estilo tanto narrativo como visual muy reconocibles.

El hombre es una bomba para sí mismo y para quienes lo rodean

Ayer mismo, The Imitation Game, la gran apuesta de The Weinstein Co. de cara a la venidera temporada de premios cinematográficos se alzó con el premio del público en el Festival de Toronto, el gran escaparate crítico e industrial de los filmes de cara a los Oscars. La película combina una vertiente científica (Alan Turing, el matemático), una bélica (II Guerra Mundial), una de espionaje (de las propias autoridades a sus trabajadores de cara a descubrir a topos) y una emocional (la homosexualidad del protagonista). Exactamente este mismo combo de elementos es el que sustenta Manhattan, la serie que posiblemente más me ha interesado en los últimos meses. Esta ficción creada por Sam Shaw (que antes había escrito capítulos de Masters of Sex como los fantásticos Catherine y Fallout), está ambientada en la ciudad-campamento en medio del desierto que levantó USA para alojar a los científicos que debían dar a luz a la bomba atómica. Estamos, por lo tanto, chapoteando en medio de una II Guerra Mundial, que los aliados aún no tenían a favor, con dos equipos de científicos internamente enfrentados, y que a su vez necesitan construir la bomba antes que sus homólogos nazis. Una carrera desesperada por la supervivencia.

Manejando conceptos y razonamientos científicos que obviamente se le escapan al espectador medio, Manhattan ha sido capaz de crear un drama muy poderoso apoyándose en los demás elementos (el psicológico de sentirse atrapado, el emocional de estarlo), construyendo un conjunto de personajes muy interesante. Además de centrarse en los propios científicos, es capaz de dotar de profundidad a sus mujeres, envolviéndonos en sentimientos tan oscuros como el miedo, la paranoia o la frustración. Más que un drama sobre la bomba atómica, Manhattan es un drama sobre los seres humanos que volcaron sus entrañas en el alumbramiento de la misma. Con su factura casi de western post-apocalíptico, la serie logra transmitir esa sensación de aislamiento y control absoluto que atenaza a sus personajes. La lectura política que hace de las estrategias del gobierno americano, ahondan en ese desasosiego vital pero también social. En tiempos de guerra, la libertad es un bien sacrificable. Lejos de presentarnos a unos héroes, lo que aquí tenemos son hombres atormentados. Lejos de hablar de un país que lucho por la libertad, ponen en duda las decisiones tomadas por los altos mandos militares, políticos y científicos americanos. No estamos ante un cantar de gesta. Eran tiempos oscuros. Muy oscuros.

sábado, 13 de septiembre de 2014

Una bocanada de vida

BOYHOOD 


Leyendo a Harry Potter. He estado ahí.



Tras más de medio año de ruido desde su estreno en el Festival de Berlín, por fin se ha estrenado en España Boyhood, el film que Richard Linklater rodó a lo largo de 12 años, capturando el paso del tiempo el rostro y la mentalidad de un niño, al que da vida el apagado Ellar Coltrane. Y lo que ha logrado ha sido un conjunto de retazos de vida, de secuencias desbordantes de energía, sentimientos y magia. Cosidas con una sabiduría y una naturalidad pasmosas, las transiciones no podrían ser mejores, no podrían ser más indelebles. Boyhood es una panorámica no sólo de la infancia y la adolescencia, sino también de la propia familia como institución social básica. Si el niño (y en menor medida su hermana, Lorelei Linklater, que se va diluyendo con el paso del metraje) es el centro, sus padres, interpretados por los fantásticos Patricia Arquette y Ethan Hawke, son el motor que hace avanzar el film. Al final la vida de un niño hasta que se convierte en un adulto, está totalmente condicionada por las decisiones de sus padres. Su vida no es, en cierta forma, del todo suya, sino más bien un apéndice de la de sus progenitores.

También es, además de un retrato de dos épocas vitales (la infancia del niño, la crianza de los hijos de los padres), un retrato de una época, de la década de los 2000, de esa América post 11-S, corroída por el miedo y la paranoia. Linklater usa un puñado de secuencias para filmar una enmienda a la totalidad del bushismo y a la vez para plasmar la esperanza que suponía la llegada de Obama. Quizás le faltó, en el tramo final, una reflexión sobre la decepción que la presidencia de este último ha supuesto. En esta línea, nos presenta qué es ser un liberal en Texas, y con muy pocos elementos dibuja las líneas maestras del Estado, no juzgándolo, sino queriéndolo. La Texas de Linklater no es una marioneta de la que mofarse, es un territorio palpable, con su amor por la II enmienda, su cristianismo, sus paisajes hipnóticos, sus pueblos y sus ciudades. Quizás sólo un texano liberal como él podía presentar al Estado con tanta hondura desde un discurso muy sencillo. La secuencia de los paisanos texanos funciona porque no los juzga, simplemente muestra como son, que creas en las armas como tradición familiar no te hace mala persona. No enarbola ni un discurso a favor ni en contra, simplemente nos muestra cómo es una familia texana tradicional. No hay soflama panfletaria, simplemente una estampa más de la vida.

Boyhood es ante todo, una película tranquila. Un relato que discurre con ritmo pausado. Tiene momentos de fuerte carga dramática, casi todos ligados a Patricia Arquette y su relación con los hombres. Pero es tan naturalista y se toma tanto tiempo para pintar la vida de esta familia que no funciona por acelerones bruscos o cambios de ritmo. Es capaz de destrozarte el corazón pero también de insuflarte ganas de vivir. A pesar de hablar del alcoholismo y la violencia es una película optimista, luminosa. Tanto Arquette como Hawke empiezan el film a la deriva y lo terminan encontrándose a sí mismos, la historia de cómo dos personas maduran a lo largo de 12 años hasta cambiar sus vidas por completo. El mensaje final es que la vida no es más que barro que tú mismo moldeas. El hombre es dueño de su propio destino. Y como la vida no es más que lo que ya has vivido y lo que te queda por vivir, es puro potencial transformador. Pura esperanza. Por eso cuando sales de verla, tienes mucha más fe en el ser humano que cuando entraste al cine. Boyhood es un film que te hace creer en que mañana será un día mejor, que uno sólo tiene que quererlo de verdad, quererse de verdad a uno mismo. Tenemos toda nuestra vida por delante. Vivámosla.

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Vivir es difícil con estos mínimos plazos


Esta mañana la Academia española de cine ha dado a conocer la terna de 3 películas que lucharán por ser el film preseleccionado por España para la categoría de mejor película de habla no inglesa en los próximos Oscars. Las elegidas han sido la última vencedora en los Goya, Vivir es fácil con los ojos cerrados de David Trueba, la triunfadora en el último Festival de Málaga, 10.000 km, ópera prima de Carlos Maqués-Marcet, y El niño, actual número 1 en la taquilla española, un thriller de Daniel Monzón. Una terna, por lo tanto, bastante lógica y coherente (no como el año pasado con el querejetazo), y más conociendo el consevadurismo académico. Sin embargo, las primeras críticas no se han hecho esperar. La principal de todas ellas gira en torno a la ausencia de La isla mínima, de Alberto Rodríguez en el grupo de seleccionables. El thriller, que es una de las películas más esperadas del cine español de este año, se estrenará en Donostia en unos días, y aunque fue visionada por académicos en pases especiales, no ha logrado colarse. Obviamente, sin haber visto la película, es difícil criticar la decisión de la Academia con argumentos, en realidad estamos ante una indignación construida sobre un futuro hipotético: el de que la cinta sea tan buena como muchos esperamos. Desde principios de año tanto La isla mínima como Magical Girl de Carlos Vermut, eran las dos películas españolas que con más ansia esperaba, por ello no verlas en la preselección española me decepciona, pero aún no sé si la Academia erró o no. Por un lado quiero creer que sí, por otro, prefiero pensar que no. Lo cierto es que en los últimos años, sólo una vez, la película enviada al Oscar en septiembre fue la misma que terminó vendiendo en febrero en los Goya: Blancanieves de Pablo Berger.

A cinco años vista

2010
Preselección Oscar: El baile de la victoria
Goya Mejor Película: Celda 211 (terna Oscar año siguiente)

2011
Preselección Oscar: También la lluvia
Goya Mejor Película: Pa Negre (terna Oscar año siguiente)

2012:
Preselección Oscar: Pa Negre
Goya Mejor Película: No habrá paz para los malvados

2013:
Preselección Oscars: Blancanieves
Goya Mejor Película: Blancanieves

2014:
Preselección Oscar: 15 años y un día
Goya Mejor Película: Vivir es fácil con los ojos cerrados (terna Oscar año siguiente)

En el último lustro, 4 de las 5 películas ganadoras del Goya al mejor film han competido en el Festival de Donostia. Sólo la taquillera Celda 211 no lo hizo. Mientras que de las preseleccionadas por España para los Oscar, sólo 2 se estrenaron también en Donostia. Siendo curioso el caso de Pa Negre que fue seleccionada al año siguiente de su estreno tras su rotunda victoria en los Goya, algo que le puede pasar también este año a Vivir es fácil con los ojos cerrados, film que no poca gente ve como el favorito a ser el nombre que se anuncie el próximo día 25 de septiembre.

Por otra parte, mientras Pa Negre o Vivir es fácil, entraron en la terna del año siguiente, otras películas que se estrenaron también en Donostia, como Blancanieves o Caníbal, lo hicieron en su mismo año. Gracias a pases previos a los académicos, envío de dvd’s etc. Quizás la Academia debería poner orden en esta cuestión. Establecer unas reglas más claras, favorecer que las películas, especialmente las que aún no se han estrenado porque competirán por la Concha de Oro, puedan competir en igualdad de condiciones a pesar de tener el hándicap de no poderse haber estrenado aún.

A nuestro cine le conviene que en su festival más importante compitan algunas de las mejores cintas del año, pero también poder elegir para enviar a los Oscar entre lo mejor que hemos producido en cada hornada de cine. Sin embargo, a pesar de los problemas (y amiguismos en un mundo tan pequeño) del proceso de selección (de los que también adolecen los propios Goyas), es verdad que el proceso está fuertemente condicionado por dos causas. Por un lado Donostia no puede adelantarse en el calendario, al verse precedida por Venecia, Toronto y Telluride. Y por otro lado, y sobre todo, los estrictos y reducidos plazos de la Academia americana para recibir las propuestas enviadas para competir por el Oscar de habla no inglesa. Este año, por ejemplo, el plazo termina el 30 de septiembre. 3 meses antes de que termine el año. Y esto genera una serie de problemas en las grandes cinematografías de habla no inglesa (Francia, Italia, Alemania, España, Canadá, los países escandinavos, México, Argentina, Brasil…), los productores tienen que decidir si les compensa estrenar sus películas antes para contar con más opciones de ser seleccionadas por sus países, o estrenar a lo largo del otoño, cuando las posibilidades de sus films en las taquillas nacionales son más halagüeñas. El año pasado, la favorita al premio de mejor film de habla no inglesa, La vie d’Adèle, no pudo ser seleccionada por Francia porque sus productores se negaron a adelantar el estreno del film, considerando que les traería menos beneficios esa nominación (e incluso victoria) que el dinero que pensaban que harían en la fecha de estreno establecida.

Además, estos plazos enturbian los procesos de selección, al escoger los países películas que a menudo aún no se han visto en sus cines o en sus festivales nacionales frente a otras que sí. Debido en gran parte a que estos films han triunfado en festivales internacionales como Cannes, Berlín o Venecia. Aquí, en los últimos 5 años ha pasado, 2 veces con El baile de la Victoria y También la lluvia. Y en nuestro caso, pueden votar todos los académicos, pero en otros países seleccionan las películas comités, y no es la primera vez que se denuncian amaños o interferencias gubernamentales. Por lo tanto, el actual proceso de selección de las nominadas a los Oscar, no causa problemas sólo a España, aunque aquí tengamos el añadido de que el Festival de Donostia sea posterior a la primera selección y que transcurra antes y durante la ronda final. Es un problema global que en última instancia perjudica a la propia categoría, al nivel de la misma.

Frente a los argumentos de los países para justificar que se alargara el plazo de selección. Desde Estados Unidos, la Academia puede esgrimir que los comités que forma para ver y escoger la terna de 9 films que lucharán por la estatuilla necesitan todo ese tiempo para realizar su trabajo. Que la cantidad de films que les llega cada año es más ingente. 76 films el año pasado. Sin embargo, si constituyen 3 comités, que vean entre 20-30 films cada uno, ¿no pueden elaborar la terna durante el mes de diciembre? Se nos dice que estos académicos son gente mayor que no trabaja a menudo y que por lo tanto tiene tiempo libre para dedicarse a ello. Si es así, ¿no les pueden pagar la estancia en un balneario 10-15 días y proyectarles 2 films cada día? Teniendo así la terna preparada para el inicio de las votaciones de las nominaciones al Oscar. ¿No ganaríamos todos con un proceso con unos plazos más amplios y menos rígidos? Sin embargo, va a ser bastante complicado que llegue a pasar. ¿Por qué la Academia americana va a invertir más dinero, recursos y complicarse más a la hora de llevar a cabo el proceso en la única categoría que su cine no puede competir? Y en esas estamos, quizás en un callejón sin salida de cara a mejorar la lucha por este premio.


PD: Tanto porque es la que más me gusta como porque creo que es la mejor opción de cara a los Oscars, yo votaría a 10.000 km.

Sólo podíamos caer

THE LEFTOVERS - Primera temporada


¡Peligro! ¡Spoilers sueltos!





Ha terminado ya la primera temporada de The Leftovers, el regreso de Damon Lindelof a la televisión, acompañado de Tom Perrotta (escritor de la novela que adapta la serie) y de la mano de la sacrosanta HBO. 10 capítulos en los que la serie ha pasado de ser una ficción tibia, simplemente correcta, incluso algo superficial, a convertirse en un drama de personajes con tintes de thriller psciológico y de fondo calado humano. Abundan en estos tiempos de crisis de las sociedades occidentales muchos productos audiovisuales sobre el advenimiento del Apocalipsis, ahí están, por ejemplo, The Walking Dead, la serie más vista de la televisión americana, o The Strain, uno de los estrenos de verano que más ruido ha generado. Sin embargo, el colapso que presenta The Leftovers es de otro tipo, más interno que externo. Frente a la llegada de elementos (o seres) externos que hacen explotar las costuras de la sociedad, en la serie de Lindelof, es la desaparición de una parte de esa sociedad la que causa el colapso del sistema. Del sistema moral, sobre todo.

Pero los problemas de esa civilización enferma no surgieron tras “el incidente”. Los problemas, como nos dijo el 1x09, cínicamente titulado The Garveys at their best, estaban ahí, quemando el interior de unas almas en suplicio. Los protagonistas de The Leftovers ya estaban precipitándose contra el vacío antes de que parte de sus seres queridos los dejaran atrás, de que parte de la humanidad se volatilizara ante sus ojos. Estaban derrumbándose por dentro. Convertirse en los restos del mundo simplemente exteriorizó sus problemas y eliminó cualquier posibilidad de control de daños. Lo que eran pequeños dramas individuales se convirtieron en un gran drama colectivo sobre una sociedad aturdida que no sabe ni quién, ni qué está haciendo ni hacia dónde se dirige. En este nuevo mundo, igual en apariencia al nuestro, pero más echado a perder, en esta ligera distopía, las sectas y los líderes mesiánicos crecen como setas. Frente a la gente que no puede recordar, que no puede afrontar su dolor, están los que no pueden olvidar, los que no pueden liberarse del mismo. El espacio público pasa a convertirse en un campo de batalla en el que la comunicación ha dejado paso a la confrontación, a la ira.

The Leftovers ha terminado convirtiéndose en una serie relevante porque ha sabido crear una galería de personajes interesantes, los ha tratado con respeto, intentando que sean ellos mismos los que se juzguen a sí mismos, y no sus creadores o nosotros, los espectadores. Efectivamente Lindelof y compañía han creado un poderoso drama de personajes, en el que los misterios no importan lo más mínimo. Es una serie sobre el dolor y el miedo. El dolor de vivir y el miedo a vivir. Maneja temas terribles con tacto, con una elegancia visual digna de ser reconocida, con un reparto muy bien escogido, y con unas tramas bien hiladas, salvo quizás la del hijo del protagonista, las mujeres asiáticas y el hombre de los abrazos. Es cierto, eso sí, que en la primera mitad de la temporada, la serie adolecía de dirección, de empuje, y que sólo el sensacional tercer capítulo (Christopher Eccleston lo bordó), y las secuencias de arranque de los episodios, nos mostraron que estábamos ante una serie a tener en cuenta. Ante un gran drama de HBO.

Pero no es menos cierto que en la segunda mitad sólo falló un capítulo, el séptimo, de mera transición. El sexto, el capítulo embotellado de Nora en NYC, es, de hecho, mi favorito. Juega a su favor que Nora es el personaje que más me interesa, que más me quema en las manos, con el que me puedo identificar más. También juega a su favor, claro, que Carrie Coon es un vendaval de carisma, fuerza y dotes interpretativas. Desde luego la revelación de la serie. Esta mujer tiene un gran futuro por delante. Puede llegar a ser una gran actriz. Puede llegar a comerse el mundo. Por su parte los tres últimos (Ann Dowd está extraordinaria en el 1x08), cargaron de matices al protagonista de la serie, interpretado con mucha solvencia y presencia por Justin Theroux, y a su familia, sobre todo a su mujer, una fantástica Amy Brenneman. Entre ensoñaciones y flashbacks buceamos en sus almas, en sus relaciones, en sus espirales de autodestrucción. Al final la serie enfocó al desgarro. Y ese desgarro que se produjo el día en que el 2% de la población desapareció terminó degenerando en ese final cuasi-apocalíptico entre llamas y muerte que no presentó el 1x10, The Prodigal Son Returns, una especie de viaje catártico para el protagonista a través de su propia mente. Al final, cuando todo va a la deriva, lo único que nos espera es el caos, el lobo es un lobo para el hombre, el odio, la rabia. Tiene esta season finale 6 minutos finales de una belleza que recuerda ligeramente al cine de Terence Malick. Con ese trágico monólogo de Carrie Coon, tras arrancar con el plano más letal de la serie hasta el momento, esa reunión familiar de plástico. Pero al final, tras tanta destrucción, nos regalan un rayito de esperanza, con ese bebé, con esa frase final de Nora: “Look what I found”. 

jueves, 4 de septiembre de 2014

La Academia que no ama a una generación de directores americanos

De los últimos 5 ganadores del Oscar al mejor director sólo una es americana, Kathryn Bigelow, la primera mujer en conseguirlo. Bigelow pertenece a una generación de cineastas norteamericanos que comenzaron a dirigir a finales de los 70 y principios de los 80, como los hermanos Coen (a medio camino entre esta generación y la siguiente), Ron Howard, Jonathan Demme, James Cameron, Robert Zemeckis o Oliver Stone. Todos ellos ganadores del Oscar. Sin embargo la Academia ha evitado reconocer a los directores americanos que comenzaron sus carreras a finales de los 80 y a lo largo de los 90. Salvando los particulares casos de Mel Gibson y Kevin Costner, sólo uno, Steven Soderbergh ha ganado el máximo premio de dirección.

Toda una generación brillante de cineastas yankees que han llevado a la filmografía del país al nuevo milenio espera reconocimiento. Algunos de los directores que entran en este grupo son Quentin Tarantino, David Fincher, Paul Thomas Anderson, Wes Anderson, Richard Linklater, Darren Aronofski o Alexander Payne. De hecho el vacío que les ha hecho la Academia va más allá de los premios, hasta llegar a las propias nominaciones. De los que he nombrado el que más ha conseguido como director hasta ahora es Alexander Payne que suma 3 (Sideways, The Descendants y Nebraska), le siguen con 2, Tarantino (Pulp Fiction e Inglorious Basterds), Fincher (The curious case of Benjamin Button y The Social Network) y el único ganador, Soderbergh, que consiguió sus dos nominaciones el mismo año (Traffic, por la que venció, y Erin Brockovich). Paul Thomas Anderson sólo tiene una (There Will Be Blood), al igual que Darren Aronofski (Black Swan), mientras que Richard Linklater aún no ha sido nominado, siendo uno de los favoritos para entrar en el quinteto este año gracias a Boyhood. Por todo esto, este 2014 quizás sea el año en que por fin la Academia se rinda a un cineasta americano que haya irrumpido en los últimos 25 años.

De hecho, al abarcar un periodo de tiempo tan grande, más que hablar de una generación, deberíamos hablar de varias generaciones que se han superpuesto en la vanguardia del cine estadounidense. A la generación de los autores de los que he hablado antes, hay que sumarle la de los cineastas que comenzaron a dirigir en torno al año 2000 y en el primer lustro del nuevo milenio. Directores como Spike Jonze (1 nom), M. Night Shyamalan (1 nom), Jason Reitman (2 nom), Bennett Miller (2 nom), Sofia Coppola (1 nom) o incluso George Clooney (1 nom). Es más, podríamos ir más allá y perfilar a un nuevo grupo de directores que ha comenzado su carrera en los últimos años, gente como Jeff Nichols, J.C. Chandor, Cary Fukunaga, Benh Zeitlin (1 nom) o desde otras coordenadas Ben Affleck que aunque logró que su Argo se llevara el máximo galardón hace dos años él no fue ni nominado a mejor director.

La falta de reconocimiento por parte de la Academia a estos artistas es más sangrante si tenemos en cuenta que en los últimos 20 años sí que ha premiado a directores extranjeros coetáneos a los cineastas de los que acabamos de hablar. Ang Lee tiene 2 Oscars en su estantería (Brokeback Mountain y Life of Pi), mientras que Danny Boyle, Alfonso Cuarón, Tom Hooper, Sam Mendes, Michel Hazanavicius, Anthony Minghella y Peter Jackson poseen uno cada uno. El balance es demoledor. Así se entiende también lo apuntado al inicio, que sólo una de los 5 últimos vencedores sea americana.

En cambio, por su labor de guionistas, estos cineastas sí que han tenido una fuerte presencia en los Oscar, llegando a ganar unas cuantas estatuillas en la última década. De hecho el año pasado Spike Jonze venció por Her en guion original aunque no fue nominado (injustamente) como director. Payne ha ganado 2 veces (Sideways y The Descendants), Tarantino otras 2 (Pulp Fiction y Django Unchained), Coppola una (Lost in translation). Mientras que cineastas como Paul Thomas Anderson, Jason Reitman, Richard Linklater o Wes Anderson han sido nominados varias veces en algunas de las dos categorías de guiones. Dicho lo cual y centrándonos en este año, voy a hacer un repaso de cuáles son los directores con opciones de romper el bloqueo de la Academia y cuáles son sus principales rivales, con permiso de algún veterano como Clint Eastwood. Todo ello teniendo en cuenta que pueden aparecer en la carrera films que hoy por hoy están en el aire como A most violent year de J.C. Chandor.


Los conductores suicidas

Richard Linklater por Boyhood
Contó Quentin Tarantino en el pasado Festival de Cannes que él creía que Almodóvar aún tenía que parir su mejor película, pero que siempre que hablaba con sus amigos del tema, siempre pronunciaban dos nombres de los cuales esperaban aún su gran obra maestra: David Fincher y Richard Linklater. El director de la saga Before… se encuentra este año ante su gran posibilidad de ser nominado al oscar al mejor director del año, gracias a Boyhood. La película, que retrata el crecimiento de un chico a lo largo de 12 años hasta desembocar en la Universidad es uno de esos proyectos que valida toda una carrera. Estrenada en la Berlinale, Linklater se alzó con el premio al mejor director del festival y tiene a toda la crítica americana rendida a sus pies. Boyhood parece que será el gran film netamente de autor de 2014.


David Fincher por Gone Girl
El hombre que parió dos iconos del cine como Seven y Fight Club, construyó la soberbia Zodiac y dirigió esa obra maestra que retrata a la perfección un tiempo, el nuestro, llamada The Social Network, estrena este año la adaptación de un best-seller, Gone Girl. Reincide por lo tanto en su género, el thriller, contando la historia de un matrimonio perfecto que tras la desaparición de ella en su 5º aniversario de bodas empieza a mostrar todas sus costuras. Se estrenará en el Festival de New York, y las expectativas, por lo menos las mías, están por las nubes. Fincher ha sido nominado 2 veces al Oscar, por The Curious Case of Benjamin Button y por The Social Network. En ambas ocasiones llegó segundo a la meta, siendo derrotado por los británicos Danny Boyle y Tom Hooper respectivamente.


Paul Thomas Anderson por Inherent Vice
El hombre que a finales de los 90 parió esas dos obras maestras sobre vidas a la deriva llamadas Boogie Nights y (sobre todo) Magnolia, tuvo que esperar hasta 2007 para alcanzar su primera, y hasta ahora única, nominación como director por There Will Be Blood, siendo derrotado por dos de los cineastas americanos más influyentes de las últimas décadas: los Hermanos Coen. Después de perecer en la carrera de hace 2 años con The Master, este año vuelve a estar en el radar de los Oscar por Inherent Vice, un noir cómico (ojo) basado en una novela de Thomas Pynchon que protagoniza Joaquin Phoenix y se estrenará en el Festival de New York. Uno de los directores con la mirada más personal y magnética del cine actual.


Wes Anderson por The Grand Budapest Hotel
Tras ganar el Gran Premio del Jurado en la Berlinale y recaudar más de 170 millones de dólares en todo el mundo, The Grand Budapest Hotel puede darle a Wes Anderson su tercera nominación como guionista en los Oscar. Más difícil tendrá el filme colarse en mejor película y sobre todo en mejor director. Pocos autores del cine actual han construido un mundo y un imaginario más peculiar que el de Anderson. En The Grand Budapest Hotel están todas las constantes de su estilo: la obsesión por la simetría, el ritmo desenfrenado, el colorido y su inagotable capacidad para crear preciosas estampas. 


Bennett Miller por Foxcatcher
Miller busca, con su tercera película de ficción, su tercera nominación, y quién sabe, quizás la victoria. Llega al inicio de la carrera con el premio al mejor director en Cannes, dónde su película gustó mucho y cosechó muy buenas críticas. A priori es uno de los favoritos, y al contrario que la mayoría de sus rivales, su película ya se ha exhibido y por lo tanto se sabe que efectivamente es un film de calidad. Si es nominado, podríamos decir que Bennett Miller es el Stephen Daldry yankee. En sus anteriores nominaciones fue derrotado por Ang Lee y Michel Hazanavicius.


David Ayer por Fury
El guionista de Training Day, debutó en el cine como director en 2005 con Harsh Times y se ha hecho un nombre como uno de los grandes renovadores del género policíaco de los últimos años. En lo que puede ser su salto a las grandes ligas, Fury, se enfanga en el cine bélico siguiendo a un escuadrón americano en el final de la II Guerra Mundial liderado por Brad Pitt. El tráiler, el reparto y la temática han creado grandes expectativas en torno a la cinta. Ahora habrá que ver si Ayer tiene o no madera de gran director.


Jason Reitman por Men, Women and Children
Tras lograr dos nominaciones consecutivas a mejor director y mejor película, gracias a Juno y Up in the air, parecía que Reitman se iba a comer el mundo. Se había erigido en el gran cineasta de la dramedia americana junto a Alexander Payne. Sin embargo la fría acogida que recibió la agria Young Adult y esa traición a su propio mundo que fue Labor Day, un melodrama errado de principio a fin, han puesto en duda su talento. Con Men, Women and Children, una mirada negrísima a los suburbios de clase media a golpe de redes sociales, intenta volver a sus temas habituales y reconducir su carrera. A este humilde pringado el tráiler le ha encantado. Pero habrá que ver, habrá que ver.


Angelina Jolie por Unbroken
Tras ensayar como quién pelotea antes de un partido de tenis, con su primer film, Jolie se embarca en una de esas historias bigger than life ambientada en la II Guerra Mundial, que sería la favorita indiscutible a los Oscar en los 80 y los 90. Con un equipo técnico de primera (Deakins en la foto, Desplat en la música), una historia emocionante y presupuesto para llevarla a cabo, la clave residirá en si Jolie es capaz de imprimirle al film un toque personal. Si su trabajo como directora es reconocible. A priori, va a por todas.



El enemigo está ahí fuera

Christopher Nolan por Interstellar
A pesar de ser británico (por eso lo incluyo aquí), lo cierto es que todo lo dicho sobre los anteriores cineastas, es aplicable a Christopher Nolan, al que la Academia se ha negado a nominar al Oscar al mejor director, aunque como a sus coetáneos americanos, sí que ha nominado 2 veces como guionista. Si Nolan venciera por Interstellar, casi casi, sería una victoria que apuntarle a la generación americana de Fincher y cía. Poco se sabe de su viaje por el espacio, todo lo que tenemos son tráilers, el espectacular casting y equipo técnico del film y hype, mucho hype. Si la película es tan buena como todos creemos que será, la Academia tendrá difícil negarle la nominación a Nolan. Pero todos sabemos también como se las gastan y por dónde se pasan las deudas históricas.


Jean-Marc Vallée por Wild
Tras estrenarse el año pasado en el cine americano con Dallas Buyers Club y rozar la nominación (que el film optara a mejor montaje no deja lugar a dudas), el canadiense Jean-Marc Vallée repite este curso, esta vez con Reese Witherspoon como estrella absoluta de una historia de superación personal y búsqueda de uno mismo sobre una mujer que se entrega al camino. Vista ya en el Festival de Telluride, tanto la película como la labor de Vallée han recibido muy buenas críticas. Sí, el director de la sublime C.R.A.Z.Y. está en la carrera.


Alejando González Iñárritu por Birdman
Tras separarse de su pareja creativa, el guionista Guillermo Arriaga, y sólo dirigir un film en los últimos tiempos, Biutiful, González Iñárritu ha vuelto a la primera división con una comedia negra que experimenta con el plano-secuencia (y el trucaje), centrada en un actor a la deriva que interpreta el muy a la deriva Michael Keaton. Hace unos días inauguró la Mostra de Venecia y la recepción crítica no pudo ser mejor. Casi todos los cronistas señalan que la primera hora del film es lo mejor que ha rodado nunca el mexicano. Iñárritu tiene en su haber una nominación anterior a mejor director por Babel. Fue derrotado por Martin Scorsese, ni más ni menos.


Morten Tyldum por The Imitation Game
The Weinstein Company cogió a un prácticamente desconocido director islandés y le entregó un guion en el que hay muchas expectativas puestas, y que cuenta la historia del influyente matemático Alan Turing que fue decisivo para ganar la II Guerra Mundial y perseguido por ser homosexual en el propio Reino Unido. Estrenada en el Festival de Telluride, la película ha cosechado grandes críticas, sobre todo para su protagonista, Benedict Cumberbatch. Pero saber si Tyldum tiene opciones, habrá que ver si fue capaz de salirse de la sombra de Harvey Weinstein y dotar al film de un estilo propio, o simplemente entrega un trabajo funcional al servicio de una historia poderosa.