viernes, 26 de diciembre de 2014

Formas distintas de bajar el telón

Una de las características narrativas más reconocibles de ese soberbio relato televisivo que fue The Wire era que sus temporadas, por decirlo de una forma literaria, los libros que conformaron la saga, tenían como punto culmen el penúltimo episodio, siendo el último, la season finale, a la vez, un epílogo y un prólogo de la temporada siguiente. Ese formato (¿?) fue el mismo que caracterizó a Game Of Thrones en sus tres primeras temporadas. Baelor, Blackwater y The Rains of Castamere fueron los puntos álgidos de las tramas más relevantes. Ese molde lo abandonaron este año, en el que la season finale, The Children, condensó casi todas las explosiones narrativas. A la luz de cómo han terminado sus temporadas esos dos dramas soberbios de Showtime, llamados Homeland y The Affair, parece que esta forma de estructurar las temporadas, dedicando el último capítulo a presentar los conflictos de la siguiente temporada, va ganando adeptos. Ilustres adeptos.

The Affair

Spoilers a gogó de la T1 de The Affair

El penúltimo capítulo de The Affair, Episode 9, es uno de esos que te destrozan el corazón. Sabíamos que pasaría, que esos dos matrimonios y ese affaire estaban a punto de reventar. Pero es más duro verlo que predecirlo. Noah Solloway (Dominic West no es un gran actor pero siempre está bien y desprende un atractivo arrollador) creyó poder tenerlo todo. Tener una familia, un matrimonio y una amante perfectos. Este loser oprimido pensó que tras tantos años siendo el fiel y obediente esposo que agacha la cabeza, era su momento de salir al escenario y hacer el juego de los cuchillos voladores. Se equivocó. Por intentar mantenerlo todo, el cariño de su mujer (Maura Tierney clava al personaje) y la pasión (y el amor) de su amante, al final del capítulo se queda sin nada. Ambas reniegan de él. Esa fina línea entre la felicidad y la derrota.

Por su parte, Alison Bailey (Ruth Wilson, un terremoto), despierta del sueño del amante redentor. Del príncipe que la rescatará de un matrimonio dañado para siempre por el fallecimiento de su hijo. Noah no es un príncipe, es un pobre diablo que de tanto hacer equilibrios acaba de bruces contra el suelo. Noah, terriblemente, no es mejor que su marido, Cole (Joshua Jackson, siempre es un placer verte), ni un futuro a su lado será más fácil que al lado de su marido. Alison está emparedada entre dos futuros llenos de mierda. Por eso, cuando el capítulo acaba en esa estación de tren, dejándonos colgados en el cliffhanger, de ¿qué hará Alison? La respuesta sólo podía ser “estar sola”. Al final la salida lógica era ser ella misma.

Tras este capítulo catártico la serie de Sarah Treem (co-creada con Hagai Levi, ambos procedentes de In treatment, ni más ni menos), dedicó el episodio 10 a conducirnos hacia la situación en la que transcurrían los interrogatorios a Alison y Noah. Si el episodio 9 destruyó todas las relacionas afectivas de la serie y dejó a los protagonistas heridos de muerte, el 10 nos habla de la reconstrucción de los puentes, del proceso de curación de los personajes. En un arranque a la velocidad de la luz, vemos el descenso a los infiernos de Noah bañado en un sexo superficial que casi lo lleva a perder su trabajo. Y justo en el momento más bajo, se le aparecen las musas. La escritura como redención. Entre las ruinas de su vida, sale de sus dedos un libro fabuloso, ese libro que empezó a escribir inspirado por Alison. Cuando uno ya no puede caer más, lo único que le queda es claudicar o levantarse. Empieza así el resurgir. Y con él la reconstrucción de su matrimonio. Como si hiciera borrón y cuenta nueva. Intentando levantar una farsa: nunca existió Alison, nunca existió la frustración con su corriente vida que lo condujo hacia ella. No ha pasado nada, ha logrado escribir el libro, vuelve a dormir en la cama de su mujer, ha llegado al punto que se tenía marcado, aunque fuera mediante un camino peligroso. Error. Nada podrá ser igual. La vida no es una multiplicación en la que el orden de los factores no altera el producto. La farsa de la familia feliz y exitosa salta por los aires al primer imprevisto. Su hija corre a ver al hombre que la dejó embarazada, el cuñado de Alison, y nada más entrar ésta de nuevo en su vida saltan todas las costuras. Es difícil contener lo incontenible.

El proceso de Alison, sin embargo, es distinto. Ella no se cura por haberse hundido en sus miserias. Su proceso sanador consiste en salir de ese micro-mundo que sólo le olía a muerte, a recuerdos tenebrosos, a dolor. Se refugia en la tranquilidad de la vida zen de su madre y pone en orden su mierda. Vuelve a casa dispuesta a cerrar esa etapa de su vida. Los humanos, obsesionados siempre con darle un cierre a todo, un final, una marca reconocible de que todo cambió en un instante, como si no supiéramos de sobra que los cambios se producen paulatinamente. Uno no deja de amar en un día. No deja de sufrir en un día. No entiende hacia dónde va su vida en un día. Pero en el regreso vuelve a la misma trampa, su marido o su amante, su pasado o su futuro. Por mucho que ella ama a Cole no puede estar con Cole, están rotos para siempre. Por mucho que desee a Noah, no será nunca el hombre perfecto que fue la primera vez en que se besaron. El pasado es esa larga sombra que se cierne sobre ella para retenerla en el dolor. La solución al dilema, nos la da ese futuro (presente narrativo) en el que Alison y Noah están juntos, borrachos del éxito conseguido por el libro de él, y en el que irrumpe de forma torrencial el misterio que nos plantearon al inicio del relato, ¿quién mató al cuñado de Alison? ¿Fue Noah? Eso, queridos niños, lo sabremos en una segunda temporada de la cual, en realidad, ya hemos visto el primer episodio.

Homeland

Muchos spoilers de esta T4 de Homeland tan All about Carrie
Muerto el perro se acabó la rabia. La Homeland post-Brody vuelve a ser una serie fascinante sobre un mundo cada vez más convulso. La ficción de Alex Gansa y Howard Gordon estará en mi top 10 de series del 2014. Así de buena ha sido esta cuarta temporada en la que Carrie Mathison se ha visto atrapada en una conspiración talibán-paquistaní. Partiendo del asalto a la embajada americana en Libia, la tensión creciente entre Paquistán y USA tras la captura de Bin Laden, y la expansión del Estado Islámico, el drama de Showtime ha cosido una temporada que no podría estar más pegada a la realidad, a un panorama internacional sobre el que USA cada vez tiene menos control. Homeland es esa serie que les recuerda a los americanos que sus enemigos los pueden coser a ostias. Ser tan oscura y pesimista es lo que hace que la serie sea tan relevante. Y ser tan adictiva y controlar tan bien los giros es lo que hace que esta temporada haya sido de esas que te dejan sin uñas. Desde la T1 Homeland no manejaba tan bien la tensión. Los capítulos 8 (la huida de Saul) y 9 (EL capítulo), son un ejercicio de tensión, agobio y ansiedad inmensos. Y también son dos de los mejores capítulos del año televisivo, sobre todo el 4x09, There’s something else going on, ese capítulo de aire enrarecido en el que sabes que todo va a salir mal.

Volviendo al inicio de este texto, Homeland no ha optado por dejar un capítulo final de cierre y presentación del próximo curso. No. Ha ido más allá. El culmen de la temporada es el final del 4x09, con el arranque del asalto a la embajada. Los tres capítulos que le siguieron fueron un mero epílogo. Una decisión desde luego arriesgada. De ahí que entienda las críticas que ha despertado esta estructura, a todas luces, anticlimática. ¿Está bien que una serie empleé tres capítulos pausados y contenidos a preparar el terreno de la siguiente temporada? No creo que haya una respuesta taxativa a ello. Es desde luego innovador, rompe con la tendencia a elevar la tensión hasta que explote en el final, dejando al espectador pegado a la pantalla y necesitando que la serie regrese y le resuelva las dudas. 

En cambio lo que esta temporada de Homeland propone es difuminar el propio concepto de temporada. Tendremos que esperar 9 meses, pero es posible que la 4 y 5 temporada de Homeland no se puedan entender por separado, que sean una única unidad narrativa. Volviendo a la metáfora literaria, es posible que no estemos ante dos libros de una saga, sino ante un solo libro, pero al que le faltan unas páginas que nos darán para leer en el futuro. Esto, desde luego, es frustrante. Volvemos así a lo ya dicho sobre la necesidad del ser humano de darle un cierre a todo. Pero esa sensación de suspensión del relato no debe cegarnos, esta temporada de Homeland ha sido fantástica. Incluso estos tres últimos capítulos, intimistas, centrados en Carrie (Claire Danes ha estado fantástica este año, ella también ha vuelto) y Quinn (Rupert Friend se ha consolidad este curso) han estado muy bien escritos, con mucho tacto. Nunca Carrie ha resultado más comprensible. Como respuesta a las dudas que generaba la salida de Brody nos han gritado “Homeland es Carrie”. Es el único personaje indispensable. Ni Saul (¡qué bueno eres Mandy Patinkin), ni Quinn lo son. En una serie con muchos personajes, con muchos focos de atención y tejemanejes, sólo la protagonista tiene asegurada la permanencia. El año que viene promete. Siria, Quinn perdido, Saul corrompido, y Carrie… siendo ella misma.

martes, 16 de diciembre de 2014

En mañana. The Newsroom 3x06

THE NEWSROOM - What kind of day has it been?


Y ¡corten!

En el final de The West Wing, Abbie Bartlet le preguntaba a Jed Bartlet “¿en qué piensas?” y él contestaba “en mañana”. Y lo que siguió a esa frase final, que miraba hacia el futuro, fue un fundido a negro que cerraba siete años de una de las mejores series de la historia de la televisión. Aaron Sorkin, su creador, se había ido de la misma al final de la cuarta temporada. Por lo tanto, ese diálogo no es suyo. Pero podría haberlo sido. The Newsroom echó el cierre el pasado domingo en HBO mirando, también, hacia el futuro con optimismo. Termina así una serie que nunca estuvo a la altura de las expectativas creadas a su alrededor, que siempre caminó sumida en un mar de críticas furibundas y que generó numerosos y encendidos debates. Quizás ese sea el gran legado de The Newsroom, habernos empujado a tratar temas relevantes del mundo en el que vivimos, de los medios de “comunicación” que padecemos, del tipo de ciudadanos que somos. Para mucha gente en casi todas las ciénagas en las que Sorkin se zambulló lo hizo de la forma equivocada. Sobre todo en lo relacionado con la mujer. La mujer como tema. Yo creo que a veces acertó y otras muchas, efectivamente, no fue capaz de leer el mundo en el que vivimos. Sorkin cree en un mundo que ya no existe, o lo que es peor, en un mundo que posiblemente nunca existió. No tuvo la sensibilidad y la agudeza necesarias para hablar sobre las discriminaciones que sufren las mujeres, y en cambio le sobró condescendencia para hablar de lo que hacen mal los medios. Más allá de todo ello, quizás el gran problema de The Newsroom fue la ausencia de grises. En un mundo tan convulso como el actual el “esto es bueno y esto es malo” ya no sirve. The Newsroom no debió habernos gritado su discurso, debió habernos germinado con el bien de la duda. Generó enormes debates, pero si hubiera sido menos obvia, más sutil, más compleja, hubiera generado muchos más.

Spoilers del final de la serie 
El final feliz
Estaba claro que The Newsroom iba a terminar con un final esperanzador. Daba igual lo torcidas que estuvieran las cosas. Tenía que acabar bien. El humanismo idealista/buenista de Sorkin se iba a imponer. Y así sucedió. No se molestó demasiado en trabajar la resolución de los conflictos. Ha sido su último “porque lo digo yo”. En el mundo real MacKenzie no sería ascendida y ACN no volvería a ser una cadena que cree en la televisión como servicio público. Esas cosas no pasan. Las grandes empresas mediáticas caminan irreversiblemente hacia la banalización total. Leed El País, ved la CNN. El viejo periodismo ya no es periodismo. Sinceramente no sé lo que es. Y lo peor es que los que lo practican tampoco lo saben. Pero Sorkin nos dice que sí. Que hay esperanza. Que una gran televisión puede ejercer su función de servicio público, que puede facilitar el ejercicio del derecho a la información de los ciudadanos. Ojalá yo pudiera ser tan optimista. Sí creo que el periodismo no está muerto. Simplemente se ha refugiado en otros medios. Entendiendo medios no como empresas mediáticas sino como herramientas, plataformas, espacios. Un debate que organiza una asociación sobre vulneración de los derechos de los jóvenes, por ejemplo, puede ser gran periodismo, pegado a la realidad. Una revista cimentada sobre reportajes y entrevistas en profundidad a expertos en diversas áreas puede ser gran periodismo. Una web con artículos bien documentados e ideas atrevidas sobre política, sobre cultura, sobre economía… puede ser gran periodismo. Y así hasta el infinito. En estos tiempos en los que el ciudadano se ve bombardeado por una cantidad inasumible de información, la profundización y la especialización son las salidas. Ésta, obviamente, es mi opinión. Lo bueno de vivir en un mundo con tantas posibilidades comunicativas a nuestro alcance es, precisamente, que cada uno podemos lanzar nuestras ideas y confrontarlas con las de los demás.

Devoto fan de esta pullita final

Había empezado a escribir este texto nadando en pesimismo y, sin embargo, aquí estoy, diciendo que no todo es negro. Supongo que al final, todos tendemos hacia el optimismo. Por eso le perdono a Sorkin lo inocente que ha sido este 3x06, What kind of day has it been (título de capítulo que está en todas sus series). Will (Jeff Daniels) y MacKenzie (Emily Mortimer) van a tener un hijo. Maggie (Alison Pill) y Jim (John Gallagher Jr.) por fin van a estar juntos y los dos haciendo lo que quieren en el terreno profesional y Sloan (Olivia Munn) y Don (Thomas Sadoski) también están encantados con sus vidas compartidas. Los informativos van a seguir siendo profundos. La web de ACN también volverá incidir en esa profundidad. Y un largo etc. El sacrificio de Charlie (Sam Waterston) valió la pena. Al final, todo ha salido bien. La magia de la ficción. Sorkin no ha pretendido nunca ser realista, aunque la masilla con la que construyera su serie fuera la realidad. Pretendía, y consiguió, ser idealista. Hablar de la realidad desde una visión idealizada de la misma. Puede ser criticable. Sin duda. De hecho yo prefiero a un David Simon (The Wire, Treme) que es capaz de imprimirle a la realidad optimismo, que a un Sorkin que intenta bañar el optimismo en realidad. Pero posiblemente ambos sean necesarios. Sorkin no tiene por qué ser Simon. Me da mucha pena el final de The Newsroom, porque me gustaba que me recordara que el mundo podía ser mejor, que la profesión periodística podía ser mejor. Me gustaba, además, que azotara con tanta vehemencia a las empresas mediáticas, aunque al final acabara siendo bastante dócil con las mismas. Me gustaba porque a pesar de los mil y un defectos, me gusta que Sorkin sea optimista, ya que yo no lo soy por lo menos que lo sea él. Let Sorkin be Sorkin.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Proyecto EFA (2014)

Como ya hice el año pasado, me he visto todas las nominadas en las categorías fuertes de los European Film Awards, que premian lo mejor del "año" producido y exhibido en nuestro continente. De las categorías paralelas que se han ido inventando sobre la marcha quiero destacar el nivelazo que hay en Discovery, que premia a óperas primas. El cine europeo tiene futuro. Como estoy convencido de ello, y de que debemos valorar y defender más lo nuestro, lo que se hace en Europa con mucho esfuerzo y mucha dificultad, este proceso de ver las películas nominadas ha sido un placer. De verdad. Para la selección de los candidatos que yo hubiera nominado en cada categoría tengo en cuenta sólo las películas preseleccionadas y por lo tanto nominables. Así, por España competían 3 films de 2013: La herida, Vivir es fácil con los ojos cerrados y Caníbal, y 1 de 2014: Hermosa Juventud. Las arbitrarias normas y calendario caótico siguen lastrando unos premios que deberían ser un gran acontecimiento y que sin embargo pasan muy desapercibidos.




Guion


Ebru Ceylan y Nuri Bilge Ceylan por Kis uykusu (Winter Sleep) (ganará)
Jean-Pierre Dardenne y Luc Dardenne por Deux jours, une nuit (debería ganar)
Steven Knight por Locke
Rebecca Lenkiewicz y Pawel Pawlikowski por Ida
Oleg Negin y Andrei Zvyaginstev por Leviafan (Leviathan)

Puede pasar de todo en esta categoría. Que venza Ida en una noche de victoria aplastante como el año pasado la de La grande bellezza. Que se impongan Winter Sleep o Leviathan ya sea para consolidar su victoria en película y director o como premio de consolación. O hasta que se vea recompensado el doblemente nominado Steve Knight por Locke o los maltratados hermanos Dardenne. Ida es una película que funciona más por silencios que por palabras, aún así cada vez que sus protagonistas hablan, sus frases son limpias, profundas. Es una obra de escritura sencilla, pero redonda. Todo lo contrario que Winter Sleep, más de 3 horas de conversaciones y duelos dialécticos cargados de amargura. El guion tiene sus altibajos, pero desde luego es encomiable la osadía. En un punto intermedio entre ambas estaría el guion de Leviathan, que combina con destreza hondos silencios con conversaciones llenas de tensión y fatalidad. El lucido guion de Locke tiene el indudable mérito de presentar a un único personaje hablando por teléfono con las personas que componen su deshilachada vida. Es un reto y Knight sale vivo del mismo, eso sí, no todas las conversaciones son igual de interesantes. Otra película que gira en torno al periplo vital de su protagonista de conversación en conversación es Deux jours, une nuit. Que logra frente a cierta artificialidad de la que adolece Locke, imprimir puro realismo. Un maravilloso viaje por los miedos y sentimientos humanos, por su pureza y por sus tinieblas. Sorprende, teniendo en cuenta que está nominada en mejor película, no encontrarse aquí con Turist, cuyo negrísimo guion es carne de premios.

Mis nominados:
Jean-Pierre Dardenne y Luc Dardenne por Deux jours, une nuit
Fernando Franco por La herida
Rebecca Lenkiewicz y Pawel Pawlikowski por Ida
Ruben Östlund por Force Majeure (Turist)
Lars von Trier por Nymphomaniac


Actor


Brendan Gleeson por Calvary
Tom Hardy por Locke
Alexey Serebryakov por Leviafan (Leviathan)
Stellan Skarsgård por Nymphomaniac
Timothy Spall por Mr. Turner

A priori esta es una categoría bastante abierta. No me sorprendería la victoria de ninguno de los cinco, quizás sólo descartaría al sólido Brendan Gleeson de Calvary, que realiza una interpretación muy sentida pero que brilla mucho menos que sus rivales y lo hace, además, en una película menor. De los otros cuatro, a priori el favorito parece Timothy Spall que logró, gracias a Mr. Turner, el premio al mejor actor en Cannes y que está en la carrera por el Oscar. Su retrato de Turner es sensacional, tanto en su vertiente de artista como en su dimensión más íntima. Spall firma, con mucho cariño, el mejor trabajo de su carrera.

No poca gente apunta a que la mejor opción de Leviathan de lograr algún galardón es una victoria de su protagonista, Alexey Serebryakov, que interpreta a un pobre perro viejo apaleado en medio de ninguna parte, por el sistema, por sus relaciones afectivas, por sus miedos, por sus propios problemas interiores. Un señor trabajo. No descartaría la victoria de Tom Hardy, que sostiene Locke plano a plano, en un trabajo que es pura osadía. Sin él la película se podría haber estrellado, con él es un viaje a lo más hondo de la mente de un hombre que pelea en mil batallas distintas. Cierra la terna uno de los actores europeos más importantes de las últimas décadas, el danés Stellan Skarsgård, y que firma en Nymphomaniac una de las mejores interpretaciones de su carrera. Lleva al personaje desde la inocencia a la malicia, desde la tranquilidad a la desesperación, para terminar escupiéndonos que todos los hombres estamos rellenados con la misma basura. Espectacular.

Mis nominados
Johannes Bah Kuhnke por Force Majeure (Turist)
Tom Hardy por Locke
Alexey Serebryakov por Leviafan (Leviathan)
Stellan Skarsgård por Nymphomaniac
Timothy Spall por Mr. Turner


Actriz


Marian Álvarez por La herida
Valeria Bruni Tedeschi por Il capitale humano
Marion Cotillard por Deux jours, une nuit
Charlotte Gainsbourg por Nymphomaniac
Agata Kulesza por Ida
Agata Trzebuchowska por Ida

Categoría difícilmente previsible, en principio la victoria debería estar entre el dúo protagonista de Ida y esa gran dama del cine europeo que es Marion Cotillard. De las Agatas, decir que tanto Kulesza como Trzebuchowska componen en Ida, dos preciosos retratos de la soledad humana, y lo hacen a través de dos miradas de una expresividad maravillosa. De Cotillard, decir que la de Deux jours, une nuit, es, de verdad, una de las mejores interpretaciones de su carrera. La de una mujer a punto de romperse en mil pedazos y que sin embargo se mantiene de pie, digna en la derrota. Otras dos grandes damas del cine europeo de los últimos 10 años son la también francesa, Charlotte Gainsbourg y la italiana Valeria Bruni Tedeschi. La primera se entrega, una vez más, a la espiral de locura que le prepara von Trier en Nymphomaniac. A veces repulsiva, a veces punzante, Gainsbourg demuestra que interpreta desde las entrañas. La segunda, construye en Il capitale umano a una mujer adinerada de vida vacía y sueños rotos. Una mujer desesperada. Bruni Tedeschi le aporta las dosis de fragilidad e ironía necesarias.

Mmmm, me suena que había una sexta nominada… ¡ah sí! Una tal Marian Álvarez, la actriz que hizo mi interpretación favorita del cine mundial de 2013. Así de rotundo. Lo he dicho ya tantas veces que ya no sé si soy capaz de seguir diciéndolo, lo que hace Álvarez en La herida no es interpretar, es ser, ser alguien que está completamente destrozado por dentro. Es de los trabajos más brutales que he visto en mi vida. Un año después de haber visto la película sigue poniéndome los pelos de punta. Su interpretación me da aún hoy ganas de llorar. Un terrible desgarro.

Mis nominadas:
Marian Álvarez por La herida
Marion Cotillard por Deux jours, une nuit
Charlotte Gainsbourg por Nymphomaniac
Scarlett Johansson por Under the skin
Agata Kulesza por Ida
Agata Trzebuchowska por Ida


Director


Nuri Bilge Ceylan por Kis uykusu (Winter Sleep)
Steve Knight por Locke
Ruben Östlund por Force Majeure (Turist)
Pawel Pawlikowski por Ida
Paolo Virzi por Il capitale umano
Andrei Zvyagintsev por Leviafan (Leviathan)

Dicen los EFA que por lo visto Nymphomaniac se ha dirigido y escrito sola, así misma, como bajo un hechizo de magia negra, por eso no está nominado Lars von Trier en ninguna de las dos categorías. Nada tiene que ver con lo hipócritas que somos, ni esas cosas. Al bueno de Lars le ha pasado justo lo contrario que a Steve Knight, que por lo visto escribe y dirige muy bien (además de que su película está montada de lujo y su protagonista es un hacha) pero, oh, resulta que finalmente la película no es tan buena. La Academia de Cine Europeo reconoce el difícil trabajo de Knight en Locke, al conseguir rodar una película dentro de un coche con dinamismo. Otro que ha logrado la nominación en dirección sin que su película esté en la categoría reina es Paolo Virzi, el cerebro detrás de Il capitale umano. Está llamado a ser uno de los grandes directores italianos de las próximas décadas, pero desde luego es el eslabón débil de este sexteto. El ruso Andrei Zvyagintsev, confirma en Leviathan su condición de gran autor continental, y lo hace exprimiendo el lacónico espacio físico de su historia, para crear una atmósfera de opresiva derrota. Otro que explota la importancia del espacio físico es el sueco Ruben Östlund en Turist, una comedia negrísima sobre eso que podríamos llamar “los problemas del primer mundo”, ambientado en un resort de lujo acosado por la nieve, al igual que sus protagonistas lo están por lo vacías que son sus existencias. Para el final dejo a los que a priori son los dos grandes favoritos de cara a la victoria, el turco Nuri Bilge Ceylan, que llega con el aval de la Palma de Oro de Cannes que ganó su Winter Sleep y el mérito de haber rodado una terrible y asfixiante radiografía del ser humano, sirviéndose de sus actores y unos decorados mínimos; mientras que el polaco Pawel Pawlikowski ha rodado en Ida una hermosa carta de amor al cine europeo de autor, una puesta en escena medida al milímetro, hermosa hasta el dolor. Mi voto sería para él, sin o con Lars von Trier de por medio.

Mis nominados:
Fernando Franco por La herida
Mike Leigh por Mr. Turner
Ruben Östlund por Force Majeure (Turist)
Pawel Pawlikowski por Ida
Lars von Trier por Nymphomaniac
Andrei Zvyagintsev por Leviafan (Leviathan)


Película


Force Majeure (Turist)
Ida
Kis uykusu (Winter Sleep)
Leviafan (Leviathan)
Nymphomaniac

Quizás estemos ante el año más atípico de los EFA. El año de la victoria del este sobre el oeste. La única de las grandes cinematografías europeas occidentales que ha colado a alguna representante en la categoría reina es la escandinava (que eso sí, tiene 2 películas). Ni Francia, ni UK, ni Alemania, ni Italia, ni España. En cambio sí están las soft-europeas Rusia y Turquía, y la gran potencia de la UE del este, Polonia. De hecho resulta muy difícil imaginar que el premio a mejor película europea del “año” (o como los EFA miden los años) no sea una producción del este. Llegados a este punto, la victoria parece estar entre Ida, a priori la gran favorita, y Winter Sleep, la Palma de Oro de Cannes. Ida es una preciosa carta de amor al cine europeo, a Dreyer, a Bergman, a Bresson. Un maravilloso relato sobre la soledad, sobre las heridas del tiempo, sobre la familia, sobre la mujer, sobre la fe. La suya sería una victoria muy justa. Winter Sleep también habla de la familia y del espacio, esas dos cárceles vitales, se alarga demasiado pero tiene momentos de drama psicológico de altura. Las otras tres nominadas son: Leviathan, una feroz crítica a la corrupción y la violencia en la Rusia de nuestros días. ¿Qué puede hacer uno cuando lo único que le espera es la derrota? El poder, ese cáncer. Turist, una fantástica comedia negra sobre una familia sueca de clase alta a la que un falso alud hace que se le salten las costuras hasta estallar en mil pedazos. Agria y contundente, no tiene para con sus personajes demasiada compasión. Y Nymphomaniac, la mastodóntica obra de Lars von Trier sobre los deseos humanos más peligrosos e irrefrenables. Un desolador estudio de la condición humana que diría Hannah Arendt. Toda una experiencia, lo mejor que ha hecho von Trier en años y una película maltratada injustamente por lo controvertida que es la figura de su creador.

Mis nominadas:
Deux jours, une nuit
Force Majeure (Turist)
Ida
La herida
Leviafan (Leviathan)
Nymphomaniac

martes, 9 de diciembre de 2014

Un campo de minas. The Newsroom 3x05

THE NEWSROOM - Oh Shenandoah


Spoilers a mansalva hasta el 3x05 de The Newsroom

Este domingo HBO emitió el penúltimo capítulo de The Newsroom, última parada antes de llegar al destino final… ¿la derrota? Este Oh Shenandoah (3x05) es un batiburrillo de lugares ya recorridos por Aaron Sorkin en su obra magna, sí The West Wing. Soy consciente de que en cada recap termino mentándola, pero Sorkin no me pone fácil evitarlo. Su eco está en todas partes. El eco de un tiempo mejor, de una serie mejor, de un guionista mejor. Maggie y Jim son la versión “rebajas histéricas de grandes almacenes” de Josh y Donna. Charlie es la versión hiperbolizada y encocada de Leo, infarto incluido (aunque esto sucedió en el The West Wing post-Sorkin). Y el drama paterno filial de Will McAvoy (Jeff Daniels) no deja de ser una sombra poco trabajada del sensacional complejo de inferioridad insuflado por su padre a Josiah Bartlet. Todo, absolutamente todo, lo que cuenta este capítulo, fue relatado antes por su guionista. Y de una forma muchísimo mejor. The Newsroom, ahora que se precipita hacia su final, confirma que es la obra menor de un autor mayúsculo. Un greatest hits pasado de rosca. Pero su problema no es tanto volvernos a contar lo que ya nos había quedado claro, su problema es no estar a la altura de las expectativas, esas cabronas. O lo que es peor, no estar a la altura de uno mismo. Parecer una mala copia de tu propio genio. En su defensa cabe decir que esto le pasa hasta a los más grandes. Este fin de semana vi Magic in the moonlight de Woody Allen, una película muy ligera, llena de lugares comunes de su filmografía que palidece ante sus referentes.

Nosotros somos nuestra propia cárcel
Tras haberme desahogado, quiero dejar claro que no creo que este capítulo sea malo, simplemente es que me da rabia notarle tanto los engranajes, que lo que me cuente sea tan obvio, tan poco sutil o comedido. Más allá de todo lo dicho, el capítulo ha causado bastante controversia por una trama en concreto, quizás la que mejor funciona, en mi opinión. Estoy hablando de la trama de Will McAvoy y su compañero de celda. Cuando en los últimos 5 minutos de secuencia musical nos alternan el infarto de Charlie (Sam Waterston) y la salida de prisión del protagonista, a la vez que nos desvelan que no existía ningún compañero, que era su propio padre, mucha gente se ha sentido estafada, o lo que es peor, ha creído que era una tomadura de pelo, un mal chiste. Cuando ayer leí en Twitter las críticas furibundas, y una de mis mejores amigas(talifán de The West Wing y que fue incapaz de disfrutar de The Newsroom) me escribió preguntándome qué coño había pasado, me imaginé algo peor. Me imaginé la redacción de ACN volando por los aires a lo Homeland Season 2. O a Will McAvoy colgándose en la celda. Y locuras aún peores. Pero no, simplemente fue un “Let Sorkin, be Sorkin”. No quiero ir de “qué inteligente soy” pero no hubo ni un solo segundo en el que creí que el compañero de celda existía y no era su terrible padre. Quizá jugó en ello que estoy muy bregado en sorkinismo. Pero la verdad es que no creo que fuera tramposa en absoluto esa trama. El capítulo empieza con el guardia diciéndole a McAvoy que en esa celda sólo mete a gente encerrada por desacato. Saltamos 2 meses en el tiempo y tenemos allí a un tío encarcelado por maltratar a su mujer que habla de los judíos como un señor de los años 50. Hasta el actor escogido y la forma en que está rodada la secuencia parecen sacados de otra época. Otra cuestión es juzgar si era pertinente meter este conflicto justo antes de llegar a la meta y de una forma tan atropellada. Lo que en The West Wing se contó a lo largo de muchos capítulos tirando de flashbacks, psicólogo y un duelo brutal con Toby Ziegler, aquí se cuenta a través de un duelo imaginario y en unos pocos minutos. Obviamente sé cuál de las dos opciones es la adecuada, aún así no creo que esta trama haya sido el enorme despropósito que mucha gente cree.

Sálvame Diario
Mientras Will McAvoy está en la cárcel por proteger a su fuente, y Maggie y Jim (Alison Pill y John Gallagher Jr.) persiguen el rastro de Edward Snowden en Moscú, a la vez que consuman por fin su cansino romance, el resto de personajes luchan contra la conversión de ACN en un Huffington Post meets Sálvame. Que Sorkin hiperbolice tendencias reales dentro de las empresas mediáticas, no hace que pierda la razón. Quizás si fuera más sutil su mensaje sería, paradójicamente más potente, pero aún a gritos tiene razón. La deriva sensacionalista empieza a dar miedo. Sobre todo cuando entran en juego los avances tecnológicos. Una aplicación que nos dice dónde están los famosos y qué hacen puede parecer inofensiva, pero es algo totalmente kafkiano, una sociedad 100% controlable a través de infinitas herramientas de vigilancia y seguimiento. Parece que Sorkin en su serie y yo en mi blog anunciamos el advenimiento del Apocalipsis, pero es que resulta realmente inquietante. Obviamente esta denuncia se podría hacer de otra forma, como hizo, por ejemplo, The Good Wife al entrar a cañón contra el funcionamiento de la NSA en su temporada anterior. Nadie cuestionó esa trama tan brillante, en cambio mucha gente cuestiona las de Sorkin. Ambas pretenden llegar al mismo punto, la diferencia está en que The Good Wife se mueve en claroscuros y en The Newsroom todo es negro o blanco. Muchas veces, Aaron Sorkin, gritar no es la mejor forma de lograr que te escuchen. Sin embargo, no puedo dejar de aplaudir la entrevista de Sloan (Olivia Munn, esa Diosa).



Sobre la violación
La misma amiga que me escribió preguntándome sobre qué había hecho Sorkin al final del capítulo, me contó, cuando estaba terminando este post, que se había montado mucha polémica en torno a la trama de la violación. La misma consiste en que Don (Thomas Sadoski) intenta convencer a una chica que denuncia haber sido violada (Sarah Sutherland, hija de Kiefer en la vida real y de Selina Meyer en Veep) para que no acuda a su programa a enfrentarse con su violador. La polémica se montó, en el plano intra-narrativo, en torno a la insistencia de Don de no airear el asunto en su programa, tanto por miedo a que ella sufra como a estigmatizar a un presunto violador que sin embargo no ha sido condenado; y  en el plano extra-narrativo, porque una guionista de la serie mostró su desacuerdo con dicha trama en Twitter y porque la emisión ha coincidido en el tiempo con un caso similar en la vida real. No voy a entrar en las cuestiones externas a la trama, porque tampoco creo que den más de sí. Pero sí lo haré en el análisis de la trama. Y creo que hay una de cal y una de arena. Denunciar los peligros de la amarillización de un problema tan grave como las violaciones en general, y en los campus en particular, me parece pertinente, así como cuestionar la validez del enjuiciamiento público, vía TV de cable. Sin embargo, silenciar la lacra de las violaciones que difícilmente pueden ser probadas y condenadas, me parece un mensaje muy peligroso. La presunción de inocencia no debe eclipsar la defensa de unos valores cívicos y de un código moral, por parte de los periodistas. La presunción de inocencia no implica la desaparición del compromiso profesional. Al igual que la objetividad o la neutralidad, no creo que sea un mantra que permita al periodista escabullirse de cuestiones peliagudas. Don podría haberle pedido a la chica que no acudiera a su programa porque lo único que harían en él sería escarbar en la carroña, pero aconsejarla hacerse oír por otras vías, en otros atriles. La solución era investigar a fondo el caso, investigar a fondo esa lacra social. Incidir en que miles de mujeres la sufran. Visibilizar el problema, no esconderlo. Tapar el hecho es revictimizar a la víctima. Dicho esto, que este capítulo de la serie haya abierto tantos debates, es algo muy valioso, aunque Sorkin haya podido estar muy errado (o no, que las opiniones están muy enfrentadas). 

viernes, 5 de diciembre de 2014

No hay que tener miedo a vivir

MOMMY 


En esa obsesión por categorizarlo todo, nos pasamos la vida haciendo listas, marcando hitos y señalando etapas. Como si intentáramos de alguna forma contener el descontrol que es nuestra existencia. Quizás por eso Mommy, la quinta película del quebequés Xavier Dolan, parece cerrar, en una estructura hermosamente circular, la primera etapa de una filmografía que empezó hace un lustro con J’ai tué ma mère. La maternidad y la filiación, esas condenas de por vida. Y la distancia entre un film y otro es todo lo que ha madurado Dolan en este tiempo. Tanto como director, como guionista y, en el fondo, como hombre. Si en J’ai tué ma mère abordaba la familia desde la rabia adolescente, desde la explosión de sentimientos y energías, en Mommy nos encontramos con un relato que mucho más pausado, casi taciturno, triste pero optimista. Sus tres primeras películas eran un continuo galopar hacia el final. Un desparramarse. En cambio las dos últimas, la pesadillesca Tom à la ferme y la sensible Mommy, son mucho más reflexivas. No desparraman, sino que se deslizan hacia la huida de sus protagonistas. Una huida hacia ninguna parte, porque, sorpresa, nosotros somos nuestra propia cárcel. Ouch.

Mommy está ambientada en una Canadá ligerísimamente distópica, en la que los padres pueden dejar a sus hijos a cargo de instituciones públicas si consideran que son incapaces de cuidarlos. En un mundo en el que nuestros derechos se vulneran todos los días, Dolan nos presenta el retorcido derecho a renunciar a la paternidad activa. Si en J’ai tué ma mère, un hijo intentaba asesinar la idea de tener una madre, en Mommy, los padres pueden emborronar la existencia de sus hijos. En esta Canadá suburbial de buena vecindad hacia fuera y numerosos problemas hacia adentro, la película nos cuenta el día a día de una madre viuda, Die, que malvive en estos tiempos de crisis económica mientras intenta salvar a su hijo, Steve, que tiene TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad), de un futuro cada vez más sombrío. En la vida de ambos, como si fuera un espléndido día soleado de invierno, irrumpe la vecina de enfrente, Kyla, una profesora traumatizada por hechos del pasado a la que le cuesta hablar con fluidez. Y a partir de ahí la película es la historia de tres seres malheridos, de tres supervivientes, que se agarran entre sí, como si cada uno de ellos fuera la última oportunidad de salvación del otro.

Con una premisa tan oscura, tan triste, a Xavier Dolan le ha salido su película más transparente, más luminosa (maravillosa fotografía), más, paradójicamente, optimista. Tras la terrible y retorcida Tom à la ferme, ha rodado una respuesta a sí mismo en forma de drama emocional que grita ¡vida! Rodada en formato vertical, 1:1, la cámara se pega a los ojos y a la boca del trío protagonista, como si más allá de ellos no hubiera nada, simplemente, el vacío. Como si estuvieran levitando sobre la ciudad, sobre una vida triste frente a sus ansias de correr, de ser felices. Lejos queda ya la sobrecarga visual de sus primeros films, el regodeo en lo kitsch, en la dilatación del tiempo, en los colores sobreexpuestos. A la vez que sus personajes han ganado hondura, su forma de dirigir se ha despojado de elementos innecesarios. La puesta de escena de Mommy es cálida y serena, como cuando el sol te calienta las piernas en diciembre. Dolan ha madurado pero sigue siendo él mismo, con esas secuencias musicales poderosas (la de Wonderwall es una de las mejores secuencias cinematográficas del año), con esa energía que desprenden casi todos los planos, esas ganas puras, inocentes, de vivir.

Para crear esa sensación de optimismo al borde del precipicio, resulta fundamental la elección de reparto que ha hecho. Como ya había hecho en su mejor film hasta Mommy, la ambiciosa Laurence Anyways, opta por no interpretar ningún papel, lo cual es de agradecer, porque seamos sinceros, Dolan se ha transformado en un buen guionista y un fantástico director, pero sigue siendo un actor muy mediocre. Y fía el film a sus dos actrices fetiches, Anne Dorval, la madre de su ópera prima, y Suzanne Clément, la profesora (además de descomunal protagonista de Laurence Anyways), y sobre todo al frenético Antoine-Olivier Pilon. Si las dos primeras aportan la madurez que las heridas de guerra van creando, el último es esa traca de fuegos artificiales que va estallando a lo largo del film, iluminándolo e incendiándolo a la vez. Ante los problemas que los acucian, los rostros de Dorval y Clément muestran una frustración que es puro dolor, mientras que el de Pilon es un volcán de rabia desmedida. Mommy es, en definitiva, una de las películas más hermosas, dolorosas y sensibles de este año, y la confirmación del desbordante talento de un Xavier Dolan, que ahora sí, ha alcanzado ya la madurez como cineasta. 25 años, 5 películas y un mundo propio.

PD: He hablado más de la película en mi crónica de Cineuropa 2014. Dándole premios imaginaros incluso. Hasta ahí llega mi amor.