viernes, 23 de mayo de 2014

Y el mundo se hizo nieve

FARGO


Pólvora en la nieve




En lo que llevamos de 2014 ha habido dos grandes estrenos seriéfilos en la televisión americana. El primero, la aclamada, comentada, analizada, amada (e incluso odiada) True Detective en la sacrosanta HBO. El segundo, llegó ya con el arranque de la primavera, de la siempre infravalorada FX (que ahora tiene otro canal, FXX), Fargo. Ambas comparten, además de lo buenas que son (que lo son, y mucho), ser una historia cerrada sobre la persecución de un asesino en serie escritas por un único guionista, Nic Pizzolatto en el caso de True Detective y Noah Hawley, en el de Fargo, siendo en ambas tan relevantes la forma como el fondo. Podría decirse que estas dos series (y Hannibal en NBC) hacen un apasionado elogio de la atmósfera como motor narrativo. Precisamente lo que narra esta Fargo es la irrupción en el tranquilo estado de Minnesota de un criminal dado a reventar las vidas de las personas que se cruzan con él. A su paso echa sal por la tierra, dejándolo todo arrasado. A su caza dos policías, uno de Duluth y otra de Fargo. En las orillas del conflicto, pobres diablos con mucho odio en su interior. Todo muy negro y cínico. Y sí, muy divertido.

Cuando se anunció el salto del cine a la televisión del film (ya clásico) de los hermanos Coen (1996) muchos nos temimos lo peor. El síndrome Bates Motel, se podría denominar. Esta moda de desarrollar series a partir de películas es peligrosa. La semana pasada NBC se estrelló en audiencias y críticas con una miniserie que adaptaba Rosemary’s Baby (la novela, pero con la película de Polanski oscilando sobre su cabeza). En el caso de Fargo se han limitado, sabiamente, a coger el mundo y el tono cómico-criminal de la película y a partir de ahí contar una historia nueva, diferente. Logrando así contar algo diferente, con personajes diferentes, pero que a la vez huele y sabe al mundo de los Coen (que son productores ejecutivos). Esa mezcla entre humor negro como la muerte, esos parajes desolados, ese uso de la música (muy Twin Peaks, por cierto), ese patetismo que impregna a los personajes y esa maldad casi-sobrehumana de los malos. Lo mismo pero de otra forma. Al fin y al cabo en el personaje de Martin Freeman uno puede ver al William H. Macy o en el de Allison Tolman (ojo con esta chica) al de Frances McDormand, la icónica Marge Gunderson.

Fargo viene a demostrar que la clave está en ser respetuoso con el material de partida pero a la vez atreverse a  contar una historia propia, a desarrollar una voz propia, al calor del mundo prestado. Hawley ha sabido escribir un relato perfectamente hilado que crece capítulo a capítulo, sumergiendo al espectador en la espiral de caos en la que bucean policías bobalicones pero curiosos, pobres idiotas bajo la influencia del lado oscuro de la fuerza y malvados que no son más que un enigma. Y llegamos así al gran acierto de esta Fargo. El malo de la función. El amigo Lorne Malvo. Siguiendo la comparación con True Detective, si de aquel thriller sureño ha salido ese personaje memorable llamado Rust Cohle, en Fargo, Hawley ha escrito a Lorne Malvo, lo mejor que le ha pasado a Billy Bob Thornton en su vida. El mal disfrazado de caos, que al tacto (y al contacto) de tan gélido que es quema.

La frialdad, precisamente es una de las marcas de identidad de la serie. La frialdad en las acciones de Malvo, la frialdad en el alma de la mayoría de los personajes que habitan la ficción y sobre todo la frialdad del espacio. Oh sí, la nieve. Nunca la nieve ha sido tan relevante, tan magnética, tan temible. Nunca nieva a gusto de todos. La nieve, como la noche o la niebla, es el arma perfecta que pueden usar los criminales para camuflarse en el entorno. Para cometer sus delitos con mayor facilidad. La nieve además en Fargo se descubre como un recurso narrativo y visual fundamental. Al final, en Fargo, todo es nieve. Nieve salpicada de sangre como en el último capítulo, Buridan’s Ass (1x06), que ha elevado el empaque visual de la serie sustancialmente. Dirigido por Colin Bucksey, este capítulo y su secuencia doble del asalto a la casa y la persecución en la nieve, son a Fargo lo que el extraordinario plano-secuencia que rodó Cary Fukunaga en el 1x04 a True Detective. Dignas de aplaudir sin parar. Vaya prodigio visual, vaya uso de la música, vaya forma de convertir un temporal de nieve en una trampa mortal, como si fuera la The Shining de Stanley Kubrick. Pero la nieve de Fargo es incluso más voraz, como si fuera en sí misma otro personaje, un monstruo que todo lo devora. Y es que en esta serie se juega todo el rato con la idea de lo paranormal, ya sea por los dones de Malvo y su maldad casi inhumana o por las plagas bíblicas que este acomete para atormentar al personaje de Oliver Platt. La última, esos peces que se precipitan desde el cielo, va a ser difícil de explicar coherentemente. A falta de 4 capítulos, Fargo se ha confirmado ya como uno de los grandes placeres seriéfilos de este curso. Y aún le queda margen para seguir creciendo.

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