martes, 19 de febrero de 2019

Los No Oscar 2018 III: Actores

Actor de reparto

5. Alessandro Nivola por Disobedience
Disobedience es la historia de dos mujeres enamoradas cuya relación es imposible porque pertenecen a una comunidad judía muy ortodoxa. Nivola encarna al marido de una de ellas. No está, por lo tanto, en el centro del relato. Sin embargo logra construir un personaje tremendamente conmovedor. Lejos de ser un arquetipo, destruye todos los tópicos y muestra a un hombre frágil y compasivo. Cala hondo.

4. Alex Wolff por Hereditary
La prometedora carrera de Wolff casi se va por el retrete por culpa de la espantosa adaptación que hizo Netflix del anime Death Note y su delirante interpretación del protagonista. Por suerte, Ari Aster lo rescató de sí mismo y consiguió exprimirle todo su potencial. Este adolescente maldito y torturado se te clava en el cerebro, porque Wolff sabe retratar la angustia, la locura y la turbación de una persona empujada más allá de sus límites.

3. Michael B. Jordan por Black Panther
Desde su irrupción en Friday Night Lights, Michael B. Jordan no ha dejado de crecer, como masa musculosa, como actor y como estrella. En su tercera película con Ryan Coogler, Jordan ha logrado, por fin, que todo el mundo se fije en él y lo ha hecho entregando la mejor interpretación que ha dado el Marvel Cinematic Universe (MCU) hasta la fecha. Su villano está dotado de capas de profundidad y Jordan aprovecha todas y cada una de sus secuencias para afianzar el discurso de la película con convicción y para devorar al protagonista. Sin duda alguna gana en el cuerpo a cuerpo.

2. Steven Yeun por Burning
Yeun se ha marcado un año sensacional entre Burning y Sorry to bother you. En la película coreana está sobresaliente encarnando a uno de los villanos más fascinantes del cine reciente y también uno de los más enigmáticos. Detrás de cada sonrisa hay un cadáver en su armario. Detrás de cada gesto teóricamente desinteresado una trampa. Construye desde la naturalidad un personaje terrorífico, por lo que esconde, más que por lo que hace.

1. Jake Gyllenhaal por Wildlife
Una vez más Gyllenhaal muda la piel y se adapta a un hombre que poco tiene que ver con él. Un marido y padre ausente, perdido en la vida, compungido y fracasado, irascible. Su personaje tiene muchas caras, casi todas angulosas y Gyllenhaal las clava todas y cada una. Da miedo y pena. Firma una radical deconstrucción de la peor vertiente del clásico hombre blanco heterosexual. Uno de los mejores actores de su generación y de los más arriesgados e interesantes.

Actor

5. Ryan Gosling por First Man
Gosling y Armstrong se parecen bastante, celosos de su vida privada, impasibles y enigmáticos. Es por ello que Gosling era una elección perfecta para encarnar al primer hombre que pisó la Luna. Y no defrauda. Logra reconstruir a ese hombre que llevaba a sus espaldas el inmenso dolor de perder a una hija y los sueños de la humanidad. Ahí es nada. Gosling construye su trabajo desde la gravedad, que transmiten sus gestos, sus movimientos y su mirada triste. Aunque pueda resultar frío, en realidad logra conmoverte, porque consigue transmitir los sentimientos de ese hombre normal, antiheroico, que no sabe comunicarse mejor.

4. Andrew Garfield por Under the Silver Lake
David Robert Mitchell usa a Andrew Garfield para efectuar una reformulación del loser, de ese chaval bueno para nada, sin ganas de vivir, que sale de su anodina vida para lanzarse a una aventura conspiranoica por Los Angeles. Entre la incredulidad, la frescura, la inocencia y la frustración, Garfield compone un personaje potencialmente icónico. Dota al pagafantismo de carisma para convertir al geek en mainstream. Se entrega totalmente a la causa y se echa la película a los hombros. Este chico tiene talento.

3. Ben Foster por Leave no trace
Foster siempre trabaja en los márgenes del sistema. Tiene a sus espaldas ya un buen puñado de grandes papeles y películas independientes. En Leave no trace encarna a un padre conspiranoico que cría a su hija en el monte, alejados del mundanal ruido. Su personaje, rudo y desconfiado, habla poco, pero Foster es capaz de decir mucho, de visibilizar todos los conflictos que lo consumen, de contextualizar todas las decisiones que el personaje toma. Y lo hace usando su rostro. Es un espectáculo.

2. Stephan James por If Beale Street Could Talk
2018 nos ha enseñado que necesitábamos a Stephan James aunque no lo supiéramos. Si en Homecoming estaba sensacional como un soldado torturado por la Guerra, aguantándole la conversación a una estrella (y excelente intérprete) como Julia Roberts, en If Beale Street Could Talk compone a un joven enamorado, joven y esperanzado, atrapado en la madeja del sistema judicial estadounidense, brutalmente racista. El resultado es tremendamente conmovedor. James tiene una de las miradas más puras, transparentes y emotivas que he visto en mucho tiempo. Ojalá esté mirándonos durante muchos años. Aquí hay una estrella.

1. Ethan Hawke por First Reformed
Tras 30 años en el disparadero, Hawke se ha ganado un estatus de actor importante y respetado dentro de la industria cinematográfica. Ha hecho de todo. Películas buenas y películas malas, cine de autor, cine radical y cine comercial. Por todo ello no se entiende que no esté nominado este año al Oscar. Posiblemente First Reformed sea la interpretación más brillante de su carrera, más allá de la importancia y la valentía que implican afrontar su Jesse de la trilogía Before. Su párroco corroído por las dudas metafísicas e ideológicas viene a ser una versión estadounidense del San Manuel Bueno Mártir de Miguel de Unamuno. Un hombre ahogado en sus propias incertezas. Una interpretación salvaje, entregada y espectacular. El mejor trabajo interpretativo del 2018.

lunes, 18 de febrero de 2019

Los No Oscar 2018 II: Guiones

Guion adaptado

5. Ian McEwan por On Chesil Beach
El sexo juega un papel importante en las relaciones. Hablar sobre sexo también. El sexo no puede ser nunca un tabú o una carga. En On Chesil Beach, McEwan, uno de los novelistas vivos más importantes de la literatura inglesa, explora como el sexo puede dinamitar una pareja que a priori se ama. On Chesil Beach es una película que escama y que está escrita con la precisión de un cirujano que abre en canal a su paciente para encontrar donde se encuentra el problema, qué es lo que provoca que el cuerpo esté a punto de colapsar.

4. Alex Garland por Annihilation
Tras triunfar con su ópera prima, Ex Machina, Alex Garland, uno de los guionistas de ciencia ficción más reputados y solventes de las últimas décadas, se enfrenta a un reto aún mayor en esta adaptación de la novela homónima de Jeff VanderMeer. Una obra ambiciosa narrativamente y exigente visualmente, que aborda cuestiones netamente metafísicas sobre la creación, la evolución, la destrucción y la reconstrucción de los seres vivos. Garland siempre se ha movido bien en el terreno de la reflexión ética en el ámbito científico y aquí es capaz de convertir un survival en un tratado, si bien, hubiera hecho falta más desarrollo de la historia, puesto que la idea central es tan poderosa que aún podría crear más reflexiones.

3. Zoe Kazan y Paul Dano por Wildlife
Que una pareja afronte la adaptación de una novela como Wildlife tiene algo de suicida. La historia de un matrimonio condenado a romperse porque está conformado por dos personas que no se entienden, no se hablan y no se respetan, es muy agria y muestra demasiadas taras de la vida en pareja y de los sacrificios que la misma exige. Kazan y Dano logran construir una historia comedida pero compleja, en la que los tres personajes centrales, la madre, el padre y el hijo, tienen aristas y son comprensibles. No esa película agradable, pero sí una película verdadera.

2. Lee Chang-dong y Jungmi Oh por Burning
Adaptar a un escritor tan conocido y reconocible como Murakami no es fácil. Sin embargo, Chang-dong y Oh han salido airosos gracias, en parte, a un guion que maneja con maestría los discursos de sus personajes y, lo que es más importante, sus silencios. Así, este thriller atípico logra dosificar la información, generando con el paso de los minutos una sobrecogedora sensación de desasosiego y fascinación. Ni siquiera en su final se permite resultar obvia o explicativa. Este guion, huidizo y atmosférico, deja al espectador jugar con su propia imaginación.

1. Armando Iannucci, David Schneider, Ian Martin y Peter Fellows por The Death of Stalin
Primero, Armando Iannucci desnudó a la política británica (The Thick of It, In the Loop), luego arrastró por el suelo a la estadounidense (Veep) y ahora se atreve a reírse de los tejemanejes y las salvajes guerras de poder en la extinta URSS tras el fallecimiento del todopoderoso Iósif Stalin. Si el thriller político es un género a reivindicar, la sátira política es uno a bendecir. Nadie en el audiovisual de hoy en día es capaz de mostrar con tanta mordacidad e ingenio la banalidad e insustancialidad de la alta política. Es el poder. Todo por okuparlo. Aunque luego no se sepa qué hacer con él.

Guion original

5. Tamara Jenkins por Private Life
La ternura con que Jenkins retrata a sus personajes no se ve todos los días. El ansiado regreso de la cineasta, tras la excelente The Savages, es otra dramedia emotiva y honesta sobre dos personajes en crisis existencial. En este caso, un matrimonio de mediana edad a la deriva, que no consigue tener un hijo. La premisa permite a Jenkins explorar las frustraciones que vas acumulando con el paso de los años y cómo éstas afectan a las personas a las que queremos. Private Life es una clase maestra de construcción de diálogos y personajes.

4. Boots Riley por Sorry to bother you
El momento estelar de Riley en esta carrera de premios fue su polémica con Spike Lee, al que acusó de haberse adocenado al adaptar la historia real en la que está basada BlacKkKlansman. No es un conflicto baladí. Porque es verdad que la película de Lee ofrece una reflexión domesticada (ergo apta para blancos no especialmente concienciados) sobre el conflicto racial que arrastra Estados Unidos. En cambio, Sorry to bother you, no contenta con entrar a degüello en la cuestión, se mete en el fango de la guerra de clases, de la lucha entre las grandes corporaciones y los trabajadores precarizados y la (des)unión de estos. Todo ello encapsulado en un thiller cómico de ciencia ficción. Este guion es una patada en la boca y una bocanada de aire fresco. Habrá que seguirle la pista a Riley.

3. Diablo Cody por Tully
Cody es una de las guionistas que más pasiones enfrentadas levanta hoy en día. Su nueva colaboración con el director Jason Reitman y la actriz Charlize Theron se aproxima, de una forma distinta, más dulce, más cariñosa, al tema central de su antecesora, la corrosiva Young Adult: la madurez. ¿Cómo lidiamos con la madurez? o más bien ¿cómo lidiamos con el fracaso de nuestras expectativas vitales? ¿nos hemos traicionado a nosotros mismos? Todas estas preguntas y muchas más pululan sobre la historia de una madre de familia colapsada y que se siente (y está) profundamente sola. Más allá de las trampas que nos tiende Cody, es innegable el talento que tiene para manejar los conflictos humanos y para sacar humor de situaciones dramáticas. Para bien o para mal, es una guionista importante.

2. David Robert Mitchell por Under the Silver Lake
La segunda película de Mitchell, tras el enorme éxito cosechado por It Follows, lo ratifica como uno de los cineastas más interesantes del panorama actual. Poniéndonos en la piel de un nini, un chaval sin presente ni futuro, Mitchell nos sumerge en un viaje lisérgico por la cultura pop, una deconstrucción de Los Angeles como ciudad-símbolo del capitalismo cultural y una aproximación delirante a la pulsión conspiranoica que mueve nuestras sociedades. El resultado es una película profundamente irregular, críptica y tremendamente estimulante. Una de las obras más extrañas y personales del año, un bukkake metarreferencial inabarcable.

1. Hirokazu Koreeda por Shoplifters
A estas alturas, el papel central que ha jugado Koreeda en el cine del nuevo milenio es incontestable. Este año, además, ha ganado el premio más importante al que puede aspirar un autor: la Palma de Oro y ha conseguido su primera nominación al Oscar (en la categoría de mejor película de habla no inglesa). Todo ello gracias a Shoplifters, la historia de una familia pobre que sobrevive como puede en la inmensa e impersonal Tokyo. Al igual que su maestro y referente más obvio, Yasujiro Ozu, Koreeda ha dedicado su filmografía a reflexionar sobre la familia, institución social básica para entender nuestro mundo de la vida. Y al igual que Ozu, la ha escrutado desde un humanismo militante, desde la calidez y la bondad, dos de las mejores virtudes que podemos tener los seres humanos. El guion de Shoplifters no es perfecto, pero retiene entre sus líneas algunos momentos de poderosa belleza.

domingo, 17 de febrero de 2019

Los No Oscar 2018 I: Montaje y Fotografía

Por sexto año consecutivo hago estas breves listas intentando repasar aquellos trabajos que no han logrado la nominación al Oscar pero que a mí me gustaron, me conmovieron, me hicieron pensar o me resultaron estimulantes. Las únicas normas son que no estén nominados al Oscar y que pudieran haberlo estado, es decir que sus películas sean unas de las 347 elegibles en esta edición de los Oscar.

Tras el escándalo surgido tras el anuncio por parte de la Academia de que las categorías de Montaje, Fotografía, Maquillaje y Cortometraje de ficción no iban a ser anunciadas en directo, resulta más imprescindible que nunca reivindicar el trabajo de los montadores y los directores de fotografía. Sin montaje y fotografía no existe el cine, son dos elementos nucleares en la construcción de las películas.

Montaje

5. Ethan y Joel Coen por The Ballad of Buster Scruggs
Los Coen ejercen un control total sobre sus obras. Desde la propia confección del guion hasta el montaje. Ensamblar una película es un proceso dialéctico. Por eso generalmente los directores no montan sus películas directamente, puesto que es preciso que otra persona cuestione sus decisiones e ideas, confrontándolas de cara a destilar el mejor producto(/obra artística) posible. Los Coen tienen a su favor ser dos personas que mantienen un constante diálogo desde que comienzan a escribir sus películas. The Ballad of Buster Scruggs los lleva a un género que ya habían trabajo anteriormente como es el western pero les exige encontrar el estilo narrativo y visual pertinente para cada una de las seis historias que conforman la película. Salen airosos. El tiempo situará a esta película como una de sus obras más importantes.

4. Eddie Hamilton por Mission: Impossible - Fallout
Hamilton se ha ganado a pulso su actual estatus de montador de referencia en el cine de acción. X-Men: First Class (la X-Men buena), Kingsman y las dos últimas entregas de Mission: Impossible acreditan su talento para dotar de sentido y claridad las espectaculares secuencias de acción pensadas por cineastas como Matthew Vaughn o Christopher McQuarrie. Fallout es un festival de secuencias imposibles y giros aún menos probables, uno de los grandes divertimentos de 2018 y una obra de acción plagada de ideas visuales interesantes.

3. Joi McMillon y Nat Sanders por If Beale Street Could Talk
McMillon y Sanders vuelven a ayudar a Barry Jenkins a imprimirle ese ritmo pausado tan característico de su cine, combinando la cámara lente, la recreación en el rostro humano y las estampas urbanas. Al igual que en la mágica Moonlight firman un trabajo sensacional, que ayuda de forma decisiva a construir el microuniverso que plantea Jenkins y a asentar su peculiar estilo visual y narrativo. El inteligente diálogo que establecen entre pasado y presente para explicar al espectador la profunda historia de amor entre lo protagonistas y la terrible discriminación racial que padecen, funciona a las mil maravillas.

2. Tom Cross por First Man
El montador de Damien Chazelle, ganador por Whiplash y nominado al Oscar por La la land, acompaña al cineasta en su salto al drama espacial (y familiar). La colaboración entre ambos vuelve a resultar deslumbrante, sobre todo en las inmersivas secuencias de despegue y aterrizaje espacial. First Man es más de una película y Cross sabe imponerle el ritmo necesario a cada una de ellas, tanto al drama familiar, al thriller y a la aventura espacial. Es un gran trabajo, una de las ausencias más clamorosas de First Man en las nominaciones de los Oscar.

1. Alfonso Cuarón y Adam Gough por Roma
Roma es una obra tan radicalmente personal que Cuarón se ha encargado de la producción, escritura, fotografía, dirección y montaje de la misma. Ha usado su infancia burguesa para hablar de los cuidados, de las personas que nos cuidan y a las que cuidamos, de la hipocresía social, de la desigualdad, de la lucha, o más bien de la ausencia de, clases y, finalmente, de su país, del momento en que comenzó a romperse. Todo ello está en Roma, la película más perfectamente planificada del año. Una pequeña obra de orfebrería en la que cada secuencia encaja a la perfección, en la que todo plano aporta, en la que narración y engranaje visual se retroalimentan. Es inaudito que no esté nominada al Oscar a mejor montaje.

Fotografía

5. Bruno Delbonnel por The Ballad of Buster Scruggs
Delbonnel es uno de los grandes directores de fotografía de las últimas décadas. Sus cinco nominaciones al Oscar (infructuosas) lo constatan. Tras dar el salto a la primera división mundial con Jean-Pierre Jennet gracias a Amelie y Un long dimanche de fiançailles, se ha hecho un hueco en la industria del cine trabajando a este y al otro lado del océano. En The Ballad of Buster Scruggs, su segunda colaboración con los Coen tras la sensacional Inside Llewyn Davis, Delbonnel sale airoso del reto de dotar una coherencia visual a cada una de las 6 historias que componen la película, ahondando en la personalidad de cada una de ellas a la vez que le coherencia estética a toda la obra. El western, por su reconstrucción del espacio salvaje y la frontera, siempre ha sido un género visualmente estimulante. Delbonnel no lo desaprovecha y firma otro trabajo impecable.

4. Kyung-Pyo Hong por Burning
¿Sueñan los humanos con invernaderos ardiendo? Burning, la adaptación cinematográfica de una obra de Haruki Murakami, es una película ensoñada. Un film donde el protagonista nunca tiene claro si lo que está viendo es real o solo es producto de su imaginación. Gran parte de la fascinación que ha producido la película entre muchos cinéfilos, entre los que me incluyo, se debe a su arquitectura visual, a un gran número de imágenes que se te clavan en los ojos. Kyung-Pyo Hong ilumina uno de los atardeceres más bellos y poéticos que jamás haya visto.


3. Sayombhu Mukdeeprom por Suspiria
El tailandés Mukdeeprom tiena a sus espaldas construir las atmósferas mágicas de cineastas tan radicales como su compatriota Apichatpong Weerasethakul o el portugués Miguel Gomes. Su encuentro con Luca Guadagnino en la sensorial y cálida Call me by your name nos dejó algunas de las secuencias más hermosas del cine reciente. En su segunda colaboración, la relectura de Suspiria de Dario Argento, ofrece un trabajo más imperfecto, pero también más radical. Como ya pasaba con la película de Argento, la Suspiria de Guadagnino es, ante todo, una experiencia visual. La reconstrucción del Berlin de los 70, salvaje, peligroso, que comenzaba a despertar de un largo letargo, permite a Weerasethakul jugar con la luz y los tonos para construir un relato profundamente inquietante.

2. Linus Sandgren por First Man
Tras ganar el Oscar con La la land, Sandgren vuelve a ponerse a las órdenes de Damien Chazelle para iluminar la oscuridad del espacio y jugar con las sombras de un hombre traumatizado por el fallecimiento de su hija, con una familia a punto de implosionar y entregado a su trabajo, creyendo que solo eso lo puede salvar de la autodestrucción. Es importante explicar esto porque Sandgren tuvo que integrar su recreación visual de la infinidad espacial con los grises de una serie de espacios (la casa, la NASA) profundamente anodinos. El resultado es deslumbrante,

1. James Laxton por If Beale Street Could Talk
Laxton dio el salto a las grandes ligas hace 2 años de la mano de Jenkins con la maravillosa fotografía azulada de Moonlight. En la nueva película de Jenkins confirma su talento para jugar con los colores y construir atmósferas hipnóticas con el manejo de la luz. Precisamente hipnosis y plasticidad son las dos palabras que se me vienen a la mente cuando pienso en su trabajo, una maravillosa construcción de estampas de la vida cotidiana, pasadas por un filtro de belleza y delicadez. Consigue captar lo hermoso en lo cotidiano, algo al alcance de muy pocos artistas visuales. Es incomprensible que un trabajo tan hermoso y luminoso como éste no esté nominado al Oscar. Una obra de arte.

viernes, 28 de diciembre de 2018

Mis series favoritas de 2018


30. Dear White People (Netflix) (-6)
Aunque Dear White People no tenga una gran legión de fans y sufra las consecuencias del modelo de exhibición de Netflix, es decir, que solo resulta visible en su fin de semana de estreno, es una serie a tener en cuenta. A través de una descacharrante y cínica sátira, construye y deconstruye algunos de los discursos más estimulantes sobre el grave problema racial que lastra Estados Unidos. Su gran virtud es que no es nunca complaciente y reparte hostias como panes.

29. Bodyguard (BBC 1) (N)
Jed Mercurio (Line of Duty) se ha ganado merecidamente su actual estatus de creador audiovisual de referencia en la industria británica actual. Esta historia sobre conspiraciones y terrorismo islamista lo confirma como un escritor que sabe manejar la tensión como pocos, pero carece de la hondura de su obra anterior. Los primeros capítulos de Bodyguard son excelentes, sin embargo, una vez que la historia da su gran giro, el espectador acaba descubriendo que Mercurio no va a construir un discurso robusto sobre la utilización del terrorismo islamista por parte de los poderes públicos y privados que quieren restringir nuestras libertades. Una pena, porque los elementos estaban ahí. Aún así, Bodyguard es muy recomendable porque es adictiva, algo que no se logra si no se es un narrador de primera división y Mercurio lo es.

28. GLOW (Netflix) (-1)
En un año en el que la unidad de acción de las mujeres feministas estuvo en el centro del debate público, GLOW ofrece, desde la dramedia, una visión bastante inspirada de lo que debe ser la fraternidad femenina y una reflexión más profunda de lo que podría parecer sobre los valores e inquietudes que nos mueven y cómo las relaciones que construimos nos marcan a fuego.

27. Arde Madrid (Movistar +) (N)
Anna R. Costa y Paco León han utilizado la estancia de Ava Gardner en Madrid para construir una relectura idealista de la España gris-oscura-casi-negra del franquismo. Casi como si estuvieran reescribiendo la historia apuestan por un relato feminista y de empoderamiento femenino en un país asfixiado por una dictadura profundamente machista, religiosa y antiliberal. Por todo ello, Arde Madrid es un experimento narrativo tan divertido y combativo como ahistórico. Pero esto último da completamente igual, la historia de Ana Mari (inmensa Inma Cuesta), una maestra reconvertida en criada-espía al servicio del régimen es una historia dirigida a las mujeres de hoy en día, la historia de una mujer hecha a sí misma, inteligente y, sobre todo, independiente. PD: Por favor, que alguien escriba un spin-off protagonizado por el personaje de Miren Ibarguren. 

26. Castle Rock (Hulu) (N)
Esta serie se enfrentaba al inmenso reto de reconstruir el inabarcable universo creativo de Stephen King sin adaptar ninguna de sus obras en concreto. Aunque le cuesta arrancar, Castle Rock retrata exitosamente alguna de las ideas-fuerza/obsesiones de King, contando, a través de un estimulante manejo del espacio/tiempo, la historia de un grupo de personajes acuciados por el Mal. El capítulo centrado en la gran Sissy Spacek es desgarrador y uno de los relatos de ciencia ficción mejor construidos de los últimos años.

25. El día de mañana (Movistar +) (N)
Las miserias del tardofranquismo y la Transición expuestas a la luz a través de la historia de un caradura netamente español. Eso es, en esencia, El día de mañana, la ficción más redonda que ha salido, hasta ahora, de la factoría Movistar +. En este país, para medrar desde las clases populares hay que mancharse las manos. Es la corrupción, siempre es la corrupción.

24. A Very English Scandal (BBC 1) (N)
A estas alturas, pocos podían prever que la carrera de Hugh Grant, antaño rey de la comedia romántica british, resucitaría. Es más, no solo ha resucitado, si no que este 2018 nos ha regalado al mejor Hugh Grant por partida doble, en la adorable Paddington 2 y, sobre todo, en la entretenidísima y corrosiva miniserie A Very English Scandal, donde Grant interpreta al ex-líder del partido liberal Jeremy Thorpe. Como todo buen relato político, la miniserie retrata el auge y caída de un político carismático corroído en primer lugar por su homosexualidad no aceptada por él mismo e inaceptable para la sociedad británica y, en segundo lugar, por su ambición desmedida de poder. A través de la batalla entre Thorpe y su ex-amante, interpretado por el siempre excelente Ben Whishaw, vemos un glosario de los más bajos sentimientos humanos y a pesar de ello, la obra no es nada oscura, gracias al negrísimo humor británico.

23. Atlanta (FX) (N)
Tras el éxito de la primera temporada, FX le dio libertad total a Donald Glover para que experimentara todo lo que quisiera con su creación. Como consecuencia de ello esta segunda temporada es mucho más arriesgada formal y narrativamente hablando. Y por ello, también, es menos redonda y más deshilvanada, casi como si fuese una antología más que una temporada que constituyera una unidad narrativa. Glover se confirma como uno de los autores más estimulantes del audiovisual actual.

22. Killing Eve (BBC America) (N)
La nueva serie de Phoebe Waller-Bridge es un thriller cómico que sigue a dos mujeres, una asesina a sueldo y una analista de seguridad, obsesionadas la una con la otra. Viendo la reacción que despertó en los espectadores, podemos afirmar que Killing Eve ha logrado algo muy peculiar: convertirse en una obra de culto instantánea. Y todo se lo debe a su peculiar manejo del humor negro y a dos protagonistas en permanente estado de gracia. Es imposible terminar la temporada y no tener ganas de ver más.

21. Counterpart (Starz) (N)
Aunque es de Starz, Counterpart tiene un ritmo narrativo propio de algunas de las mejores series de AMC (Mad Men, Rubicon, Halt and catch fire...), es, básicamente, una nueva aportación a eso que hemos dado en llamar la slow tv. Esta distopía sobre dos mundo paralelos pero interconectados, está a medio camino entre la literatura de espías de la Guerra Fría, al más puro estilo John Le Carré, y la paranoia terrorista, tan propia del S.XXI. El gran J.K. Simmons interpreta a dos hombres idénticos en lo físico pero inmensamente diferentes en su interior (¿o no?), que tendrán que hacer equipo (¿o no?) para evitar la guerra entre sus mundos. Es ambiciosa, es interesante y sí, es lenta. Y no se avergüenza de ello.

20. The Deuce (HBO) (-17)
Siempre digo que para mí es difícil hablar de David Simon tras haber escrito 400 páginas sobre sus obras anteriores. The Deuce no me entusiasma tanto como sus antecesoras, porque creo que se sale demasiado de los márgenes de su universo creativo sobre la ciudad y que eso genera una cierta falta de foco narrativo y discursivo. Aún así es estimulante. Simon siempre lo es. Finalizar The Deuce en su tercera entrega es una sabia decisión.

19. Wild Wild Country (Netflix) (N)
El inicio del año seriéfilo se vio sacudido por una obra que nadie vio venir, la miniserie documental Wild Wild Country sobre una secta de origen hindú que se instaló en medio de ningún sitio en el estado de Oregón. Lo que pasó después, efectivamente te sorprenderá. Una encarnizada guerra por el poder a nivel interno y externo que incluye desfalcos millonarios, terrorismo bacteriológico y manipulación electoral. Sheela, la mano que mecía la cuna de la secta, es una de las villanas más interesantes e inquietantes de los últimos años.

18. Star Trek: Discovery (CBS All Access) (N)
Estamos viviendo una época muy buena para la ciencia ficción audiovisual. El enésimo resurgir de Star Trek comenzó titubeante, para terminar ofreciendo este año una segunda parte de su primera temporada brillante y adictiva. Quizás no tenga la hondura moral de algunas de sus antecesoras, pero los engranajes narrativos de esta aventura son excelentes. Una de las series más divertidas de 2018 y que tiene las hechuras necesarias para dar un paso más y atreverse a construir un discurso socio-político relevante.

17. Succession (HBO) (N)
El estilo narrativo de Adam McKay se traslada del cine a la televisión para ofrecer la, posiblemente, serie más cínica del año. Esta relectura posmoderna del King Lear de Shakespeare, explora las miserias del actual estadio del capitalismo, mostrándonos cómo una familia multimillonaria implosiona por la ambición de poder y dinero de todos y cada uno de sus miembros. Siempre nos ha gustado reírnos de los ricos y ver que realmente no son más felices que nosotros, sino que son más banales.

16. The Haunting of Hill House (Netflix) (N)
Si hay un género que se ha explorado poco en el terreno del audiovisual de largo formato es el terror. Quizás porque mantener una sensación de miedo y desosiego durante más de 2-3 horas es un reto demasiado complicado. Mark Flanagan que ya había dado muestras de conocer las claves del género y saber emplearlas para producir obras estimulantes (Hush, Gerald's Game) ha sido capaz de construir una serie de ficción apasionante y que da bastante miedo, ya no por los sustos, que tiene unos cuantos, o por la atmósfera, que está muy bien trabajada, si no porque habla de sentimientos humanos que todos hemos experimentado o experimentaremos. Como ha dicho gran parte de la crítica, si algo es The Haunting of Hill House es un drama familiar, una serie sobre las miserias de una familia y las relaciones entre sus miembros. Pero el terror o lo sobrenatural no son un mero vehículo, Flanagan quiere hacer audiovisual de terror de primer nivel. Y lo logra.

15. Homeland (Showtime) (N)
Aunque la mayoría de la audiencia se haya olvidado de que existe, Homeland aún existe y no solo eso, es tan pertinente como el primer día. Fake news, alt-right, interferencias rusas, amago de golpe de estado, exploración de los límites de la Constitución USA... todo eso y más ha tenido su penúltima entrega, una de las mejores, en opinión de un servidor. La idea más demoledora que ha ofrecido esta temporada es que, posiblemente, las democracias occidentales no se pueden cambiar ya a mejor. No queda otra que resistir. 

14. Homecoming (Amazon Prime) (N)
Sam Esmail, la mente pensante y la mano ejecutora detrás de Mr. Robot, esa serie a ratos deslumbrante, a ratos delirante, se limita a dirigir, que no es poco, la adaptación audiovisual de un podcast prestigioso. El resultado es uno de los mejores thrillers conspiranoicos de esta década. Inteligente, contenido y fabulosamente elaborado. Una pequeña obra de orfebrería. Julia Roberts pocas veces ha estado mejor y nunca tan natural.

13. Fariña (Antena 3) (N)
Fariña no es Narcos. Fariña es mucho mejor que Narcos. Porque Fariña no sólo es entretenida, que  lo es y mucho, Fariña es una obra política. Una serie que analiza las dinámicas de poder entre los líderes políticos y el crimen organizado. Una serie que analiza cómo el narcotráfico y la economía ilegal, cubrió el espacio dejado por la desindustrialización del país y las cuotas europeas al sector primario. Fariña es la crónica de una Galicia en eterno declive. La mejor serie española del año y una de las mejores de la historia.

12. L'amica geniale (HBO) (N)
La guerra de clases, la Italia post-fascista, el inicio de la (auto)liberación de las mujeres, la familia y, sobre todo, la amistad. De todo esto y de alguna cosa más, habla L'amica geniale, adaptación de la primera novela de la saga literaria de Elena Ferrante, Dos amigas. Dos niñas, una innatamente brillante, y la otra, esforzadamente brillante, se alían en un barrio pobre para medrar en un mundo dominado por hombres ricos y brutalmente machistas. Vestida con las formas del arte costumbrista, L'amica geniale construye un discurso sociopolítico robusto. Está más preocupada por mostrar e ilustrar, que por señalar. Una obra hermosa.

11. The Terror (AMC) (N)
Hay muchas cosas que me interesan en/de The Terror, la historia de una trágica expedición británica a través del Polo Norte. Pero sobre todo me interesa su capacidad de fascinación, de plasmar lo más terrible, hipnótico y sobrecogedor de la naturaleza y de retratar el interior de sus personajes a través de la larga noche y de elementos netamente fantásticos. Esta serie me dio mucho miedo, no solo por su vena netamente terrorífica, si no, sobre todo, por la crónica que hace del deterioro moral del ser humano. Es buenísima, de verdad.

10. Westworld (HBO) (N)
Resulta fácil de entender por qué hay tantas personas que se sienten expulsadas por el estilo narrativo de Westworld. La serie, desde luego, no lo pone fácil y está muy lejos de ser redonda. Pero cuando Westworld es buena es simple y llanamente hipnótica. Por eso se le perdonan su irregularidad y sus constantes trampas. Es una obra de ciencia ficción tan ambiciosa y desmedida que los amantes del género están obligados a verla, aunque puedan llegar a odiarla. La segunda temporada profundiza en las reglas de su mundo distópico y ahonda en los debates ideológico-morales que ya se habían esbozado en la primera entrega. Progresa adecuadamente.

9. American Crime Story. The Assasination of Gianni Versace (FX) (N)
Era difícil estar al nivel de la brutal primera entrega de American Crime Story (el caso de OJ Simpson). Esta segunda edición no lo logra, pero se queda cerca. La historia del asesino en serie que mató al modisto Gianni Versace a los pies de su casa, Andrew Cunanan, es el turbador y conmovedor retrato de un hombre que cansado de sentirse superfluo se inventa una vida que no le pertenece. El (des)encaje entre la realidad y la ficción, entre lo que sucede y lo que desea que suceda, provoca que pierda la cabeza y que por el camino triture las existencias de todas las personas que lo rodean. Una de las historias de asesinos (y de sus víctimas) más trabajadas que he visto.

8. Black Earth Rising (BBC 2) (N)
Hugo Blick sigue explorando, gracias al dinero invertido por la cadena pública británica, las miserias de la política internacional y el rol perverso de las potencias occidentales en los conflictos que aún laten en el mundo. Si en The Honourable Woman entraba a degüello en las miserias del estado de Israel y la ocupación que el mismo lleva a cabo en Palestina, en Black Earth Rising disecciona la guerra civil ruandesa, el exterminio tutsi, la posguerra y el papel de Reino Unido, Francia y Estados Unidos en todo ello. Un thriller político brillante, profundamente humano e incansablemente crítico con Occidente.

7. The Marvelous Mrs. Maisel (Amazon Prime) (+21)
La primera temporada de la señora Maisel era refrescante y divertida. Una reactualización del estilo narrativo del matrimonio Palladino (Gilmore Girls). Su segunda entrega es, simple y llanamente, sensacional. Quizás la serie más redonda del año. No tiene aristas. No hay arcos narrativos que no funcionan. Los diálogos de los Palladino son tan buenos como siempre y su construcción de personajes aún mejor. El reparto está en estado de gracia. Es una comedia pura de larga duración, algo bastante extraño en la televisión(/plataforma de streaming). Y funciona. Feminismo a golpe de risas y fina ironía.

6. Il Miracolo (Sky) (N)
La cinematografía italiana es una de las más interesantes del mundo. Desde Fellini, Rossellini, Pasolini o Visconti, hasta Sorrentino, Garrone o Rohrwacher, ha iluminado al mundo con propuestas arriesgadas, estimulantes y únicas. En los últimos años toda esa riqueza cultural audiovisual se ha expandido hacia la televisión (1992, Gomorra, The Young Pope... y antes Romanzo Criminale) para resituar a Italia en la vanguardia del audiovisual mundial. Il Miracolo del escritor Niccolò Ammaniti tiene como premisa la aparición de una figura de una virgen que llora litros y litros de sangre, de forma constante, sin que la ciencia lo pueda explicar. Tras este punto de partida, Ammaniti explora las relaciones Iglesia-Estado, la deriva política de Italia, un país en constante crisis institucional, el papel de Italia en Europa y en el mundo y, sobre todo, la importancia de la fe en un mundo descreído. Il Miracolo no se parece a nada de lo que ha ofrecido la televisión mundial este año. A nada.

5. The Americans (FX) (N)
Cuando volvamos la vista atrás y analicemos la ficción audiovisual de la década de los 10, The Americans será una de esas obras capitales en las que habrá que detenerse. La historia de un matrimonio de espías soviéticos en Estados Unidos a las puertas del colapso de la URSS exploró, básicamente, las principales preocupaciones humanas, en aquellos tiempos y en los nuestros: la familia, el amor, el matrimonio, la cultura, el sentimiento nacional, los valores, la ideología, la amistad... No se dejaron nada en el tintero. La última temporada fue demoledora. Profundamente lacónica.

4. BoJack Horseman (Netflix) (+1)
El actor caballo sigue deprimido. Mucho. Como en la vida misma, la depresión es un hondo pozo del que resulta muy difícil salir. Quizás nunca sea capaz de ser feliz, también, como en la vida misma. Una de las obras más demoledoras de la ficción audiovisual actual porque, al final, de lo que habla es... de la vida misma.

3. Sharp Objects (HBO) (N)
El gran logro de Sharp Objects radica en su capacidad de mezclar ingredientes propios de un melodrama trash digno de la peor Lifetime y presentar al espectador un melodrama classy sobre algo tan abstracto y a priori tan poco comercial como la memoria. Sharp Objects, bajo su apariencia de thriller de asesino en serie hibridado con drama familiar (cuasi)sureño, es, en realidad, un tratado sobre los recovecos de nuestra memoria, sobre lo que recordamos, cómo lo recordamos, cómo lo modificamos y cómo decidimos, consciente o inconscientemente dejar de recordarlo. Una de las mejores puestas en escena de Jean-Marc Vallée y tres actrices en estado de gracia saben llevar el material de Gillian Flynn (autora de la novela original) y Marti Noxon (showrunner) a un nivel de excelencia digno de las mejores miniseries de la casa.

2. The Good Fight (CBS All Access) (+11)
La radiografía más irónica, divertida y mordaz de la política USA actual. Eso y mucho más es The Good Fight, un spin-off que ha superado en ambición discursiva a su brillante predecesora, The Good Wife. En un país gobernado por un peligroso bufón sólo se pueden hacer dos cosas y son complementarias: combatir y reírse.



1. The Handmaid's Tale (Hulu) (+1)
Tras una primera temporada explosiva, alardeada por millones de personas y bendecida por los premios Emmy, había ganas de que The Handmaid' Tale fracasara. En parte por pura misoginia, en parte porque el listillo de la clase no está visto con muy buenos ojos en nuestras sociedades. Pero lo cierto es que esta segunda temporada no ha sido un fracaso, aunque sí ha tenido más problemas que la primera. Es verdad que los primeros tres capítulos no acaban de funcionar y que los últimos 5 minutos son muy criticables y, sobre todo, abren dudas de cara al futuro de la serie (¿sabrán cerrarla y no estirar el chicle?). Pero no es menos verdad que todo lo demás ha estado a la altura de la primera o, incluso, por encima de la misma. La relación que se construye entre June y Serena es una de las dinámicas entre personajes más importantes, sí, importantes, de esta década. Acuciados por el resurgir de los totalitarismos que casi destruyen occidente durante el siglo pasado, no nos queda más que prepararnos para lo peor y para dar la batalla. De eso va The Handmaid's Tale, de luchar en tiempos adversos.