miércoles, 20 de agosto de 2014

Emmysalternatives 13/14 III: Actores de Comedia

Actor de reparto

6. Jesse Tyler Ferguson por Modern Family
No es fácil en un reparto lleno de actores con personajes muy vistosos, destacar cuando interpretas al más normal de todos. O por lo menos yo creo que no debe serlo. El mérito de Jesse Tyler Ferguson es estar siempre bien, que sus tramas cómicas funcionen perfectamente y sobre todo dotar al personaje de una humanidad y unos sentimientos que muchos de los demás personajes de la serie no tienen. La trama de final de temporada con su padre, como muestra del talento que tiene.


5. Noel Fisher por Shameless
Si hay un personaje en Shameless que ha crecido esta última temporada ha sido Mickey. Suyos han sido los momentos más cómicos (“no soy el Lincoln de las putas”) y también los que han tenido mayor carga romántica con la evolución que ha tomado su relación con un Ian roto. Noel Fisher tiene el carisma, el descaro y la gracia necesarios para que nos creamos que es un hijo de puta, pero que a la vez sepamos que es nuestro hijo de puta.


4. Raúl Castillo por Looking
La suya es una interpretación sobre todo emocional. Entre amplias sonrisas y caras de tristeza, Castillo logra que conectemos con este chico sin muchas ambiciones en la vida que sólo busca que lo quieran. Logra transmitir la desesperación que genera estar embarcado en una relación con una persona que no tiene claro hacia dónde se dirige. Me tocó la patata, por eso está aquí.


3. Ty Burrell por Modern Family
Que la familia Dunphy es el motor de Modern Family no es ninguna novedad a estas alturas del partido. Que la vis cómica de Ty Burrell y esa inocencia tan pura que logra transmitir es uno de sus mayores reclamos, tampoco. Su mayor mérito es lograr que Phil sea un personaje tan entrañable e inconsciente como el primer día. Que no haya perdido la chispa.


2. Jeremy Allen White por Shameless
Esta temporada, en la que Lip ha llevado el timón de la familia Gallagher, le ha permitido a Jeremy Allen White lucirse como en ninguna de las anteriores. Lejos quedan ya las pajas mentales de antaño, Lip ha madurado hasta convertirse en un hombre. Eso lo ha dotado de una carga dramática que antes no tenía y Jeremy Allen White ha bordado el papel, manteniendo el tono pícaro cuando hacía falta y dotando al personaje de la seriedad y la carga emocional necesaria cuando lo requería.


1. Adam Driver por Girls


Si Adam Driver bordaba el papel cuando su Adam vagaba a la deriva, este año, que por fin ha evolucionado personal y profesionalmente, y que su relación con Hannah ha adquirido un grado de complejidad y madurez que antes no tenía, ha dado el do de pecho. No ganará el día 25, pero no será porque no lo merezca. Este año ha demostrado que puede ser un soberbio actor dramático que no descuida la vertiente cómica de sus personajes. Sin ser un actor muy expresivo, es capaz de transmitir muchos sentimientos, o más que sentimientos, ideas. Se está labrando una gran carrera, ojalá que le vaya bonito.


Actriz de reparto

6. Aubrey Plaza por Parks and Recreation
La reina de la maldad entrañable siempre tendrá un huequecito reservado en mi corazón. No ha sido su año más lucido (ni el de ella ni el de la serie ni el de ninguno de sus actores) pero ver a Aubrey Plaza haciendo el bien cuando parece que hace el mal es siempre un placer. Las frases que dice están sobre el guion, pero hay que clavar la forma de decirlas, la forma de moverse del personaje, es una composición mucho más compleja de lo que parece a simple vista. Una de las actrices que más me hace reír, sin duda.


5. Laura Prepon por Orange is the new black
Al interpretar a Alex Vause, Laura Prepon se lo jugaba todo a ser capaz de conseguir resultar lo suficientemente carismática y atractiva como para que entendiéramos la atracción fatal que la protagonista siente hacia ella. En la credibilidad de esa relación se jugaba Orange is the new black el éxito de su primera temporada. Viendo la marabunta de shippers que generaron, sin duda Prepon lo consiguió. Sexy, peligrosa, inteligente, a ratos buena, a ratos destructiva. Un personaje lleno de contradicciones y matices, que siempre oculta unos cuantos ases debajo de las mangas de su mono naranja. Es un trabajo bastante sutil el que hace Laura Prepon. Sutil y bueno.


4. Allison Williams por Girls
Este año Lena Dunham le ha dado menos cancha a Marnie y aún así cada secuencia de Allison Williams ilumina la serie. Perdida en sí misma, en una vida que no es la que cree merecer, Marnie ha dado unos bandazos que todos aquellos que somos veinteañeros a la deriva podemos entender e incluso vernos reflejados en ellos. Allison Williams desprende el encanto y la fatalidad, la tentación de autodestruirse, necesarios para afrontar este papel. A mí me fascina. Mucho.


3. Julie Bowen por Modern Family
Mientras Modern Family esté en antena yo pondré a Bowen entre mis actrices cómicas favoritas del año. Lo que yo siento por ella es una devoción sin límites. Su capacidad de generar comedia descontrolada desde un personaje tan controlador me chifla. Todo está bajo control salvo su cara que es una catarata de expresividad. Hace las muecas más maravillosas de la televisión. Punto.


2. Allison Janney por Mom
Quizás deba empezar diciendo que Allison Janney posiblemente es mi actriz de televisión favorita de todos los tiempos. Que mucho antes de ser seriéfilo, cuando a escondidas veía la televisión hasta tarde y me quedaba fascinado viendo The West Wing ya la amaba profundamente. Que Allison Janney es razón más que suficiente para ver algo, ya sea una serie o una película. Que por ella me tragué Mr. Sunshine, y que por ella me la volvería a tragar. Por eso cuando supe que estaría con Anna Faris en Mom me tiré de cabeza, aún sabiendo que era una serie de Chuck Lorre. Y desde luego Mom no es ninguna genialidad (esos chistes manidos y ese aspecto cutre no, lo siguiente, marca de la casa) pero ha sabido compensar sus carencias con mucho amor y con el enorme talento de una Janney desencadenada, liberada de todo corsé, entregada a la causa. Pocas actrices hoy en día (sea en cine o en tv) son capaces de moverse tan bien entre la comedia y el drama. Muy pocas. El Emmy a priori parece estar entre ella y la actriz que viene a continuación, ambas serían justas ganadoras.


1. Kate Mulgrew por Orange is the new black


La interpretación de Kate Mulgrew, como la carismática y peligrosa Red, tiene de todo. Cambio de acento, espiral descendente, rabia, momentos muy cómicos… Un personaje tan complejo, con tantas aristas, necesitaba a una actriz de la fuerza de Kate Mulgrew, veterana intérprete muy bregada en la televisión. Ser la actriz más brillante en un reparto femenino tan mayúsculo como el de Orange is the new black bien merece un Emmy. En todas las secuencias en las que aparece Red, Mulgrew se apodera de la serie, convirtiéndola en su show particular. Una auténtica fiera.


Actor

6. William H. Macy por Shameless
El salto de Shameless de las disputadas categorías de Drama a las más accesibles de Comedia en los Emmys, ha tenido como única recompensa la nominación del respetado William H. Macy. Aunque su personaje esta temporada ha estado un poco a la deriva, totalmente desconectado del resto de su familia, H. Macy se ha podido lucir como nunca al tener que retratar el deterioro físico de un Frank al borde de la muerte.  Como siempre, ha sabido combinar los momentos de mayor carga dramática con los chascarrillos y el teatrillo constante de este caradura.


5. Adam Scott por Parks and Recreation
El Ben de Adam Scott sigue siendo el freak más entrañable y amable de la televisión. Scott es capaz de dotar a un personaje mucho más normal que el resto de los que le rodean, de tanta personalidad, de tanta identidad propia, que logra que nos identifiquemos constantemente con él. Muchas veces sus miradas de “¿qué hace un chico como yo en un sitio como éste?” reflejan nuestros pensamientos ante el maravilloso desparrame cómico que es Pawnee.


4. Jonathan Groff por Looking
Al principio creí que Groff no iba a ser capaz de escarbar en su personaje hasta llevarnos a algo más profundo que la superficialidad y el egoísmo drama-queenero de los primeros capítulos. Pero me equivoqué. Consiguió pasar de los estereotipos hasta edificar un personaje muy humano, muy palpable en sus miedos, en sus deseos un poco autodestructivos, en sus tentaciones… El miedo a ser feliz y la impotencia ante el auto-boicot se reflejan muy bien en su cara de niño bueno.


3. Chris Messina por The Mindy Project
El gran mérito de Messina es interpretar a un tipo muy serio que a la vez es jodidamente gracioso e ingenioso. Un derroche de carisma ermitaño. Su Danny está en constante lucha entre lo que piensa y lo que siente. Entre sus miedos y sus deseos. Esta última temporada de The Mindy Project se entregó definitivamente a gestionar la tensión amorosa entre Danny y Mindy. La química y la comicidad entre ambos son la gran fortaleza de la serie. Pero además Messina resulta gracioso en todas y cada una de las situaciones en las que interviene y funciona bien con todos los personajes, su seriedad, repito, crea comedia de la buena.


2. Andy Samberg por Brooklyn Nine-Nine
De entre las sorpresas de las nominaciones de los Emmys quizás la más desagradable fue no ver a Andy Samberg entre los nominados. Desagradable e increíble, porque Samberg es una bestia cómica y en esta serie lo confirma. Inocente, engreído, infantil, tierno, egocéntrico… El detective Jake Peralta es uno de los personajes con los que más me he reído en esta última temporada televisiva. Y aunque los diálogos están ahí, muchos de sus gags son físicos, comedia corporal, y Samberg, excesivo para bien, lo borda. Es el actor perfecto para el papel.


1. Louis C.K. por Louie


Mucha gente dice que la interpretación de Louis C.K. no tiene mérito porque se interpreta a sí mismo. En primer lugar, Louis C.K. no se mueve en las coordinadas vitales de Louie. Y en segundo lugar: ¿y? El gran mérito de Louie es transpirar tanta verdad, tanto mundo de la vida, ser tan real en lo que cuenta. No hay hoy por hoy en la televisión un rostro que me transmita tanto como el de C.K. Ni uno sólo. Básicamente porque no sólo me transmite su soledad o su felicidad, su miedo o su esperanza. No sólo hace eso, también me las pega. Me destroza, me hace feliz, hace que me identifique tanto en este hombre maduro perdido en medio de la ciudad y en las aguas mansas de la mediana edad. Lo más hermoso que puede conseguir una serie (o una película) y sus actores, es llegar a lo más hondo del interior de los espectadores. Y joder, Louis C.K. me cala hasta los huesos.


Actriz

6. Mindy Kalling por The Mindy Project
Kalling es una mujer que no tiene miedo a hacer el ridículo, a ponerse a sí misma en situaciones embarazosas, a bromear sobre su cuerpo, a explotar su vena más egoísta y maligna. Todo por el humor. Esa entrega a su trabajo, esa pasión suya por mostrar el mundo desde su especial punto de vista sin tener miedo a ser criticada es lo que hace que su serie y su protagonista sean tan divertidas de ver. Ojalá viviéramos en un mundo que premia mejor a la gente con agallas.

5. Amy Poehler por Parks and Recreation                
 A estas alturas poco se puede decir sobre Amy Poehler y su Leslie Knope que no se haya dicho. Lograr que un personaje que fácilmente podría resultar irritante no sólo no lo sea, sino que además sea entrañable, divertido, carismático, cercano y muy especial, tiene un mérito acojonante. Ese doble juego de interpretar a un personaje controlador descontrolado sigue funcionando igual de bien con el paso de los años. El año que viene será el último de Leslie Knope en nuestras vidas… habrá que amarla muy fuerte.

4. Abbi Jacobson por Broad City
Patética, egoísta, frustrada y sobre todo una auténtica perdedora a la deriva en medio de NYC. Así es el personaje que interpreta Jacobson en Broad City, una serie que es un auténtico placer de risas y situaciones embarazosas non-stop. Todo lo que dije sobre Mindy Kalling antes se puede aplicar a Abbi Jacobson, añadiendo además, que en su caso, logra que nos podamos identificar con su personaje, consigue a pesar de lo excesivo de sus situaciones vitales, que veamos en ella mucho de nosotros mismos. Esos chistes pasados de rosca que muchas veces no nos atrevemos a pronunciar o esos pensamientos malignos que guardamos en nuestro interior. En su boca suenan como si estuviera metida en mi puta cabeza.

3. Taylor Schilling por Orange is the new black
No pocas ostias ha recibido Schilling por dar vida a la reclusa Chapman. Un caso claro de gente que no es capaz de diferenciar entre personaje e intérprete. Más allá de lo censurables que sean los actos y los métodos de Chapman, que lo son y mucho, y por eso mismo es un personaje tan interesante, lo cierto es que Schilling la borda. Construye muy bien esa mezcla entre encanto y turbación que necesita el personaje. Esa cara de incredulidad ante lo que le acontece y esos movimientos corporales a ratos refinados a ratos salvajes, son sus grandes bazas. Chapman tenía que ser sexy y transmitir con la mirada que es una bomba de relojería. Y Taylor Schilling logra transmitir eso.

2. Julia Louis-Dreyfuss por Veep
La protagonista de Veep, una de las más relevantes actrices cómicas americanas de los últimos 30 años, va con paso firme hacia su tercer Emmy consecutivo por interpretar a la demencial Selina Meyer. Su gran mérito es interpretar a una mujer que se pasa el día interpretando, ser una persona que a la vez juega a ser otras persona cuando está rodeada de desconocidos o adversarios políticos. Su interpretación es tan soberbia porque es un constante juego de apariencias, pullas, humor negro, tacos, gags físicos y secuencias que requieren una gran contención y otras que necesitan que esté pasada de rosca. Un trabajo complejísimo y digno de estudio.


1. Emmy Rossum por Shameless


#EmmyForEmmy. Tras años usando esta frase como mantra, sólo faltaría que no ocupara esta posición la amiga Emmy Rossum. No por ser totalmente previsible su ausencia de las nominaciones de los Emmys es menos dolorosa. Es una de las actrices más sensibles de la televisión actual, también una de las más luminosas, de las que respira y transpira más vida, más pasión por lo que hace. Pocas actrices hay más comprometidas con su papel que Rossum con Fiona Gallagher. Este año, en su temporada más dramática y truculenta ha vuelto a estar extraordinaria. Cuando Fiona sufre, los espectadores sufrimos con ella, tal es el grado de empatía creado por esta actriz de ojos brutalmente expresivos y sonrisas que descolocan. Lo único que siento por ella es cariño, admiración y gratitud.

martes, 19 de agosto de 2014

Emmysalternatives 13/14 II: Miniserie y Telefilm

Telefilm

Enorme error ha cometido la Academia al volver a bifurcar la categoría de mejor miniserie/telefilm en dos. Si cuando las unió pesó la brutal escasez de miniseries, como contó Molitsanti en este post tan interesante, ahora la situación es a la inversa, hay mucho nivel de miniseries y ninguno en telefilms, puesto que más allá de las que produce HBO y alguna venida de UK, sólo canales de pésima calidad elaboran este tipo de productos.

5. Killing Kennedy
Este telefilm de National Geographic, que sigue la saga iniciada el año pasado por Killing Lincoln, no aporta nada nuevo a lo que mil y una vez nos han contado sobre el asesinato de John Fitzgerald Kennedy. Su mayor mérito es que se deja ver. Así de ínfimo es el nivel de los telefilms este año. A su favor también que visualmente no parece una baratija de las que asustan por su cutrez, como uno de los nominados en los Emmys: The Trip to Bountifiul


4. Burton and Taylor
Este telefilm es un duelo de 1 hora y media entre dos personajes tan abrasadores como Richard Burton y Elizabeth Taylor. La película no está mal escrita aunque es bastante superficial. Quizás su problema sea que Dominic West y Helena Bonham Carter no son ni parecen ser Burton y Taylor. No resultan creíbles en los papeles, y eso no quiere decir que estén mal, porque no lo están, pero es que no son ellos. Bonham Carter es una gran actriz pero no se parece en nada a Elizabeth Taylor, no tiene su magnetismo, ni su sensualidad, ni su aura de perdición y autodestrucción.


3. Muhammad Ali’s Greatest Fight
A mí me encantan los debates jurídicos, por eso disfruté mucho, por ejemplo, con las largas secuencias sobre debate constitucional de Lincoln, por eso creo que disfruté tanto de este telefilm de Stephen Frears, ese obrero del cine. Se me pasó volando, me pareció muy interesante, los actores veteranos están muy bien, tiene momentos que se apartan del Tribunal que quizás no funcionan. Pero aún así, merece la pena esta aproximación a la sentencia del Tribunal Supremo sobre la objeción de conciencia esgrimida por Ali para no participar en la Guerra de Vietnam. También pinta bastante bien el clima de agitación política que vivía USA al inicio de los 70.


2. Sherlock: His Last Vow
En una jugada astuta dada la fragmentación de la categoría en dos y el flojísimo nivel en la de telefilm, Sherlock ha pasado de considerarse miniserie a competir en telefilm sólo con su último capítulo de la temporada. Este His Last Vow es el mejor de los tres capítulos de esta tercera temporada, el más denso y poderoso dramáticamente y también el más parecido al formato de la serie. Te atrapa de principio a fin, te acorrala tanto como a sus protagonistas y termina con un cliffhanger muy poderoso. Podría haber sido un buen ganador.


1. The Normal Heart


Inteligente, tierna, agria, devastadora, apasionada. Todas esas cosas, y alguna más, es The Normal Heart, la aproximación de Ryan Murphy a la explosión de la epidemia del SIDA en la comunidad gay de Nueva York a comienzos de los 80. Es una película que te remueve las entrañas y además te hace pensar. Un film político más que un drama sobre enfermedades. Y aunque cuenta muy bien la parte emocional, la lucha contra la enfermedad, el lento desfile de muertes, es en la dimensión política donde The Normal Heart se convierte en una película realmente relevante. Hay algún exceso visual, pero lo cierto es que este es el Ryan Murphy más contenido que hayamos visto, y se agradece. Salvo sorpresa mayúscula ganará el día 25, y será muy justo, porque de verdad es una obra relevante.



Miniserie

5. The Spoils of Babylon
Una miniserie cómica con formato de sitcom que es una parodia del melodrama americano tipo Gigante. Esta es la propuesta que el tándem Piedmont-Steele (director y guionista de Casa de mi padre) le vendieron al canal IFC (cuyo buque insignia es Portlandia) con Tobey Maguire en un papel de protagonista-narrador que parece una parodia del que interpretó el año pasado en The Great Gatsby (Luhrmann, 2013), rodeado de Kristen Wiig, Tim Robbins, Will Ferrell y Haley Joel Osment entre otros. Y lo que pudo ser un estrepitoso fracaso, ha resultado ser una rara avis muy divertida que no sólo no reniega de su banalidad sino que hace apología de la misma. No busca trascender, sólo que nos echemos unas risas. Y lo consigue.


4. Luther
Aunque esta  entrega del detective más oscuro de Londres haya sido la más floja de las 3 que ha tenido, ha mantenido esa atmósfera abrasadora y ese correr hacia delante de su protagonista. Cada vez más arrinconado por sus propios pecados, John Luther se ha movido aún más como un elefante en una cacharrería. Los casos han estado bien, aunque ha dado la sensación de que la serie ha llegado a su final muy cansada, tirando de demasiados deus ex machina. Aún así, un placer, como siempre.



3. American Horror Story: Coven
Tras la monumental Asylum había muchas expectativas puestas en la aproximación del dúo Falchuk-Murphy (más el director Gomez Rejon… una bestia) al mundo de la magia y la brujería de New Orleans. Y creo que hay bastante consenso en que las expectativas no se vieron cumplidas. Frente a la densidad y del año pasado, éste optaron por un tono más ligero. Ante el guion medido al milímetro (salvo por lo de los aliens) de Asylum, que contó un relato que fue de menos a más, en esta temporada la historia se fue moviendo a trompicones, a golpe de ocurrencias. Dicho lo cual… yo me lo pasé como un enano. Cuando asumes que no estás ante una entrega que haya que tomar en serio, lo que queda es un gozoso desparrame wtfuckero, con diálogos punzantes, miradas de tiburón y secuencias entre lo absurdo y lo genial.



2. Fargo
Si la antología de Noah Hawley no se impone el 25 estaremos ante una de las grandes sorpresas de la noche. Unánimemente aplaudida, Fargo fue uno de los grandes estrenos televisivos de esta temporada. Visualmente espectacular y narrativamente redonda. Supo capturar el humor negro y el aire de fatalidad del universo Coen y crear algo autónomo, con alma e identidad propias. Pocos placeres más inmersivos he tenido este año. Ver Fargo era sentarse durante 50 minutos rodeado de una nieve densa que te atrapaba.



1. Treme


Aprovechando que esta última temporada de Treme, sólo tuvo 5 capítulos a modo de conclusión del relato, HBO la movió en los Emmys de las categorías de drama a las de miniserie y la jugada se ha saldado con nominaciones en dirección, guion y en la categoría principal. En mis Emmysalternatives le ha ido mejor, básicamente porque es una serie que me ha calado muy hondo, a la que tengo mucho cariño y respeto. Incluso diría que yo admiro Treme, su humanismo exacerbado, su furiosa denuncia de los problemas de la America urbana, su lacónica tristeza e incluso melancolía, pero también su capacidad de resultar optimista hasta en los momentos más oscuros. Para mí siempre New Orleans será Treme, y uno de los sueños de mi vida es pasar allí un Mardi Gras. Gracias, gracias por tanto, David Simon.

lunes, 18 de agosto de 2014

Emmysalternatives 13/14 I: Actores de Miniserie/Telefilm

Todos los años confecciono mis propios Emmys y ya que este es el primer año que tengo este blog, pues creo que era pertinente ponerme aquí a cantar mis alabanzas. Así, que este es el primer post de mis Emmysalternatives (Fringe mediante).

Actriz de reparto


6. Kathy Bates por American Horror Story: Coven
Nos ha dado muchos momentos divertidos esta incorporación de la gran Kathy Bates a AHS. La secuencia en la que ve Raíces no se me olvidará jamás. Pero quizás esperaba más. No fichas a una actriz del tamaño de Bates para darle un papel tan secundario. Ha sido un placer, pero uno demasiado corto.


5. Angela Bassett por American Horror Story: Coven
Estaba Angela Bassett bastante fuera del mundillo y entonces le ofrecieron este papel de bruja vudú diva y ¡boom! Hemos descubierto que no sólo no envejece sino que mola mucho. Buscarle una némesis a Jessica Lange que fuera capaz de medirse a ella en una pelea de zorras e incluso ganarle era una tarea complicada. Por ello el acierto de fichar a Bassett ha sido mucho mayor. Su forma de mirar, de mascullar las palabras y de mover los brazos daba a la vez miedo y risa. La mezcla perfecta.


4. Amanda Abbington por Sherlock: His Last Vow
En el show de Cumberbatch y Freeman no era fácil resultar hipnótica, capturar la atención, crear un personaje por el que uno puede sentir lástima y miedo. Pero Abbington fue capaz de hacerlo, sobre todo porque su rostro es capaz de ser misterioso pero también muy transparente. Una pena que no esté nominada al Emmy, porque lo merecía. Lo merecía mucho.


3. Frances Conroy por American Horror Story: Coven
En el enorme circo que ha sido Coven, la temporada más ligera de la American Horror Story de Falchuk y Murphy, Frances Conroy ha brillado con luz propia. Quizás porque el suyo sea el personaje más extremo de esta historia, también el más divertido, el más desquiciado. Conroy se mueve en él sin caer nunca en el ridículo, y eso es muy difícil. Demuestra una vez más que es una de las grandes actrices televisivas de todos los tiempos y que su osadía y capacidad de mutación no conocen límites… aún.


2. Julia Roberts por The Normal Heart
Entre August: Osage County y The Normal Heart, Julia Roberts se ha vuelto a situar en la primera línea interpretativa americana, y lo ha hecho entregándose sin miedos a dos personajes muy agrios, muy ariscos, muy torturados. Aquí se pasa la película enfadada, al igual que el protagonista, enfadada por no poder luchar contra una plaga que lo desborda todo porque nadie quiere hacerle caso. Roberts grita mucho y tiene algún monólogo bañado en furia que podría resultar demasiado fingido, y sin embargo sale airosa, yo me creo a esta Julia Roberts, a su ira y a su impotencia.

1. Allison Tolman por Fargo


La irrupción de Fargo en panorama televisivo ha sido la de un torbellino. Ya sabíamos que Freeman, Odenkink o Thornton eran actores solventes y con talento, la gran sorpresa que nos ha deparado la serie (más allá de su empaque visual y sus guiones medidos al milímetro) ha sido Allison Tolman, un enorme soplo de aire fresco. Ser la sucesora de la enorme (y oscarizada) Frances McDormand de Fargo (Coen, 1996), la película, era un reto muy difícil de afrontar, pero Tolman lo ha hecho con nota. Su rostro, entre inocente y perspicaz, y su forma de moverse por el espacio, torpe pero segura, han convertido a su Molly Solverson en uno de los personajes más disfrutables de esta temporada televisiva. Ojalá su físico no le impida tener una gran carrera, porque esta mujer tiene muchísimo talento.

Actor de reparto


6. Keith Carradine por Fargo
Eterno secundario, Carradine encarna en Fargo a un personaje que parece sacado de un western de John Ford o Howard Hawks. Ese hombre de vuelta de todo, cansado de la vida que se refugia en su cantina para observar un mundo cada vez más peligroso. Carradine dota al personaje de una presencia imponente que hace que cada frase suya sea una delicia. En el duelo verbal con Billy Bob Thornton o en la conversación con su “nieta”, al final de la temporada, se luce.


5. Colin Hanks por Fargo
Es casi un leitmotiv este año encontrarse en esta categoría con actores que han demostrado por primera vez que tienen talento. El caso de Colin Hanks como paradigma. Tras su bochornosa actuación en Dexter, comencé a odiarlo profundamente y cada vez que veía su nombre pulular sobre algo sacaba la guadaña. Pero no, esta vez no. Esta vez, Hanks ha encontrado un papel hecho a su medida, de bobalicón persistente. Y lo borda. Él y Allison Tolman son el centro emocional del relato y son capaces de dotar a su relación de la sensibilidad y la entrañabilidad necesarias.


4. Joe Mantello por The Normal Heart
Este hombre tiene una secuencia de ira y dolor descontrolados que grita premios. Esa secuencia, en la que se enfrenta al protagonista, resume a la perfección de qué pretende hablar el telefilm, la lucha en la comunidad gay sobre cómo afrontar la epidemia del SIDA. La interpretación de Mantello es todo pasión, y la pasión, debería ser reconocida.


3. Taylor Kitsch por The Normal Heart
De todos los actores del telefilm de Ryan Murphy el único que no ha sido nominado al Emmy es Taylor Kitsch. Y no podría parecerme más injusto. Él y Bomer son las dos grandes sorpresas de la película. El suyo es el segundo personaje de más peso en la historia, el antagonista, un hombre corroído por sus miedos. Es un papel muy complejo y Kitsch sale airoso. Muchos eran los que creían que el Riggins de Friday Night Lights no daba para más. Craso error.


2. Matt Bomer por The Normal Heart
Es el favorito claro a ganar el Emmy el próximo día 25. Tiene transformación física, progresión dramática, conflictos emocionales. Todo. Es un papel redondo, y los ojos de Bomer le dan esa tristeza tan magnética, tan mágica. Hasta ahora no había demostrado ser nada más que una cara bonita. The Normal Heart es un punto de inflexión en su carrera


1. David Morse por Treme


Morse en Treme ejemplifica, más que ningún otro actor, el cansancio de luchar y perder una y otra vez contra ese muro de fatalidad llamado corrupción. En su caso, la corrupción policial. Un hombre honesto rodeado de lobos moralmente podridos. Y David Morse que es un actor veterano y curtido, logra transmitir ese hastío y que empaticemos con este pobre diablo. En una serie muy emocional es difícil destacar cuando además hay 10 personajes con más peso. Pero él lo consigue.

Actriz


6. Julianne Nicholson por The Red Road
The Red Road tenía que ser la serie que consolidara la irrupción de Sundance Channel en el escenario del cable de calidad, tras los estreno de Rectify y Top of the lake. El piloto corrió a cargo de James Gray, la serie tenía atmósfera y dramas truculentos, y sin embargo, se quedó en tierra de nadie, pasando bastante desapercibida. Su mayor reclamo fue sin duda poder disfrutar de Julianne Nicholson. Conocí a esta actriz hace poco, un par de años a lo sumo. Y sin embargo estoy totalmente prendado de ella. Es magnética. Tiene una densidad dramática acojonante.


5. Khandi Alexander por Treme
Viendo Treme y Scandal, es imposible establecer una línea que lleve a Alexander de una a otra. ¿Cómo rayos se puede estar tan bien, tan creíble, con tanta fuerza, tan pasional en una serie, y tan mal, tan pasada de rosca, tan encocada en otra? No soy capaz de entenderlo. Pero desde luego Khandi Alexander ha estado otro año más soberbia en Treme, en su temporada quizás, menos trágica… o no. No es una actriz contenida ni sutil, pero su Ladonna respira verdad y ganas de seguir luchando a pesar de todas las hostias que te da la vida.


4. Kristen Wiig por The Spoils of Babylon
The Spoils of Babylon es una de esas marcianadas que sin ser nada del otro mundo, ni pretender serlo, hay que agradecer que existan. Aunque sólo sea por hacer algo diferente, arriesgado en su falta de pretensiones. Lo mejor de esta miniserie/sitcom (ojo a la combinación) es además de algunos gags y secuencias muy conseguidos (la historia en blanco y negro riéndose de la beat generation: Guau) disfrutar de Kristen Wiig tan desmadrada como cuando trabajaba en Saturday Night Live. Cuando una persona tiene que afrontar secuencias en las que se enfrente en modo duelo de bitches con un maniquí y sale airosa a golpe de carcajadas, sabes que tiene mucho talento. Y sí, Wiig lo tiene, y su nominación al Emmy ha sido una grata sorpresa.


3. Melissa Leo por Treme
Incluyo a Leo, aunque ella no se ha presentado a estos Emmys, quizás cansada de que la hayan vilipendiado todo este tiempo. Ya sabemos cómo se las gasta la amiga Melissa con respecto a los premios, bueno, y a la vida en general. Y justamente por eso su interpretación en Treme siempre me ha fascinado tanto. Cómo una mujer tan excesiva es capaz de componer un personaje tan contenido, pausado, tranquilo. Empeñada en luchar contra las injusticias que la rodean esta abogada de causas perdidas, va desgastándose poco a poco sin nunca venirse abajo. El muro que ha sobrevivido al vendaval y que también sobrevivirá a todos los que estén por venir. Esa persistencia, esa obsesión por atrapar la verdad las refleja Leo a las mil maravillas. Es una actriz inmensa.


2. Sarah Paulson por American Horror Story: Coven
De todos los despropósitos de los Emmys pasados (vamos, como todos los años), el único que me dio rabia de verdad fue como le robaron el premio a Sarah Paulson por su icónica, deslumbrante y fascinante interpretación de Lana Winters (Banana, para los amigos) en la segunda temporada de American Horror Story. Este año ha decidido presentarse en protagonista (status que ya tenía en realidad el curso anterior) y medirse de tú a tú contra el otro pilar de la serie, la enorme Jessica Lange. Si en Asylum, yo creo que Paulson le ganaba de calle, este año, ha estado un par de escalones por debajo, sobre todo porque su personaje tuvo un inicio muy tibio, muy poco trabajado. Ella, en cambio, ha estado otra vez más, fantástica, moviéndose entre la debilidad y la fortaleza.


1. Jessica Lange por American Horror Story: Coven


La reina de todas las grannies se echó Coven a sus espaldas (sobre todo en su primera mitad) e hizo lo que mejor sabe hacer… ser divertida, enigmática, carismática e hipnótica. Con Jessica Lange de por medio todo es mejor, y si no hubiera sido por ella quizás Coven habría resultado pesada. Sexy y pérfida como siempre, su forma de moverse y adueñarse del espacio ha sido aún más fascinante que nunca. Maestra del engaño y los dobles sentidos, escucharla hablar es uno de los grandes placeres de la televisión. Pena que la próxima temporada sea la última de Jessica Lange al timón. Ojalá un Emmy para recompensar su dedicación a la serie.

Actor


6. Idris Elba por Luther
Si hay una interpretación física esa es la de Idris Elba como el destructivo John Luther. Más que de expresión, el suyo es un trabajo de presencia física. De que cuando aparezca en cuadro imponga. Este detective es como un huracán, lo despedaza todo a su paso y el tamaño y la forma de moverse y actuar de Elba hacen que nos lo creamos, que nos creamos que es un agujero negro que arrastra todo en su caída.


5. Wendell Pierce por Treme
Es difícil ser el faro de optimismo y esperanza en una serie que trata temas tan oscuros como la corrupción, la violencia o la especulación. Lo que necesitaba su personaje era ante todo carisma, y Pierce derrocha carisma y gracia. Por eso mismo, cuando su personaje se lleva ostias, duelen mucho más, porque al cambiar de la risa al dolor, el rostro de Pierce nos hace cómplices de la filosofía de vida de ese hombre.


4. Clarke Peters por Treme
No es fácil interpretar a un hombre que se encamina hacia el fin de sus días. No puede serlo, porque mezclar a la vez la más honda de las tristezas y una extraña calma resignada antes de que suceda lo inevitable es algo muy complejo. Clarke Peters ha conseguido en esta última temporada de Treme una especie de milagro y lo ha hecho sin estridencias, con mucha serenidad, con contención. Ha sido un espectáculo precioso.


3. Billy Bob Thornton por Fargo
Cualquiera de los 3 nombres que me quedan sería un ganador enorme, 3 interpretaciones bestiales, que sinceramente no creo que vaya a olvidar en mucho tiempo, pena que sólo pueda ganar uno. En el tercer puesto he colocado al favorito de cara al día 25, Billy Bob Thornton por interpretar al demoníaco Lorne Malvo, uno de los villanos más fascinantes de la televisión. Un icono instantáneo. Nunca ha estado mejor Thornton, jamás. Si Javier Bardem estaba bien en No country for old men (Coen, 2007), Thornton lo supera, a la expresión (o inexpresión) y los andares, suma un sentido fino de la ironía para recitar algunos diálogos maravillosamente escritos. Uno sólo puede quitarse el sombrero ante la creación de este monstruo.


2. Mark Ruffalo por The Normal Heart
Antes de nada, es justo decir que yo soy un ruffalista de pro, desde You can count on me (Lonergan, 2000) y lo he reivindicado siempre que he tenido ocasión, sobre todo con alguna nominación al Oscar que le han robado, como la de Zodiac (Fincher, 2007). Es un actor que me gusta, que es capaz de mutar en múltiples y muy diferentes personajes, de transmitir esa sensación de incertidumbre vital. Su papel en el telefilm de Ryan Murphy es un regalo caído del cielo, un hombre atormentado por sus propias y muy polémicas ideas, marginado entre los marginados, la comunidad gay. Se pasa toda la película gritando, y eso, que podría resultar insufrible, no lo hace, porque Ruffalo consigue que entendamos al personaje, que su frustración, que su ira, las sintamos también como nuestras. Al entregarse al personaje a tumba abierta, logra implicarnos tanto que sus heridas también nos sangran a nosotros. Está fantástico.


1. Martin Freeman por Fargo


Siendo directos, lo que hace Freeman en Fargo no es de este mundo. Es una exhibición acojonante. Una de las evoluciones de personaje más ricas y matizadas que he visto en tiempo. Y todo, como este pobre diablo va transformándose en un monstruo, está en la cara de Martin Freeman. Hasta el más mínimo detalle está medido en esta interpretación. Todo está en su rostro, en los pequeños gestos, en como torna los labios o abre los ojos. Es fascinante. Una interpretación antológica, de esas que decimos que deberían de estudiarse en las escuelas de cine o de interpretación. El viaje de un perdedor a un triunfador maligno a través de una cara.

jueves, 7 de agosto de 2014

Aunque no pare de llover

THE KILLING -Cuarta Temporada


Andan por ahí peligrosos spoilers sueltos de la última temporada de The Killing

Tras haber resucitado dos veces, en esta ocasión sí, The Killing se ha terminado. Ya he visto esta cuarta temporada final compuesta por seis capítulos que puso el fin de semana pasado Netflix a disposición de todos sus usuarios. Broche de oro a una serie que supo rehacerse a sí misma tras los errores cometidos en sus dos primeras entregas, para volar alto (y libre) en las dos siguientes. Para la historia ya, nos deja a una de las mejores parejas policiales de la televisión, los autodestructivos e infatigables Linden y Holder, y una lluvia infinita que cala hasta los huesos. Personajes y atmósfera. ¡Personajes y atmósfera!

La temporada giró en torno a dos investigaciones, por un lado Linden (Mireille Enos, una fiera interpretativa) y Holder (Joel Kinnaman, todo humanidad, a la vez fuerte y frágil) intentando cazar al culpable del asesinato a bocajarro de una familia de clase alta; y por otro lado, Reddick (Gregg Henry) deshilando la madeja que los protagonistas tejieron después de que Linden matara a Skinner al descubrir que él era el asesino en serie al final de la tercera temporada. Así los puntos de interés de la historia son también dos, que acaban confluyendo en el catártico (y monumental) último capítulo. En primer lugar el proceso de derrumbe de Linden y Holder. En segundo lugar, las relaciones y revelaciones que nos van presentando en torno a los posibles culpables del crimen: el único superviviente de la familia, Kyle (Tyler Ross… vaya descubrimiento, ojalá se coma el mundo), dos de sus compañeros en la Academia Militar en la que estudia, AJ y Lincoln, y la directora de dicha Academia, la coronel Rayne (Joan Allen, como siempre, un placer). Está cimentada, por lo tanto, esta última temporada sobre los dos temas centrales de la serie, la adolescencia como territorio peligroso y la capacidad del ser humano de destruir lo que más ama, empezando por uno mismo.

No es país para jóvenes
En los tres casos que The Killing ha desarrollado a lo largo de sus cuatro temporadas, las víctimas eran adolescentes. En las dos primeras entregas, que adaptaban la serie madre, la danesa Forbrydelsen, una adolescente de vida misteriosa y peligrosa, moría por una serie de catastróficas desdichas. Una chica de clase media, con la necesidad de salir de su círculo de confianza. En la tercera, un depredador asesinaba a chicas de clase baja, que vivían al margen del sistema y pateaban las calles día y noche. Los adolescentes de clase baja desprotegidos y abandonados en un mundo adulto muy sórdido. En esta cuarta temporada, Veena Sud, una de las mujeres más odiadas de la televisión, se sumergió en el estrato social que le faltaba para completar su puzle sobre la adolescencia a la deriva: la clase alta. Una panda de chavales ricos problemáticos abandonados (cuando no maltratados) por sus familias conviven en una Academia Militar para ser “corregidos”. Pero en esta ocasión el enemigo no estaba ahí fuera. El enemigo eran ellos mismos. La ira y la locura que la forma en que fueron criados implantó en ellos. Del “los ricos también lloran” al “los ricos pueden estar tan perdidos y a la intemperie como los más pobres”. Kyle apretó el gatillo, pero entre todos mataron a su familia. La adolescencia como estado de sitio permanente, más como miedo que como esperanza.

Alegrías del incendio
Y justamente, esa esperanza que destierra al hablar de la adolescencia, Sud la recoge y la inocula en ese final con salto en el tiempo incluido. A lo largo de su recorrido habíamos visto que Linden y Holder eran capaces de lo mejor y de lo peor. De ser héroes y villanos, edificantes o destroyers. Tras tanta lluvia caída, tras tanto revolcón emocional y psicológico, al final, lo que había era esperanza. Parecía que esta temporada iba a contar la caída definitiva de los dos hacia la perdición, la locura en el caso de ella, la drogadicción en el de él. Con la espada de Damocles del asesinato de Skinner colgando sobre sus cabezas fuimos viendo como se iban deshaciendo como azucarillos que se precipitan sobre el café caliente. Y a la vez alejándose el uno del otro hasta que llegados a mitad de la series finale, parecía que no había vuelta atrás, algo se había hecho crash en su relación de confianza infinita. Pero no. Dios aprieta pero no ahoga.  No hubo traición, no hubo culpa, pero sí catarsis emocional y expiación de los pecados. Es curioso como Linden se ve reflejada a la vez en la coronel Rayne, esa madre en la distancia, y en Kyle, ese niño abandonado a su suerte. Y al reflejarse en ellos lo único que observa es muerte, lo que pasa cuando los monstruos vencen a los ángeles. Por eso decide entregarse, asumir que su destino es acabar precipitándose al vacío, y que no quiere llevarse a Holder en su caída.

Pero el destino por primera vez le sonríe. Si hasta ahora Linden había jugado todas las partidas de su vida con las peores cartas de la baraja, en la decisiva, la que puede condenarla de por vida por asesinato, la gana a su pesar. Aparece el alcalde que interpretaba Bill Campbell en las dos primeras temporadas y le cuenta una mentira tralará. Ella no mató a Skinner, este se suicidó, Seattle no puede saber que un policía de tan alto puesto era un metódico y terrible asesino en serie. Pero Linden no quería eso, Linden, como siempre, quería la verdad, estaba preparada para asumirla, para pagar por todos sus pecados, no sólo por haber matado a Skinner, por todos sus errores, por todas sus debilidades, por todas sus obsesiones. Y sin embargo lo que obtiene es la posibilidad de una vida. Lo que hasta ahora tenía era un via crucis, un vivir rodeada de fantasmas como le dice Holder al final. Ahora puedo vivir en el mundo de los vivos, tener una relación de verdad con su hijo, levantarse y no pensar en cadáveres. En niños abandonados como lo fue ella. En muerte, en tristeza, en lluvia. Cuando le dice a Holder que no puede vivir en Seattle porque la persistente lluvia sólo le huele a fatalidad y destrucción, confunde sus miedos con el mundo exterior. Una ciudad puede ser un mundo de la vida o un mundo de la muerte. Lo importante es como la construyas tú, si hacia el futuro, o hacia el pasado. La sonrisa final, es la respuesta.

PD: Sensacionales los trabajos de  dirección de toda la temporada, pero sobre todo en la series finale a cargo de Jonathan Demme, una radiografía del rostro humano. Con la cámara pasando de los planos generales a los primeros planos para capturar cada estado emocional de los personajes hasta hacer que nos sumerjamos en sus sentimientos hasta lo más hondo. Y si le sumamos la secuencia del asalto a la casa, lo único que puedo hacer es aplaudir el trabajo de Demme y desear ver cosas suyas más a menudo.