lunes, 28 de diciembre de 2020

Mis series favoritas del 2020 I [del 40 al 21]

40. Little Fires Everywhere (Hulu | Amazon Prime Video)

El mejor culebrón del año enfrenta a una mujer blanca de clase alta llena de buenas intenciones con las que ahogar sus prejuicios frente a una mujer afroamericana torturada por su pasado que huye de ciudad en ciudad con su hija adolescente. Ambas se van arrojando a sus respectivos hijos a la cara mientras sus vidas se van yendo inexorablemente a la mierda. Además de entretenidísima, Little Fires Everywhere emplea los modos del culebrón familiar para ahondar en la cuestión racial a tumba abierta, señalando la estigmatización y los privilegios. Ser mainstream no implica renunciar a construir un discurso crítico con el estatus quo.

39. Ted Lasso (Apple TV)

Un entrenador de fútbol americano es fichado por una dirigente de un club de la Premier League para destruir al equipo desde dentro y vengarse de su exmarido. La premisa no es una genialidad. Sin embargo, la serie está construida con tanta bondad que resulta irresistible. En un mundo cada vez más oscuro y retorcido en el que priman el dinero y la productividad, que una serie defienda que lo más importante son las personas y no lo que puedas sacar de ellas para tu beneficio propio se asemeja a un abrazo audiovisual. El mundo del fútbol, el mundo en general, no es como el de Ted Lasso. Más bien todo lo contrario. Y eso es mierda.

38. The Great (Hulu | Starzplay)

El guionista detrás de La favorita (Lanthimos, 2018) continúa su labor de reírse de la realeza europea y sus delirantes y maquiavélicos juegos de poder en la divertidísima The Great, sobre el asalto al trono de Rusia de Catalina la Grande. Aunque a Tony McNamara le interesa más bien poco ser fiel a los acontecimientos históricos, logra construir una gran sátira sobre lo que es la ambición desmedida y como nos conduce a obsesionarnos con dominar a nuestros enemigos y controlar todo lo que sucede a nuestro alrededor.

37. Escenario 0 (HBO)

Escenario 0 recoge la herencia del histórico Estudio 1, la tamiza por el filtro del posmodernismo audiovisual (y sociológico) y ofrece un conjunto de obras lisérgicas que bucean en la hipocresía de nuestra sociedad actual, corroída por la codicia, aventurándose al abismo de un capitalismo moribundo. En este sentido, la más poderosa de todas las obras que conforman el proyecto es Mammon, la historia de una no-obra de teatro a través de la vorágine en la que se embarcan sus creadores para poder financiarla. Pero HermanasJuicio a una puta y Los mariachis también valen mucho la pena. 

36. Raised By Wolves (HBO Max | TNT España)

En un mundo apocalíptico, devorado por la guerra entre las religiones y el ateísmo, dos robots, Madre y Padre, tienen la misión de criar a un grupo de niños que erigirán una nueva humanidad sin religiones, en un planeta potencialmente habitable para el ser humano. La premisa suena bien. El caso es que la serie es tan loca que al finalizar el primer capítulo ya la ha quemado. De hecho con las tramas de esta primera temporada otros autores tendrían para diez entregas. Raised By Wolves atrapa al espectador en su vorágine narrativa y no lo suelta. Es una serie que se devora y que plantea mil enigmas y unas cuentas reflexiones morales y filosóficas de interés. 

35. Westworld (HBO) 

La serie de Jonathan Nolan y Lisa Joy ha salido del parque de atracciones y, en el camino, se ha dejado parte de su atractivo. Parecía que al extender la revolución de los robots a todo el planeta, Westworld ganaría en profundidad y empaque, pero ha perdido parte de su magia y abandonado un escenario fascinante por otro global y anodino. La importancia de los lugares que representamos. Aún así, la serie sigue siendo intrigante y ambiciosa. El reparto es sensacional y la capacidad de sorprender al espectador sigue intacta. 

34. 30 monedas (HBO)

Álex de la Iglesia y Jorge Guerricaechevarría han levantado, HBO mediante, su proyecto más ambicioso, 30 monedas, una serie sobre cómo la salvaje lucha por el poder en el Vaticano, termina por salpicar a un pueblo castellano. Por el medio, la religión, la brujería, el satanismo y la magia se mezclan para convertir a la ficción en un circo de pista múltiple. 30 monedas es divertidísima, café para los muy cafeteros de Álex de la Iglesia y que pide que dejes al lado durante una hora semanal la credulidad y los sinsentidos narrativos. A cambio ofrece un derroche de imaginería visual apabullante. La serie podría ser muda, que seguiría siendo igual de fascinante. 

33. Mira lo que has hecho (Movistar +)

En la última temporada de su serie, Berto Romero ahonda, más que nunca, en los dos elementos centrales de la misma: las relaciones paterno-filiales y la meta-comedia. En ambos aspectos sale airoso. La exploración de cómo nuestros padres, su forma de ser y de criarnos nos condiciona en la vida duele porque se siente palpable y real. La reflexión sobre qué es realidad y qué es ficción y cómo ambas se constituyen en vasos comunicantes cuando uno es un artista no es tan universal, puesto que la mayoría de personas no somos creadores culturales pero es brillante. Lo que sí es universal es que no podemos aspirar a que las diferentes esferas que componen nuestra vida no se contaminen. Es una utopía. Para finalizar, hay que elogiar su capacidad para analizar una cuestión tan difícil y polémica como la de los límites del humor con tanta franqueza. Romero expone y defiende su punto de vista con unas vehemencia y honestidad remarcables.

32. La madición de Bly Manor (Netflix)

Mike Flanagan, uno de los pocos autores a los que la industria de Hollywood aún le financia obras adultas, regresa a la televisión con La maldición de Bly Manor, la enésima adaptación de una de las novelas cumbres del terror, Otra vuelta de tuerca de Henry James. Al igual que pasaba con La maldición de Hill House, la serie apuesta, ante todo, por sus personajes, almas torturadas atrapadas en torno a un espacio bello, gótico y asfixiante. Y en esa apuesta, gana. Los personajes te importan, te emocionan y te hacen sufrir. Aunque no alcance las cuotas visuales de su predecesora (se nota que Flanagan no la dirige entera) y no dé mucho miedo, vale mucho la pena.

31. Valley of Tears (Kan 11 | HBO)

El género bélico ha mostrado su fortaleza en el cine en los últimos años, con obras como las grandilocuentes Dunkerque (Nolan, 2017) o 1917 (Mendes, 2019), pero también con películas provenientes de cinematografías no anglófilas, como Land of Mine (Zandvliert, 2015). Sin embargo, esta pequeña era dorada del género no se ha trasladado a la televisión. En este sentido, Valley of Tears es una rareza. Una serie bélica israelí, ambientada en la Guerra del Yom Kippur, que huye de la espectacularidad de las grandes obras cinematográficas para ofrecer un exquisito retrato psicológico de los soldados, en la estela de la serie bélica canónica, Band of Brothers (Stephen Ambrose, 2001), y plantar en el espectador un temor constante a que alguno de dichos soldados muera. De fondo, un contexto sociopolítico riquísimo, un país en guerra con todos sus vecinos y lastrado por la desigualdad interior. 

30. Parliament (France TV | Filmin)

A la luz de las últimas noticias sobre orgías en Bruselas, con eurodiputados involucrados, incluido uno del partido de Viktor Orbán, esta coproducción televisiva entre Francia, Bélgica y Alemania (es decir, la Europa de verdad) se queda corta en su sátira sobre el Europarlamento. La comedia, protagonizada por un asesor novato de un eurodiputado liberal, francés, vago y sin ambición, brilla en su retrato de la delirante burocracia de la Unión Europea, la maraña legislativa, el circo que son los grupos políticos y el peso de los asesores y los lobbystas en el entramado de poder de Bruselas. Patina, en cambio, cuando se mueve hacia territorios convencionales, como la relación romántica. Por suerte hay bastante más de lo primero, que de lo segundo. Ojalá haya una segunda temporada de Errejón en Bruselas. Esta serie es servicio público.

29. El Ministerio del Tiempo (TVE)

Cuando pienso en qué RTVE me gustaría, El Ministerio del Tiempo surge, rápidamente, como el tipo de obras por las que una televisión pública debería apostar. Una serie inteligente y que, lo que es más importante, considera al espectador-ciudadano como una persona inteligente. Que a pesar de las carencias de medios, no renuncia a hacer ciencia ficción de primer nivel. Y que, sobre todo, busca poner en valor la cultura de un estado complejo y recuperar la memoria histórica de un país con demasiados traumas recientes a sus espaldas. Vamos, una ficción audiovisual que es puro servicio público.

28. Cuando el polvo se asienta (DR | Filmin)

La amenaza terrorista ha sido una constante de la Europa del S.XXI. Una cuestión que ha envenenado y emponzoñado las sociedades europeas, sobre todo las del norte, lo que desde este país segundomundista llamamos el primerísimo primer mundo. El paraíso danés del bienestar ha sido mirado con envidia desde el sur europeo. Una sociedad abierta, diversa, con impuestos altos y servicios públicos excelentes. Y siendo verdad algunas de estas cuestiones, sobre todo las dos últimas, no lo es menos que la sociedad danesa se ha visto tensionada por el auge de la extrema derecha y el racismo. Ni eran tan abiertos ni sabían gestionar tan bien la diversidad. Cuando el polvo se asienta retrata cómo gestionan las víctimas de una masacre terrorista la tragedia y los miedos y las pulsiones a las que tienen que hacer frente. Solo con humanismo, comunicación y justicia podrán sobrevivir nuestros sistemas democráticos.

27. The New Pope (Sky Italia-HBO | HBO)

Paolo Sorrentino cierra la historia del papa Pío XIII siendo en todo momento fiel a sí mismo y a su personalísimo estilo. No le interesa retratar tanto la hipocresía de la curia vaticana, aunque no pierde ocasión en hacerlo, o analizar una posible revolución en la Iglesia, aunque algo de eso hay, como regodearse en la fascinación que le producen sus protagonistas y proponer una cierta espiritualidad para el S.XXI, pop y trash, frente a la lenta muerte de la espiritualidad de las grandes religiones. Precisamente esto convierte a los popes de Sorrentino en una de sus obras más ambiciosas. Y también de las más interesantes.

26. La innegable verdad (HBO)

A esta terrible historia sobre dos hermanos gemelos profundamente desgraciados se la tildó, desechándola, de pornografía del sufrimiento humano. Quizás se pueda llegar a pensar al ver los dos primeros episodios, pero una vez que entras en su mundo de desgracias entiendes que es un retrato incluso hermoso sobre personas que sufren. ¿Y quién no lo hace? Derek Cianfrance y Gina Prince acaban por componer un relato que, rozando el realismo mágico en su extraordinario capítulo flashback, dibuja cómo el dolor, al igual que el dinero, se hereda. 

25. The Investigation (SVT1-TV2 | Movistar +)

El nordic noir conquistó medio mundo hace una década con obras como Forbrydelsen (Sveistrup, 2007-2012) o Bron/Broen (Rosenfeldt, 2011-2018) como punta de lanza. Desde aquellas, la industria audiovisual nórdica se ha consolidado como un espejo en el que mirarse. En este contexto, The Investigation es una serie que destaca por sus arriesgadas decisiones narrativas. Por una parte, la serie que cuenta la investigación de un asesinato real cometido por un ciudadano danés contra una periodista sueca en el pequeño submarino del primero, sitúa al asesino en off, en un fuera de campo permanente. Nunca jamás vemos al asesino, a pesar de que el mismo está detenido. Una decisión audaz y más teniendo en cuenta que el autor detrás de la obra, Tobias Lindholm, viene de trabajar en Mindhunter (Joe Penhall, 2017-2019), una serie que descansa, en gran medida, sobre los asesinos a los que analizan sus protagonistas. Por otra parte, The Investigation opta por una narración decididamente pausada, aproximándose a cómo son, en realidad, las investigaciones policiales, a lo complicado que es armar un caso que pueda ser llevado a juicio por un fiscal de forma exitosa. Lo importante no es cazar al asesino, es conseguir demostrar fuera de toda duda que lo es. Y, de paso, rendir tributo a la víctima y a su familia.

24. HIT (TVE) y Rita (TV2 Danmark | Netflix)

Resulta curioso, cuanto menos, lo poco que el arte audiovisual ha reparado en el hecho educativo y en el sistema de enseñanza-aprendizaje. A pesar de que el audiovisual USA se ha centrado en los institutos como espacios a los que representar de forma bastante habitual, la educación no ha sido, por lo general, el motor de las obras. La industria audiovisual que más caso ha hecho al proceso educativo ha sido la francesa. Desde el cine de Truffaut al de Tavernier, pasando por toda una ganadora de la Palma de Oro como La clase (Cantet, 2008). 
Teniendo en cuenta este background es muy estimulante que este año hayan coincidido dos series tan buenas como la española HIT y la danesa Rita que, a partir de sendos profesores carismáticos y disruptivos, exploran numerosos debates candentes sobre cómo estamos educando a las nuevas generaciones, qué le pasa a los anquilosados sistemas educativos o por qué los padres renuncian a educar a sus hijos. Además, Rita y HIT se complementan la una a la otra, puesto que la primera está centrada en la educación de pre-adolescentes y la segunda en cómo lidiar con esa etapa tan convulsa y compleja del crecimiento de las personas. Nadie tiene la receta secreta para transformar los sistemas y procesos educativos pero está claro que algo está fallando. Las sociedades, las tecnologías y nuestra forma de vivir y relacionanlos han cambiado, la educación debe hacerlo también.

23. Star Trek: Discovery (CBS All Access | Netflix)

Discovery
es junto a The Expanse la gran space opera de la última década. Una actualización de los valores profundamente humanistas del universo Star Trek. Frente a la premisa apocalíptica de la temporada anterior, ésta está siendo mucho más pausada y analítica. Se agradece. Siempre resultan más interesantes los debates morales que los giros y cliffhangers, por mucho que los segundos dejen a uno con la boca abierta. Visualmente sigue siendo exquisita y su aproximación a esa Federación en decadencia nos remite, irremediablemente, a nuestra Unión Europea, paralizada por su sobredimensión e incapaz de afrontar los ataques de los enemigos exteriores y, sobre todo, interiores.

22. The Good Fight (CBS All Access | Movistar +)

En su obsesión por analizar la actualidad, los King a veces derrapan. The Good Fight, siempre divertidísima, me interesa menos cuando se obsesiona por escrutar los Estados Unidos de Trump, que cuando desarrolla dilemas morales-legales interesantes o entra más al fondo de las entrañas del sistema político-institucional estadounidense. Por ejemplo, en el último episodio de la temporada, se pone a jugar con el caso Epstein y aunque resulte muy entretenido no deja de ser puro efectismo vacío de contenido. No es el mejor capítulo de una temporada que ha vuelto a resultar apasionante, pero quizás sí sea el más vistoso.

21. Gambito de dama (Netflix)

Creo que no resulta exagerado afirmar que Gambito de dama es el fenómeno seriéfilo del año. Un rotundo éxito del boca oreja que hasta provocó que se dispararan la venta de tableros de ajedrez en todo el mundo. La globalización era esto. En términos estrictamente artísticos, la serie es una delicia. Un drama adulto clásico sobre una niña huérfana que encuentra en el ajedrez su tabla de salvación en medio de una vida miserable y que tiene que lidiar, ya de adulta, con sus adicciones y sus traumas, mientras intenta convertirse en la mejor del mundo. Anya Taylor-Joy está inmensa.

jueves, 23 de abril de 2020

La amenaza fascista

THE PLOT AGAINST AMERICA



Durante las últimas seis semanas, HBO ha emitido o, más bien, teniendo en cuenta que vivimos en la era del streaming, "ha puesto a disposición de sus clientes" (esa frase tan prefabricada y tan preñada de neoliberalismo) la última ficción de uno de los mayores enemigos de este último, David Simon, que junto a Ed Burns, su socio en The Wire y Generation Kill, ha adaptado en formato audiovisual la soberbia novela de Philip Roth, The Plot Against America. Tanto la novela como la serie, una adaptación absolutamente fiel de la primera, están ambientadas en unos Estados Unidos que aún seguían abogando por el aislacionismo y que se resistían a entrar en la II Guerra Mundial y... que no entraron en la misma. En este contexto ucrónico, una familia judía de New Jersey irá experimentando en sus propias carnes cómo el nacionalismo y el odio al diferente pueden corromper a todo un país

La miniserie, compuesta por seis episodios de una hora de duración, va analizando cómo el fascismo se infiltra en la sociedad y lo emponzoña todo. Las relaciones familiares, laborales, comunitarias y, por supuesto, políticas. Absolutamente todo nuestro mundo de la vida pasa a estar condicionado por la amenaza fascista, por sus modos de proceder, al principio sibilinos, luego directamente violentos. Así, cada episodio se vuelve más opresivo y aterrador que el anterior. Analizar la gangrena poniendo el foco de atención en una familia de clase media-baja, en su día a día, en la cotidianidad en tiempos en absolutos cotidianos es, precisamente, lo que permite que la obra se sienta tan cercana, tan plausible. Podría ser nuestra familia. Podríamos ser nosotros.

Roth publicó la novela en el 2004, tres años después del 11-S, en unos Estados Unidos embarcados en una war on terror global, que devastó países, estigmatizó a los musulmanes y sirvió de coartada para la deriva autoritaria del neoliberalismo durante la Administración Bush, con la Patriot Act recortando derechos y libertades en nombre de la seguridad nacional. Su adaptación audiovisual llega, también, en el último año del primer mandato de un presidente republicano, Donald Trump, cuyas políticas, apoyadas desde el nacionalismo de derechas, han puesto en el punto de mira a los inmigrantes y a las potencias exteriores, como culpables de que Estados Unidos dejara de ser grande. No pocas personas han criticado a David Simon y Ed Burns por construir, en The Plot Against America, una metáfora demasiado obvia y demasiado partidista sobre el trumpismo. Sin embargo, no hay nada en la miniserie que no estuviera en la novela de Philip Roth. El discurso contra la alt-right nacionalista no está en la serie, sino en la propia opinión pública de las democracias occidentales. La serie no nos habla del presente, sino que nos invita a reflexionar sobre el mismo, sobre la deriva de nuestras sociedades. Precisamente la idea de deriva moral, ética, social, política, es uno de los motores discursivos de la obra y lo que hace que se vaya volviendo cada vez más oscura, sin embargo, The Plot Against America es, sorprendentemente, la obra más optimista de Simon. 


En su díptico sobre Baltimore (The Corner, The Wire) nos mostraba cómo era imperativo combatir algunos de los postulados hegemónicos de nuestro sistema social, político y económico, pero que lo único a lo que podíamos aspirar era a lograr pequeñas victorias, que funcionaban como cuidados paliativos para un sistema de muerte. En Treme, más luminosa pero también más trágica, sucedía otro tanto de lo mismo. Las comunidades, golpeadas una y otra vez por los efectos del neoliberalismo combatían diariamente por sobrevivir. En Show me a hero, un modesto plan de des-ghettificación urbana se llevaba por delante a la clase política local y evidenciaba algunas de las heridas más sangrantes del país: el racismo, el clasismo... No había en ninguna de ellas demasiada esperanza en la capacidad de transformar el sistema de forma significativa. El juego siempre estaba amañado. Sin embargo, The Plot Against America muestra más confianza en el sistema y en su capacidad de proteger a la ciudadanía frente a la barbarie. Quizás porque en las anteriores ficciones de Simon el enemigo era el neoliberalismo depredador, mientras que en esta serie el enemigo es el fascismo. En las primeras había que combatir contra el sistema, en la última hay que protegerlo. La democracia liberal, cada vez más porosa al poder y con menos capacidad de redistribuir la riqueza está podrida pero siempre será mejor que un estado fascista. En The Wire o Treme nos encontrábamos en un estadio socioeconómico malo pero The Plot Against America nos recuerda que podemos estar en uno aún peor. Casi como si Simon y Burns hicieran suyo el chiste del pesimista y el optimista. El pesimista dice "no podemos estar peor" y el optimista le replica "sí, claro que podemos". Por eso, en su última ficción parece que los autores, Roth mediante, nos vienen a decir que sí, el neoliberalismo sigue siendo tan nocivo como lo era hace 20 años pero no debemos olvidarnos de que el fascismo es aún peor. El primero deteriora nuestro mundo de la vida pero el segundo es, en sí mismo, una negación de la vida, un elogio de la muerte.

domingo, 2 de febrero de 2020

Los No Oscar 2019: Dirección, Fotografía y Montaje

Montaje


5. Evan Schiff por John Wick: Capítulo 3 - Parabellum
La tercera película de John Wick es mejor, más grande y más alocada. Pero sobre todo está mejor hecha. La fotografía y el montaje son una gozada. Desde luego tiene en su haber las mejores y más bellas secuencias de pelea del año. Pero además Schiff sabe manejar muy bien el ritmo de un film que alterna secuencias velocísimas con pausas muy medidas, que atrapa sin agotar.

4. Jennifer Lame por Historia de un matrimonio
Como bien nos enseñó el famoso video en el que se compara el (apabullante) guion de Baumabach con el resultado final de la película, nada en Historia de un matrimonio se dejó al azar, quizás sea la obra más calculada del año. Teniendo en cuenta esto, la tarea de Lame era cuadrar todos los elementos para que, efectivamente, la película fuera segundo a segundo como Baumbach la tenía en su cabeza. El resultado es brillante.

3. Fred Raskin por Érase una vez en... Hollywood
Érase una vez en... Hollywood es la primera película de Tarantino tras el fallecimiento de la montadora de todas sus películas, Sally Menke. Por ello el reto que tenía Raskin ante sí ya era, de partida, enorme. Pero el mismo se complica aún más porque su principal misión es poner orden en el guion más deslavazado de Tarantino, que combina de forma anárquica las historias de los protagonistas, Rick y Cliff, con la de su personaje histórico de referencia, Sharon Tate. Y aunque las secuencias funcionen mejor en el plano interno (cada una es sensacional por sí misma), que relacionadas entre sí, es justo reconocer el trabajo de Raskin. De hecho su ausencia en los Oscar fue una de las pocas sorpresas de las nominaciones.



2. Ronald Bronstein y Benny Safdie por Diamantes en bruto

El triángulo creativo Safdie's-Bronstein escribe, dirige y monta una de las películas más oligofrénicas del año, un viaje desquiciado por una ciudad, Nueva York, no menos desquiciada, en el que un adicto al juego tiene que saldar las múltiples deudas que ha contraído, mientras es incapaz de superar su adicción y sus acreedores lo persiguen. 


1. Louise Ford por El faro

La perturbadora y magnética El faro se asienta sobre tres pilares: sus actores, las poderosísimas imágenes que crean Robert Eggers y Jarin Blaschke y el montaje de las mismas, a cargo de Louise Ford. Precisamente en cómo esas imágenes están montadas radica el mayor logro del film de Eggers, ese ritmo de delirio, asfixiante, sudoroso, opresivo que eleva la película en su segunda hora a un terreno casi lynchiano



Fotografía



5. Dan Laustsen por John Wick: Capítulo 3 - Parabellum
El director de fotografía de las últimas películas de Guillermo del Toro, lleva la fotografía de la saga Wick a un territorio más complejo, en el que se combinan luces y escenarios muy diversos sin perder nunca la homogeneidad ni la personalidad de una propuesta muy vistosa y sensorial. Si ver a Keanu Reeves repartir estopa resulta tan hipnótico como en la saga Matrix en parte es gracias al brillante trabajo de Laustsen.

4. Pawel Pogorzelski por Midsommar
Frente a algunas de las propuestas de esta lista que se hacen grandes en la nocturnidad y en juego con la oscuridad, el trabajo de Pogorzelski se sustenta sobre el manejo de un día casi perpetuo, en las proximidades del Polo Norte. El bukkake de luz al que nos someten Ari Aster y su director de fotografía impresiona. Midsommar es gélida, hermosa e inquietante.

3. Claire Mathon por Atlantique
De todos los campos cinematográficos, la dirección de fotografía es uno de los que han estado (y continúan estando) más vedados a las mujeres. Por eso mismo la explosión este año de Claire Mathon es algo que debemos remarcar. En Atlantique se pone a las órdenes de Mati Diop para crear una pequeña fantasía pesadillesca, en la que la durísima realidad (cientos de miles de personas arriesgan a diario su vida por llegar a Europa) se mezcla con una premisa sci-fi escurridiza para hablar, finalmente, de la dominación, de la resistencia y del amor. Mathon logra crear imágenes imposibles con un uso de la luz prodigioso, casi alienígena. 

2. Hoyte van Hoytema por Ad Astra
El director de fotografía que surgió del frío (Déjame entrar, 2008; El topo, 2011) y mejoró la plasticidad de las películas de Christopher Nolan (Interstellar, 2014; Dunkerque, 2017) firma su trabajo más poético e impactante a las órdenes de James Gray en Ad Astra. En este viaje al corazón de las tinieblas espacial, la fotografía juega un papel capital: las imágenes, aderezadas por la voz en off, te van sumergiendo en el viaje emocional, mental y, casi, ideológico de Brad Pitt en busca de su padre y del sentido de la vida. van Hoytema se confirma como uno de los grandes cinematógrafos de la actualidad.

1. Claire Mathon por Retrato de una mujer en llamas
¿Cómo puede ser que este trabajo no esté nominado al Oscar? Demuestra un conocimiento profundo de la historia del arte y se erige en sí misma en una obra de arte. Es pintura en movimiento. Lleva a cabo un uso de los elementos (el mar, el fuego) sobrecogedor para retratar, nunca mejor dicho, las emociones y pasiones de dos mujeres atrapadas en su tiempo. Mathon logra captar toda la belleza de este mundo. La natural y la humana. Es fascinante.



Dirección


5. Greta Gerwig por Mujercitas
Con su primera película como directora, Lady Bird, Gerwig confirmó su talento para construir personajes femeninos y para entender el mundo millenial. Con su segunda obra, la enésima adaptación audiovisual de Mujercitas, dos novelas clásicas estadounidenses, ha demostrado que ha llegado para quedarse. Su Mujercitas es, posiblemente, la mejor adaptación que se ha hecho de la(s) obra(s) hasta el momento y también una película más ambiciosa y, en mi opinión, mejor que la anterior. Al alternar las dos novelas, combinando los tiempos mediante el uso de flashbacks, Gerwig ha logrado construir una película con un ritmo endiablado, que siempre raya alto, en lo emocional y en lo cinematográfico. 

4. James Gray por Ad Astra
La película más ambiciosa de James Gray es la continuación lógica de su anterior obra, La ciudad perdida de Z. En su epopeya espacial están presentes, también, la fascinación por el descubrimiento, la necesidad de saber quiénes somos, de dónde venimos y a dónde vamos, las relaciones paterno-filiales y la imposibilidad de volver a atrás. Y al igual que en aquella, pone todo su talento visual al servicio de su historia. Sin duda Gray es uno de los grandes autores del cine actual.

3. Céline Sciamma por Retrato de una mujer en llamas
La segunda película de Céline Sciamma tiene muchas secuencias prodigiosas, pero hay una, quizás no tan excelsa en el terreno visual, que me fascina especialmente. Marianne está pintando a Héloïse. Mirándola. Escrutándola. Y nosotros con ella. Pero Héloïse se revuelve, no le parece justa la relación de poder que esto implica. Y la cámara de Sciamma, de forma muy sutil, se gira y nos muestra de verdad por primera vez a Marianne y logra que a partir de ahí ninguna de las dos nos parezcan iguales. Sciamma tiene talento de sobra para ser una de las grandes autoras francesas de nuestro tiempo.

2. Noah Baumbach por Historia de un matrimonio
A pesar de que al final no consiguió la nominación al Oscar a la mejor dirección y que es muy improbable que gane el Oscar al mejor guion original, Historia de un matrimonio ha supuesto la consagración definitiva de uno de los grandes cineastas del indie estadounidense de las últimas tres décadas. Esta película es la obra más redonda de Baumbach, tanto en términos de escritura como sobre todo en lo relativo a la dirección. Un trabajo de puesta en escena sutil pero excelente, que maneja a la perfección los encuentros y desencuentros de dos personas que se quieren pero que se duelen. 


1. Pedro Almodóvar por Dolor y Gloria
Tras varias películas en las que lo estético devoraba, un poco, a los relatos (Los abrazos rotos, La piel que habito, Julieta), ha vuelto el Almodóvar que siempre pone la cámara al servicio de la historia. Su historia, para ser más exactos. De tal forma que Dolor y Gloria brilla, sobre todo, en los momentos más íntimos, en los que la mirada de Almodóvar se centra en sus personajes, dibujando con nitidez las relaciones que existen entre ellos, ya sea la materno-filial, la de ex-amantes, o la de ex-colaboradores artísticos. En cambio, cuando rueda una película dentro de la película (su infancia), los planos son más amplios, el espacio resulta más libre y las imágenes desprenden más poesía. Ambas películas son fascinantes y ambas van en la misma dirección: la deconstrucción del hombre detrás del artista.

lunes, 30 de diciembre de 2019

Mi series favoritas de 2019

30. The Morning Show (Apple TV+) (N)

Abro la lista con la primera gran apuesta audiovisual de la nueva plataforma de Apple, The Morning Show, una serie dramática sobre la misoginia imperante en las grandes empresas mediáticas. Un remedo de Sorkin para demoler a los Harvey Weinstein de la industria audiovisual. A pesar de construir un discurso sobre el presente, The Morning Show parece una serie de network de hace 20 años. Con sus dosis medidas de trascendencia, culebrón y estrellas luciéndose. Definitivamente un Sorkin sin sus diálogos brillantes. Jennifer Aniston está fantástica, una estrella con mayúsculas.

29. Now Apocalypse (Starz/Starzplay) (N)

El gran aliciente de Now Apocalypse, la serie más sexy y sudorosa del año, es que no se parece a nada de lo que se hace en la televisión ahora mismo. Es 100% Gregg Araki, ese cineasta convertido en director de culto y último autor del queer cinema americano de los 90 que sigue haciendo, en esencia, el mismo audiovisual: desenfadado, arriesgado y extremadamente personal. Now Apocalypse aborda un hipotético asedio alienígena analizando la forma en la que viven los millenials urbanitas: entre el trabajo basura y las marismas sexo-emocionales. No es una de las mejores obras de Araki, pero es un placer tenerlo de vuelta. Una pena que haya sido cancelada.

28. The Boys (Prime Video) (N)

Tras una década de hegemonía del Marvel Cinematic Universe en el mundo de los superhéroes, es refrescante que se estén produciendo, desde dentro del propio sistema, relatos a la contra. El primero de esta lista es The Boys, una serie en la que los superhéroes son una panda de ratas inmundas, amorales, ególatras y terriblemente egoístas. Humor negro y mala hostia a raudales.

27. Big Little Lies (HBO) (N)

¿Era necesario continuar la historia de las 5 de Monterrey? No, pero la segunda temporada de Big Little Lies sigue siendo muy disfrutable, más por sus secundarias (Meryl Streep hacía mucho tiempo que no estaba tan bien y Laura Dern pide a gritos su propia sitcom), que por sus protagonistas (y aún así Nicole Kidman vuelve a estar desgarradora).

26. 1994 (Netflix) (N)

Si hay un año especialmente trascendente en la historia reciente de México es 1994, marcado por el asesinato del candidato presidencial príista Luis Donaldo Colosio. Con Colosio murió la última oportunidad de regeneración del PRI, tras 70 años en el poder. Pero también la esperanza de transformación de un país carcomido por la violencia, la corrupción y la desigualdad. Una obra metódica y excelentemente documentada sobre la podredumbre del poder.

25. The Loudest Voice (Showtime/Movistar Series) (N)

Roger Ailes, cerebro detrás de Fox News, fue uno de los hombres más influyentes de las últimas décadas en Estados Unidos. Desde su cadena bombardeó a la opinión pública para lograr el apoyo de la misma a la política internacional y al recorte de libertades de la presidencia de Bush hijo y desde la misma aupó a Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos. The Loudest Voice lo muestra, con toda la crudeza, como un ser repulsivo, derechista y codicioso. Se complementa a la perfección con Vice de Adam McKay y, supongo, con Bombshell, que también aborda la figura de Ailes, pero centrándose en exclusiva en el escándalo de abusos a mujeres que consiguió tumbarlo.

24. Undone (Prime Video) (N)

Soy un fanático de la ciencia ficción, posiblemente sea mi género favorito y en esta lista hay unas cuantas series sci-fi. Undone, una maravilla visual, explora la memoria, la culpa y el dolor, a través de una mujer marcada a fuego por el fantasma de su padre. Alma, tras sufrir un accidente, adquiere una nueva forma de concebir el tiempo, que rompe la linealidad con la que los humanos lo concebimos. De esta forma pasado y presente se entremezclan en su cabeza, mientras ella intenta descubrir por qué murió su padre. Somos lo(s) que nos han hecho.

23. Paquita Salas (Netflix) (N)

De largo la mejor temporada de la comedia de los Javis, gracias a un plantel de secundarias en estado de gracia, sobre todo una desatada Yolanda Ramos, y unas tramas mucho mejor planteadas y más profundas emocionalmente. Imposible no reírse en todos y cada uno de sus capítulos.



22. Hierro (Movistar +) (N)

El equipo gallego de Portocabo viajó hasta la isla de El Hierro para construir un whodunit refrescante, que huye de los giros artificiosos que muchas veces han lastrado al subgénero, desvela a mitad de temporada quién cometió el asesinato que marca el inicio del relato, explota su peculiar escenario y construye personajes potentes con mucho que contar. Candela Peña está pletórica.


21. Fosse/Verdon (FX/HBO España) (N)

La dupla Gwen Verdon/Bob Fosse está detrás de algunos de los mayores logros del musical moderno. Y Fosse/Verdon disecciona la relación entre marido y mujer y autor y musa, para certificar que, efectivamente, sin Verdon no habría existido Fosse. Una pareja artística irrepetible.




20. Castle Rock (Hulu/Movistar Series) (+6)

Hay una decena de adaptaciones de obras de Stephen King fantásticas, de Carrie a La milla verde, pasando por La zona muerta, Dolores Clairbone, Cadena Perpetua o, por supuesto, El resplandor. Y Castle Rock es una de ellas. En esta segunda entrega, la ficción de Hulu bebe, principalmente, de Misery y Salem's Lot, para construir una de las historias más terroríficas y desgarradoras del año. La Annie Wilkes de Lizzy Caplan es casi tan buena como la de Kathy Bates. Y da aún más pena.

19. Euphoria (HBO) (N)

Sam Levinson ha levantado en HBO una de las series adolescentes más radicales de la historia de la televisión. Su Euphoria, a caballo entre el frenesí y la tristeza ofrece una panorámica salvaje sobre lo que significa ser adolescente hoy en día. Los miedos, los deseos, las frustraciones, las heridas que produce crecer en este mundo.

18. The Handmaid's Tale (Hulu/HBO España) (-17)

La primera mitad de la temporada parecía certificar que The Handmaid's Tale era una ficción agotada, repetitiva, alargada. Sin embargo, en su segunda mitad se recuperó de esa sensación de hastío para preparar el terreno a un salto narrativo rotundo: de la opresión a la resistencia. La cuarta temporada puede ser tan buena como lo es Elisabeth Moss, que se arranca la piel a jirones en cada capítulo.

17. The Expanse (Prime Video) (N)

Una de las dimensiones más notables de la (gran) ciencia ficción es la política. The Expanse, la gran soup opera de nuestro tiempo, abraza esa dimensión para hablar de cómo los seres humanos no se cansan de odiarse y asesinarse entre sí, sea en la Tierra, en Marte o en una galaxia muy lejana. Así, el universo funciona como una metáfora de nuestro planeta. Tan hermoso, tan misterioso... tan peligroso.


16. When They See Us (Netflix) (N)

Ava DuVernay se ha sacudido el estrepitoso fracaso de su aventura en Disney, volviendo al tema central de su obra: el racismo sistémico en Estados Unidos. Para ello reconstruye el proceso judicial, el encarcelamiento y la exoneración de los 5 de Harlem, un grupo de chavales afroamericanos acusados y sentenciados injustamente. Si la serie funciona en su retrato del proceso, brilla al mostrar sus consecuencias, cómo el racismo destroza la vida de las personas y gangrena nuestras democracias.


15. The Good Fight (CBS All Access/Movistar Series) (-13)

La gran serie de los Estados Unidos de Trump volvió a mostrarse tan punzante como en sus anteriores temporadas, sin embargo resbaló en una trama peliaguda ética y políticamente: ¿el autoritarismo justifica saltarse la ley para combatirlo? Por momento la serie estuvo a punto de inmolarse, sin embargo volvió a salir airosa y a confirmar que nadie ha entendido jamás tan bien la coletilla "de rabiosa actualidad" como los King.

14. Star Trek: Discovery (CBS All Access/Netflix) (+4)

Discovery es el mayor entretenimiento de la televisión actual. La serie que mejor conjuga un hedonista sentido del espectáculo y la fascinación por la aventura espacial con una profundidad temática que no rehuye los dilemas morales a los que se enfrenta la humanidad hoy en día. Hay algo más peligroso para nuestra supervivencia que las máquinas o lo desconocido: nosotros mismos.

13. The OA (Netflix) (N)

La cancelación más dolorosa e incomprensible del año. No sólo porque su segunda temporada es excelsa, superior a la primera, sino porque la serie estaba planeada para tener 5 temporadas y el relato queda totalmente inconcluso. Esta fantasía a través del tiempo y del espacio nos deja alguno de los momentos más emocionantes y sobrecogedores del año. Una epopeya sobre el poder del amor (no sólo el romántico).

12. Mindhunter (Netflix) (N)

A falta de películas de David Fincher (sequía que está a punto de terminar), buena es Mindhunter, un viaje a la mente de los asesinos pero, sobre todo, a la psique de los investigadores que los persiguen. Visionarla genera un enorme desasosiego porque cae sobre uno con toda su dureza. Queremos más temporadas de Holden y Bill luchando contra el mal dentro y fuera del sistema.

11. BoJack Horseman (Netflix) (-7)

A falta de ver la traca final, la otra mitad de esta temporada, que finiquitará para siempre a BoJack, Diane, Princess y compañía, el relato comienza a oler a final, sin atropellos, sin prisas, con coherencia narrativa y emocional. La tristeza, la soledad y la depresión pocas veces fueron mejor exploradas.

10. Mr. Robot (USA Network/Movistar Series) (N)

Sam Esmail cierra por todo lo alto la serie que lo ha situado como uno de los guionistas más valientes y estimulantes de la actualidad. Mr. Robot comenzó siendo un alegato contra la usura neoliberal y ha terminado siendo uno de los relatos más salvajes y libres de la última década a golpe de giros narrativos y puñaladas emocionales. El sistema está podrido, dale el golpe final a la estaca. Menuda salvajada de historia.

9. Veep (HBO) (N)

Y Veep llegó a su final. Menuda temporada. Más salvaje, oscura y retorcida que nunca. Selina Meyer destruyó todo lo que quería con tal de alcanzar el poder. El camino hasta el mismo estuvo lleno de risas, corruptelas y momentos embarazosos. La serie con los mejores diálogo de la década, la serie con la que más me he reído en mi vida, la serie que me encantaría ser capaz de escribir.

8. Watchmen (HBO) (N)

Tras la soberbia The Leftovers, Damon Lindelof se atrevió a coger uno de los universos de superhéroes (¿?) más icónicos del S.XX, Watchmen, para crear una secuela respetuosa con el material original, concebida para lanzar una dura reflexión sobre el problema racial estadounidense y que, al final, habla, sobre todo, del amor, de la necesidad humana de querer a alguien y ser querido y de los sacrificios que ello conlleva. Poderosísima.


7. The Crown (Netflix) (N)

Los Windsor entran en la convulsa década de los 70 cambiando de reparto (el nuevo es incluso mejor) y conjugando sus líos amorosos con las demandas de un país en crisis. The Crown es brillante cuando más política se pone (las apariciones de Harold Wilson, el capítulo de la mina, el de Gales) y flaquea un poco cuando se centra en los desaguisados sentimentales de Margarita y Carlos. Pero siempre (incluso en el capítulo del Duque de Edimburgo) es apasionante y entretenidísima. Qué buen escritor es Peter Morgan.


6. Dark (Netflix) (N)

Esta serie tiene una capacidad infinita de volarme la cabeza. Los saltos en el tiempo (y en las generaciones) sólo son la herramienta que usa para explorar todas las miserias y emociones humanas. Oscurísima, desoladora, asfixiante. Una vez que te resitúas en quién es quién (y en qué año se encuentra) es una delicia adictiva que te atormenta mientras la ves y se queda en tu cabeza pululando, en forma de teorías, en forma de miedos.


5. The Virtues (Channel 4/Filmin) (N)

Todo lo que nos ha pasado a lo largo de nuestra vida nos configura como personas. Entender nuestro pasado es la única forma de entender nuestro presente. En The Virtues, Shane Meadows retrata el viaje de un hombre destrozado, completamente roto, a sus orígenes para intentar buscar una salvación a sí mismo, para comprender qué le pasó y poder sobrevivir a su dolor. Es durísima y preciosa a la vez.


4. Fleabag (Prime Video) (N)

La primera temporada de Fleabag era muy interesante y fresca pero el salto de calidad que ha dado en su segunda entrega es espectacular. Phoebe Waller-Bridge es la mejor escritora de dramedias que hay actualmente en el panorama audiovisual. Resulta imposible no identificarse con esta mujer de treinta y pico a la deriva profesional, sentimental y emocionalmente, cargada de taras, traumas y frustraciones, que usa el cinismo como gasolina para seguir hacia adelante. Cargada de diálogos y situaciones para enmarcar.

3. Years and Years (BBC/HBO España) (N)

Y&Y es una distopía hiperrealista que nos dibuja un futuro inmediato desolador, donde Europa está paralizada por el odio, consumida por las crecientes desigualdades económicas y sociales y secuestrada por políticos autoritarios. Russell T. Davies explora este rico universo narrativo a través de los bandazos que va dando una familia que lucha por sobrevivir en tiempos cada vez más convulsos. Es muy emocionante porque transpira humanismo. Y, al final, es un poco esperanzadora.


2. Succession (HBO) (+15)

En una de sus múltiples reflexiones (pérfidas) para la Historia, el ex-secretario de Estado norteamericano Henry Kissinger dijo sobre el dictador panameño Noriega que era un hijo de puta, pero que era su (del gobierno USA) hijo de puta. Algo así nos pasa a nosotros con los Roy (una versión ficcionada de los Murdoch), este clan multimillonario que se devora entre sí para controlar el emporio mediático familiar, mientras se defienden, a su vez, de los ataques exteriores. (Ejercer) el poder es apasionante y enfermizo. La peor de las drogas con las que ha lidiado la humanidad. Incluso peor que el amor. Succession se confirma en su segunda temporada como la serie más inteligente, retorcida y cínica de la actualidad y su reparto como el mejor del momento.



1. Chernobyl (HBO) (N)

En términos estrictamente narrativos, Chernobyl es una obra inconmensurable, escrita con una precisión y una capacidad de conjugar análisis sociopolítico con retrato humano sobresalientes. En términos extra-narrativos, Chernobyl se convirtió en un acontecimiento que sedujo a seriéfilos y no seriéfilos y nos recordó, en los tiempos de Netflix, lo maravilloso que puede ser el visionado semanal de las series y la capacidad de las mismas de generar debate e influir en la opinión pública. Más allá de las trampas históricas, Chernobyl es prácticamente perfecta. Triste, dura, emocionante. Una fotografía en movimiento de un imperio (la URSS) poco antes de su colapso.

Bonus Track: Game of Thrones (HBO)

Las dos últimas temporadas de Game of Thrones tienen muchos problemas, consecuencia directa de la nada disimulada necesidad de sus creadores de finiquitar la serie para pasar a otra cosa. El relato se merecía más. La historia ha aterrizado donde debía hacerlo, pero no de la forma en que debía. Se ha precipitado como un río que desemboca en forma de salto. Y aún así, la temporada está llena de secuencias para la Historia. Mi momento favorito es, sin duda, ese "the thing we do for love" con el que Bran the Broken dota a la serie de una estructura casi circular. Uno de los relatos televisivos más grandes jamás contados.