martes, 18 de agosto de 2015

Las series del verano 2015

Ahora que ya estamos a mediados de agosto, y por lo tanto ya tenemos 2/3 del verano a nuestras espaldas, es el momento de repasar cuales han sido (o están siendo) las series más interesantes de la estación más desahogada del año en cuanto a consumo de ficciones televisivas se refiere. Mi noción del verano es amplia, así que tengo en cuenta una serie que se puso a disposición de los espectadores a principios de junio, cuando el calor ya apretaba. Si hubiera unos Emmys del verano, éstas serían mis nominadas a mejor serie:

7. Hannibal (NBC)
La serie moribunda más ilustre de la televisión americana. Desde que NBC anunció su cancelación, estamos asistiendo al via crucis de una ficción que estaba condenada a morir desde sus inicios. Demasiado esteta para este mundo. Este año, además, parece que Fuller, Natali y demás implicados se hayan empeñado en que esa condena se llevara a cabo. La tercera temporada del drama psicológico entre Will Graham y el doctor Hannibal Lecter ha sido un “para lo que me queda en el convento, me cago dentro” en toda regla. Hannibal ya no es una ficción narrativa, ha ido un paso más allá, simplemente es una experiencia sensitiva. Ya da igual el relato, lo único que importa es la cruel belleza de sus imágenes. No hay nada igual en la televisión, por eso es tan terrible que se vaya a terminar, no ya sólo para sus espectadores, sino también para el medio, para las series de televisión como arte y como producto cultural.

6. BoJack Horseman (Netflix)
Vi la primera temporada de BoJack Horseman a finales de mayo, por recomendación de un amigo que me aseguró que me iba a encantar. Y sí, lo hizo. A otro amigo se la ha definido esta mañana como “una The Comeback más oscura”. O más que oscura, pesimista. BoJack Horseman es una de esas series, como Mom, por ejemplo, con la que me río muchísimo pero que a la vez me hace mucho daño. Su protagonista es un actor caballo que triunfó en los 90 con una sitcom familiar tipo Padres forzosos o Los problemas crecen, y que ahora, emocionalmente devastado, vive rodeado de alcohol e insatisfacción. Pero no nos llevemos a engaño, BoJack Horseman es una gran comedia, cínica, meta, oscura y retorcida, pero una comedia al fin y al cabo. Una crítica a la totalidad del lado más oscuro de Hollywood, o en el mundo de la serie, Hollywoo. Es la pareja perfecta de la serie de la que hablo a continuación.

5. Unreal (Lifetime)
Quizás ésta haya sido la serie más comentada del verano. Y no me extraña. Unreal es lo que podríamos llamar una devastadora y descacharrante “ensalada de ostias”. La serie gira en torno al rodaje de un programa tipo ¿Quién quiere casarse con mi hijo?. Está basada en The Bachelor, un programa de ABC en el que trabajó una de sus dos creadoras. Las protagonistas son dos mujeres, la productora ejecutiva (la jefa de todo esto que diría Lars von Trier) y una productora con problemas de conciencia (y de crisis mental y emocional), interpretadas, magistralmente, por Constance Zimmer y Shiri Appleby. En medio de sus diversos juegos de manipulación de la realidad, el teórico creador del programa, el “tronista”, las pretendientas y el cámara. A veces Unreal parece ¡Qué ruina de función! con sus enredos de cama y su comedia disparatada, y otras un despiadado drama sobre las vergüenzas de la televisión que grita ¡Network vive!

4. Mr. Robot (USA Network)
¿Una serie de USA Network con Christian Slater? No me acerco a “eso” ni con un puntero láser. Error. Craso error. Mr. Robot no sólo es buena, sino que ha venido a sacudir el panorama de la ficción televisiva actual. Además de brillante es imaginativa. Un informático con serios problemas de conexión emocional y para relacionarse socialmente acaba metido en una conspiración de hackers que pretenden destruir a una macro-corporación que se dedica a corromper todo lo que toca, de ahí que se llame, sin ambages, Evil Corp. Entre el drama íntimo y el thriller psicológico, Mr. Robot es una serie en la que cada capítulo aporta una cara nueva a los diversos personajes y conflictos de la serie. Lejos de resolver nada, cada vez sus personajes están más atrapados. Ya sea el héroe imposible, su mejor amiga o su némesis, ese delicioso y perturbado directivo de Evil Corp. Al igual que Nightcrawler (Gilroy, 2014), Mr. Robot parece la evolución natural de los thrillers urbanos oscurísimos que produjo el cine americano en los 70. Palabras mayores.

3. Halt and catch fire (AMC)
Tras lograr una renovación in extremis, este verano volvió a AMC este drama sobre los pioneros del PC en la década de los 80. Precisemos, Halt and catch fire ya no tiene esa premisa, ahora habla sobre emprendedores en los albores de la era de internet. Y si el año pasado sus protagonistas eran los hombres, pegados al hardware, este año lo fueron las mujeres, y su control del software y de las potencialidades de la red. En esencia Halt and catch fire se ha rebooteado a sí misma. Algo que ya es, per se, muy novedoso. El resultado ha sido otra temporada sensacional, inteligente, vibrante y magnética. A pesar de ello, seguimos en vilo a la espera de saber si AMC le dará una tercera entrega a pesar de sus pésimas audiencias. Donna y Cameron son una de las parejas femeninas más fascinantes de la televisión. Si el año pasado Kerry Bishé y McKenzie Davies fueron capaces, desde sus puestos de secundarias, de robarles la serie a Lee Pace y Scott McNairy, este curso, como protagonistas se han adueñado completamente de la misma. Lo mejor de esta temporada han sido ellas y sus momentos compartidos en esa selva caótica que fue Munity. Lo peor las tramas de un McNairy desconectado de la trama principal y desaprovechado. Halt and catch fire es una de las series con más personalidad de la televisión actual.

2. Sense8 (Netflix)
La inclusión de Sense8 es la trampa que he colado en esta lista (por no perder las buenas tradiciones). Netflix la puso a disposición de sus clientes a principios de junio, por lo tanto, técnicamente no es una serie veraniega. Sin embargo su sentido del espectáculo, su tono y sus reflexiones sobre el amor la convierten en un producto 100% veraniego. Además, gran parte de sus espectadores la han consumido durante los últimos meses, extendiendo el impacto de la misma hasta el anuncio de su renovación, el 8 de agosto (la misma fecha en la que nacieron los protagonistas de la serie). Sense8 es una serie a ratos fascinante y a ratos delirante. Un producto en el que sus creadores, J. Michael Straczynski y los Wachowski, volcaron toda su creatividad, sin filtros, lo cual lo dota de una vitalidad y una pasión desmedidas. Cuatro mujeres y cuatro hombres, cada uno en un lugar del mundo, están conectados mentalmente entre sí. Todos ellos tienen muchos problemas, pero esa conexión les permite ayudarse los unos a los otros a hacerles frente. No me digáis que no es bonita la premisa. Sense8 no es una serie de matices, es un tren que circula destrozándolo todo a su paso, sin detenerse. Más allá de sus fallos (sobre todo los diálogos, el abuso de tópicos y la trama conspiranoica), estamos ante una serie que es puro hedonismo, diversión sin límites, y que además ha construido un grupo de personajes con los que el espectador puede conectar. Un grupo de personajes que te hacen sentir. Y eso es hermoso.

1. Rectify (Sundance Channel)
La semana pasada se emitió el último episodio de esta temporada de Rectify, la serie con la que Ray McKinnon está llevando el paradigma de la slow tv a un nuevo nivel. Este drama sigue la salida de presión de un condenado a muerte por un crimen que no sabemos si cometió, y la repercusión en forma de terremoto emocional que todo ello provoca en su familia. Tras 3 años podemos decir que Rectify es mejor cuanto más se centra en el plano emocional y en las relaciones entre sus personajes, y peor cuanto más insiste en desvelar la verdad tras el crimen por el que fue culpado el protagonista. Brilla con luz propia cuando habla del rabioso presente, pero no deslumbra tanto al analizar el pasado. Es un drama sensible pero también oscurísimo. Me recuerda en la aproximación que hace a sus personajes, a su alma, a In treatment, otra obra fundamental de la slow tv. Un auténtico placer. Está renovada ya para una cuarta temporada.

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Sobre Unreal S01: Hacer buena televisión
Sobre Sense8 S01: Sensibilidad y ¡acción!


martes, 11 de agosto de 2015

Nic Pizzolatto, un hombre devorado por su ego

TRUE DETECTIVE - Segunda temporada


Sin spoilers

Ha terminado ya la segunda entrega de True Detective, la serie-antología que dejó con la boca abierta a muchas personas a principios de 2014. Yo soy una de esas personas. Un año y medio después, su autor, Nic Pizzolatto, dilapidó todo el crédito que había acumulado con la primera temporada de su ficción detectivesca. Auge y caída de un hombre devorado por su ego.

Tras el éxito conseguido por la primera temporada, aquel drama denso, malsano, interpretado por Matthew McConaughey, Woody Harrelson y Michelle Monaghan; dirigido por Cary Fukunaga y escrito por el novelista Nic Pizzolatto; HBO quería una entrega más. En una cadena para la que la marca lo es todo, True Detective era, más allá de sus defectos (fue de más a menos, por ejemplo), una serie fundamental. Una obra de culto instantánea, con sus fans enfebrecidos y sus críticos con ganas de sangre. Por ello la decisión de pedirle a Pizzolatto una segunda entrega era una decisión lógica. Tras el anuncio de la renovación nos embarcamos en meses de especulación sobre el hipotético nuevo reparto (#TrueDetectiveSeason2 es la mejor no-campaña promocional de la historia), sobre el argumento, sobre el peso de las mujeres y sobre la dirección.

El reparto final y la decisión de contar con varios directores para rodar los 8 episodios enfriaron en cierta forma las expectativas. Yo creía que ni uno, ni lo otro, era a priori malo. Colin Farrell y Taylor Kitsch no son, obviamente, McConaughey y Harrelson, pero apostar por extender la historia a través de más personajes les iba a quitar peso sobre sus espaldas y ambos podían cumplir, sin duda. Vince Vaughn era una elección extraña como (teórico) villano, pero ¿por qué no? Y para Rachel McAdams era una oportunidad de oro, la posibilidad de reivindicarse. Vista la serie las tres elecciones masculinas fueron un error rotundo, sin paliativos. Aún así el problema fundamental no fueron los intérpretes sino sus personajes, escritos con desidia, a los que se le fueron colgando dramas personales mal presentados, banales, artificiosos. En cuanto a lo relativo a la dirección, que hubiera varios responsables de la misma no tenía que restarle personalidad a la propuesta visual. Ahí está la primera temporada de Fargo para demostrarlo. Rodada por varios directores tiene, aún así, una personalidad visual apabullante. El problema de la segunda temporada de True Detective es que ha carecido de eso, de personalidad. Ha sido rodada de forma eficiente, sin más. Ha tenido alguna secuencia poderosa (los finales de los capítulos 2 y 4), pero no ha sido capaz de crear una atmósfera poderosa, inmersiva. Ambas decisiones me llevan a pensar que Pizzolatto decidió enfrentarse él solo al mundo y fracasó. Buscó, premeditadamente, ser la estrella de la función, confiarlo todo a sus guiones y se estrelló. Básicamente porque, ante todo, la segunda temporada de True Detective está mal narrada. La serie camina sin rumbo durante todo el relato, moviéndose sólo a base de fogonazos esporádicos, aturdida. Si la primera temporada de True Detective era hipnótica, la segunda es caótica. Como si a Pizzolatto no le llegara con expulsar a los fantasmas de Fukunaga, McConaughey y Harrelson sino que nos quisiera también expulsar a nosotros, espectadores, haciendo que nos perdiéramos constantemente en tramas que no iban a ningún sitio, carreteras sin salida. Pizzolatto quiso demostrar que era un genio, que ni los actores  ni la apabullante apuesta audiovisual de la primera temporada tenían el mérito de la grandeza de la misma. Y no pudo. Una pena, porque los temas sobre los que pivota la historia son muy interesantes. Corrupción, crimen organizado, violencia, explotación sexual, especulación urbanística… Había buen material, falló la escritura. Por encima, HBO ha programado Show me a hero, el regreso de David Simon (The Wire, Treme), 7 días más tarde, una miniserie que vendrá a hablar de lo mismo, aunque situándose en otra época. Conociendo a Simon, va a doler, Nic.


A la luz de los acontecimientos, está claro que HBO y Pizzolatto se equivocaron. Tomada la (obvia) decisión de continuar con la serie, escogieron la peor de las opciones que tenían sobre la mesa. La antología podría haber contado con otro escritor para su segunda temporada. Hay muchos autores de novela negra, como Pizzolatto, que matarían por tener a HBO produciéndoles sus historias. Podrían haber creado así una antología de narradores contemporáneos, bajo la supervisión del creador de la serie. Descartada esa opción, básicamente porque Pizzolatto no iba a ceder una marca que lo ha catapultado al éxito, podría haberse rodeado de un equipo de guionistas si, como finalmente sucedió, tenía que escribir todos los capítulos en un corto periodo de tiempo para que la serie regresara pronto a las pantallas. O podría haberle dicho a HBO que necesitaría tiempo para concebir una nueva historia en su totalidad. El impacto de True Detective ha sido tan grande que aunque hubieran pasado dos años, la serie seguiría generando unas enormes expectativas. También podrían, HBO y el autor, haber optado por adaptar alguna de las historias presentes en las obras literarias de Pizzolatto (Galveston y Between Here and the Yellow Sea), así éste no tendría que construir de cero toda la historia. Sin embargo, decidieron acelerar los plazos, optar por un relato completamente original y que todo el peso de la ficción recayera sobre Pizzolatto, que tras haber tenido problemas con Fukunaga decidió, además, contratar a varios directores, para que la forma no eclipsara al fondo que él estaba escribiendo. Se equivocó. El ego lo cegó. No se dio cuenta de que empeorar su serie para resaltar su escritura era boicotearse a sí mismo y a su obra. Si aprende de los errores cometidos, True Detective puede volver a ser una serie de referencia. El concepto es poderoso, los temas que sobrevuelan su cabeza son interesantes y tiene a su disposición los mejores medios para llevarlos a cabo.


viernes, 17 de julio de 2015

Las grandes batallas de los Emmys 2015

El pasado jueves se anunciaron las nominaciones a los Emmys de este año, que premian a las series (y demás programas) emitidos en USA (y que han decidido presentarse) en la temporada 2014/2015. Empiezan ahora varias semanas de pronósticos y porras que terminarán el 20 de septiembre con la entrega de los premios. A continuación una selección de batallas que se producirán en unos Emmys muy abiertos, salvo para Jeffrey Tambor, que por fin ganará su primer Emmy gracias a Transparent.

Serie de Drama: ¿Quién bebe más: Don Draper o los Lannister?

No wine, no party

Vistas las nominaciones parece que esta categoría será un cara a cara entre Mad Men, que lograría su 6ª 5ª victoria, récord absoluto, y Game Of Thrones, que sería la primera serie fantástica en ganar en la categoría y devolvería a HBO la victoria en la misma, la joya de la corona de los Emmys, que no cata desde la última temporada de The Sopranos. Ambas han colado a tres actores (Mad Men: Hamm, Moss y Hendricks; Game of Thrones: Headey, Clarke, Dinklage), GoT cuenta con dos nominaciones en dirección y una en guion, mientras que Mad Men tiene dos en esta última categoría. Llegan, por lo tanto, en igualdad de condiciones a la batalla final. La serie de Weiner tiene a su favor el efecto despedida y haber cerrado por todo lo alto su relato; la de Benioff y Weiss, que hoy por hoy es la serie más importante e influyente del mundo, un fenómeno descomunal. Las apuestas se inclinan por Mad Men porque mucha gente cree que la Academia no reconocerá a una serie fantástica con su máximo galardón, pero quizás se equivocan, algún día tendrá que pasar y más cuando cada día se producen más series de calidad de género.

La tercera en discordia podría ser House of Cards, una serie que genera mucha expectación y seguimiento en Estados Unidos y que es el buque insignia de Netflix. Su principal hándicap es que no tiene el respaldo crítico que sí tienen sus rivales y esta tercera temporada ha recibido incluso más palos que de costumbre (hola America Works). A priori las otras cuatro nominadas no tienen opciones. A Downton Abbey le llega con seguir ahí, inamovible; a Orange is the new black con haber logrado pasar de comedia a drama con relativo éxito; a Homeland con que hayan reconocido que fue capaz de resurgir de sus cenizas y entregar una cuarta temporada sensacional; y a Better Call Saul con entrar por la puerta grande con nominaciones tan importantes. A continuación pronósticos para las 4 grandes categorías interpretativas de Drama. En verde quién creo que va a ganar y en naranja a los contendientes que veo con posibilidades.

Actriz en Drama: Davis vs. Henson (¿y Wright?)
Claire Danes por Homeland
Viola Davis por How to Get Away with Murder
Taraji P. Henson por Empire
Tatiana Maslany por Orphan Black
Elisabeth Moss por Mad Men
Robin Wright por House of Cards



Actor en Drama: Hamm vs. La Historia
Kyle Chandler por Bloodline
Jeff Daniels por The Newsroom
Jon Hamm por Mad Men
Bob Odenkirk por Better Call Saul
Liev Schreiber por Ray Donovan
Kevin Spacey por House of Cards




Actriz de reparto en Drama: Hendricks vs. Headey
Uzo Aduba por Orange Is The New Black
Christine Baranski por The Good Wife
Emilia Clarke por Game of Thrones
Joanne Froggatt por Downton Abbey
Lena Headey por Game of Thrones
Christina Hendricks por Mad Men


Actor de reparto en Drama: Banks vs. Mendelsohn
Jonathan Banks por Better Call Saul
Jim Carter por Downton Abbey
Alan Cumming por The Good Wife
Peter Dinklage por Game of Thrones
Michael Kelly por House of Cards
Ben Mendelsohn por Bloodline




Serie de Comedia: ¿Ya estamos listos para pasar página?

Qué duro es liderar el mundo libre

Es cierto que llevamos un par de años (sobre todo el año pasado) creyendo que Modern Family dejará de ganar el premio a la mejor comedia del año pero al final nunca ocurre. 5 victorias consecutivas después parece que este año sí que perderá la sitcom de ABC. ¿Por qué? Por un lado, la sexta temporada ha sido, con mucha diferencia, la peor de todas las que ha tenido hasta el momento. Yo nunca creí mucho en la idea de que Modern Family estaba bajando el nivel año tras año, sin embargo esta temporada sí que he notado esa pérdida de calidad. Además las audiencias de la serie en USA también han sufrido un notable retroceso. Por otro lado, su presencia en los Emmys de este año ha menguado considerablemente. Por primera vez Modern Family no tiene ni una sola nominación en las categorías de guion y dirección. Mientras que en las interpretativas sólo se mantienen en pie los dos grandes motores de la serie: Julie Bowen y Ty Burrell. Es muy difícil que una serie que no está nominada ni en guion ni en dirección se imponga en los Emmys. Muy difícil. Aún así no conviene dar por muerta a Modern Family, que tiene a su favor que no tiene una rival clara, sino varias rivales con posibilidades diversas. Quizás las dos series que llegan más fuertes a la contienda son Veep y Transparent. La comedia negra ambientada en la política de HBO ya parecía ser el año pasado la serie capaz de destronar a Modern Family. Este año ha vuelto a firmar una temporada modélica y los Emmys han rubricado su calidad nominándola en guion y dirección, además de las menciones a Julia Louis-Dreyfuss, Anna Chlumsky y Tony Hale. Por su parte, la dramedia de Amazon lleva generando apoyos desde su estreno en otoño, ha pasado con éxito por los premios previos a los Emmys y su calidez puede conquistar a muchos votantes. Por el momento ha logrado estar nominada en dirección, guion, actor (Tambor) y secundaria (Gaby Hoffman). ¿Mi apuesta? Quizás me decantaría por una victoria de Veep.

Si estas tres son las series favoritas para ganar, en segunda línea nos encontraríamos con otras dos niñas bonitas de la crítica (y de servidor) Silicon Valley y Louie. Ambas están nominadas también tanto en dirección como en guion, sin embargo a la primera le pesa no tener ningún intérprete nominado y a la segunda ser una obra demasiado autoral. La victoria de cualquiera de las dos sería muy sorprendente. Y en último lugar tendríamos a Parks and Rec. que ha logrado con su última temporada su segunda nominación a mejor comedia en toda su historia y a Unbreakable Kimmy Schmidt, cuya nominación reconoce el acierto de Netflix al expandirse a diversos géneros. No creo que tengan opciones reales, estar nominadas ya es un bonito reconocimiento para ambas, sobre todo para Parks, una de mis comedias televisivas favoritas de siempre.

Actriz en Comedia: Julia Louis-Dreyfus busca rival
Edie Falco por Nurse Jackie
Julia Louis-Dreyfus por Veep
Lisa Kudrow por The Comeback
Amy Poehler por Parks and Recreation
Amy Schumer por Inside Amy Schumer
Lily Tomlin por Grace and Frankie
  


Actor en Comedia: Jeffrey Tambor
Anthony Anderson por black-ish
Don Cheadle por House of Lies
Louis C.K. por Louie
Will Forte por The last man on earth
Matt LeBlanc por Episodes
William H. Macy por Shameless
Jeffrey Tambor por Transparent



Actriz de reparto en Comedia: 7 mujeres contra Allison Janney
Mayim Bialik por The Big Bang Theory
Julie Bowen por Modern Family
Anna Chlumsky por Veep
Gaby Hoffmann por Transparent
Allison Janney por Mom
Jane Krakowski por Unbreakable Kimmy Schmidt
Kate McKinnon por Saturday Night Live
Niecy Nash por Getting On

Actor de reparto en Comedia: Sálvese quien pueda
Andre Braugher por Brooklyn Nine-Nine
Adam Driver por Girls
Keegan-Michael Key por Key & Peele
Ty Burrell por Modern Family
Tituss Burgess por Unbreakable Kimmy Schmidt
Tony Hale por Veep

viernes, 3 de julio de 2015

Hacer buena televisión

UNREAL y MASTERCHEF


Spoilers de todo Masterchef 3 pero sólo del piloto de Unreal



Resulta curioso que en la vorágine de estrenos seriéfilos veraniegos una de las series que más ruido esté generando sea Unreal, una ficción de la denostada (por méritos propios) Lifetime, el canal trash para señoras del cable americano. Unreal es la serie que muchos no sabíamos ni que existía hasta que fue estrenada y en menos de un mes se ha convertido en un visionado obligatorio. Pero ¿qué es Unreal? Un drama (con tintes de comedia negra y/o sátira) de 40 minutos sobre el rodaje de un programa al estilo The Bachelor (programa en el que trabajó una de sus creadoras, Sarah Shapiro), que extrapolándolo a España vendría a ser una especie de QQCCMH blandito. La serie tiene como protagonista a una productora (una sólida Shiri Appleby) atormentada e inestable piscológica y emocionalmente, y como personajes relevantes a la productora ejecutiva (una genial Constance Zimmer) y al candidato que va a buscar esposa (risas) (Freddie Stroma). Unreal es, antes que nada, una serie divertidísima, con un ritmo endiablado y que maneja muy bien los dilemas de la protagonista, sus dramas personales y las más terribles miserias de la televisión de entretenimiento en particular y de los mass media en general. Pero además de eso es una clase maestra de cómo funciona el medio, de cómo se producen los formatos, de cómo se moldean y de cómo se construyen relatos.

Toda la ficción audiovisual americana del último medio siglo que gira en torno a la televisión bebe de Network, el clásico de Sidney Lumet y Paddy Chayefsky de 1976. Toda, y sino que se lo pregunten a Aaron Sorkin que plagió/homenajeó su inicio abiertamente en Studio 60 y de una forma un poco más disimulada (sólo un poco) en The Newsroom. Unreal, que por cierto es todo lo contrario a la última serie de Sorkin, no iba a ser menos y hace suya la representación de la industria televisiva como una ciénaga inmunda. Además lo hace tirando de humor y personajes incapaces de diferenciar su vida personal y su vida laboral. La televisión es ese monstruo que lo devora todo. Empezando por las propias personas que la hacen. Ese engranaje (de poder) que pervierte los códigos morales. La protagonista no es una mala persona pero comete malas acciones. Las circunstancias del medio la empujan a ello. Cuando su jefa habla de hacer buena televisión no está hablando de servicio público, sino de entretenimiento salvaje, sin barreras, sin moral. Hacer buena televisión es, para ella, manipular a una chica para que confiese su infancia traumática, escupa a una productora y se largue llamando hijos de puta a todo el mundo. Un versión completamente narrativizada de la realidad. Un relato que engancha porque tiene el elemento más importante: un villano.

La figura del villano es tan importante a nivel narrativo que casi todos los productos narrativos que consumimos tienen uno. Da igual que sea ficción o no-ficción. Si lees El País estos días verás a Alexis Tsipras y Pablo Iglesias como terribles villanos. Si ves uno de los documentales más relevantes de la última década, The Act of Killing, te encontrarás con Anwar, ese hombre que te cuenta entre risas y representaciones que mató a miles de personas él solito. De hecho, la figura del villano es tan relevante que cuando no la hay, la echamos de menos. Por ejemplo, la ausencia de una gran mala ha sido, para mí, el gran problema de la tercera temporada de Orange is the new black. Nos encanta amar, pero más nos encanta odiar, sobre todo en tiempos tan cínicos como los que vivimos (leer El País, vuelve a ser útil para demostrar esto). Por eso cuando el protagonista del reality sobre el que gira Unreal, Everlasting, elimina a la villana que la productora ejecutiva había planificado para su relato, ésta arde de rabia y empieza a buscar a una nueva víctima. No eres tú, es la historia.


Es tal la importancia de contar con un gran villano que hasta los productores/montadores de Masterchef España cuidan ese elemento. En las tres ediciones del programa ha habido un villano, este año le tocó el turno a Sally y ella con sus miradas de odio, su ego desmedido y sus discursos de pena baratos, fue lo único que se salvó del completo desastre, a nivel narrativo, de esta tercera edición. Tras tocar la gloria con ese hit inesperado que fue “León Come Gamba” el programa se precipitó al vacío y sólo Sally, o más bien la pasión de los espectadores por odiarla, mantuvo cierto interés. Carlos era el ganador claro desde el segundo o tercer episodio, la duración del programa se fue inflando hasta llegar a límites insospechados, los invitados siempre son los mismos, la prueba central se ha convertido definitivamente en un publirreportaje casposo (hoy vivan las bodas, mañana viva el ejército, pasado vivan los restaurantes surrealistas de precios demenciales)… Todo lo que podía salir mal este año en Masterchef ha salido mal. Entonces ¿por qué lo seguimos viendo? Yo, particularmente, porque me gustan los programa de cocina (que son en sí mismos anti-televisión porque no puedes juzgar lo que se hace en ellos), disfruto viéndolo y comentándolo con mis amigos reales y con mis “amigos” virtuales, y porque sí, odiar Masterchef y rajar de TVE, su publicidad encubierta y sus horarios, me relaja.


Odiar me relaja, es catártico, las noches de los martes eran esas 3 horas del día (3 horas sin bloques publicitarios puros, 3 horas señores) en las que podía odiar libremente. Como un día del apaleamiento en Los Simpson. Odiar tanto a los concursantes como, sobre todo, a las personas que hacen un programa que ni es un buen servicio público, ni es buena televisión. Y ese es el drama de Masterchef, no cumple el papel que debería cumplir como exponente de la gastronomía y la diversidad cultural y culinaria de España, y tampoco lo hace como entretenimiento, como narración, como relato. Es un quiero y no puedo. O más bien es un no quiero, prefiero mataros a duración hasta dejaros exhaustos. Unreal es buena televisión, ácida y divertida, Masterchef no. Sin embargo veo ambas cosas. Pero Unreal la veo porque la disfruto en mi soledad y la veo concentrado, para no perderme nada, ni un solo chascarrillo, sin que ello impida que después pueda comentarla con amigos o recomendarla, cosa que ya he hecho. En cambio Masterchef lo veo porque disfruto hablando de él en directo, no sería capaz de verlo solo, es un programa incapaz de captar tu atención más de 5 minutos, no tiene ritmo alguno.

martes, 30 de junio de 2015

Las noches de verano en HBO


A lo largo de este mes ha terminado la temporada televisiva 14-15 y arrancando la nueva temporada 15-16. Netflix ha estrenado la tercera entrega de Orange is the new black y la primera de Sense8, AMC ha lanzado el regreso de Halt and catch fire y el estreno de Humans,  NBC ha recuperado Hannibal para decirnos que la matará al terminar este curso. Y en HBO se han despedido hasta el año que viene Game of Thrones (su actual buque insignia), Veep y Silicon Valley. El espacio dejado en la parrilla por estas tres ficciones lo han venido a cubrir la segunda temporada de True Detective y dos nuevas comedias, The Brink y Ballers. La recepción crítica ha sido tibia, por no decir decepcionante, algo a lo que no está muy acostumbrada HBO. En Metacritic, una web que recoge las principales críticas de Estados Unidos y elabora un ránking a partir de las mismas, Ballers cosecha un 65 sobre 10, True Detective un 63 y The Brink un pobre 51. Para poner estas puntuaciones en contexto, debemos señalar que las tres series de primavera de HBO lograron 91 (Game of Thrones), 90 (Veep) y 86 (Silicon Valley) puntos. Estamos hablando de una caída de 30 puntos de un estación a otra. Teniendo en cuenta ese dato vamos a hacer un repaso a estas tres ficciones, tras la emisión de los dos primeros capítulos de cada una de ellas.

Ballers
Cuando vemos una serie nueva tendemos a compararla con productos anteriores, sobre todo de cara a presentársela a los demás. De Ballers se ha dicho que es una mezcla entre Ray Donovan y Entourage. Esta comedia (nada graciosa, en mi opinión) sigue a un ex-jugador de fútbol americano, interpretado por Dwayne 'The Rock' Johnson, que se dedica a asesorar a jugadores en activo. Su trabajo nos recuerda al drama de Showtime pero su protagonista y la relación que tiene con sus clientes pretende ir por la línea de la antigua comedia de HBO. A mí, que Ray Donovan no ha terminado de engancharme, y que no he visto Entourage entera, Ballers no me está interesando lo más mínimo. No creo que sea mala, ni siquiera fallida, creo que es una serie menor, sin pretensiones, que no destaca en nada. Un pan sin sal.

The Brink
Dado el éxito de crítica y premios de Veep (no así de audiencias), parecía lógico que HBO apostara por producir otra comedia negra ambientada en el mundo de la política (que además está en alza televisivamente hablando). Sin embargo, más allá del género, The Brink no se parece en nada a su predecesora. De hecho, no le llega ni a la suela de los zapatos. La serie narra cómo se produce un golpe de estado en Pakistán (uno de los países con bomba nuclear más inestables del mundo) y las consecuencias que ello conlleva. La historia está contada desde tres puntos de vista, el del secretario de Estado de USA (Tim Robbins, lo mejor de la función), el de un funcionario de bajo nivel de dicho departamento en el país (Jack Black haciendo de sí mismo) y el de un militar americano destinado en la zona (Pablo Schreiber). Mientras la trama política en Washington tiene algún momento inspirado (los rifirrafes entre el secretario de Estado y el Veep), las otras dos resultan rotundamente fallidas. Yo no soy el público objetivo de Ballers, no me interesa el fútbol americano, los agentes deportivos o el humor de bros. Pero sí debería ser el público objetivo de The Brink. Me encantan las sátiras y consumo prácticamente cualquier contenido audiovisual ambientado en el mundo de la política. De hecho tengo el listón tan bajo que aún sigo viendo ese delirio llamado Tyrant, otra de las series del verano. Sin embargo, The Brink me ha dejado frío. Pretende ser graciosa, ácida e inteligente y no lo logra. Le daré margen pero tiene que mejorar demasiado.

True Detective II


Ha vuelto la serie de Nic Pizzolatto 15 meses después de haber finalizado su primer relato, aquella caza del asesino en serie a través de las décadas en una Louisiana tenebrosa. Este año Pizzolato, sin la dirección de Cary Fukunaga, se adentra en las entrañas de la corrupción urbanística en una California podrida de cemento. Los protagonistas son tres agente de la ley (Colin Farrell, Rachel McAdams y Taylor Kitsch) y un mafioso local (Vince Vaughn). La historia pivota en torno al asesinato de un socio del segundo y las ramificaciones del mismo. Tras sólo dos episodios es difícil valorar la temporada pero a mí me está gustando. Es cierto que tanto a nivel formal como interpretativo la serie es inferior a su primera temporada. Pero ello no quiere decir que Justin Lin (que no se encargará de la puesta en escena de todos los capítulos) no haya dirigido bien los dos primeros episodios (la secuencia final del 2x02 es magnífica) ni que los actores no estén haciendo un buen trabajo. Simplemente el listón estaba demasiado alto. Lin no tiene la capacidad de generar atmósfera e imágenes poderosas de Fukunaga, mientras que Farrell y compañía no tienen la presencia de McConaughey y Harrelson. Así las cosas, este año la serie se lo jugará todo a su historia, a su guion. Liberado (o más bien desnudado) del hechizo formal de Fukunaga y la densidad que le imprimían a los personajes McConaughey y Harrelson, Nic Pizzolatto tendrá que demostrar que es el gran escritor noir que nos hizo creer que era. Todo o nada. Pizzolatto ha decidido ofrecer una serie más desnuda, más puramente narrativa, y tendremos que ver si la apuesta le ha salido bien. Por ahora, he aquí un espectador satisfecho.