domingo, 2 de febrero de 2020

Los No Oscar 2019: Dirección, Fotografía y Montaje

Montaje


5. Evan Schiff por John Wick: Capítulo 3 - Parabellum
La tercera película de John Wick es mejor, más grande y más alocada. Pero sobre todo está mejor hecha. La fotografía y el montaje son una gozada. Desde luego tiene en su haber las mejores y más bellas secuencias de pelea del año. Pero además Schiff sabe manejar muy bien el ritmo de un film que alterna secuencias velocísimas con pausas muy medidas, que atrapa sin agotar.

4. Jennifer Lame por Historia de un matrimonio
Como bien nos enseñó el famoso video en el que se compara el (apabullante) guion de Baumabach con el resultado final de la película, nada en Historia de un matrimonio se dejó al azar, quizás sea la obra más calculada del año. Teniendo en cuenta esto, la tarea de Lame era cuadrar todos los elementos para que, efectivamente, la película fuera segundo a segundo como Baumbach la tenía en su cabeza. El resultado es brillante.

3. Fred Raskin por Érase una vez en... Hollywood
Érase una vez en... Hollywood es la primera película de Tarantino tras el fallecimiento de la montadora de todas sus películas, Sally Menke. Por ello el reto que tenía Raskin ante sí ya era, de partida, enorme. Pero el mismo se complica aún más porque su principal misión es poner orden en el guion más deslavazado de Tarantino, que combina de forma anárquica las historias de los protagonistas, Rick y Cliff, con la de su personaje histórico de referencia, Sharon Tate. Y aunque las secuencias funcionen mejor en el plano interno (cada una es sensacional por sí misma), que relacionadas entre sí, es justo reconocer el trabajo de Raskin. De hecho su ausencia en los Oscar fue una de las pocas sorpresas de las nominaciones.



2. Ronald Bronstein y Benny Safdie por Diamantes en bruto

El triángulo creativo Safdie's-Bronstein escribe, dirige y monta una de las películas más oligofrénicas del año, un viaje desquiciado por una ciudad, Nueva York, no menos desquiciada, en el que un adicto al juego tiene que saldar las múltiples deudas que ha contraído, mientras es incapaz de superar su adicción y sus acreedores lo persiguen. 


1. Louise Ford por El faro

La perturbadora y magnética El faro se asienta sobre tres pilares: sus actores, las poderosísimas imágenes que crean Robert Eggers y Jarin Blaschke y el montaje de las mismas, a cargo de Louise Ford. Precisamente en cómo esas imágenes están montadas radica el mayor logro del film de Eggers, ese ritmo de delirio, asfixiante, sudoroso, opresivo que eleva la película en su segunda hora a un terreno casi lynchiano



Fotografía



5. Dan Laustsen por John Wick: Capítulo 3 - Parabellum
El director de fotografía de las últimas películas de Guillermo del Toro, lleva la fotografía de la saga Wick a un territorio más complejo, en el que se combinan luces y escenarios muy diversos sin perder nunca la homogeneidad ni la personalidad de una propuesta muy vistosa y sensorial. Si ver a Keanu Reeves repartir estopa resulta tan hipnótico como en la saga Matrix en parte es gracias al brillante trabajo de Laustsen.

4. Pawel Pogorzelski por Midsommar
Frente a algunas de las propuestas de esta lista que se hacen grandes en la nocturnidad y en juego con la oscuridad, el trabajo de Pogorzelski se sustenta sobre el manejo de un día casi perpetuo, en las proximidades del Polo Norte. El bukkake de luz al que nos someten Ari Aster y su director de fotografía impresiona. Midsommar es gélida, hermosa e inquietante.

3. Claire Mathon por Atlantique
De todos los campos cinematográficos, la dirección de fotografía es uno de los que han estado (y continúan estando) más vedados a las mujeres. Por eso mismo la explosión este año de Claire Mathon es algo que debemos remarcar. En Atlantique se pone a las órdenes de Mati Diop para crear una pequeña fantasía pesadillesca, en la que la durísima realidad (cientos de miles de personas arriesgan a diario su vida por llegar a Europa) se mezcla con una premisa sci-fi escurridiza para hablar, finalmente, de la dominación, de la resistencia y del amor. Mathon logra crear imágenes imposibles con un uso de la luz prodigioso, casi alienígena. 

2. Hoyte van Hoytema por Ad Astra
El director de fotografía que surgió del frío (Déjame entrar, 2008; El topo, 2011) y mejoró la plasticidad de las películas de Christopher Nolan (Interstellar, 2014; Dunkerque, 2017) firma su trabajo más poético e impactante a las órdenes de James Gray en Ad Astra. En este viaje al corazón de las tinieblas espacial, la fotografía juega un papel capital: las imágenes, aderezadas por la voz en off, te van sumergiendo en el viaje emocional, mental y, casi, ideológico de Brad Pitt en busca de su padre y del sentido de la vida. van Hoytema se confirma como uno de los grandes cinematógrafos de la actualidad.

1. Claire Mathon por Retrato de una mujer en llamas
¿Cómo puede ser que este trabajo no esté nominado al Oscar? Demuestra un conocimiento profundo de la historia del arte y se erige en sí misma en una obra de arte. Es pintura en movimiento. Lleva a cabo un uso de los elementos (el mar, el fuego) sobrecogedor para retratar, nunca mejor dicho, las emociones y pasiones de dos mujeres atrapadas en su tiempo. Mathon logra captar toda la belleza de este mundo. La natural y la humana. Es fascinante.



Dirección


5. Greta Gerwig por Mujercitas
Con su primera película como directora, Lady Bird, Gerwig confirmó su talento para construir personajes femeninos y para entender el mundo millenial. Con su segunda obra, la enésima adaptación audiovisual de Mujercitas, dos novelas clásicas estadounidenses, ha demostrado que ha llegado para quedarse. Su Mujercitas es, posiblemente, la mejor adaptación que se ha hecho de la(s) obra(s) hasta el momento y también una película más ambiciosa y, en mi opinión, mejor que la anterior. Al alternar las dos novelas, combinando los tiempos mediante el uso de flashbacks, Gerwig ha logrado construir una película con un ritmo endiablado, que siempre raya alto, en lo emocional y en lo cinematográfico. 

4. James Gray por Ad Astra
La película más ambiciosa de James Gray es la continuación lógica de su anterior obra, La ciudad perdida de Z. En su epopeya espacial están presentes, también, la fascinación por el descubrimiento, la necesidad de saber quiénes somos, de dónde venimos y a dónde vamos, las relaciones paterno-filiales y la imposibilidad de volver a atrás. Y al igual que en aquella, pone todo su talento visual al servicio de su historia. Sin duda Gray es uno de los grandes autores del cine actual.

3. Céline Sciamma por Retrato de una mujer en llamas
La segunda película de Céline Sciamma tiene muchas secuencias prodigiosas, pero hay una, quizás no tan excelsa en el terreno visual, que me fascina especialmente. Marianne está pintando a Héloïse. Mirándola. Escrutándola. Y nosotros con ella. Pero Héloïse se revuelve, no le parece justa la relación de poder que esto implica. Y la cámara de Sciamma, de forma muy sutil, se gira y nos muestra de verdad por primera vez a Marianne y logra que a partir de ahí ninguna de las dos nos parezcan iguales. Sciamma tiene talento de sobra para ser una de las grandes autoras francesas de nuestro tiempo.

2. Noah Baumbach por Historia de un matrimonio
A pesar de que al final no consiguió la nominación al Oscar a la mejor dirección y que es muy improbable que gane el Oscar al mejor guion original, Historia de un matrimonio ha supuesto la consagración definitiva de uno de los grandes cineastas del indie estadounidense de las últimas tres décadas. Esta película es la obra más redonda de Baumbach, tanto en términos de escritura como sobre todo en lo relativo a la dirección. Un trabajo de puesta en escena sutil pero excelente, que maneja a la perfección los encuentros y desencuentros de dos personas que se quieren pero que se duelen. 


1. Pedro Almodóvar por Dolor y Gloria
Tras varias películas en las que lo estético devoraba, un poco, a los relatos (Los abrazos rotos, La piel que habito, Julieta), ha vuelto el Almodóvar que siempre pone la cámara al servicio de la historia. Su historia, para ser más exactos. De tal forma que Dolor y Gloria brilla, sobre todo, en los momentos más íntimos, en los que la mirada de Almodóvar se centra en sus personajes, dibujando con nitidez las relaciones que existen entre ellos, ya sea la materno-filial, la de ex-amantes, o la de ex-colaboradores artísticos. En cambio, cuando rueda una película dentro de la película (su infancia), los planos son más amplios, el espacio resulta más libre y las imágenes desprenden más poesía. Ambas películas son fascinantes y ambas van en la misma dirección: la deconstrucción del hombre detrás del artista.

lunes, 30 de diciembre de 2019

Mi series favoritas de 2019

30. The Morning Show (Apple TV+) (N)

Abro la lista con la primera gran apuesta audiovisual de la nueva plataforma de Apple, The Morning Show, una serie dramática sobre la misoginia imperante en las grandes empresas mediáticas. Un remedo de Sorkin para demoler a los Harvey Weinstein de la industria audiovisual. A pesar de construir un discurso sobre el presente, The Morning Show parece una serie de network de hace 20 años. Con sus dosis medidas de trascendencia, culebrón y estrellas luciéndose. Definitivamente un Sorkin sin sus diálogos brillantes. Jennifer Aniston está fantástica, una estrella con mayúsculas.

29. Now Apocalypse (Starz/Starzplay) (N)

El gran aliciente de Now Apocalypse, la serie más sexy y sudorosa del año, es que no se parece a nada de lo que se hace en la televisión ahora mismo. Es 100% Gregg Araki, ese cineasta convertido en director de culto y último autor del queer cinema americano de los 90 que sigue haciendo, en esencia, el mismo audiovisual: desenfadado, arriesgado y extremadamente personal. Now Apocalypse aborda un hipotético asedio alienígena analizando la forma en la que viven los millenials urbanitas: entre el trabajo basura y las marismas sexo-emocionales. No es una de las mejores obras de Araki, pero es un placer tenerlo de vuelta. Una pena que haya sido cancelada.

28. The Boys (Prime Video) (N)

Tras una década de hegemonía del Marvel Cinematic Universe en el mundo de los superhéroes, es refrescante que se estén produciendo, desde dentro del propio sistema, relatos a la contra. El primero de esta lista es The Boys, una serie en la que los superhéroes son una panda de ratas inmundas, amorales, ególatras y terriblemente egoístas. Humor negro y mala hostia a raudales.

27. Big Little Lies (HBO) (N)

¿Era necesario continuar la historia de las 5 de Monterrey? No, pero la segunda temporada de Big Little Lies sigue siendo muy disfrutable, más por sus secundarias (Meryl Streep hacía mucho tiempo que no estaba tan bien y Laura Dern pide a gritos su propia sitcom), que por sus protagonistas (y aún así Nicole Kidman vuelve a estar desgarradora).

26. 1994 (Netflix) (N)

Si hay un año especialmente trascendente en la historia reciente de México es 1994, marcado por el asesinato del candidato presidencial príista Luis Donaldo Colosio. Con Colosio murió la última oportunidad de regeneración del PRI, tras 70 años en el poder. Pero también la esperanza de transformación de un país carcomido por la violencia, la corrupción y la desigualdad. Una obra metódica y excelentemente documentada sobre la podredumbre del poder.

25. The Loudest Voice (Showtime/Movistar Series) (N)

Roger Ailes, cerebro detrás de Fox News, fue uno de los hombres más influyentes de las últimas décadas en Estados Unidos. Desde su cadena bombardeó a la opinión pública para lograr el apoyo de la misma a la política internacional y al recorte de libertades de la presidencia de Bush hijo y desde la misma aupó a Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos. The Loudest Voice lo muestra, con toda la crudeza, como un ser repulsivo, derechista y codicioso. Se complementa a la perfección con Vice de Adam McKay y, supongo, con Bombshell, que también aborda la figura de Ailes, pero centrándose en exclusiva en el escándalo de abusos a mujeres que consiguió tumbarlo.

24. Undone (Prime Video) (N)

Soy un fanático de la ciencia ficción, posiblemente sea mi género favorito y en esta lista hay unas cuantas series sci-fi. Undone, una maravilla visual, explora la memoria, la culpa y el dolor, a través de una mujer marcada a fuego por el fantasma de su padre. Alma, tras sufrir un accidente, adquiere una nueva forma de concebir el tiempo, que rompe la linealidad con la que los humanos lo concebimos. De esta forma pasado y presente se entremezclan en su cabeza, mientras ella intenta descubrir por qué murió su padre. Somos lo(s) que nos han hecho.

23. Paquita Salas (Netflix) (N)

De largo la mejor temporada de la comedia de los Javis, gracias a un plantel de secundarias en estado de gracia, sobre todo una desatada Yolanda Ramos, y unas tramas mucho mejor planteadas y más profundas emocionalmente. Imposible no reírse en todos y cada uno de sus capítulos.



22. Hierro (Movistar +) (N)

El equipo gallego de Portocabo viajó hasta la isla de El Hierro para construir un whodunit refrescante, que huye de los giros artificiosos que muchas veces han lastrado al subgénero, desvela a mitad de temporada quién cometió el asesinato que marca el inicio del relato, explota su peculiar escenario y construye personajes potentes con mucho que contar. Candela Peña está pletórica.


21. Fosse/Verdon (FX/HBO España) (N)

La dupla Gwen Verdon/Bob Fosse está detrás de algunos de los mayores logros del musical moderno. Y Fosse/Verdon disecciona la relación entre marido y mujer y autor y musa, para certificar que, efectivamente, sin Verdon no habría existido Fosse. Una pareja artística irrepetible.




20. Castle Rock (Hulu/Movistar Series) (+6)

Hay una decena de adaptaciones de obras de Stephen King fantásticas, de Carrie a La milla verde, pasando por La zona muerta, Dolores Clairbone, Cadena Perpetua o, por supuesto, El resplandor. Y Castle Rock es una de ellas. En esta segunda entrega, la ficción de Hulu bebe, principalmente, de Misery y Salem's Lot, para construir una de las historias más terroríficas y desgarradoras del año. La Annie Wilkes de Lizzy Caplan es casi tan buena como la de Kathy Bates. Y da aún más pena.

19. Euphoria (HBO) (N)

Sam Levinson ha levantado en HBO una de las series adolescentes más radicales de la historia de la televisión. Su Euphoria, a caballo entre el frenesí y la tristeza ofrece una panorámica salvaje sobre lo que significa ser adolescente hoy en día. Los miedos, los deseos, las frustraciones, las heridas que produce crecer en este mundo.

18. The Handmaid's Tale (Hulu/HBO España) (-17)

La primera mitad de la temporada parecía certificar que The Handmaid's Tale era una ficción agotada, repetitiva, alargada. Sin embargo, en su segunda mitad se recuperó de esa sensación de hastío para preparar el terreno a un salto narrativo rotundo: de la opresión a la resistencia. La cuarta temporada puede ser tan buena como lo es Elisabeth Moss, que se arranca la piel a jirones en cada capítulo.

17. The Expanse (Prime Video) (N)

Una de las dimensiones más notables de la (gran) ciencia ficción es la política. The Expanse, la gran soup opera de nuestro tiempo, abraza esa dimensión para hablar de cómo los seres humanos no se cansan de odiarse y asesinarse entre sí, sea en la Tierra, en Marte o en una galaxia muy lejana. Así, el universo funciona como una metáfora de nuestro planeta. Tan hermoso, tan misterioso... tan peligroso.


16. When They See Us (Netflix) (N)

Ava DuVernay se ha sacudido el estrepitoso fracaso de su aventura en Disney, volviendo al tema central de su obra: el racismo sistémico en Estados Unidos. Para ello reconstruye el proceso judicial, el encarcelamiento y la exoneración de los 5 de Harlem, un grupo de chavales afroamericanos acusados y sentenciados injustamente. Si la serie funciona en su retrato del proceso, brilla al mostrar sus consecuencias, cómo el racismo destroza la vida de las personas y gangrena nuestras democracias.


15. The Good Fight (CBS All Access/Movistar Series) (-13)

La gran serie de los Estados Unidos de Trump volvió a mostrarse tan punzante como en sus anteriores temporadas, sin embargo resbaló en una trama peliaguda ética y políticamente: ¿el autoritarismo justifica saltarse la ley para combatirlo? Por momento la serie estuvo a punto de inmolarse, sin embargo volvió a salir airosa y a confirmar que nadie ha entendido jamás tan bien la coletilla "de rabiosa actualidad" como los King.

14. Star Trek: Discovery (CBS All Access/Netflix) (+4)

Discovery es el mayor entretenimiento de la televisión actual. La serie que mejor conjuga un hedonista sentido del espectáculo y la fascinación por la aventura espacial con una profundidad temática que no rehuye los dilemas morales a los que se enfrenta la humanidad hoy en día. Hay algo más peligroso para nuestra supervivencia que las máquinas o lo desconocido: nosotros mismos.

13. The OA (Netflix) (N)

La cancelación más dolorosa e incomprensible del año. No sólo porque su segunda temporada es excelsa, superior a la primera, sino porque la serie estaba planeada para tener 5 temporadas y el relato queda totalmente inconcluso. Esta fantasía a través del tiempo y del espacio nos deja alguno de los momentos más emocionantes y sobrecogedores del año. Una epopeya sobre el poder del amor (no sólo el romántico).

12. Mindhunter (Netflix) (N)

A falta de películas de David Fincher (sequía que está a punto de terminar), buena es Mindhunter, un viaje a la mente de los asesinos pero, sobre todo, a la psique de los investigadores que los persiguen. Visionarla genera un enorme desasosiego porque cae sobre uno con toda su dureza. Queremos más temporadas de Holden y Bill luchando contra el mal dentro y fuera del sistema.

11. BoJack Horseman (Netflix) (-7)

A falta de ver la traca final, la otra mitad de esta temporada, que finiquitará para siempre a BoJack, Diane, Princess y compañía, el relato comienza a oler a final, sin atropellos, sin prisas, con coherencia narrativa y emocional. La tristeza, la soledad y la depresión pocas veces fueron mejor exploradas.

10. Mr. Robot (USA Network/Movistar Series) (N)

Sam Esmail cierra por todo lo alto la serie que lo ha situado como uno de los guionistas más valientes y estimulantes de la actualidad. Mr. Robot comenzó siendo un alegato contra la usura neoliberal y ha terminado siendo uno de los relatos más salvajes y libres de la última década a golpe de giros narrativos y puñaladas emocionales. El sistema está podrido, dale el golpe final a la estaca. Menuda salvajada de historia.

9. Veep (HBO) (N)

Y Veep llegó a su final. Menuda temporada. Más salvaje, oscura y retorcida que nunca. Selina Meyer destruyó todo lo que quería con tal de alcanzar el poder. El camino hasta el mismo estuvo lleno de risas, corruptelas y momentos embarazosos. La serie con los mejores diálogo de la década, la serie con la que más me he reído en mi vida, la serie que me encantaría ser capaz de escribir.

8. Watchmen (HBO) (N)

Tras la soberbia The Leftovers, Damon Lindelof se atrevió a coger uno de los universos de superhéroes (¿?) más icónicos del S.XX, Watchmen, para crear una secuela respetuosa con el material original, concebida para lanzar una dura reflexión sobre el problema racial estadounidense y que, al final, habla, sobre todo, del amor, de la necesidad humana de querer a alguien y ser querido y de los sacrificios que ello conlleva. Poderosísima.


7. The Crown (Netflix) (N)

Los Windsor entran en la convulsa década de los 70 cambiando de reparto (el nuevo es incluso mejor) y conjugando sus líos amorosos con las demandas de un país en crisis. The Crown es brillante cuando más política se pone (las apariciones de Harold Wilson, el capítulo de la mina, el de Gales) y flaquea un poco cuando se centra en los desaguisados sentimentales de Margarita y Carlos. Pero siempre (incluso en el capítulo del Duque de Edimburgo) es apasionante y entretenidísima. Qué buen escritor es Peter Morgan.


6. Dark (Netflix) (N)

Esta serie tiene una capacidad infinita de volarme la cabeza. Los saltos en el tiempo (y en las generaciones) sólo son la herramienta que usa para explorar todas las miserias y emociones humanas. Oscurísima, desoladora, asfixiante. Una vez que te resitúas en quién es quién (y en qué año se encuentra) es una delicia adictiva que te atormenta mientras la ves y se queda en tu cabeza pululando, en forma de teorías, en forma de miedos.


5. The Virtues (Channel 4/Filmin) (N)

Todo lo que nos ha pasado a lo largo de nuestra vida nos configura como personas. Entender nuestro pasado es la única forma de entender nuestro presente. En The Virtues, Shane Meadows retrata el viaje de un hombre destrozado, completamente roto, a sus orígenes para intentar buscar una salvación a sí mismo, para comprender qué le pasó y poder sobrevivir a su dolor. Es durísima y preciosa a la vez.


4. Fleabag (Prime Video) (N)

La primera temporada de Fleabag era muy interesante y fresca pero el salto de calidad que ha dado en su segunda entrega es espectacular. Phoebe Waller-Bridge es la mejor escritora de dramedias que hay actualmente en el panorama audiovisual. Resulta imposible no identificarse con esta mujer de treinta y pico a la deriva profesional, sentimental y emocionalmente, cargada de taras, traumas y frustraciones, que usa el cinismo como gasolina para seguir hacia adelante. Cargada de diálogos y situaciones para enmarcar.

3. Years and Years (BBC/HBO España) (N)

Y&Y es una distopía hiperrealista que nos dibuja un futuro inmediato desolador, donde Europa está paralizada por el odio, consumida por las crecientes desigualdades económicas y sociales y secuestrada por políticos autoritarios. Russell T. Davies explora este rico universo narrativo a través de los bandazos que va dando una familia que lucha por sobrevivir en tiempos cada vez más convulsos. Es muy emocionante porque transpira humanismo. Y, al final, es un poco esperanzadora.


2. Succession (HBO) (+15)

En una de sus múltiples reflexiones (pérfidas) para la Historia, el ex-secretario de Estado norteamericano Henry Kissinger dijo sobre el dictador panameño Noriega que era un hijo de puta, pero que era su (del gobierno USA) hijo de puta. Algo así nos pasa a nosotros con los Roy (una versión ficcionada de los Murdoch), este clan multimillonario que se devora entre sí para controlar el emporio mediático familiar, mientras se defienden, a su vez, de los ataques exteriores. (Ejercer) el poder es apasionante y enfermizo. La peor de las drogas con las que ha lidiado la humanidad. Incluso peor que el amor. Succession se confirma en su segunda temporada como la serie más inteligente, retorcida y cínica de la actualidad y su reparto como el mejor del momento.



1. Chernobyl (HBO) (N)

En términos estrictamente narrativos, Chernobyl es una obra inconmensurable, escrita con una precisión y una capacidad de conjugar análisis sociopolítico con retrato humano sobresalientes. En términos extra-narrativos, Chernobyl se convirtió en un acontecimiento que sedujo a seriéfilos y no seriéfilos y nos recordó, en los tiempos de Netflix, lo maravilloso que puede ser el visionado semanal de las series y la capacidad de las mismas de generar debate e influir en la opinión pública. Más allá de las trampas históricas, Chernobyl es prácticamente perfecta. Triste, dura, emocionante. Una fotografía en movimiento de un imperio (la URSS) poco antes de su colapso.

Bonus Track: Game of Thrones (HBO)

Las dos últimas temporadas de Game of Thrones tienen muchos problemas, consecuencia directa de la nada disimulada necesidad de sus creadores de finiquitar la serie para pasar a otra cosa. El relato se merecía más. La historia ha aterrizado donde debía hacerlo, pero no de la forma en que debía. Se ha precipitado como un río que desemboca en forma de salto. Y aún así, la temporada está llena de secuencias para la Historia. Mi momento favorito es, sin duda, ese "the thing we do for love" con el que Bran the Broken dota a la serie de una estructura casi circular. Uno de los relatos televisivos más grandes jamás contados.

viernes, 22 de febrero de 2019

Los No Oscar 2018 y VI: Películas

10. Can you ever forgive me?
La nueva película de Marielle Heller (The Diary of a Teenage Girl) se disfraza de dramedia irónica para contar una historia que supura tristeza, melancolía e impotencia por los cuatro costados. Una escritora fracasada, con talento, pero sin la determinación necesaria para triunfar, asfixiada por las deudas, se lanza al negocio de la falsificación de cartas escritas por autores famosos. Esta premisa sirve a Heller para explorar la desidia vital y la frustración que la misma genera en una mujer y en su nuevo mejor amigo, otro perdedor alcoholizado, sin condescendencia. Por ello Can you ever forgive me? se convierte en una obra original y universal, porque cuenta la historia de dos personas que no son capaces ni de perdonarse a sí mismas.

9. The Death of Stalin
Esta película es una gran sátira política pero ante todo es una gran comedia. Y desde luego hay que reivindicar más la complejidad que tiene hacer una comedia que funcione: chistes graciosos, diálogos ingeniosos, personajes bien dibujados y una historia interesante que contar. Y The Death of Stalin cumple en todos esos ámbitos con su recreación cómica de las luchas por el poder que se desencadenaron entre los principales cargos de la URSS tras la muerte del dictador Iósef Stalin. Ianucci hilvana el film a través de una lluvia torrencial de críticas despiadadas a la enfermiza necesidad de ejercer el poder, mostrando el lado más patético de aquellos que luchan por conseguirlo. Es imposible no reírse ante el horror que nos muestra.

8. Shoplifters
No hay nada en Shoplifters que Koreeda no haya expuesto y desarrollado con anterioridad en su consistente filmografía. Y sin embargo pocas veces ha tratado sus temas recurrentes (la familia, el amor, la pobreza, la crisis social, el sistema judicial) de una forma más redonda. Quizás por eso Shoplifters se haya convertido en su película más internacional, perfecto muestrario de sus filias, fobias y obsesiones. La historia de una familia pobre que sobrevive con trabajo precarios, pensiones de jubilación y pequeños hurtos es conmovedora, tierna y graciosa, a pesar de ser un gran drama.

7. Isle of dogs
Tiene mucho mérito crear una fábula distópica como la que construye Wes Anderson en esta película, en la que un político demagogo y autoritario, usa a los perros para crear alarma social y los encierra a todos en un campo de concentración en una isla cercana a su ciudad. A menudo se destaca de su cine, su capacidad plástica, su don para crear imágenes únicas, rebosantes de belleza. Sin embargo, lo más interesante de las películas de Anderson, un humanista irredento, son sus personajes y la forma que tienen de ver el mundo, su mundo. Isle of Dogs, una película siempre atenta al detalle, tierna e incisiva, traslada al terreno de la infancia, inocente, descreído, algunas de las derivas más peligrosas de las democracias occidentales. Uno de los guiones más equilibrados de un cineasta mayor.

6. First Man
A Damien Chazelle, el niño bonito del novísimo Hollywood, le jugaron en contra, en primer lugar, las expectativas creadas en torno a su acercamiento a un héroe americano como Neil Armstrong y, en segundo, los enemigos que se ha ganado dentro del universo cinéfilo por el éxito de sus dos películas anteriores, Whiplash y, sobre todo, La la land. Estamos ante el clásico caso de "le tenían ganas". Así, First Man ha sido ninguneada durante toda la carrera de premios y, finalmente, en las nominaciones al Oscar. Sin embargo, First Man, sin ser tan adictiva como Whiplash, ni tan importante como La la land es una gran película americana. Subrayo lo de americana porque al igual que sus antecesoras habla, ante todo, de Estados Unidos, del sueño americano y de la necesidad, casi espiritual, casi enfermiza, de ser el mejor, de anteponer tu vida profesional a tu vida personal. Quizás con los años veamos en Chazelle a un cineasta que escrutó una de las derivas de las personas en nuestras sociedades capitalistas: el impulso irrefrenable de llegar más alto que nadie... de triunfar, más que de vivir.

5. The Ballad of Buster Scruggs
El western es ese género que los expertos y la industria llevan décadas enterrando y se resiste a morir. En The Ballad of Buster Scruggs, que en principio iba a ser una miniserie de seis episodios para Netflix y que ha terminado convirtiéndose en un largometraje compuesto por seis historias independientes, los Coen repiensan el género. En un panorama audiovisual en el que la hibridación de géneros es la tónica general, los Coen deciden experimentar con diversos géneros (la comedia, el terror, el drama, la fantasía...) para demostrar que en la hibridación el western tiene un brillante futuro. Quizás sea el género más netamente estadounidense de todos y la fascinación que produce el Oeste, lo inexplorado, lo salvaje, sigue funcionando en pantalla tan bien como hace 100 años. Aunque haya pasado algo desapercibida, The Ballad of Buster Scruggs es una película importante.

4. Burning
La gran obra cinematográfica asiática del año es Burning, adaptación de una novela del escritor más famoso de Asia, Haruki Murakami. La nueva película de Lee Chang-dong consigue trasladar a imágenes la atmósfera ensoñada de Murakami, así como su peculiar universo. Por eso Burning es una de las adaptaciones literarias más estimulantes de los últimos años. Además, la película logra cocinar a fuego lento un thriller profundamente enigmático en el que ni el protagonista, ni el espectador, sabe nunca lo que está pasando. Una desaparición misteriosa, una reaparición aún más enigmática, un joven niño rico caprichoso y peligroso y un desenlace brutal. Burning deconstruye el cine negro para abordar, en realidad, la lucha de clases. Tremendo.

3. Cold War
Dos amantes condenados, a lo largo de las décadas, a quererse y odiarse al mismo tiempo. Sentenciados a no poder estar juntos y ser felices. Cold War es un drama romántico pasional y desmedido, un cambio de tercio interesante en la filmografía de Pawel Pawlikowski tras el drama espirituoso Ida. Con la Guerra Fría como telón de fondo, Pawlikowski sigue analizando el pasado de su país, bajo la dominación soviética, para sacar a la luz las miserias de aquellos años, lo que hicieron unos y lo que permitieron que hicieran otros. Duele como duele el amor cuando te desgarra por dentro. Cuando amas y sabes que hacerlo te hace daño. Cuando el hecho de amar es puro suicidio.

2. First Reformed
El ser humano está destruyendo el planeta y Dios no está haciendo nada para evitarlo. Entonces... ¿de verdad existe Dios? y si existe... ¿cómo puede desentenderse de forma tan obvia del sino de su creación? En First Reformed, Paul Schrader vuelve a abordar la importancia y el sentido de la fe en un mundo descreído, a través de un párroco sumido en dudas de fe y que adquiere, paulatinamente, conciencia de los problemas que están destruyendo a nuestro mundo. Así, First Reformed es a la vez cine espiritual y político. Una obra radical de un cineasta incómodo. Una película demoledora.

1. If Beale Street Could Talk
Tras la victoria sorpresa (y accidentada) de Moonlight en los Oscar de hace dos años, Jenkins ha regresado adaptando a un gran autor afroamericano, James Baldwin y abordando la discriminación racial existente en Estados Unidos. Un joven es detenido y encarcelado por una violación que no ha cometido, víctima de la corrupción policial y los perniciosos engranajes de un sistema judicial infinitamente injusto. Y a partir de esa premisa, Jenkins compone una sinfonía urbana que sitúa al amor y a su poder curativo en el centro del relato, al mostrar la lucha de su novia y la familia de ésta por demostrar su inocencia. If Beale Street Could Talk es tan triste y dura, como hermosa, pura poesía... una película hermosa.