martes, 28 de enero de 2014

Con una pistola en cada mano

GIRLS


Una de las secuencias más espeluznantes que he visto en mucho tiempo

El 3x04 de Girls, Dead Inside, cierra un primer tercio de temporada que ha servido como presentación de la situación en la que se encuentran las protagonistas. Una fotografía del fango. Esos dos terribles minutos finales de dicho capítulo son, desde ya, la primera cumbre de esta entrega de la serie, pero conociendo a Lena Dunham el recorrido por la montaña rusa acaba de empezar, las anteriores temporadas de Girls ya fueron de menos a más, y esta empieza a tomar ese tono también. Este cuarto capítulo escrito a pachas entre Dunham y Judd Apatow es uno de los más agrios que recuerdo haberle visto a la serie. Sin tregua. Con una pistola en cada mano dispararon a dar tanto a Hannah, como a Marnie, como a Jessa. Más que nunca la cara que nos enseña Girls es la cara oscura, de ellas, de nosotros.

Es la eterna dinámica malsana (y fascinante) en la que nos sumerge Girls: identificación-odio-miedo. Cuando Hannah dijo en el primer episodio de la serie “quiero ser la voz de mi generación” lo que Lena Dunham nos quería decir es “quiero ser la voz que saque a la luz la mierda de mi generación”. Y está cumpliendo metódicamente con el plan. Lo interesante de este cuarto capítulo es que toca algo que hasta ahora la serie no había tocado, la muerte, la relación con la muerte, y lo hace con una frialdad terrible. Terrible por ser cierta. Terrible por su banalidad. Terrible porque incide en un mensaje fundamental en Girls: a veces somos tan banales en nuestra propia autoconsciencia…

Quizás este año la serie ha agudizado su deriva dramática, con estallidos de humor cada vez más residuales, como si ese Nueva York hipster estuviera oscureciéndose a un ritmo acelerado. Incluso el road trip (3x02) de Hannah, Adam y Shoshanna (el único alivio cómico de la serie) tenía un color otoñal, muerto, que daba un poco de miedo. Hannah ha cumplido 25 años. Empieza el camino hacia la treintena y el recorrido se avecina sinuoso, laberíntico. En tres años ninguno de los personajes ha avanzado ni un metro. Una generación a la deriva, no solo laboral, sino sobre todo emocional.

En realidad esta serie es una puta pesadilla. Es como ir al psicólogo y descubrir cuanta mierda cargas contigo, cuán miserable puedes ser. Porque cuando Hannah ante la muerte reacciona pensando en sí misma parece, desde fuera, repulsivo, censurable, pero… ¿no somos nosotros un poco así también? Cuando Marnie se dice a sí misma (no nos engañemos, sólo ella misma se escucha) que está preparada para aspirar a grandes trabajos ¿no está verbalizando lo que a veces pensamos muchos veinteañeros desde nuestro egocentrismo y autocompadecimiento? Es como si Dunham nos estuviera gritando ¡moved vuestros gordos culos sino queréis acabar así! Si no queréis  ser eternamente esa generación que cree que la anterior le robó su futuro.

Girls ha vuelto como siempre, fiel a sí misma, densa, aterradora. Televisión de autor. Sí, tiene sus momentos más flojos, sus tramas que no acaban de funcionar (Jessa siempre es pólvora mojada), sus valles, sus cimas, pero sigue siendo tan interesante como el primer día. Y cada vez me revuelve más el estómago. Me da miedo ser como Hannah y Marnie. Me da miedo porque sé que hay un Luis dentro de mí que es así, y que muchas veces toma el control. Sí, esta serie es mi terapia gratuita. Psicología para gente sin dinero y sin trabajo a base de pistoletazos que apuntan a dar.

domingo, 26 de enero de 2014

Volviendo al carril

THE MINDY PROJECT


Ahogando los problemas en merengue y mantequilla

Cuando el año pasado en otoño vi el piloto de The Mindy Project me entusiasmé. Un poco. Pero me entusiasmé, porque me pareció algo fresco y me convenció su intención de coger las comedias románticas clásicas americanas y rebozarlas en el humor patético-desquiciado de Mindy Kalling (The Office). Un género que en los 80-90 alcanzó su cima (Nora Ephron que estás en los cielos) actualizado para un tiempo distinto, más descreído, menos inocente. Sin embargo, lo que comenzó siendo una gran presentación de producto evolucionó hacia una sitcom esquizofrénica, que un capítulo era de una forma, y tenía unas intenciones, y al siguiente mutaba, tornándose su formato, a priori tan claro, en algo completamente inestable.

Por todo eso, cuando llegó el parón de invierno la dejé. No como una decisión meditada, simplemente la dejé, aunque tenía momentos que me gustaban no acababa de conectar, y el esfuerzo no acababa de aportarme lo necesario para seguir con ella. Sin embargo le fui siguiendo la pista a Mindy, gracias sobre todo a mi amiga Ana que aprovechaba cada quedada seriéfila que hacíamos entre doritos, vino blanco y chocolate de gordos para hacerme apología de la serie y, de paso, colarme algún capítulo en el menú. “Mindy sería tan mi mejor amiga” decía. Y yo, incrédulo, le contestaba “seríais las mayores attention whores de todo NYC”. Pasaron los meses, volvió la serie con su segunda temporada y sus desastrosas audiencias, y aunque empecé a leer cosas buenas sobre su evolución me mantuve firme y no me reenganché al tren.

Sin embargo, entre promesas de hacerme millonario e ideas para sitcoms tróspidas que venderle a CBS, acabé prometiendo, vía twitter, y por lo tanto públicamente, que le daría otra oportunidad a Mindy. Volví al carril a través de una colisión. Un crash enajenado, inesperado, rotundo. Y como soy un hombre de palabra, en estos días convulsos y grises de hojas por el suelo y por la cama me he puesto con The Mindy Project. Y la operación ha sido un éxito. Me he ventilado los 15 caps que no había visto de la primera temporada y estoy listo ya para ponerme al día con la segunda. La serie que me he encontrado a mi regreso es una sitcom más centrada, focalizada en torno a las excentricidades y los líos amorosos de Mindy y Danny Castellano (Chris Messina siempre cumple, siempre) y es justo en la relación entre ambos, a medio camino entre la amistad, el odio y el amor, en la que la serie ha encontrado su punto de equilibrio, su núcleo.

Da la sensación de que a mitad de temporada Mindy Kalling comenzó a tener claro qué serie quería hacer, una comedia a ratos patética a ratos tierna sobre una veinteañera de éxito egocéntrica, sumamente imperfecta, ingeniosa, egoísta, amable, que vive en una especie de burbuja romántica desde la que observa la vida discurrir entre hombres que van y vienen y que nunca terminan de ser el hombre adecuado. The Mindy Project es lo que sería Girls si fuera una sitcom y sus protagonistas tuvieran éxito en el terreno  laboral. Kalling ofrece, en cierta forma, su particular visión de una generación demasiado consciente de sí misma. Y lo hace construyendo tramas, comportamientos, actitudes, frases, dinámicas sociales en las que nos podemos ver identificados. Mindy se ríe de sí misma, y hace que nosotros nos riamos de nosotros mismos, de lo patosos que somos en nuestra vida, de lo ciegos que estamos, de lo errados que estamos. La doctora Mindy Lahiri me ha ganado, veo sus fallos, y sin embargo no puedo no quererla por ellos. Amor por error. Antes del crash no era capaz de identificarme en su humor y en las ideas y sentimientos que pululan detrás del mismo, ahora sí. The Mindy Project ha cambiado desde que nos dejamos de ver. Yo también. Y parece que el cambio nos ha sentado bien a ambos. 

jueves, 23 de enero de 2014

Un sí para el aquelarre

AMERICAN HORROR STORY. COVEN


Demasiadas zorras para tan pocas gallinas

Tras el entusiasmo inicial, muchos espectadores se sintieron decepcionados con el devenir de la tercera entrega de la antología American Horror Story, Coven (aquelarre). Si en Asylum cuanto más se sumergía uno en la historia más claro veía el plan maestro detrás del circo, en Coven pasó un poco como en la primera temporada, que la historia avanzaba a trompicones, como si las tramas fueran escritas sobre la marcha. Entiendo, por lo tanto, el desencanto de parte de la audiencia. Pero, yo he disfrutado tanto este recorrido lleno de baches y tramos cortados por obras, que no puedo negar que a mí Coven me entusiasma. Es obvio que no es Asylum, no tiene esa gravedad, esa entidad narrativa, esa complejidad, esa oscuridad malsana. Coven es puro hedonismo, diversión arrojada a calderos, duelos de zorras multirraciales (gracias), sangre y agujeros de guion muchas veces insalvables (las brujas a veces son muy poderosas y otras veces parece que no tienen ningún tipo de poder). Ah, y Jessica Lange reafirmándose en su título de GMILF definitiva.

Teniendo en cuenta esta vocación ligera, a veces incluso banal, no se le puede negar a Coven que ha sabido salpimentar los múltiples asesinatos y resurrecciones wtfuckeros con alguna reflexión interesante sobre el empoderamiento de la mujer, la aceptación (y la negación) de la muerte y la importancia de las tradiciones socio-culturales. Coven viene a profundizar en esa construcción audiovisual del sur de Estados Unidos como un lugar mágico y tenebroso, de tradiciones arraigadas, quizás frente a un norte carente de un poso tradicional marcado, industrial, urbano.

Interesante resulta también como trata la cuestión del arrepentimiento. En el penúltimo capítulo, Go to Hell (3x12, esa puta locura) Madame LaLaurie (que es un personaje histórico real) escupe que el arrepentimiento no existe, que las personas que dicen arrepentirse sólo se arrepienten de que las hayan pillado haciendo lo que no debían. Sólo se arrepienten de su propia estupidez. Es una visión muy oscura del ser humano. American Horror Story construye (como únicamente la lapidaria Black Mirror de Charlie Brooker diría yo) el retrato de una humanidad condenada a sobrevivirse a sí misma, a sus más bajos instintos. Atrapada en un círculo sin fin de fatalidad (aquí es dónde se viene a situar la cuestión racial y la esclavitud). Es imposible no ver el “la historia es una pesadilla de la que intento despertar” de James Joyce en esas pobres almas atrapadas en su propia inmortalidad.


Helen Mirren, I WIN

Volviendo al inicio, sí, Coven no ha sabido muy bien qué hacer con sus personajes, cómo dirigirlos, o más bien simplemente dirigirlos, ha jugado demasiado la carta del deus ex machina, ha dado la sensación de quedarse ensimismada en su propia mitología, atascada. Pero ha sido un producto divertidísimo, lleno de locura, muchas veces frívolo, sí, pero no hueco. Yo no me he aburrido ni un solo capítulo y en todos me he reído unas cuantas veces. El The Name Game de Asylum apuntaba a que AHS tenía mucho humor en sus cimientos que explotar. Y lo ha hecho, desde la secuencia de la motosierra a la paródica aparición de Stevie Nicks, pasando por Madame LaLaurie viendo Raíces. Ha sabido ser elegante y burda a la vez, gracias a sus actrices (todas extraordinarias, sí, hasta Precious) y a un trabajo de dirección que ha forzado una vez más los límites de la lógica visual. No sé como nadie le ha dado aún a Alfonso Gomez-Rejón una película de terror o un thriller psicológico en Hollywood para que lo dirija. Si a alguien le quedaba alguna duda de su talento, Go to Hell (el golpe sobre la mesa que necesitaba Coven para reafirmarse como un producto de primera) deja claro que Gomez-Rejón aún no ha tocado techo, o tierra, porque sus planos nunca nos dejan ver dónde tiene los pies... y la cabeza. 

domingo, 19 de enero de 2014

Sólo había humo

MOB CITY


Con tabaco y neones, media serie hecha
Cuando vi Chinatown (Polanski, 1974) me quedé fascinado, pegado a la pantalla durante dos horas viendo a Jack Nicholson remar en un lago lleno de cocodrilos. Los Angeles de los gangsters, las femmes fatales, los detectives privados y los policías corruptos (y los incorruptibles, y los que sobrevivían en la escala de grises). Polanski no solo sabía captar la atmósfera (pocos directores hay que estén a su nivel en eso) sino que contaba una historia de hechuras clásicas llena de misterio y de tensión, y lo hacía con personalidad. Y justamente ahí es donde Mob City, la miniserie de qualité que encargó TNT para meterse en el mundo de los premios, fracasa. No solo es impersonal, que es algo malo pero a lo que sobreviven muchas películas o series, sino que además es lo peor que puede ser una obra sobre gangsters, aburrida. Coge los códigos del género y los mezcla en la batidora esperando a que el producto que de allí salga funcione, pero no lo hace, es una serie sin alma, sin tensión, formalmente irrelevante, protagonizada por un reparto, capitaneado por el insulso Jon Bernthal (The Walking Dead), con poco talento. La miniserie gira entorno a una historia central muy menor, muy pequeña, muy intrascendente, en la que se mezclan los gangsters más peligrosos de la ciudad, un policía traumatizado de moralidad laxa y su ex – mujer amenazada por los primeros. Pero, oh, el noir no es esto. No puede serlo. No puede ser solo fachada, y por encima una fachada de ladrillo, desnuda.

Las expectativas generadas a su alrededor tampoco ayudan a la hora de construir mi visión sobre la miniserie. Tengo que reconocer que seguí el proceso de producción y que le tenía ganas. Muchas. Y que la decepción al encontrarme con un producto tan flojo puede haber cegado mi impresión. Puede que sea injusto con la nueva creación de Frank Darabont. Eh, espera, ¿Frank Darabont? Sí, el mismo. O más bien no, porque el Darabont de The Shawshank Redemption (1994), The Green Mile (1999) y el piloto (sólo eso) de The Walking Dead es otro tipo, uno con talento, un narrador de primera, con un estilo clásico que le vendría como un guante a la hora de levantar una miniserie con esta temática. Pues no. Ese tío ya no está, o aún sigue anclado en The Walking Dead empeñado en demostrar que puede hacer televisión, que tiene un proyecto grande en su cabeza. El que aquí figura es un tío que es una decepción constante. En esta ocasión ni siquiera arranca entregando algo soberbio, el primer capítulo de Mob City es ya un producto blandito, salvo la secuencia en el descampado.

Es curioso como Darabont no ha sido el único en estrellarse este último año a la hora de abordar el género, antes que él y centrándose en la misma época y en la misma ciudad (y con algún personaje compartido), Ruben Fleischer (Zombieland, 30 minutes or less) estrenó Gangster Squad, una película llamada a arrasar en los Oscar que se estrenó por la puerta de atrás a principios de año, lapidada por crítica y público e ignorada por su prestigioso reparto (Ryan Gosling, Emma Stone, Josh Brolin, Sean Penn…). El que iba a suponer el salto de Fleischer a las grandes ligas acabó siendo un despropósito. Darabont sobrevivirá a Mob City porque es un cineasta con prestigio, pero quizás sea el momento de darse por vencido en la televisión, de volver al cine, de entregar una historia adulta bien contada para un público adulto que está ahí, que demuestra que sigue dispuesto a ir al cine. Véanse las taquillas y las críticas de películas americanas adultas de este año como The Wolf of Wall Street, Captain Phillips o American Hustle.

jueves, 16 de enero de 2014

Protagonistas secundados

OSCARS


Pelucas, Señor, Jefazo, Chiwi, Slim Mateo

Hoy se dieron a conocer las nominaciones a los Oscars tras meses de especulaciones, premios, trapicheos, rumores y quinielas. Hemos llegado otro año más al borde de la locura pero aquí estamos, en la recta final. Estas nominaciones han sido un pequeño varapalo para 12 years a slave (se le han escapado nominaciones técnicas, sobre todo foto y música, que nadie esperaba que no tuviera) y un respaldarazo para American Hustle, que hizo pleno en las categorías interpretativas como el año pasado la anterior película de su director, David O’Russell, Silver Linings Playbook. Como tercera en discordia se mantiene Gravity, ese golpe de genio de Alfonso Cuarón. Más allá de las tres candidatas a batir, unas reforzadas The Wolf of Wall Street, Nebraska y Dallas Buyers Club (me sangran los ojos con su nominación en montaje), la reflexión sobre la soledad en la ciudad contemporánea de Spike Jonze, Her, la película british de rigor, Philomena, y una muy tocada Captain Phillips.

Cerrado el resumen, una de las cosas que más me han llamado la atención es ver que 4 películas han metido a su actor protagonista y a su secundario de más peso en las nominaciones. Ha apostado la Academia por tándems interpretativos masculinos. Así, por Dallas Buyers Club están nominados Matthew McConaughey y Jared Leto, por American Hustle, Christian Bale y Bradley Cooper, por 12 years a slave, Chiwetel Ejiofor y Michael Fassbender y por The Wolf of Wall Street, Leonardo DiCaprio y Jonah Hill. Esta situación es aún más curiosa si observamos que pudo darse el pleno, porque la gran ausencia en la categoría de actor protagonista fue Tom Hanks, cuyo principal respaldo en Captain Phillips, Barkhad Abdi sí se metió en secundario, y por otro lado, y viendo el respaldo de la Academia a Nebraska, Bruce Dern pudo verse acompañado en mejor actor de reparto por su hijo en la película, el chico SNL, Will Forte.

Pero lo relevante de este hecho es que las relaciones entre los personajes que interpretan estos actores son en gran parte el motor de sus películas. Esta reflexión se observa muy fácilmente en Dallas Buyers Club, película que se eleva cuando comparten plano McConaughey y Leto. Pero es válida para cualquiera de las otras tres. En 12 years a slave, el violinista esclavizado interpretado por Chiwetel Ejiofor encuentra en Michael Fassbender a su antagonista, a la colma de su zapato, a la peste definitiva en su desgraciada existencia. Por su parte, American Hustle se abre con una pelea entre Bale y Cooper, y la tensión constante entre ambos, cada uno a un lado de la ley, es en gran parte el motor de la película, y sus secuencias juntos suelen ser las que tienen más relevancia e interés. Y en último lugar, en The Wolf of Wall Street, el protagonista interpretado por DiCaprio encuentra en el personaje de Hill el perfecto aliado para sumirse en la espiral de drogas, sexo y dinero defraudado que plasma con maestría Martin Scorsese (desde hoy el segundo director más nominado de la historia, sólo por detrás de William Wyler).

Hambre, Coca, Dios, Paja Barbacoa, Dorian Grey

¿Qué consecuencias tendrá en los Oscar esto? ¿Los académicos votarán al pack o harán justamente lo contrario, evitando premiar a dos actores por la misma película? ¿Al ser trabajos tan interrelacionados sería injusto que un actor ganara pero su compañero no? De los 10 nominados, sólo me queda ver a Bruce Dern, justo uno de los dos singles de estas batallas. Del resto, mi voto sería DiCaprio protagonista, Fassbender secundario. Pero Ejiofor protagonista y Hill secundario no me parecería injusto, ni la victoria de los packs de ambas películas, claro. Pero creo que yo intentaría repartir, a pesar de que creo que no se pueden entender unos trabajos sin los otros, para poder así reconocer a interpretaciones diferentes entre sí, pero igualmente impresionantes.