lunes, 21 de septiembre de 2015

No son los Emmys, es HBO

Benioff, Weiss y la tropa de Game of Thrones

La pasada madrugada, hora española, se entregaron en Los Ángeles los Emmys, los grandes premios de la televisión estadounidense. Una gala en la que las grandes triunfadoras fueron el drama Game of Thrones (Drama, Guion, Dirección y Actor de reparto), la comedia Veep (Comedia, Guion, Actriz y Actor de reparto) y la miniserie Olive Kitteridge (Serie limitada, Guion, Dirección, Actriz, Actor y Actor de reparto). Todas ellas producidas por HBO. Por ello la 68 edición de los Emmys pasará al recuerdo (además de por la reinvindicaciones raciales y de género) como el año en que la Academia se rindió ante la obviedad de que HBO, por muchas rivales que tenga, sigue siendo la gran cadena de referencia en el terreno de la ficción televisiva de calidad. Ya no vivimos en los tiempos de “It’s no TV, it’s HBO”, pero aún así estos Emmys nos han recordado que siguen estando un peldaño por delante del resto, tienen una marca y un aparato de producción y promoción sin igual.

El arrase de HBO en los Emmys ha llegado en un momento curioso. Justo cuando las plataformas de streaming (Netflix, Amazon…) están ganando cada vez más fuerza y la televisión de calidad en el cable se está expandiendo por nuevos canales (USA Network y Mr. Robot, por ejemplo). A sus rivales clásicas en la lucha por los premios y el reconocimiento crítico (AMC, Showtime y FX) se le han sumado una retahíla de canales y plataformas que amenazan su reinado, sobre todo en el terreno que más importa, el económico, puesto que Netflix ha ido sumando suscriptores de forma inexorable. Precisamente esta victoria aplastante en los Emmys le sirve a HBO para reivindicar su marca frente a la principal plataforma de streaming. Netflix se tuvo que contentar con el Emmy a mejor actriz de reparto de serie dramática para Uzo Aduba por Orange is the new black. Justo el único galardón que se le escapó a Game of Thrones, que se coronó como el gran drama de la temporada, trasladando al terreno de los premios el inmenso fenómeno planetario que es. No hay, hoy por hoy, serie más comentada, analizada y admirada en el mundo. Un drama de calidad consumido masivamente.


Game of Thrones, Veep y Olive Kitteridge representan fantásticamente las tres patas sobre las que se ha cimentado la marca HBO. Dramas de calidad con un nivel de producción inalcanzable para cualquier otro canal. Comedias/dramedias de autor. Miniseries y telefilmes que adaptan grandes obras literarias o trasladan la vida de importantes figuras de la cultura o la sociedad americanas. Los grandes dramas son el principal reclamo de HBO. The Sopranos, Six Feet Under, The Wire o Game of Thrones son sus emblemas. Son hondos, son oscuros y son una demostración de fuerza en el terreno técnico. Hay series mejor escritas que GoT, pero ninguna es más espectacular. 

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Las comedias/dramedias de la casa son menos recordadas y/o valoradas, sin embargo son una parte fundamental de su parrilla. Sex and the city es uno de los grandes iconos del canal, Curb your enthusiasm es una obra de culto (The Comeback si no lo es, lo será), Girls genera un gran ruido mediático y Veep es una de las ficciones más rabiosamente actuales del momento. La victoria de la negrísima comedia de Armando Iannucci nos recuerda, además, que el canal sigue siendo una enorme casa de acogida para grandes autores televisivos. Hay grandes autores en otros canales, pero ninguno tiene la cartera de HBO con nombres como David Simon o Terence Winter (que tras el final de Boardwalk Empire regresa en invierno con Vynil). Por último lugar, y aunque no tengan tantos seguidores, las miniseries son un pilar fundamental, también, de la marca HBO. 

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Mientras que en la producción de dramas y comedias HBO tiene innumerables rivales, en la gestación de miniseries está prácticamente sola en Estados Unidos. Y si eso está empezando a cambiar es por la proliferación de series-antologías (Fargo, True Detective, American Horror Story, American Crime…). De hecho, las rivales históricas de HBO en esta área han sido grandes miniseries británicas, como las dos enormes obras a las que derrotó Olive Kitteridge este año: The Honourable Woman y Wolf Hall. Sólo HBO se ha tomado en serio la tarea de producir miniseries y telefilms de prestigio. Band of Brothers, Angels in America o John Adams son obras fundamentales para la marca HBO. La victoria aplastante de la maravillosa e intimista Olive Kitteridge viene a redimir, además, el desastre que ha sido True Detective 2. Si la primera temporada de la ficción de Pizzolatto fortaleció la idea de que nadie puede hacer lo que HBO hace, la segunda nos ha demostrado que la cadena también se equivoca. De hecho muchas series de HBO pasan desapercibidas o resultan fallidas. Pero la marca sigue intacta, porque está cimentada sobre una filosofía artístico/empresarial muy inteligente. HBO sigue estando a la vanguardia de la ficción televisiva. Los Emmys han venido a reconocer el hecho bañando al canal en premios. Y ninguno ha sido inmerecido, aunque yo hubiera premiado a otras obras como Mad Men. Veep ha sumado la segunda victoria de una comedia de HBO en la historia, 14 años después de que lo lograra Sex and the city. Mientras que Game of Thrones ha cogido el testigo de The Sopranos, tras 8 años de sequía (5 victorias de Mad Men, 1 de Homeland y 2 de Breaking Bad), coronándose como el mejor drama de la televisión actual. Por fin HBO ha logrado recuperar el trono, veremos qué le depara el juego el año que viene.

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