martes, 24 de marzo de 2015

Perdida en la construcción

GIRLS - Cuarta temporada


Spoilers a cascoporro del cuarto año de Hannah and associates

El domingo HBO emitió los finales de temporada de Girls y Looking (en este caso es muy posible que sea el final de la serie). Para no llevar a nadie a engaño sobre lo que aquí voy a divagar, la temporada de Looking me ha parecido soberbia y la de Girls me ha decepcionado como hacía tiempo no me decepcionaba una serie. Mientras Andrew Haigh y Michael Lannan han pulido su creación hasta conseguir exprimir de sus personajes y situaciones interesantes debates vitales, Lena Dunham se ha perdido en su ego, esa sombra negra que se cernía sobre la serie desde el principio. El resultado ha sido una temporada a la deriva, dispersa, desenfocada, que mezcló secuencias de la gran Girls (la de la lavandería entre Hannah y Mimi Rose, por ejemplo) con tramas sin sentido, delirantes incluso. De Looking hablaré hacia finales de semana, a Girls la acuchillaré hoy, de frente, para que no se diga que soy como Bruto, un cobarde traidor.

En la soberbia tercera temporada de Girls, Lena Dunham trazó una doble y pertinente reflexión, por un lado en torno a la muerte, por otro en torno a las relaciones en un mundo confuso. Ambas reflexiones recorrieron la temporada de cabo a rabo, estuvieron bien presentadas, dejaron grandes secuencias y capítulos y sobre todo abrieron debates interesantes. De hecho la unidad que ambos hilos argumentales le dieron a la serie fue lo que hizo que, para mí, su tercera entrega fuera la mejor, la más compacta, la más densa. Frente aquello, esta cuarta temporada no es que haya sido difusa, es que ha carecido de la más mínima unidad. Sí, sus personajes están perdidos, vale, de hecho esa es la gracia de la serie, pero la serie no puede estar tan perdida como sus personajes. De hecho la serie tiene que centrarse en mostrarnos con coherencia interna dicha deriva (emocional, laboral, vital). Sin embargo Girls, se ha dejado arrastrar por sus personajes, como si fueran ellos los que escribieran la serie, y no la serie la que los escribiera a ellos.

Precisamente en el terreno de la escritura es dónde ha radicado la totalidad del problema. En la dejadez de Lena Dunham como autora, para ser exactos. En la tercera temporada Dunham escribió 8 de los 12 episodios de la serie. En ésta, 4 de 10: los dos primeros, el antepenúltimo y la finale, ninguno de ellos entre los mejores del curso, desde luego. Por el medio, el vacío. ¿Qué es más importante hacer el ridículo (y demostrar que eres mala actriz) en Scandal (Escándalo, para los amigos) o cuidar la obra que te lo ha dado todo? Girls empezó la temporada recogiendo el guante lanzado en el final de la anterior: la dicotomía vital entre las relaciones sentimentales y la ambición profesional. Despachó la relación entre Hannah-Adam (Adam Driver) sin explicarnos en absoluto cómo ambos llegaron a la conclusión de que no podían seguir juntos en la distancia. Sumergió a Hannah en un baño de realidad en Iowa para después regalarle un trabajo de profesora, porque sí, porque lo digo yo, porque es muy fácil ser profesora, por lo visto. Por el camino quedó toda posibilidad de reflexionar sobre las relaciones a distancia, los sentimientos, la soledad, el miedo al fracaso o la desconexión emocional. En el mejor capítulo de la temporada, Sit-In (4x05), Hannah tuvo que lidiar con el salto de Adam hacia una nueva relación, una especie de catarsis emocional muy poderosa que funcionó porque resultó, por fin, palpable. Ese punto y final al primer tramo de la temporada nos zambulló en el segundo arco: cómo ser amigo de tu ex, que nos dio el segundo mejor capítulo del año, Ask me my name (4x07), con Hannah y Mimi Rose poniendo todos sus fantasmas en común. Cuando parecía, por fin, que Girls había encontrado el rumbo, gracias a esa exploración de la amistad tras el amor, marcada por el dolor de la pérdida, de pronto Dunham decide que quiere hablar de cómo le afecta a un veinteañero que su padre salga del armario. Una versión chapucera, desenfocada, acelerada, y bastante absurda de esa obra mayúscula que es  la Transparent de Jill Soloway. No es que la trama sea mala idea, es simplemente que no venía a cuento, que fue otro deus ex machina en una temporada cargada de ellos. No tuvo ni nervio, ni emoción.  Todo lo contrario, la forma de aproximarse de Dunham y su equipo fue fría, artificial y simplona.


Y así llegamos al último capítulo, en el que desaprovechan el encuentro de Hannah y Adam en torno al parto de la hermana de éste, para escribir un retrato profundo y reposado sobre la nueva etapa vital de ambos. De hecho dejan "la conversación" entre ambos para el final del capítulo, cuando hubiera sido interesantísimo que se hubiera desarrollado a lo largo del mismo, casi en forma de bottle episode. A los pies del bebé, es decir, del nacimiento de una nueva persona, nos colocan en la dicotomía entre Adam y el futuro, y sin reposo alguno el final nos escupe un salto temporal en el que Hannah está con ese (pobre iluso) profesor de su instituto. La catarsis emocional no tiene el impacto y la garra necesarios, y no nos ofrecen una disección de la decisión, es decir, nos roban lo interesante, los mecanismos que llevaron a Hannah a hacer borrón y cuenta nueva.

Espera, ¿esta serie no se llamaba Girls? ¿Qué fue de las “amigas” (no son amigas, son gente que queda de vez en cuando para odiarse mutuamente) de Hannah? Jessa siguió consolidando su posición de ser monstruoso, de esos que te encuentras en la vida y se dedican a boicotearte siempre que se acercan a ti. Shoshanna nos aportó los momentos más divertidos y tiernos de la temporada en su doble búsqueda de trabajo y amor, pero siguió, otro año más arrinconada narrativamente. La resolución de su trama fue surrealista (¿quién coño le da trabajo a Shoshanna en Japón?) pero sí que funcionó a la hora de resolver ese dilema entre los sentimientos y la profesión (algo que no había quedado bien apuntalado al inicio de la temporada con Hannah). ¿Y Marnie? Dunham terminó lo ya comenzado en la anterior temporada: la aniquilación de Marnie como personaje con un mínimo interés o una mínima capacidad de generar empatía. Marnie ya sólo es una pobre niña boba que se casa con el primero que le pide matrimonio aunque ella misma sepa que es un imbécil. Antes era inteligente pero también egocéntrica e insegura. Ahora, simplemente es idiota. Ya no hay nada en sus formas de auto-boicotearse que pueda resultar interesante. No da ya ni rabia ni lástima. Es un fantasma que vaga por la serie.

Tras esta enmienda a la totalidad, quiero decir que sigo valorando a Girls. No creo que todo esté perdido. Pero desde luego Lena Dunham no puede seguir descuidando su obra. Debe plantear tramas en profundidad, regenerar a los personajes secundarios, reconstruir las relaciones entre los mismos y tomarse tiempo para explicar sus decisiones vitales. Girls, incluso en un año fallido como ha sido éste, sigue siendo una serie interesante. Si he sido duro con ella es porque creo que es una de las series más interesantes de la televisión actual, y me indigna verla languidecer. Critico desde el amor. Es una serie a la que le tengo mucho cariño porque me ha hecho sentir muchas cosas a lo largo de estos años. Tristeza, frustración, rabia, dolor, alegría, felicidad, esperanza. Girls era una serie que me hacía pensar y me hacía sentir. Que me obligaba a observarme a mí mismo y pelearme con toda mi mierda. Pero esta temporada no he sido capaz de conectar con ninguna de sus reflexiones. Me he desconectado de las Girls, tanto como ellas están desconectadas entre sí. Ojalá en la quinta nos reconciliemos, lo deseo con todas mis fuerzas, porque necesito que Girls me revuelva por dentro.

2 comentarios:

  1. Hola Luis, me ha gustado mucho tu reflexión sobre esta temporada de Girls que, en muchos sentidos, me ha parecido descafeinada. No solo las tramas de los personajes secundarios han sido risibles, sino, lo que es peor, aburridas. Lo de Ray no tiene nombre, y Jessa ¿qué demonios ha hecho a parte de presentar a Mimi Rose a Adam y enseñar el culo con Ace? Queda todavía un atisbo de lo que Girls fue, pero la temporada ha estado llena déjà vu y de momentos inconsistentes. Iowa no ha funcionado, Hannah está irreconocible... Parece hecha por una persona diferente, sin atisbo de ingenio ni del genio creativo que la ha caracterizado. ¡Por no hablar de la mala leche! En fin, que dramáticamente ha sido un bluf en toda regla. Esperemos que se dé cuenta y remonte porque, estoy contigo, es una de las propuestas más interesantes de la tele. Por cierto, qué pena lo de Looking. Con lo bien que estaba funcionando. Un abrazo y gracias por el post :)

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    1. Ohhh gracias por el comentario :)
      Y sí, estoy de acuerdo, la trama de Ray no vino a cuento de nada, Jessa pintó incluso menos que en los anteriores años y cada vez que irrumpía en el relato era para ser mezquina, salvo en el último capítulo. En cuanto a Hannah, sí, hemos visto a una Hannah derrotada, sin ingenio, casi agotada, ya no sé si como persona o como personaje, le ha faltado el toque mordaz que la serie tenía antaño. Mimi Rose que era de partida un personaje interesante, se fue hundiendo porque no hicieron con ella más que dar bandazos. A ver que pasa el año que viene, Girls sigue teniendo cosas que me gustan mucho, pero algo se ha roto entre nosotros jajaja.
      Y muy mal lo de Looking sí :( a ver si mañana escribo algo, se lo debo, porque la he disfrutado un montón este año.
      Y de nuevo muchas gracias :)

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