jueves, 18 de febrero de 2016

Donald Trump es un personaje de Black Mirror



Donald J. Trump es, hoy por hoy, el líder de las primarias republicanas para lograr la nominación del GOP de cara a las elecciones presidenciales de este año. Suma, tras los caucus de Iowa y las primarias de New Hampshire, 17 delegados (es una cifra ridícula, pues son necesarios 1237 para obtener la nominación), y es el principal favorito para imponerse en las próximas citas electorales, las primarias de South Carolina y Nevada. La envergadura del fenómeno Trump ha llegado a tal punto que posiblemente estemos ante el mayor trolleo de la historia. Un iracundo, misógino, racista, clasista y enfebrecido multimillonario está cada vez más cerca de optar a ser el presidente del país más poderoso del planeta. O lo que es peor aún, a ser el comandante en jefe del más destructivo ejército que haya conocido la humanidad. Que todo sea una ficción es la única explicación lógica a semejante fenómeno. Como el I’m still here de Cassey Affleck y Joaquin Phoenix, pero jugando con los códigos de los misiles nucleares.

Pero alguien vio venir este cataclismo, Charlie Brooker, ese profeta de los tiempos convulsos que se nos avecinan, o que quizás, sin habernos dado cuenta, ya están aquí, sumiéndonos en la inquietud crónica. Si Brooker comenzó su obra cumbre, Black Mirror, esa antología de mediometrajes distópicos, empujando al Primer Ministro británico a profanar el ano de un cerdo, acabó volviendo, en el 2x03, a la política. The Waldo Moment, escrito por el propio Brooker a partir de una idea original suya y de Chris Morris, nos cuenta cómo un muñeco digital faltón, soez y excesivo, el Waldo del título, controlado por un humorista fracasado, se presente a las elecciones en un distrito inglés para salir elegido diputado de la Cámara de los Comunes, cómo parte del propio programa de televisión que protagoniza. Lo que en principio era una broma de dicho programa, termina convirtiéndose en un fenómeno político real cuando el personaje se convierte en un candidato serio para la victoria. The Waldo Moment tuvo un recibimiento bastante frío cuando se emitió, de hecho aún a día de hoy es el capítulo peor valorado por los usuarios de Imdb y Filmaffinity, de los 7 que se han estrenado hasta el momento.

Quizás el mayor problema del episodio sea que, contagiado por su protagonista, deja de lado toda sutilidad y su discurso resulta demasiado obvio y estridente. Aún así, The Waldo Moment, visto con la perspectiva que da el tiempo, nos vino a hablar del auge de líderes populistas que hoy en día sufre Occidente. Personas, mitad políticos, mitad bufones, en los que la ideología se diluye en favor del espectáculo non stop. Donald Trump podría ser la versión real de Waldo, podría ser un personaje de Black Mirror. La campaña presidencial del magnate inmobiliario parece el rodaje de un programa de televisión. Y cómo todo buen relato televisivo va increscendo. A la larga lista de personas a las que ha agraviado Trump se ha sumado, desde hoy, el Papa Francisco, que había criticado en su viaje a México la construcción del muro que planifica levantar Trump si es elegido presidente. Donald Trump parece el presentador/párroco de un programa de Fox News, sino tenemos en cuenta, claro, que Trump y el principal canal conservador de USA son enemigos declarados e irreconciliables.


En el epílogo de The Waldo Moment, un salto sin red hacia una distopía radical, el cómico que controlaba a Waldo aparece en la calle como un vagabundo en medio de un estado policial cuya cara visible es Waldo. Orwell en la era digital. Las medidas policiales que quiere imponer Trump nos encaminarían hacia una sociedad controlada. Aunque a veces su campaña parezca una gran parodia corrosiva y desproporcionada, no lo es, o no sólo. Trump puede ser una de las dos personas que luchen en noviembre por presidir Estados Unidos. La distopía no nos espera en el futuro, ya está aquí, invisible, como una gran campana de cristal sobre nuestros hombros.

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