martes, 16 de diciembre de 2014

En mañana. The Newsroom 3x06

THE NEWSROOM - What kind of day has it been?


Y ¡corten!

En el final de The West Wing, Abbie Bartlet le preguntaba a Jed Bartlet “¿en qué piensas?” y él contestaba “en mañana”. Y lo que siguió a esa frase final, que miraba hacia el futuro, fue un fundido a negro que cerraba siete años de una de las mejores series de la historia de la televisión. Aaron Sorkin, su creador, se había ido de la misma al final de la cuarta temporada. Por lo tanto, ese diálogo no es suyo. Pero podría haberlo sido. The Newsroom echó el cierre el pasado domingo en HBO mirando, también, hacia el futuro con optimismo. Termina así una serie que nunca estuvo a la altura de las expectativas creadas a su alrededor, que siempre caminó sumida en un mar de críticas furibundas y que generó numerosos y encendidos debates. Quizás ese sea el gran legado de The Newsroom, habernos empujado a tratar temas relevantes del mundo en el que vivimos, de los medios de “comunicación” que padecemos, del tipo de ciudadanos que somos. Para mucha gente en casi todas las ciénagas en las que Sorkin se zambulló lo hizo de la forma equivocada. Sobre todo en lo relacionado con la mujer. La mujer como tema. Yo creo que a veces acertó y otras muchas, efectivamente, no fue capaz de leer el mundo en el que vivimos. Sorkin cree en un mundo que ya no existe, o lo que es peor, en un mundo que posiblemente nunca existió. No tuvo la sensibilidad y la agudeza necesarias para hablar sobre las discriminaciones que sufren las mujeres, y en cambio le sobró condescendencia para hablar de lo que hacen mal los medios. Más allá de todo ello, quizás el gran problema de The Newsroom fue la ausencia de grises. En un mundo tan convulso como el actual el “esto es bueno y esto es malo” ya no sirve. The Newsroom no debió habernos gritado su discurso, debió habernos germinado con el bien de la duda. Generó enormes debates, pero si hubiera sido menos obvia, más sutil, más compleja, hubiera generado muchos más.

Spoilers del final de la serie 
El final feliz
Estaba claro que The Newsroom iba a terminar con un final esperanzador. Daba igual lo torcidas que estuvieran las cosas. Tenía que acabar bien. El humanismo idealista/buenista de Sorkin se iba a imponer. Y así sucedió. No se molestó demasiado en trabajar la resolución de los conflictos. Ha sido su último “porque lo digo yo”. En el mundo real MacKenzie no sería ascendida y ACN no volvería a ser una cadena que cree en la televisión como servicio público. Esas cosas no pasan. Las grandes empresas mediáticas caminan irreversiblemente hacia la banalización total. Leed El País, ved la CNN. El viejo periodismo ya no es periodismo. Sinceramente no sé lo que es. Y lo peor es que los que lo practican tampoco lo saben. Pero Sorkin nos dice que sí. Que hay esperanza. Que una gran televisión puede ejercer su función de servicio público, que puede facilitar el ejercicio del derecho a la información de los ciudadanos. Ojalá yo pudiera ser tan optimista. Sí creo que el periodismo no está muerto. Simplemente se ha refugiado en otros medios. Entendiendo medios no como empresas mediáticas sino como herramientas, plataformas, espacios. Un debate que organiza una asociación sobre vulneración de los derechos de los jóvenes, por ejemplo, puede ser gran periodismo, pegado a la realidad. Una revista cimentada sobre reportajes y entrevistas en profundidad a expertos en diversas áreas puede ser gran periodismo. Una web con artículos bien documentados e ideas atrevidas sobre política, sobre cultura, sobre economía… puede ser gran periodismo. Y así hasta el infinito. En estos tiempos en los que el ciudadano se ve bombardeado por una cantidad inasumible de información, la profundización y la especialización son las salidas. Ésta, obviamente, es mi opinión. Lo bueno de vivir en un mundo con tantas posibilidades comunicativas a nuestro alcance es, precisamente, que cada uno podemos lanzar nuestras ideas y confrontarlas con las de los demás.

Devoto fan de esta pullita final

Había empezado a escribir este texto nadando en pesimismo y, sin embargo, aquí estoy, diciendo que no todo es negro. Supongo que al final, todos tendemos hacia el optimismo. Por eso le perdono a Sorkin lo inocente que ha sido este 3x06, What kind of day has it been (título de capítulo que está en todas sus series). Will (Jeff Daniels) y MacKenzie (Emily Mortimer) van a tener un hijo. Maggie (Alison Pill) y Jim (John Gallagher Jr.) por fin van a estar juntos y los dos haciendo lo que quieren en el terreno profesional y Sloan (Olivia Munn) y Don (Thomas Sadoski) también están encantados con sus vidas compartidas. Los informativos van a seguir siendo profundos. La web de ACN también volverá incidir en esa profundidad. Y un largo etc. El sacrificio de Charlie (Sam Waterston) valió la pena. Al final, todo ha salido bien. La magia de la ficción. Sorkin no ha pretendido nunca ser realista, aunque la masilla con la que construyera su serie fuera la realidad. Pretendía, y consiguió, ser idealista. Hablar de la realidad desde una visión idealizada de la misma. Puede ser criticable. Sin duda. De hecho yo prefiero a un David Simon (The Wire, Treme) que es capaz de imprimirle a la realidad optimismo, que a un Sorkin que intenta bañar el optimismo en realidad. Pero posiblemente ambos sean necesarios. Sorkin no tiene por qué ser Simon. Me da mucha pena el final de The Newsroom, porque me gustaba que me recordara que el mundo podía ser mejor, que la profesión periodística podía ser mejor. Me gustaba, además, que azotara con tanta vehemencia a las empresas mediáticas, aunque al final acabara siendo bastante dócil con las mismas. Me gustaba porque a pesar de los mil y un defectos, me gusta que Sorkin sea optimista, ya que yo no lo soy por lo menos que lo sea él. Let Sorkin be Sorkin.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Proyecto EFA (2014)

Como ya hice el año pasado, me he visto todas las nominadas en las categorías fuertes de los European Film Awards, que premian lo mejor del "año" producido y exhibido en nuestro continente. De las categorías paralelas que se han ido inventando sobre la marcha quiero destacar el nivelazo que hay en Discovery, que premia a óperas primas. El cine europeo tiene futuro. Como estoy convencido de ello, y de que debemos valorar y defender más lo nuestro, lo que se hace en Europa con mucho esfuerzo y mucha dificultad, este proceso de ver las películas nominadas ha sido un placer. De verdad. Para la selección de los candidatos que yo hubiera nominado en cada categoría tengo en cuenta sólo las películas preseleccionadas y por lo tanto nominables. Así, por España competían 3 films de 2013: La herida, Vivir es fácil con los ojos cerrados y Caníbal, y 1 de 2014: Hermosa Juventud. Las arbitrarias normas y calendario caótico siguen lastrando unos premios que deberían ser un gran acontecimiento y que sin embargo pasan muy desapercibidos.




Guion


Ebru Ceylan y Nuri Bilge Ceylan por Kis uykusu (Winter Sleep) (ganará)
Jean-Pierre Dardenne y Luc Dardenne por Deux jours, une nuit (debería ganar)
Steven Knight por Locke
Rebecca Lenkiewicz y Pawel Pawlikowski por Ida
Oleg Negin y Andrei Zvyaginstev por Leviafan (Leviathan)

Puede pasar de todo en esta categoría. Que venza Ida en una noche de victoria aplastante como el año pasado la de La grande bellezza. Que se impongan Winter Sleep o Leviathan ya sea para consolidar su victoria en película y director o como premio de consolación. O hasta que se vea recompensado el doblemente nominado Steve Knight por Locke o los maltratados hermanos Dardenne. Ida es una película que funciona más por silencios que por palabras, aún así cada vez que sus protagonistas hablan, sus frases son limpias, profundas. Es una obra de escritura sencilla, pero redonda. Todo lo contrario que Winter Sleep, más de 3 horas de conversaciones y duelos dialécticos cargados de amargura. El guion tiene sus altibajos, pero desde luego es encomiable la osadía. En un punto intermedio entre ambas estaría el guion de Leviathan, que combina con destreza hondos silencios con conversaciones llenas de tensión y fatalidad. El lucido guion de Locke tiene el indudable mérito de presentar a un único personaje hablando por teléfono con las personas que componen su deshilachada vida. Es un reto y Knight sale vivo del mismo, eso sí, no todas las conversaciones son igual de interesantes. Otra película que gira en torno al periplo vital de su protagonista de conversación en conversación es Deux jours, une nuit. Que logra frente a cierta artificialidad de la que adolece Locke, imprimir puro realismo. Un maravilloso viaje por los miedos y sentimientos humanos, por su pureza y por sus tinieblas. Sorprende, teniendo en cuenta que está nominada en mejor película, no encontrarse aquí con Turist, cuyo negrísimo guion es carne de premios.

Mis nominados:
Jean-Pierre Dardenne y Luc Dardenne por Deux jours, une nuit
Fernando Franco por La herida
Rebecca Lenkiewicz y Pawel Pawlikowski por Ida
Ruben Östlund por Force Majeure (Turist)
Lars von Trier por Nymphomaniac


Actor


Brendan Gleeson por Calvary
Tom Hardy por Locke
Alexey Serebryakov por Leviafan (Leviathan)
Stellan Skarsgård por Nymphomaniac
Timothy Spall por Mr. Turner

A priori esta es una categoría bastante abierta. No me sorprendería la victoria de ninguno de los cinco, quizás sólo descartaría al sólido Brendan Gleeson de Calvary, que realiza una interpretación muy sentida pero que brilla mucho menos que sus rivales y lo hace, además, en una película menor. De los otros cuatro, a priori el favorito parece Timothy Spall que logró, gracias a Mr. Turner, el premio al mejor actor en Cannes y que está en la carrera por el Oscar. Su retrato de Turner es sensacional, tanto en su vertiente de artista como en su dimensión más íntima. Spall firma, con mucho cariño, el mejor trabajo de su carrera.

No poca gente apunta a que la mejor opción de Leviathan de lograr algún galardón es una victoria de su protagonista, Alexey Serebryakov, que interpreta a un pobre perro viejo apaleado en medio de ninguna parte, por el sistema, por sus relaciones afectivas, por sus miedos, por sus propios problemas interiores. Un señor trabajo. No descartaría la victoria de Tom Hardy, que sostiene Locke plano a plano, en un trabajo que es pura osadía. Sin él la película se podría haber estrellado, con él es un viaje a lo más hondo de la mente de un hombre que pelea en mil batallas distintas. Cierra la terna uno de los actores europeos más importantes de las últimas décadas, el danés Stellan Skarsgård, y que firma en Nymphomaniac una de las mejores interpretaciones de su carrera. Lleva al personaje desde la inocencia a la malicia, desde la tranquilidad a la desesperación, para terminar escupiéndonos que todos los hombres estamos rellenados con la misma basura. Espectacular.

Mis nominados
Johannes Bah Kuhnke por Force Majeure (Turist)
Tom Hardy por Locke
Alexey Serebryakov por Leviafan (Leviathan)
Stellan Skarsgård por Nymphomaniac
Timothy Spall por Mr. Turner


Actriz


Marian Álvarez por La herida
Valeria Bruni Tedeschi por Il capitale humano
Marion Cotillard por Deux jours, une nuit
Charlotte Gainsbourg por Nymphomaniac
Agata Kulesza por Ida
Agata Trzebuchowska por Ida

Categoría difícilmente previsible, en principio la victoria debería estar entre el dúo protagonista de Ida y esa gran dama del cine europeo que es Marion Cotillard. De las Agatas, decir que tanto Kulesza como Trzebuchowska componen en Ida, dos preciosos retratos de la soledad humana, y lo hacen a través de dos miradas de una expresividad maravillosa. De Cotillard, decir que la de Deux jours, une nuit, es, de verdad, una de las mejores interpretaciones de su carrera. La de una mujer a punto de romperse en mil pedazos y que sin embargo se mantiene de pie, digna en la derrota. Otras dos grandes damas del cine europeo de los últimos 10 años son la también francesa, Charlotte Gainsbourg y la italiana Valeria Bruni Tedeschi. La primera se entrega, una vez más, a la espiral de locura que le prepara von Trier en Nymphomaniac. A veces repulsiva, a veces punzante, Gainsbourg demuestra que interpreta desde las entrañas. La segunda, construye en Il capitale umano a una mujer adinerada de vida vacía y sueños rotos. Una mujer desesperada. Bruni Tedeschi le aporta las dosis de fragilidad e ironía necesarias.

Mmmm, me suena que había una sexta nominada… ¡ah sí! Una tal Marian Álvarez, la actriz que hizo mi interpretación favorita del cine mundial de 2013. Así de rotundo. Lo he dicho ya tantas veces que ya no sé si soy capaz de seguir diciéndolo, lo que hace Álvarez en La herida no es interpretar, es ser, ser alguien que está completamente destrozado por dentro. Es de los trabajos más brutales que he visto en mi vida. Un año después de haber visto la película sigue poniéndome los pelos de punta. Su interpretación me da aún hoy ganas de llorar. Un terrible desgarro.

Mis nominadas:
Marian Álvarez por La herida
Marion Cotillard por Deux jours, une nuit
Charlotte Gainsbourg por Nymphomaniac
Scarlett Johansson por Under the skin
Agata Kulesza por Ida
Agata Trzebuchowska por Ida


Director


Nuri Bilge Ceylan por Kis uykusu (Winter Sleep)
Steve Knight por Locke
Ruben Östlund por Force Majeure (Turist)
Pawel Pawlikowski por Ida
Paolo Virzi por Il capitale umano
Andrei Zvyagintsev por Leviafan (Leviathan)

Dicen los EFA que por lo visto Nymphomaniac se ha dirigido y escrito sola, así misma, como bajo un hechizo de magia negra, por eso no está nominado Lars von Trier en ninguna de las dos categorías. Nada tiene que ver con lo hipócritas que somos, ni esas cosas. Al bueno de Lars le ha pasado justo lo contrario que a Steve Knight, que por lo visto escribe y dirige muy bien (además de que su película está montada de lujo y su protagonista es un hacha) pero, oh, resulta que finalmente la película no es tan buena. La Academia de Cine Europeo reconoce el difícil trabajo de Knight en Locke, al conseguir rodar una película dentro de un coche con dinamismo. Otro que ha logrado la nominación en dirección sin que su película esté en la categoría reina es Paolo Virzi, el cerebro detrás de Il capitale umano. Está llamado a ser uno de los grandes directores italianos de las próximas décadas, pero desde luego es el eslabón débil de este sexteto. El ruso Andrei Zvyagintsev, confirma en Leviathan su condición de gran autor continental, y lo hace exprimiendo el lacónico espacio físico de su historia, para crear una atmósfera de opresiva derrota. Otro que explota la importancia del espacio físico es el sueco Ruben Östlund en Turist, una comedia negrísima sobre eso que podríamos llamar “los problemas del primer mundo”, ambientado en un resort de lujo acosado por la nieve, al igual que sus protagonistas lo están por lo vacías que son sus existencias. Para el final dejo a los que a priori son los dos grandes favoritos de cara a la victoria, el turco Nuri Bilge Ceylan, que llega con el aval de la Palma de Oro de Cannes que ganó su Winter Sleep y el mérito de haber rodado una terrible y asfixiante radiografía del ser humano, sirviéndose de sus actores y unos decorados mínimos; mientras que el polaco Pawel Pawlikowski ha rodado en Ida una hermosa carta de amor al cine europeo de autor, una puesta en escena medida al milímetro, hermosa hasta el dolor. Mi voto sería para él, sin o con Lars von Trier de por medio.

Mis nominados:
Fernando Franco por La herida
Mike Leigh por Mr. Turner
Ruben Östlund por Force Majeure (Turist)
Pawel Pawlikowski por Ida
Lars von Trier por Nymphomaniac
Andrei Zvyagintsev por Leviafan (Leviathan)


Película


Force Majeure (Turist)
Ida
Kis uykusu (Winter Sleep)
Leviafan (Leviathan)
Nymphomaniac

Quizás estemos ante el año más atípico de los EFA. El año de la victoria del este sobre el oeste. La única de las grandes cinematografías europeas occidentales que ha colado a alguna representante en la categoría reina es la escandinava (que eso sí, tiene 2 películas). Ni Francia, ni UK, ni Alemania, ni Italia, ni España. En cambio sí están las soft-europeas Rusia y Turquía, y la gran potencia de la UE del este, Polonia. De hecho resulta muy difícil imaginar que el premio a mejor película europea del “año” (o como los EFA miden los años) no sea una producción del este. Llegados a este punto, la victoria parece estar entre Ida, a priori la gran favorita, y Winter Sleep, la Palma de Oro de Cannes. Ida es una preciosa carta de amor al cine europeo, a Dreyer, a Bergman, a Bresson. Un maravilloso relato sobre la soledad, sobre las heridas del tiempo, sobre la familia, sobre la mujer, sobre la fe. La suya sería una victoria muy justa. Winter Sleep también habla de la familia y del espacio, esas dos cárceles vitales, se alarga demasiado pero tiene momentos de drama psicológico de altura. Las otras tres nominadas son: Leviathan, una feroz crítica a la corrupción y la violencia en la Rusia de nuestros días. ¿Qué puede hacer uno cuando lo único que le espera es la derrota? El poder, ese cáncer. Turist, una fantástica comedia negra sobre una familia sueca de clase alta a la que un falso alud hace que se le salten las costuras hasta estallar en mil pedazos. Agria y contundente, no tiene para con sus personajes demasiada compasión. Y Nymphomaniac, la mastodóntica obra de Lars von Trier sobre los deseos humanos más peligrosos e irrefrenables. Un desolador estudio de la condición humana que diría Hannah Arendt. Toda una experiencia, lo mejor que ha hecho von Trier en años y una película maltratada injustamente por lo controvertida que es la figura de su creador.

Mis nominadas:
Deux jours, une nuit
Force Majeure (Turist)
Ida
La herida
Leviafan (Leviathan)
Nymphomaniac

martes, 9 de diciembre de 2014

Un campo de minas. The Newsroom 3x05

THE NEWSROOM - Oh Shenandoah


Spoilers a mansalva hasta el 3x05 de The Newsroom

Este domingo HBO emitió el penúltimo capítulo de The Newsroom, última parada antes de llegar al destino final… ¿la derrota? Este Oh Shenandoah (3x05) es un batiburrillo de lugares ya recorridos por Aaron Sorkin en su obra magna, sí The West Wing. Soy consciente de que en cada recap termino mentándola, pero Sorkin no me pone fácil evitarlo. Su eco está en todas partes. El eco de un tiempo mejor, de una serie mejor, de un guionista mejor. Maggie y Jim son la versión “rebajas histéricas de grandes almacenes” de Josh y Donna. Charlie es la versión hiperbolizada y encocada de Leo, infarto incluido (aunque esto sucedió en el The West Wing post-Sorkin). Y el drama paterno filial de Will McAvoy (Jeff Daniels) no deja de ser una sombra poco trabajada del sensacional complejo de inferioridad insuflado por su padre a Josiah Bartlet. Todo, absolutamente todo, lo que cuenta este capítulo, fue relatado antes por su guionista. Y de una forma muchísimo mejor. The Newsroom, ahora que se precipita hacia su final, confirma que es la obra menor de un autor mayúsculo. Un greatest hits pasado de rosca. Pero su problema no es tanto volvernos a contar lo que ya nos había quedado claro, su problema es no estar a la altura de las expectativas, esas cabronas. O lo que es peor, no estar a la altura de uno mismo. Parecer una mala copia de tu propio genio. En su defensa cabe decir que esto le pasa hasta a los más grandes. Este fin de semana vi Magic in the moonlight de Woody Allen, una película muy ligera, llena de lugares comunes de su filmografía que palidece ante sus referentes.

Nosotros somos nuestra propia cárcel
Tras haberme desahogado, quiero dejar claro que no creo que este capítulo sea malo, simplemente es que me da rabia notarle tanto los engranajes, que lo que me cuente sea tan obvio, tan poco sutil o comedido. Más allá de todo lo dicho, el capítulo ha causado bastante controversia por una trama en concreto, quizás la que mejor funciona, en mi opinión. Estoy hablando de la trama de Will McAvoy y su compañero de celda. Cuando en los últimos 5 minutos de secuencia musical nos alternan el infarto de Charlie (Sam Waterston) y la salida de prisión del protagonista, a la vez que nos desvelan que no existía ningún compañero, que era su propio padre, mucha gente se ha sentido estafada, o lo que es peor, ha creído que era una tomadura de pelo, un mal chiste. Cuando ayer leí en Twitter las críticas furibundas, y una de mis mejores amigas(talifán de The West Wing y que fue incapaz de disfrutar de The Newsroom) me escribió preguntándome qué coño había pasado, me imaginé algo peor. Me imaginé la redacción de ACN volando por los aires a lo Homeland Season 2. O a Will McAvoy colgándose en la celda. Y locuras aún peores. Pero no, simplemente fue un “Let Sorkin, be Sorkin”. No quiero ir de “qué inteligente soy” pero no hubo ni un solo segundo en el que creí que el compañero de celda existía y no era su terrible padre. Quizá jugó en ello que estoy muy bregado en sorkinismo. Pero la verdad es que no creo que fuera tramposa en absoluto esa trama. El capítulo empieza con el guardia diciéndole a McAvoy que en esa celda sólo mete a gente encerrada por desacato. Saltamos 2 meses en el tiempo y tenemos allí a un tío encarcelado por maltratar a su mujer que habla de los judíos como un señor de los años 50. Hasta el actor escogido y la forma en que está rodada la secuencia parecen sacados de otra época. Otra cuestión es juzgar si era pertinente meter este conflicto justo antes de llegar a la meta y de una forma tan atropellada. Lo que en The West Wing se contó a lo largo de muchos capítulos tirando de flashbacks, psicólogo y un duelo brutal con Toby Ziegler, aquí se cuenta a través de un duelo imaginario y en unos pocos minutos. Obviamente sé cuál de las dos opciones es la adecuada, aún así no creo que esta trama haya sido el enorme despropósito que mucha gente cree.

Sálvame Diario
Mientras Will McAvoy está en la cárcel por proteger a su fuente, y Maggie y Jim (Alison Pill y John Gallagher Jr.) persiguen el rastro de Edward Snowden en Moscú, a la vez que consuman por fin su cansino romance, el resto de personajes luchan contra la conversión de ACN en un Huffington Post meets Sálvame. Que Sorkin hiperbolice tendencias reales dentro de las empresas mediáticas, no hace que pierda la razón. Quizás si fuera más sutil su mensaje sería, paradójicamente más potente, pero aún a gritos tiene razón. La deriva sensacionalista empieza a dar miedo. Sobre todo cuando entran en juego los avances tecnológicos. Una aplicación que nos dice dónde están los famosos y qué hacen puede parecer inofensiva, pero es algo totalmente kafkiano, una sociedad 100% controlable a través de infinitas herramientas de vigilancia y seguimiento. Parece que Sorkin en su serie y yo en mi blog anunciamos el advenimiento del Apocalipsis, pero es que resulta realmente inquietante. Obviamente esta denuncia se podría hacer de otra forma, como hizo, por ejemplo, The Good Wife al entrar a cañón contra el funcionamiento de la NSA en su temporada anterior. Nadie cuestionó esa trama tan brillante, en cambio mucha gente cuestiona las de Sorkin. Ambas pretenden llegar al mismo punto, la diferencia está en que The Good Wife se mueve en claroscuros y en The Newsroom todo es negro o blanco. Muchas veces, Aaron Sorkin, gritar no es la mejor forma de lograr que te escuchen. Sin embargo, no puedo dejar de aplaudir la entrevista de Sloan (Olivia Munn, esa Diosa).



Sobre la violación
La misma amiga que me escribió preguntándome sobre qué había hecho Sorkin al final del capítulo, me contó, cuando estaba terminando este post, que se había montado mucha polémica en torno a la trama de la violación. La misma consiste en que Don (Thomas Sadoski) intenta convencer a una chica que denuncia haber sido violada (Sarah Sutherland, hija de Kiefer en la vida real y de Selina Meyer en Veep) para que no acuda a su programa a enfrentarse con su violador. La polémica se montó, en el plano intra-narrativo, en torno a la insistencia de Don de no airear el asunto en su programa, tanto por miedo a que ella sufra como a estigmatizar a un presunto violador que sin embargo no ha sido condenado; y  en el plano extra-narrativo, porque una guionista de la serie mostró su desacuerdo con dicha trama en Twitter y porque la emisión ha coincidido en el tiempo con un caso similar en la vida real. No voy a entrar en las cuestiones externas a la trama, porque tampoco creo que den más de sí. Pero sí lo haré en el análisis de la trama. Y creo que hay una de cal y una de arena. Denunciar los peligros de la amarillización de un problema tan grave como las violaciones en general, y en los campus en particular, me parece pertinente, así como cuestionar la validez del enjuiciamiento público, vía TV de cable. Sin embargo, silenciar la lacra de las violaciones que difícilmente pueden ser probadas y condenadas, me parece un mensaje muy peligroso. La presunción de inocencia no debe eclipsar la defensa de unos valores cívicos y de un código moral, por parte de los periodistas. La presunción de inocencia no implica la desaparición del compromiso profesional. Al igual que la objetividad o la neutralidad, no creo que sea un mantra que permita al periodista escabullirse de cuestiones peliagudas. Don podría haberle pedido a la chica que no acudiera a su programa porque lo único que harían en él sería escarbar en la carroña, pero aconsejarla hacerse oír por otras vías, en otros atriles. La solución era investigar a fondo el caso, investigar a fondo esa lacra social. Incidir en que miles de mujeres la sufran. Visibilizar el problema, no esconderlo. Tapar el hecho es revictimizar a la víctima. Dicho esto, que este capítulo de la serie haya abierto tantos debates, es algo muy valioso, aunque Sorkin haya podido estar muy errado (o no, que las opiniones están muy enfrentadas). 

viernes, 5 de diciembre de 2014

No hay que tener miedo a vivir

MOMMY 


En esa obsesión por categorizarlo todo, nos pasamos la vida haciendo listas, marcando hitos y señalando etapas. Como si intentáramos de alguna forma contener el descontrol que es nuestra existencia. Quizás por eso Mommy, la quinta película del quebequés Xavier Dolan, parece cerrar, en una estructura hermosamente circular, la primera etapa de una filmografía que empezó hace un lustro con J’ai tué ma mère. La maternidad y la filiación, esas condenas de por vida. Y la distancia entre un film y otro es todo lo que ha madurado Dolan en este tiempo. Tanto como director, como guionista y, en el fondo, como hombre. Si en J’ai tué ma mère abordaba la familia desde la rabia adolescente, desde la explosión de sentimientos y energías, en Mommy nos encontramos con un relato que mucho más pausado, casi taciturno, triste pero optimista. Sus tres primeras películas eran un continuo galopar hacia el final. Un desparramarse. En cambio las dos últimas, la pesadillesca Tom à la ferme y la sensible Mommy, son mucho más reflexivas. No desparraman, sino que se deslizan hacia la huida de sus protagonistas. Una huida hacia ninguna parte, porque, sorpresa, nosotros somos nuestra propia cárcel. Ouch.

Mommy está ambientada en una Canadá ligerísimamente distópica, en la que los padres pueden dejar a sus hijos a cargo de instituciones públicas si consideran que son incapaces de cuidarlos. En un mundo en el que nuestros derechos se vulneran todos los días, Dolan nos presenta el retorcido derecho a renunciar a la paternidad activa. Si en J’ai tué ma mère, un hijo intentaba asesinar la idea de tener una madre, en Mommy, los padres pueden emborronar la existencia de sus hijos. En esta Canadá suburbial de buena vecindad hacia fuera y numerosos problemas hacia adentro, la película nos cuenta el día a día de una madre viuda, Die, que malvive en estos tiempos de crisis económica mientras intenta salvar a su hijo, Steve, que tiene TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad), de un futuro cada vez más sombrío. En la vida de ambos, como si fuera un espléndido día soleado de invierno, irrumpe la vecina de enfrente, Kyla, una profesora traumatizada por hechos del pasado a la que le cuesta hablar con fluidez. Y a partir de ahí la película es la historia de tres seres malheridos, de tres supervivientes, que se agarran entre sí, como si cada uno de ellos fuera la última oportunidad de salvación del otro.

Con una premisa tan oscura, tan triste, a Xavier Dolan le ha salido su película más transparente, más luminosa (maravillosa fotografía), más, paradójicamente, optimista. Tras la terrible y retorcida Tom à la ferme, ha rodado una respuesta a sí mismo en forma de drama emocional que grita ¡vida! Rodada en formato vertical, 1:1, la cámara se pega a los ojos y a la boca del trío protagonista, como si más allá de ellos no hubiera nada, simplemente, el vacío. Como si estuvieran levitando sobre la ciudad, sobre una vida triste frente a sus ansias de correr, de ser felices. Lejos queda ya la sobrecarga visual de sus primeros films, el regodeo en lo kitsch, en la dilatación del tiempo, en los colores sobreexpuestos. A la vez que sus personajes han ganado hondura, su forma de dirigir se ha despojado de elementos innecesarios. La puesta de escena de Mommy es cálida y serena, como cuando el sol te calienta las piernas en diciembre. Dolan ha madurado pero sigue siendo él mismo, con esas secuencias musicales poderosas (la de Wonderwall es una de las mejores secuencias cinematográficas del año), con esa energía que desprenden casi todos los planos, esas ganas puras, inocentes, de vivir.

Para crear esa sensación de optimismo al borde del precipicio, resulta fundamental la elección de reparto que ha hecho. Como ya había hecho en su mejor film hasta Mommy, la ambiciosa Laurence Anyways, opta por no interpretar ningún papel, lo cual es de agradecer, porque seamos sinceros, Dolan se ha transformado en un buen guionista y un fantástico director, pero sigue siendo un actor muy mediocre. Y fía el film a sus dos actrices fetiches, Anne Dorval, la madre de su ópera prima, y Suzanne Clément, la profesora (además de descomunal protagonista de Laurence Anyways), y sobre todo al frenético Antoine-Olivier Pilon. Si las dos primeras aportan la madurez que las heridas de guerra van creando, el último es esa traca de fuegos artificiales que va estallando a lo largo del film, iluminándolo e incendiándolo a la vez. Ante los problemas que los acucian, los rostros de Dorval y Clément muestran una frustración que es puro dolor, mientras que el de Pilon es un volcán de rabia desmedida. Mommy es, en definitiva, una de las películas más hermosas, dolorosas y sensibles de este año, y la confirmación del desbordante talento de un Xavier Dolan, que ahora sí, ha alcanzado ya la madurez como cineasta. 25 años, 5 películas y un mundo propio.

PD: He hablado más de la película en mi crónica de Cineuropa 2014. Dándole premios imaginaros incluso. Hasta ahí llega mi amor.

jueves, 4 de diciembre de 2014

Un día para ser pesimistas. The Newsroom 3x04

THE NEWSROOM - Contempt


Spoilers hasta el 3x04 de la última serie de Sorkin



Hemos cruzado ya el ecuador de este último tomo de The Newsroom, ya sólo quedan dos capítulos por delante, y todas las cuestiones por dirimir se pueden clasificar en dos apartados. Por un lado, el futuro de ACN y Will McAvoy (y del periodismo en general, así, en plan mesiánico). Por otro lado, la suerte que correrán las diversas relaciones afectivas que hay en la serie (esa boda <3). Let Sorkin be Sorkin.

Aaron Sorkin es consciente, en mi humilde opinión, de que es un tipo analógico en un mundo digital. Y no tiene ningún problema en reconocerlo. De hecho se siente orgulloso de ello. The Newsroom en su totalidad, desde el ya famoso speech inicial de Will McAvoy en el 1x01, hasta su final, ha tenido como idea-fuerza que hay que recuperar los valores. No en un plano carca, sino en un plano ligado al honor, a la integridad, a la ética. El periodismo debe ser Woodward y Bernstein no TMZ. La política debe ser idealista no oscurantista. Desde los inocentes (e inconscientes) años 90, ambas esferas han evolucionado tanto como la distancia que hay entre The West Wing y House of Cards US. Todo este cinismo que ves, antes era monte. Vivimos tiempos, efectivamente oscuros. El Estado nos espía, la política internacional es una ciénaga, la doméstica con sus crisis concatenadas aún peor, los tweets y los capitales circulan a la velocidad de la luz por todo el planeta… Vivimos en la era del frenesí. Del espectáculo 24 horas al día, 7 días a la semana. Sorkin, aquí encarnado por el Will McAvoy de Jeff Daniels, es ese hombre a ratos estoico a ratos enfurecido, que grita en medio de la multitud “¡que alguien para el mundo!”. El problema es que el mundo no va a parar jamás. Estamos en una espiral en la que cada vez la maquinaria del sistema necesita ir más rápido para seguir funcionando. Todo esto se ve en este 3x04: Contempt. Tenemos a McAvoy aceptando ir a la cárcel con tal de no revelar su fuente y mantener la integridad del periodismo. Tenemos a los Mark Zuckerberg del mundo, encarnados en el personaje de BJ Novak, dispuestos a descuartizar esa integridad en el mismo tiempo en que le doy a “me gusta” a una publicación de Facebook. Tenemos también al Estado paranoico que ve enemigos en todas partes, sobre todo en sus entrañas. Y por último tenemos a las grandes multinacionales moviendo miles de millones de dólares en cuestión de segundos, como quién va al super a comprar una barra de pan. Este es el mundo en el que vivimos. Sorkin nos lo ha resumido maravillosamente en menos de 1 hora. Pero mientras él cree, Ave Maria mediante, que hay esperanza, yo creo que estamos muy pero que muy jodidos.

No juzgarás
La relación entre Jim (John Gallagher Jr.) y Hallie (Grace Gummer) se ha desmoronado definitivamente. Teniendo en cuenta que desde el primer episodio de la serie sabemos que Jim terminará con Maggie (Alison Pill), era algo que tenía que pasar, ahora que nos precipitamos hacia el final. Lo interesante no ha sido por lo tanto el qué, sino el cómo. Vamos, como en la vida misma. Hallie no ha podido soportar estar con alguien que se pasa el día juzgándola y sentenciándola (por amarillista) y Jim no ha sido capaz de amar a alguien cuyo trabajo desaprueba. ¡Era la ética, estúpido! En el meollo de esta ruptura nos encontramos con la espinosa cuestión de “¿puede el amor vencer al juicio personal?”. ¿Juzgar es una forma de amar? ¿una retorcida forma de amar?. O por el contrario, ¿amar es no juzgar al otro?, amarlo tal como es, no según nuestros propios código de lo que está bien y lo que está mal, lo que es importante y lo que no. Seguramente, como en todo, no sea una cosa o la contraria, blanco o negro, sino que una relación bajo estas circunstancias funcionará en la escala de grises. Aún así es algo que me perturba, no creo que pudiera estar con alguien que no entendiera lo que hago. Y teniendo en cuenta que soy investigador en ciencias sociales, me encuentro a menudo con personas que no entienden lo que hago, o lo que es peor, creen que no es en absoluto importante. El síndrome de “No estás curando el cáncer”. Justamente The Newsroom viene a señalarnos que hay tantos problemas en nuestros sistemas sociales, políticos, económicos y comunicativos, que las ciencias sociales sí que son importantes. El ser humano no es un mero ensayo-error, blanco o negro, y así volvemos a la escala de grises. Somos una especie que lucha por flotar en un mar de grises.